La historia que voy a contar ocurrió durante el estado de excepción constitucional decretado por el gobierno en marzo de 2020 debido a la alerta sanitaria provocada por el coronavirus.
Antes de nada, me presentaré. Me llamo Rafa, tengo 27 años y vivo en la ciudad de La Serena, en Chile. Desde hace unos meses, vivo en casa de mi madre, porque me quedé sin trabajo por acuerdos de suspención laboral, algo de igual forma decretado por el gobierno para disminuir el tránsito innecesario de la gente en la calle y las dificultades económicas por las que estoy pasando me impiden pagar un alquiler. Así que me he visto obligado a volver a casa. Mi madre lleva tiempo viviendo sola y está encantada de volver a tenerme a su lado para hacerle algo de compañía.
Desde que empezó la pandemia hemos llevado muy bien el confinamiento. Nos hemos organizado perfectamente para hacer las compras, cocinar, limpiar la casa y tener bastante tiempo libre que yo dedicaba a leer, ver películas, hacer algo de deporte etc. Lo que peor llevaba era el tema de la abstinencia sexual, a pesar de que de vez en cuando me retiraba un rato a mi cuarto y me dedicaba a masturbarme para aliviar así la tensión sexual acumulada y digo tensión sexual acumulada porque uno no es de piedra, y mi madre, seguramente porque llevaba años viviendo sola, se paseaba continuamente por la casa a todas horas bastante ligera de ropa, por no decir casi desnuda.
La verdad es que yo nunca había visto a mi madre con otros ojos que no fueran los de un hijo, aunque he de reconocer que me producen muchísimo morbo y excitación las relaciones incestuosas maternofiliales, pero siempre he considerado esto como una mera fantasía que he utilizado en numerosas ocasiones para mis “trabajos manuales” pero nunca pensando en mi madre. Como digo, mi madre se paseaba por la casa bastante ligera de ropa. Había días que solo llevaba puestas unas braguitas y una camiseta, otros días se quedaba solo con unas braguitas y una bata bastante corta y otros días salía directamente de la ducha cubierta con la toalla y se quedaba sin ropa interior todo el día. Todas estas circunstancias no pasaban desapercibidas para mí y poco a poco fui dándome cuenta de que por las tardes en mi habitación estaba calienre y no dejaban de pasar por mi cabeza esas imágenes de mi madre que había visto durante el día. La cosa iba a más, hasta que llegué a hacerme alguna paja fantaseando con que mi madre entraba en mi habitación y me hacía una mamada o ponía sus enormes tetas hasta que mi verga explotaba y llenaba su cara de caliente y espeso semen. Mi madre es una mujer madura de 55 años pero se conserva magníficamente. Es morena, con el pelo largo y ondulado, tiene unos pechos generosos, amplias caderas, cintura estrecha, muslos y culo firmes. Es toda una hembra que cualquier macho quisiera tener. El único problema es que es mi madre y esa barrera hace que solo otros podrán follársela, yo me tengo que conformar con fantasear en mis momentos onanistas, cosa que ya me parece ir demasiado lejos. A veces me hace sentir mal el hecho de tener esos pensamientos sucios y lascivos con mi madre de protagonista.
Así que con el paso de las semanas en confinamiento, mi rutina se empezó a convertir en no perder detalle de mi madre cuando cocinaba, limpiaba, atento a cuando se agachaba y podía ver algo más de la cuenta, si se subía en una silla para tomar algo de lo alto de un mueble podía disfrutar de unas vistas fabulosas, siempre con mucha discreción y cautela. Luego, en la hora de la siesta, la observaba dormir en el sofá, semidesnuda. A veces me acercaba a ella y podía notar su calor y miraba todo lo cerca que podía su fina piel. Ponía mi mano cerca de sus muslos y de su culo, me excitaba muchísimo. Luego, me iba al cuarto, dejaba la puerta abierta, con la esperanza de que ella viniera; me tumbaba en la cama a masturbarme. Debo reconocer que han sido las mejores pajas de mi vida.
