Era un día cualquiera en la que como todos los días estoy tranquila dando clases me vi lista y ese día hice un examen sorpresa para saber que tanto sabían y por ende ver donde yo podía empezar a enseñarles todo, procedo a dictarles las preguntas y les di 15 minutos para que las respondieran una vez que paso el tiempo les pedí que me dieran su hoja para posteriormente revisarlas.
Al estar calificando me doy cuenta que un chico había salido muy mal en el examen solo había respondido bien dos preguntas, yo no le di importancia ya que era comienzo de curso. Una vez que termine procedo a devolverles sus exámenes (obvio haciendo hincapié en ese chico).
Pasaron las semanas y veía que el chico no daba una en mi materia yo hacia todo lo posible para ayudarlo, pero veía que prácticamente no le importaba la materia (es mas no quería estar en la escuela) hasta que cuando terminó le dije que se quedara porque quería hablar el haciendo gestos se espero hasta que se fueran y una vez que nos quedamos solos le dije que se acercara a mi escritorio. Llegado a mi escritorio le dije: “¿Qué pasa ¿Por qué no quieres estudiar? ¿Acaso te molestan tus compañeros? Puedes decírmelo, con confianza”. “No es eso profesora lo que pasa…” –se quedó callado. Después de que dijo eso me dio curiosidad saber que era lo que me iba a decir así que seguí insistiendo y después de varios minutos me dice: “Está bien profesora le voy a decir ¿pero prométame que no se va a enojar?”. A lo que le respondo: “Está bien lo prometo”. “Lo que pasa es que usted está muy hermosa y no puedo dejar de verla y más cuando viene con jeans y se le marca su vagina, la verdad me excita mucho verla y más cuando le veo su trasero parece como si en cualquier momento se le va a romper sus jeans de tremendo trasero que tiene” –me dice con toda la naturalidad del mundo.
Cuando me dijo eso no supe que decirle; así que lo único fue que si seguía igual iba a reprobar mi materia y la verdad no quería hablar con sus padres. Me miró por completo para darse media vuelta, ir por sus cosas y salir corriendo del laboratorio (sin decirme nada). Para mis adentros pensaba: “¡Qué se cree este mocoso para hablarme así!”. Por otro lado fue innegable que una sensación extraña me recorrió por completo al oírlo. Me causaba risa y enfado que un mocoso de preparatoria me pusiera húmeda y con ganas de coger como una fiera salvaje. Esa tarde llegué al departamento, dejé mi bolso sobre el sofá y me quité los tacones, me estiré sobre la cama y recordaba como el mocoso ese dijo que se marcaba mi vagina en los jeans. ¡Qué caliente me sentía! Mis manos se fueron directo a mi entrepierna y por Dios sí que tenía razón, se sentían marcados, abultados; deliciosamente hinchados y listos para ser comidos. Solo mis afortunados dedos podían sentirlos y disfrutarlos, a tal punto que me masturbé por varias horas y en diferentes posiciones, sintiendo una infinidad de intensos orgasmos, quedando rendida en la cama y cayendo en un profundo sueño que fue interrumpido por la alarma en la mañana que me indicaba el inicio de una nueva jornada.
Pasaron los demás días y el chico no fue a la escuela le pregunté a sus amigos si sabían algo de él y me dijeron que no sabían nada, así que después de unos 3 días ya no le importancia. Hasta el día siguiente que sin más estaba en el laboratorio como si nada hubiera pasado pero antes de iniciar clases le dije que se pusiera al corriente con los apuntes de los días que había faltado, él asentando con la cabeza me dijo que si y me dio la espalda. Ese día fui con una falda un poco corta de color blanco con franjas negras y una blusa escotada (esta vez sin enseñar de más) y unos zapatos de tacón no tan altos para estar más cómoda. Seguí dando la clase sin problemas hasta que suena la campana, doy la explicación final y prosiguen a salir hasta que veo al chico que todavía estaba sentado solo; esperó a que todos salieran, cerró la puerta se acercó a mi escritorio y me dice: “Profesora ahora sí hizo un gol de media cancha, vino muy espectacular y perdone lo que le voy a decir parece toda una putita”. ¡Maldita sensación en mi sexo! Me recompongo y le digo: “No digas eso soy tu profesora y tienes que respetarme”. Me dijo: “Ah lo siento… pero es la verdad usted está muy hermosa y mas con esa falda le hace notar muy bien su enorme trasero”.
Quería cambiar el tenor de la conversación, si bien es cierto estaba caliente por las palabras poco atinadas de mi alumno, no podía mostrar que me tenia al borde del deseo y le dije: “Y a todo esto ¿por qué faltaste tantos días?”. Respondiendo: “Lo que pasa es que tuve unos problemas nada graves y se me dificultaba venir a la escuela, pero no se preocupe profesora ya lo solucioné afortunadamente”. Le dije: “Está bien, solo ponte al corriente en mi materia no sé como vayas en las demás, pero en la mía vas muy mal”.
