Les voy a contar algo particular que me pasó hace algunos años atrás y que aún no puedo sacar de mi mente. Corría el año 1997, tenía 15 años, hace tres años había debutado con una prima mayor que yo que me enseñó como tratar a las mujeres y hacerles sentir placer. Creo que desde esa vez me volví adicto al sexo y a los gemidos placenteros de las féminas al momento abrir las piernas a un macho en la cama.
Mi nombre es Patricio, siempre he vivido en la Capital de Chile. Desde que tengo uso de razón siempre la casa de mis padres estuvo en el mismo lugar, lo que quiere decir que cuando fue entregado ese conjunto habitacional han vivido las mismas familias. Crecí con los mismos amigos e incluso muchos asistíamos a la misma escuela y fuí con la mayoría compañeros de curso; pero no es lo relevante de la historia, sino lo que ahora detallaré.
Fue una mañana de otoño, pasé a buscar a un amigo para irnos juntos al colegio, como les dije antes, nos conocíamos desde siempre así que existía la confianza de entrar sin golpear. Pasé y estaba su mamá preparándole algo para comer antes de salir. Cabe señalar que ella era una mujer que superaba la barrera de los 35 años; vestía un camisón transparente sin nada debajo y que dejaba ver todo lo que tenía con detalles, incluso la mancha negra de vello en su entrepierna. No le di mucha importancia ya que era la mamá de mi amigo y no la veía como objeto de deseo. Estaba abocado a seducir a mis compañeras de curso y hacer una que otra travesura con alguna chica osada en los camarines después de la clase de educación física. Ella me saludó y me dijo que me sentara unos minutos, ya estaba por terminar y mi amigo estaba terminando de vestirse. Charlamos un momento mientras no paraba de ir de un lado al otro. Cuando se acercó hasta donde estaba para darme un vaso de jugo y pude ver ese par de tetas al descubierto con sus pezones gruesos y efectos algo en mi sucedió. Reconocí al instante la reacción en mi pantalón y como mi miembro de ponía duro; trataba de disimular lo que me estaba pasando y pensaba en otras cosas para distraer mi mente, me era imposible porque esas tetas de verdad me habían cautivado. Antes de salir pedí permiso para entrar al baño y aliviar la tensión. Me masturbé imaginando sus tetas en mi boca, lamiendo y chupando esos eróticos pezones que de mostraban como unos deliciosos bombones de chocolate. Al acabar, lo hice pensando en mi verga entre sus tetas; fue en verdad delicioso fantasear con mi semen corriendo por su pecho. Como ya se hacía tarde, lavé mis manos, al salir del baño estaba en la puerta y se despide de un beso cerca de mis labios, me dice: "¡Pórtate bien Pato, no hagas maldades!". "¿Yo maldades? Soy un niño bueno" –le dije algo nervioso. Ella sonríe y me dice: "Lo sé, te conozco desde siempre". Nos fuimos al colegio con mi amigo pero yo no podía olvidar el par de tetas de su madre y el roce de sus labios cerca de los míos; se me hacía casi imposible concentrarme en las clases.
Al llegar a casa, lo primero que hice fue encerrarme en mi habitación y masturbarme otra vez, esta vez mi imaginación me llevó más lejos; ya no eran solo sus tetas, sino pensar cojerla hasta que ya no pudiera más. Se había convertido en una obsesión, en la musa de mis pajas; no había día que no me masturbara tres o cuatro veces pensando en ella y en la forma en que la pondría para arrancarle gemidos de placer.
Un día sábado quedé solo en casa, mi madre había ido de compras al mercado y mis hermanos mayores no estaban, eso significaba que al menos tenía un par de horas de soledad. Fuí donde tenía escondido un VHS con una película porno, la vi de principio a fin masturbándome y concentrándome en las posiciones, en el ritmo de las embestidas y como lamer vaginas, la idea era "aprender" todo cuanto me fuera posible. Cuando llegó mamá, no había evidencias de lo que había hecho y de lo bien que lo había pasado en ese tiempo solo.
