30. Cómo inició la relación



Mi nombre es Tati, comenzaré describiéndome fisicamente. Verán mi estatura es de 1.70, soy blanca de ojos cafés, cabello negro y de un cuerpo promedio. Actualmente tengo 22 años, hace un año cuando que me decidí a tener una mascota, adquirí un perro de raza Gran Danés, él ya estaba algo crecidito en ese entonces, ya tenía 2 años de edad, a mis veintiuno encontré por medio de la red este maravilloso portal de relatos eroticos y tras leer uno y otro, me llamó la atención saber de que trataban los temas llamados como zoofilia; leí muchos de estos, debido a mi soledad tenía que refugiarme en la masturbación hasta que un día fue tanta mi exitación que me decidí a probarlo con mi perro.

Aquel día salí temprano del trabajo y fui a una tienda de lenceria, estaba decidida a comprarme ropa exótica y lo hice. Al llegar a casa me esperaba como siempre mi amado perro, subí rápidamente, me desnudé por completo y comencé poniéndome el liguero, la tangaz un pequeño brasier, medias negras con encaje y terminé pensando en esos deliciosos relatos que había leído para comenzar con el juego que mi mente me proponía.

Lo llamé y lo dejé entrar al cuarto, a él le extrañó haberlo dejado entrar; se sentía tímido, yo lo acaricié para motivarlo; me despojé del brasier, me recosté boca arriba y lo llamé. Él se acostó encima de mí; me lamía las tetas, vaya si que me calenté mucho, él lo notó porque enseguida vi que su miembro empezaba a asomarse. Proseguí acariciando su verga con un ritmo lento, lo hacia con gran cachondeo. Sentía como su miembro crecía, nunca me había sentía tan caliente al verlo rojo y grueso, escurriendo sus fluidos en mi mano. Me sentí decidida a chupársela, pasé mi lengua por la punta; sus fluidos me resultaban un delicioso néctar, al menos así lo sentía. Al meterlo en mi boca el can jadeaba, yo me sentía tan puta y me agradaba serlo. su verga llenaba mi boca, estaba tan caliente que la humedad de mi sexo hacía que se pegara a mi tanga. Mientras atendía a mi perro me tocaba para darme placer y acercarme al orgasmo. De pronto sentí como su semen llenó mi boca por completo, bebí hasta la última gota como la mejor de las putas. Me quité la tanga, volví a recostarme y él por instinto se acercó y empezó a lamer mi vagina. ¡Oh Dios, que rico se sentía! Me retorcía de placer en la cama, tenía mis brazos levantados y me aferraba al resplado de la cama cada vez que su lengua se deslizaba por completo en mi sexo. Ya no podía aguantar mis ganas de acabar, las contracciones en mi vagina eran tales que me dejé llevar por esas maravillosas sensaciones de placer y caí en los brazos de un intenso orgasmo. Seguía con ganas de más, volví a tomar su miembro y masturbarlo, empezó a realizar el movimiento tipico de coito, me acomodé y se puso sobre mí sin lograr atinar a mi húmeda vagina, decidí ayudarlo alzando las piernas y con estas abrazándolo por sus costados hasta que en una de esas embestidas me penetró; fue algo intenso, sentir como aquel enorme pedazo de carne se abría paso en mis entrañas. Grité, gemí y me retorcí ya que se movía a un ritmo muy rápido, mis gemidos eran más intensos, sentía que me ahogaba ya que mi respiración estaba tan agitaba que apenas el aire llenaba mis pulmones; intentaba calmarme pero estaba perdida en el placer. Pasados 10 minutos él se tranquilizó y explotó en mi interior, sentí como me inundaba de sus fluidos que ya escurrian por mis piernas; terminé rendida, me sentía una perra que había complacido a su macho perdida en el placer cerré mis ojos y me dormí profundamente.

Esa noche él durmió conmigo en mi cama; por la madrugada una sensación placentera me levantó, era el lamiendome la concha. ¡Dios! ¿Hasta dónde podría resistir? Me sacó dos intensos orgasmos que me dejaron al borde del colapso. Estaba tan caliente que me puse en cuatro decidida a quedarme enganchada de mi amante. En su primer estocada me insertó toda su verga, me cogía muy fuerte y me arañaba la espalda. Después de un tiempo volvió a ceder en sus bombeos y agarrándome muy fuerte su enorme bola entro en mí; me dolió, era enorme hasta que ese dolor se volvió placer. Era tan exquisito tenerlo dentro que me masturbé mientras estaba pegada; jadeaba como una perra, incluso babeaba de placer. Después de dos orgasmos por fin nos separamos, se quedó arriba de la cama mientras se lamía su enorme miembro el cual por fin pude observar detenidamente; era enorme, grueso y goteaba su exquisito esperma. Necesitaba sentirlo en mi boca para saciar mi sed, acaricié su lomo y él se recostó de espaldas; tomé su momento aún palpitante y comencé a lamer. Lo deseaba tanto así que no resistí y lo metí en boca, se lo chupaba de manera frenética, sentía como salían sus tibios fluidos preseminales. ¡Era maravilloso! Mientras lo chupaba me masturbaba, mi placer era descarado y salvaje. Al cabo de unos minutos pude sentir como su semen empezó a brotar y a llenar mi boca por completo. Después de saborear su delicioso néctar ambos pudimos conciliar el sueño y descansar plácidamente.

Creo que mi vida cambió por completo, ya que desde aquel día al salir del trabajo acudo a tiendas a comprarme ropa sexy para enseñarsela a mi perro, él cada que me ve vestida de esa manera enseguida se me monta encima y como una perra complaciente me coloco en cuatro para que haga conmigo lo que desee.




Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Q ricoo y excelente relato hace mojar a cualquiera transformándose en una perra en celo para disfrutar de su compañero fiel donde se puede ser puta y zorra para el can sim necesidad de necesitar de nadie exquisito

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  2. 😈🔥🔥como siempre Perversooo
    Excelente relato mí amor 💋

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