Soy socio empresa de telecomunicaciones, alguien de alto rango por quien pasan negocios de millones; me considero exitoso ya que este tiempo las negociaciones que he realizado han traído ingresos importantes de dinero y de otras compañías que quieren trabajar con nosotros. Mi nombre es Oscar, tengo casi 40 años y soy como muchos describirían, un cabrón en los negocios; porque siempre obtengo lo que quiero pero también soy un mal necesario. Mi vida personal es más menos parecida a la laboral, aunque sin lugar a dudas disfruto de ambas sabiendo separarlas bien.
Tal vez suene arrogante de mi parte pero mujer que quiero la consigo sin importar nada, al fin y al cabo la vida se hizo para disfrutarla y no hay nada como tener a una mujer a tus pies, expectante esperando a cumplir tus deseos oscuros y perversos; sobre todo si es una mujer mal follada, que daría lo que fuera por sentirse viva y plena otra vez. Pero no es la historia de mi vida la que quiero contarles, sino de cómo conocí a Pamela, una abogada exitosa; de carrera prominente en la mejor oficina pero con un caos en su vida sentimental que muchas veces la hacía sentir menoscaba, ya que no sentía valorada por su esposo. Muchas veces tuvo que esconderse en el baño de su espacioso departamento para apagar sus fuegos internos porque a ese hombre que tenia al lado le era más interesante leer “El Financiero” y “El Diario Oficial” que pasar tiempo de calidad con su mujer.
Eran las 9 y media de la mañana, la oficina funcionaba como siempre; y yo como siempre tenía programadas unas reuniones de negocios con unos inversores que me mantendrían ocupado todo el día. Es de esos días en que ruegas tener una ventana para solo no hacer nada, cerrar los ojos y dormir un poco más.
Sandra, mi secretaria me avisa que la primera persona había llegado. Le pedí que lo escoltara a la sala de reuniones que tenemos en el piso 11 y que por favor me diera unos minutos en llegar porque debía firmar unas autorizaciones. Respiré hondo y dije: “Ya es hora del show”. Entré a la sala de reuniones y le dije a Sandra que me trajera un café como ella sabe que me gusta y pedí uno para el caballero que tenia frente a mí. Conversamos los términos de la negociación y estrechamos la mano como caballeros comprometiendo la palabra del otro hasta que nuestros abogados se pusieran en contacto para revisar el contrato.
Así pasaron las horas, hasta que Sandra me avisa que se cayó una de las reuniones; no sé si estaba feliz o enojado pero me sentí aliviado, ya que al menos seria cerca de una hora que tendría para mí. “¿Algo que desee tomar señor mientras esperamos la siguiente visita?” –me pregunta Sandra. Bueno, yo tengo los vasos y la botella aquí. Deja la línea a la “mesa central”, que no pasen ninguna llamada a menos que sea algo importante. Te espero en dos minutos en la oficina y deja la puerta cerrada” –le dije. Por fin tendría un tiempo de relajo, encendí un cigarrillo y observaba la ciudad desde las alturas, era como estar de pie en la cima del mundo y sentirme un ser superior. Todo marchaba como siempre bien.
La sensual Sandra hace ingreso y sirvió los dos vasos, disfrutamos del sabor del whisky, cai rendido en mi silla y suspiré. “Se nota tenso” –me dice Sandra. “La verdad sí, un tanto pero nada que no se pueda solucionar con un masaje” –le digo. Ella rio y comenzó a deslizar sus manos por mis hombros. ¡Por Dios esa sensación! Instintivamente cierro los ojos y muevo la cabeza a los lados. “¿Puedo preguntar entre nos que celebramos?” –me dice. “Tú sabes, varios cierre de contratos millonarios por ende buenas comisiones y caminar a pasos agigantados a la Presidencia de la compañía” –le respondo. “Gracias por la confianza” –me dice. Le respondo: “¿Como no tenerla? Si estamos juntos desde que estoy aquí; has sido una buena secretaria, una buena amiga y mucho más”. Vuelve a reir y me dice: “Lo sé, pero me gusta oírlo; me hace sentir importante”. “Pues, aunque no te lo diga siempre, lo eres y mucho” –le dije. “¿Quiere escuchar algo de música?” –me pregunta, a lo que le respondí: “Tú tienes la melodía perfecta”. “Entiendo lo que quiere” –me dice. Sin decirle nada se para frente a mí, sube su falda y me muestra sus bragas de color rojo humedecidas ya; se apoya sobre el ventanal y comienza a tocarse de manera suave. La deliciosa sinfonía de sus gemidos se empieza a escuchar, y mi erección se hace notar y mi deseo aumenta. Juega con su clítoris metiendo su mano en su ropa interior, cada vez hay más ímpetu en cada gemido. “¡Detente! No quiero que acabes aun” –le digo. Como buena secretaria obediente