Ella es una dama, no de las más puras del reino pero una dama. No ha conocido al indicado pero le gusta la diversión; desquiciar a los hombres es un placer muy perverso. Él es un caradura, un sinvergüenza, un mercenario. Ella es pálida, casta, dulce; se podría pensar que hasta ingenua. Él tenía cicatrices, en su rostro se apreciaba la malicia con sólo mirarlo, pero era alguien que había estado involucrado en muchas batallas; tal vez el tiempo lo había curtido para ser un hombre rudo y lleno de malicia.
Nunca se habían visto antes, pero ese día ella decidió salir a dar una vuelta por los jardines del castillo y él estaba invitado a un banquete que el rey había preparado para los hombres que regresaban de una feroz batalla, cosa que aprovecharía para comer y beber a destajo.
Sentada en la fuente, mientras trataba de recordar el nombre de una flor que observaba, se dió cuenta de que una mirada la acosaba desde la oscuridad, era aquel hombre que en sus andares curiosos la había encontrado. Ella se asustó un poco y a la vez se sonrojó pero no le gusta mostrar miedo. Él sonrió, con la risa más inhumana que ella había escuchado nunca, se acercó y se sentó a su lado mientras ella abría sus ojos de par en par. Dejó escapar una sonrisa al ver su cara mientras dijo: "¿Qué hace tan pura dama en la oscuridad de mi mirada?". Ella dió salida a su ingenio y respondió: "La oscuridad hoy me llamaba. No sabía que la encontraría". Él se sorprendió con tal respuesta pero su descaro no fue menos que su asombro y le dijo: "He sentido la llamada de los deseos más oscuros de una dama". "Yo no tengo deseos oscuros, mi ¡Lord! –dijo ella exaltada. "Yo no he dicho que fuera usted la dama, pero gracias por la corroboración, y gracias por lo de mi Lord, pero os advierto que no lo soy" –dijo él. "Solo lo decía por cortesía, es una costumbre muy mía" –dijo ella. Una sonrisa salió de los labios de aquel hombre rudo y le dijo: "Cortesía de mi parte verá muy poca mi lady, pero os puedo enseñar cosas que se agradecen más". Ella se sonrojó, su asombro opacó las palabras que quisiera responder, aquella insinuacion la llamaba, pero no podía entender el porqué.
"Mi Lady está usted muy sonrojada. ¿Le ocurre algo? O es que no sabe cómo decirme que se muere por un beso de mis labios. Creo que puedo haceros gemir con solo un beso" –dijo él. Enojada respondió: "Es usted un impertinente, a está Lady no cualquiera le saca un gemido y menos un insolente con esas insinuaciones tan descaradas, me marcho". Empezaba a caminar cuando fue tomada de su brazo, sintió una fuerte presión pero también como si su corazón se paralizara; no fue miedo sino esa sensación indescriptible de deseo. "Hagamos un trato. Déjeme mostrarle como se hace gemir a una dama, si lo logro me dará su virtud y si no lo logro caeré en la deshonra y dejaré que usted decida que hacer con este pobre diablo" –dijo él y le sonrió. Solo quería que ella cayera en su trampa. con la voz entrecortada le dijo: "Yo no seré tocada por cualquier hombre". Una perturbadora voz se escuchó y una pregunta brotó de los labios de aquel hombre: "¿Ya os he dicho que no soy un hombre? Soy una criatura enviada desde el infierno para hacer a una doncella pecar". Ella se sonrojó. Sentía el pecado tan cerca que su calor la quemaba. "Acepto el trato. Solo os daré la oportunidad de tocarme, con algunas restricciones, mi virtud no es una meta al alcance de su mano. Si logra hacerme gemir ganará usted mi Lord" –dijo ella con su entrepierna humedecida por el oscuro deseo. "No solo os haré gemir, os haré pedir que os calme con mis artes" –le dijo aquel hombre y volvió a mostrarle su perversa sonrisa. Ella sintió arder sus mejillas mientras él se le acercaba. La tomó de la mano y la guío hacia un árbol. Le susurró al oído: "Hoy serás mía". Entonces la besó, con un beso que llevaría a los ángeles al infierno. Ella sentía su lengua juguetear en su boca y lo siguió como pudo, debido a la sorpresa todavía estaba procesando tal acción; pero a la vez la hacía humedecer por completo.
Se alejó, dejándola totalmente embobada y claramente su cara decía que ella quería más. Él se rió y le pasó la lengua por los labios. Ella se erizó y se le fue un suspiro mientras cerraba los ojos. Sintió un fuego surgir en sus propios ojos, como si la cara le cambiara y cuando los abrió ya no se sentía ella, solo sentía su bajo vientre arder. Él notó en su cara que acababa de nacer algo, reconocía esa expresión, y sonrió otra vez. Comenzó a besar su cuello y a repartir lengüetazos llegando hasta su oreja respirando sobre esa piel pálida mientras sentía que su hombría despertaba. La mordió. Suavemente, solo como reacción por lo que ella le provocaba.
