Cada vez que la señora de la limpieza llegaba a casa de mis padres a realizar sus labores yo la esperaba con ansias. Por ese entonces yo estudiaba, por lo que a veces la veía llegar; en otras ocasiones yo me quedaba en casa y ella se ponía a barrer, trapear, cosas que eran cotidianas dentro de la rutina. Fue ahí donde en ocasiones me perdía viéndole el trasero mientras se doblaba, siempre se veía rico con esa falda que usaba de tela delgada que se entallaba en su cadera, no me atrevia a más que solo mirarla e imaginaria haciendo las cosas sucias que veía en las películas, lo que me llevaba a encerrarme en el baño y masturbarme soñando en que la tenía en mi cama. Ella veía como una mujer seria, por lo que no que atrevía a nada ni siquiera a hablarle. Sin embargo, un día llegó su marido a reclamar a la casa diciendo que ella tenía algo conmigo, cosa que aún no pasaba por mi mente pero a raíz de que su torpe esposo hizo el comentario me pasó por la mente mil cosas; me encantaba pensar que cochinadas le decía su marido que me involucraban a mí y fue entonces cuando empecé a ver a la señora de la manera más perversa y sucia que he visto a alguien, también sabía que si jugaba bien mis cartas podría follarla.
Fue así como empecé ha platicar más con ella y aprovechar cada oportunidad para piropearla, también decirle cosas en doble sentido e incluso a contarle de las veces que me masturbaba hasta que platicamos como si fueramos amigos de la misma edad. Yo estaba cerca de los 19 y ella tendría como 42 años.
Por las mañanas había veces que salía en el auto a realizar compras al mercado la veía cuando iba a dejar a su hija a la escuela; me atreví a piropearla de manera descarada cuando la veía, incluso sin importar que estuviera su hija. Incluso un día la seguí a su casa, bajé del auto y toqué el timbre; estaba ella sola, se sorprendió al verme y me hizo pasar. Conversamos un rato y me ofrecí para llevarla a mi casa ya que era día de trabajo, ella aceptó con una sonrisa y me dijo: "Eres un chico osado, puedes llevarme sin problemas". Como eran de mis primeras conquistas sentí un cosquilleo en mi pantalón, de esos que te ponen dura la verga. Eso me daría tiempo de hacer mi jugada. Hablamos de cosas casi sin sentido, nos reímos como locos de las tonterías que decíamos; también aprovechaba de rozar su pierna al hacer el cambio de velocidad, eso parecía no molestarle, incluso me parecía que acercaba más su pierna para que pudiera sentirla mejor. Cuando llegamos a casa, como un caballero bajé y abrí su puerta, me miró y dijo: "No sé que pretendes conseguir pero me gusta como me tratas". Como siempre yo estaba embobado mirando sus nalgas y como siempre mi verga estaba dura con ese delicioso paisaje.
Le dije que la llevaría a su casa si no había inconveniente y podríamos pasar a tomar algo en un pequeño bar que estaba de camino, aceptó y quedamos en que me esperaba en la parada del bus que estaba a una cuadra de casa. Al verla esperándome me puse tan caliente que no podía disimular mi erección, subió al auto y me saludó de un beso en la mejilla; le dije que tendríamos tiempo para charlar y así conocernos un poco más; esa risa de nervios o de cachonda hacía que más sangre se fuera a mi pene y la erección se hiciera más intensa. Llegamos al bar y pedimos unas cervezas, bebimos y la charla comenzó; la miraba mientras hablaba y no aguantaba las ganas de besar esos labios hechos para el pecado. "He visto como me miras y también sé lo que haces" –me dijo. Sentí algo de vergüenza pero le dije: "Es imposible no mirarla, ni mucho menos aguantar las ganas de hacer algo para imaginar el placer de tenerla en mis brazos". Me miró con ojos perversos y me susurró: "¿Entonces, ya te has tocado pensando en mí?". "Claro que sí" –le respondí. Ella se sorprendió y mordió sus labios, ya no aguantaba la calentura y mi verga apretaba con más fuerza mi pantalón. Me dijo que nos fuéramos, así pasar a algún lado ya que se sentía deseosa y que iba a apagar los fuegos que a ambos nos consumían, eso fue como un resorte que me hizo levantarme de la silla de un brinco.