Una tarde, yo estaba leyendo en el salón, mi madre había estado pasando la aspiradora por toda la casa ni que decir tiene que no avancé ni una sola página del libro que estaba leyendo. Era imposible concentrarse y no por el ruido de la aspiradora, eso era lo de menos, sino porque ver pasar a mi madre en bragas y con una camiseta bastante corta y sin sujetador agachándose por los rincones de la casa, era bastante más motivante que seguir con la novela que tenía entre manos. Se me había puesto la verga como el acero, la erección que tenía era más que evidente. Con el libro intentaba ocultar la erección, pero la presión del libro sobre mi verga en vez de causar alivio hacia que la calentura aumentara más. Al terminar de pasar la aspiradora mi madre se fue a dar una ducha. Al oír como el agua caía en la ducha, no pude evitar imaginar a mi madre desnuda bajo el agua tibia acariciándose el cuerpo con sus manos enjabonadas. Se me pasó por la cabeza una locura y cuando me di cuenta, ya estaba caminando hacia el baño. Vi la puerta entreabierta, me asomé con muchísimo cuidado y a través del espejo pude ver exactamente lo que había imaginado. Mi madre estaba enjabonando su cuerpo de manera deliciosa seguramente no era la primera vez que veía a mi madre así desnuda, pero sí era la primera vez que estaba viendo con la verga tiesa entre mis manos. Me masturbaba suavemente, saboreando cada vez que pasaba sus manos para quitar el jabón de su cuerpo, yo solo disfrutaba del espectáculo. Estaba tranquilo porque pude ver a través del espejo que mi madre tenía los ojos cerrados, seguramente para evitar que le entrase jabón, y me decidí a acercarme para verla directamente, sin necesidad de espejo. Abrí la puerta un poco más y me asomé con mucho cuidado agarrado mi pene erecto. Ahí estaba yo, pajeándome mientras observaba el maravilloso cuerpo de mi madre cubierto de espuma y ambos, ella y yo, compartiendo el vapor de agua que inundaba la sala de baño. Me masturbaba cada vez con más ímpetu, luchaba con las ganas enormes de meterme en la ducha con mi madre y decirle que acabara ella de pajearme con sus tetas. ¿Cómo reaccionaría? Pensé que era una locura, aquello no podía ser. Un pequeño hilo de cordura salvó la situación. Me seguí masturbando cada vez más rápido, centré mi mirada en aquellas magníficas tetas y acabé de manera sublime intentando no hacer mucho ruido. Salí con cuidado del baño con las manos llenas de semen y cruzando los dedos para que mi madre no se hubiera dado cuenta de lo que había pasado. Sí, me acababa de hacer la mejor paja de mi vida hasta ese momento. ¡Dios, bendito confinamiento!
Otra tarde, estábamos los dos en el salón. Habíamos puesto una película y yo mientras hacía algo de ejercicio en la bicicleta estática. Mi madre veía la película tumbada en el sofá. Se había quedado medio dormida, yo estaba más pendiente de mirarla en el sofá que de seguir viendo la película. Dejé la bicicleta y me puse a hacer abdominales sentado en la alfombra a los pies del sofá donde yacía dormida. Cada vez que me echaba hacia atrás podía asomarme por debajo de mi madre y la vista era maravillosas. Me di cuenta en seguida de que no se había puesto bragas ese día, y rápidamente mi verga reaccionó poniéndose como una roca. Perdí la cuenta de los abdominales que hice, pero disfruté enormemente cada uno de ellos.
