Lo primero que hicieron al entrar en la imponente mansion fue ir a la sala de billar donde se encontraba el padre jugando al billar ingles, haciendo una serie de carambolas. "Mira padre a quien he contratado para que trabaje en casa" –dijo el joven con orgullo. El padre dejó de jugar y miró a Ángela de pies a cabeza. Un gesto de negación con la cabeza le dice: "Te tengo dicho que no contrates a mujeres de más de treinta años. ¿Es que no te he enseñado nada?". "Espere padre. Ángela levantate el vestido" –dice el joven. Ángela obedeció, mostrando su vagina al padre de Melkart. Walter respondió: "¡Oh, la puta es rubia natural!. Si eso es un punto a su favor". "Ya ves que es obediente. Obedece sin dudar y eso que acabo de conocerla" –dijo orgulloso Melkart.
Walter la observó bien, incluso se paseó alrededor sin perder mi un detalle. Fueron minutos tensos de silencio. Había algo en Ángela que le llamaba la atención y no sabía que era. Otra vuelta más alrededor y dijo: "Con la edad que tiene seguro no tendrá donde caerse muerta, es fácil que obedezcan". Melkart le responde a su padre: "Tal vez tenga usted razón padre pero no es su caso. Lo que sucede con ella es que fue sacada de un convento, donde estuvo en clausura desde la adolescencia. Fue sacada porque se volvió adicta al sexo y por eso se transformó en una verdadera puta". "Ya veo, a esas putas que se refugian en la religión le enseñan a obedecer. Eso ya es mas interesante. ¿Es virgen?" –dijo el viejo. "Lo era. La he desvirgado yo mismo y folla como toda una experta" –respondió el joven. Si bien es cierto, Ángela estaba presente pero ellos hablaban como si no estuviera, como si fuera invisible y más que una persona la veían como un objeto. La verdad que para ella era un tanto extraño pero a la vez sentía como la humedad comenzaba a abrirse paso entre sus muslos, se sentía caliente y lo estaba en extremo. Walter alzó la voz y dijo: "¡Eso ha sido una estupidez! ¿Sabes lo que vale una virgen de mas de treinta años?". "Bueno padre, si no la desvirgaba usted se hubiera quedado con ella" –respondió Melkart. "¿Cómo se llama?" –preguntó Walter. "Ángela" –respondió el muchacho. "Ángela, desnúdate" –ordenó el viejo. Obedeció, quedando desnuda ante los dos hombres. "Para la edad que tiene es bastante guapa, le deben quedar unos diez años buenos para que disfrutes de ella" –dijo Walter. "Tiempo más que suficiente para ser usada. Además, no es la única puta que puedo tener para complacerme" –dijo el joven. "Así es. ¿Te ves capaz de domarla completamente como tu esclava personal?" –preguntó el padre. "Claro, he tenido el mejor maestro" –respondió el chico. Walter rió y dijo: "Dime lo que has hecho exactamente con ella". "Felación, sexo vaginal y cunnilingus de ella a Ofelia" –respondió Melkart. " Muy bien. Ah, Ofelia me mandó un video interesante. Hay que castigar a dos de nuestras empleadas" –dijo Walter. "Es mi hotel. Lo haré yo" –dijo el muchacho estusiasmado. Su padre rió y le dijo: "No sabrías ni empezar. Me encargaré yo. Ofelia las va a traer a las mazmorras de la mansion. Hasta que lleguen voy a hacer con tu zorra todo lo que tú no hiciste con ella". "¿Despues sera completamente mia?" –preguntó el muchacho. "Sí, sera toda tuya" –respondió su padre. "¿Fue tu primera vez con una mujer vírgen?" –preguntó curioso Walter. "Sí, Padre y déjeme decirle que fue demasiado placentero sentir como su himen se rompía al paso de mi miembro" –respondió el joven. "Espero que no sea la ultima y que no me defraudes. Dentro de un mes quiero ver a Angela convertida en una de nuestras mejores putas. Ahora dejanos a solas" –ordenó Walter. "Sí, Padre" –respondió el joven sin cuestionamientos.