Recuerdo que conduje por unos 15 minutos, llegamos a un terreno desocupado, nos quedamos en silencio y sacando valentía me lancé sobre ella para besarla. Moría de ganas por sentir sus labios junto a los míos. La tomé con fuerza y no la dejé escapar, la besé con lujuria, ella respondió de la misma manera. Sin pudor alguno comencé a tocar sus senos, eran pequeños pero firmes, metí la mano debajo del brasier; tenía unos pezones grandes que se pusieron duros al sentir como mis manos los apretaban. Nos cambiamos al asiento de atrás en donde ella se subió encima mío y podía tocar y masajear ese culo de ensueño. Cada vez más calientes la comencé a desnudar, dejé sus senos al descubierto para lamerlos, empezó a gemir y a hablar sucio. Se había vuelto una puta, escucharla era un deleite, hasta que decidí sacar mi verga a lo que ella, sin pudor la metió dentro de su vagina. Un agonico suspiro salió de sus labios y comenzó con movimientos lentos así dilatarse para que le cupiera completa. El placer me recorría por completo, sentía como su vagina se amoldaba a mi miembro; tomado de sus caderas acompañaba ese lujurioso movimiento y disfrutaba de sus gemidos en mi oído. Poco a poco el calor de nuestros cuerpos empañaba los vidrios del auto y nuestros cuerpos se cubrían en una capa de sudor que era muestra de la lujuria que se había apoderado de nosotros.
Cada vez sus movimientos de hacían más intensos mientras sus fluidos escurrían del interior de su tibio sexo. Sentía como su vagina en cada movimiento se contraía, la sensación de sentirme preso en la humedad de su lujuria desbordada me hacía gemir de la misma manera endemoniada que ella. Nos besábamos con tal pasión que nuestras lenguas parecían anudarse y fundirse; ya casi en el umbral del éxtasis le digo que se detenga. "Quiero sentir tus labios envolviendo mi verga" –le digo. Me besó de forma perversa y se bajó de encima de mí, con delicadeza tomó mi miembro y de manera sutil lo envolvió con su lengua, saboreó sus fluidos junto a los míos, y lentamente empezó a engullir mi verga. Sus tibios labios la envolvían y su saliva escurría por la comisura de los labios, extendí mis brazos a lo ancho del asiento y me entregué al placer. De pronto, la sensación del orgasmo se apoderaba de mis sentidos, cerré los ojos y acabé en su boca; sedienta bebió cada gota de mi semen hasta quedar satisfecha. Con una sonrisa en los labios ambos sabíamos que iniciamos algo placentero y perverso. No nos habíamos dado cuenta que la hora había transcurrido, nos vestimos y conduje hasta su casa; el estúpido de su marido la esperaba en la puerta sin saber lo que con la puta de su esposa habíamos hecho. En sus ojos se percibía el odio pero los míos se reflejaba la satisfacción de tener lo que más deseaba.
Los días pasaban y ella no había ido a trabajar, la extrañaba; deseaba otra vez tenerla entre mis brazos para calmar la sed de lujuria que me tenía preso. Esos días que estuve sin verla la recordaba con el mismo ímpetu del principio, imaginaba tenerla en mi cama y cogerla de la manera más perversa que nunca antes la hayan tomado. No sé que pasaba por mi mente, a diario me masturbaba pensando en ella y en momento en que volvería a sentir su cuerpo de puta sobre mí, incluso sin tener escrupulos me masturbaba en mi dormitorio sin cerrar la puerta con la esperanza que entraría para saciarme por completo en su perversión. Era tanto mi deseo que un día me di cuenta que mi madre estaba mirándome como me daba placer, no me importó sino que seguí hasta acabar. Creo que a mi madre tampoco le perturbó la escena porque se quedó ahí hasta que acabé deliciosamente.
