55. Quería sentirme puta 1



En mi mente siempre quise ser una puta, experimentar la sensación de que me paguen por sexo y poner mi cuerpo a disposición del cliente para que se satisfaga, para que cumpla esas sucias fantasías que en su casa no puede llevar a cabo. Me considero una persona normal pero con la necesidad de cumplir una fantasía desde que descubrí lo placentero que es el sexo. Mi nombre es Renata, soy una mujer de 25 años, trabajo en una empresa y tengo un cargo importante; soy soltera y me gusta pasarla bien en el todo sentido de la palabra.

Cómo les contaba, mi fantasía era ser puta y sentirme así; mi mente divagaba en que si estaba bien o mal, pero en realidad siempre estaba presente ese sentimiento de dar ese paso. Cuando salía del trabajo y tomaba la salida de la autopista, veía a las chicas como se acercaban a los autos para "ofrecer un servicio". Veía como después de una corta charla se subían a los vehículos y se iban a algún lugar no concurrido para concretar ese perverso negocio. Muchas veces llegué a apagar mis fuegos internos pensando en que era una de ellas e imaginaba todo lo que esos hombres podían hacerle.

Un día en la oficina no habían reuniones ni ningún asunto importante que tratar, así que me puse a leer el periódico, que para variar traía malas noticias. Llegué a la sección de avisos y vi uno que llamó mi atención: "Se solicita señorita para trabajar en privado". Había un número telefónico para llamar en cierto horario de la mañana. Guardé el número en mi celular y ver al otro día en que consistía el "trabajo".

Me desperté temprano para llamar, estaba ansiosa, sabía que era un putero pero quería saber a ciencia cierta las condiciones que se debían cumplir para ser parte del staff. Eran las 9 y media de la mañana cuando marqué, sonó tres veces y la voz de un hombre resonó: "Buen día. ¿Con quién tengo el gusto?" –dijo. "Buen día caballero, habla Renata". "¿En qué puedo ayudarte?" –me dijo con un tono enérgico. "Llamo por el aviso" –respondí. Una pausa un tanto incómoda y dice: "Muy bien, lo haré simple. Necesito que vengas a una entrevista a las 7 de la tarde. Debes venir con un vestido corto y ropa interior sensual, zapatos con tacón alto y maquillada para la ocasión. Si no estás en el horario en que se te citó lamentablemente no habrá otra oportunidad". "Está bien caballero, seré puntual. Llamé a la oficina para informar que no estaría, ya que tenía una cita con un cliente y que al otro día retomaría con normalidad mi agenda. Mierda, me había metido en un embrollo del cual no podía salir, ya que hubiera sido mejor hacer que la llamada no existió y dejar todo así pero mi curiosidad era más grande.

Me fui a la ducha y recordar el tono de voz de aquel hombre mientras el agua recorría mi cuerpo me puso caliente, al punto de fantasear y masturbarme deliciosamente, sentir como mi vagina se humedecía no por el agua de la ducha sino por la voz de aquel desconocido y masajear mi clítoris pensando en él, me hacía gemir de manera descontrolada. Deslizar mi mano libre por cada parte de mi piel encendía un fuego que no se podía apaciguar fácilmente. Solo recordar ese timbre definido, pausado, enérgico me hacía estremecer; estaba perdida pero por suerte el orgasmo no tardó mucho en llegar y me dejé acariciar por el sublime placer que brinda la masturbación.

Era tiempo para ir de compras, mi ropa era sobria por mi trabajo, debía comprar algo que me hiciera ver puta y mis vestidos no estaban a la altura de la situación. Ya en la tienda me probé cuánto vestido negro tenían y ninguno me daba la imagen que buscaba representar. Al fin, el vestido indicado. Mis curvas se marcaban, se realizaban mis nalgas y mis tetas, me veía sensual; así lo sentí cuando salí del probador y algunos hombres se detuvieron a mirarme, después de mucho me sentí deseada. Adorné el vestido con un sutil cinturón y obviamente unas joyas ad hoc. La hora se acercaba, debía correr a casa para arreglarme y verme muy puta para la entrevista con ese misterioso hombre; había mucho en riesgo, pero decidí correrlo por esa experiencia.

Otra vez en la ducha y caliente, mis ganas de ser una puta eran una lucha y tal vez se daría la oportunidad de serlo aunque sea una vez. Mi vagina palpitaba de solo pensar que si pasaba la entrevista la forma en que me usarían y si estaba dispuesta a aceptar cada perversión que ellos tuvieran a cambio de dinero. No había tiempo para nada más que arreglarme para la cita, me puse un liguero, pantaletas negras y medias a medio muslo. Me marquillé de manera sutil, usé en un lápiz labial rojo intenso, me puse el vestido y al verme en el espejo dije: "¡Wow, me veo como una verdadera puta!". Una sonrisa salió de mis labios mientras solté mi cabello, me puse los tacones y me perfumé con tal de darle a ese hombre la mejor impresión. Sentía como mis fluidos impregnados en la pantaleta, era delicioso. Me pregunté: "¿A las putas les pasará igual o es solo a mí?". Bueno, tal vez lo descubra después. Me subí a mi auto y conduje hacía la dirección que se me había dado, llegué con antelación y descubrí que se trataba de un excluso hotel del sector oriente de la capital. No sabía el número de habitación, por lo qué llamé otra vez y esa voz hizo vibrar por completo mi ya húmedo sexo. "Sí. ¿Quién habla?" –me dijo. "Soy Renata, hablamos en la mañana y usted me citó a las 7 PM" –contesté. "No me digas que me llamas porque no vendrás" –dijo. ”No caballero, llamo para saber cuál es el número de la habitación, estoy en el hall" –dije algo nerviosa. "Es la habitación 1706, regístrate y te darán la llave" –dijo con un tono más calmo. Fui a la recepción y la chica qué atendía me miró por completo; sentí algo de vergüenza cuando me pidió la cédula de identidad y le sacó una fotocopia. Me hizo firmar la hoja tapando la copia y la reviso para ver si la firma coincidía. "Lo siento, es el protocolo que el hotel tiene para mujeres como usted" –dijo. "No te preocupes, entiendo" –le dije. Se me entregó la llave y un guardia del hotel me escoltó todo el camino hasta la puerta de la habitación. Al colocar la llave en el scaner, estaba él de pie frente al ventanal. Era un hombre imponente, de espalda ancha, pelo corto; vestía un pantalón de tela negro y una camisa blanca, sin darse vuelta dice: "Siéntate, es tiempo de hablar". ¡Diablos, esa voz hacía que me mojara por completo! Ahora tenerlo frente a mí haría imposible que pudiera controlar mi excitación.

