Para empezar esto es algo al que nunca nadie se lo he contado, sólo mi madre y yo lo sabemos. Aunque al trazar estas líneas pienso en que tal vez es mejor dejar el pasado enterrado y no remover la tierra para sacar a luz esos recuerdos que pueden transtornar a aquellos moralistas que siempre van a criticar de una forma u otra.
Me llamó Fabián, los que les voy a contar ocurrió hace muchos años atrás; en la actualidad soy un hombre casado, tengo una hermosa familia y una mujer que me tiene enamorado desde lo más profundo de mi ser. Tenía 18 años; estaba en la universidad cursando el primer año de Derecho. Jugaba fútbol por lo que me mantenía en forma, también me gustaba verme bien aunque no tuviera muchos lujos como algunos de mis compañeros que venían de familias acomodadas y con buen pasar. Yo era el primero de la familia en asistir a la universidad por ende no habían muchos recursos en casa.
Mi madre, en esos años era una señora de 42 años, madura; parecía ser muchísimos más hermosa y radiante, 1.68 de estatura y por si fuera poco, poseía un cuerpo digno de alguna diosa. Con senos perfectos y muy deliciosos con una aureola bellísima. Un rostro perfecto, hermoso por donde se viera; unas piernas muy fuertes y torneadas, por si fuera poco su trasero un hermoso manjar con nalgas duras, con caderas grandes y una cintura diminuta. No era raro que mis antiguos de secundaria la piropeaban e incluso me decían lo mucho que disfrutaban fantaseando con ella en la cama. Una mujer muy respetuosa y pulcra, iba al gimnasio con regularidad, cuidaba su salud y su alimentación, asistía a la iglesia todos los domingos y como una buena mujer amaba a su familia con un amor tan grande como el universo mismo.
Mi padre. ¿Qué podría decir de él? Un hombre de 45 años, moreno, bajo de estatura, subido de peso que además, era un borracho y casi nunca estaba en casa por su trabajo según, ganaba bien, pero por su alcoholismo dejó de ponernos atención a mi madre y a mí, también dejó de ser el proveedor ya que su alcoholismo consumía casi todo su sueldo.
Bueno, les contaré que empecé a fijarme en las mujeres de manera sexual a los doce años, pero en fijarme en las virtudes de hembra de mi madre cuando tenía alrededor de los quince cuando la ví saliendo de la ducha sin toalla puesta. Algo sucedió en mi mi miembro ese momento que me alborotó y tuve que ir a mi habitación para descargar esa excitación que me invadió.
En fin, no quiero aburrirlos con detalles, así que iré al grano y ustedes serán los responsables de lo que puedan o no sentir al leer.
Era periodo de vacaciones, había terminado con éxito la enseñanza media y dado la prueba de selección universitaria con puntaje nacional, lo que me permitió ganar la gratuidad en la carrera que escogiera e incluso podría darme el lujo de escojer la universidad en dónde estudiar. Mis padres estaban felices por el logro alcanzado, ya que les conté antes que era el primero en mi familia en tener estudios superiores. Aunque ese año no salimos a ningún lugar, sabía que estaríamos juntos en familia, aunque mi papá solo pasaba en casa tres veces a la semana por ya que para él era más placentero pasar tiempo en el bar bebiendo o de fiesta con sus amigos que en casa con nosotros. Ella sabía que su problema era el alcohol y que aunque él fuera infiel ella le perdonaría todo. en mis adentros pensaba en lo imbécil que era mi viejo, ya que teniendo una mujer tan exquisita en casa prefería estar tomando en vez de follarse hasta el cansancio a ese monumento de mujer.
El deseo por mi madre era tan fuerte que solo pensaba estar con ella. Siempre fui muy amoroso con ella, pero buscaba la forma de poseer ese maravilloso cuerpo pero no sabía cómo. Investigué pero nada me convencía yo sabía que si yo intentaba algo con mi madre y no funcionaba toda mi vida se vendría abajo.
Veía que mi madre nunca volteaba a ver a ningún hombre, aunque cuando salíamos a la calle todos la observaban tanto jóvenes como ancianos le comían el culo con la mirada, no me molestaba eso, al contrario, me hacía sentir algo de orgullo e incluso excitación que fuera objeto de miradas obscenas. También me gustaba ir con ella al gimnasio y verla sudar en las máquinas imaginando que cogíamos hasta quedar envuelta en su transpiración, y también ver cómo los hombres no le quitaban los ojos de encima tal vez fantaseando lo mismo que yo. Al terminar su rutina de ejercicios se acercó a un joven que se notaba que "vivía" en el gimnasio, ya que su cuerpo lo dejaba ver. La ví que reía como adolescente enamorada, por primera vez sentí celos, me dije a mi mismo: "Tengo que evitar que ella cometa una locura, ella tiene que ser mía".
