2. Conociendo el placer de la Dominación 1


Todos sabemos que encontrar a alguien mediante un chat es además de complicado, una búsqueda parecida a la del santo grial. La mayoría de mujeres buscan una charla, exponer sus fantasías y desatar sus instintos de forma figurada. Cosa que no critico, al contrario me parece una buena forma de evadirse. Pero hace cosa de seis meses uno de mis contactos, Pamela, me dijo que tenía una amiga casada que quería conocerme. 

Pamela era una mujer de 32 años casada con un tipo gris que no sabía satisfacerla. Una noche de "búsqueda" la encontré y resultó ser una muy buena zorrita virtual con quién he pasado gratos momentos jugando y llevando a cabo algunas cosillas locas a distancia, pero esa es otra historia qué tal vez les cuente. Hoy les contaré como ella me puso en contacto con Claudia.

Sorprendido, le pregunté cual era el motivo y ella me confesó que nuestras sesiones le ponían tan caliente y fuera de sí, que una mañana que estábamos jugando con mediante WhatsApp, irremediablemente tuvo que levantarse el vestido, bajarse las bragas hasta las rodillas y frotarse la vagina con ímpetu, la verdad es que la mañana había empezado caliente, primero estuve decidiendo que ropa se pondría para ir a trabajar, decidí mediante varias fotos que me mandó en el baño mientras su marido desayunaba, luego le indiqué que en el camino al trabajo dejara que la sobaran en el metro y restregara su culo contra algún afortunado pasajero.

Una vez en la oficina tuvo que ir a una reunión con un colaborador y la incité a que se mostrara coqueta y caliente, y que dejara sus bragas en el cajón del escritorio. Tras esto volvió a su oficina y no le quedó más remedio que masturbarse con furia, estaba hecha una fiera en celo y necesitaba descargar su calentura, le hice poner el manos libres. "Bien putita, ¿así que ya no puedes más? ¿Cómo tienes la vagina?" –le dije. "Ardiendo. ¡Me llevas por el camino de la perdición!" –dijo ella. Le dije: "¿De la perdición? Dime que no te gusta putita. ¿Seguro que con el cornudo de tu marido te lo has pasado tan bien?". "Nunca. Él no sabe..." –me dice y calla. "NO sabe ¡qué!" –le digo. Responde: "No sabe lo puta que soy y lo mucho que me gusta que me calienten". Sonrió y le digo: "Lo sé, eres una zorrita de primera, cuéntame que tal el metro, ya ví la foto que me mandaste, se veían tus piernas abiertas y de tras de ti un hombre. ¿Lo habrás excitado o no hiciste nada?".

"Si, que caliente me pones" –me dice. Vuelvo a sonreír perversamente y le digo: "Es que eres mi puta y tu cuerpo no aguanta la lujuria". "¿De quienes eres y qué eres?” –le pregunto. "¡Soy suya mi Señor y soy su putita!" –me responde. "Eres una buena putita. Sigue contándome" –le dije. Respira profundo y me dice: "¡Mierda, estoy a punto de acabar! Cuando subí al vagón, busqué con la mirada a algún incauto, mientras miraba mis bragas se iban humedeciendo, vi a un chico joven con lentes apoyado contra una de las puertas, me dirigí a él y me puse de espaldas a escasos centímetros. Sentía que no paraba de mirarme las nalgas y sus ganas de tocarlas".  Enojado pregunté: "Por qué mierda no pegaste tu culo a él?". Me respondió entre gemidos: "Había poca gente, hubiera sido muy descarado. En la estación Los Héroes, como es costumbre subió mucha gente y se agolparon hacia mí, en ese momento di un paso a tras notando el cuerpo del chico contra mi espalda y una chica que quedó frente a mí unidad tetas con tetas. Una vez se cerraron las puertas, no me quedó más remedio que pegar mi culo contra su miembro y la chica del frente aplastar sus tetas a las mías". "Ya estarías deseándolo zorra. Sentir que te toca las nalgas o que mete la mano debajo de tu falda para tocarte y mirar el rostro de la chica mientras te calientas y transmitirle lo que sientes al ser invadida por esas manos" –le dije. "Sí mi Señor. ¡Me conoce! ¡Oh, mierda estoy a punto de acabar! Con el movimiento del tren comencé a mover mi culo al ritmo que llevaba la máquina lo que hacía que mis tetas de restregaran con las de la chica, mira de puta era innegable, ya que sentía como esa verga se hinchaba bajo el pantalón y los pezones de la chica se ponían duros. Sentía como ella disfrutaba, porque abría su boca como para tomar aire cuando sintió que mi mano invadió su sexo. La miré con una sonrisa pícara mi lengua recorrió mis labios" –le dije: "¿, Aún tienes ganas de acabar putita?". "Sí. ¡Por favor!" –me responde.

