33. Cómo descubrí lo puta que soy



Mi nombre es Katiuska, tengo en la actualidad 43 años bien conservados. Ojos azul cielo, cabello rubio hasta la cintura y buen físico ya que el gimnasio y la dieta ayuda. Tengo una relación intensa con mi esposo que es mayor por tres años. Gracias a él he ido conociendo el placer del sexo, ya que en las anteriores relaciones que tuve nunca pude lograr lo que él me ha mostrado. Bueno amigos, entiendo que ustedes no están aquí para leer lo buena que es mi vida y lo exitoso de mi matrimonio, puedo imaginarlos pensando en qué me de prisa para que puedan leer lo que han venido a leer.

Bueno amigos, esto comenzó hace 18 años, después de casarnos, creo que al mes. Siempre vestia algo recatada, pues soy un poco voluptuosa, cosa que me avergonzaba  de cierta forma ya que los hombres me quedaban mirando como si me desnudaran con la mirada. Él observaba y notaba como bajaba la mirada en cada momento en que me sentía acosada por las miradas libidinosas. Él se encargaba de decirme lo buen que me quedaban las blusas más ceñidas y escotadas, también a jugar con los contrastes de colores para que se resaltara mi ropa interior debajo de las blusas, cuántos botones debía soltar para mostrar el contorno de mis senos. Así como usar jeans pegados para lucir mi trasero; no niego que la idea me era un tanto excitante pero tenia miedo de la reacción de los lobos feroces que pululan en la calle; el solo hecho de pensar que tal vez no controlaran sus impulsos era algo que me detenía para complacer a mi esposo. Al final me decidí y comencé a vestirme de la forma en que mi marido me sugería. En ese tiempo era una mujer de 25 años y entendí que debía sacarme partido, que las monjas estaban en los conventos y debía hacer algo para verme y sentirme linda. Aprendí a sobrellevar esas miradas lascivas y disfrutarlas, al grado de muchas veces sentirme caliente por las cosas  sucias que me decían algunos insolentes y pervertidos hombres que me veían pasar. Muchas veces debía llegar a casa para apagar el fuego que traía en mi entrepierna al sentirme deseada por otros hombres. 

Un día estaba esperando el bus para ir de mi trabajo a casa, había sido un día largo; estaba agotada y lo único que quería era llegar pronto a casa. Después de esperar al fin se divisa a lo lejos el bus que me llevaría a mi casa. Ese día vestía un jeans azul ajustado desde el trasero a los tobillos y unos zapatos de taco alto, una blusa negra con algunos botones abiertos que dejaban poco para imaginar. Subí, avancé al fondo buscando un asiento desocupado pero el universo se había encargado de que nada saliera a mi favor, así que me tocó ir de pie. A medida que el bus avanzaba se iba llenando de gente y era casi imposible mantenerse lejos de alguien, ya que los espacios se hacían cada vez más pequeños. Intenté concentrarme en la música de mis auriculares y visualizar un paisaje tranquilo, ya que había un hombre detrás mío que se pegaba cada vez más a mis nalgas. Me resultaba un tanto excitante, ya que el movimiento del bus ayudaba a qué en cierta forma pasara desapercibido el más leve movimiento mío como de él. Se movía lento, siguiendo la figura de mis nalgas, empezaba a jadear despacio y a susurrar: "¡Qué ganas de meterlo en tu delicioso culo!". Mi respiración se agitaba tanto como la de él, en cada moviendo notaba lo duro que su miembro se ponía; lo imaginaba en mi boca tragando hasta el último de sus centímetros, no entendía porque me sentía tan caliente y puta, solo quería que invasores mi culo con su verga y me hiciera gritar en el bus como una mujerzuela. Bajó el maletín que traía en una de sus manos y lo puso entre mis piernas, la excusa perfecta para abrirme y tener acceso no solo a mi culo. Creo que sin disimular se tomó de mis caderas empezando un movimiento un poco más descarado y pegándome con fuerza a su pelvis, yo solo gemía deseosa, húmeda y con ganas de ser cogida sin ningún pudor. Mi esposo había creado un monstruo sexual que se había desatado. 

