Me llamo Tamara, tengo veinte años. Muchos dicen que soy una chica dulce, otros dicen que soy sensual y otros dicen que soy la mujer que todos quisieran tener en la cama; aunque así sea son pocos los que han tenido el placer de coger conmigo y hasta el momento no han habido quejas de mi desempeño. Si a eso suman que soy ninfómana, entenderán el porque no hay reclamos hacía mí en la cama. Sólo les adelantaré que alguna cosa en casa de los niños que cuido, ya que cualquier cosa me pone caliente y terminó masturbándome como una loca en el sofá de la sala, hasta que mis fuerzas me dejan y quedo exhausta.
Les quiero contar que desde pequeña he trabajado como niñera. Empecé cuidando a los niños pequeños de mi barrio y muy pronto la voz se fue corriendo y mucha gente de la ciudad se contacta conmigo para contratarme. Me encanta estar rodeada de niños, una de las razones por la que estudio para ser profesora, pero mi trabajo como niñera es solo algo temporal con lo que ganar un dinerillo para costearme los caprichos que mis padres no quieren pagarme.
Empecé a hacerlo cuando mi padre me recomendó probar cómo me sentía al tener mi propio dinero y, al correrse la voz como ya he dicho, me fui llenando los bolsillos. La voz se corrió porque era muy buena con los niños y todos me querían mucho. Los padres igualmente estaban felices conmigo y me recomendaban con las otras familias, no dejaban de remarcar lo contentos que estaban conmigo.
Tengo un novio que sabe mi adicción por el sexo, respeta esa parte e incluso la disfruta con lujuria; sabe que no puedo controlarme cuando un hombre me provoca, sabe lo mucho que me calienta ser observada, sabe que cuando me toco en la casa de los niños que cuido lo hago pensando en él. Jamás ha hecho problemas ni mucho menos ha demostrado celos cuando le digo que en el metro algún desconocido arrima su verga en las nalgas y me calienta en demasia. Dicho esto, la experiencia que voy a contar sucedió justo antes del confinamiento.
Corria el mes de febrero de 2020. Recibí el llamado de un matrimonio "nuevo" que tenían una cena en casa de unos amigos para celebrar el cumpleaños de quién esa noche sería mi jefe y solicitaron mis servicios para que me quedara con su hijo de dos años. Ambos estaban entusiasmados por conocerme, ya que las referencias que tenían de mí hablaban por si solas. Jorge y Verónica eran una pareja joven, de no más de 30 años cada uno.
Llegué a las 19:00 hrs., hablamos de las otras familias que han dejado a sus hijos a mi cuidado, acordamos del precio por hora y a las 21:00 hrs. se fueron a cenar. Me quedé con el niño que por suerte no dio demasiada guerra, ya a las 10 de la noche dormía profundamente. Me senté en el sofá y llamé a una amiga, al cabo de unos minutos estaba caliente como siempre; escuchar su voz hacía que mi respiración se agitara y mi vagina se mojara sin control. "No sabes cómo me calienta escucharte" –le dije. Ella rió al otro lado del teléfono y dijo: "Apuesto que eso me dices a todas". "Ya me conoces, es algo inevitable pero tengo mis bragas pegada a mi conchita" –le dije. "¡Ufff, qué delicia!" –dijo la muy zorra. Tenía puesto un short de mezclilla y una camiseta delgada, sin brasier y unas bragas que se metían perversamente en mi culo. "Qué ganas de que estuvieras aquí para pasar mi lengua por mi vagina y vieras lo mojada que estoy" –le decía. Ella no hacía más que gemir al otro lado de la línea. "Así cariño, tócate; quiero escucharte gemir cómo una sucia puta" –le dije. También gemiís de placer deslizando mis dedos por mi hinchado clítoris al escuchar como mi amiga se prestaba para satisfacer mis deseos de sexo. "Imagino que estás encima mío y que pones tu conchita en mi boca para beber hasta la última gota de tus fluidos" –me dijo. No aguantaba más el placer y sin darme cuenta exploté en un sin fin de gemidos y convulsiones, mi cuerpo temblaba y mi sexo expulsaba mis jugos que se escurrían sigilosamente entre mis piernas. Aunque lo más delicioso fue escuchar como ella acababa jadeante y perversa. "Me haces volar zorra" –me dijo. "Tú también a mí, eres una delicia corazón" –le respondí. No pasó mucho tiempo y terminamos de hablar para recobrar la compostura y esperar que Jorge y Verónica regresaran.
Eran cerca de la una de la madrugada cuando llamaron al teléfono de casa, era Verónica que me avisaba que iban saliendo y que no tardarían en llegar. Arreglé un poco la sala y esperé pacientemente hasta su regreso. llegaron pasado de la una y media de la madrugada; el niño estaba plácidamente dormido y yo me disponía a irme. "¿Cómo te vas a ir?" –me preguntó Verónica, mientras me daba el dinero. Respondí: "Mi novio vendría por mí, pero al parecer se ha quedado dormido así que tomaré un taxi". "¿Un taxi? Qué va, un taxi hasta tu casa te va a costar la mitad de lo que nos has cobrado" –dijo él evidentemente exagerando. "Jorge acercala tú mientras echo un vistazo al niño" –dijo Verónica.