"Creo que te los has ganado, acaba diciéndome lo que me gusta oír" –le dije. "Gracias Amo. Acabo, soy tu puta chupa verga, me encanta ser tuya y que me zorrees como el marica de mi marido no sabe" –me dice entre ahogados gemidos. "Eso es, ahora acaríciate hazlo más rápido y acaba mi putita perversa" –le digo. Pamela estaba sentada en su silla del despacho, con las piernas bien abiertas y haciendo movimientos pélvicos. "¡Oh, qué delicioso! Como me hace sentir puta me tiene tan caliente, me voy a" –decía. De pronto, un silencio y escucho: "¡Claudia! Pero..." –fue lo que dijo y la llamada se cortó. En ese momento supe que alguien la había descubierto toda puta masturbándose con furia para un tipo que la hacía sentirse la mujer más deseada y zorra del universo. No supe más de ella el resto del día, pero por la noche recibí un mail suyo.

Me contaba que apunto de correrse entró una compañera del despacho, son las dos abogadas, y la pilló enterrada  en la silla con tres dedos dentro de la vagina. Intentó explicarle pero Claudia salió corriendo del despacho, le mandó un mail para comer juntas e intentar explicarle, Claudia acepto.

"Verás Claudia" –comenzó Pamela. "Esto que has visto. En fin, no te lleves una mala impresión de mí, pero conocí a un hombre que me hace alcanzar lo que ningún otro y menos mi marido ha conseguido, ha despertado en mi una nueva sexualidad y estoy entregada a él completamente. "Pero Pamela, estás casada y pareces muy feliz, en las cena de empresa da la sensación de la pareja perfecta, tu una sexy abogada y tu marido un atractivo arquitecto" –le dice Claudia. Pamela le dice: "Si atractivo, pero un inútil en la cama e incapaz de someter a una mujer como yo, alguna vez, cuando está inspirado me folla durante 10 minutos pero la mayoría de veces se corre rápido y no tiene ni gota de imaginación, y yo necesito más Claudia. ¡Necesito un tipo que sepa ponerme en mi sitio!". Claudia comentó: "No me lo puedo creer, así que después de todo, la pareja perfecta no es tan perfecta, el año pasado en la cena de navidad los vi muy acaramelados".

"¿Acaramelados?" –cortó Pamela. "¿Sabes qué pasó? Qué le conté a Óscar que teníamos cena de empresa y que iría acompañada de mi marido. Me pidió el nombre del restaurante y mientras estábamos en los postres me mandó un WhatsApp dónde me decía que fuera al baño inmediatamente y le dijera a su marido que iba a buscar un vaso de agua, me mojé la vagina solo de leerlo. Cuando llegué al baño allí estaba esperándome, me doy un beso apasionado, me obligó a arrodillarme, sacó su pene y me folló la boca hasta acabar, me lo tragué todo. Tomó un vaso, lo llenó de agua y metió su pene ya flácido en el agua y me dijo: "Toma, que el cornudo de tu marido se lo beba, ya que no sabe usarte tendrá que empezar a catar mis testículos por marica" –me dijo. "¡Mierda, como me calentó! Me dio la vuelta me azotó el culo y metió dos dedos en mi vagina, sin moverlos me dijo: Acaba y piensa en lo cornudo que es tu marido y lo puta que tú eres". "¿Y acabaste?" –preguntó Claudia. A lo que Pamela respondió: “Vaya si que acabé, nunca antes solo con la voz de un hombre me había puesto así. Volví con el agua la deje en la mesa, le di un beso a mi marido con la boca llena de su verga y él mismo, jajajajaja, tomó el agua y le doy un largo trago, luego me acurruqué con él, para que no sospecharan nada”.