Se sentó frente a mí y me miró a los ojos, no pude sostener la mirada más que unos segundos y mis ojos se escabulleron mirando el piso. "¿Quieres tomar algo?" –me preguntó. No sabía que responder, los nervios superaban mi cordura. Me miró en silencio y dijo: "Será whisky". Fue al frigobar y tomó una de esas botellas pequeñas y la vertió en un vaso. "Bien Renata. ¿Por qué estás aquí y qué esperas?" –preguntó. Con la voz titubeante le dije: "Bueno, ví el aviso". "Lo sé, ya me lo dijiste cuando hablamos, pero las preguntas fueron otras" –respondió con esa voz enérgica. Mi mente volaba y mis pensamientos decían: "Cógeme como una puta". "Si no tienes claro por qué estás aquí, entonces haces perder mi tiempo" –me dijo. Un escalofrío recorrió por completo mi espalda y mi vagina palpitaba deseosa. "Caballero, estoy aquí porque quiero ser puta" –le dije. Se echó para atrás en la silla y me miró por completo, mi instinto hizo que me pusiera de pie para que pudiera apreciarme por completo. Me recorrió con los ojos de arriba a abajo, sentí fuego en esa mirada penetrante; mordía mis labios al contemplar la lujuria en sus perversos ojos. "Bueno, lo pareces, pero llegar a serlo es cosa de tiempo" –me dijo. "Estoy dispuesta a ser tan puta como se pueda ser y créame que si me propongo algo lo consigo" –le dije casi gimiendo. Él sonrió y dijo: "Ya sé por qué estás aquí y qué quieres. Ahora, quítale el vestido" –dijo con autoridad. No sé si fue por la excitación pero casi de inmediato ya estaba frente al él luciendo mi ropa interior. "Eres una mujer sensual" –dijo. Esas palabras fueron un detonante a mi lujuria, sentí como mis fluidos recurrieron por mis muslos, él lo notó y paso su lengua por sus labios. "¿Le agrada lo que ve caballero?" –le pregunté. No respondió nada pero se llevó la mano al pantalón para acomodar su miembro, deseaba que lo sacara y lanzarme a su entrepierna para saborearlo por completo. "Desnúdate" –ordenó. De manera obediente quité mi brasier y mi pantaleta húmeda; ahí estaba completamente desnuda ante un perfecto desconocido, ya que no sabía aún su nombre.

"¿Trabajaste de puta alguna vez?" –preguntó. "No caballero, nunca" –le respondí. "¿Has cogido?" –arremetió. "Claro, y me encanta hacerlo, pero nunca lo hice por dinero solo por placer" –respondí. "Recuestate en el piso y tócate" –dijo. ¡Oh, por Dios! Lo estaba deseando desde que entré. Me tendí y separé mis piernas, la humedad escurría y mis dedos de delizaban suavemente. "¿Le gusta así caballero?" –le pregunté. "Estás perfecta" –me dijo, mientras volvía a acomodar su erección. Esa forma que tenía de mirarme me ponía más caliente, masajeaba mis tetas mientras mis dedos se hundían en mi vagina. Gemía con descontrol y él no despegaba sus ojos viendo cómo me tocaba para complacerlo. Sacó su verga entre el cierre y se comenzó a masturbar, ya no podía más con mis gemidos; el placer me tomaba por asalto y me hacía jadear. Se puso de pie y yo continuaba en lo mío, de pronto él comenzó a orinar mi cuerpo mientras decía: "Ahora eres mi puta". Me sentí así y sentí que era la forma que tenía de marcarme como suya, al igual que hacen los machos cuando marcan su territorio. Su orina recorría mi cara y mis tetas, estaba feliz de ser aceptada por ese hombre y abría mi boca para beber de su tibia orina para saciar mi sed de lujuria. Al ver cómo disfrutaba él reía complacido. Me tomó del cabello y me puso encima de la cama, hizo que me pusiera en cuatro y sin decir nada me clavó su deliciosa verga. Mi vagina no puso resistencia ya que estaba completamente mojada; con sus imponentes manos se tomó de mis caderas y embistió con fuerza. "¡Ay Dios, que rico caballero!" –exclamé mientras sentía que llenaba por completo mi sexo. Cada vez con más fuerza hundía su verga en mi interior, deliraba de placer y solo balbuceaba las ideas de mi cabeza que incluso para mí eran incomprensibles, la situación era no sé si definirla como especial o perversa pero estaba siendo folladas como siempre lo deseé y por Dios, el placer era Infinito. No tardé mucho en rendirme a un intenso orgasmo, él se aferraba con fuerza a mis caderas mientras sus embestidas eran duras y estridentes. "¿Te gusta puta?" –me preguntaba. "Oh, caballero, me tiene al borde de la locura?" –le respondí. Sin sacar su verga me dió vuelta para mirarlo y disfrutar de la perversión en sus ojos. En mis adentros pensaba: "Ojalá mis clientes tengan ese ímpetu de macho para cogerme". Ya no resistía esa mirada lujuriosa en mis ojos, ya no sabía hasta donde iba a llegar pero si sabía que me estaba graduando de puta ante la atenta mirada de aquel desconocido.

