Tenía una entrevista de trabajo en una oficina de seguridad. El cargo a ocupar era en la gerencia de operaciones, en esa área se debía lidiar con nuevos clientes y en la parte interna, los supervisores de terreno que ejercían el trabajo de fiscalizar el accionar de los guardias que cubrían las instalaciones en dónde la empresa tenía personal apostado. Hice sin problemas los test sicológicos y en la entrevista personal se me dijo que debía esperar el llamado de ellos, ya que cómo era entendible no era la única postulante al cargo. Se me dijo que debería esperar a más tardar sería el viernes antes de mediodía para ingresar el lunes a primera hora. Se me dijo que de ser seleccionada debía llegar al menos una hora antes para ver la entrega del uniforme corporativo y se me enseñaría la forma de trabajar que ellos tenían. Salí con las esperanzas puestas en que me llamarían, ya que hacía meses que no generaba ingresos y vivía de la caridad de mis padres, aunque ellos no me decían nada me sentía como una carga, ya que habían criado a una mujer independiente y no me era grato pedirles dinero para pagar mis cuentas y comprar las cosas básicas para mí sustento. Cuando salí de su casa me juré no depender más de ellos y a mis treinta años eso era un retroceso enorme.
La semana trancurría de manera normal, estaba en casa y seguía mandando currículum a varios lugares, quería que mi situación financiera cambiara ya que me sentía tan frustrada que de solo pensar en no tener dinero jugaba en contra de mis emociones. Llegó el jueves por la noche y me recosté un momento para descansar, ya que había limpiado por completo mi departamento. Cerré mis ojos y pensé: "Viviana, está situación va a cambiar, solo ten paciencia". Suspiré y encendí el televisor pensando relajarme un momento, puse música suave para dejar que mi mente volara por algún momento. Lo primero que sonó fue "I feel like i'm drowning" de Two Feet. Los acordes hacían que mi mente escapara y pusiera pensamientos un tanto más fantasiosos. Sentí un calor intenso en mi cuerpo que me abrasaba, me retorcía en la cama pensando en la última vez que tuve sexo y lo placentero que fue, eso agitaba mi respiración y me inavidieron las ganas de "jugar". Me puse frente al espejo y lentamente empecé a desnudarme, miraba mis senos contenidos por el brasier me excitaba al punto de masajearlos, solté el sujetador y sentí una placentera sensación que se agudizó al sacar los tirantes, verlos al descubierto aumento la lujuria y sin pensarlo subí las manos hasta mis pezones; los sentí durísimos. Los apreté y ¡diablos, mi braga se mojó de manera abundante! Solté mi cabello y ver cómo rozaba mis pezones me puso a mil. Quería más, necesitaba más. Comencé a palmearlos, la sensación de dolor que se mezclaba con placer era alusinante, golpeaba mis senos con más fuerza hasta que ví que se comenzaban a marcar mis dedos, las rosadas marcas que veía le daban un toque de sensualidad y a mí me daba placer.
La música seguía sonando y mi calentura seguía creciendo, desabroché mi pantalón, me despojé de él y de mi empapada braga, en mi vagina tenía un torbellino de sensaciones que la hacían palpitar y destilar mis fluidos por los muslos. Después de mucho tiempo me sentía sensual y atrevida, frente al espejo separé los labios vaginales para masturbarme y ver mi cara llena de placer. Me acerqué al espejo sin dejar de tocarme, pegué mi cuerpo y mi cara a él y besaba mi reflejo; me sentía como una puta hambrienta de sexo ardía en lujuria mientras mis dedos de manera veloz causaban estragos en mi hinchado clítoris. Metí tres dedos en la vagina, los cuales no encontraron objeción, frenéticamente me penetraban, gemía con fuerza al sentirme poseída por el placer; no dejaba de besar mi reflejo mientras avanzaba con pasos agigantados al orgasmo, decía a mi reflejo: "Viviana, eres una puta". Me respondía a mi misma: "Sí, lo soy. Me encanta serlo, sigue en lo que estás y no pares zorra". Ya casi sin aliento por la intensidad de la penetración que mis dedos propinaban y mi vagina contraída a más no poder, caí en los brazos de aquel anhelado orgasmo. Temblorosa daba pasos hacia atrás para caer rendida en la cama y seguir gimiendo de placer. No sé cuánto tiempo pasó pero mis fluidos escurrían de manera excitante. Cerré mis ojos y volví a suspirar profundo, esta vez para descansar completamente. El sueño me venció y quedé tendida en la cama desnuda y complacida por aquel momento intenso que viví conmigo.
