Juan notó como vibraba el teléfono en su bolsillo, lo
sacó y vio que era su mujer quien le llamaba, estaba comiendo en un restaurante
cerca de su oficina.
Pasa la una de la tarde y el teléfono suena, Juan lo
contesta: "Hola" –dijo con voz temblorosa, la mañana ya había
comenzado superándole, lleno de excitación y celos se encontraba nervioso y
excitado por el devenir de los acontecimientos, lo rápido que su mujer se
transformó en la puta de otro y como él mismo estaba asumiendo sus cuernos le
asustaba y excitaba a partes iguales.
"Hola cornudo, soy Pamela. ¿Cómo estás pasando la
mañana marica? Seguro que te la has tocado ya más de cien veces, ya me ha dicho
la putita de tu mujer que eres un pajillero". "Hola Pamela, sí, eh,
¿cómo estás? –responde. "Pues como voy a estar... Con la vagina empapada
viendo como la putita de tu mujer le come la verga a mi macho, la tendrías que
ver, tremenda puta, abre la boca todo lo que puede y le encanta que la
abofeteen antes de clavársela hasta la garganta. ¿Sabías que eran tan
puta?" –le dice. "Yo, es que..." –dice balbuceando. Pamela le
contesta: "Tú es que .. Nada, cornudo, no sabes no has sabido cómo
tratarla y ahora te complicas por ser un puto, ¿Quieres que te cuente como la
están follando?". "Sí, contestó Juan lleno de lujuria por la voz de
Pamela. "¿Sí qué cornudo de mierda? Juan miró a su alrededor aunque estaba
comiendo solo tenía gente en las mesas de ambos lados y un hombre de unos 50
años no le quitaba ojo, se encogió sobre sí mismo para decir: "Quiero que
me cuentes como están follándose a mi mujer". Pamela rió divertida y le
dijo: "Tremendo cornudo y pajero que eres, seguro que te gustaría a ti
también estar ahora como está la zorrita hambrienta de tu mujer, escúchame
bien, voy a colgar y te llamaré en 5 minutos, quiero que estés en un sitio tú
solo y con los pantalones y calzoncillos por los tobillos. ¿Entendiste?".
"Si, entendí" –respondió Juan.
Pamela colgó el teléfono. Después de la sesión que
ellas tuvieron en el despacho salieron a tomar un taxi para venir a mi casa, el
trayecto es corto pero por orden mía, Claudia debía ir provocando al taxista y
así fue. Le enseñó su vagina hambrienta abriendo bien las piernas, el taxista
no quitaba los ojos del espejo retrovisor y nervioso se frotaba el miembro, no
podía creer que esa mujer tan atractiva le estuviera dedicando tan magnífico
espectáculo. Valió la pena el show ya que no les cobró ni un peso por el viaje.
Al llegar a mi casa entraron las dos mujeres, primero Pamela seguida de
Claudia. Pamela venía excitada, feliz, entusiasmada y se le notaba por la
esplendida sonrisa que me dedicó, Claudia aunque igual de excitada estaba seria
y supongo que nerviosa por lo que iba a ocurrir en breves instantes.
“Hola putitas” –saludé. “Hola” –contestaron al
unisonó. Pamela se abalanzó sobre mí metiéndome la lengua. “¡Para! ¡Para
putita! Vienes más caliente que nunca” –le dije. La tomé del pelo con fuerza,
tiré hacia atrás y le dije que chupara mi lengua como una buena mamona. Lo hizo
como si fuera un pene, yo cada vez se la metía mas ante la atenta mirada de
Claudia. “Te gusta chupar mi lengua verdad perrita? Seguro que te recuerda a la
pollita del marica de tu marido. Nos reímos los dos mientras Claudia forzaba
una leve sonrisa, seguí besando a Pamela, le levanté el vestido y le di un par
de azotes mirando directamente a Claudia a los ojos. “¿Te gusta putita? Le
pregunté a Claudia. “Si, me gusta como la tratas y estoy ciertamente envidiosa”
–dijo haciendo un puchero.
