44. Una perversa noche de bodas




Miguel y Antonella acaban de casarse, la ceremonia civil congregó a ambas familias y amistades. Luego de la recepción en casa de Miguel, la joven pareja hizo su salida ante el aclamo de todos los asistentes, para dirigirse a su habitación reservada en el Passion Hotel.

El auto en el que iban estaba inundado de promesas de amor y sonrisas cómplices, sin embargo el momento fue interrumpido por un mensaje al celular de Antonella. Ella podía presentir que había olvidado algo, tomó la mano de su ahora esposo y le dijo que tenían que cambiar de dirección, que debían ir hacia otro lugar. "Lo entenderás una vez que lleguemos" –le dijo. Él accedió al pedido un poco intrigado. Entonces llegaron al nuevo destino, y lo que parecía ser una sorpresa nupcial para Miguel, dió un giro inesperado cuando vio a la madre de Antonella tras la puerta para recibirlos. Acto seguido, los tres estaban en el salón principal intentando actuar con normalidad.

La señora Marchetti tomó la palabra: "Tomen asiento, es necesario que escuchen lo que tengo que decir. Miguel, siento haber interferido en los planes que tenías para esta noche con mi hija, tú al igual que ella deben estarse preguntando por qué los hice venir hasta aquí, me imagino". La joven mira a su pareja con una sonrisa amigable, sabe o empieza a sospechar de lo que trata el asunto, toda su vida ha visto en sus tradiciones familiares algo muy especial, y esta ocasión parece que no será la excepción. Su madre continúa: "Verás, en mi familia seguimos ciertas prácticas, de generación en generación para la crianza de los Marchetti. Como su madre me corresponde llevar a cabo la siguiente celebración, ahora que están casados y van a practicar el acto sexual por primera vez".

La expresión de Miguel cambia de curiosidad a miedo. Intenta hallarle sentido a lo que está escuchando, no es por el momento ya, sino por lo que está por venir. Sus pensamientos se disuelven al sentir el contacto de la mano de Antonella, ella lo intenta calmar, "Tranquilo cariño" –le susurra. Poco a poco se va haciendo la idea, sabe que no hay algo que pueda hacer para terminar con esa situación, solo puede continuar. Antonella, sin soltar la mano de su esposo se pone de pie y dice: "Madre, yo estoy un poco desconcertada al igual que mi esposo, pero lo entiendo, entiendo todo esto. Miguel, mi amor, éstas son las tradiciones de mi familia, solo hay un modo de hacerlo y seguiremos con esto juntos". Ambos se ponen de pie y se dirigen a la habitación principal.

El espacio estaba decorado para la ocasión, rosas, velas y una iluminación que jugaba con tonalidades exóticas. La pareja parecía olvidar la conversación anterior para entregarse el uno al otro, besándose y despojándose de sus prendas lentamente. El calor aumentaba, no fue hasta que ambos se despojaron de la totalidad de sus ropas, para que pudieran verse completamente desnudos por primera vez. Se tomaron un respiro y continuaron, ahora estimulándose mutuamente con caricias en sus zonas más sensibles; Miguel con ambas manos sobre las nalgas de Antonella, mientras ella tomaba control de sus testículos. La joven se recuesta en la cama apoyándose en sus rodillas, moviéndose a manera de invitación. Su esposo se acerca para comenzar con la penetración, hasta que oye a alguien tocar la puerta. Sin alcanzar a decir nada se escucha: "Par de jovenzuelos calientes". Era la señora Marchetti, quien entra a la habitación con un libro y un maletín. "Aún no. Debemos hacer un par de cosas antes, espero la cooperación de ambos, en especial la tuya querido yerno" –dijo. Cada vez más desconcertado, Miguel permanece inmóvil, al mismo tiempo que se cubre con una sábana ante la aparición de su suegra. Antonella, por su parte, se levanta de la cama y lo toma de la mano para llevarlo con su madre.