Melkart salió de la habitación y cerró las puertas, dejando a Ángela a solas con su padre. "Muy bien puta, vamos a jugar. Prepárate porque esto va a ser muy duro" –dijo el hombre sin ninguna expresión en el rostro. "Sí Señor" –respondió Ángela, teniendo su entrepierna empapada. "¿Te han azotado alguna vez?" –preguntó Walter. "No Señor, nunca" –respondió ella. Él le dijo: "Pues, hoy sabrás lo que se siente". Tras decir esto Walter se sacó muy lentamente el cinturón y se acercó a Ángela colocándolo en su cuello, como si fuse una bufanda colgando cada extremo sobre uno de sus pechos. Ángela podía notar sobre su piel el tacto frío de las partes metálicas. "Tienes unas buenas tetas Ángela. Veamos si sabes usarlas, tómalas y juntalas" –ordenó Walter. Ángela obedecio la orden. Bien, piernas más abiertas putita" –decía él. Escucharlo hacía que el sexo Ángela palpitara. También obedeció esta orden pudiéndose así ver como su humedad resbalaba sobre sus muslos. Walter se dirigió a la mesa de billar y tomó una de las bolas, se acercó a Ángela y la colocó encima de sus tetas. "Intenta de que no se caiga mientras te azoto" –ordenó con voz severa. Tras eso, tomó el cinturón que resbaló sobre el cuello de Ángela. La bola de billar apenas se sujetaba sobre sus tetas, ella las juntaba y las subía para que no cayese. Waltee acarició el largo pelo de Ángela hasta su culo y se lo puso por delante, su mano, lentamente acarició su espalda, se paseaba de arriba a abajo. De pronto, el cuero del cinturón comenzó un recorrido suave, sin ninguna prisa. Se escuchó en la habitación: "Uno". El primer azote cayó sobre la espalda de Ángela, que perdió el equilibrio, rodando la bola por el suelo. "Gateando ve a buscar la bola, tráela con la boca, levantate, y vuelve a tu sitio" –ordenó molesto Walter. La regla había sido clara: La bola no debía caerse de sus tetas.
Ángela obedeció, costándole mucho tomar la bola con su boca. Cuando por fin lo logró junto sus pechos otra vez y dejó caer la bola en sus tetas, ahora mas rebaladiza ya que estaba mojada con su saliva. "¿Cuántas bolas tiene la mesa de billar?" –preguntó Walter. "Tres, Señor" –respondió Ángela. "Bien, eso quiere decir tres azotes que te serán dados y como la vez anterior, ni debes dejar la bola caer. Lo repetiremos hasta que te salga, de lo contrario iremos sumando de tres en tres" –dijo él con un tono marcado. Ángela tembló de miedo y ese miedo provocó en ella un orgasmo dificil de ocultar. Sus gemidos se hicieron tan evidentes y el caudal de fluidos que destilaban por sus piernas era tan abundante que sintió vergüenza ante ese hombre mayor. "¿Has acabado del miedo que te ha dado? No me extraña que le gustes tanto al inútil de mi hijo" –dijo Walter entre una sonrisa diabólica. "Lo siento Señor" –dijo Ángela sin recuperarse aún del orgasmo. "Claro que lo vas a sentir. Solo agracece que me guste el billar inglés y no el americano" – dijo Walter con un tono un tanto maquiavélico.
Ángela seguía aterrorizada esperando el proximo azote. Cuando empezó a sentir calma escuchó: "Uno". El primer azote se dejó sentir en la parte alta de su espalda. Esta vez Ángela aguantó la posición y la bola quedó en su sitio. Sus ojos se llenaron de lágrimas, nunca había experimentado tal sensación de dolor pero estaba decidida a soportar. Entendía que era importante que saber complacer y así se estaba formando su aprendizaje. "Dos" –dijo Walter y el segundo azote cayó sobre el culo, no fue tan doloroso, incluso le pareció placentero. Sus dos nalgas a la vez sintieron el violento impacto del cuero, por lo que sin proponerlo Ángela dejó salir un gemido tan delicioso que el viejo exclamó: "Es una delicia escucharte gemir". Falta el último. ¿Dónde será ésta vez? Ángela cerraba los ojos y disfrutaba del placer, estaba siendo usada como lo había visto en esos vídeos, sentía que estaba ascendiendo en un camino lleno de lujuria y perversión, eso no era problema para ella sino aprender a lidiar con los placeres que conocería en ese mundo en que sola había decidido andar. Estaba en esos pensamientos cuando con el cinturón Walter empezó a acariciar esa húmeda vagina y la masturbaba. Gemidos y más gemidos se escuchaban en la habitación, ella estaba disfrutando de esa caricia, a punto de acabar cuando oyó: "Tres". El tercer azote en la vagina fue lo más doloroso que sintió en su vida, consiguió que la bola no cayera pero el dolor fue tan intenso que provocó que empezase a tener orgasmos multiples. Su cuerpo temblaba sin control y la bola de billar resbaló de sus tetas. Ángela estaba aterrorizada, no resistiría más azotes, pero antes de que la bola tocase el suelo una mano la tomó. Walter tomó la bola antes de que tocara el piso, un gesto noble de parte del viejo desalmado y sin remordimientos. "No lo has hecho mal del todo. Ahora pasaremos a lo siguente" –le dijo.