Al acabar fui al baño a ducharme. Ella dormía. Me metí en la ducha dejando la puerta del baño entreabierta, fantaseando como siempre con que mi madre vendría y me chuparía la verga entera. Mientras me duchaba no dejaba de pensar en mi madre recostada en el sofá sin bragas y comencé a masturbarme mientras me enjabonaba con ambas manos. ¡Qué curioso! Hace unos días era mi madre la que se enjabonaba en la ducha y yo la miraba desde fuera pajeándome, y ahora era yo el que estaba ahí, bajo el agua, pero no estaba ella. Busqué con la mirada el espejo para ver el sitio desde el que yo me había pajeado la otra tarde observando a mi madre, cuando me pareció ver una sombra pasar por el pasillo. No podía ser, mi madre estaba dormida profundamente en el sofá y no había oído ningún ruido que mi hiciera pensar que se había levantado. Seguí con mi ducha y mi paja, mirando de reojo al espejo para vigilar. En un momento dado, la sombra volvió a pasar pero esta vez se quedó en la puerta. La claridad que entraba desde fuera del cuarto de baño por la rendija había desaparecido. Dudé unos instantes pero pensé que no estaba haciendo nada malo, masturbarse es algo natural y continué hasta el final, eyaculando de manera portentosa contra la pared de la ducha y emitiendo algún que otro jadeo de manera discreta.
Entonces, la sombra desapareció. Yo estaba perplejo. ¿Era mi madre espiándome mientras me duchaba y me masturbaba bajo el agua? Con solo pensarlo me ponía caliente, pero seguramente había alguna otra explicación más racional para lo que acababa de pasar. Me sequé, me vestí y me fui a mi habitación. Al pasar por la puerta del salón, vi a mi madre sentada en el sofá mirando la película.
Esa noche, durante la cena, el ambiente no era el mismo que en otras ocasiones. Ambos estábamos sentados en la mesa del salón comiendo un sandwich y una ensalada, veíamos la tele en silencio, pensativos, inmersos en nosotros mismos, como percibiendo que algo raro estaba pasando. Apenas hablamos y lo poco que hablamos fueron cosas banales, intranscendentes, algún comentario tonto sobre el insulso programa que estaban emitiendo a esa hora en la televisión.
Tras la cena, mi madre dijo que se encontraba cansada y se iba a la cama. Me dio un beso de buenas noches y se fue a su habitación. Yo me quedé un rato más viendo la tele, aunque más bien lo que hacía era darle vueltas a los pensamientos en mi cabeza y a todo lo que había pasado estos últimos días. Me excitaba muchísimo recordar todo lo ocurrido y a la vez me sentía mal por tener esos pensamientos de mi madre, el fantasear con ella, imaginar que me la follaba, que me cabalgaba como loca y me ofrecía sus tetas para correrme sobre ellas. Aquello no estaba bien, pero no lo podía remediar y me ponía muy caliente con mis pensamientos. Intenté hacer un esfuerzo por sacar todas esas locuras de mi cabeza y me fui a la cama.
Vi luz en la habitación de mi madre a través de la puerta entreabierta. Pasé de largo y entré en mi cuarto, cerré la puerta y me metí en la cama. Durante casi dos horas di vueltas y más vueltas en la cama intentando conciliar el sueño, pero era imposible. No podía sacar esos sucios y a la vez excitantes pensamientos de mi cabeza. Todo lo que pasaba por mi mente se traducía en continuas erecciones de mi pene, pero había tomado la decisión de abandonar esas ideas para siempre y tenía que ser fuerte.
