Después de que Pamela la llevó a su casa, la detiene y la besa en los labios con delicadeza; mete su mano por dejado del vestido y le dice: “Veo que aún sigues mojada; no sabes como me calienta. Mira mete tu mano en mis bragas y siente como estoy yo” –le dice Pamela. Al sentir la tibia y húmeda vagina de Pamela, Claudia se calentó a un más y le suplicó a su amiga que la tocara para calmar la lujuria que la estaba dominando pero esa no era la orden especifica de Pamela, era hacer que su amiga entrara lo más caliente posible a su casa y se follara al pija floja de su marido. “No, no, no zorrita. Aprende a lidiar con eso. El Amo lo que quiere es…” –le cuenta. A lo que Pamela le dice: “Pero, tienes permiso de tocarme y hundir tus dedos en mi sexo hasta hacer que acabe tan delicioso como una puta celo” –le dice. Claudia, mordiendo sus labios hace a un lado la tela de la diminuta tanga de su amiga, adentrándose en la profundidad de ese sexo húmedo y palpitante. Los vidrios del auto se comenzaron a empañar debido a la condensación de sus respiraciones agitadas, los gemidos de Pamela se hacían intensos cada vez que la lengua de Claudia jugaba con sus erectos pezones y sus dedos llegaban a lo más profundo de sus entrañas. Pronto llegó el orgasmo, seguido por suaves espasmos que hacían temblar sus piernas. “Eres una buena zorrita. Ahora entra antes que te folle” –le dice Pamela. Se despidieron de un apasionado y entró a su casa.
Claudia entró satisfecha y emocionada por haber cumplido una de sus fantasías, pero al entrar en el espacio que compartía con su marido no puedo evitar sentirse triste. Triste porque su marido no sabía hacerla disfrutar y ha tenido que recurrir a un perfecto desconocido que ha sabido en pocos instantes, dominarla y llevarla a uno de los mejores orgasmos de su vida, el día que me penetre ¿Cómo será? se preguntó mientras se estremecía su entrepierna.
Entró a la sala y encontró a su marido viendo la tv, se acercó a él y después de decirle hola, le besó, pero no olvidó de meterle bien la lengua en la boca. Él algo contrariado por el saludo de su mujer le alejó la boca. “Chúpame la lengua” –le dijo ella, la sacó mostrándola y su marido la chupó sin miramientos. “¿Qué te pasa hoy cariño? ¿Cómo vienes de caliente?” –le dice él sin salir de su asombro. “Sí, necesito que me folles ahora mismo” –le dijo en tono de orden. Se subió el vestido y quitó sus bragas, se las lanzó a su marido a la cara, se puso de rodillas y sacó el pene flácido de ese atónito hombre, comenzó a lamerlo como una loca. “¡Umm cariño, estás muy caliente hoy!” –dice el esposo. “No sabes cuánto” –dice ella. Después de lamer su miembro y conseguir que se endureciera, se subió encima de él, se lo clavó pensando que era Oscar. “Fóllame, dame duro cariño” –decía ella sin parar de moverse. Comenzó a cabalgarle con furia, botando sobre sus caderas, el cornudo no daba crédito, notaba que la gran calentura que traía su mujer no era provocada por él, ensimismado en estos pensamientos empezó a perder la erección.
“No me lo puedo creer, llego cachonda como una yegua y nada mas metérmela tu verga se pone flácida” –dijo Claudia enojada. “No lo sé mi amor, no sé qué me pasa, pero es que vienes tan excitada que...”. “Tan excitada y ¿eso no te gusta? Cualquier hombre de verdad estaría encantado de tener una mujer sexy y dispuesta como yo” –cortó Claudia. Se quitó la flacidez que tenía en su entrepierna y mirando con odio a su marido le dijo: “Mira como tienes la verga, si no eres capaz de hacerme sentir mujer tendré que buscarme a un hombre de verdad que sepa follarme y tratarme como me gusta en la cama”. Buscaba generar en Juan algún tipo de reacción y este a lo único que atinó a decir: “¡Pero qué mierda dices! ¡Serás p...!”. No alcanzó a decir más cuando un bofetón le hizo girar el rostro en ciento ochenta grados a Juan. Claudia lo tomó fuerte de los testículos, se acercó a su oído y le dijo: “Escúchame bien hijo de perra, eres un inútil en la cama, no sabes cómo follarme ni mucho menos hacer que tenga orgasmos, llevo muchos años aguantándote y no pienso pasar ni un día más sin sentir un hombre de verdad dentro de mí, así que vete preparando para lucir cuernos, porque no pienso aguantarme más. ¿Lo has entendido?”.