Ya era viernes, a eso de las 10:00 AM suena mi teléfono: "Buenos días. ¿Habló con la señorita Viviana Martínez?". "Sí" –contesté. "Usted habla con Héctor Guerrero de Recursos Humanos, tengo en mi mano su currículum; usted ha sido seleccionada para ocupar la vacante en la Gerencia de Operaciones en el puesto de secretaria. Quiero saber si tiene la disponibilidad de empezar el lunes a las 08:30 AM" –me dijo la voz al otro lado del teléfono". "Claro, no tengo problemas. Se me dijo que debía llegar una hora antes para la entrega del uniforme y ponerme al tanto de mis obligaciones" –le dije. "No se preocupe por el uniforme, usted presentese en el horario indicado. Vista una falda negra y una blusa de color blanco, zapatos con tacón alto y medias negras. En el transcurso del día se le indicará dónde debe ir a buscar su uniforme para que ya el segundo día pueda usarlo" –me indicó. "Pefecto señor Guerrero, estaré en el horario indicado" –le dije. "Muy bien, sea puntual. Hasta luego" –terminó la conversación.
Al cortar llamé a Ximena, mi mejor amiga y un gran apoyo en esta crisis; le conté que desde el lunes empezaría un nuevo trabajo. Se puso contenta y me dijo: "Viviana, debemos celebrar. Voy esta noche a tu casa y llevaré algo para que bebamos y también conversemos". "Bueno amiga, aquí te espero, así podemos charlar de lo lindo" –le dije. Eran las seis de la tarde y me comencé a arreglar para recibir a Ximena, me sentía contenta de que al fin las puertas a algo nuevo se me abrían de par en par y obviamente no desaprovecharía ésta nueva oportunidad. Son las ocho de la noche y el timbre suena, me acerco a ver por la mirilla, es Ximena, un último retoque en el cabello y abro la puerta. "¿Cómo estás amiga? Por favor pasa" –le dije. Ella se me acercó y besó mi mejilla: "Muy bien. Ah, traje una botella de whisky para que celebremos".
Ya sé lo que piensan: "Dos mujeres que beben whisky caerán rendidas al primer vaso". Déjenme decirles que se equivocan, con Ximena hemos tomado hasta dos botellas, después si caemos casi muertas pero una botella es solo para una charla. Bueno, sigo después de aclararles el punto.
Nos sentamos en la terraza para mirar como se ilumina la ciudad. "¿El lunes ya partes en el trabajo Viviana?" –me preguntó. "Sí, estoy tan feliz. Pensaba que sería un mal año" –le respondí. "¿Por qué amiga?" –pregunta. "Bueno, si no podía sustentar los gastos tendría que rentar el departamento e irme a vivir con mis viejos. La verdad hubiera sido un calvario" –le respondí. Me mira con ternura y me dice: "Lo bueno que supiste resistir y dar la pelea. Ahora te queda solo sacudir el polvo y seguir adelante". Abrimos la botella y bebimos, brindamos por las esperanzas y sueños, brindamos por aquellos momentos malos que quedaron atrás y por los buenos momentos que vienen en camino. Ximena me dice: "Pidamos algo para comer". "¿Qué cosa?" –le pregunto. "¡Sushi!" –me dice con una sonrisa de oreja a oreja. Hicimos el pedido a la media hora llegó y nos disponíamos a comer. No sabría decirles si fue el alcohol o qué pero Ximena me dice: "Hace tiempo que tengo una fantasía, he visto en muchas películas que hay lugares en dónde van las personas y comen sushi del cuerpo de alguna mujer u hombre; pensarás que estoy loca Vivi, pero quiero que comas sushi de mi cuerpo". Mis ojos se abrieron por completo, no cabía en mí del asombro y le digo: "¿Qué? Creo que ya es mucho whisky" –le dije. "Ay. Amiga no estoy borracha, te lo digo en serio. En varias oportunidades lo he pensado y quién mejor que tú para ayudarme a cumplirla. Nos conocemos hace más de diez años, te he visto en ropa interior cuando vamos de compras y conozco cosas de ti que nadie sabe" –me dijo. Pensé y dije: "Bueno, si tienes razón. Además, somos amigas y tú me has ayudado mucho. Pues, hagámoslo".
