19. Trabajos en el convento



No sé si será morbo o no, pero todos fantasean con lo que sucede dentro de los conventos e imaginan que en las noches las monjas y novicias tienen un festín de sexo lésbico hasta más no poder. Mucho hay de mito y realidad en lo que se dice, también debemos entender que las mujeres que viven ahí están sujetas a los mismos deseos que aquellas que viven su vida fuera de esas paredes y que a veces más de alguna termina cayendo en la tentación de la lujuria y la lascivia, dejando que sus cuerpos se entreguen a los rituales morbosos del sexo.

En un lejano convento "Las manos piadosas", había que realizar algunos trabajos de reparación; entonces la Hermana Ángeles, la Madre Superiora salió en busca de trabajadores al pueblo. Recorrió varios lugares, hasta que en una pequeña cabaña no muy lejana encontró a Adolfo, de 25 años y a su hermano Juan de 20 que se encontraban hace un tiempo ya sin un trabajo estable. Habló con ellos sobre las labores a realizar y el pago a recibir, una vez que estuvieron de acuerdo siguieron a la monja en sus caballos. El arreglo incluía un cuarto con dos camas y un baño, más la comida; por lo que no tendrían que ir a su casa para asearse ni a comer.

Habían pasado 15 días en que los jóvenes estaban en el convento y las monjas estaban un tanto inquietas con la presencia de estos, ya que Las novicias apenas aspiraban ese olor a testosterona de aquellos varoniles muchachos, se volvían locas pensando en cómo sería estar con ellos y saciar aquella hambre de verga que sus vaginas pedían a chorros. Una noche Sor Ángeles caminaba por los estrechos pasillos de los dormitorios cuando unos gemidos llamaron su atención;  detuvo y abrió la puerta despacio, no daba crédito a lo que sus ojos vieron: La Hermana Milagros con una novicia estaban dándose placer mutuamente, una encima de la otra lamian sus vaginas de forma frenética y balbuceaban de como querían ser folladas por aquellos trabajadores. Si bien es cierto era casi de público conocimiento lo que pasaba en las noches pero Sor Ángeles no se dejaba guiar por rumores, aunque confirmó que esas habladurías de pasillo eran toda una realidad.

Ya no era asombro lo que sentía sino excitación, los gemidos de aquellas dos monjas estaban causando estragos en su entrepierna, cosa que no había sentido hace tiempo. Se levantó el hábito y comenzó a tocarse ahogando sus gemidos, y aquellas sensaciones que la hacían sentirse una hembra. Se fue a su cuarto y se despojó por completo de sus hábitos quedando completamente desnuda, sin darse cuenta comenzó a explorarse; sentía placer pero a la vez se sentía sucia porque su placer era servir a Dios y no satisfacer sus deseos; la maldita controversia de lo bueno y malo invadían su mente al punto detenerse y mirarse al espejo. Veía una mujer madura sedienta de sexo pero también veía a una mujer que hizo votos de castidad. Camina excitada por su cuarto, sus pezones estaban erectos y su vagina con una descomunal humedad, no podía sacarse de la mente la escena de las dos monjas teniendo sexo.

Necesitaba acallar sus demonios para no caer en la tentación de tocarse, por lo que va al viejo y polvoriento clóset, descubre algunos utensilios guardados que casi no recordaba, ya que le fueron dados cuando ingresó al convento y que servían para ser usados cuando sintiera que el pecado rondaba y la arrastrara al borde del abismo. Había un viejo flogger de 40 colas trenzado que tenía el cuero desgastado con el que flagelaba su cuerpo cuando era una joven novicia. Comenzó a azotar su espalda mirándose al espejo y rezando el Padre Nuestro, por alguna extraña razón el dolor se transformaba en una sensación de placer; no entendía porqué su cuerpo reaccionaba de esa forma. Entre más fuertes eran los azotes, más fuerte era la excitación que la poseía. Su respiración se agitaba más y más, y su corazón estaba a punto de saltar del pecho; las marcas en su espalda mostraban la fuerza con la que se golpeaba pero la humedad de su sexo y sus gemidos no cesaban. Golpeaba sus senos y descubrió que eran una fuente de placer inagotable al punto de pellizcar con fuerzas sus pezones, disfrutabdo de ese placer que se había privado hace años. Ya en el éxtasis previo al orgasmo se detuvo intentando contenerlo pero el ímpetu de hembra en celo fue más fuerte, haciendo que cayera en lo más profundo de la lujuria, sintiendo algo que era nuevo para ella. Como pudo se arrastró hacia su cama y se durmió profundamente.

