Hace un tiempo les conté como fuí recibida en el internado al que se me había mandado y cómo disfrutaba de la maravillosa compañera de cuarto que tenía. Yo quedé de contarles la revelación que Juliet me había hecho, así que no pierdan detalles de lo que les relataré para que puedan sumergirse en la historía como yo lo hice cuando tuve que vivirla.
"Querida, aquí en el internado no todo es tan perfecto como imaginas. Sabes lo que sucede en las habitaciones y en las duchas, pero hay mucho más. Nos regimos por un código, unas reglas que nos son impuestas no por la dirección del internado sino por una hermandad que gobierna desde las sombras y me gustaría que fueras parte de ella" –me dijo. Algo asombrada por lo que me habló asentí casi sin pensarlo. "Está bien, hoy antes de las 23:00 horas debemos estar en el lugar de reunión. Esta vez participarás como invitada, verás algunas cosas que ocurren pero debes prometer que no se lo contarás a nadie, ya que no solo radicará en el total alejamiento de mi parte sino también en la expulsión del internado, ya que esta hermandad ha regido los destinos del internado desde su fundación" –me dijo. Le respondí: "Está bien". Todo el día estuve con ansias de ir a ese punto de reunión y ver esos rituales secretos de los que Juliet me había hablado.
Las clases ya habían terminado, estábamos en la habitación "jugando de manera perversa", disfrutando de nuestros húmedos sexos cuando llegó la hora de partir. Algunas compañeras salieron de sus habitaciones y emprendieron con sigilo el viaje a ese punto de reunión. Nosotras hicimos lo mismo pasando por un extenso bosque de pinos que había en las instalaciones del internado. En cierto punto Juliet hizo que me detuviera y vendó mis ojos, ya que solo las iniciadas conocen el camino. Llegamos al lugar en donde se me permitió sacarme la venda, vi que Juliet había cambiado su ropa, ahora vestía una túnica roja que la cubría por completo; se me recordó que lo visto debía ser un secreto guardado que no debía ser revelado. Solo moví mi cabeza asintiendo. Avanzamos unos metros en una cueva que tenía antorchas cada ciertos metros; era tétrico, parecía sacado de una novela de Hitchcock. Sentía un escalofrío que me recorría por completo, algo de miedo se apoderó de mí y tenía ganas de salir corriendo pero mi curiosidad era más grande.
Al fin llegamos y mis ojos no daban crédito a lo que veían. Había una especie de altar de madera, una mujer desnuda no mayor de cuarenta años sobre él que iba a ser iniciada; mi sorpresa fue tal al darme cuenta que era una de las maestras del internado. Ella era hermosa o por lo menos así la veía yo, cabello oscuro un poco más abajo de los hombros, tez blanca, pechos firmes, una cintura pequeña y un trasero abundante, maquillada sutilmente y con los labios pintados de rojo carmesí; al verla así mi vagina se humedeció y comenzó a palpitar. ¡Por Dios, no quería perder detalles de lo que sucedería!
Una de las presentes se acerca con un candelabro con velas el que es entregado a quien estaba oficiando, la solemnidad era algo que acostumbraba a ver dentro de ceremonias religiosas pero ahí me sorprendió gratamente. Llamaban "Señora" a quien oficiaba. La mujer frente al frente tomó el candelabro y le dice a la maestra: "Has decidido unirte a nosotras, esta noche vamos a ver si eres digna de ser aceptada. Se pondrán a pruebas tus límites hasta que estemos satisfechas. ¿Estás de acuerdo?". Ella respondió: "Sí Señora, estoy de aacuerdo. Pondré todo lo que esté de mi parte para demostrar mi dignidad ante ustedes". La oficiante se acercó con el candelabro en la mano y vertió la cera sobre el pecho de la maestra, quien se retorció al sentir como los chorros de cera se apoderaban de sus senos arrancando de sus entrañas un grito de dolor intenso. Pasaron unos minutos y volvieron a verter la cera del candelabro en su abdomen, la escena era algo nuevo para mí pero a la vez excitante.
No podía entender porque esa situación me excitaba tanto, más aún al oír los gemidos de aquella mujer. Podía sentir lo que ella sentía y por Dios eso me tenía más caliente que nunca. De manera disimulada tocaba mis senos, mordía mis labios y apretaba mis piernas para que mis fluidos no escurrieran pero era inevitable; por más esfuerzos que hacía más crecía la excitación, metí mi mano en mi jeans y sentí como estaba de empapada mi tanga. Había más reservado para esa noche, hicieron que la maestra se pusiera de pie y la apoyaron sobre el altar atando sus muñecas. ¿Qué mierda le harían? Miraba expectante lo que iba a suceder. Entró en escena otra chica completamente desnuda que al llegar ante la "Señora" se arrodilló y extendió sus manos para entregarle algo, no sabía bien lo que era pero tenía varias tiras de cuerda y un mango de agarre. ¡Diablos! La iba a azotar. Se le indicó que si aguantaba 150 golpes sería admitida en la hermandad, también se le indicó que debía contar uno a uno, de no ser escuchada la cuenta se detendría y se iba a empezar de cero, solo tenía tres oportunidades, de no concretarse lo que pedían iba a ser expulsada sin posibilidad de reintentar entrar. De hacerlo bien se le pondría el sello al rojo vivo en la piel con que se le identificaría como tal.