En ese momento me puse nerviosa. Para los que no han conocido a una ninfomana es algo que no se puede controlar, tu libido y tus ganas pueden contigo y acabas haciendo todo lo posible por tener sexo, por lo que al estar a solas con un hombre me darían mis impulsos, y si encima me provocaba ya no habría vuelta a atrás. Además, Jorge era un muy buen ejemplar. Alto, fuerte, moreno, en sus treinta y muy bromista. Según se puede ver, al parecer se ejercita, por lo que de ahí su físico. "Sí Tamara, yo te acerco" dijo él mientras tomaba las llaves del auto. "No, no. No hace falta, de verdad" –les dije intentando disimular el placer que estar a solas con él me causaba. "Chiquilla no te vayas a gastar dinero en un taxi" –contestó él. "Es que usted debe estar cansado. De verdad que no quiero molestar" –les dije. "Te lleva mi marido y no se hable más" sentenció Verónica.
Salimos de la casa. Él abrió la puerta del auto, una vez estaba sentada la cerró y entró él por su puerta. "Bueno, te dejo en tu casa, ¿no? –preguntó. "Sí, señor" –respondí. "Puedes llamarme Jorge" –dijo sonriendo. "Perdone, es que suelo tratar de usted a la gente que me contrata" –respondí con cortesía. "Ya muchacha, pero serán viejos" –dijo. "¿Te parecen vijeos algunos de tus amigos?" –dije bromeando y riendo. "Has salido bromista, como yo" –me dijo y sonrió. Mi casa estaba tranquilamente a 20 o 25 minutos de la suya, ya que ellos vivían en el centro exacto de la ciudad y yo casi en las afueras. "¿Qué tal tu cumpleaños?" –le pregunté. "Genial" –respondió y volvió a sonreír. "Felicidades, aunque no sé exactamente cuando es" –le dije y reí suavemente. "Vaya, muchas gracias. Eres muy amable" –dijo. Sin mirarme a la cara colocó una mano sobre mi muslo. Su mano estaba fría y me estremeció completamente, me puso los pelos de punta, y él se dio cuenta.
"¿No tienes frío con esos pantalones cortos?" –preguntó sin quitar la mano de mi pierna. "Ahora un poco, pero es lo mejor para cuidar a los niños" –respondí. "Te creo. ¿Sabes? Tienes a todos los padres de mi zona super contentos. Una pareja con la que salimos a veces nos recomendó que te contratasemos" –dijo acariciándome suavemente el muslo. Mi sangre hervía y mi vagina se mojaba perversamente; deseaba que su mano tocará mi sexo y viera que solo con tocarme me tenía deseando que hiciera conmigo cuánto se le antojara. Luché contra mis instintos y le dije: "Sí, don Guillermo me lo dijo, él fue quién me recomendó con ustedes. Son muy buenos conmigo". "Tú eres buena con su hija y con él en otro aspecto" –me dijo mirándome. Instantáneamente me sonrojé y aparté la vista de su cara. Quise decirle algo, pero era evidente que don Guillermo le había comentado algo, así que decidí callarme. "¿No hablas? No te preocupes" –dijo. Balbuceé, pero me hizo callar. "Los dos somos amigos y ninguno va a contar nada" –dijo con seguridad. Subió su mano un poco por mi muslo y comenzó a acariciarme por la apertura de la pierna del pantalón. El pantalón me quedaba un poco suelto, por lo que tomé su mano y lentamente la metí por la pierna hasta que sus dedos rozaron mi tanga. Ahí ya perdí el control por completo.
Me puse de rodillas sobre mi asiento y me incliné hacia su dirección. Mientras él conducía comencé a desabrocharle el pantalón y saqué su verga. Comencé a lamer el glande y lo masturbaba suavemente. "No debería hacerle esto a tu mujer. Es muy buena conmigo" –le dije mientras lo masturbaba. "Conmigo también lo es, sobre todo cuando estamos en la cama. Ahora chúpamela" –dijo mientras empujaba mi cabeza hacia abajo, creyéndose que iba a arrepentirme. Comencé a chupársela lo mejor que podía, pero la posición suya y que estuviese pendiente a la carretera lo hacía un poco difícil. "Estaciona en algún lado" –le dije de la manera más caliente que se me ocurrió.