Las duras palabras de su mujer, su semblante serio y el agarrón de testículos hicieron que Juan se calentara y otra vez su miembro se empezara a poner duro. Solo salían balbuceos indescifrables de sus labios, no podía justificarse. “Ja, ja, ja, ja. ¡No me lo puedo creer, serás marica! Así que esto te calienta, quieres ser uno de esos cornudos consentidos” –le dice al poco hombre frente a ella. “No, mierda, es que,... no sé qué me pasa” –decía Juan y en realidad era lo único que se podía entender entre balbuceos y gemidos. “¿Qué no sabes que te pasa? Te lo digo yo. Eres un pajillero o ¿te crees que no sé qué te masturbas viendo videos a mujeres casadas sometidas?” –le dijo mientras le acariciaba el miembro, y este se ponía cada vez más duro. “No, ufff, no resisto” –decía él. “Callanté infeliz, sé que sí, mira tu verga, está claro que quieres que te ponga los cuernos. ¿Verdad?” –le dijo ella. “No, no quiero” –dijo él cerrando los ojos. Le soltó el miembro, dio dos pasos hacia adelante. “¿Así que no quieres? –le preguntó. Arremetió: “No importa lo que Tú quieras, pero quiero que sepas. ¡Me voy a follar a un hombre de verdad! Además, ya sé quien será”. –dijo esto mientras salía del salón rumbo a la ducha. Juan se quedó embobado, no sabía qué hacer, recordaba las palabras de su mujercita y su verga se ponía dura, era una sensación contradictoria, amaba a Claudia con todas sus fuerzas, pero ella tenía razón, era un mirón, casi siempre prefería masturbarse viendo porno que follarse a su mujercita. Recapacitó y entró en el baño, encontró las bragas de su mujer tiradas en el suelo, las tomó y se las llevó a la nariz, supo en ese instante que su mujer lubricaba para otro, se volvió a endurecer cuando vio que su mujer se masturbaba en la ducha con la esponja repitiendo, "Soy la puta de Oscar". Salió del baño y esperó en la cocina con las bragas de Claudia en las manos. Ella salió de la ducha y no encontró las bragas, empezó a sospechar que Juan las había tomado, salió con la toalla cubriendo sus senos para tomarse un café, se encontró a su marido con las bragas en la boca y masturbándose.
Al ver el miserable espectáculo de su marido, ella rió con algo de pena y decepción, le dijo: “¡Pero qué cerdo eres Juanito!”. Le sacó las bragas de la boca. “¿Quien es Oscar?” –preguntó algo contrariado. “Un hombre que conocí, que me tiene la vagina incendiada, es un hombre de verdad, ¿sabes cornudito?” –le respondió ella. Juan, al escuchar cómo le llamaba su mujer empezó a bramar y a masturbarse con más ganas. “¿Te ha follado?” –preguntó. “Aun no” –respondió. “¿Quieres que lo haga?” –preguntó ella. “No sé” –respondió él. Ella se acercó a su oído y le dijo: “Claro que quieres cornudo de mierda, voy a ser su puta y tú mi cornudo complaciente. ¿Verdad?”. “No sé Claudia, es un juego interesan…” –otra vez es interrumpido por ella, quien le dice: “¡Mierda! ¿Así que tú te puedes pajear a gusto y cumplir tu fantasía de pajillero mirón y yo no puedo dejarme someter por él?”. Otra vez los balbuceos de Juan: “Es qué, es qué”. “Es que nada, voy a ser su puta y tú mi cornudo”. ¡Dímelo! ¡O te largas de casa esta misma tarde!” –le dijo en tono desafiante y soberbio. Juan cerró los ojos y al fin se dejó llevar: “Quiero que seas su puta y yo tu corundo complaciente” –dijo. “Así me gusta cornudo” –le dice ella y aprieta nuevamente los testículos. Ahora viene la orden Juan esperaba en silencio. “Acaba cornudo, acaba pensando cómo me va usar ese hombre, y piensa que ya le chupé la verga, que por cierto es mucho mejor que la tuya”. El cornudo de Juan eyaculó como nunca mientras su mujer le decía lo cornudo que era y lo marica que iba a ser viendo como su mujer era follada por otro. Recogió un poco del semen que había en la punta de la verga, se lo llevó a la boca y le dijo a su marido: “¡Chúpame la lengua cornudo!”. Él sumisamente se la chupó como un pene y lo disfrutó. “Voy a llamarle ahora mismo para decirle que estas encantado de que me use, ya que tú no sabes, será él quien me llene de placer y lujuria. A ti te quiero, necesito tu cariño, pero también que me traten como una putita y es lo que me mueve correr a los brazos de ese hombre” –le dice Claudia a su marido. “Será hija de puta” –pensó el cornudo y come semen de Juan.