“Lo sé, con ese marica que tienes en casa no me
extraña, arrodíllate bésame los zapatos y dame las gracias por lo que voy a
hacer contigo” –le dije. A Claudia se le iluminó la cara, tenía ganas de humillarse
ante mí, eso hacía que su vagina se inundara, se arrodilló y comenzó a besarme
los zapatos mientras me decía: “Gracias Oscar por hacerme tu puta, gracias por
qué vas a enseñar al cabrón de mi marido como se trata a una mujer como yo,
gracias por hacerme ver que mi vida era una basura y por descubrir mi verdadero
yo”. “¿Qué te parece Pamela? Esta putita aprende rápido, me gusta” –le dije a
mi otra perra. Al parecer a Pamela no le gustó demasiado mi comentario, supongo
que los celos le recorrían el cuerpo como la electricidad. “Buenos, ¿qué
`podría decir yo. Tú evalúas nuestro progreso” –contestó. Le dije: “Estás
celosa putita, no te preocupes que siempre tendré tiempo para ti, ya que eres
mi zorra favorita”. “Abre la boca” –Pamela la abrió bien e inclinó la cabeza
hacia atrás, almacené gran cantidad de saliva en mi boca y se escupí
dentro de la suya. “Trágatela putita” –le dije. Ella
agradeció el premio y tragó toda la que le di. A continuación le crucé la cara
de una bofetada, y le dije: “Y esto es para que entiendas que no quiero ver esa
cara de decepcionada nunca más. “¿Me has entendido putita?”. “Sí, sí, no
volveré a mostrar mis celos mi macho” –respondió. “Eso es”-le dije. Le tiré
fuerte del pelo doblándola y haciéndola arrodillarse. “Ahora bésame los pies y
dame las gracias por no abandonarte y dejarte sola con el marica que tienes de
esposo”.
Pamela
me besaba los pies con devoción mientras me suplicaba que no la dejara y que
siempre sería mi puta, tomé del pelo a Claudia y de un tirón hice que se
levantara hasta llegar a mi boca, no le dije nada, solo saqué bien la lengua,
ella instintivamente comenzó a chupármela mientras yo le daba de nalgadas. “¿Te
gusta chupar mi lengua putita? “Sí, me muero por chuparte entero y hacerte una
mamada en la lengua me recuerda que estoy casada con un cornudo pene pequeño.
Reí a carcajadas y dije: “Eres muy buena putita. ¿Ves Pamela esta zorra merece
hoy mi atención, no crees?”. “Sí mi señor” –dijo y continuó pasando su lengua
por mis zapatos.
Puse
mi dedo medio en la boca de Claudia y le dije que se lo metiera entero y lo
dejara bien mojado, así lo hizo, su cara era increíble, mirándome fijamente a
los ojos, con esa mirada que solo las zorras insatisfechas ponen y comenzó a
juguetear con su lengua. Le día la vuelta, la hice apoyarse contra la pared,
levante su falda y metí mi dedo de un solo golpe en su apretado culo, se
retorció un poco de dolor pero no dijo nada. “¿Te gusta putita?” –le pregunté.
“Si, me gusta” –contestó apretando los dientes- “Estas muy estrecha putita”. ¿Acaso
el marica de tu marido no te folla el culo?” –le dije. Ella me responde sin
dejar de mover su culo: “Lo ha intentado pero siempre se le pone blandita al
solo sentir mi agujero rozando su glande”.
Imaginen
la escena, Claudia contra la pared, con las piernas abiertas, con una mano le
sujeto bien por el pelo para que tenga la cabeza alzada y la otra en su culo,
con mi dedo medio enterrado en su agujero, a la vez Pamela en cuatro lamiendo
mis zapatos. Saqué mi dedo del estrecho culo de Claudia y le di dos sonoras
nalgadas. “Ahora vamos al sofá” –sugerí. Tomé a Claudia del Pelo y le llevé conmigo
mientras le decía a Pamela: Tu perrita mantente arrodillada, toma el teléfono
de Claudia y llama al marica de su marido que ya debe tener la verga desgastada
de pajearse. Me senté en el sofá e indiqué a Claudia que pusiera su cabeza en
mi muslo. “¿Quieres ser mía perra?” –le pregunté. “Sí, quiero ser tu perra, tu
puta. Quiero que me uses para lo que dispongas y como lo dispongas” –respondió.