se detiene. Solo bastó que moviera mis ojos hacia abajo y sin decir nada se acerca como una bella tigresa agazapada que va al asecho de su presa. Se acerca al cierre de mi pantalón y sin dudarlo saca mi miembro ya erecto y de una lo mete en su boca. Sabe cómo me gusta, la forma en que mueve su lengua y aprieta sus labios, hace que mis ojos se cierren disfrutando de la felación. Mis dedos se enredan en su pelo mientras ella aumenta el ritmo percibiendo lo que quería decirle. Se detiene y quita sus bragas húmedas y con su corto vestido encaramado hasta la cintura se sube sobre mí a horcajadas; comienza con ese movimiento de arriba abajo que me encanta, mis dos manos se posan en su culo mientras ella se pone las bragas en su boca, en cada movimiento que hace yo la nalgueo; le duele lo veo en sus ojos pero lo disfruta. Hago que se detenga cuando sus músculos vaginales se comienzan a contraer, le digo que cambie sus movimientos de adelante hacia a atrás pero que los haga rápido, quiero acabar en su interior de manera frenética. “Sabes cómo me gusta y tienes mi permiso de acabar” –le digo. En ese momento su mirada cambia y la chica perversa detrás del traje aparece y asintiendo con la cabeza se apoya en mis hombros para moverse y darme el placer que requiero. Nos dejamos llevar al punto de olvidar donde estábamos y caímos presa de un intenso orgasmo que nos hizo retorcernos en la silla, al punto de temblar y quedar sin fuerzas.
Abrazados, era como si el tiempo se hubiese detenido pero en ese momento se transformó en nuestro enemigo; estábamos a diez minutos de otra reunión. La besé en los labios y quite las bragas de su boca guardándolas en unos de los cajones como botín de guerra después de la celebración. Le pregunto: “¿A quién esperamos?”. Sandra respondió: “A Pamela Bazzi, una abogada que trae una documentación para cerrar un trato. Tenga ojo, dicen que es tan cabrona como usted”. Reí y le dije: “¡Está bien! Hazla pasar a la sala de reuniones del piso 11, hablaré con ella primero y después llamas a Carlos (uno de los abogados de la empresa) para que vea los documentos y firmarlos con su aprobación”. Se veía nerviosa, tenía un portafolio de cuero sobre la mesa y el folder con el contrato. Golpee la puerta y ella se puso de pie, le extiendo la mano y de manera cordial le digo: “Bienvenida srta. Bazzi; perdone la tardanza pero estaba ocupado en otros menesteres en la oficina”. “Lo sé caballero, es un placer conocerlo me dice”. Le acerco la silla y le digo: “¿Algo para beber”. Sin dudar responde: “Un café con tres de azúcar y un vaso con agua fría”. Llamé a Sandra y le dije que trajera lo que Pamela había pedido y que yo quería un vaso con Coca Cola. De manera formal iba a comenzar con su exposición pero le dije: “Tranquila, hay tiempo todavía. Para correr necesitas primero aprender a caminar”.
Les había contado antes que la había conocido en una sala de chat una noche de búsqueda pero mi sorpresa fue grande al ver que esa Pamela con la quien tenía “conversaciones calientes” era la persona con la que me iba a encontrar en ese momento. Sus ojos se abrieron y pareció dejar de respirar por un instante. “¿Pasa algo srta. Bazzi” –le pregunté. Un momento incomodo de silencio y me responde: “Creo que leí eso que dijo caballero antes, es todo”. “Interesante, ¿cuénteme donde lo leyó? Así mando a uno de los abogados para cobrar las regalías del derecho de autor” –le dije. Esbozó una sonrisa y dijo: “Eres tal cual te imaginaba tanto en porte como en tu forma de ser” –me dice. La verdad me sorprendí pero a la vez hizo que mi ego se fuera al espacio exterior. “Jamás pensé que te vería” –le dije. Arremetí: “El tiempo puede ser un enemigo fatal. Además, tú eres casada y tienes tu historia aparte con el matrimonio, eso es algo que por lo menos quita más tiempo”.
Después de un rato de charla le digo:”Supongo que no trajiste un cuchillo para enfrentar un tiroteo, de mí depende que este contrato se firme”. “ella dijo: “Nunca subestimes el poder un cuchillo cuando las balas se acaban”. “Veremos, dame el folder con el contrato” le dije. Pasaban los minutos y no salía humo blanco en la conversación; si que era hueso duro de roer pero como buenos perros de caza ninguno de los dos estaba dispuesto a dar por terminada la negociación. Llamé a Sandra y le dije que suspendiera mi agenda, ya que esto se había tardado más de lo presupuestado. “Creo que ha sido un empate” –me dice. “No srta. Bazzi, esto recién empieza. Solo ha sido una partida de ajedrez que por tiempo no puede continuar hoy pero usted ya sabe quién es el ganador” –le dije.
