59. Una fantasía llevada a la realidad


Yaritza, es una amiga que conozco desde hace mucho tiempo. Casi siempre "hablábamos" por WhatsApp por largo rato. Era una mujer encantadora a mi juicio, con un aspecto entre perverso e inocente a la vez. Su cuerpo era de una mujer normal pero con esa apariencia que no hacía notar sus treinta años de edad y tampoco un secreto que escondía.

Una noche en estas charlas me contó que le gustaba la dominación y que hacía tiempo que estaba en una comunidad en dónde muchas personas se reunían a charlar sobre ese tema e incluso habían demostraciones en vivo de lo que es BDSM (Bondage, Disciplina - Dominación, Sumisión - Sadismo, y Sadomasoquismo). Incluso me envió unas fotos de lo que ellos denominan sesiones, lo que vi abrió mi curiosidad y porque no decirlo las ganas de experimentar aquellas prácticas que se veían tan placenteras a mis ojos.

Obviamente, las conversaciones ahora fueron más recurrentes y ella alimentaba mi curiosidad con imágenes dónde se mostraba envuelta en ajustados trajes de cuero y tacones gigantes. Muchas veces al ver esas fotos cerraba mis ojos e imaginaba siendo sometido por mi querida amiga; incluso muchas veces me masturbaba pensando en el dolor y placer que esas prácticas deben mezclar. Estaba dispuesto a dejarme hacer todo lo que Yaritza tuviera en mente y así saciar mi curiosidad. Pasaron varios días sin hablar y la verdad estaba algo impaciente cuando de un número desconocido llegó un mensaje con unas coordenadas y decía: "Te esperamos esta noche, ven con tus mejores galas y preparado a vivir algo que jamás podrás olvidar". Sonaba sugerente, era una invitación abierta al desenfreno pero también era dar un paso a un mundo al que no conocía y causaba cierto temor. Sí, leíste bien, TEMOR. Soy hombre pero también propenso a sentir temor alguna vez sobre todo si es algo desconocido.

Llegó la noche y me vestí de manera elegante. Ataviado de un traje gris, camisa blanca y con una corbata a tono con la chaqueta, zapatos negros perfectamente lustrados y una curiosidad tremenda de saber que me deparaba esa noche. Tomé mi auto y me dirigí al lugar que se me había destinado. Era una casona del tipo colonial, gigantesca, especiosa; se veía que los dueños eran alguien con cierto poder adquisitivo. Me estacioné al frente y un hombre vestido de impecable negro me detiene y me dice: "¿Dónde se dirige usted?". No tenía una respuesta clara, así que le respondí: "Recibí un mensaje con las coordenadas de esta dirección. Se me dijo que viniera de noche y de manera elegante vestido". "Así veo" –me dijo él. "Ahora déjeme hacerle unas preguntas" –insistió. "Claro" –respondí. "Muy bien. ¿Por qué está aquí? ¿Qué espera encontrar? Y por último: ¿Quién lo invitó?" –fueron sus preguntas. Tomé aire y respondí: "A su primera pregunta no tengo una respuesta clara pero la verdad es que la curiosidad me trajo. A su segunda pregunta podría agregar: No espero encontrar algo específico pero si quiero ser sorprendido y por último, creo que fue Yaritza quien me invitó, ella es una compañera de trabajo con quién he tenido algunas conversaciones que para el común de la gente pueden parecer atroces pero para mí han resultado placenteras". "Muy bien caballero, ha ganado el acceso a la casona; espero que su curiosidad sea satisfecha y también que sea gratamente sorprendido" –me dijo el extraño hombre mientras abría la puerta para permitirme el paso.