Me decía: "Eres una puta deliciosa". Le agradecía con gemidos incontrolables, me retorcía de placer mientras yo jugaba con mis tetas en cada embestida. Comenzó a moverse más rápido mientras jadeaba, sentía como su verga se hinchaba en mi interior hasta que acabó deliciosamente dentro mío. "¡Qué rico caballero!" –le dije mientras su semen se mezclaba con mis fluidos; estaba en un profundo éxtasis, no podía controlar mi respiración y parecía que el corazón se me salía por la boca. Me hizo limpiar su verga con la lengua hasta dejarla libre de cualquier residuo de su semen. La guardó y se sentó. "Puedes vestirte" –me dijo. Mis piernas temblaban al más mínimo esfuerzo hasta que cumplí su orden. "Empiezas mañana. Algo importante que debes saber, la tarifa que vas a cobrar es de US$300 y de eso te quedarás con US$190, los pedidos extras que tengan los clientes lo cobrarás a parte ya que ese dinero es íntegro para tí. Por cierto, aquí tienes tus primeros 300 por la atención que me diste" –me dijo. Tomé el dinero y salí.

Al salir del hotel el valet parking tenía mi auto esperándome al frontis y me fui a casa pensando en lo que había sucedido. Al cabo de unas horas recibo un llamado del hombre con quién me ví en el hotel, me entregó la dirección donde debía ir y el horario de mi jornada. "¡Mierda! ¿Qué haría ahora?" –pensé en mis adentros. Me dijo: "No uses tu nombre real, sino que busca uno para que seas conocida, ya que no quiero que esos pervertidos que serán tus clientes te acosen fuera del trabajo". ”Entiendo caballero" –le dije. La mañana siguiente fue un dilema, ya que estaba mi otro trabajo en la oficina, no sabía que hacer; me embarqué en esta aventura sin rumbo y olvidé la responsabilidad que me seguía en la empresa. Analicé las posibilidades, si seguir en lo que me había metido o continuar con mi vida de manera normal. Estaba frente a la cama desnuda después de la ducha buscando una respuesta, después de unos minutos de análisis la decisión menos racional ganó y me sumí de lleno a ser una puta. Hice los trámites para mi renuncia y dedicarme por completo a la profesión más antigua del mundo. Me dirigí a la oficina y solucioné lo que había quedado pendiente del día anterior. Hablé con mi socio y le comuniqué mi decisión de renunciar, que seguiría con la participación de las acciones en la empresa y que tal vez me decida a vender pero ya no podría estar por razones de tiempo. Me fuí por un café y pensar, por mi cabeza daba vueltas la idea si fue lo correcto o solo era un capricho de niña que deseaba concretar. Lo cierto es que, ahora sería parte de un staff de putas de lujo.

La hora estaba cerca, me arreglé de forma provocativa. Puse el GPS y comencé la ida a ese lugar donde comenzaría una nueva etapa de mi vida; no niego que los nervios me tenían al borde del colapso pero también esa excitante sensación de descubrir algo nuevo. Cómo buena amante del Blues me acompañé por los sensuales acordes de la música e iba imaginando el primer encuentro. El edificio estaba muy cerca del hotel donde fuí la noche anterior, iba en el ascensor y no daba más de la excitación, el morbo y descubrir algo desconocido. Al estar frente a la puerta del departamento me quedé inmóvil por unos segundos, toqué el timbre y me recibió una chica guapísima, muy bien vestida y de manera cordial me dice: "¿Tú eres quien comienza hoy?". Con un tono algo ahogado respondí: "Sí, hoy es mi primer día". "Por favor, pasa y toma asiento. ¿Te ofrezco algo para beber?" –dijo mientras cerraba la puerta. "No, estoy bien así" –le respondí. Después de unos minutos de espera otra vez vino hasta donde estaba yo y dijo: "Muy bien, te cuento. No somos como las típicas 'casas' en dónde van los hombres a tener sexo; lo nuestro son clientes acomodados económicamente hablando. Nuestra cartera es variada y muchos son personas con influencia en algún ámbito, por ende la discreción es algo fundamental. ¿Me entiendes?". "Claro, no tengas cuidado en eso" –respondí. Me habló de los precios, de cuánto se quedaban ellos como intermediarios y me recalcó que no use mi nombre real. También me dijo que habrían clientes que me pedirian realizar algunas cosas extras que no estaba en el precio y que era libre de aceptar o no lo que ellos quisieran hacer pero lo que yo decidiera cobrar quedaría íntegro para mí. Otra de las cosas que me dijo que no solo debería estar disponible en los horarios asignados, ya qué algunos clientes solicitaban chicas para salir a cenas o alguna reunión a la que no irían con su esposa por lo que sucede después y que ese precio lo manejan ellos como agencia, por lo que mi pago sería más que una simple atención en el departamento. También me recalcó la necesidad que tienen ellos de que "esté limpia", sin alguna ETS que pusiera en riesgo a los clientes porque la reputación del negocio se la llevaría el diablo, por ende debía presentar cada cierto tiempo exámenes que avalarán que estaba bien y que cada atención debía ser con preservativo. Una vez aclarado los puntos me asignó una habitación en dónde debería atender a mis clientes.