"Quiero follarte zorra" –me decía. ¡Oh, Dios, lo había adivinado! Era una zorra que deseaba explorar todos los placeres del sexo; en ese instante desperté y descubrí es ue había perdido mucho tiempo en descubrir que sería una puta hambrienta de verga. No sé si fue un impulso de mi parte o tal vez las ganas de sentir esa verga en mi mano, que invadí su pantalón, deslicé mi mano hacia atrás y subí por su muslo hasta llegar a la cremallera; de manera descarada metí la mano en su pantalón y hurgué en su ropa interior. ¡Por Zeus! La sentía gruesa y palpitante. Pasaba mi lengua por los labios imaginando lo rico que sentiría al chuparla completa. De verdad la sensación era intensa, a eso sumado que había gente alrededor le daba el suficiente morbo a la escena para desatar los intensos demonios del sexo que estaban reprimidos en mi interior. Sin pudor lo comencé a masturbar, él gemía en mi oído diciendo que lo hiciera más rápido. "No importa que te vean o lo que digan, tú solo sigue haciéndolo de manera más intensa" –me  decía. Yo no podía aguantar mi excitación, quería que el desconocido acabará en sus calzoncillos; cada vez lo hacía más rápido, el me regalaba deliciosos gemidos y mi entrepierna se humedecía mucho más. Hubo un momento en que él ya no pudo aguantar y su verga explotó de placer; también sentí como el placer me inundó al grado de gemir de manera descontrolada. Al volver la racionalidad me di cuenta que me había pasado de dónde debía bajar pero valió la pena ese juego ya que me dí cuenta que podía ser lo que mi esposo sueña tener.

Han pasado algunos meses desde esa experiencia, aún no puedo dejar de recordar esos gemidos varoniles en mi oído, aquellos movimientos que restregaban esa deliciosa verga en mis nalgas y la manera explotó cuando ya todo estaba culminado. Me masturbo pensando en ese delicioso momento cuando el pudor me dejó por completo y se apoderó de mí la lujuria. Ahora, antes de tener sexo mi marido pone películas porno para calentarnos más; sobre todo esas donde aparecen tríos o gangbang. No niego lo excitante que es mirar la forma en que la protagonista es follada por dos o más hombres a la vez y sentirse llena de semen por todos lados. Mientras me cogía me decía"¿No te gustaría estar así, cogiendo con otros? Porque a mi si me gustaría verte". Al principio no aceptaba directamente sino que imaginaba esas escenas en mi mente, me calentaba esa morbosa idea y me masturbaba pensando en lo placentero que sería. No quería aun decirle a mi marido, él fue con quien inicie mi vida sexual y tenía miedo que nuestra relación no funcionara después. Así seguí durante varios meses, hasta que cogiendo le dije que sí. "Quiero que me follen entre varios y me hagan sentir puta, que dejen todo mi cuerpo lleno de esa espesa leche y me dejen tendida en la cama pidiendo piedad" –le dije. Sonrió y me dijo: "Sabía que aceptarías, en tus ojos se nota lo mucho que lo deseas". No podía esconder ese deseo incontrolable y le dije: "Tú pones ideas en mi cabeza, no niego que imagino cada una de las escenas que vemos cuando cojemos y me caliento al pensarlo pero hasta el momento están guardadas como escenas". "Está bien pero voy a hacer algo para remediar eso" –dijo.

Llegó el viernes en la noche, mi esposo estaba algo inquieto, me dice: "Ve a bañarte y te pones la ropa que dejé encima de la cama". Nunca había hecho algo así, me pareció un tanto extraño pero no le di mucha importancia. Me duché, me maquillé y vestí de la manera que me había pedido. Un vestido corto hasta los muslos, un colaless negro y tacones altos; también me sugirió que me dejara el pelo suelto. "Así quería verte vestida para salir, cómo una verdadera puta" –me dijo. No sabía si sentirme halagada o qué pero si a él le gustaba no iba a contradecirlo, ya que tenía razón, estaba caminando a pasos agigantados para convertirme en una puta. 