Llegando a casa le dije lo que había visto lo que ella hizo, con cara de no saber a qué me refería me dijo: "¿Qué cosa?". Le dije: "Te acercaste a un hombre en el gimnasio y estabas de lo más alegre conversando con él. No lo niegues porque yo mismo te ví". Me dijo: "Hijo, el chico éste es alguien que ayuda a las personas en sus rutinas de ejercicios y si me reía con él no por nada malo, sino que también se socializa, ya que nos vemos siempre que voy. Insistí: "Pero no es necesario que te rías tanto, tampoco es necesario que él te mire de la manera en que lo hizo". Ella me pidió perdón y dijo que se sentía avergonzada, qué jamás se volvería a repetir y si así fue. Otra vez que la acompañé el "musculín" se le acercaba y mi madre lo rechazaba; al estar en el papel del "marido celoso" pensé que tal vez sólo quería engañarme y así esconder alguna posible aventura pero debía estar seguro. En esos tiempos no habían teléfonos inteligentes, nubes de almacenamiento ni redes sociales, debía solo confiar en lo que ella decía, pero al ver su comportamiento me ratificaba su completa fidelidad hacía el alcohólico de mi padre.
Era sábado por la noche, estaba en mi cama fantaseando con mi madre, estaba tan caliente que me estaba masturbando imaginando que estaba encima de mí moviéndose con un ritmo suave, el mismo ritmo que mi mano tenía en mi miembro. Cerraba mis ojos para visualizar más mi fantasía, podía oírla gemir tiernamente a media que aumentaba su ritmo, el sudor envolvía su cuerpo y poco a poco jadeaba con exquisito frenesí. Ya casi sin poder resistir acabé de manera deliciosa, incluso sentí que cayó en mi pecho exhausta para recuperar su respiración. No me di cuenta de cómo me dormí pero me sentí satisfecho y complacido por aquella visión que mi excitación me provocó. Eran cerca de las tres de la madrugada cuando desperté, me levanté para beber un vaso de agua pero al pasar por afuera de la habitación de mi madre la misma sensación que tenía mientras estaba en mi cama me invadió, otra vez la sangre empezó a bombear en mi verga haciendo que se me erecte. De pronto un impulso me invadió, abrí la puerta de la habitación y entre las sombras me oculté para verla dormir. Ahí estaba, solo con un corto camisón que apenas tapaba sus muslos. Me acerqué para tener una mejor visión de ese bellísimo cuerpo, la sensual forma de su cuerpo perfectamente envuelto con la delgada tela de su camisón era un espectáculo digno de admirar, ver cómo sus senos se dibujaban de manera perfecta en ese lienzo de tela hacía que la excitación en mí aumentara al punto de empezar a tocarme al lado de su cama. No me importó en ese momento ser descubierto, solo quería sentirla cerca y que viera lo que era capaz de provocar en un hombre, recuerdo que al acabar lo hice con tanto placer que me olvidé de estar de manera furtiva al lado de su cama, solo importaba que cada gota de semen que salió lo hiciera con placer y perversión. Limpié mi mano en el camisón de manera suave y salí sin hacer ruido. Por un momento pensé en despertarla para cogerla con vehemencia pero difícilmente aceptaría tener relaciones sexuales con su hijo. Me olvidé del agua, caminé por el pasillo de manera orgullosa para acostarme y nuevamente conciliar el sueño.
A la mañana siguiente me levanté como si nada, ella me dio un beso de buenos días; me preparó el desayuno y se fue a la Iglesia. Después de desayunar me senté en el living y mi cabeza empezó a fantasear, ahora contaba con un elemento clave: La soledad. Una loca idea pasó por mi mente, en realidad no sé si fuera tan locos como la noche anterior pero nunca lo hubiese hecho antes pero esta vez era diferente. Fuí a su cuarto y revisé los cajones de su clóset y encontré su ropa interior. Había un conjunto de lencería de color rojo que dejaba nada a la imaginación, sabía que esa mujer también tenía relaciones aunque sea con mi padre y me dispuse a masturbarme, envolví mi verga con la diminuta tanga y me masturbé con ella hasta lograr sacar de mi cuerpo cantidades de semen exageradas; estaba agotado, guardé todo en su lugar y sabía dónde iba a pasar todas mis vacaciones masturbándome con la ropa interior de mi madre.