Sin pensárselo dos veces estacionó en un sitio baldíol al lado de la carretera donde no alumbraban las luces y apagó el auto. "Quitate la camiseta" –me ordenó. Él levantó las caderas y se bajó sus pantalones y calzoncillos, hice lo que me pidió y me quité la camiseta. Mis tetas quedaron a su disposición. Volvió a empujar mi cabeza y esta vez, sin sus manos al volante, los pantalones ya no estorbaban, así que pude chupársela sin problemas. Comencé a lamérsela como si fuera un delicioso helado mientras él me miraba y disfrutaba de lo que estaba haciendo. Jugaba suavemente con el tronco masturbándolo sin despegar mi lengua que se deslizaba lentamente. Jorge pellizcaba y tiraba de mis pezones, le pequeños azotes a mis tetas, cosa que me ponía muy caliente.
Decidí que ya estaba bien de jueguitos, poco a poco me metí toda su verga en la garganta. Con la lengua lo estimulaba, pero el placer mayor se lo daba mi ajustada garganta envolviendo su miembro. Llevé una mano a sus testículos y comencé a acariciarlos mientras mis labios envolvían su glande, follaba mi boca suavemente, me sentía tan caliente e imagina la manera en que Verónica también atendía sus necesidades de sexo cuando estaban en la cama. ¡Dios mío, estaba tan húmeda! Sus gemidos me ponían más caliente y me perdía de la manera más perversa en mis pensamientos, tanto que imaginaba como Verónica se tocaba en su cama esperando a que volviera para follar con su esposo.
Me quite los shorts y la tanga, sin previo aviso me tomó y me puso sobre él; su verga entró por completo en mi vagina, lentamente me movía en círculos, la sensación de tenerla por completo era sublime, estaba aferrado a mis caderas que iban aumentando sus movimientos, yo gemía de una manera salvaje, él mordía mis pezones con brutalidad y decía: "Eso chiquita, muévete rico para tu papi". ¡Oh, que perverso se escuchaba! De vez en cuando azotaba mis tetas, dejando sus dedos marcados, así mismo mis nalgas. "¡Si papi, fóllate a esta niña mala!" –le decía. Bajó sus manos y las deslizaba por mi culo, para nalguearme con ambas manos. Mi vagina se contraía con fuerza y me retorcía sobre él. "¡Oh papi, tu putita está acabando!" –le decía. "Hazme sentir que soy una puta, quiero sentirme tú puta" –le decía entre gemidos. Una profunda embestida me hizo tocar el cielo, caí en las manos de un intenso orgasmo que me gemir y jadear hasta el cansancio pero él no había terminado conmigo. Me bajó encima de él y enredando sus dedos en mi pelo me llevó hasta su verga y me hizo chupársela hasta que acabó en mi boca. Sentir esos chorros de semen llenando mi boca era la sublime recompensa de un trabajo bien realizado, tragué hasta la última gota y me comí hasta el último centímetro de su verga, llena de con mi saliva sus testículos. Tomó mi camiseta y limpió su verga y sus testículos con ella; nos tomamos el tiempo para vestirnos, me dijo que sería nuestro secreto mientras me daba dinero para comprar mi silencio y por Dios que lo disfruté ya que me sentí como una verdadera puta. "Pierde cuidado, lo que pasó aquí quedará solo entre mis piernas" –le dije. Sonrió y comenzamos otra vez la marcha rumbo a mi casa. Al llegar se bajó del auto y abrió mi puerta, me ayudó a bajar y al despedirnos apretó mis nalgas con fuerza, lo que hizo que otra vez me mojara y dijo: "Hasta volvernos a ver Tamara". "Por supuesto que sí tesoro y espero que sea pronto, total tienes mi número y sabes dónde vivo" –le dije.
Por alguna razón, se volvieron clientes habituales para que cuidara a su hijo. Verónica estaba tan contenta por la dedicación que ponía en el cuidado a su pequeño, claro como una buena profesional les daba un servicio de primera para que ambos padres estuvieran felices.
Pasiones Prohibidas ®

Mmmmm un rico y muy excitante relato mi Perverso 🔥 recordé tus frases preferidas😈😈💋
ResponderBorrarEl asecho de lo prohibido. Las relaciones que se dan entre jefes y niñeras, la secretaría u otras. Nos hacen subir la adrenalina de principio a fin. Intenso y deliciosamente rico.
ResponderBorrarMuy rico relato Mr.P, gracias por otras letras llenas de lujuria que le dan vida a mis pensamientos calientes
ResponderBorrarExcelente y muy sugerente relato caballero, sus letras siempre invitan a que la imaginación vuele y busque maneras creativas de quedar complacida.
ResponderBorrarGracias por regalarnos su talento.
Hermoso relato Mr. P, uno lleno de lujuria y pasión como siempre, que sabe llegar hasta el fondo de nuestros perversos deseos, es gratificante leerlo
ResponderBorrarDelicioso relato estimado Caballero como siempre deja volar la imaginación a flor de piel
ResponderBorrarMe excitó, quisiera ser Tamara!!
ResponderBorrarExquisito relato, como te dije adoro lo sensual que inicias y lo sexual y salvaje que se torna
ResponderBorrarEste relato hizo que mi cuerpo reaccionara y humedecio mi sexo
ResponderBorrarL.