Después de que le dije eso se quedó callado, tomó su silla y se sentó enfrente de mi escritorio sin decir nada; quizá pensando en lo que le había dicho y buscando una forma de subir las notas para cerrar el año y graduarse. No le di importancia hasta que después de unos minutos la plática se empezó a tomar ese tono fuera de lugar y me dice: “Oiga profesora ¿por qué tiene un trasero tan grande?”. Solo lo miro, doy un suspiro y después de unos segundos le respondo: “Es porque hago ejercicio, mi mamá siempre fue de hacer mucho ejercicio y pues me lo recalcó mucho de niña y pues quiero pensar que es por eso”. “La verdad, es lo que más me encanta de usted y quisiera tener ese trasero en mi mano; apretarlo con fuerza para sentir la dureza de sus nalgas. Incluso me perdería entre sus nalgas lamiendo su agujero”. “¿Qué no tienes educación? Eres un estúpido y calenturiento joven que no sabría qué hacer con un culo, solo masturbarte y nada más como lo debes hacer viendo esos videos porno en tu teléfono. Date cuenta que estás al borde de la expulsión por lo que me estás diciendo. Ahora vete a tu otra clase” –le dije con enojo. La verdad no, mis amigos me dijeron que el profesor no iba a venir así que por eso estoy con usted.
Después de unos 10 minutos de platicar, sin más se pone de pie, me toma de la mano y me levanta; me da una vuelta y haciendo una pausa cuando estaba de espaldas enfrente de él me dice mientras aprisiona mis nalgas en sus manos: “Si profesora, este trasero me vuelve loco. Le tengo envidia a su novio por como lo ha de disfrutar. Si yo fuera su novio le daría todos los días de mi verga”. Húmeda y jadeante le digo: “No digas eso soy tu profesora y no podemos hacer esto nos podemos meter en problemas y más yo por estar con un menor”. Me dice: “Pero si lo hacemos aquí nadie nos verá, solo procure no gritar mucho”. Vaya si se tenía fe en cuanto a sexo se refiere. Entre forcejeos me da la vuelta completa me abraza quedando los dos de frente y noto un pequeño bulto en su pantalón, me pega más a él y empieza a acariciar mi trasero encima de la falda y me dice: “Hubieras traído esos jeans que me vuelven loco para disfrutar más de él y más para ver como se te marca la vagina”. “Detente por favor, no podemos hacer esto ¿y si alguien nos ve?” –le dije. “No te preocupes le puse candado a la puerta, así que nadie nos va a molestar por un rato”. Lo besé como nunca había besado a nadie y no paraba de frotarme en él. Quería que sintiera lo mismo que yo, incluso quería que se fuera con los calzoncillos impregnados en semen; jadeaba como un cachorrito hasta que en un par de movimientos más gimió y pudo aliviarse.
Nos seguimos solo besando, y así estuvimos unos 30 minutos hasta que tocan la puerta. “Profesora Karen está ahí quiero hablar con usted” –se escucha al otro lado. Al no escuchar respuesta siguió insistiendo. Me acomodé la falda y corrí a la puerta la abrí, era un profesor que quería darme unas hojas para firmar y no pude evitar que entrara al laboratorio encuentra al chico y le dice: “¿Qué hace aquí joven? ¿Por qué no está en su clase?”. A lo que mi alumno responde: Pasa es que el profesor no vino y estoy con la profesora ya que necesito que me ayude en unas cosas, es que voy mal en su materia”. Al decir eso el profesor ya más tranquilo se retiró a los pocos segundos dejándonos otra vez a solas pero esta vez como ya era la hora de la salida le dije: “Bueno no tengo más remedio que darte clases privadas”. “¿Enserio?” –me dice. “Sí, la verdad no quiero que repruebes mi materia y como te lo dije la semana pasada no quiero hablar con tus papás. Mañana te espero aquí en la entrada de la escuela y de aquí nos vamos a mi casa” –le dije. “Está bien, la veo mañana.” –me dijo con una sonrisa en los labios. Por último, cada quien agarro sus cosas y cada quien se fue por su camino.