Me fuí a duchar y ahí vi otra oportunidad para masturbarme, había ropa interior de mi madre en el cesto de la ropa sucia, la tomé y de solo olerla me excité, era un olor a sudor y a su vagina. Aunque para muchos pueda ser una asquerosidad hacerlo para mí era mejor que un perfume francés. Me masturbé y me acabé en su calzón dejando mi semen justo en la parte donde se posa su deliciosa vagina; terminé mi ducha, me vestí y fuí al living para ver televisión, pasó alrededor de media hora y madre llegó, me saludó con un tierno beso en la mejilla; después de ahí todo fue un día normal. Ya en la noche se duchó y fue a ver películas conmigo, llegó con el mismo puto camisón de la noche anterior, una bata blanca y no tenía puesta ropa interior. ¡Oh, por Dios que hermosa se veía! Quería besarla y lamer todo su cuerpo en ese momento, verla a mi lado y no hacer nada era una puta maldición. Terminó la película y se fue a dormir. Sabía que debía espiarla pero me aterraba la sensación de ser descubierto, por otro lado era igual de intenso el morbo que me provocaba la situación. Me quedé casi una hora luchando con mis pensamientos, hasta que decidí ir a su habitación y así fue. Abrí la puerta de manera sigilosa, ya dormía. Estaba destapada con el camisón subido casi hasta su cintura, verla así me calentó y empecé a masturbarme frenéticamente. Podía ver su sexo cubierto por una delgada capa de vellos, no podía más que jadear a su lado imaginado todas las perversiones que haría si tan solo me diera la oportunidad de poseerla. Sus pezones se veían hermosos rozando la tela del camisón y su respiración tranquila al dormir era un deleite a mis oídos. Mi semen se desparramó en la cama y salí sin hacer ruido.
Me acosté y cerré mis ojos, a los pocos minutos ya estaba erecto otra vez, sentí las ganas de ir otra vez a su habitación para masturbarme e intentar esta vez ser más osado. Salí desnudo masajeando mi miembro y me llevé una sorpresa tremenda al abrir su puerta; estaba tocándose, se masturbaba de forma endemoniada y jadeaba muy fuerte, sus gemidos eran deliciosos de oír y su cuerpo era un espectáculo digno de observar. Tenía separados sus labios y acariciaba su clitoris frenéticamente, entre jadeos balbuceaba lo rico que sentía; no pude más que dejarme atrapar y masturbarme observando a la bella dama que llamo madre dándose placer. Cuando por fin acabó dió un grito como si no importara nada, su cara de placer lo decía todo. Metió por última vez sus dedos en la húmedad de su sexo y los lamió con una cara de perversión que jamás había visto. Poco a poco se quedó dormida ymi pregunta fue: "¿Me habrá visto?".
Al día siguiente todo ocurrió con normalidad, nuestra rutina: Ella preocupada de las cosas de la casa y preocupada por el borracho que lo había estado en casa por varios días y yo ayudándole en los quehaceres. En la noche el clima empeoró, cayó un diluvio, era como si arrojaran el agua con baldes, había relámpagos y truenos por todas partes. Fuí a su cuarto y le dije que si podía dormir con ella, aceptó. Yo iba en bóxer, ella tenía puesto un short de color rosa y una camiseta blanca, obviamente sin brasier; deseaba que se durmiera pronto para tocarla, al correr los minutos me dijo se dormiría y que velara su sueño. Era mi oportunidad, al notar que ya estaba entregada en los brazos de Morfeo comencé a acariciar sus firmes senos y por encima del short su vagina; por alguna razón estaba obsesionado por su culo, lastima no lo tenía a mi puto alcance. La calentura me tenía al borde de la desesperación que metí mis dedos debajo de su short para sentir su rica vagina, sentir la suavidad de su sexo hacía que la sangre bombeara con fuerza a mi verga, lo que me llevó a masturbarme frenéticamente al lado de ella hasta explotar con fuerza. Limpié mi semen en su short y me dispuse a dormir plácidamente.
