Hola me llamo Daniel acabo de cambiarme de Región para estudiar la universidad. Les cuento que vivo en una Región alejada de Chile, por eso el viaje y ya que donde vivía la universidad no tenia la carrera que yo quería, tuve que venir a Santiago. Al llegar renté un departamento en un edificio lo mas cerca de la escuela que pude conseguir para no perder mucho tiempo en mi trayecto, el edificio casi no contaba muchos inquilinos, la mayoría eran propietarios pero había algunos que veían un negocio rentable arrendar a los universitarios desesperados de provincia que no tienen familiares en Santiago. Ocupé ell último piso de 21 que tiene esa fíjate mole de concreto. Frente a mí quedaba un departamento por arrendar y el penúltimo piso estaba casi vacío.
Al momento de mudarme me encontré con una mujer con un cuerpo perfecto como a todos los hombres incluyéndome nos llama mucho la atención, mujeres con grandes senos y un culo bien formado con una cinturita con un cuerpo de puta de lujo que es algo raro de ves en estos días ya que las mujeres últimamente no se preocupan por su físico tanto como antes. Me quedé con la boca abierta y paralizado al verla frente a mí pensando que solo me la había imaginado de tanto porno que he visto. Vestía unos pantalones ajustados que marcaban sus piernas y su culo que al llevar tacones se le marcaban más y una blusa escotada mostrando las lineas de tus pechos al verme se acercó con una sonrisa.
"Hola mucho gusto, mi nombre es Isabelle" –me dijo con una sonrisa dándome la mano para saludar. Dejando de pensar si era solo mi imaginación reaccioné dandole la mano para saludarla. "Hola es un placer conocerla mi nombre es Daniel" –le dije sin dejar de mirar su escote disimuladamente mientras la intentaba ver a la cara. Lanzó una pequeña risita que al parecer creo que se dio cuenta yo no dije nada solo reí con ella. "¡Asi que por fin tengo vecino!” –dijo con esa sonrisa endemoniada que resaltaba sus carnosos labios y su bellos ojos verdes. "Si me acabo de mudar vivire aquí por un tiempo, así puedo hacerle compañía para que no esté tan sola" –le dije confiado y ella se quedó con los ojos abiertos sorprendida. Me miró y dijo: "Si vecino alguna dia podemos tomarnos un café y platicar". La verdad no esperaba eso, pero respondí: "Claro vecina cuando guste" –le dije con una sonrisa mientras me acercaba más a ella. Se empezó a poner nerviosa y buscaba como escapar de mí. "Bueno vecino, me tengo que ir hacer unas compras luego nos vemos" –se despidió con esa bella sonrisa y su voz algo nerviosa, tal vez se dió cuenta de la manera evidente que miraba sus tetas. "Ok vecina, con cuidado no se la vayan a robar" –le dije de manera perversa. Rió nerviosa y dijo: "No se preocupe vecino".
Mientras se alejaba veía como ese culo se le movía de un lado para otro pensando que me masturbaría pensando en ella hasta acabar, mientras tanto estaba terminando de acomodar las cosas de la mudanza muy tarde, ya había oscurecido, ni me di cuenta cuando regresó mi vecina para volverle a mirar las tetas y el culo rico que tiene. Quedé tan agotado que tocando la cama me quede dormido sin siquiera saciar mi lujuria por aquella mujer madura. Como al siguiente día era domingo me levanté sin ganas de hacer nada, me di cuenta que no tenia nada para comer en todo el día, así que debía ir al super a comprar lo necesario, solo me puse un pantalón negro y una playera blanca. En cuanto abrí la puerta de mi departamento pude ver a mi vecina salir al mismo tiempo, al verla sentí alegría en mi entrepierna, llevaba una blusa con tirantes color gris y un short blanco, una bata. Lucían perfecto en ese cuerpo de puta, se le marcaba todo, sobretodo sus tetas y culo, de verdad era una delicia, en el momento que me vio me saludó: "Buenos días vecino. ¿Cómo se encuentra el día de hoy y la mudanza?". "Cansado vecina, con ganas de no hacer nada en todo el día pero me di cuenta que no tengo nada para comer, así que iré de compras". –le dije mientras no dejaba de ver su cuerpo, ella se dio cuenta que la miraba y se puso nerviosa, intentó cubrirse con su bata pero de todos modos se le marcaba su figura de puta, al verla sonreí con la forma que se comportaba ella.