Por lo que había vivido ya en manos de Water, ella sabía que aún habría más en el repertorio perverso de aquel hombre. Es verdad, había temor pero también estaban las ganas de ir más allá y aprender su papel de complacer cuando le fuera requerido. "¡Abre la boca!" –ordenó Walter. Obediente hizo caso, la bola fue introducida en ella y colocada como si de una mordaza se tratase. Le costaba respirar con la bola en su boca. Ademas, estaba le empezando a doler la mandibula. "Súbete a la mesa de billar y túmbate en ella con el culo lo más cerca del borde" –dijo él. Ángela fue hacía la mesa y se colocó como le había ordenado. Walter se acercó a ella con pasos lentos y empezó a atarla, inmovilizándola. Sus piernas fueron atadas a las patas de la mesa, mientras que sus brazos fueron atados a unas argollas de acero que estaban cerca de las buchacas. A continuación Walter tomó las otras dos bolas de la mesa, las deslizaba por la espalda de Ángela con delicadeza, el frío marfil la hacía estremecer por completo; estaba disfrutando de la situación aunque no podía moverse. De pronto, las bolas ya no se deslizaban, el hombre las iba dejando caer sobre su cuerpo, sentía un gran dolor pero no pedía tregua sino continuaba ya que entendía que esa era la forma que el anciano disfrutaba. Ángela sentia mas miedo que dolor, estaba inmovilizada y Walter colocaba las bolas por encima de su cuerpo, sin avisar cuando y donde las iba a soltar.
La respiración de Ángela era tan agitada que sus pechos se arrastraba por el paño de la mesa de billar, la superficie raspaba sus erectos pezones y se marcaban como nunca. Estaba tan asustada como caliente, cada vez se mojaba aún más. Su sexo, sus piernas y donde estaba de pie se mojaba por sus abundantes fluidos. En su piel ya se dejaban ver las marcas de los azotes y de los golpes que las bolas de billar dejaban a su paso. Se veía sensual, se sentía deseada y se sabía complacida, ya que su cuerpo era un instrumento que era usado solo para el placer. Ángela creía que no iba a salir viva de alli cuando el placer subió por su cuerpo. Walter lamía su vagina y jugaba en ella de una manera habilidosa. Ella sentía el placer, pero al no poder respirar bien ya que se lo impedia la bola de su boca, era incapaz de llegar al orgasmo, ya que temia asfixiarse. "Cuando acabes te quitaré la bola de la boca" –dijo Walter. Quería acabar, pero el miedo a ahogarse se lo impedía. De repente, Ángela sintió presión en su vagina, era Walter intentando meterle una de las bolas. En algún momento pensó ella que lo haría pero no por algo esperado sería menos doloroso. El placer en ella estaba encendido al máximo, sus gemidos eran aullidos de placer, era demasiado lo que su sexo estaba soportando, acabó en un generoso squirt. Tras acabar, Ángela esperaba que le quitase la bola, pero solo vio a Walter lamiendo la bola que había asaltado su sexo y saboreando su squirt. Cuando se cansó de lamer la bola, le saco la que estaba en su boca, la desató y agarrándola del pelo la bajó de la mesa. Al estar tanto tiempo inmovilizada, ella apenas podía moverse, y era arrastrada por su pelo hasta el sofa, donde sin soltarla el hombre se sentó. "Ahora te toca trabajar a ti zorra. Empieza" –dijo Walter. Ángela dudaba, no sabía lo que debia hacer. "Pon mi verga entre tus tetas y masturbame con ellas" –ordenó. Sin decir nada bajó los pantalones al hombre, sacó su verga, aunque estaba flácida se veía grande y gruesa; la colocó entre sus tetas y la apreto con ellas, moviendolas arriba y abajo, lentamente al principio, pero Walter usaba su pelo golpeandola en la cara para que aumentara la veloccidad. Se notaba que la fricción hacia que se pusiera dura, al viejo le gustaba y Ángela empezaba a disfrutar del placer de tenerla acunada entre sus generosos senos. Ya en una sincronía perfecta, ambos disfrutaban hasta que Walter empujó su cabeza contra su verga, obligándola a tragarla entera. La verga le atravesó su garganta y Walter no la soltaba. Ángela apenas podia respirar, se sentía ahogada pero también le gustaba lo que vivía y su entrepierna se lo hacía saber, ya que estaba palpitante y húmeda como al principio. El viejo le tapo la nariz con sus dedos, impidiéndole respirar o que soltara la verga de su boca. Cuando creía que se iba a ahogar la soltó. Tociendo casi sin respirar Ángela cae al piso y de fondo se escuchaba la risa del pervertido anciano. Otra vez la tomó del cabello y sin decir nada dejó caer una nalgada en el delicado culo de Ángela, la que gimió de manera sensual en forma de agradecimiento. "Colocate a cuatro patas que voy a follarte como la sucia perra que eres" –le dijo él. Ella se puso en posición y por segunda vez en su vida otra verga entró en su vagina, penetrandola profundamente. Su cabeza estaba bien levantada, ya que Walter no dejaba de agarrarla por su pelo, mientras que con la otra mano no paraba de azotar su culo.
