18. Una fiesta en las escaleras del edificio



Había una chica en mi edificio llamada Carmen; tenía fama de ser bastante puta. La verdad es que un poco provocadora sí que era. Guapa, bajita, rubia y con cara de niña buena, de las que no han roto un plato en su vida. Esas, sin duda, son las peores, porque todo lo que aparentan de buenas y castas, terminan siendo tremendas zorras, de esas que se entregan solo por el placer de un acostón. A Carmen le traicionaba un poco su voz demasiado grave, producto de los frecuentes gritos que daba en las fiestas y de la cantidad de alcohol que bebía en ellas. Precisamente la leyenda sobre una de sus aventuras sexuales se desarrolló en estas fiestas. Y como toda leyenda, aunque no se sabe con certeza cuál, es seguro que una parte de verdad hay escondida.

Si creemos a los testimonios mayoritarios, varios vecinos afirman haber pasado una noche lujuriosa junto a ese cuerpo deseoso de sexo, otros se volvieron paladines de las más innobles borracheras y espectáculos sexuales que como buena puta ofrecía a quien quisiera mirar; otros fueron invitados a las "fiestas privadas" que solía hacer para que dieran rienda suelta a los más escabrosos deseos ocultos en esa fachada de niña buena y que con sus amigas solía llevarlos a la realidad. Tampoco se pueden olvidar de su simpatía y fogosidad en el baile, con movimientos tan carentes de pudor que hacían que el más santo se volviera un pecador empedernido. En una de ellas tuvo lugar la siguiente conversación. Varios de los vecinos hablaban entre sí sobre aquella representante del sexo débil:

"Yo estuve antes en una de sus fiestas porque quería follar, porque mi esposa no me atendía como el macho que soy y obviamente la puta de Carmen si que sabe complacer". Otro decía: "¿Qué pasa, mi novia está igual? ¿Acaso le habrán perdido el gusto a la verga? Ya no me deja si quiera tocarle una teta, pero Carmen se convirtió en mi salvadora por varios fines de semana". A lo que otro contertulio arremetió: "Sí, bastante. Pareciera que tuvieran un candado en la vagina las muy putas".

La conversación giraba en torno a la manera en que Carmen los "ayudaba" para saciar su sed de sexo y lujuria haciendo de esos encuentros algo difícil de olvidar. Un de ellos tejió en su mente un plan que no era tan difícil de ejecutar: "Les diré lo que podemos hacer. Esperamos a que termine la fiesta y salgan todos contentos; tomamos a Carmen y la metemos a la escalera de emergencia del edificio y entre todos le damos hasta quedar con los testículos secos; pero si estamos de acuerdo no podemos arrepentirnos en último momento, vamos todos hasta el final". "¿Qué? ¿La follamos entre todos?" –dijo uno. El del plan dijo: "Sí, ¿Qué pasa?". A lo que el otro respondió: "Nada, nada. Recuerden que vivimos todos en el mismo edificio y nos conoce". Uno dijo riéndose: Es verdad, nos conoce; pero no sé atreverá a decir nada ya que por algo es la más puta de aquí".

Agazapados en un rincón observaban los movimientos de Carmen, estaba impresionados porque el movimiento de sus caderas era alusinante al punto de hacer que sus miembros se pusieran duros con solo mirarla. Se movía de manera endemoniada bailando con una de sus amigas, frotándose y tocándose de esa manera sensual que solo ella sabe.

Las horas habían pasado y al fin la fiesta terminó, al ir Carmen a despedir a los últimos invitados, estos seis hombres sin perder el tiempo la toman y la llevan a la escalera. Casi sin poder defenderse la mejor opción era gritar pero tampoco le fue permitido porque le pusieron un pañuelo de mordaza mientras que con sus cinturones la amarraban en el frío pasamanos. "Quédate tranquila zorra, si te portas bien no te haremos daño" –le dicen. Uno de ellos sacó una navaja con la que empezó a desgarrar su ropa hasta dejarla completamente desnuda. En sus ojos se veía la lujuria al ver el cuerpo desnudo de Carmen y sin pensarlo dos veces sacaron sus miembros para masturbarse frente a la bella chica que tenían en frente.