“Bien, ahora sácame la verga y comienza a chuparla lentamente mientras Pamela
localiza al marica”.
Juan ya estaba en el baño, pero solo disponía de un
urinario y un cuarto con una taza, pero este no disponía de cerrojo, así que
allí se metió pero no se bajo los pantalones aunque su erección era ya
prominente por miedo a que alguien le viera, de repente sonó el teléfono, era
su mujer otra vez, bueno el ya sabía que estaría ocupada en otras cosas y Pamela
sería la que le llamase.
“Hola marica. ¿Ya estás dispuesto a masturbarte
mientras tu mujer disfruta de un hombre de verdad?” –dijo Pamela. “Si, lo estoy”
–dijo Juan algo temeroso. Pamela arremetió: “Bien cornudo, porque tu mujer
sigue lamiéndole la verga a Oscar y ya lleva 10 minutos seguro que le duele
la boca a esa guarra. No tiene costumbre de comerse una buena verga, ¿verdad?”.
Siempre que la excitación invadía a Juan no podía hilar palabras y casi
tartamudeando dijo: “No, la verdad es que no. Juan se empezaba a poner muy
caliente con las palabras de Pamela, esta mujer le estaba sacando los mas
cornudo y arrastrado que había en su interior. Pamela lo presionaba al máximo
diciéndole: “¿Ya tienes la verga en la mano?”. “Si, ya la tengo” –mintió Juan. “Bien
Juanito, es mi turno, te dejo con Oscar” –dijo ella. Le dije a Pamela que
dejara el móvil sobre la mesa, de tal forma que Juanito escuchara perfectamente
lo que decía.
“Pamela chúpale bien el culo a esta zorra que le voy a
follar duro, que si no a este paso y casada con un marica no lo va a probar
nunca” –le digo. Claudia estaba a cuatro patas mientras le follaba la boca, la
agarré fuerte con mis dos manos del pelo y le subía y bajaba la cabeza con
furia, debía de ser, al menos, incomodo, pero yo se que a las zorras como
Claudia mal folladas y mejor tratadas les encanta, Pamela clavó su cara en el
culo de Claudia y comenzó a chupárselo con maestría. “¿Te ahogas putita?” –le
pregunto a Claudia. “Si” –me contestó con la cara roja, el rímel corrido y la
cara llena de fluidos. Le vuelvo a preguntar: “Pero ¿te chupar la verga de un
hombre de verdad?”. “Si, me encanta. Lo estaba deseando” –me dijo con una
sonrisa. Miré al teléfono sobre la mesa y mi nueva cachorrita comprendió al
instante que no era a mí a quien debía hablarle. “Me encanta que me ahogues con
esta verga, no como el mierda de mi marido que no tarda en acabar cuando se
acerca mi boca y además no tiene suficiente dureza para que me haga algo de
cosquillas” –dice acercándose al teléfono. “¡Que zorra eres Claudia!” –le digo
mientras rio. Juanito en el trascurso de estos segundo escuchando como
dominaban a su mujer, ahí mismo se bajó los pantalones y calzoncillos hasta los
tobillos instintivamente, y se sentó en la taza.
“Hola cabrón ¿cómo están esos cuernos? ¿Ya te estás
sacudiendo le verga perra?” –le pregunto a Juan. “Hola Oscar si ya...” –No
alcanza a decir más. Oscar lo interrumpe: “Pero ¿qué mierda? ¿Quién te crees
que eres para tutearme? ¿Acaso eres una de mis putas? ¡Contesta!” No, eh… lo
siento, es que yo…” –otra vez es lo que alcanza a decir cuando es interrumpido
por Oscar: “A lo mejor quieres ser mi putita, porque los maridos pajilleros
como tú me llaman Señor. ¿Quieres ser mi puta o quieres ser mi cornudo?”. “Su
cornudo Señor” –contestó Juan humillado pero acelerando el ritmo de su paja.