Se me avisó por teléfono que vendría un cliente importante en veinte minutos, así que me preparé lo mejor posible para mi debut. Estar allí, sentada en la cama, esperando a mi primer cliente, ejerciendo por primera vez, no fue una decisión, fue el acto natural, tan natural como despertarse o respirar.

La puerta de la habitación se abrió con tanta brusquedad, y con tanta falta de delicadeza. Me deslicé al borde de la cama y abrí las piernas para incitarlo, para atraerlo, pero su vista se quedó en mi vagina ya que percibió que estaba lista. Sin juego previo me quitó la ropa interior y me tuvo desnuda a su merced; me indicó que lo desnudara y chupara su verga. Dios, ¡qué sensación tan exquisita! Disfrutaba de su brusquedad a la hora de tenerme con su verga en la boca, sus dos manos estaban sujetando mi cabeza y marcando el ritmo en que quería ser atendido. Su verga llegaba a lo profundo de mi boca, hacía arcardas al sentirla llegar a mi garganta pero es lo que quería y había pagado por ser complacido. "recuestate la cama puta" –dijo. Obedecí de prisa y se lanzó como obsesionado a lamer mi sexo, sentir lengua me hizo temblar de placer; mis fluidos eran limpiados por la manera exquisita en que me recorría, masajeaba mis senos y la lujuria se intensificaba en mi cuerpo. Era tan placentero y tan perverso cuando hundía su lengua en mi vagina, mis ojos se cerraban y disfrutaba de ese mortal éxtasis que me dejaba sin aliento. Me llevó al borde del infierno cuando sentí como mi sexo se contraía y exploté en gemidos no sé si sensuales pero eran intensos, él notó que estaba a punto de acabar e intensificó los movimientos de su lengua en mi hinchado clítoris, ya no resistía más y tomé su cabeza para hundirla entre mis piernas. "Eso, siga así, no se detenga por favor" –le decía. Por fin el anhelado orgasmo, ese delicioso placer que me hacía retorcer en la cama. "Eres una buena puta" –me dijo saboreando mis fluidos. Sudando y con espasmos en mi vagina me dijo que lo montara y que lo hiciera sin condón, le dije la penetración debía ser con preservativo, me miró y me dijo: "¿Cuánto quieres?". En ese momento recordé que lo extra era decisión mía así que le pedí el precio que la agencia cobraba. Sin dudarlo respondió: "Está bien, lo vales".

Lo monté como solicitó, comencé a moverme despacio, quería que su miembro se adaptara a la forma de mi vagina, sentía lo duro que estaba, así que me movía cada vez más rápido, él apretaba mis muslos con fuerza. Mi adorado cliente jadeaba rápido y sin fuerza. Cerré los ojos, dejé caer la cabeza hacia atrás y me abandoné, casi de manera automática subía y bajaba de manera frenética. "Así puta, muévete" –me decía. Nuestra perversión se transformó en una y nuestros cuerpos compenetrados en el éxtasis fluían con total libertad, no aguante mis ganas de besarlo, así que muestras bocas se unieron y nuestras lenguas empezaron una danza frenética, entrelazadas por la pasión que el momento nos brindaba. "¡Oh, mierda, voy a acabar otra vez!" –le digo. "Solo sigue moviéndote y no te detengas" –dijo. Estaba exhausta pero llena de placer. Quería que también acabara dentro mío y sentir la suciedad de su semen inundando mi interior. No bastó más que unos vaivenes más para hacer que ambos explotamos a la vez. Sentí como su verga se vaciaba de forma exquisita, caí sobre su pecho y él acariciaba mi rostro, me dijo: "Vales cada maldito dólar que pagué por ti". Me hizo sentir complacida e incluso deseada. Se levantó, se dió una ducha y pagó mis servicios, el precio por la atención y una generosa propina de US$500. Nada mal para ser mi primera vez en este oficio.

A su salida, me senté frente a un espejo. Mi vagina estaba abierta y me deleitaba en el color rosado de ésta. Ví cuando el esperma empezó a asomar. Me paré frente a él. Nunca lo había hecho, nunca había visto mi vulva con tanto detalle ni tan cerca: ¡Qué placer se dan los hombres! El semen escurría como si fuera miel, aunque no tan viscosa. La primera gota cayó al piso. Pasé un dedo sobre ella y noté su textura al juntar los dedos. Me acerqué el dedo a la boca, no por el sabor, ya lo conocía, sino por sentirme sucia. Relamí el dedo, y se fueron contrayendo los labios, la boca, los hombros, todo el cuerpo hasta las piernas. Un espasmo de la vagina, más intenso que un orgasmo, expulsó mucha más semen. Su visión me resultó hermosa, puse la mano extendida sobre mi vagina y la removí para ponerla en el espejo. De ahí tomaba el semen y lo esparcía sobre mis pechos. Qué sensación tan intensa, la vagina se me contraía de puro placer. Cómo aún tenía tiempo me masturbé jugando con el semen que tenía en mis tetas. El orgasmo que tuve fue tan intenso como los que mi cliente me proporcionó hace un rato. Me di una ducha y esperé desnuda.