Claudia me llamó nada mas ocurrir esto y me comentó, ilusionada, como había reaccionado el cornudo de Juan, satisfecha con el cambio de rumbo que estaba dando su vida, se ilusionó con la idea de entregarse totalmente a mí y arrastrar al cornudo de su marido. “Te lo prometo, ha probado su propio semen” –me dijo. “Bien Claudita. ¿Tú acabaste? –le pregunto. “En la ducha si, mientras pensaba en ti pero después no, nada más lo hizo el cornudo de masturbarse he venido a llamarte” –me respondió. A lo que le dije: “Perfecto zorrita, te estás portando estupendamente, pero me temo que si el cornudo ha aceptado tan rápido es porque en su cabeza sabía que iba a llegar este momento”. Ella dijo: “Si, yo creo que también, porque cuando estoy muy cachonda siempre lo someto y domino”. Reí a carcajadas y le dije: “Es un poco maricón ¿verdad?”. “Sí” –responde ella. “Sí ¿qué?” –le pregunté con un tono más enojado. “Es un marica que no sabe usarme y tendrá que ver y pajearse cuando me uses” –respondió.
Juan se había escurrido por la puerta de su habitación ágilmente, escuchaba con la boca abierta y el pene semierecto la conversación de su mujer, pero Claudia se dio cuenta. “Está aquí” –me dijo. “¿El maricón de tu marido?” –pregunté. “Si, se metió en la habitación” –me dijo Claudia mirando directamente a los ojos a su marido. “¿Qué eres?” –le pregunté. Ella respondió sin quitar los ojos de su marido sin vacilar ni desviar la mirada de sus ojos: “Soy tu puta chupa vergas y estoy deseando que me folles duro delante del marica come semen de mi marido. “¿Y que es tu marido?” –volví a preguntar. "Un cornudo come semen que está deseoso de verme emputecida por ti” –respondió ella. “Ya te está viendo ¿no?” –le dije. “Si, yo creo que se ha vuelto a poner caliente” –diijo Claudia dedicando una esplendida sonrisa a su cornudo marido que ya estaba con su miembro afuera y empezaba a masturbarse.
“Bien, me gusta cómo eres putita, como premio al cornudo harás esta noche lo siguiente: Le contaras con lujos y detalles lo que sucedió hoy en el baño del bar, mientras le haces una buena paja, después le tumbarás en el suelo y le follarás. Después pondrás tu vagina cerca de su boca y humillándolo le orinarás encima, ya verás lo mucho que le gusta a ese marica. No olvides después de que acaben los dos dejarle claro que le quieres" –le dije.(De todas formas tengo buen corazón. ¿No creen?). "Lo que tú digas mi macho" –responde."Bien, mañana voy a follarte" –le dije. A lo que ella responde con un coqueto: "Gracias". "Irás vestida bien sexy a la oficina, quiero que todos los hombres que se te crucen tengan ganas de violarte, seguro que sabes cómo conseguir ese efecto, no lleves bragas, quiero que estés húmeda y dispuesta para mí, a la hora de comer vendrás a mi casa. ¿Ok perrita?” –le dije. sin ninguna oposición a lo ordenado contestó: “Lo que tu digas, ya estoy deseándolo”.
“Bueno zorrita entonces a cumplir con lo ordenado. Hasta mañana".
Pasiones Prohibidas ®

Uhh q rico esta estupendo felicitaciones
ResponderBorrarMe gustó la historia. Cosas que suceden entre parejas inimaginables.
ResponderBorrarWao!!!!! Me lo imaginé.... esta buenísimo
ResponderBorrarMuy buena lectura!
ResponderBorrarQuiero la continuación!!!😉
ResponderBorrarExcelente cada vez mejor un relato supera al otro mi bello Me.P
ResponderBorrarMuy bueno, hace volar mi imaginación
ResponderBorrarMmmm en suma interesante y muy intenso, me urge seguir la lectura...
ResponderBorrarEsta serie de tus relatos sin duda muy interesante una excelente narración muy excitante
ResponderBorrarExquisitas lecturas mi Perverso 🔥💋
Los relatos son de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Muy buenos...motivan bastante a la imaginación, hace sentir como si fuera uno mismo quien lo vive. Son tan reales, tan bien escritos. Es maravilloso tener la oportunidad de disfrutarlos
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