Eran las tres de la mañana y estaba totalmente desvelado. Me levanté y fui al baño. Me costó bastante poder orinar ya que tenía una erección como un caballo, pero finalmente lo conseguí, aunque la erección volvió tras la micción. Al salir del baño, me fijé que en la habitación de mi madre seguía habiendo luz. Me acerqué sigilosamente y pude ver que estaba recostada en la cama con la mirada y la mente perdidas sin poder conciliar el sueño. Volví sin hacer ruido a mi cuarto. Esta vez dejé la puerta entornada y me senté en la silla de mi escritorio, justo enfrente de la puerta. “Ésta será la última vez” –me dije, saqué mi verga y comencé a acariciarla muy despacio. Iba a ser la última paja que me hiciera pensando en mi madre, aquello tenía que acabar. Estaba totalmente desnudo sentado en la silla. La puerta entreabierta, como siempre, fantaseando con que viniera mi madre y me pillara masturbándome. Disfrutaba de esta última paja incestuosa. De pronto, la sombra. Unos segundos eternos permaneció detrás de la puerta esa sombra, no paré de masturbarme y gemía despacio. Entonces la puerta se abrió despacio; mi madre, esa mujer que me dio la vida apareció en la penumbra del pasillo y poco a poco entró en mi cuarto. Llevaba puesta una fina y corta bata de seda atada a la cintura con un pequeño cordón; descalza, silenciosa, enormemente bella. Se acercó a mí sin decir nada. Cuando estuvo justo enfrente se desató la bata, permitiéndome ver su desnudez ya que no llevaba ropa interior. Sus pechos se asomaban tímidamente a través de su escote. Para entonces yo había soltado mi pene. No daba crédito a lo que estaba pasando, pensaba que las ganas de follarla me estaban jugando una mala pasada, haciendo que se hiciera real pero mi verga no entendía de visiones o espejismos, permaneció igual de firme como al principio. Mi madre se arrodilló ante mí y mirándome a los ojos, se quitó la bata, tomó con sus manos aquellas enormes tetas y las colocó a ambos lados de mi verga. Empezó a frotarlas arriba y abajo con una cadencia dulce, cálida y suave que mi pene agradeció poniéndose más duro. Yo la miraba a los ojos, y ella a mí, y sus tetas en mi verga eran un morboso espectáculo. No sé cuánto tiempo me estuvo pajeando, yo estaba en otra dimensión y perdí la noción del espacio-tiempo. Mi pene chorreaba y lubricaba aquellas dos tetas maravillosas de piel tersa y pezones duros que notaba al clavarse en mis piernas.
Tras un buen rato, mi madre se levantó. Yo no había eyaculado, pero estaba a punto de reventar. Mi pene temblaba de excitación. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta, sin decir nada. Pensé en decir: “gracias mamá. Ambos sabemos que esto no ha estado bien, pero quedará entre nosotros. Ahora, yo terminaré de masturbarme pensando en esas deliciosas tetas y mañana será otro día, todo habrá quedado atrás”. Mi madre llegó a la puerta, dudó unos instantes y entonces, para mi total desconcierto, la cerró y si giró. Caminó de nuevo hacia mí, despacio, tímida, insegura. Dejó caer la bata en el piso y completamente desnuda se subió en la cama. Entonces pronunció entre susurros las tres palabras con las que yo había soñado tanto tiempo y que ahora escuchaba salir de su boca: “ Fóllame, hijo mío”. Yo no me podía creer lo que estaba pasando.
Instintivamente me levanté de la silla y me acerqué a ella, me agarré la chorreante verga con mi mano temblorosa y la aproximé muy despacio a la entrada de su vagina. Tenía a mi madre ante mí a cuatro, ofreciéndome su vagina depilada, húmeda y caliente. Quería acabar ya mismo pero debía aguantar, estaba a punto de follarme a mi madre y sí, quería hacerlo. Noté el contacto con la húmeda piel de su vagina y empujé suavemente. Poco a poco fui perdiendo de vista mi verga que se abría paso en aquella cálida vagina. A medida que entraba podía escuchar el jadeo constante y amortiguado que emitía mi madre. Yo permanecía callado, gozoso, excitado. Se la metí entera y permanecimos así unos segundos. El tiempo se paró. Ya no daba más de la calentura, sentía que mi verga explotaría al más mínimo movimiento, una embestida y el momento se hubiera arruinado por completo. Acariciaba sus muslos, sus firmes nalgas, estiraba los brazos para poder llegar a aquellas tetas imponentes, notaba sus pezones duros. Mi pene no estaba quieto ahí dentro, palpitaba de la misma forma en que su vagina palpitaba, notan las contracciones de su vagina, eso me volvía loco. No podía más y quise decírselo a mi madre. Por fin, pude decirle aquellas palabras que jamás pensé que iba a decirle nunca: “Mamá, quiero acabar dentro de ti”. Mi madre se giró levemente hacia mí y me contestó: “Fóllame hijo mío, y acaba dentro de mamá”. Entonces, empecé un mete y saca frenético, mis testículos chocaban con fuerza en su vulva; ella gemía de manera descarada mientras la embestía con violencia. Yo hacía enormes esfuerzos para aguantar lo máximo posible.