Sonó el teléfono, estaba preparada para recibir a mi segundo cliente. Me recosté en la cama con las piernas cerradas para que no pudiera ver mi vagina. Cuando entró le miré a los ojos, a medida que se acercaba yo llevaba mis manos desde el borde de la cama hasta mis pechos. Cuando estuvo suficientemente cerca, él se lanzó a manosear mis pechos. Sus pulgares recorrieron mis tetas para apretarme los pezones. Le gustaba apretar y a mí me gustaba ver que él no tenía ningún control. Deseaba que mordiera mis senos, que los lamiera, un deseo intenso que nada tenía que ver con mi cuerpo. "¡Cómeme las tetas!" –le dije. Fue una expresión de deseo y necesidad, nacida al tiempo que empujaba mi teta contra su boca. No sé si lo que hacía era comer un helado o mamar, porque tan pronto chupaba el pezón con el ansia de un bebé hambriento y como lamía mi teta como si fuera una dulce bola de helado. "¡No dejes a mi otra teta se ponga celosa bebito!" –le dije. Fueron las palabras que acompañaron mi giro para ofrecerle mi otro seno. Otro biberón para el niño, otro helado, ambos preparados por la calentura que tenía.

Lo detuve y Lo empujé hacia atrás. "¿Eso es todo lo que sabes hacer? ¿A eso has venido?" –le dije. Quería que sacara el animal que estaba encadenado en su interior. "¡Te voy a enseñar a qué he venido sucia puta!" –dijo con tono ofuscado. Separó mis piernas con violencia y metió su verga sin ninguna delicadeza. Desde que me penetró sus movimientos fueron rápidos, violentos. Entraba hasta lo más profundo. "Bebito malcriado vas a tener que pagar más por meterla sin condón" –le advertí. Ya lo sé puta" –dijo. Su lenguaje soez: "¡Puta! ¡Puta! ¡Toma puta! ¡Puta!". Casi era como un disco rayado, pero era la canción más bonita que hubiera escuchado nunca. Contraje mis muslos, mi vientre, y puse mi vagina tan dura como pude; quería sentir su verga recorrer toda mi intimidad. Desde que su glande abría mis labios, y recorría mi interioror, hasta que salía casi por completo, la canción sonaba en sus labios: "¡Puta! ¡Puta! ¡Puta!". No me importó si acababa en mi interior, su verga seguía dura y con ella las duras embestidas y su monótona canción. Por fin sentia como su esperma llenaba lo más profundo de mi vagina, me sentía una inmensa puta, me sentía zorra, también satisfacción, incluso sentía placer; pero no el placer del sexo, sino el placer que se siente cuando alcanzas una meta. Sobre todo cuando ví el dinero sobre la pequeña mesa de noche. Sólo quiero que sepan como me sentía porque era un placer inmenso.

No iba a desperdiciar nada de aquel delicioso semen. A su salida contuve su semen en mi interior y coloqué la taza que estaba para ofrecer café a alguno de los clientes. Igual que las máquinas expreso mi vagina aún caliente dejaba caer los borbotones de ese viscoso esperma. Ya casi no sale más, así que deslizo mis dedos entre abiertos sobre mi vulva suavemente, una vez más aún más suave, casi me hago cosquillas, la cabeza se me va para atrás y mis dedos juegan con mis labios. Están empapados por mis fluidos y el poco que quedaba . Mi dedo medio hace un círculo muy grande, de arriba a abajo, de abajo a arriba, cada vez con más fuerza rozando mi clítoris, la vagina se me contrae y espasmos recorren todo mi cuerpo. ¡Oh, Dios, no sé cuánto voy a resistir! Me preparé un café para beberlo junto con esa deliciosa leche que mi vagina había recolectado. Nunca antes el café había tenido un sabor tan delicioso.

Sé lo que piensan en este momento: ¿Qué mente sería la más sucia? ¿La del escritor a quien le confié esta historia para plasmarla con esos detalles lujuriosos o la de ustedes que la leen? ¿Qué sintieron al leer: “Quiero sentirme puta”? ¿Qué esperaban encontrar tras esas líneas? Si cierran la ventana, entonces cerraré las piernas y las historias que mi vagina esconde. ¿Qué dicen? ¿Sigo contándoles? Bien sigamos entonces.

Estaba exhausta, levanté el auricular del teléfono y le pedí a la chica que me recibió un tiempo para descansar y poder asearme con calma. Me dió una hora para descansar, en tanto estaba en la ducha tibia pensaba en lo que estaba haciendo y cómo disfrutaba de la experiencia. Pasó la hora y a los diez minutos siguientes ya estaba sonando el teléfono, otro pervertido cliente había llegado para divertirse. No me di cuenta cuando el cliente ya estaba en la habitación y yo murmurando pensamientos vulgares e imaginado la forma en que aquel hombre me cogería. Me gusta el lenguaje soez en mis oídos, pero odio que salga de mi boca, es como perder la suciedad que ha entrado por mis oídos pero era una regla que estaba dispuesta a romper.