Las nalgadas caían sin pausa y Ángela no aguanto más. Era presa del placer, cayó en otro delicioso orgasmo que la hizo soltar chorros de su fluido sobre aquel hombre. Acabó en un gran squirt sobre la verga de Walter, que aprovechó el chorro como lubricante para penetrar por primera vez el culo virgen de Ángela. "¡Ay!" –gritó de forma aterradora. La verga entró sin contemplaciones en su diminuto agujero, creyendo que la iba a partir en dos, su culo ardía, fue mucho más doloroso que cuando le desvirgaron la vagina por la mañana. Los gritos de dolor parecian no importarle a Walter que seguía penetrandola, metiendo cada vez más profundi su verga en ese adolorido culo hasta que consiguió llegar hasta su base. "¡Ay, me duele!" –se escuchaba de forma desgarradora. Era como si al viejo no le importara, reía con vehemencia mientras la penetraban hasta al fondo. "Sufre en silencio puta. Aprende a convertir el dolor en placer" –le dijo él. Ángela aguantaba la verga de Walter en su interior, adaptándose a su tamaño. Él no se movia, durante un par de minutos estuvieron así, unidos como cuando un perro folla a su hembra. Walter salió del culo de Ángela tan rápidamente como entró. El culo de Angela se cerró al verse libre de su invasor. Pero él la volvió a penetrar. "Tu culo tiene que aprender quien manda aquí, hasta que no quede abierto no pararé de follartelo" –dijo Walter. Las lágrimas empezaron a caer por la cara de Ángela, pues, fueron necesarios cinco intentos para que su culo no se cerrase. "Muy bien puta. Tu culo ya está domado" –decía Walter mientras reía. La entrada del culo de Ángela se abría y se cerraba como si pidiera que lo siguieran follando. Walter acarició con su dedo el esfinter de Ángela, estaba tan dolorido que esa simple caricia empezo a acercarla al orgasmo. "Acaba de una vez zorra" –le dijo. Oír esa frase fue encadenar a Ángela a varios ogasmos. Su cuerpo temblaba como poseído y sus gemidos se podían escuchar en toda la mansión, en solo un día su vida se había convertido en un torrente de emocionones, en solo un día estaba recibiendo todo el placer que por decisión propia se había negado. Atrás quedaron los recuerdos de los pasillos oscuros del convento, su vida había renacido y estaba feliz con lo que estaba recibiendo. El placer se había vuelto incontenible y los gemidos de sus labios eran la prueba inequívoca de que disfrutaba la forma en que el viejo abría su culo. Ya no podía resistir más el placer, con unos violentos espasmos de dejó vencer y cayó presa de un intenso orgasmo. Tumbada en el suelo, Ángela estaba completamente derrotada y destruida sin poder moverse. Cómo les conté anteriormente, todo lo que no había vivido en años, lo vivió en el lapso de llegar al hotel hasta ahora.