Al amanecer, después de rezar fervientemente suplicando el perdón, llevó su flogger a la oficina y mandó a llamar a la Hermana Milagros y a esa novicia lujuriosa para interrogarlas e indagar en lo que las motivó en llevar el pecado al dormitorio. Al llegar ambas religiosas fueron obligadas por la Madre Superiora a ponerse de rodillas y confesar. Les dijo que había pasado por los cuartos y lo que había visto. Ambas callaron por largo rato, solo miraban el piso. La Hermana Ángeles estaba por alguna razón excitada, la sensación de poder hacía que su entrepierna se mojara de igual manera que la noche anterior. Les volvió a decir: "Ustedes anoche estaban  en una actitud que no es digna de alguien que ha rendido sus deseos y voluntad a Dios. ¿Consideran justo quedarse sin un castigo?". A lo que la hermana Milagros respondió: "Claro que no. Pero a nuestro favor podemos decir que luchamos lo que más pudimos, aunque igual ganó el vicio y el pecado". En los ojos de la Madre Superiora podía verse algo distinto, ya no estaba esa mirada tierna y compasiva, se percibía lujuria y morbo. "Cuénteme qué las llevó a perder esa lucha hermana Milagros" –le dijo. Después de suspirar, la hermana Milagros comienza a contar lo que pasó: "Era la hora de cenar y como usted sabe que por regla los trabajadores no pueden usar el comedor en el mismo horario que nosotras. También es sabido por usted que para pasar a nuestras celdas es necesario pasar por donde está la habitación de ellos. Pasaba por ahí cuando me los topé de frente y lo saludé, ellos respondieron caballerosamente, pero había algo distinto a los primeros días, tal vez por casusa del encierro, ¡no lo sé! Pero había lujuria en sus miradas. El más joven acarició mi rostro mientras el otro invadía mi cuerpo con sus fuertes manos. Sentí ganas de gritar pero también sentí como mi vagina se humedeció por completo, uno de ellos lo notó ya que sin pedir permiso metió su mano debajo de mi hábito. Podría decirle más pero usted sabe el resto".

La Madre Superiora imaginaba la escena y su sexo seguía desbordándose. "Continúe hermana, quiero saber todo lo que sucedió" –le dijo. La monja continuó diciendo: "Me metieron en su cuarto y sacaron sus miembros erectos, me forzaron a ir al piso de rodillas y recorrieron mi cara con ellos. Me sentía como una cualquiera al sentirlos, me gustaba esa sensación y sin darme cuenta estaba chupándolos de manera frenética. La sensación era agradable y su sabor exquisito. Más me excitaba cuando me hablaban y me trataban de puta, cuando sin pedir permiso me despojaron de mis hábitos y quedé completamente desnuda a merced de ellos y me follaron entre los dos llenando con su semen mis dos agujeros. Al llegar a mi celda estaba la Hermana Catalina aún despierta y le conté lo sucedido tal como a usted; se excitó tanto que pasó entre nosotras lo que usted vio Madre Superiora". Sor Ángeles estaba extasiada con el relato, sentía que su entrepierna palpitaba pero lo sucedido era algo que no podía quedar impune. Las obligó a desnudarse y a apoyarse sobre el viejo escritorio de su oficina; las dos monjas penitentes no imaginaban lo que sucedería hasta que sintieron como las colas del flogger se deslizaban por sus espaldas, nalgas y piernas. Se miraban mientras la sensación de placer las invadía pero no podían expresar nada ya que la Hermana Ángeles no se los permitió. Uno a uno los azotes fueron cayendo en sus delicadas nalgas, sacando de ellas intensos gemidos mezclados con dolor; estaban disfrutando del castigo tanto como la Madre Superiora disfrutaba al infringirlo. Cuando ambas contaron el azote número cien Sor Ángeles habló: "Ahora, quiero que entre las dos me quiten los hábitos". Obedientes las monjas la desvistieron. No bastó más que un gesto para que entendieran lo que la lujuriosa Madre Superiora deseaba. Presas de la lascivia ambas empezaron a lamer los pezones de la Hermana Ángeles, mientras la Hermana Catalina urgaba en el clítoris de la Superiora haciéndola gemir de manera descontrolada. Casi a punto de explotar, la Hermana Ángeles se deja atrapar por esa sensación que sintió en la noche en su habitación, un profundo suspiro seguido por gemidos incontrolables la hacían retorcerse de placer, entregándola por completo a un orgasmo tan intenso que la hizo subir al cielo y descender al infierno de una vez.

Pasaron varias horas y cuando la Superiora lo notó, les pidió que volvieran a colocarse los hábitos y fueran a realizar sus labores cotidianas; les recomendó en penitencia que rezaran para que la tentación se fuera de ellas y pudieran dedicarse al abnegado servicio a Dios, de lo contrario siempre habrían castigos esperándolas en su oficina.

El día transcurrió en relativa calma, los jóvenes estaban afanados en sus tareas de reparación; La Hermana Ángeles los miraba llena de lujuria pensando en disfrutar de la juventud de esos trabajadores. Era de noche estaban estos chicos dándose una ducha para ir a dormir y la Hermana Ángeles entró al cuarto de ellos y los sorprendió solo cubiertos por una toalla; ellos al notar la presencia de la religiosa saltaron del susto, la monja en ese momento se ruborizó y como pudo salió pidiendo las disculpas del caso. Llegó a su recámara y no podía sacar de su mente las imagenes de aquellos dos jóvenes, así se apoderó de ella una lujuria y deseo por ser follada por aquellos chicos, no durmió aquella noche masturbandose imaginando que esas dos vergas entraban y salían de su culo y su boca. Los días pasaban y el deseo se hacía recurrente en la religiosa, ya no podía resistir más las ganas de ser poseída por aquellos jóvenes trabajadores.