"¡Carne fresca!" –exclamó. Me tomó con fuerza de las piernas y me arrastró al borde de la cama, puse las piernas en sus hombros y aprieta mis muslos con fuerza, me da un lengüetazo que recorre mi vagina completa aen un viaje que iba de ida y vuelta, me hace temblar de placer. Sí, si sabe hacerlo y me tiene húmeda por completo. De manera frenética masajea mi clítoris con la punta de su lengua; nota que me estoy muriendo de calentura así que se detiene y me deja con el deseo de acabar. Se pone a recorrer mis labios vaginales. Su lengua está húmeda y la presión que ejerce se hace agradable. "¡No te olvides de comerte mi culo!" –le dije. Vaya lengua, debe poderse tocar la punta de la nariz con ella. Parece que le pago yo en vez de lo contrario. Mete la lengua, la deja adentro, presiona, me penetra rápidamente como si fuera una verga pequeña, dulce y juguetona. La verdad me estaba perdiendo poco a poco en esa placentera sensación; no gobernaba mis emociones ni mi cuerpo, solo me dejaba llevar por la lujuria del momento. ¡Tal vez ya había aprendido a ser puta o solo me lo estaba imaginando! Fuera cual fuera la situación el placer era innegable. De pronto, me invadieron espasmos vaginales. Ya me estaba acostumbrando a temblar al para recibir un orgasmo pero el hijo de puta ya se había detenido para dejarme caliente y con ganas de más. ¡Dios, qué espasmos! El placer sexual no iguala la satisfacción de lo que siento ahora. ¿Hay algo mucho mejor que sentirme sucia? ¿Qué todos los clientes que he tenido sean unos malditos sucios y pervertidos? El mal parido siguió con su asquerosa lengua recorriendo mi húmeda intimidad, en dónde casa espasmo era intenso, cada contracción de mi vagina era la crónica de una muerte anunciada y mi respiración agitada marcaba el ritmo de un frenesí orgásmico que se vislumbraba no muy lejos, se está comiendo toda mi vagina, y además, mete toda su lengua para más placer.

A veces he soñado que una manera de sentirme puta sería colocar mi vagina sobre la cara de un hombre y que metiera su lengua todo el día en mi sexo caliente, o mejor aún, una fila de hombres y pasar de uno a otro cada media hora, un día entero. Ese ha sido un sueño recurrente en mis noches húmedas pero ¿se podría hacer aquí? Les aseguro que no me quedé con la duda.

Ya el maldito se había apiadado de mi alma y dejó que acabará. Entre gemidos le decía: "¡Nadie me había arrancado tanto placer, y sobre todo tantos fluidos! Eres realmente bueno; si el dar placer se mide con el chorro de fluidos que me has sacado entonces eres el mejor del mundo". "¡Sí! Noté que acabaste de lo lindo y que tú vagina rebosaba de placer".
Estaba muy caliente. Bastaba que me rozara con las uñas o me muerda los pezones para volverme una salvaje perra en celo. Este es el tercero y quería recibir todos los clientes que me fueran posibles para sentirme plenamente puta. Este todavía no me había penetrado, pero cuando meta su verga me voy a derramar en un orgasmo tras otro.

"¡Ven, que te voy a demostrar que yo también lo sé hacer!" –le dije. Me tumbé boca abajo en la cama, cuando acercó su verga a mi cara, lo comencé a masturbar suavemente. Tras unos movimientos lo presioné fuerte, lo miré a los ojos e introduzco su verga en mi boca. Sólo quiero que acabe en mi boca, quiero la viscosidad de su semen llenando mi boca y me va a dar el condenado hijo de puta. Mientras se lo chupaba no despegaba mis ojos de sl los suyos, yo quiero hacerlo, quiero mirarlo mientras saboreo su miembro en mi boca. Quiero ver a través de él, quiero saber porqué me ha dado tanto placer. "¿Quiere sentir la misma suciedad que yo?" –le dije. Solo asintió que sí. Con mi lengua, presioné su glande contra el paladar, haciendo cada vez más presión, y súbitamente paso la lengua con movimientos circulares, él solo gemía. Lo saco y le pregunto: "¿Le gusta así?". Otra vez asintió. De nuevo atrapo su glande con mis dos dedos, lo acaricio muy suavemente sin apartar mis labios y aumentando la presión poco a poco. La punta se le llena de líquido pre seminal, jadea como un perro en celo mientras pide que siga chupandósela, se contrae, no quiere acabar, pero ya no hay marcha atrás. Lo meto en la boca y realmente lo mamo. No tarda en llegar ese delicioso y tibio semen. Fue muy fácil notar su llegada, la verga le palpitaba; estaba atenta a su llegada; cuando por fin expulsó ese exquisito elixir fue de manera intensa, tenía llena la boca de su semen el cual bebí en un intenso sorbo. Es casi como la satisfacción de sentirme sucia en lo más profundo de mi intimidad.

Ya la intensidad en su eyaculación había menguado, hice que mi lengua jugara aún más con su glande hasta extraer la última gota pero ya no la trajo sino que la dejo en mi boca. El hijo de puta aún estaba erecto, no lo dejo escapar. Sigo mirándole a los ojos mientras mi lengua acaricia muy suavemente su glande, tan suave como la lengua sobre la piel de la persona amada, como los labios que se besan por primera vez y te hacen conocer el cielo. Pasan los minutos y su erección se desvanece en mi boca; lo tomo de la base y aparto mi boca muy lentamente, sin dejar de mirarle a los ojos. Le doy un beso en la punta de verga y él entiende que el tiempo se acabó. Se va a la ducha, deja el pago y una generosa propia. Sonrío y le digo: "¡Hasta pronto mi cielo".

La primera vez que recibí semen en la boca salí corriendo al baño para escupirlo con asco, ahora me quedo quieta para deleitarme con su viscosidad. La primera vez me sentí sucia y me lavé la boca con jabón y luego usé enjuague bucal, sentía que todo el mundo podía oler mi boca. Ahora, me siento lo suficientemente puta y no quiero que mi lengua deje de recorrer mi boca para sentir el placer de estar llena de los fluidos de un hombre.