Claudia me chupaba con más fuerza la verga, estaba seguro que parte de su
excitación venia por el trato humillante que recibía su marido, seguro que si
le hubiera preguntado ella me hubiera contestado que su marido también quería
ser mi puta.
“Bien Juanito, verás, la zorra de tu mujer me
está chupando riquísimo la verga, supongo que nunca te lo habrá hecho porque
eres medio hombre, pero a esta puta la voy a follar con tanta fuerza que no
podrá nunca olvidarse, no te preocupes cornudo. ¿Quieres que le folle el culo?”
–le dije. “Si Señor, fólleselo” –respondió. Arremetí: “¿Por qué quieres que lo
haga, contesta maricón?”. Juan escuchó que la puerta se cerraba, alguien estaba
entrando en el baño pero estaba demasiado excitado para parar, miró entre la
rendija de la puerta y se cruzó con los ojos del tipo de la mesa de al lado.
“Porque soy un verga floja que no soy capaz de cogerle el culo a una diosa
como mi mujer” –soltó el estúpido de Juanito. Reí satisfecho y le dije: “Pues
listo, ella quiere y tú quieres, así que va a ser mía ¿ok marica?”. “Si toda
suya Señor déjela bien follada, yo no sé hacerlo y ella lo necesita” –me dice. “Perfecto
marica, cuando vuelva a casa le lamerás mi leche, ok, de dónde quieres
saborearla, ¿de la vagina o de su culo?” –le pregunto. Él me responde: “De su
vagina Señor, deje la vagina de mi mujer llena para que yo pueda disfrutarla
después”.
Según decía esto, la puerta se abrió y apareció el hombre maduro con la
verga en la mano masturbándose frenéticamente, acabando y llenando la cara del
cornudo de Juan de semen. Salió al instante, despidiéndose de Juan con un: “¡Adiós
cornudo de mierda!”. Bien Juan, ahora acaba. Te dejo, voy a follarme a la zorra
de tu mujer que está hambrienta.
Juan acabó nada más escuchar el típico ruido de cuando alguien
corta el teléfono y te deja colgado, se sintió terriblemente humillado y
excitado, sentía la leche de otro hombre caer por sus mejillas y la simple
imagen de su mujer chupando la verga de otro tipo le hizo estallar. Salió del baño se limpió la cara y se fue a su casa,
llamó a la oficina no iría a trabajar por la tarde, se sentía terriblemente humillado,
pero a la vez su miembro le pedía más.
Después de colgar tomé del pelo a Claudia y le dije: “Menudo
cornudo tienes en casa, no me extraña que vengas suplicando por verga”. Pamela había hecho un tremendo trabajo
lamiendo y chupando el sexo de Claudia. Pamela sonrió perversamente y mirándome
a los ojos le clavó tres dedos en el culo; Claudia dio un pequeño aullido.
Pamela le dio tremendo azote que le estremeció las nalgas y le dijo: “Cállate puta,
mas te va a doler cuando te folle mi macho” y siguió follándole el culo con los
tres dedos. Tomé la carita de Claudia y le susurré: “¿Quieres seguir con esto?
¿Quieres ser mía putita?”. A lo que respondió casi sollozando: “Si quiero, lo
deseo con el alma. Quiero que me uses y me folles por todos los lados”. “Bien,
ve a la habitación y esperame en la cama en cuatro con la cara pegada al
colchón” –le ordeno.
Me quedé a solas con Pamela, la llamo y se pone de
rodillas a mi lado. Le digo: “Te estás portando muy bien”. Acaricié su rostro y
le dije: “Este nuevo juguete me encanta, pero quiero que no olvides que eres mi
puta favorita y no pienso renunciar a ti, ¿lo sabes verdad?”. “Si mi macho, te
necesito” me dice mientras se abraza a mis piernas. “Perfecto, pues vamos que
me voy a coger a esa puta, cuando le meta la verga en la vagina quiero que te
masturbes, quiero observarte para acabar pensando que te estoy cogiendo”.