Uno a uno fueron cayendo los golpes en la espalda, nalgas y muslos de la maestra; entre gritos de dolor y gemidos se escuchaba su pausada cuenta. Pensaba en como podía someterse tanto a lo que le estaban pidiendo con el fin de pertenecer a un grupo selecto de mujeres. Por fin se escuchó de parte de la maestra: "Ciento cincuenta". Cayendo casi desmayada sobre el altar. Después de unos agónicos minutos de descanso la oficiante abrió su túnica y le fueton puestas unas correas en la entrepierna, una especie de arnés que era coronado por un dildo de dimensiones no muy normales, era enorme y grueso. Yo sentía que mi vagina iba a explotar al ver el espectáculo; mi deseo era tanto que no podía controlar los movimientos de mis dedos sobre mi húmeda tanga. A la mujer les fueron abiertas las nalgas y sin decir nada, sin compasión fue abierto su culo por este descomunal dildo. Creo que el grito de dolor que ella dio se tuvo que haber escuchado en cada rincón del espeso bosque. Con movimientos bruscos era follada, mi calentura era tal que ya no importaba disimular, estaba con mi jeans desabrochado y mis bragas abajo; Juliet se dió cuenta y se puso detrás mío hablando cosas sucias a mi oído, mientras otra de las chicas con túnica observaba el espectáculo que dabamos. A pesar de tener casi todo su rostro cubierto se podía observar el brillo en sus ojos, una mirada lasciva que me recorría por completo; me gusta la sensación de ser objeto de deseo no solo de Juliet sino también de esa desconocida. Hubo un momento en Juliet metió su mano en mi sexo y le dió a probar de mis fluidos a la desconocida, ella los lamió por completo y se acercó a mí para dejarme sentir el intenso sabor de estos con un beso apasionado. Ella al igual que Juliet empezó a hurgar mi sexo, ya no podía contener mis gemidos en ese momento, estaba perdida en el placer, sentía que explotaría. Juliet masajeaba de manera salvaje y la otra chica penetraba mi vagina con fuerza, entre las dos me decían: "¡Acaba sucia perra!". ¡Oh, por Dios. El placer era intenso! Solo quería desahogarme y poder entregarme al orgasmo. Ya no resistí más y caí en los brazos de aquel anhelado orgasmo; mis piernas temblaban, mi vagina palpitaba mientras expulsaba abundantes chorros de fluidos. La chica desconocida me besó apasionadamente y me dejó temblorosa y deseosa de sentir igual la humedad de su sexo. Juliet por su parte también dejó de masajear mi clítoris y me dijo: "Ahora disfruta lo que viene putita".
Al fin llegó el momento en que iban a marcar a la maestra para ser parte de aquella hermandad; le llevan a la oficiante una barra de hierro al rojo, tomada con pinzas. Ella se colocó unos guantes que parecían ser muy gruesos y sin decir nada la colocó en la nalga derecha de la maestra. El dolor que ella sintió fue demostrado con un agónico grito de dolor, seguido por lágrimas y temblores en sus piernas; del shock sufrido cayó como desmayada al piso, mientras era atendida para curar la quemadura. Por varios minutos permaneció inmóvil hasta que abrió sus ojos; en sus ojos se veía el dolor pero de igual manera el placer y la satisfacción de ser contada como una más de esa morbosa, perversa y oscura hermandad que rige los destinos del instituto.
Jamás había estado en una situación así, menos en una relación tan caliente con alguien mucho menos de mí mismo sexo. Prontamente deseo ser la que esté en el lugar de la maestra disfrutando de tan deliciosa iniciación. Ahora, con más ganas quiero disfrutar de mi permanencia entre mis compañeras, ya que conozco ese secreto íntimo que es revelado a unas pocas. Tal vez en alguna oportunidad nos volvamos a encontrar y les cuente alguna que otra cosa que pasa cuando las luces se apagan.
Pasiones Prohibidas ®

Q ricoo ser usada asi como una puta caliente llena de celos uffff eso demuestra q en cualquier lugar se puede ser una perra y gemir de placer y ladrar como lo q de verdad es una perra mmmm delcioso
ResponderBorrarEs un placer leer un escrito que hace hervir la sangre y que corroe el deseo
ResponderBorrar... Faltó un poco más 😈
ResponderBorrarMmm que perfecto... La humedad en mi entre pierna no miente mi Señor perverso 😈😈😈🔥 me encantó 💋
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