Los jadeos de mi madre eran ya descarados, creo que se podían escuchar en toda la casa, se estaba dejando llevar por el placer, la lujuria estaba dominando su cuerpo; mordía las sábanas y se aferraba a ellas. ¡Oh, esa sensual postal que me regalaba! Las sucias palabras que salían de sus labios: "Eso hijo, cógeme con fuerza, hazme sentir sentir como a esas mujeres que ves en tus vídeos". Marcaban un morboso detonante de perversión. Ambos sudábamos, pegados el uno al otro, unidos por nuestros genitales; madre e hijo cogiendo como dos adolescentes solos en mitad de la noche. La fricción de mi pene en su vagina era cada vez más placentera, su humedad se tornaba más deliciosa, los chorros de sus fluidos corrían por sus muslos, ella solo gemía con más fuerza, hasta que gritó: "Qué rico follas hijo de puta! Ya no resisto más". Dicho eso cayó con su cara sobre el colchón jadeante y exhausta. No pude más, acabé con fuerza llenándola con mi semen, entre lo espasmos de placer suyos y míos; gritos, y susurros hasta quedar rendidos de placer. No sé cuánto tiempo nos quedamos inmóviles, solo sé que la erección no desparecia ni la excitación en ambos nos dejaba.
Mamá se recostó de espaldas y separó sus piernas, entendí la invitación y sin decir nada se la metí otra vez, esta vez nuestras lenguas se funden en besos apasionados y caricias permitidas solo a los amantes lujuriosos. Importaba una mierda la relación de familia, importaba una mierda lo mal que se viera, nos habíamos convertido en amantes que solo querían saciar su deseo a expensas del cuerpo del otro. Cogimos por largo rato hasta que nuestros cuerpos se bañaron en sudor y caímos presa de un delicioso orgasmo. Así nos quedamos dormidos, mi verga estaba atrapada entre sus piernas, derretida, flácida. Despertamos abrazados, nos besamos como dos amantes, desayunamos sexo, en la ducha ya no entrabamos separados sino que juntos compartíamos el placer de estar desnudos bajo el agua. Desde esa noche se escribió una nueva historia que perdura, ya que aún tenemos esos momentos en qué saciamos nuestra perversión sin reservas ni prejuicios.
Pasiones Prohibidas ®

Una interesante forma de satisfacer las fantasías una clara muestra donde los límites no existen
ResponderBorrarY los instintos Lujuriosos se entregan al placer del morbo y la Perversion.
Una Exquisita y candente escena amado mío 💋
Tus detalles tan explicitos son tan excitantes me encanta ese morbo apasionado que le imprimes a tus letras. 🔥🔥🔥🔥
Cómo siempre haces que la imaginación vuele😈 despertando sensaciones 🔥🔥 inevitables 😈siempre invitando al placer mi Demonio Perverso 😈🥰😘😘
Excelente relato mi amor 💋💋
Detalles exquisitos como siempre mi señor, hermoso relato
ResponderBorrarMuy exitante
ResponderBorrarUn relato incleible donde llama a la lujuria y perversión de un hombre apasionado y de una mujer que esta deseosa de más
ResponderBorrarSus relatos dejan entrever la más excitante fantasía. Muchas veces estando al límite de lo moral, del juicio impetuoso del otro.
ResponderBorrarExquisitas letras que despiertan la lujuria de quién se atreve a leerlas, como siempre atrapando la atención en sus perversos detalles... Gracias por tan delicioso relato caballero
ResponderBorrarDelicioso
ResponderBorrarBuenísimo relato muy sensible y despierta el morbo excitado, gracias por enviarlo señor(@) espero por otros, gracias
ResponderBorrarMe encantó es muuuy rica!
ResponderBorrarUn gusto leer sus relatos caballero!⚘
ResponderBorrarIgualmente amiga isabel
BorrarHermoso relato que como siempre despierta nuestros más oscuros deseos, gracias por compartirlo
ResponderBorrarLa lujuria que provoca este relato es muy intensa, hace despertar los deseos más prohibidos que podemos tener
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