“Pamela me estoy poniendo...” –alcanzó a decir Claudia, cuando Pamela la interrumpió: “¡Caliente! ¿Verdad?”. “Mucho” –respondió Claudia.

Pamela me contaba en el mail que le dijo a Claudia nuestras rutinas, la forma que la sometía y la llevaba al éxtasis, que sabía cómo controlarla y hacerla estremecer, que se sentía mi puta y eso era lo más importante para ella en ese momento. Sabía que para mí era importante que el matrimonio siguiera adelante, lo más morboso era saber que siempre estaría segura con su acomodada vida y haciendo cada vez mas cornudo al estúpido de su marido. Le contó las veces que me la había follado en la cama del cornudo y como me limpiaba la verga después de follármela con las camisas de este para que llevara olor a macho de verdad.

Claudia no salía de su asombro, se fue a su casa, se metió en el baño y se masturbo soñando con una relación así. Más tarde llamó a Pamela: “No sé qué me está pasando pero me he masturbado tres veces ya, no puedo quitarme de la cabeza las cosas que me has contado, te voy a ser sincera tengo muchas fantasías sobre dominación, me gusta sentirme dominada, pero Juan mi marido no sabe, alguna vez que le he dicho que me tratara como una puta, el pobre lo ha intentado, pero siempre he terminado yo dominándole a él. Me siento un poco frustrada”.

“Claudita, Claudita;  me parece a mí que tienes mucha necesidad de que te usen como mereces ¿verdad? Me podías haber dicho antes y lo hubiéramos solucionado. ¿Llevas las bragas puestas?” –preguntó Pamela. “¡Quítatelas!” –ordenó. “Claro, pero ¿para qué?” –preguntó. Pamela arremete: “¿Quieres conocer a mi Amo?”. Tienes que aprender a obedecer sin cuestionar. Solo haz lo que se te diga que hagas y siempre con la mirada abajo a menos que se autorice mirar a quien será tu dueño. Entonces, ¿quieres conocer a mi Amo”. “Sí” –respondió Claudia. “Sí ¿qué?” –preguntó Pamela. A lo que Claudia respondió: “Sí, quiero conocerlo y hacerme su puta como tú. ¡Ay Dios, voy a acabar!”. “Ok, le voy a hablar de ti, pero no me vayas a dejar mal; porque tendré que pagar las consecuencias en caso de que no seas lo que se espera” –le dijo Pamela en tono serio. “No niego que me da un poco de vergüenza” –le dice Claudia. Mi puta se rió de manera descarada y le dijo: “¿Vergüenza? Te acabas de correr al teléfono hablando con una compañera de trabajo y me vienes con vergüenza. No seas descarada cuando lo tuyo es ser puta”. “Lo sé. Solo habla con él y dile que ansío conocerlo” –dijo Claudia.