"En este libro se encuentran los registros de las nupcias y primeras relaciones sexuales de toda la familia Marchetti. He avanzado con los datos de Antonella, por lo que me faltan los tuyos, acércate por favor". –dijo la flamante suegra. La señora Marchetti retira la sabana que cubría a Miguel, y empieza a tomar algunos apuntes conforme manipula su órgano sexual. Decía: "Ya anoté el tamaño y grosor. A ver, marcas, lunares. Listo, ahora el testículo derecho, el izquie...". La frase es interrumpida por un suceso que la desconcentra inmediatamente, y es que resulta que Miguel ha logrado una contundente erección producto de los tocamientos que estuvo recibiendo.

"Miguel, discúlpame pero he tomado los datos mientras tenías el pene flácido. Fue mi culpa, seguro te asustaste cuando entré al inicio. Debo hacerlo todo de nuevo" –dijo la Sra. Marchetti. Al parecer esto no lo incomoda y se pone a disposición de su suegra. La expresión de sorpresa de ésta última se va acentuando, al notar que la erección no hace más que seguir aumentando las dimensiones del órgano que está midiendo, le dijo a su hija: "Antonella, debo decirte esto, este es el pene más grande y grueso que se ha registrado en el libro de los Marchetti, eres muy afortunada". Cuando la medición termina, la señora se dispone a buscar de un preservativo en el maletín. Le da indicaciones a su hija sobre la manera de colocarlo, y aun así tiene inconvenientes para lograr cubrir un miembro como el de su yerno. Luego de haber roto algunos preservativos, logra al fin uno que pueda ocupar correctamente la mitad del pene de Miguel. "Parece que ya está, ahora sí los dejo en donde se quedaron, hagan de cuenta que no estoy aquí. Recuerden que todo es por la tradición" –les dice mientras se coloca en una esquina de la habitación para seguir tomando registro de lo que sucede.

Desde su silla puede ver los fallidos intentos de su yerno por penetrar a su hija, ella se resiste en recibir la totalidad del miembro de su esposo y él busca la manera de lograr su cometido sin causarle molestias. Pasan los minutos y la pareja parece que ha podido sincronizarse, el himen de Antonella se rompe dándole entrada completa al miembro de Miguel, las suaves embestidas se mezclan con jadeos que resuenan al unísono, jadeos que llegan hasta el lugar de la señora Marchetti. Empieza a contagiarse del ambiente de goce y excitación, recordando glorias pasadas en sus noches de juventud. Ella veía en los ojos de la joven pareja la lujuria y el deseo, su mente comenzó a maquinar y la idea de pensar en un miembro como el que tiene su yerno se hacía latente, un miembro que podría ser deseable para cualquier mujer. La mujer empieza a sentir como su entrepierna se moja al escuchar esos deliciosos gemidos que salen de la boca de su hija y al ver la forma en que su yerno la hace gemir en cada embestida, hace que ella se pierda en sus delirios cerrando sus ojos y respirar un tanto agitada. Quería ser parte de lo que en la cama estaba sucediendo, quería recordar aquellas pasadas glorias cuando disfrutaba del sexo apasionado con su esposo y volver a revivir lo que era tener un orgasmo. Cuando vuelve en sí, abre los ojos y observa el pene aún erecto de Miguel frente a ella.