Empezó a quitarse la blusa marcada que traía puesta, se amoldaba muy bien a su figura. El brasier negro que aprisionaba sus senos con algo de encaje que dejaba ver algo de sus rosadas areolas era perfecto. Al soltar el sujetador sus senos saltaron libres y de forma espontánea sus pezones se pusieron duros, era un espectáculo digno de admirar. Cuando se quitó el pantalón y las bragas se recostó sobre la pequeña mesa que está en la sala, una a una puse las piezas de sushi en su cuerpo. Mi vagina palpitaba y se humedecia por la escena, sentía unas ganas locas de masturbarme pero me contenía para disfrutar aún más de aquel excitante panorama que tenía en frente.
Tomé los palillos, y sonreí de manera perversa; la respiración de Ximena se agitó; la miraba con lujuria y comencé. Quité una de las piezas cercana a sus senos, la unté con salsa agridulce y le dije que la comiera, obediente en dos bocados la sacó de los palillos y lamió los restos; lentamente deslizó la lengua por los delgados palillos, la cara de lujuria y la lascivia que se reflejaba en sus ojos encendían más el fuego en mi vagina. Le dije que los chupara más, que quedaran impregnados con su saliva; muy obediente los dejó empapados, los deslicé por su pecho y tomé otra pieza que cubría uno de sus pezones, lo arrastré por su pezón, quería que se pusiera duro, reaccionó al instante poniéndose erecto. En mis adentros pensaba: "¡Mierda, qué caliente estoy!". Lentamente disfrutábamos del sushi con ese intoxicante morbo que nos consumía a ambas; con los palillos apretaba sus pezones con fuerza, ella gemía con una mezcla de dolor y placer, oírla me hacía chorrear la vagina, sentía que la sangre me hervía y que mi corazón se saldría de mi pecho. Ya no aguantaba más, me empecé a desnudar, ella miraba alusinada. Cubrí su cuerpo con la salsa agridulce y delizaba mi lengua despacio, con mi lengua quité las piezas que estaban tapando su vagina y hábilmente masajeaba su clítoris. Ya entre gemidos decidí subirme sobre Ximena y poner mi sexo a la altura de su boca; su lengua presurosa empezó a estimular mi clítoris haciéndome gemir de placer, nuestras perversas lenguas sabían perfectamente por dónde deslizarse, incluso la de ella de forma intrépida se desliza por mi culo mientras me estremezco de placer. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos en esa posición pero ambas acabamos a la misma vez, nuestros gemidos hacían más erótico el momento y la respiración agitada de ambas nos calentaba más.
Nos besamos con lujuria mientras nuestras manos se recorrían por completo. "Había olvidado lo rico que me haces sentir" –me dijo. La miré y le dije: "Todavía podemos hacer más". La apoyé sobre el sofá y ella ofreció su culo para mí entretenimiento. Tomé los palillos de la mesa, me acerqué y comencé a pasar mi lengua en ese delicioso culo, ella gemía con locura y me decía: "¡Eso, cómele ese culo a esta putita". Escucharla así encendía más mi calentura a media que saboreada su culo, le metí uno de los palillos haciendo que saliera un sensual grito de placer. Después metí el otro y con ellos penetraba su agujero, alusinada de placer mientras frenéticamente abría ese rosado agujero masajeaba mi clítoris gimiendo con desesperación. "¡Así Vivi, abre mi culo!" –me decía. Yo solo gemía al deslizar mis dedos salvajemente en mi vagina. Sentía que mi sexo se contraía y me dejé llevar por la intensa sensación de placer, entre más rápido me acercaba al orgasmo, más rápido penetraba su culo con los palillos. "¡No resisto! Déjame caer en un rico orgasmo" –decía ella. "Aún no putita" –le dije. "No acabarás antes que yo" –arremetí. Suplicaba, se retorcía y gemía casi sin fuerzas. Al fin, sentí como mi sexo explotó de placer, haciéndome caer a su lado, casi sin fuerzas seguí dándole con los palillos hasta que por fin le fue permitido acabar deliciosamente. Cayó sobre el sofá jadeante y sin fuerzas, sudor envolvía nuestros cuerpos, nos bésamos y caímos rendidas por el cansancio. Al despertar Ximena no estaba, se fue al amanecer ya que debía atender a su esposo, total el fin de semana para ella era pasarlo en familia. Cuando me levanté ví en la mesa de la sala una nota: "Te irá bien en tu nuevo desafío. Besos, tu putita".