Salimos a tomar algo a un bar. No tardaron esas miradas que tanto me calientan, incluso me tocaban el trasero de manera descarada cuando pasaban por el lado mío. Era una situación un tanto extraña, no sabía si mi esposo se daba cuenta y se hacía el desentendido o de verdad el creía que no pasaba nada a su alrededor. Tenis en mis manos una copa de vino tinto y disfrutaba de una agradable conversación con mi marido y según por coincidencia se encontró con un compañero de trabajo, caballerosamente le invitó a sentarse con nosotros. No desconozco que el tipo era bien parecido, usaba unos jeans oscuros, una camisa blanca fuera del pantalón y un abrigo de cuero negro que llegaba a los muslos; no se veía mal, parecía que todo era la medida ya que le calzaba perfecto. Unas cuantas copas después y después de una grata conversación le dijo que nos ibamos y que podíamos llevarle a su casa. Hasta ahí todo bien; la música era agradable, nos reíamos de las tonterías que hablamos, de pronto tomamos otro camino, un silencio incómodo me invadió y el compañero de mi esposo se dió cuenta: "¿Katiuska te pasa algo?"–me preguntó. "No, quédate tranquilo; solo disfruto de la música en silencio" –le dije. Mi sorpresa fue que mi marido entró a un motel, yo estaba nerviosa, entramos al cuarto y mi esposo me abrazó y besó; me calentaba la idea de que su compañero estuviera mirando. De repente, sentí sus manos acaricando mis piernas, me quedé inmóvil de momento, poco a poco Pablo subió sus manos por detrás mío hasta llegar a mis senos, sentí como me calentaba más, entre los dos me quitaron la ropa. Luis, mi marido me recostó en la cama, ya sin ropa y puso su verga en mi boca, por el otro lado Pablo también acercó su verga a mi cara Estaba muy caliente, tenía las dos vergas a mi alcance; sin pensarlo las chupé ambas con deseperación, estaba ahí para complacerlos, para ser puta y para que mi marido se sintiera orgulloso de lo perversa que podía ser. Mientras me metían los dedos en la vagina y el culo, alucinaba conesas deliciosas vergas en mi boca, babeaba y cerraba los ojos disfrutando de ese placer. En un momento disfrutaba tanto de la verga de mi esposo que me perdí en el placer, fue cuando Pablo tomó mis piernas, las colocó en sus hombros y de una embestida me la ensartó por la vagina. ¡Wow, qué sensación tan rica! Intento aún descifrar lo que sentí en ese momento pero solo recordarlo hace que me ponga caliente y húmeda por ese delicioso momento vivido. Pablo se movía de manera bestial, arrancando gemidos de lo más profundo de mis entrañas. Me retorcía de placer y no sacaba la verga de Luis de boca, me sentía tan llena de lujuria que habían momentos en que cerraba mis ojos y me dejaba llevar por la pasión. repente Luis me dijo: "¿Te gusta la sorpresa que te di mi putita?". Escucharlo me calentó más y le contesté: "¡Sí, sabes qué sí! Ahora soy tu puta y la puta de tus compañeros de trabajo. Papi me encanta ser putita". 

Jadeante, temblorosa y con ganas de más, después cambiaron de lugar, ya no podía resistirme al placer, me aferraba de las sábanas mientras era cogida por la vagina y la boca. Un temblor me invadió por completo, mis latidos se hicieron más intensos y mi respiración se agitaba al punto de costarme respirar, los signos evidentes de un orgasmo. Caminaba con pasos agigantados al placer hasta que me perdí en sus brazos. Al notarlo ellos, decidieron que era el momento de ir más allá. Pablo se recostó y me hizo subirme sobre sobre él, ensartando denuna su verga en mi candente vagina. Luis me hizo lamer sus dedos y llenarlos de saliva la que untó en mi culo, empujaba de a poco hasta que mi culo se abrió para recibir su miembro y entre los dos me dieron duro. "¡Mierda que rico!" –gritaba mientras ellos marcaban un ritmo casi imposible de seguir. No sé cómo pero en perfecta sincronía ambos llenaron mis agujeros a la vez con ese tibio semen, me quedé inmóvil sintiendo como escurría por mi interior y después salía chorreando mis piernas. Estaba cansada, temblorosa pero deseosa de seguir viviendo este tipo de experiencias.

Había amanecido y teníamos que dejar la habitación. Dejamos a Pablo en su casa y llegando a la nuestra aún estaba llena de leche. Luis volvió a cogerme diciéndome: "Ven mi puta, te voy a follar como lo que eres". Solo recuerdo que hubo un momento en el que perdí la conciencia y al abrir los ojos ví a marido taladrando mi culo como un desquiciado. Desde ese día me lleva a coger con sus amigos, cuando llegamos al motel me dice: "Ándale mi puta haz lo que mejor sabes hacer". Obediente me dispongo a darles el placer que me piden; cuando me jalan del pelo me caliento tanto, también cuando me hablan con groserías y me obligan a mamarles la verga. Lo malo es que ya me acostumbré a ser puta, mi panocha anda siempre caliente, deseosa de verga, en algunas ocasiones salgo a escondidas a verme con algún compañero de trabajo de Luis o mío y este a su vez pues invita a otro y me dan duro hasta casi no poder caminar. Esa es mi historia, gracias a Luis descubrí lo puta que soy, sé que a él le gusta, siempre que cogemos en casa me dice lo puta que soy y cuánto le gusta estar conmigo y con alguno de sus colegas a la vez. Ya perdí la cuenta de cuantas vergas me han cogido y espero con ansias seguir siendo la puta de mi esposo, la puta de sus compañeros de trabajo y de quién yo quiera tener en mi cama.





Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Ufff q delicioso que le cojan como a perra en celis dispuesta a complacer los mas bajos placeres y lista para complacer al resto que se impongan y mas q todo ser lo mas puta que se pueda llegar a imaginar felicitaciones caballero

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  2. Delicioso relato que mueve las fantasías de mi ser cachondo gracias Caballero!

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  3. Mi amor mi demonio Perverso 🔥🔥 me conoces bien amor. .. soy tu putita
    Tu diablita💋...me encantan tus relatos

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