"Creí que estaba dormida" –le dice éste al sorprenderla. "Bueno la noche terminó, al menos para Antonella, está agotada y duerme ya" –dice ella aún recuperando la compostura. La señora Marchetti intenta no mirar el pene que está enfrente suyo, y se da cuenta que perdió parte importante del registro todo el rato que se distrajo, "Estoy un poco cansada sabes, no anoté los detalles finales de la ocasión y quizás tú me puedas a ayudar" –le dice ella. "Claro, ¿En qué parte se quedó?" –contesta Miguel mientras se le acerca más. "El momento en que empezó la penetración. Sólo pude registrar eso", afirma la señora al mismo tiempo que siente como el miembro de Miguel le roza el brazo. "Bueno, no se perdió mucha información me temo, alcancé a penetrarla un par de veces hasta que Antonella acabó. Luego de eso quedó dormida" –contesta Miguel con un tono desanimado. "Esta muchacha, ¿Cómo te pudo hacer eso? No sé cómo te sientes ahora, pero es cuestión que practiquen esto y ya verán cómo se vuelven expertos. Entonces ya tengo ese dato, y tú dime, ¿Cómo y en qué momento acabaste?" –pregunta la señora mientras se recupera de la experiencia. "La verdad es que no pude acabar. Ella no me dio tiempo a tomar siquiera una segunda posición" –confiesa él un poco desalentado. La señora Marchetti se gira para notar que, en efecto, el preservativo aún puesto sobre el erecto pene de su yerno no presentaba rastros de semen. Hace un esfuerzo para voltear la mirada de aquel miembro, lo intenta con lo que le queda de voluntad, pero no lo logra, se queda mirándolo sin decir palabra alguna. Después de un breve silencio, se levanta de su asiento y dice: "Necesito que acabes. ¿Por qué no pruebas masturbarte? Ese es el último registro que requiero. Mira a Antonella, está ahí desnuda. Regreso en un momento". Se retira de la habitación, abandona ese recinto lleno de pasión y goce sexual, hacía la cocina.

Bebe agua y se refresca con un lavado de cara; pero hay un calor que la inunda por dentro, le recorre todo el cuerpo y se concentra en su vagina. No resiste más, está tan complacida con esa sensación, esa que la inunda y la hace desear de manera incontrolable a su yerno; esa maldita sensación que la lleva a una habitación en el primer piso. Va hacía la cama y se baja los pantalones, se deja el calzón a la altura de las rodillas y se recuesta. Empieza a frotar su vagina, su jugosa y caliente vagina suavemente, perdiendo la noción del tiempo. Su clítoris estaba hinchado de lujuria y deseo, juega con sus dedos, los mete uno a uno en su sexo y cierra los ojos. Sólo se concentra en una cosa, ese objeto de deseo en la entrepierna de Miguel, esa misma verga que acababa de penetrar a su hija, pero esta vez la imagina dentro de ella. Hay una sombra en la puerta, ella no se da cuenta ya que su concentración está en el placer que sus dedos e imaginación le están dando. "Ya está hecho señora, ¿Necesita algo más?" –dice Migu, quien después de preguntar se queda inmóvil viendo a su suegra. Ella logra salir del trance en el que estaba y lo ve parado en la puerta, desnudo, con el preservativo lleno de semen en una mano. Este hecho, parece parte de su fantasía. La respuesta de Miguel se refleja en un curioso acontecimiento, ya que su pene empieza a levantarse inmediatamente hasta tener una erección completa.

En silencio, la señora se levanta y coloca frente a su yerno. Las palabras no son necesarias. Ella lo toma del pene y lo guía hacia la cama, él no pone resistencia, sólo se queda observando la mitad desnuda de su suegra. Un enorme trasero, el mismo que ocultaba con prendas ajustadas, ahora en todo su esplendor. La perversión se hizo presente en la habitación, ella lo besó de manera descontrolada y él solo se dejó llevar. Posó sus manos en esas enormes nalgas apretándolas con fuerza, ella gimió gustosa; ahora el encuentro sexual es inevitable, ambos estaban embriagados de placer. La cordura los abandonó por completo, cuando las manos habilidosas de su yerno empezaron a quitarle la ropa y dejarla completamente desnuda. Él la lanzó sobre la cama y ella abrió sus piernas regalándole a su yerno el panorama de lo que estaba sucediendo en su entrepierna que estaba llena de sus fluidos y éstos escurrían por sus muslos. En ese momento Miguel pasa sus labios en la vagina de su suegra y comienza el juego sexual, él con su lengua masajea suavemente su clítoris, ella gime suavemente mientras aprieta sus senos, hace tiempo que no disfrutaba de tan perverso placer. "Se nota que no es tu primera vez" –le dice ella con su respiración entrecortada, él no se detiene a responder, sigue ahora deslizando su lengua hasta llegar a la entrada de aquella húmeda vagina. Poco a poco mete su lengua, haciendo que suegra se retuerza de placer. "Fóllame con tu lengua" –le decía ella mientras le tomaba la cabeza acercándola más aún a su sexo. Sentía una corriente recorriendo su cuerpo, una sensación casi olvidada pero conocida por ella, se acercaba al orgasmo y su yerno lo sabía, él solo disfrutaba encaminándola al borde de ese abismo llamado placer. "¡Por favor no pares!" –suplicaba ella. De pronto, ya no pudo resistir más, se entregó por completo al placer y cayó en el frenesí del orgasmo, era tan intenso que sentía como sus músculos vaginales se contraían y sus gemidos intensos resonaban en cada rincón de la habitación. Su yerno le dijo: "Aún no terminamos, hay que poner la cereza a este lujurioso pastel". La puso en cuatro sobre la cama, él sabe lo que debe hacer. La penetra suavemente, tal como lo hacía con Antonella, mete sólo la mitad de su miembro. De pronto, la señora empuja todo el trasero hacía atrás de golpe, de modo que llega a penetrarla con toda su verga. En cada roce, Miguel toma impulso para empujar también, entonces ambos empujan para aumentar la intensidad del choque.