La mañana siguiente comenzó de manera distinta, mi madre se veía más radiante que de costumbre, tenía un brillo inusual en sus ojos. Me saludó con un beso cerca de los labios, esa acción fue un detonante a mi perversión, ya que la miraba con ojos aún más lascivos. Creo que a ella no le importó mucho que me diera cuenta que no llevaba ropa interior, por alguna razón que no entendía había dejado de ser una mujer "reservada" a una mujer sin inhibiciones. Mis pensamientos eran: "¿Se habrá dado cuenta de lo que hice? ¿Habrá sentido mis caricias indecorosas?". Mi mente era una nebulosa que me tenía al borde de la desesperación y la angustia. Decidí dejar que las cosas transcurrieran en calma, no quería apresurar las cosas pero disimular mi erección era un reto, tarde o temprano se daría cuenta de lo caliente que estaba y eso podría resultar en una granada que me explotara en la mano. Ver su cuerpo cubierto solo por la delgada y apretada tela de un leggins que se marcaba en su vagina y en su culo era un estímulo difícil de ignorar, también lo era aquella polera de color rosa que se amoldaba perfectamente a la figura de sus senos que hacía resaltar sus pezones; la temperatura en mi cuerpo iba aumentando y ni siquiera una ducha fría podía hacerla disminuir.
Llegó la hora de preparar el almuerzo, solo observaba su culo mientras preparaba la comida, intentaba tocarme disimuladamente pero en verdad me era imposible disimular. Pasaba por detrás de ella y me pegaba a su culo para que sintiera como mi verga se deslizaba por su culo, al principio dió un salto como asustada, de mis labios solo brotó: "Perdón mamá" pero ella no dijo nada, hizo como si nada hubiera pasado. Necesitaba aliviar la presión en mi entrepierna y me fui a su cuarto, busqué en el cajón de su ropa interior y me masturbé con el primer calzón que encontré. Claro, no diré mucho haciéndolo ya en fueron solo algunos minutos porque no pude contenerme, acabé con fuerza y profusamente dejando la mancha de mi semen donde se posa su vagina. Al guardar el cuerpo del delito y querer huir del sitio del suceso como un criminal furtivo la veo que está de pie en la puerta, me miró a los ojos y me dijo: "Ahora entiendo todo. Sabía que eras tú quien en más de alguna oportunidad ensució mi ropa interior". No tenía defensa, había sido descubierto con las manos en la masa, no podía negarlo, solo agaché la cabeza y confesé. "Tal vez puedas enojarte conmigo por lo que te voy a decir pero es la verdad, de hace unos años que ya no te veo como mi madre sino como una mujer" –le dije. Sus ojos se abrieron al máximo que sentí que saltarían de su lugar. "Además, no puedo entender como ese borracho de tu marido pudo descuidarte y abandonarte siendo una mujer especial, eres buena esposa y también eres sensual; de verdad perdóname pero no puedo callarme más". Sonrió y me dijo: "Las cosas que sientes es porque has crecido y son parte de los instintos que todos tenemos. Lo había notado pero preferí callar pero después de anoche se me hizo imposible porque aunque no creas me di cuenta que me tocaste y que te masturbaste a mi lado". Otra vez no pude decir nada, ya no era el miedo de ser descubierto, sino de excitación. "Desde hace mucho tiempo que no sentía así de deseada por alguien, por eso tuve que aprender a darme placer yo sola, incluso una noche me viste hacerlo" –me dijo. "Creí que no habías notado mi presencia" –le dije y ella arremetió: "No es difícil percibir el impetu de un hombre ni tampoco es difícil sentirse observada cuando tienes todos tus sentidos a mil por causa del placer hijo". Me abrazó y me dió un beso tierno en los labios, la abracé con fuerza y sentí como mi verga se amoldó a la perfección en su entrepierna; volvimos a besarnos esta vez sin ternura sino con lujuria, con perversión. Su lengua era un estimulante perfecto que hacía crecer más mi excitación. La deslizó por mis labios y empezó a bajar por mi cuello, cerraba mis ojos de placer al sentir la delicadeza con la que avanzaba. Me quitó la polera que llevaba puesta y mis manos se posaron en sus firmes nalgas mientras ella recorría mi pecho con la húmedad de su lengua.
Metió la mano bajo mi pantalón y sintió en pleno mi verga, lentamente se arrodilló y la sacó de su encierro para meterla en su boca. Lentamente recorria completa mi verga con sus labios, yo gemía con los ojos cerrados y le decía: "¡Oh, que rico lo haces! Sigue así, ¡uffff, me encanta como lo haces!". Sentía un fuego abrazador que me recorría por completo, a la vez sentía que mi pene crecía más en su boca. "Bendita sensación de placer" –pensaba en mis adentros. Mis sueños más pervertidos se estaban haciendo realidad.