Una noche, la Hermana Ángeles decidida a dar rienda suelta a sus oscuros deseos volvió a meterse a la habitación de los jóvenes. Se desnudó por completo y de tiró en una de las camas para darles la "sorpresa". Al entrar ellos y verla de esa forma quedaron estupefactos. Adolfo le dice: "¿Qué hace aquí?". Ella responde: "Quiero que me hagan el amor, que me hagan sentir mujer; ya no puedo resistir las ganas de sentirme una sucia puta usada". Juan rió de manera nerviosa y Adolfo responde: "¿Eso es lo que quieres sucia puta? Entonces eso tendrás". Sin mucho hablar los dos jóvenes trabajadores se desnudaron y empezaron a cumplir los deseos de la caliente monja que estaba en la cama. Desnudos delante de la religiosa comenzaron a masturbarse, ella como una puta sumisa se arrodilló y les empezó a chupar sus duros miembros. Adolfo y Juan resoplaban como animales en celo al sentir los labios y la lengua de aquella monja envolviendo sus miembros; recorría desde el glande hasta los testículos con su lengua, mostrándoles el Paraíso de placer reservado para ellos. Después de estar prisioneros por la boca y manos de la Hermana Ángeles, Adolfo y Juan hicieron que se colocara en cuatro para cogerla. Muy obediente se pone en posición ofreciéndoles su culo para que lo usaran. El primero en penetrar su culo fue Juan, quien lentamente se introdujo hasta ir aumentando de ritmo; mientras azotaba sus nalgas y le decía: "Eso, así, perra; muévete como la zorra que eres". Adolfo se masturbaba mirándola a los ojos diciendo: "Eres la monja más puta de este convento, demuestra que vale la pena cogerte". Luego fue el turno de Adolfo quien no se aguantó y la poseyó por la vagina, haciendo que Ángeles diera un fuerte grito de dolor que se escuchó en todo el convento, rompiendo su himen y haciéndola sangrar.

Juan se tiende sobre la cama y Ángeles de sube a horcajadas sobre él, Adolfo aprovechó y se colocó tras ella para penetrarle el culo. "Vaya hermano, nos hemos topado con la más puta de todas las mujeres que viven en esta mierda. Hagamos que siempre recuerde esta noche" –dice Juan. La monja ya no podía más de tanto placer, su culo y vagina eran invadidos por primera vez. Follada y sodomizada cayó en un éxtasis profundo, ella disfrutada de cada embestida que le daban y no podía creer el ímpetu de los dos muchachos que cada vez le daban más duro. Los gemidos de los tres resonaban en cada pasillo, el demonio del sexo se paseaba por los rincones del convento; el sexo y el placer de había vuelto el aliado perfecto para aquella mujer que desesperadamente deseaba sentir lo que era ser usada y cogida como si no quedara más vida.

Después de cogerla, la hacen ponerse de rodillas y chuparles la verga; los dos a la vez explotaron dejando su viscoso semen en su cara y boca. Ángeles como puta sumisa agradecida tragó cada chorro de semen que le fue obsequiado, probando lo prohibido y sintiéndose satisfecha, ya que al ser su primera vez fue capaz de satisfacer a dos hombres a la vez.
Por eso no creo en ese tipo de mujeres, las que se colocan esos habitos de religiosas muy respetables , pero por dentro están que explotan por las ganas de sexo, pidiendo a gritos ser penetradas y que les rompan el culo con una buena verga y lo más excitante es que también desean tener entre su boca un miembro erecto y con sus lenguas masajear hasta los testículos de sus amantes.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Excelente. El sexo no es pecado y tampoco es incompatible con amar a Dios. No dar rienda suelta a los deseos... Eso sí es pecar.

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  2. Que rico sentirse asi usada como una perra en celos sea monja oh no todos tenemos una parte oscura de nosotros q en las manos correctas nos volvemos unas zorras en la cama

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  3. Excelente relato . Rico así . Una zorra en las manos correctas

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  4. Super entretenido el relato, y cualquier parecido con la realidad pues es coincidencia.

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  5. Que Rico relato divino para fantasear gracias Mr.P como siempre dándome ganas

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  6. Recuerdo que leí este relato hace un tiempo es un gran deleite repasar tus líneas que rico y morboso 😈😈🔥🔥me encanta
    Siempre tan Perverso y muy excitante
    Delicioso relato mi adorado Demonio 💋tienes una imaginación y una narrativa increíble
    Siempre te luces con tus historias mi amor😈😈Excelente 🔥👌💋

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