Claudia esperaba como se le había ordenado, puse a
Pamela a chuparme la verga mientras azotaba a la putita de Claudia que movía el
culo con excitación, me subí en la cama y puse mi miembro en la entrada de su
culo. “Como me gusta este culo. ¡Suplícame que me lo folle zorra!” –le digo. “Oscar
fóllame el culo, por favor, te suplico que lo hagas para que mi marido sepa cómo
se usa una puta como yo” –me dice de manera excitante y suplicante. Tomé sus
caderas y hundí mi verga lentamente, se la clavé hasta la mitad, Claudia abría
la boca con un gesto de dolor, pero no se quejó, me quede quieto para que su esfínter
se acostumbrara a mi verga. “¿Quieres mas perrita?” –le digo. Responde: “Si,
pero con cuidado, te lo pido por favor”. Al escuchar esto de un golpe le clavé
la polla hasta los testículos sacando un grito de dolor de la putita de Claudia
y con enojo le dije: “A mí no me digas como tengo que follarte nunca más puta”.
Claudia gritaba, y se le caían las lágrimas, pero no
pedía que le sacase la verga. Le digo a Pamela: “Ven y ponle la vagina a tu
amiga en la boca, que deje de gritar la muy puta”. Se acercó a ella, le tomó el
pelo cariñosamente, seguramente le dio un bofetón, le escupió en la cara y se
abrió de piernas para que le comiera su sexo, tomó su cabeza y la empezó a
mover pasando su cara por toda su húmeda vagina. Empecé a bombear cada vez con
más ritmo, el culo se empezada a dilatar y los gritos de Claudia se iban
tornando gemidos de placer, ya estaba disfrutando la muy zorra. “¿Te gusta cómo
te follo el culo putita?” –le pregunto. Claudia levanto la cara ya que Pamela
la había liberado y contestó: “Si, me encanta. Nunca he sentido nada igual,
muchas gracias por hacerme tu puta”. Dicho esto se lanzó a lamer la vagina de Pamela,
estuvimos así más de media hora, se la sacaba, le escupía dentro, le daba
cachetazos, a cada azote en su culo, ella se levantaba y me daba las gracias,
creo que se acabó más de cinco veces.
La visión de esas dos putas a mi disposición empezó a
hervirme los testículos, tenía ganas de descargar toda la mi leche en la concha
de la muy emputecida Claudia, se la saqué de golpe, ella al notar el vacio se
giró con cara de niña, como pidiéndome más. Era mi tiempo y soy hombre de
palabra, había prometido al cornudo de Juan llenar de semen la vagina de su esposa
para que lo degustara al llegar la puta a su casa. Le dije a Claudia: “Deja de
lamer la vagina de Pamela y date vuelta, porque ahora le llevarás un regalo al
marica de tu esposo”. Ella sonrió y me dijo: Sí, quiero sentir como acabas en
mi interior, lléname de tu espeso semen para que el cornudo de mi marido sepa
el sabor que tiene un semental de verdad”. “Bien dicho zorra, porque no voy a
dejar de follarte, ¿sabes?” –le dije. “Sí, quiero ser tuya mi macho” –respondió
ella.
“Pamela quiero que veas me follo a esta puta y veas la
lleno de ese delicioso semen que tanto te gusta tragarte” –le dije a mi otra
zorra. Se colocó tras de mí y le metí la verga de de una sola embestida a 0Claudia
y entró sin ninguna dificultad, estaba empeñadísima, parecía un mar la muy zorra,
mientras me la follaba le azoté unas cuantas veces recordándole que era mi puta
y que su marido un idiota redomado, entre la cogida y las obscenidades que
Pamela me susurraba notaba como mi leche estaba empezando a salir. Tomé fuertemente
del pelo a Claudia que no tuvo más remedio que levantar la cara y arquear la
espalda y empecé a acabar llenando su vagina, ¡mierda que placer!¡ Qué buena
zorra había encontrado!
Acabé abundantemente, antes de sacarlo le dije a Pamela:
“Dame un tampón, vamos a ponérselo a esta puta para que no pierda una gota”.