La señora Marchetti tiene mayor fuerza, haciendo retroceder de a poco a su yerno. Este pierde fuerzas y no tiene cómo detener el frenesí de ese par de nalgas que lo devoran. Ella no hace más que provocarlo. Luego de varios minutos en ese vainén, ella aparta el trasero hacía adelante y deja caer a Miguel en la cama, éste se acomoda boca arriba mientras ella se dispone a montarlo. Sin mayores contratiempos la verga de Miguel se abre espacio por esa húmeda vagina. El solo placer de sentir como poco a poco se apodera de su interior la hace gemir de placer. Cada movimiento sobre su yerno va acompañado de un jadeo por parte de ambos, la velocidad incrementa por momentos, es la señora quien tiene el control y lleva un ritmo ya desenfrenado. "¡Oh, por Dios! ¡Qué rica tienes la verga!" –le dice. Los gemidos son más intensos ahora en ella y en un fuerte sentón, suelta un alarido con motivo de placer. Miguel puede sentirlo, tiene el pene empapado debido al orgasmo que le acaba de provocar a su suegra. "¡Qué rico Miguel! Ahora vas a acabar tú" –le dice de manera suplicante. No creo que funcione así, querida suegrita, demoro algo más de lo normal" –contesta un agotado Miguel.

"Con Antonella quizás faltó algo. Este pedazo de culo quizás, ya verás" –asegura la señora, mientras se da palmadas en las nalgas y sin cambiar de posición, se levanta sobre la planta de sus pies y se vuelve a sentar sobre la verga de Miguel, , ahora con las rodillas flexionadas y apuntádola para meterla en su culo. respirando con la boca abierta y colocando cara de dolor se desliza despacio hasta que ya estaba toda adentro. Los sentones que le propina a continuación, tienen una mayor fuerza, por lo que van agotando más rápido a su joven yerno. Ella por su parte, continúa con lo suyo, poniendo un poco más empeño luego de cada choque. Uno de estos viene acompañado de un grito suave y un cargamento de espeso semen depositado en el interior de ese exquisito culo. Estaban lujuria era tal que ambos olvidaron que Antonella estaba en ese lugar y se dejaron llevar por el desenfreno. Se miran a los ojos, y ella sonríe, parece que esto es lo último que les importa dado el ambiente pecaminoso que se había generado.