Al llegar a casa no hice más que dejar la cartera sobre el sofá y dar rienda suelta a la calentura que traía. No podía dejar de pensar en las cosas obscenas que mi alumno me dijo, solo imaginarlo deslizando su lengua por mi culo causaba escalofríos tremendos por todo mi cuerpo y en especial en mi culo, que se contraía deseando ser penetrado. Me sentí puta cuando corrí desesperada a la cocina y tome una zanahoria de un tamaño y grosor considerables; la lavé y sin pensarlo dos veces la metí por mi culo. “¡Oh Dios mío, qué rico!” –grité con fuerza. No aguantaba, quería acabar dando alaridos de placer, por lo que me penetraba con fuerza y rapidez haciendo que mi culo se expandiera hasta su máxima resistencia. “Soy muy puta” –me decía. “Me calienta un estúpido muchacho de preparatoria” –jadeaba. Por fin llegó, haciéndome caer al piso con la zanahoria en el culo y las nalgas levantadas. Me fui a la ducha y después a dormir pensando en lo que sucedería en la tarde mañana.
Al día siguiente y como era de esperarse nos juntamos en la entrada de la escuela como habíamos quedado. Fui a trabajar con un vestido negro de un solo corte, a cinco dedos sobre la rodilla, zapatos de tacón negros y una chaqueta roja. Ropa interior que apenas se marcara y casi transparente, cosa de que cuando me viera quedara con la boca abierta. Una vez que nos vimos nos saludamos y hablamos un rato hasta que por la tarde llegamos a mi casa una vez adentro lo único que hice fue quitarme la chaqueta y recostarme en mi cama, el chico solo me estaba mirando y veía como lo dejaba ver un poco de mi cachetero, subiéndome el vestido poco a poco (por cada movimiento que hacía en la cama) pero viendo que no me quitaba la mirada de encima cierro mis piernas dejándole ver el canal de mi trasero devorando la tela, me acomodo un poco y le digo: “Perdón es que la verdad estoy un poco cansada pero no te preocupes, puedes traer tu cuaderno y siéntate aquí conmigo”. “¿Segura?” –me pregunta. “Si, no te preocupes. La verdad estoy cansada y no quiero levantarme” –le respondo.
Va por su mochila ya que cuando llegamos la dejó en la sala; después de unos segundos llega y se sienta en la cama a mi lado. “Bueno vamos a empezar saca tus apuntes y cualquier cosa que no entiendas me dices” –le digo. “Está bien” –me dice. Después de unos 5 minutos lo invito a acostarse conmigo ya que estaba muy incomodo se acuesta a mi lado y después de unos segundos y después de unos segundos de silencio me dice: “Lo siento profesora la verdad no quería hacerlo, pero usted me provocó”. Cuando me dijo eso, noto que su mano acaricia sobre la tela de mi cachetero, y sus dedos buscan con desesperación los labios de mi vagina. Cuando siente los pliegues de mi vagina en sus dedos mete los dedos con inexperiencia, lo detengo al momento y le digo: “Lo que paso ayer solo fue cosa de un ratito no creas que en verdad quiero hacerlo contigo soy tu profesora si entiendes eso ¿verdad?”. “Si lo entiendo, pero a poco usted no se quedó con las ganas ese día, si vi cómo se mordía los labios; es obvio que quería hacerlo” –me dijo. “Ah, está bien pero no le digas a nadie lo que pase aquí se queda aquí ¿me entendiste?” –le dije. A lo que responde: “Claro profesora no se lo voy a decir a nadie”.
Después de unos minutos y con más confianza le dije: “¿Crees poder conmigo?”. “Claro profesora la verdad soñaba con usted todo el tiempo, que lo hacíamos todos los días y en donde fuera”. “Bueno ese día llegó jovencito; es hora de que te cojas la putita de profesora”. Me bajo poco a poco mi cachetero a las rodillas, y con mi mano abro los labios de mi vagina (en la que se vislumbran algunas gotas de humedad) y cuando vio mi vagina húmeda no pudo evitar tocarla por todas partes, le digo: “Eres un chico muy desesperado. ¿Recuerdas que hoy íbamos a tener una clase especial? Te voy a enseñar como un hombrecito como tú puede complacer a una mujer como yo”. Se logró tranquilizar un poco y le dije: “Vamos por partes. ¿Ves el botoncito que está aquí? (Señalando donde está mi clítoris). Pon tu dedo en él”. Le digo que lo acaricie suavemente y con delicadeza, frota suavemente mientras ve como me humedezco aún más y me dice: “¿Profesora que es este liquido que sale de aquí?”. Le dije: “Eso significa que lo estas haciendo bien. ¡No te detengas! Sigue por favor”.