Seguía muy excitada, no pensé que me fuera a calentar tanto, ni que la excitación mental me generaría tanta libido. En este estado no puedo permitir que me penetren o me desharé en un orgasmo tras otro. Quería que mi vagina recibiese todas las vergas posibles en mi primer día y tengo que rechazar a la próxima.

A mi cuarto cliente lo espero de pie y cuando entra le sonrío. Se acerca y paso las manos por el cuello, y le susurro: "Follarse una puta es muy frío”. Siento que estoy perdiendo mi tesoro con mi lenguaje soez. Le sigo susurrando: “Es mejor que sea tu amante”. Beso sus labios suavemente, lo repito, luego recorro sus labios con la punta de mi lengua, entonces él me abraza con fuerzas y mete su lengua en mi boca. Me estremezco de placer. Él debe pensar que me gusta, yo sé que está saboreando mi lengua, es el placer de conocer este sucio mundo. Recorro su boca con mi lengua, buscando despertar sus más sucios instintos. Nuestras lenguas juegan de manera perversa llevando la lujuria a lo más alto. Nuestros cuerpos se entrelazan con pasión, pero las pasiones son distintas, la suya desaparecerá dentro de un rato, la mía es como cabalgar en el viento, como cabalgar a lomos de un dragón.

Dejo de besarlo y le bajo la mano hasta mi vulva. Tomo su dedo medio y le hago sentir lo húmeda que estoy. Presiono una y otra vez mi mano para que su dedo se empape, para que sienta lo deseosa que estoy de darle la atención que él merece. "¡Besas muy bien los labios! ¡Seguro que también sabes besar estos!" –le digo al tiempo que presiono su mano para que sienta lo húmeda que estoy. Lo llevo hasta la cama y lo dejo caer. Lentamente separo las piernas para que se deleite mirando. Las piernas juntas, para que imagine lo que esconden y el placer que le espera. La imaginación es más potente que la realidad. Su ensueño le hace desear mi vagina. Está hipnotizado, está bailando con sus propios pensamientos, como todo el mundo. Me subí a la cama, me doy media vuelta, me pongo a cuatro patas y separo las piernas, abrí mis nalgas. Su sueño hecho realidad. Mi vagina en todo su esplendor: húmeda, cálida y mi culo listo para ser usado.

Estoy caliente y mi vulva hinchada. Se quiere incorporar, pero antes de que lo haga lo empujo, me subo a horcajadas sobre él colocando mi vulva sobre su boca. Dobla el cuello para lamer con ganas. Entrelazo mis manos bajo de su cuello para acercarlo a mi vulva. "¡Más! ¡Más!" –grito. Él seguía haciendo ese delicioso trabajo. "¡Más, más, más; no te detengas!"–sigo gritando. Me abandono como hace un rato con la cabeza hacia atrás. Es un placer inmenso que me hace perder la cabeza. Suelto su cuello y le digo: "¡Ahora voy a hacer que acabes disfrutando de mi concha de puta!". Casi que me gusta decirlo. Suelto sus pantalones y los deslizo.

Tomo mi seno derecho y se lo acerco a la boca. Cuando lo va a morder me aparto. Comienzo a desnudarlo poco a poco, podía ver en sus ojos el deseo, una llama que se dejaba ver en esa mirada lujuriosa. Engancho un dedo en cada lado de su calzoncillo y lo deslizo un poco. Lamo su glande, rojizo que se asoma. Cuando ya tiene la verga al descubierto, la recorro con mi lengua desde la base hasta la punta. Ya completamente desnudo me vuelvo a subir sobre él sin dejar que me penetre, solo para que pueda disfrutar del reflejo de mi sexo en el espejo húmedo y deseoso por ser usado. "¡Te he dicho que ibas a disfrutar de mi concha de puta!" –recalqué. Creo que eso si puedo decirlo con libertad. Sí, soy puta, tengo concha de puta y he cogido con tres hombres el mismo día y a punto de hacerlo con un cuarto y lo he disfrutado sl grado de estar exhausta pero dispuesta a complacer a quien entre a mi habitación no solo por el dinero sino también por sentirme como la mejor puta. Me deslizó y su verga se empieza a adentrar lo más profundo de mi intimidad. Aprisiono su glande con fuerza dentro de mi vagina, ambos palpitan casi al mismo ritmo. "Perverso, no me vas a meter la verga hasta que coloque un condón" –le dije. "A la mierda el condón, te la voy a meter a pelo, ya no aguanto más las ganas de sentir esa concha de puta aprisionando mi verga" –dijo. Poco a poco su verga se abre espacio en mi vagina, estoy casi en éxtasis, le digo:"¿Sabes?! Me gusta ver como los hombres acaban. Es muy erótico, pero lo que realmente es erótico es recogerlo en una copa y beberlo".

Se está deshaciendo en su propia fantasía. Balanceo el culo y le hago una seña para que vea como mis caderas bailan en un vaivén frenético en el espejo, Alargo la mano para tomar una copa de vino que está sobre la mesa de noche, no hace falta que siga moviéndome, lo masturbo lentamente, su cara de placer es alusinante; su semen brota como lo haría el líquido rojizo de una botella de vino.. Me gustaría estar en el centro de una plaza, donde todo el mundo pudiera verme, pudiera ver mi concha de puta al aire, pudiera ver mis tetas, pudiera ver mi cara de satisfacción mientras mantengo esa verga que está derramándose en el fino cristal y sobre todo pudiera ver como acerco esa copa a la boca y me lo bebo mientras les miro a los ojos. Miro sus ojos mientras bebo, él pasa su lengua por los labios; dejo de beber y me siento en cama con las piernas abiertas frente a él, muy abiertas, meto mis dedos índices y medio muy hondo en mi vagina y le doy vueltas. Los saco empapados de mis fluidos y los meto en la copa mientras doy vueltas. "Es azúcar. ¡Te encantará lo dulce que está!" –le dije. Acerco la copa a sus labios y bebe. Le digo otra vez: "¡Bebe hasta la última gota o mamá te pegará!". "¡Sí, mamá! –me dice. Lo miro henchida de satisfacción. Es como si en la plaza todos hubieran llenado mi vagina con su semen. Me siento la puta del pueblo, la puta en que todos los hombres del pueblo descargan su leche. Mi vagina es la reina y todas los vergas le rinden pleitesía. Mi cuarto cliente salió satisfecho y prometió volver para que "mamá" le preparé más de esa exquisita leche.