Ofrecí llevarla a su casa, la excusa perfecta para ir a
un bar y beber algo pero no accedió ya que la compañía le tenía un auto con
chofer; no insistí pero le dije: “Más tarde hablamos”. Se rió y me dijo: “Si
usted quiere don Oscar”. Esa tarde como nunca había poco tráfico, no demoré
mucho en llegar a casa, me quité el saco del traje y la corbata, dejé mi
maletín en el sofá y me di una ducha. Pamela resultó ser una mujer segura de sí
misma pero cargaba con la crisis de su matrimonio que no la dejaba explotar su
verdadero potencial. Por lo que me propuse ser quien sacara provecho de ese
diamante en bruto, que mientras estábamos en la reunión me gritaba con la
profundidad de su mirada la hiciera mía.
Ya se acercaba el horario en que siempre hablábamos, y estaba ansioso por escuchar su voz pero por alguna razón no pudimos coincidir en el horario o simplemente tuvo miedo; las causas que hayan sido, da igual. Solo cerré los ojos hasta el otro día. Seis y media de la madrugada, suena la alarma y el día comienza. Ducha, café; lectura del matutino, papeles nuevos al maletín y salir. Saludé a Sandra con un beso en la mejilla y le dije: “Tesoro, no quiero llamadas y reorganiza para la semana las citas que quedaron pendientes de ayer. Hoy será solo oficina, sin reuniones ni nada”. Ella sonrió y dijo: “Entiendo”.
Saqué mi laptop del cajón y me puse a oír música, un
cigarrillo me acompañaba. Sonaba “King” de Zayde Wolf; en cierta forma asi me
sentía, la corona se hacía pesada pero había peleado tanto para ocupar el
sitial del campeón que ya no podía renunciar. Cerraba los ojos escuchando una y
otra vez la canción, establecí mi nuevo objetivo y llamé a Sandra para que le
dijera que la esperaba en 45 minutos en la oficina con el nuevo documento en
borrador pero esta vez la recibiría en mi oficina. Cumplidos los cuarenta y
cinco minutos y el teléfono suena, era Sandra para informar que Pamela había
llegado.
Pasiones Prohibidas ®

Es usted exelente logra transportar la mente al lugarby situación ponerse incluso en personaje por favor contine con la saga soy una de sus más grandes admiradoras aunque ya sabe quién soy ��
ResponderBorrarMuy bueno
ResponderBorrarexcelente escrito felicidades
ResponderBorrarFelicitaciones con un relato logra mojar las bragas de una sola me encanto la historia muy buena
ResponderBorrarQue te diré mi querido patri? Alucinante, una exquisitez, agradezco que en todos tus relatos incluyas siempre el bdsm, y anuente a tus relatos querido💋💋⚘⚘⚘⚘
ResponderBorrarBello escenario caballero, poder leerlo siempre es inspirador...
ResponderBorrarWooo...
ResponderBorrarAdoro sus relatos!!!
Siempre me estremecen.
❤
Me ha gustado mucho
ResponderBorrarPara mí como para muchos otros es un verdadero placer caer presa de sus relatos y de esa estupenda imaginación y espero de todo corazón que puede seguir deleitando nuestros sentidos saludos
ResponderBorrarIncreíble es como si uno estuviera en la escena.
ResponderBorrarMi querido señor tus relatos siempre me hacen querer ser protagonista de tu perversa imaginación... Maravilloso como siempre
ResponderBorrarSimplemente excitante. Excelente!
ResponderBorrarMaravilloso escrito, es un placer dejar a la imaginación perderse entre las líneas que Usted nos regala. Siga deleitándonos con sus apasionadas historias��
ResponderBorrarMaravillosa y candente
ResponderBorrarTan sensual...
ResponderBorrarEs usted un fregón en lo que hace! Me hace vivir paso a paso su relato como si fuera yo la protagonista! Gracias
ResponderBorrarDivino como siempre poder tocarse mientras nos sumerges en la intensidad de tus letras excelente relato exquisito Mr.P
ResponderBorrarMe encanto, me excite del solo imaginarlo.
ResponderBorrarRico leerte
ResponderBorrarExcitante, delicioso y provocativo, una invitación clara a la lujuria y la entrega...
ResponderBorrarSiempre hace volar mi imaginación, mil gracias por su delicioso escrito Mr.P
Sin duda una excelente y excitante lectura mi Perverso 🔥
ResponderBorrarSin duda alguna está historia es exquisita y tan excitante como varias otras que he leído, de verdad usted es fascinante y cada una de sus historias son excitantes, me encanta la forma en que describe cada una de las situaciones
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