Muerdo mis labios mientras sigue frotando mi clítoris cada vez más rápido, cuando estoy al borde del éxtasis, lo detengo y continúo con la siguiente lección. Abro mis labios vaginales con mis manos y le ordeno poner su cara ahí y mete tu lengua chupa todos los pliegues y no dejes de hacerlo. Al principio observó que le cuesta trabajo seguir el ritmo y se detiene a cada momento, cada vez más excitada pongo mi mano en su nuca haciendo que no deje de probar mi jugosa vagina y siente como mojo su cara cuando alcanzo el orgasmo, pone sus manos en mi trasero mientras me dice aun con inocencia: “No me canso de verle el trasero profesora, siempre que la veo con sus vestidos deseaba tenerla así, me gusta verle sus calzones cada vez que puedo y me gusta como se le marcan con la falda”. “Así me querías tener hombrecito” –le dije mientas lo reto a seguirme a masturbando.
“¿Dime que quieres hacer con mi trasero? ¿Quieres nalguearme?” –le digo mientras lo reto cada vez más a hacerlo hasta que con su palma abierta me da una sonora nalgada que deja su mano marcada en mi culo. Sigo: “Vamos hombrecito, dame más. ¿No quieres cogerte a esta putita? Vamos cógeme, quiero que me cojas. Te voy a hacer todo un hombre. ¿Creíste que no me daba cuenta como me veías el trasero? Enséñame de lo que eres capaz”. Ya ambos muy calientes y la adrenalina del momento, noto que aun esta renuente a seguir, así que tomo la iniciativa, me pongo frente a él, desabrocho su pantalón y bajo su bóxer, sale un pene promedio con algunos vellos, juveniles (como esperaría de la edad que tiene), cuando la saco noto el líquido preseminal en la punta de su pene y con cierta molestia lo regaño y le digo: “Aun no amor, aun no quiero que acabes. Quiero que me cojas y me dejes tu tibio semen dentro. Llena a tu profesora de tu lechita”.
Comienzo a chupar su pene y hago que se ponga dura y erecta, lista para la faena, me recuesto en la cama me quito cachetero y abro las piernas de par en par lista para recibirlo. Mete su verga poco a poco (al principio no atina a hacerlo) así que lo ayudo con mi mano y comienza a cogerme lento y suave, siento como se abren los pliegues de mi vagina y siente como la abundante humedad de mi sexo lo moja por completo, duramos así apenas unos minutos, los suficientes para que gima y grite por toda la habitación. Observo perfectamente su cara cuando está a punto de acabar y siento como su semen llena mi vagina. Jadeantes ambos me quedo inmóvil disfrutando de ese momento. Al momento de salirse algunas gotas que quedaban en su miembro escurrieron fuera, con mucha vergüenza me dice: “Lo siento maestra, no fue mi intención hacerlo”. Me incorporo, lo abrazo y le digo: “No te preocupes amor, es tu primera vez es normal. Seguiremos practicando mañana. Tienes que venir de nuevo por tu clase”.
Una vez que terminamos, nos vestimos y como no me vuelve a ver el trasero observo que tomó mi cachetero y se agacha en mi vagina, me limpia con ellas y me dice: “Deje que la limpie profesora. Si quería verga me lo hubiera dicho. Por eso se pone esas faldas tan pegadas ¿verdad? Para ver si alguien se le coge y en especial esos jeans que tanto me gustan. Para la otra puede ponerse unos muy entallados la verdad quisiera acabar en ellos ¿Qué dice?”. Le respondo: “Ya veremos, pero no olvides que tienes que pasar mi materia y no sé cómo vayas en las demás”. “Claro profesora si me da “este tipo de clases” a diario créame que hasta me recupero” –me dijo. Me abrazó con fuerza y dice: “Creo que es todo por hoy mi profesora putita”. Sonreí y lo llevé a su casa. Después de ese día el chico afortunadamente mejoró un poco en mi materia y de vez en cuando le doy una “Clase especial” por su gran esfuerzo.
Pasiones Prohibidas ®

Wow esta,fantástico me encantó siempre es un placer leerle
ResponderBorrarEs excitante el capitulo q sube le pone a imaginar cosas felicitaciones x esta historia
ResponderBorrarExcelente como siempre, espero el siguiente
ResponderBorrarExcelente como siempre, espero el próximo
ResponderBorrarFelicito al escritor de verdad logro entrar en la historia .
ResponderBorrarMás por favor!
ResponderBorrarMe encanta tu perversa imaginación que llena de placer mi mente haciendo vibrar mi cuerpo besos Mr.P
ResponderBorrarMmmm que ricooo ser ese alumno y poder saborear el culo de su profesora lamer y meter hasta adentro de su culo la lengua
BorrarMe has traído tantos recuerdos, tan delicioso que es ser deseada y complacida por un joven
ResponderBorrarMaravilloso, que placer leerle
ResponderBorrarEsto me recordó una rica travesura 🔥🔥😏😏
ResponderBorrarExcelente mi perverso 💋
Excelente y bien caliente relato maestro
ResponderBorrarUfff otro relato que te pone bien hot
ResponderBorrar