El fin de semana concurrió sin mayores sobresaltos pero al llegar el domingo en la noche me sentía nerviosa, preparé la ropa que debía usar. Una blusa blanca ajustada, medias negras y una falda que casi rosaba mi cintura; la ropa interior era blanca con encaje para no llamar la atención con algún brasier de color llamativo que se dejara ver entre la blusa. Me dormí pensando en los desafíos que me podría deparar el nuevo trabajo y si estaba preparada para afrontarlos. Lunes 06:00 AM suena la alarma, una buena ducha y a pararse frente al espejo. Me maquillé sobriamente y me vestí, me veía a juicio sensual, la altura que me daban los tacones me hacía ver soberbia e imponente. Iban a ser las siete ya, decidí pedir un Uber para que me llevara a la oficina, en el tiempo de espera razonable estaba el móvil en la puerta del edificio. Me senté atrás, el buenos días correspondiente y salimos en rumbo a la oficina. Iba con un audífono en el oído escuchando música. Notaba como el conductor me miraba por el retrovisor, creo que le llamaban la atención mis piernas cruzadas pero no despegaba su vista de dónde estaba yo. Con lo morbosa que soy no dudé en darle un espectáculo para que no me olvidara; bajé mis piernas y lentamente las separé, subí la falda hasta mi cintura para que tuviera mejor visión. Sin ningún disimulo moví mi braga a un lado, me empecé a masturbar frente al fisjón que conducía; sus ojos se clavaban en mi vagina, incluso bajó el volumen de la radio para escuchar mis gemidos. Él en silencio solo conducía y me miraba de tanto en tanto, sonría de manera perversa cuando nuestras miradas se encontraban en el retrovisor y gemía con más intensidad, ya me acercaba al orgasmo y no me detendría hasta conseguirlo. Finalmente llegó y me invadió esa infinita sensación de placer, acompañada de intensos gemidos que me hacían cerrar los ojos para entregarme por completo a lo que sentía en ese momento. Al cabo de tres calles, llegamos al destino, pagué el viaje y evalué al mirón con cinco estrellas por aquel placentero viaje.
Al entrar al edificio me recibe la recepcionista, le indico que debo ver al Sr. Guerrero para recibir indicaciones del puesto que ocuparé. Espero por cinco minutos cuando el viene a buscarme. "Buenos días, srta. Martínez, soy Héctor Guerrero, jefe de Recursos Humanos" –se presenta formal y me extiende la mano. "Mucho gusto Señor. Estoy a sus órdenes" –le dije estrechando su mano. "Sígame, tenemos tiempo, ya que su función empieza más tarde" –me dijo en tono serio. Subimos al ascensor que nos llevó hasta el piso 24, estuvo callado todo el trayecto. Al abrirse la puerta, caminamos por los pasillos dónde me llevó al que sería mi escritorio. "Viviana, este es su puesto. Aquí usted contestará el teléfono para transferir las llamadas al Gerente de Operaciones, estará pendiente de sus requerimientos así como también ordenará su agenda para las reuniones. Más tarde vendrá alguien de sistema a colocarle una cuenta de usuario en la computadora y a crearle un mail institucional con su nombre. Algo muy importante sea puntual, ya que a su jefe le gusta la puntualidad y obviamente que sus requerimientos sean resueltos en breve" –me dijo. "La verdad Señor Guerrero no tengo problemas en hacer lo que se me pida, ya que entiendo que mi trabajo es ser una secretaria eficiente" –le dije seriamente. Él dijo: "Es bueno que contemos con su compromiso y dedicación. La dejo en su escritorio para que se familiarice con él". "Está bien Señor Guerrero. Qué tenga un buen día" –le dije.