Esa misma tarde fui a la casa de mi amigo y como siempre entre sin golpear, ella estaba en la cocina, mi amigo no estaba ya que le había tocado salida con su papá el fin de semana. Me ofrecí a hacerle compañía y ayudarle en la cocina, lo que aceptó gustosa. Estaba hay frente a ella, se veía exquisita con un jeans no tan ajustado pero de igual forma mostraba la figura de un culo abundante. Yo pasaba detrás de ella pegando mi verga a sus nalgas para hacer las cosas que me pedía, ya fuera pasarle un paño o cualquier otra cosa. Cada vez era más descarado y mi miembro duro como piedra se deslizaba en esas deliciosas nalgas. "¿Necesita algo más?" –pregunté. Ella me miró y me respondió: "Lo que yo necesito no me lo puedes dar pero agradezco que estés aquí". "Dígame, que necesita y veré si puedo o no" –le dije. "Eres un amor, pero de verdad no estaría haciendo lo correcto". No entendí lo que me quiso decir pero creo que mi verga si lo sabía porque no pensaba en bajarse sino que permanecía igual de firme como la primera vez que rocé sus nalgas.
Nos sentamos en el sofá de la sala y charlabanos de manera amena. Se levantó para ir a la cocina y traer dos vasos de jugo, mis ojos estaban pegados en su culo y en la forma de caminar que tenía. No podía resistir la forma en que mi pene se pegaba a mi pantalón, tenía que acomodarlo a cada rato; no sé si ella se daba cuenta pero era inevitable que en algún momento mi mano fuera a mi entrepierna para acomodarlo. Llevaba bastante tiempo con ella y mis ganas de adolescente con las hormonas revoltosas hacían que me agitara sin hacer mayores esfuerzos. "Te noto inquieto. ¿Te pasa algo? –preguntó. Intenté hacerme el loco y mi reacción fue tomar un cojín y ponerlo en mis piernas. "Entendí lo que te pasa. Es algo normal en los chicos de tu edad, pero como te dije no me puedes dar lo que necesito" –me dijo con una voz tierna y sugerente. En mis adentros me decía: "¡Mierda! Se dio cuenta. Ahora entiendo lo que me quiso decir antes". Pensaba también que podría contarle a mi madre lo que me había pasado y la golpiza que me llevaría por ser caliente con la vecina. "La verdad es que no me pasa nada, estoy bien" –le dije algo avergonzado. "Te voy a traer otro vaso de jugo" –me dijo. Se fue caminando lentamente y continuando su culo en cada paso, la muy puta sabía lo que me había provocado pero no quería dar el paso y yo era inexperto en interpretar señales.
Al volver con el jugo yo temblaba como una gelatina, está vez se sentó a mi lado, pasó su mano suave por mi cara y me dijo: "Tranquilo, no tiembles pequeño". Me abrazó y puso mi cabeza entre esas tetas de ensueño, me dijo: "Respira profundo y relájate; eso necesitas". No era precisamente el mejor método para buscar tranquilidad ya que estaba más agitado, tanto que mis labios de manera involuntaria comenzaban a explorar esos deliciosos senos fruto de la inspiración más perversa en mi baño o en mi cuarto. Podía percibir que ella gemía de manera suave al sentir como mis labios trazaban su figura. "¡Ay Patricio!" –suspiraba. Entretanto mordía suavemente sobre la ropa sus pezones, ella decía: "¡Eres un chiquillo perverso!". Apuesto que debes hacer lo mismo con tus compañeras de curso". "No Señora, las adolescentes no saben bien lo que quieren. En cambio las mujeres hechas y derechas entienden bien sus deseos y necesidades. Déjeme decirle que si puedo darle lo que necesita y que usted es mi perversa inspiración". Sonrió y dijo: "No sé si sentirme avergonzada o privilegiada pero me gusta lo que dijiste. Tienes razón y disfrutemos este momento a solas". Bajó los tirantes que sujetaban su blusa a los hombros y sacó sus senos para mi deleite, pasaba mi lengua por la punta de sus pezones, me encantaba sentir como se ponían duros a mi paso y la manera en que ella decía lo mucho que le gustaba. Sin decir nada metió su mano bajo mi pantalón y sintió lo dura que estaba mi verga, lo desabrochó y bajó junto con mis calzoncillos. Lentamente me comenzó a masturbar. ¡Esa maldita sensación de placer! Nada se comparaba a la forma morbosa en que me tocaba, se notaba la experiencia y el deseo en sus ojos. Despacio se acomodó y comenzó la lamer la punta de mi glande, sentía que su lengua me quemaba sobretodo al envolver mi miembro con ella. Suplicaba no acabar aún pero mis ganas eran demasiadas, sentía la necesidad de llenar su boca con mi semen; era mi sueño, mi fantasía pero aún no quería hacerlo. Como ella dijo: "Disfrutemos este momento a solas".