Una noche en mi cuarto dejando que la lascivia me alcance me desnudé por completo y dejé que mis pensamientos hicieran estragos. Entre mis gemidos sentí como la puerta se abría lentamente, entre la luz tenue divisé la silueta de mi madre, al igu que antes quería revivir la escena que le había mostrado. Eso me calentó aún más, ya que solo vestía un camisón de seda negra. Yo preso del placer que mi mano me otorgaba la miraba de reojo y noté como ella recorría su cuerpo de manera sensual, se deslizaba suavemente por sus pechos y bajaba por su abdomen hasta rozar su vagina; la verdad para mí era algo raro pero a la vez excitante. Cuando su mano levantaba la tela de su camisón y comenzó a escarbar su vagina tuve que aguantar las ganas de eyacular y apretar mi verga con fuerza. Con algo de perversión pregunté: "¿Hasta que hora estarás ahí?". Se detuvo y abrió por completo la puerta, solo puso sus dedos en los labios en señal de que no dijera nada y sus pasos se dirigieron a mi cama. Lentamente acariciaba mi miembro erecto, yo deslizaba las manos por sus muslos hasta encontrar la entrada de su vagina y sentir la humedad que emanaba de ella. Su clítoris estaba hinchado, sensible al estímulo de mis dedos. Ambos teníamos que aguantar las ganas de gemir para no despertar a mi padre, solo nos dejamos por el momento. Ella se puso en cuatro sobre la cama, me dijo que lamiera su vagina y su culo; obedecí casi de inmediato. Verla en esa posición ofreciéndose era no sé si un sueño pero me gustaba que estuviera dispuesta a dejarse follar.
Como un loco me lancé a pasar mi lengua por su culo, saboreaba ese delicioso agujero de la manera más perversa, ella intentaba no gemir pero a veces se olvidaba de que nos podía oír mi padre. Creo que eso alimentaba más el fuego; como un perro pasaba mi lengua desde su vagina a su culo, ella como una perra en celo se movía al sentir como me deslizaba entre sus labios vaginales. "¡Mételo de una vez!" –exclamó. Me acomodé en la entrada de su vagina y cuál verdugo de antaño la penetré con fuerza; mordió sus labios con fuerza para no arrancar un grito de placer, me tomé fuertemente de sus caderas y empecé con un movimiento violento que hacía golpear con fuerza mis testículos en su vulva. "¡Así, dame duro hijo! ¡Follame con fuerza!" –me decía casi susurrando. A medida que aumentaba mis movimientos, ella los seguía para que mi verga no se saliera; mi verga palpitaba en cada embestida y no aguanté más las ganas de eyacular, llevándola por completo de mi viscoso semen; ella cayó sobre la cama con la respiración entrecortada y su sexo borboteando mis fluidos. Me tendí a su lado y nos quedamos por unos minutos abrazados, hasta que se levantó en silencio y se fue a su cuarto. No hablamos al otro día de lo sucedido pero nuestras miradas eran cómplices de un secreto que quedaría en las cuatro paredes de mi dormitorio.
Por fin llegó el día en que la mujer de mis lujuriosos sueños fue a casa a trabajar, nos saludamos con cariño ya que ella también me había extrañado. Papá se fue a trabajar y mi mamá iba a casa de mi abuela porque estaba enferma, al fin tiempo a solas para "jugar" de manera perversa. Al cabo de unos minutos decidí ir en busca de mi presa como un lobo hambriento, la encontré en la cocina preparando la comida. Sigilosamente me acerqué para tomarla de la cintura, la besé en el cuello y ella dijo: "Pensé que me habías olvidado". "Jamás, no podía sacarte de mi mente en estos días que no te ví" –le dije. Ella sonrió con algo de lujuria mientras mis manos bajaban por su cadera para buscar el borde de su falda, lujuriosamente mis manos buscaban su sexo; al sentir la tela de su tanga y moverla a un lado noté como ya estaba húmeda, deseosa de verga. Deseoso le quité la tanga, restregaba mi miembro erecto por sus nalgas. ”No sabes cómo deseaba sentir tu verga" –me decía. Mis manos se abrían espacio por su pecho, la muy puta andaba sin brasier; fue demasiado caliente reencontrarme con sus pezones duros, los apretaba con fuerza para que gritara y por Dios que lo hacía rico. Llenos de lujuria la volteé y besé sus labios, puedo decir que casi nos comimos a besos porque la perversión era parte de nosotros. "Quiero tu verga en mi boca" –me decía. "Por favor deja que la coma toda" –suplicaba. Enredé mis dedos en su pelo e hice que se arrodillara despacio. Se tomó de mi verga y comenzó a masturbarme lentamente, cua el se llevó la verga a la boca esta vez lo hizo ya no tan sutil sino como una verdadera puta. "¡Oh, que placer!" –exclamé. Verla hincada y con cara de caliente chupándolo era algo que no tiene precio. Incluso cuando puso mi verga entre sus tetas para masturbarme y lamer la punta; uffff, es algo que aún me hace estremecer.