Estaba perdida en mis pensamientos, aburrida ya que ninguna llamada entraba y como era nueva no había con quién charlar, incluso mis ojos se cerraban por la falta de acción en el trabajo. Faltaban recién 10 minutos para las nueve de la mañana cuando un hombre de traje oscuro ingresó, más o menos 1.80 de altura, mirada sería y pasos con zancadas seguras, un maletín de cuero que brillaba. Era mi jefe, aquel hombre que debía jurarle lealtad y fidelidad absoluta. "Buenos d..." –fue lo único que alcancé a decir cuando fui interrumpida por su voz autoritaria: "¿Tengo mensajes?". "Nad..." –otra vez me interrumpió. "¿Quien es usted?" –me preguntó asombrado. "Soy su..." –callé. "¿Su qué? Su tonta, su estúpida, su perra. ¿Su qué? Señorita" –me dijo en tono irónico. Sentí la necesidad de putearlo para que aprendería a tratar a una mujer pero había algo que me atraía de su fría personalidad y sus malos modos. "Su nueva secretaría Señor" –le dije. "Ah, algo me había comentado Guerrero. Venga a mi oficina" –me ordenó. Entró él y después yo. Se paró frente a un imponente ventanal mirando el horizonte como si fuera un dios. "¿Cuáles son sus espectativas en esta empresa?" –me preguntó. "Crecer y avanzar Señor" –respondí. "¿Qué busca aquí? –dijo dándose la vuelta y mirando mis ojos. Compartir mis conocimientos y ser un aporte para usted y de quienes componen esta empresa" –le dije con la voz entrecortada, su mirada me intimidó un poco, fue como si viera mi alma; me sentí descubierta y a la misma vez sentí como mi entrepierna se mojó demasiado. Sin quitar su mirada de la mía me pregunta: "¿Cuánto estás dispuesta a entregar para lograr tus objetivos con nosotros?". Me derrumbé, no sabía si era una propuestas indecente o yo había mal entendido la pregunta. Guardé silencio por un minuto, él golpeó la mesa y volvió a insistir con su pregunta; ya no podía huir, estaba acorralada de la misma forma que una presa en medio de una cacería. ”Lo que se requiera de mí para lograrlo Señor" –le dije con voz segura. "Muy bien, vuelva a su puesto de trabajo, pero antes tráigame una taza de café cargado con tres cucharadas de azúcar" –me dijo.
No entiendo porqué reaccioné de esa forma, porqué la humedad empezó a fluir solo con su mirada y su voz, no sabía cómo el maldito se llamaba pero ya estaba metido en las sensaciones más perversas de mi cuerpo. Volví y dejé sobre una pequeña mesa la taza. "Ya está servido Señor su café" –le dije. "Guarda silencio, hablarás cuando yo te lo indique, por el momento solo quiero que estés callada" –me dijo. Mi corazón se aceleró al escucharlo, solo acentí con mi cabeza y salí en silencio. Me fuí a mi escritorio, sonó el teléfono, tomé el mensaje; esperé unos minutos para llevarlo a mi jefe. Golpeé la puerta, un recio "Adelante" resonó. Al verme me dijo: "¿Qué quieres ahora?". En silencio me acerqué al escritorio y dejé el mensaje, lo miró y respiró de manera enérgica, golpeó otra vez el escritorio con fuerza y dijo: "Quiero que llames de forma inmediata al inepto Gómez, esta vez ha colmado mi paciencia". Salí casi corriendo de la oficina, busqué entre los contactos a ese tal Gómez, busqué en la agenda y lo encontré le dije que el Gerente de Operaciones lo buscaba con urgencia y que debía venir lo antes posible. Al llegar el Sr. Gómez, podía ver la preocupación en su rostro; lo anuncié y entró. Pude escuchar los gritos de mi jefe, le hacía reclamos por un negocio que se debía cerrar y aún no se había finiquitado, por último escuché: "Tienes hasta mañana para solucionar este problema, de lo contrario tendrás que sacar tus porquerías y buscarte un nuevo trabajo". Era un hombre severo que tenía sus objetivos claros y que pasaría por encima de quien fuera para conseguirlos.