Quería beber un café como el anterior, vertí los restos de semen que quedaba en la copa. Preparo el agua y disfruto cada sorbo. Te quiero preguntar: ¿Has bebido café con crema en casa de los amigos? El hermano de un amigo ponía comida de gatos como aperitivo a sus amigos. Los hombres no saben ser sutiles como las mujeres. Una vez, cuando compartía departamento con una compañera de universidad, puse una pizca de harina en mi leche cuando sospeché que mi compañera, quien es celiaca, se la bebía. ¿De qué sirve que coman comida de gatos si no se enteran? Es como si te meten un pene en la boca mientras estás dormido. Si estás dormido no pasa nada, si estás despierto te están violando (he dicho dormido, no dormida) o si estás dormido y te graban, cuando lo veas sufrirás un trauma. ¿Ha cambiado el hecho o sólo la percepción del hecho? ¿Por qué se agita tu mente? Si las mujeres podemos tener penes en la boca, los hombres también. Si yo puedo ser puta, tú maricón. Aún no has respondido mis preguntas ni la anterior. ¿Qué sentiste cuando leíste ¿Quiero sentirme puta? ¿Quiero sentirme sucia? ¿Qué buscabas encontrar tras esas frases? ¿Pintas la casa con colores que no quieres que conozcan los demás? ¿Por qué la mente se mete en estos diálogos? Yo sólo quiero sentirme puta e inmensamente sucia. Más vale que tome una ducha fría o alcanzaré la claridad antes que la suciedad. No puedo dejar que me penetren con esta excitación. Terminé mi delicioso café y fui al baño quería mear y entrar a la ducha unos minutos.

Vaya, que inoportuno, el quinto mirándome justo cuando me siento para mear y todavía no he tomado la ducha. La ducha justo aquí, seguro que está fresca como aquella noche de luna llena en la playa. Mi primer baño desnuda. El agua me abrazaba. Acariciaba mi espalda, apretaba mis senos, y cuando abría las piernas besaba mi intimidad.

Al parecer me he alargado demasiado contándote mis íntimos secretos. Te dejaré descansar por un momento y también dejaré que tu mente haga estragos para que no puedas salir de aquellos pensamientos lujuriosos que estás teniendo ahora o dejar que me insultes a tu gusto por frenarme en la historia. Solo disfruta porque seas hombre o mujer verás mis piernas abiertas y mi cara de satisfacción porque he logrado calentarte.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Sin lugar a dudas una magistral lectura de principio a fin
    Me encantó!! mi Amor
    Es deliciosamente descriptivo 😈tanto que se puede imaginar detalle a detalle. Y sentirlo entre cada línea .🔥😋
    Cómo toda buena y complaciente puta caliente y con ganas de más😈
    Tal cual transmites esa sensación y deseo 💦
    Obviamente provocas muchas sensaciones en la mente y en el cuerpo , es inevitable sentir una gran rica excitación con el desarrollo de la lectura
    Exquisito delicioso y Perverso
    Excelente Relato mi Amor 💋

    "Es ud un gran escritor mi Señor"


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  2. Que le digo caballero, que ud sabe llegar a nuestros más recónditos lugares y hacer que deseemos ser las protagonistas de sus historias. Una historia muy candente que no ha hecho más que despertar más la lujuria en nosotros sus lectores

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  3. Mmmmm que ricura será la primera en comentar. Despiadadamente bello tuve que hacer un alto ennla lectura y por favor la piel la mente me quemaban. Es un regalo de sensaciones y que más diré y creo que veo asomarse al sexto hombre o mujer quizás? de mi primer día como puta. 😈😈

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  4. 🔥🔥🔥un relato deliciosamente perverso, definitivamente me ha dejado volando ​con unas ganas locas de seguir fantaseando y de satisfacer el deseo despertado...
    Felicidades Mr.P por tan sublime relato, quedó ansiosa por la continuación.

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  5. Ah las satisfacciones que nos da la libertad de elegir, de soñar y de lograr nuestras metas; exquisito relato como siempre, con las palabras correctas para hacer volar la imaginación y crear sensaciones; y respondiendo a algunas de las preguntas: quienes somos para juzgar lo que cada quien elige, lo que quieres hacer con tu cuerpo y con tu vida, si eso te hace feliz,que más da lo que digan los demás, no deberíamos vivir de lo que otros piensan, quieren o esperan de nosotros; en fin cada cual con sus decisiones y reitero a mi escritor favorito el agradecimiento por sus maravillosas letras Mr. P

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  6. Wao q excelente relato Caballero incleible como hace sentir esa pasión esa lujuria vibrar dentro de nuestro ser felicitaciones para Usted

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  7. Decir que acabe con un exquisito orgasmo es suficiente explícito

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