Acariciaba su pelo mientras ella hacía lo suyo suavemente, se desnudó por completo y me llevó a su cuarto. Sin remordimiento se subió encima mío y gimió al entrarle mi verga. "La tienes deliciosa mi pequeño" –me dijo mientras se movía con calma. Yo acariciaba sus senos y le decía: "Es toda suya señora". Ella rió y comenzó a moverse más rápido, estaba tan aferrado a sus tetas que casi en mis dedos no circulaba la sangre, gemíamos al unísono y eso nos enloquecía porque ella empezó con movimientos más rápidos y sus gemidos se hacían intensos. No entendía porqué su vagina se apretaba aún más, pero entendía cuando ella decía: "¡Ah, qué rico! ¡Hace tiempo que no disfrutaba de una rica verga!". Por un momento se detuvo, le pareció escuchar ruidos en la puerta de entrada. Guardamos silencio, pero no había nadie. Se colocó en cuatro y me dijo que se la metiera por la concha. Obediente de una embestida se la clavé, ella dió un grito de placer intenso y me dijo que me moviera lo más rápido que pudiera, que no me detuviera hasta sentir que mi "leche" impregnaba su interior. Me tomé de sus caderas y comencé a bombear su húmeda concha con mi verga, ella gemía como puta y yo disfrutaba de tan suculento premio. Estaba apretando el exámen y me estaba graduando de hombre con la mamá de mi amigo. Me hablaba sucio, eso me calentaba de una manera frenética; incluso me dijo que le diera unas nalgadas lo más fuerte posible, al punto que quedaran mis manos marcadas en ellas. Ya no resistía y le dije: "¡Voy a acabar!". Ella agitaba decía: "Dale, así. Llena de leche a esta puta, quemame la concha con tu semen y hazme sentir que soy una perra sucia". ¡Uuufff! Mi mente volaba como nunca y de pronto chorros calientes de semen salieron de verga, sentí que el alma se me perdía y poco menos que el corazón se me paralizaba solo por el placer de haber acabado y llenado sus entrañas. Caí a un lado de ella sin fuerzas, ella se acercó y me besó apasionadamente, fue un beso tan intenso que hasta hoy lo recuerdo y se me pone duro. Nos abrazamos no sé por cuánto tiempo pero si puedo decir que fue un momento inolvidable.
Les puedo decir que después de esa tarde, fin de semana por medio iba a su casa y me la pasaba todo el día en su cama aprendiendo de ella y haciendo de todo lo que se puedan imaginar. Ya en lo que va del 2020 nos volvimos a reencontrar por casualidad, ella con 58 años y yo con 38; charlamos de nuestras aventuras y no les miento, sigue teniendo la figura de antaño; solo les diré que fuimos a mi departamento para recordar ese tiempo de adolescencia en donde hasta los 19 fuí su aprendiz y puse en práctica lo aprendido.
Pasiones Prohibidas ®

Un excelente escrito la cogio como la puta q fue a esa edad se graudo para enseñarle a las demas mujeres hacer perras en celo dispuestas a entregar el mas rico placer a su hombre fue delicioso ver y sentirse usada asi me mojewao fue espectacular
ResponderBorrarUhmmm excitante y delicioso marivolloso cada palabra con la que se habla hace derrerir4r
ResponderBorrarExcelente escrito que con cada palabra nos hace volar la imaginación... me encanta leerlo
ResponderBorrarExcelente
ResponderBorrarMe fascinan sus relatos Mr. P, gracias por compartir su magia.
ResponderBorrarExcelente relato que caliente uuffque talento.
ResponderBorrarExcelente
ResponderBorrarExelente
ResponderBorrarGracias caballero
ResponderBorrarWao!! Que rico, me moje del solo imaginarlo.
ResponderBorrarExcelente relato mi Señor sabes que me encantan 😈😈💋😘
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