Toman un respiro y la señora Marchetti se posiciona De lado sobre la cama, Miguel se acomoda detrás de ella y hace que levante una de sus piernas. Con presión coloca su verga en la entrada de la vagina de su suegra y le da una profunda estocada, ella da un alarido de placer, acompañado de un espasmo que la estremece por completo. Él se toma firmemente de las tetas de su suegra y comienza la masacre, con fuerza y movimientos constantes la penetra; ambos ya estaban perdidos en el placer, se habían olvidado de todo lo que había a su alrededor. La señora Marchetti gemía con fuerza, Miguel apretaba esas tetas grandes y firmes, mientras la embestía con lujuria. Él le decía: "Desde que la conocí suegrita le tenía ganas, sabía que en algún momento estaríamos así". Ella casi no podía articular palabras, solo habían gemidos y placer que se reflejaba en la capa de sudor que cubría su cuerpo. La forma que la poseia le había devuelto las ganas de disfrutar el sexo sin la carga de ser una mujer respetable sino una incontrolable mujer que satisface sus instintos, ya que al ver cómo Miguel había tomado a su hija esa noche le hizo volver a desear como antaño el placer que creyó se había esfumado. Con el impacto que provoca cada embestida la cama rechina agudamente. Había agotamiento en ambos, por lo que Miguel a veces se detenía por completo para dar alivio a la agitación, pasan varios minutos unidos, él con la verga completamente dentro y apretando los redondos y rosados pezones de su suegra, para luego continuar con las embestidas, los testículos rebotando en el trasero de la señora. Ambos sentían que se desvanecen por momentos pero disfrutan de ese culposo placer que los hace cómplices.

Así que, cuando ya ambos han tenido lo suficiente de lo que sus cuerpos pudieran soportar, se separan. Ella se levanta y se sienta sobre la cara de un casi inconsciente Miguel, pues quiere finalizar con un intenso sesenta y nueve. Ya posicionados, toma control del miembro de su yerno, lo masturba y lo introduce en su boca, intercalando con las dos manos. Por último, hace presión en sus testículos mientras pasa su lengua a lo largo de aquella verga erecta. Logra que su yerno eyacule una vez más, ahora sobre todo su rostro. Con su lengua llevaba el semen a su boca saboreando cada chorro que encontraba, ambos estaban en éxtasis y cansados de placer. 

Casi inmediatamente ambos cayeron en los brazos del sueño, pasó un tiempo razonable cuando Miguel despertó, le dió un beso en los labios a su suegra y se va a la habitación en dónde estaba su flamante esposa profundamente dormida. A los minutos la señora Marchetti se despierta despojada al fin de aquel fuego sexual que la consumía, se levanta casi sin hacer ruido y se viste. Completa el registro del libro, toma el maletín y se va del lugar donde habían realizado la boda. El amanecer hace su parte y el sol de a poco se apodera de cada rincón iluminando el ambiente y dando la bienvenida a la nueva pareja de esposos. Al despertase Antonella y Miguel se besan apasionadamente y comienzan a arreglar sus maletas para ir al hotel que los esperaba para su noche de bodas y la luna de miel.

Sobre la mesa se alcanza ver una nota que fue dejada por la señora Marchetti: "Increíble Noche de Bodas, el amor y la pasión quedan ahora con ustedes. Disfruten cada momento juntos y nunca dejen que la llama de la pasión se extinga. Qué el deseo sea una constante en su relación y vivan la vida como si cada día fuera el último".




Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Amor... Es innegable lo que tus escritos provocan. Un deseo incontrolable. La humedad en mi vagina es prueba de ello me excitó mucho tu relato y ya te lo había dicho.
    Excelente y perverso mi cielo

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  2. Excelente relato caballero...
    Imposible resistir el placer que transmite cada palabra escrita y el placer mostrado...
    He de confesar que me siento excitada ante lo leído, deliciosa habilidad la suya para relatar y transmitir esa energía sexual en cada historia, pero hoy especialmente en esta.
    Que seguramente y en algún momento me robara un orgasmo.🔥

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  3. Como siempre mi señor, haces que las sensaciones afloren en cada palabra, me has dejado mojada y con ganas así que tendre que solucionarlo mientras te leo de nuevo.

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  4. Me super encantó y
    me exitó, así q veremos la manera más rica de desahogarme!

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  5. Ecxelente relato Caballero unico lleno de placer. Goce y lujuria unico en verdad

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  6. Divino como siempre MrP despertando lujuria besos

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