Así que decidí que tendría que hacer una buena acción y conocer a Claudia, las cité ese mismo viernes en un bar concurrido cerca de mi casa. Pamela es una chica de 32 años, bastante buena, medirá 165, de figura estilizada, viste muy bien y sensual y tiene una cara de zorra que unos ojos expertos detectan de inmediato, venia con un vestido de verano floreado, y unas sandalias. Claudia, tiene 29 años lleva casada dos, pero su marido ha sido su único novio formal, es alta, mide 175, delgada pero con dos tetas que quitan el hipo, vino vestida con un vestido parecido al de Pamela pero más corto y sexy, de color rojo y unos zapatos negro con un tacón altísimo, tiene una cara angelical y las gafas le hacen parecer tímida pero morbosa al mismo tiempo. Como venía vestida supe de inmediato que tenía ganas de impresionarme. Estaba sentado en una mesa, cuando las vi entrar. Pamela recorrió el local con sus ojos buscándome, al fin cruzó la mirada conmigo y sonriente se acercó a mí.

“Hola Óscar” –me dijo. “Hola Cachorrita, ¿cómo estás? –le contesté y besé sus labios. “ Tú debes de ser Claudia” –le dije mirándola de arriba a abajo. Claudia sonrió algo nerviosa. “Si ella es, no sabes las ganas locas que tiene de conocerte” –dijo Pamela, Claudia miró al suelo sonrojada, la tomé de la barbilla, cruce mis ojos con los suyos.
                                  
“No te avergüences, eres una chica valiente, ya me ha contado Pamela y te felicito por explorar tus deseos más oscuros” –le dije. Nos dimos dos besos suaves en la boca, en el segundo la sujete por la cabeza y le susurre al oído: “Me encanta como has venido vestida. ¿Es para mí?”. Ella asintió. “Agradezco tu detalle, no era necesario que lo hicieras” –le dije. Acomodé las sillas para que Claudia quedara frente a mí: “Claudia, siéntate aquí al frente” –le dije y acerqué la silla a la mesa. “Ven pequeña, siéntate a mi lado” –le dije a Pamela e hice lo mismo.

“Ya Pamela me contó que tienes ganas de que te sometan, que fantaseas con un tipo que sepa darte lo que tu marido no sabe. ¿Es así?” –le dije. “Si” –contestó Claudia. “¿Sí qué? –contraataqué.  “Si, me comentó Pamela y bueno, la verdad es que es muy excitante” –me contestó. “¿Excitante?  No, no; tú lo que quieres es una nueva vida, una en la que seas la puta de un tipo dominante y sigas casada con el tonto de tu marido, ¿no?” –le dije mientras seguíamos platicando. “Si” –dijo ella. “Si ¿qué?” ¡Mierda! –le dije casi perdiendo la paciencia, ya que no me gustan las respuestas a medias. “¡Sí, quiero sentirme dominada y hacer cornudo al cabrón que tengo en casa!” –fue el grito desesperado de un alma torturada por la indiferencia. Pamela y yo empezamos a reírnos a carcajada limpia, la pobre Claudia empezó a ponerse roja de vergüenza. “Ves como es tan putita como yo Óscar –me dijo Pamela. “Vaya, si son zorras las abogadas” –contesté y los tres casi nos orinamos de risa.

Nos trajeron las bebidas, yo pedí un whisky, a las chicas no dejé que pensaran nada, pedí un Martini Rosso para Pamela y uno blanco para Claudia, no pusieron objeción alguna, y poco hubiera importado. “Este whisky está muy desabrido, abre las piernas Pamela” –le dije. Metí mi mano entre sus piernas y le introduje un dedo en su jugosa vagina, lo saqué y lo metí en mi copa agitándolo. “Me encanta el sabor de esta putita. ¿La has probado Claudia?” –dije y pregunté. “No” –respondió. “¿Te gustaría?” –le pregunté. “No, creo que no me gustan las mujeres” –me respondió. “Pues, debes saber que si accedes harás siempre lo que ordene sin pensar nada más que en satisfacerme” –le dije.