"¿Así qué te gusta ser puta?" –le decían. "Eres una zorra que busca verga" –decía otro. "Ahora vamos a ver qué tan buena para comer resultas puta" –le decía otro mientras reía. Humillada, pero caliente se sentía Carmen, ya que se podía apreciar sus fluidos salir de la vagina. Qué ganas de que la follaran, que ganas de que usaran sus agujeros y la dejaran llena de semen. Imaginaba como se sentiría mamar ese ramillete de vergas que el destino le estaba regalando. De pronto, uno de los lujuriosos vecinos empieza a orinarla desde la cara a los pechos. Luego siguieron los otros cinco; el placer de sentir la tibia de la orina recorrerla por completo hizo que ella también se meara encima. Los tipos reían complacidos al ver la reacción de Carmen debido a la calentura. Al fin soltaron las manos de Carmen y me quitaron la mordaza, ya no escaparía, no le diría nada a nadie; solo esperaba que la siguieran tratando como una puta y se descargaran en ella como los sementales lo hacen en sus hembras.

Con violencia fue llevada al piso y obligada a chuparles la verga a cada uno; aunque para ella no era una obligación sino un placer. Aquellos libidinosos vecinos disfrutaban de la manera en que ella se tragaba sus vergas; gemían, jadeaban y le decían lo zorra que era. Carmen solo agradecía dándoles placer a todos.

La hicieron colocarse de pie, la apoyaron en los escalones y sin un ápice de piedad la empezaron a follar por el culo, haciendo que el dolor fuera parte del infinito placer de sentirse puta. Entre sollozos y gemidos uno a uno entraban sin piedad en ese diminuto agujero. "Más fuerte" –pedía Carmen, mientras que los violadores solo reían y disfrutaban como niños de lo que sus actos les hacían sentir. Uno rasguñaba su culo con la navaja, mientras los otros dejaban las marcas de sus manos en las nalgas de ella. Sus piernas temblaban y el sudor caía por su cara, así como también envolvía su cuerpo. Su ano palpitaba de placer y sus piernas temblaban a causa de sus esfuerzos por mantener el placer de sus captores y que se sintieran satisfechos. Presa del éxtasis ya no pudo resistirse cayendo en los brazos de un terrible orgasmo que la dejó casi al borde el abismo. Acto seguido, uno a uno sus captores se vaciaron en su culo, dejándola escurriendo semen de su dilatado agujero. "Gracias por ser tan puta y satisfacer nuestro deseo" –le dijeron. ¡Serán cabrones! Pero tenían razón, era una puta y de esas que vale la pena correr cualquier riesgo.

Casi en silencio se marcharon dejando a Carmen desnuda y escurriendo semen. El cansancio le ganó y cerró los ojos, quedándose dormida en las escaleras. A la mañana siguiente fue descubierta por una de sus amigas que se preocupó al no verla en el departamento y al verla se acerca a ella, le dice: "Tremenda fiesta privada tuviste anoche. Vamos al departamento para que te asees y me des detalles de lo que pasó". Carmen sonrió y le dijo: "Solo puedo decirte que un montón de machos calientes me dio lo que tanto había buscado. No te diré nada más pero imagina lo bien que me hicieron pasarla".  

Se cuenta que fue llevada casi arrastrándose a su departamento y que esa noche se graduó de puta a los ojos de su amiga y a los ojos de aquellos vecinos que la tomaron sin permiso.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Por dios ufff tremenda puta q rico sentire asi y q la follen asi sin permiso a lo salvaje muy buen escrito caballero felicitaciones

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  2. Por dios ufff tremenda puta q rico sentire asi y q la follen asi sin permiso a lo salvaje muy buen escrito caballero felicitaciones

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  3. Que rico sentirse así de puta y satisfecha con serlo, eso es tener poder de seducción; me encanta tu forma de detallar los relatos

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  4. Uuuuush excitante relato . Delicioso . Me encantan tus relatos

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  5. Tu forma de relatar es increíble felicidades

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  6. 🔥🔥🔥😏😏 excelente relato mí perverso💋 cuánta lujuria a flor de piel 😈😈 me recordó algo mi amor 😈💋💋 😏

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