Él desató su vestido, quería que el frío de noche besara su piel completamente expuesta. Él la volteó bruscamente y se desnudó. Pegó su cuerpo al de ella y la hizo sentir su calor. Su miembro estaba erecto, ella lo sintió en su espalda y el placer la llamó. Le besó el cuello esta vez desesperadamente y pasó su lengua por su espalda. Ella se estremeció y casi se le escapa aquel gemido que no podía salir de sus labios; la agarró por las caderas y continuó torturándola. Sentía cómo se retorcía un poco, así que colocó su pierna entre sus muslos para controlarla... Ella cerró los ojos, nunca había sentido tanto placer con solo besos y roces de manos toscas. Él la tiró del pelo y le susurró al oído: "Pídemelo". Ella no respondió, solo sonrió. Entonces bajó su mano y comenzó a tocarse, ahí donde su humedad no hacía más que brotar, él quedó impactado ante tal acción pero no iba a permitir que la doncella fuera quien le hiciera trampa en su propio juego. Así que se apartó y volvió a voltearla, agarró sus manos y las puso por encima de su cabeza, contra el árbol y dijo: "No os permitiré hacer trampas mi Lady, aquí las trampas las hago yo". Acto seguido movió sus caderas hacía adelante, colocando su hombría entre sus piernas. Ella no sintió más que frustración, se le acercó al oído y le susurró: "Pídemelo". Ella respondió: "¡Haga lo que quiera conmigo mi Lord!".
Él no lo pensó dos veces y la cargó, la colocó en el suelo, se colocó entre sus piernas, la besó y comenzó a adentrarse en sus entrañas. Ella sentía que la llenaba, que aquel miembro era todo lo que ella aún no sabía pero deseaba, era algo desconocido, no se sentía como los de aquellos hombres que tuvo en su alcoba alguna vez. Sintió ardor pero a la vez demasiado placer. Él sintió que su interior se amoldaba a su miembro, sentía que lo apretaba y devoraba cada centímetro de él. Se sintió pleno, sintió que aquella Lady acabaría con la poca cordura que a él le quedaba; ella sintió que se adentraba en un mundo desconocido, lujuria y más lujuria eran las sensaciones que la invadían; por alguna razón sentía que las llamas de un dulce tormento quemaban sus entrañas y la hacían perder el control.
El perverso hombre comenzó a moverse suavemente, mientras notaba la agitación de la lujuriosa Llady debajo de él . Ella sentía cómo su espalda se arqueaba con cada movimiento de aquel perverso. Empezó a lamer sus pezones y a agarrar su seno con una mano, quería devorarla y ella quería ser devorada. Gemía poseída por aquel ser sin alma y él gruñía con cada embestida. Aumentó su ritmo y ella aumentó el volumen de sus gemidos. Empezó a sentir que se elevaba del suelo, que su objetivo era el cielo, que tocaría al sol y ardería. Sentía que se iría hacía el clímax en su estado más puro. Él se estremecía, ya empezaba a sentir como su miembro se hinchaba al punto de sentir que explotaría. Aumentó el ritmo, no podía reprimirse, continuó hasta que en el momento de su sentir más alto ella gritó y él dejó salir el caudal de sus fluidos llenando las entrañas de aquella pecaminosa mujer. Pasaron unos segundos recuperando el aliento, se miraron a los ojos y ella lo besó, se sentía plena, a pesar de haber entregado la virtud de su sexo a un desconocido, cosa que muchos habían deseado pero no pudieron alcanzar y que tuvieron que conformarse con el favor de sus labios.
"Le dije que esto pasaría, aunque debo reconocer que me ha desquiciado usted también mi Lady" –dijo él con la lujuria aún en la voz. "Quiero pediros un favor mi Lord" –dijjo ella. "¿Qué desea mi Lady?" –preguntó. "Dígame su nombre" –respondió ella. Él sonrió endemoniadamente, aquello lo sorprendió, sacó una daga de su cinturón, la volteó y le dijo al oído: "No le diré mi nombre, pero pondré la inicial de mi nombre, para que lleve por siempre la marca del comienzo de su perversión" –dijo él. Ella accedió y él comenzó la labor de marcar su pálida piel, ella soportó con firmeza el dolor. El líquido vital brotaba de su herida, de la misma forma que brotaban los fluidos de su sexo; aquel pervertido ser observaba como esa mustia piel se teñía de rojo, la perversión en sus ojos era tal que pasó su lengua desde la herida hasta donde llegaba la sangre, bebiendo así parte de la vida de aquella Lady que cayó en su brazos. Ella sintió como esa lengua quemó su herida y la cerró porque ya no escurría sangre por su piel. Al terminar, ambos se besaron con insipiente lujuria y se fundieron en un intenso abrazo. Esa mujer entendió que ahora era parte de un infierno de pasión y perversión, se abrazaron con lujuria mientras la luna mostraba la verdadera forma de aquel misterioso hombre que la conquistó en la oscuridad. Ahora ella entendió porque anteriormente dijo que era un ser mandado del infierno para hacer pecar a las mujeres. Mientras estaban en ese abrazo la figura de ese ser desapareció en la oscuridad; ella quedó con su marca en la piel y deseosa de reencontrarse con aquella criatura infernal que se llevó su virtud.
Pasiones Prohibidas ®

Excelente relato, mejor que el porno
ResponderBorrarWao q escrito mas candente x Dios ganas de hacer pecar a cualquier mujer con solo leerlo y querer srr follada como puta por un hombre asi y volverse una perra en celo para el magnífico
ResponderBorrarTan rico como cada vez que te leo mi señor, me encanta tu narrativa y tu forma de describir
ResponderBorrarUff que rico me encanta quiero uno así
ResponderBorrarCómo siempre excelente mi Señor 🥰💋 😈😈
ResponderBorrarMe encanta tú narrativa siempre te lo diré💋besitos mi amor
Adoro sus escritos, sabe como llevarme al cielo con ellos y lograr que me humedezca
ResponderBorrarUn gran relato como siempre señor Mr. P, lleno de lujuria y pasión, donde cada día nos hace amar más nuestro mundillo
ResponderBorrar