La conversación ya había avanzado y todo marchaba bien. “¿Cuantos años llevas con tu marido?” –pregunté. Claudia respondió: “Dos años casada y antes diez de novios”. “¡Toda la vida!” –exclamé. “Sí” –responde con un suspiro de resignación. “¿Aburrida?” –pregunté. “Un poco, la verdad es algo aburrido y monótono” –me responde. “¿Le chupas la verga?” –pregunté. “Sí y me encanta” –responde. “¿Acaba en tu boca?” –arremetí. “No, se lo he pedido pero no quiere, es un poco escrupuloso, a pesar de que llevamos tiempo juntos jamás me ha comido la vagina y me encantaría que lo hicieran” –me responde con soltura. Pamela y yo quedamos con la boca abierta, después solté una carcajada y le dije: “¿No será un poco marica?”.  “No” –me responde ella. “¿No o no crees?” –insistí. “No creo” –responde. Pamela comenzó a reírse de la situación, la tomé de la melena y le dije: “Tú no te rías tanto, que eras igual de tonta la primera vez que nos vimos”. “Perdón mi Señor, no volverá a ocurrir” –me dice guardando completo silencio.

“Dile que eres a tu amiga” –le dije a Pamela. Ella respondió: “Soy la puta de Oscar, me encanta sentirme suya y pintarle cuernos a mi marido”. “Bien, sigamos con el interrogatorio” –le dije sintiéndome Horatio Cane de CSI Miami. “¿Te la mete por el culo?” –pregunté de manera seria. “Una vez lo intentó pero no pudo” –respondió. “¡Qué pena! ¡Tan joven y mal cogida! Una putita como tú está pidiendo a voces que le den tan duro por el culo que después no pueda sentarse en varios días. ¿Verdad?” –le dije. Claudia se estaba calentando mucho con la situación, comprobé que movía las rodillas, supuse que para acariciarse la vagina astutamente.

“¿Estas caliente Claudia?” –le pregunté. “Como una perra en celo” –me respondió y reímos los tres por lo espontanea de su respuesta. “Bien, bien. Pamela llévala al baño y prepáramela” –le ordené a mi sumisa. “Enseguida mi Amo” –respondió. Se levantó y la tomó de la mano. “Vamos preciosa cuando salgas ya no serás la misma” –le dijo mientras se volteaba y me lanza un beso. Había ordenado a Pamela la noche anterior, que cuando recibiera mi orden, debía llevar a Claudia al baño, someterla dándole un par de bofetadas y hablándole en el lenguaje más sucio y vulgar que pudiera encontrar en su léxico, llamándola puta calienta vergas; después, le sacaría las bragas para con ellas atarle las manos al estanque, una vez así expuesta tenía orden de hacer que Claudia le lamiera la vagina hasta que acabara.

Pamela volvió a los 10 minutos. “Ya está, segundo cubículo según entras. Es toda una zorra, ha acabado sin tocarla, solo poniendole la vagina en la cara noté como se mojaba” –me dijo. “Bien, voy a ver qué tal te has portado” –le dije. Me levanté, le di una pequeña nalgada y fui al baño. Al entrar en el segundo cubículo me encontré a Claudia abierta de piernas, se veía su sexo depilado, mojado e hinchado, las manos atadas al estanque, las dos tetas fuera, las gafas en el suelo y una cara de perra salvaje que hizo endurecerme de inmediato. “¡Vaya, vaya!, quien oensaria que pudiera ser verdad. Eres una puta en toda su expresion, mírate” –le dije. Saque el móvil y le tomé una foto y le dije: “Mira puta, esto eres tú, ¿te gusta?” “Sí, me gusta ser puta; estoy muy excitada, necesito acabar” –me dice. “¿Acabar? Ya hablaremos de eso luego. Creo que esta foto debería verla el marica de tu marido, ¿no crees putita?” –le digo. Lo que me dijo a continuación me dejo muy sorprendido: “Sí, el teléfono del maricón de mi marido es… mándasela que sepa que va a ser un cornudo por comportarse como una niña”. “Serás puta, jajaja, ¿quieres ser mía perrita?” –le pregunto tomandola de la cara. “Sí, quiero ser todo lo que me pidas ser y complacerte en todo lo que quieras que haga. Quiero que me zorrees, quiero ser tuya, quiero que el cornudo de mi marido lo sepa, que aprenda a usarme” –me dice.