Sin darme cuenta estaba desnudo y me lanzó en la cama, siguió chupando mi verga como toda una experta y a la vez me mastrubaba de forma delicada. Después de unos minutos se quitó la escasa ropa que traía puesta. ¡Qué belleza de mujer tenía frente a mí! Se puso boca arriba en la cama y me dijo: "Ya sabes que hacer". Separó las piernas y me ofreció su sexo hambriento de sexo. Me lancé sobre ella como un animal y comencé a lamer su vagina por completo. Escuchar esos gemidos era un verdadero placer; ver cómo su cuerpo se retorcía al ser invadida por mi lengua era realmente perverso. Lamía y chupaba sus labios vaginales mientras ella tomaba mi cabeza y la hundía en su sexo cálido y húmedo, jadeaba, gemía y balbuceaba lo rico que estaba sintiendo. Mi lengua se perdía en su interior mientras mis dedos marcaban un ritmo frenético en su clítoris; estaba extasiado, ya había oído antes gemir a mi madre pero nunca de esa manera. Perdida en el placer se estremeció por completo y acabó en mi boca, dándome de beber de sus tibios fluidos llenos de morbo y seducción.
La noche aún era joven y aún habían energías de parte de ella para continuar. Sin decirle nada se puso en cuatro sobre la cama y abrió sus nalgas, regalándome la vista privilegiada de su sexo y de su ano, me dijo: "Haz lo que quieras". La tomé con fuerza de sus abundantes caderas y se la metí de una embestida en su más que húmeda vagina. Sentí una corriente eléctrica que recorrió mi cuerpo entero, era un delicioso placer que no puedo describir pero fue sin duda algo alusinante. "Así, dame fuerte" –me decía a media que iba aumentando la velocidad de mis movimientos, ella seguía mi ritmo perfectamente y disfrutaba de manera perversa. "Eres mi macho, estoy para saciar tus impetus cuando lo requieras" –me decía entre gemidos. Sentía como su vagina palpitaba con fuerza y se contraía, estaba al borde del orgasmo; me detuve y le dije: "Quiero tu culo". Sin dudarlo me dijo: "Es tuyo, tómalo".
Me acomodé y se lo metí lentamente, ella se sacudía al sentir como mi verga se abría paso por su apretado culo; soltó un grito agónico cuando ya estaba completo dentro y comenzó a jadear pidiendo que me moviera con suavidad. Con calma me movía para que su culo se acostumbrara a mi verga, de a poco comenzó a gemir con placer al punto de pedir que lo hiciera más rápido. "Eso, dame fuerte" –me decía mientras aumentaba el ritmo de mis embestidas. Ambos estábamos envueltos en sudor, ver como su espalda se arqueaba de placer hacía que mis movimientos fueras más fuertes, incluso hasta bruscos pero a ella no le importaba, solo le importaba el placer que mi verga le daba. Ya ninguno podía aguantar más, ella acabó primero con fuerza, tomándose de las sábanas y gritando por el éxtasis; en un par de minutos lo hice yo llenando su culo con mi tibio semen. Recuerdo que caímos exhaustos, nos quedamos dormidos casi de inmediato. A la mañana siguiente despertamos abrazados y nos dimos un tierno beso de buenos días.
Nuestra relación cambió, era el hombre de la casa; era quien proveía placer a mi madre y ella retribuía saciando mi lujuria. Fueron varios años de placer mutuo y de experiencias aprendidas. En la actualidad, ya casado aplico mucho de lo aprendido en la cama mi madre con mi mujer, aunque hay veces que la cojo pensando en el delicioso culo de mi madre. Con certeza les puedo decir que el incesto es un divino pecado.
Pasiones Prohibidas ®

Muy interesante relato Mi señor... sin duda perverso
ResponderBorrarY los detalles son exquisitamente lujuriosos
Siempre te lo dire me encantan tus relatos
Son deliciosos mi Demonio perverso
El efecto que provocas con cada detalle lo conoces bien 😘😈💋
Detalles perversos como siempre, descripción fabulosa.
ResponderBorrarFelicidades
Exelente relato Caballero!!
ResponderBorrarSin duda alguna quedo satisfecha con la lectura que nos proporciona,,muy atrevida pero exitante.
Un placer leerle siempre⚘
Mi señor siempre con una descripción tan exquisita que despierta sensaciones, gracias por otro relato y por otro momento de lujuria
ResponderBorrarExcelente relato Caballero lleno de perversiones exquisitas felicitaciones
ResponderBorrarSin duda alguna caballero excelente relato, exquisitas letras, la descripción y los detalles me dejan absorta y la imaginación vuela...
ResponderBorrarUn placer leer sus líneas.
Gracias
Exelente
ResponderBorrarSin duda sus letras nos llevan sin poder evitarlo a tocar con ímpetu la rica humedad que provoca en mis adentros besos MrP
ResponderBorrarMuy rico!!
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