"¿Qué hace levantada tan temprano vecina?" –le dije con una sonrisa algo perversa. "Estaba a punto de desayunar pero escuche un ruido Afuera y pensé en salir a ver" –respondió nerviosa. Decidí hacer mi movimiento, ya que desde que la vi ayer dije que esa puta no se me iba a escapar viva; estaba muy buena como para no aprovecharla. Además, soltera, vivía sola y se notaba que necesitaba verga. "¿Qué le parece si desayunamos juntos para que no este solita? Así nos conocemos más como vecinos" –le dije al mismo tiempo que me acercaba más a ella, quedado pocos centímetros de su cara. Ella no decía nada, solo respiraba agitada. "No creo que sea lo correcto, nos acabamos de conocer" –me decía desviando la mirada y en un tono nervioso. "Eso no importa, la idea es que nos conozcamos mejor, ya que será mucho tiempo el pasaremos juntos" –le dije al oído. Me miró a los ojos y dijo: "Tienes razón. Bueno, pasa y toma asiento". Al entrar ella agachó la cabeza sin decir palabra. "Isabelle, siéntate a mi lado y charlemos un momento" –le dije. "Me esperas, voy a prepararte un sándwich y un café" –me dijo. Llegó las cosas preparadas para desayunar, un café que olía delicioso y un vaso de leche para ella, más los dos sandwich. Le dije: "Por lo que veo a ti te encanta la leche" –le dije en tono burlón. No podía despegarme de sus tetas, estaba embobado viéndola. "Isabelle, siéntate a mi lado y cuéntame de tu vida" –le dije. Se acercó y me dijo: "No hablo mucho de mí, pero te contaré. Te darás cuenta que no soy una jovencita, tengo 39 años, soy separada y tengo una hija de 20 años que vive en otra ciudad. No tengo muchos amigos ni de salir tampoco, soy más una mujer que va de su casa al trabajo y viceversa". "Suena interesante. ¿Por qué no sales? ¿Tienes algún novio?" –pregunté. Ella no respondió. "Entiendo que no tienes novio entonces" –le dije. Asintió con la cabeza y dijo: "Ya basta de hablar de mí. Ahora cuéntame de ti Daniel". Tengo 20 años igual que tú hija, estoy aquí por estudios, no tengo novia y me gustan las mujeres mayores" –le dije. En sus ojos se veía el nerviosismo, incluso al mirar sus tetas noté que su pezones se erectaron y mojó sus labios disimuladamente con su lengua.
"¿Deseas algo más?" –me preguntó. "Sí, una taza de más de café y que me acompañes con un vaso de leche pero esta vez en un plato, el que pondrás en el piso y lo lamerás como una perra" –le dije. Ella me miró, bajó la cabeza y fue a la cocina, venía con todo lo que le había dicho. "Sabes, no sé porqué mierda te obedecí, eres un mocoso impertinente que se cree el dueño del mundo. Así que sal de mi departamento ahora" –dijo enojada. Me levanté de la silla, me acerqué despacio. Isabelle temblaba de miedo. Le dije a su oído: "Eres una perra muy brava, no sabes cuánto me excita eso; vas a ser entrenada, te volverás una perra dócil y obediente. ¿Está claro?" –le dije. Enmudecida no sabía cómo responder. "Solo responde sí Señor" –le dije. Titubeante dice: "Está bien". "Entonces, bebe tu plato de leche perra" –le dije tocando sus nalgas mientras me senté otra vez en la silla para tomar mi taza de café.
Verla en cuatro lamiendo la leche del plato era alucinante, no dejada de sobarle el culo, no decía nada, al contrario le gustaba, así lo percibía; su respiración era agitada, más aún cuando metí la mano por debajo de su short para sentir la dureza de aquel delicioso culo que tenía a mi merced. Deslizaba mis dedos suavemente por esas firmes nalgas y las apretaba con algo de fuerza, la presión la hacía gemir sin dejar de lamer la leche del plato. "Eso mi perrita, sigue así; debes lamer hasta la última gota del plato" –le dije. Respondió: "Sí Señor, seré una buena perra". Bajé su short hasta su muslo para tener mejor acceso a su culo y explorarlo con facilidad; no dijo nada, solo se dedicó a dejar que mis manos se pasearan de manera descarada por su culo, siguiendo hasta su húmeda y deseosa vagina. "¿Veo que eres una puta caliente" –le dije. Seguía el recorrido de mis manos y sintió como uno de mis dedos acarició su clítoris, haciéndola estremecer por completo y no pudo contener gemir un poco más fuerte. "Se nota que lo disfrutas" –le dije. "Sí Señor, mucho. Hace tiempo que manos masculinas recorrían mi cuerpo" –me dice. "Se nota, porque ya estás húmeda y eso que no he empezado contigo" –le dije.