Pamela se puso a mi lado y cuando saqué mi verga rápidamente le metió el tampón
y dijo: “Ya está, la puta rellena de leche mi Señor”. “Límpiame la verga
Pamelita” –ella no lo dudó ni un momento y se zampó mi verga limpiando los
restos de semen y flujos. A Claudia le dije: “Y tu putita vete a lavar esa cara
de zorra, te arreglas el pelo y para tu casa, quiero que el cabrón se tome pronto
su especial de semen”. Claudia empezó a reír, le hizo mucha gracia, me dio un
beso y se fue al baño. Cuando salió Pamela seguía dándome una mamada
deliciosa.
“Ya estoy lista, me voy rápido que quiero darle de
comer al nene” –dijo Claudia. Nos partimos de risa los tres, Claudia se acercó
a mí y me dio un beso en la polla con el permiso de Pamela. Claudia me dice: “Muchas
gracias, me has hecho muy feliz, espero verte muy pronto macho mío”. Le dije: “Claro
que si zorrita, ve a tu casa y mañana me llamas, por cierto que el marica no te
folle, ya sabes que debe pedirme permiso”. “Si, lo sé” –me dijo y salió. Me
quedé tranquilamente en mi casa con Pamela haciéndome cariño y follando como
dos locos.
Claudia llegó a su casa aun excitada, cuando
entró encontró a su marido en la sala, nada más verle le dijo: “Te traigo un
regalo de mi macho, ponte de rodillas y ven hacia mí”. Juan no lo dudó un
instante, se acercó como un perrito a los pies de su mujer. “Sácate la flácida y
miserable verga, quiero que te masturbes mientras pruebas este manjar” –le dijo.
Juanito obedeció al instante, se sacó su verga y comenzó a masturbarse, su
mujer abrió las piernas cogió del pelo a su cornudo marido y le llevo a su
vagina, tiró de la cuerda del tampón y toda mi leche cayó sobre la boca y cara
del cornudo, ella comenzó a frotarse con la cara de su marido mientras le decía:
“Come cabrón, a ver si se te pega algo de mi macho. ¿Te gusta ser un cornudo? “Sí,
es deliciosa” –dijo Juan y al momento acabó como un quinceañero.
Claudia se arrodilló con su marido, le limpió el semen
de su cara con la lengua y le dio un profundo beso. Acto seguido Claudia le
dijo: “Cariño, soy la mujer más feliz del mundo, tengo un marido atento que me
quiere y un macho que sabe usarme, te quiero y siempre te querré”. Se fundieron
en un beso compartiendo mi semen de boca en boca hasta que Juan la tragó por
completo.
Esto ocurrió hace dos años aproximadamente, desde
entonces me follo y domino a Claudia tres o cuatro veces al mes, solo una de
ellas ante el cornudo de Juanito, creo que aun sigue pajeándose con las imágenes
de aquel día.
Y Pamela, ella merece una historia aparte. Si quieren
saberla déjenme un comentario; así me daré por enterado si valió o no la pena
contarles esta historia.
Pasiones Prohibidas ®
Excelente
ResponderBorrarClaro que sí vale la pena darle continuidad, y estaré esperando más de este bello juego de dominación que viva el bdsm ❤
ResponderBorrarExelente es muy hot y espero la continuidad
ResponderBorrarTambién uno donde la dominante sea mujer
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarWao exelente como siempre sabe como hacer volar la imaginación si dehe haber la continuacion ya q provoca al peor de los demonios q habita en cada uno de nosotros
ResponderBorrarExelente historia como siempre y claro que meses una historia su historia lindo día que talentoso duda
ResponderBorrarExcelente como siempre me encanta leer los relatos son muy buenos
ResponderBorrarExcitante
ResponderBorrarGracias! Es verdaderamente fabuloso!
ResponderBorrarSublime como siempre tus letras sigue escribiendo y seduciendo mentes Mr.P
ResponderBorrarMuy buena
ResponderBorrarUn escrito orgásmico sin lugar a dudas, que delicioso escrito, despierta la lujuria...
ResponderBorrarEspero que tenga una continuación.
Gran escenario
ResponderBorrarExcitante lujurioso una excelente narración mi Perverso