La coloqué de pie y la apoyé sobre el mesón, rozaba mi verga entre su vulva y el clítoris; ella temblaba al sentir ese malicioso roce. Los demonios del sexo me tenían poseído, de una embestida ensarté mi verga en su vagina, gritó pero siguió mis movimientos y decía: "Eres un malvado, casi me partes". Caliente a más no poder tomé del mesón de la cocina una zanahoria larga y gruesa, mojé mis dedos con saliva y se la metí en el culo. "Hijo de puta perverso" –me dijo. Reí descaradamente y le dije: "La puta eres tú, solo disfruta". El hecho de tener su culo y la vagina penetrados la hacía gemir como loca, era una escena indecente, llena de lujuria al menos para mí. "¡Así, dame. Soy tu puta!" –decía en cada embestida. La penetraba con fuerza hasta metérsela completa, creo que sus alaridos se escuchaban hasta la calle; me encantaba la forma que se contraía su vagina y apretaba mi verga, ya no aguantaba más esa dulce presión y exploté con como un volcán llenándola con mi semen. Un suspiro de alivio salió de sus labios al sentir como expulsaba las gotas de mis tibios fluidos. No paraba de decir lo rico que la había follado y que se sentía una puta, mi verga se ponía flácida en su interior, hasta que salió completa. Tendida sobre el mesón se quedó quieta esperando a que su respiración volviera a la normalidad. Una vez ya recobrado el aliento me besó en los labios y me dijo: "Eres mejor de lo que creí". Limpié mi semen con su tanga y la puse en su boca, sus ojos de puta se pusieron blancos al sentir como mis dedos se hundieron en su sexo abierto y húmedo. "Eres una buena puta" –le dije. Al caer en los brazos de otro intenso orgasmo que hacía temblar sus piernas quité su tanga de su boca, la besé; ella me abrazó con fuerza y prometió estar para mí las veces que quisiera poseerla.
Una vez que terminamos nuestra lujuriosa faena, le puse la tanga pero no le quité la zanahoria de su culo; estuvo hasta que se fue a su casa con su orificio abierto y con mi semen llenando sus entrañas. Una vez que mis padres llegaron ofrecí ir a dejarla a su casa, ella aceptó. Se fue todo el camino chupando mi verga hasta que sintió el sabor de mi leche en sus labios, la tragó completa y como una dama limpió la comisura de sus labios, retocó la pintura de sus labios y se bajó como si nada. Otra vez estaba el estúpido de su marido esperándola en la puerta, nos despedimos de manera formal y al empezar la marcha me despedí del infeliz levantando mi dedo medio, con la seguridad de que su esposa era mi puta y que la tendría cada vez que sintiera la necesidad de cogerla hasta que quede exhausta.
Pasiones Prohibidas ®

Que rico ser la puta de alguien que se deja llevar por el instinto y las ganas, haces unas descripciones mi señor que me dejan con ganas
ResponderBorrarQue rico ser una puta y una perra en celo q le den asi tan delicioso una verga para poder saciar las ganas y los distintos y aullar como una perra delicioso su escrito
ResponderBorrarBuen relato, morboso y excitante
ResponderBorrarExitante muy caliente y atrevido que imaginación
ResponderBorrarQ rico ser la puta de alguien.....
ResponderBorrarCómo siempre te lo he dicho mi señor me encantan tus relatos 💋🔥
ResponderBorrarGracias escribe muy bien felicitaciones
ResponderBorrarQuiero ser la puta de alguien
ResponderBorrarMe quedé con tantas ganas y aquí solita :/
Excelente relato