"Desnúdate" –le ordené. Me puse frente a ella y la levanté del pelo. Me quedé parado viendo cómo se quitaba la ropa lentamente; ya en sus ojos no había temor, se percibía la lujuria y el deseo. Ya completamente desnuda la tomé del cabello y la llevé hacía la fría pared de la sala, ahí en completa libertad mis manos se paseaban por todo su cuerpo; jadeante se estremecía al sentir como mis dedos apretaban sus pezones para que se pusieran erectos, esa bendita sensación de como se endurecían era alucinante. "¡Oh, Señor! Se siente delicioso" –exclamaba con vehemencia. Casi al borde de la locura se estremecía cuando mis manos bajaban por su vientre hasta llegar a su entrepierna. Separa sus piernas ofreciendo su húmedo sexo para mí deleite, casi sin esfuerzo dos de mis dedos se meten en su interior, gemía y buscaba mis labios para besarlos pero aún no había ganado ese privilegio, por lo que debía conformarse con morder sus labios para frenar esos impulsos. La húmedad de su vagina era tal que sus fluidos escurrían por mis dedos, se los daba a probar y ella de manera obediente los lamía, sonreía de manera perversa al verla, pero ya era tiempo de hacerle saber lo que venía de ahora en adelante.
"Desde ahora, no podrás mirarme a los ojos ni hablarme a menos que yo lo permita, tampoco podrás masturbarte sin mi consentimiento; tus orgasmos serán un premio y no un derecho, ya que me pertenecen y harás lo que quiera que hagas sin contemplaciones ni cuestionamientos. Lo que te diga será una ley, una forma de conducirte. Desde ahora eres mi propiedad y lo serás hasta que tú decidas ser libre, siempre tendrás la libertad de volar cuando así lo dispongas, nunca la puerta de tu jaula estará cerrada ni cortaré tus alas para que no emprendas vuelo. También quiero que entiendas que si cometes alguna falta serás castigada, aceptarás ese castigo en silencio y ofrecerás tu cuerpo en sacrificio para que la justicia sea complacida. No te dejaré sola después del castigo y te abrazaré para que seoas que no solo seré un verdugo sino un refugio cuando así lo solicites. Tu cuerpo será de uso exclusivo mío, no te pertenecerás a ti misma, sino a mí porque así tú lo decidirás" –le dije. En silencio escuchó cada palabra de mi boca, entendió que su papel sería complacer mis deseos morbosos y llevarlos al extremo. Por última vez me miró a los ojos y dijo: "Estoy dispuesta a servirle y ser quien usted quiera que sea. Solo le pido que sepa cuidarme, ya que cómo usted dijo le pertenezco. Cumpliré sus órdenes y sus pensamientos más morbosos, entiendo lo que pasaré a ser y lo aceptó en completa obediencia. Aceptaré cada castigo que usted imponga, ya que entiendo que será para mí beneficio". No podía dar crédito a lo que escuchaba, ella sabía a lo que me refería. "¿Has vivido este tipo de relación antes?" –le pregunté. Ya que no podía hablar, asintió con la cabeza. "Muy bien. Entonces será de esa forma" –le dije.
Tomé mi celular y le dije: "Quiero que bailes para mí". Con sus ojos hacía el piso asintió otra vez. La música comenzó a sonar y ella se conteneaba siguiendo el ritmo, en verdad era una mujer sensual; estaba excitado mirando como se movía. "Puedes mirarme mientras bailas" –le dije. Su mirada era algo intensa y perversa, esos ojos se clavaban en los míos invitándome a la lujuria; con sus ojos y el movimiento sensual de cuerpo me pedía que la follara. Me senté para observarla con más detenimiento, acariciaba mi miembro por sobre el pantalón obsesionado con la lujuria que Isabelle despertaba.