El descanso fue breve para ella, pues, Walter volvió a agarrarla por su pelo para levantarle la cabeza y empezar a follarle su boca. "Ahora sigue tú. Tragala entera como te enseñé o recibirás cincuenta azotes" –le dijo mientras metió la verga en su boca. Ángela sacó fuerzas de donde pudo y empezó a chuparle la verga consiguiendo tragarsela entera. "Voy a acabar, tragatelo todo" –ordenó Walter. Ángela lo intentó, pero era su primera vez y no pudo evitar escupirlo en el suelo. Una bofetada cayó sobre su cara. "Recogelo con tu lengua y tragatelo" –le dijo con desprecio. Ángela obedeció y con su lengua lamió el suelo recogiendo todo el semen de Walter del piso. "Muy bien puta. Ahora, lame mis pies" –le ordenó. Como una buena perra obediente, Ángela empezó a lamer el borde de los zapatos de Walter. El hombre se veía satisfecho, había en su mirada algo de orgullo, la puta que se su hijo había conseguido era obediente y había pasado su prueba. "Aprendes muy rápido puta. Mi hijo ha tenido mucha suerte de encontarte, pero creo que no sabrá como tratarte y sacar a la puta que llevas dentro. Va a ser mejor que yo me haga cargo de ti" –le dijo. "Ángela escuchaba mientras seguía lamiendo los pies de Walter. "¿Quien quieres que sea tu dueño puta? ¿Mi hijo o yo?" –le preguntó. Ella no sabía qué contestar y permaneció en silencio. "Contesta puta" –le gritó. "Su hijo Señor" –respondió Ángela. "¿Por qué?" –preguntó el viejo. "Él fue mi primer hombre, me desvirgó y su forma de tratarme me hizo sentir más puta de lo que sentí con usted" –le dijo ella. Walter sonrió al oír la respuesta y no pudo evitar una carcajada. "No se puede negar que es hijo mío, tiene mis mismos gustos. Tal vez no sea tan inútil como creía" –dijo él. Ella seguía inclinada a sus pies delirando su lengua por los zapatos de Walter.
"¿Cuál es tu edad exacta puta?" –preguntó. 'Treinta y nueve años Señor" –respondió. "Aún eres fértil entonces" –volvió a preguntar. "Sí Señor" –respondió otra vez. Los pensamientos de Walter comenzaron a divagar, su mirada estaba algo ausente; en su mente resonaba: "Podría dejarla embarazada yo, pero quiero que lo haga mi hijo, siempre se dice que los dones se saltan una generacion, y mi hijo de maldad solo tiene el nombre". De pronto, reaccionó. Volvió a agarrar a Ángela del pelo y la puso de rodillas. Ángela no necesitó que le dijera nada, sabía lo que tenía que hacer y volvió a chupar la verga de Walter que volvía a estar dura. Él disfrutaba la forma en que Ángela usaba su boca para darle placer. "Muerde puta" –le dice. Ella mordía con suavidad el tronco y el glande de esa gruesa verga. "Está decidido. Serás la puta de mi hijo, pero no creas que eso impedirá que yo te siga follando. Ahora demuestrame que has sido una buena alumna" –le dijo. Ángela siguió chupando la verga de Walter como le habia enseñado, y cuando por fin acabó, se tragó todo el semen sin que nada cayese al suelo. Ángela se puso la ropa y se sentó al borde de la mesa de billar, Walter le sirvió una copa de vino blanco helada. Le dió un beso en los labios y le dijo: "Eres una puta exquisita. Sabrás cómo complacer muy bien a mi hijo y a mí cuando lo requiera". Ella solo agradeció. En un rato se abrió la puerta del salón, era Melkart, quien traía en sus manos un collar con una argolla y una correa de cuero. Lo puso en el cuello de Ángela y salieron del salón.
La vida cambió por completo para la ex monja, dejó de ser esclava de una convicción religiosa para convertirse en esclava de los deseos de un hombre perverso, y de paso estar a la merced de un hombre mayor igual de pervertido que su dueño.
Pasiones Prohibidas ®

Me gustó mucho ya te lo había dicho
ResponderBorrarCómo siempre letras candentes finamente detallado
Un relato que nos invita a la Perversión y a la lujuria
Maravilloso escrito muy bien elaborado
Excelente relato mi amor 💋🥰
Es un relato muy perverso como siempre, incitando a la lujuria. Es ud un gran escritor. Muchas gracias por compartir
ResponderBorrarComo siempre caballero usted se supera en cada relato, esa magnifica y perversa forma de escribir lleva al limite la imaginación del lector.
ResponderBorrarPor favor siga deleítandonos y despertando la lujuria con tan exquisitos relatos.
P.D. espero la continuación de este...
Wao tremendo relato Caballero deja volar la imaginación a mil por hora increíble felicidades por este relato hace que se me mojen las bragas exquisito
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