"Necesito que vengas a mi oficina" –me dijo por el intercomunicador. Fuí, esta vez más asustada que nunca. "Hemos empezado con el pie izquierdo. Me llamo Ricardo Pueyrredón. Estoy a cargo de que esta oficina funcione de la mejor manera posible" –me dijo. "Entiendo que trabajarás conmigo y ya te dijeron que debes ser puntual y que debes acatar cada orden que te entregue al pie de la letra. Ahora quiero saber tu nombre" –añadió. "Me llamo Viviana Martínez y seré su secretaria hasta que usted requiera de mis servicios y al igual que usted trabajaré para que esta empresa siga teniendo el prestigio que hasta ahora tiene" –le dije. "Eso quería escuchar. Ahora nos entendemos" –dijo mirándome a los ojos.
No podía contener mi excitación. ¿Qué diablos había en ese hombre que me hacía desearlo? Era suficiente para un puto día de trabajo, mi vagina palpitaba y sentía que mis fluidos corrían por mis muslos. Me fuí a mi escritorio y fantaseaba con que él en algún momento se decidiera a tomarme, que me cogiera sobre su escritorio y sacara de mi interior esa puta deseosa que a momentos se manifestaba cuando estaba en su oficina. Al fin terminó el día de trabajo y me fui a casa lo más rápido que pude, no hice más que entrar al departamento cuando por instinto mis manos se fueron a mi entrepierna. Hice mi tanga a un lado, el olor a excitación golpeó mi olfato y me puse como perra en celo; me tocaba de manera salvaje, gemía tan fuerte que creo que los vecinos podían escucharme, aunque eso no era importante, quería saciar las ganas contenidas en el trabajo. La infinita sensación de placer era un éxtasis, me desnudé por completo y tirada en el piso con las piernas abiertas me penetraba con los dedos, gritaba su nombre y me sacudía frenéticamente imaginando su verga entrando y saliendo; el placer se colaba en cada fibra de mi ser, mis dedos eran el objeto usado para mí placer pero mi imaginación el detonante de mi lujuria; solo escuchaba en mi interior esa autoritaria voz diciéndome que hacer, me imaginaba como el objeto de su placer y las ganas de que me tomara era la mezcla de perversión que me tenía como una hembra deseosa de sexo. Cada vez más caliente solo buscaba saciar mi hambre de lujuria, mis demios internos afloraban al punto de perder la cabeza, jadeaba y gritaba más fuerte hasta que al fin el anhelado orgasmo llegó. Fue como una explosión intensa que hizo expulsar mis fluidos del interior, convulsionaba de placer y mi vagina palpitaba por aquel hombre sin educación y respeto por los demás, me sentía de él a tal punto que me dormí tirada en el piso de la sala llamándolo con desesperación.
La mañana me sorprendió exhausta y húmeda, estaba en éxtasis y frenesí, me duché como pude y casi agotada me vestí. Solo esperaba verlo y oírlo para comenzar a hilar aquellas perversas fantasías. Ya en mi escritorio esperaba a ver cómo sería mi segundo día de trabajo.
Pasiones Prohibidas ®

Deliciosamente excitante, es un gran placer...!
ResponderBorrarTe lo dije antes te lo dije ahora muy rico relato mi amor 😘con esos detalles explicitos y morbosos que alimentan la lujuria😈🔥
ResponderBorrarExcitante y provocante
Excelente mi Demonio Perverso 💋😈🔥
Excelente relato Mr P, pero ese relato nos deja con sabor a qué debe haber una segunda parte
ResponderBorrarSsluow
Que placer leer uno más de sus exquisitos relatos, cada detalle hace volar mi imaginación de una manera extraordinariamente excitante y un tanto perversa.😈🔥🔥
ResponderBorrarGracias por compartir su talento Mr.P
Que delicioso relato sacar la puta q una lleba dentro es unico e imaginable mmmm deja volar la imaginación a mil x hora
ResponderBorrarQue delicia!!!gracias, gracias, gracias!
ResponderBorrarWow que delicioso relato gracias por compartirlo conmigo me excito de tal forma que moje mí entrepierna
ResponderBorrarMuy excitante relato mi señor, provocaste sensaciones que no pude contener, gracias por el rico momento������
ResponderBorrarDivino como siempre me hace mojar leerlo MrP siga así con sus ricos relatos
ResponderBorrarExcelente relato
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