Se me acercó para calentarme más de lo que ya estaba, al sentir las suculentas tetas de Isabelle pasar por mi rostro no podían aguantar las ganas de mamar esos ricos pezones qué, solo con el roce de mi lengua se ponían duros. Me susurró al oído: "¡Señor tómeme!". Sonreí con malicia, observé con detalle su cuerpo; sin duda era un desperdicio dejarla con las ganas de ser follada, era mi mayor oportunidad para que demostrara cuán dispuesta estaba a entregarse. Me quité el pantalón, me masturbaba viendo cómo se movía y le dije: "Es hora de que pruebes hasta donde vas a ser capaz de llegar y complacerme". Me miró y con sus ojos dijo todo lo que cualquier hombre en mi posición quiere escuchar. Se arrodilló y comenzó a gatear hasta donde estaba yo, mi corazón palpitaba con tal fuerza que saltaría de mi pecho. Tomó mi miembro y lentamente deslizó su lengua por él, de la base al glande, incluso lamiendo mis testículos. ¡Uf! Ese delicioso estímulo hacía que mis manos recorrieran su cabello y le dijera: "¡Eres una buena perrita, sigue así!". La lujuria se mostraba sin pudor en su mirada y eso la verdad me calentaba mucho, ver el deseo encendido en sus ojos después de haber visto miedo, titubeos y desconfianza era sin duda un valioso premio conseguido en corto tiempo.
Disfrutaba tanto la tibieza de su boca cobijando mi verga, que no podía parar de gemir al sentirla chupándola embelesado. La tomé del cabello y le dije: "Ahora serás montada como una yegua. ¡Ponte en cuatro y solo disfruta!". Obediente fue al frío piso y complaciente me ofrece su sexo y su culo para ser usados a mi placer. Sin dudarlo metí mi verga en su apretado culo, el grito de dolor se escuchó en cada rincón del departamento; la verdad eso no importaba, era mi tiempo de disfrutar. Me movía despacio, deseaba que sintiera como mi verga abría su culo en cada movimiento, ella jadeante suplicaba para que aumentará mis movimientos. Cada vez con más fuerza embestía su culo. ¡Qué manera más perversa de gemir! Escucharla era un deleite, esa voz suplicante: "¡Por favor deme más fuerte!". Uuuuffff, era una sinfonía.
Estaba casi al borde del orgasmo cuando me detuve y cambié su agujero por su deliciosa concha, sin problemas entré hasta el extremo y le dí con fuerzas. "Señor, ya no resisto" –decía. No quería que acabara aún, solo quería dejarla sin fuerzas y follada por todos sus orificios. Ya cuando estaba completamente al borde del colapso y suplicaba por acabar deliciosamente, le dije: "Puedes hacerlo perra, acaba como la puta que eres". Se retorcía, jadeaba y hablaba de manera sucia mientras se entregaba al orgasmo, su vagina palpitaba y sus fluidos escurrían por sus muslos. Esa manera perversa de entregarse al placer la hacían única, era mi perra, mi puta y disfrutaba de ese perverso placer. Saqué mi verga de su vagina, la puse de espalda y sin descaro me masturbé frente a ella, al cabo de unos minutos mi verga explotó llenando su cara de mi espeso semen, como buena perra lamió hasta la última gota con esa cara de morbo y perversión.
Quedó exhausta en el piso, la miré y le dije: "Bueno vecina, vamos a tener mucho tiempo para pasarla bien. Tu puerta siempre estará abierta para venir a usarte cuando así lo desee. Mientras estés en tu departamento siempre estarás desnuda para mí deleite". Me dijo: "Así será Señor". "Tengo muchos planes para ti puta" –le dije mientras sonreía de manera perversa. No dijo nada y salí pensando: "No fue perdida de tiempo trasladarme a otra ciudad".
Pasiones Prohibidas ®

Cómo siempre su narrativa es excelente mi señor y la forma en que detalle a detalle trasmite ese deseo perverso y lujurioso es única 💋💋
ResponderBorrarUfffff excelente relato me ecanto como la domina y la vuelvw puta de sus mas bajas pasiones es incleible sentirse asi tan perra para su Dueño y entregarse sin condición alguna
ResponderBorrarMuy buena descripción, excelente trama,
ResponderBorrarComo siempre es un verdadero placer leerle.
ResponderBorrarUsted sabe q me encanta cada uno de sus relatos y me quedo con un buen sabor de boca al leer tan exquisites.
Como siempre es un verdadero placer leerle.
ResponderBorrarUsted sabe q me encanta cada uno de sus relatos y me quedo con un buen sabor de boca al leer tan exquisites.
Es lo mas excitante y de gran deleite leerlo y mojarme con sus escritos
ResponderBorrarExelente q talento
ResponderBorrarUff la fantasía de cualquier sumisa que llegue un rico Dom a poseerla que rico me deleitó con sus relatos Mr.P
ResponderBorrarMuy buena narración me deleite al leerlo 🤤🤤
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