“Eso es, además me gusta la idea del marica mirando cómo te follo, te voy a desatar” –le dije. En cuanto la solté, como una poseida se abalanzó sobre mí. “¡Que mierda haces perra! “Yo es... es que” –la callo de una bofetada. “No me puedes tocar si no te lo permito, pero se ve que tienes muchas ganas de mi ¿verdad perrita?” –le dije. “Sí, quiero que me uses” –me dice. “Bien para aceptar tu sumisión quiero supliques por mi pene, “¡arrodíllate!” –le dije. Me senté en la taza y Claudia sumisamente empezó a suplicar que le diera mi verga, que la dejara sentirla en su boca; que se moria de ganas de tenerlo en sus manos para chuparlo hasta llenarla de semen. “Quieta, sácalo despacio y huelelo, pasándolo por tu cara” –le digo. ¡Uf! Aunque se moria de ganas por chuparlo supo esperar mi orden. “Ahora puta, chupa y dime lo que quiero oír” –le digo. “Quiero ser quien mame tu verga junto a Pamela, quiero que me hagas todo lo que quieras, siento que mi sexo es tuyo y además quiero que sometas también al cabrón del cornudo que tengo en casa” –mientras me decía esto, empecé a frotarle la vagina, enseguida ella comenzó a moverse para seguir mi ritmo, ella se agitaba cada vez más al punto de entregarse a un intenso orgasmo. “Eso, acaba bella puta” –le dije y comenzó a correrse como una loca, bufaba y lamía mi miembro como una devoradora.

Me levanté, la tomé del pelo y le llevé la cara a mi bragueta y le restregué toda. “¿Quieres mi verga?” –le pregunté. “Sí, quiero que acabes en mi boca, no me lavaré para que mi marido también te pruebe” –me dice con su cara llena de deseo. Me hizo gracia, la muy puta quería también que dominase al estupido de su marido. Me saqué la verga, hice que abriera bien la boca y que no se le ocurriera cerrarla. “Mírame a los ojos mientras me descargo en tu boca de puta” –le dije. Así lo hizo. Acabé salvajemente dentro de la garganta. “¡Uf, que bebita más complaciente eres! Te tragaste todo mi semen” –le dije. “Límpiame la verga con tu boca” –le ordené, cosa que hizo deliciosamente. “Gracias por hacer de esta puta la más feliz de la tierra” –me dice. Le dije: “Muy bien, así me gusta puta, ahora te irás a casa y esta noche cuando te folles al marica, que lo harás, si acaba antes que tú, lo llamarás cornudo y mal follador y le amenazarás de que te vas a buscar a alguien más, ¿ok perrita?”. “Haré todo lo que tú me digas” –me dijo mientras se abraza a mí. Le di un pequeño empujón  y le dije: “Las caricias y cariños para la marica de tu marido, espero que me llames esta noche”.

Me largué y la dejé arreglando su ropa. Fui a ver a Pamela que estaba sola por largo rato; la besé en los labios y me despedí dejándole algunos deberes que cumplir con Claudia y que después fuera a mi casa para terminar la noche juntos.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Delicioso wao x Dios felicitaciones como siempre sus escritos son excelentes

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  2. Que rico que nos dejes esperando más para saciar nuestros oscuros deseos gracias Mr.P

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  3. Mmmm una delicia leerlo, este relato me embrujo, puso mi mente a volar y despertó gratas sensaciones que merecen ser calmadas...
    Gracias Mr.P por tan exquisitas letras

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  4. Un hermoso relato lleno de lujuria y perversión,no hubo ni un solo momento que donde cayera la pasión. Tiene ud todo un arte Mr. P, gracias por compartir

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