Sentía como si estuviera en una película de suspenso, ya que la casa estaba a oscuras, caminaba casi a tientas sin saber dónde ir. Con pasos cada vez más inseguros me acercaba a lo que parecía ser el salón principal que era alumbrado solo por el fuego de la leña en la chimenea, no era invierno, no hacía frío solo era ocupada para dar luz al ambiente. Me quedé en la sombra observando lo que pasaba pero había un círculo de gente en medio del salón, no podía ver lo que sucedida en medio, solo se escuchaban gemidos y algunas voces un tanto distorsionadas por el tumulto. Era algo estimulante estar ahí casi a ciegas y obviamente sin saber lo que sucedida. Estaba en eso cuando una mano tomó fuertemente mi hombro y me dijo: "Pase usted. Supuse que se extraviaría". Era el mismo hombre de la puerta. "Ama Yaritza, su invitado llegó, os lo dejo aquí para que podáis regocijaros con él". "Gracias apreciado sirviente, te recompensaré dejando que lamas mis pies más tarde" –le dijo ella. "Será todo un honor mi bella Ama" –respondió él retirándose entre las sombras.

"Pensé que no llegarías" –me dijo Yaritza. "Estuve a punto pero mi curiosidad fue mayor" –le dije. Rió y me miró a los ojos diciendo: "Debemos conversar antes que nada". "Me parece perfecto" –le dije. Salimos del salón y fuimos a una habitación más pequeña. Había solo una silla en dónde Yariza se acomodó. "Puedes arrodillarte frente a mí o permanecer de pie, me da igual" –me dijo. Me quedé de pie observando su vestimenta, el látex cubría a la perfección su figura, resaltando con majestuosidad su cintura, sus senos y su hermoso culo. "¿Estás aquí por tu propia voluntad?" –me preguntó. "Claro que sí. ¿A caso no te das cuenta?" –le respondí. Frunció el seño y me dijo: "No quiero perder mi tiempo, solo quiero que sepas que si estás aquí debes rendir tu voluntad a mis deseos y así entenderás esas sensaciones que tienes cuando hablamos, de lo contrario solo serán momentos que anhelas vivir pero no podrás tener". No sabía que decir, mis argumentos estaban destrozados, solo le dije: "Quiero experimentar por mi mismo lo que esas imágenes transmiten y deseo ir más allá de lo que los límites de la razón me dejan pensar. Estoy aquí como una hoja en blanco y quiero que escribas en mí la mejor historia que jamás se ha contado". "Eso es lo qué quería oír, la conversación ha terminado. Ahora irás al salón y se te preparará para lo que viene". Salí del pequeño cuarto, no sabía lo que pasaría pero mis pasos se dirigían solos hacía el espacioso salón.

Estaba casi extasiado, mi corazón latía con fuerza y mi respiración estaba agitada. Al entrar el salón estaba vacío, llegó aquel hombre de la entrada y me dijo que me quitara la ropa, no sabía si obedecer o no pero me dijo: "La Ama Yaritza así lo requiere". Me quité la ropa y me llevó a un extremo de la habitación, había cadenas que colgaban del techo. Puso las cadenas envolviendo mis muñecas, estaba contrariado pero a la vez expectante a lo que pasaría. Él salió de la habitación y me dejó solo, la sangre comenzó a bombear y obviamente la calentura me invadió, mi verga se puso dura de solo imaginar a Yaritza haciendo conmigo todo lo que me había mostrado. Ella entró de manera imponente, era perfecta, una diosa que caminaba en el salón. "Veo que estás caliente pedazo de mierda" –me dijo. Iba a responder pero me ordenó callar, de manera obediente enmudecí mis labios. Se acercó y tomó mi verga con sus manos, me susurra: "Eres un sucio perro, nadie te ha dado permiso para que te calientes pensando en mí, no tienes ese derecho aún". En ese momento pensé: "¿Cómo me había dejado llevar hasta llegar a esta situación?". No paraba de pensar en lo mismo una y otra vez. Yaritza era guapa, mi cuerpo reaccionaba a sus estímulos y a sus sucias palabras. Cómo les dije antes, tenía un halo de misterio mezclado con algo de inocencia.

Lo que sin duda desprendía era mucha confianza en sí misma, tanta como para persuadir e hipnotizar a cualquiera que se le antojase y en este caso el que sucumbió, sin esperarlo, fui yo. Todavía no lo entiendo. ¿Cómo pude dejar que todo llegase a este extremo? El caso es que de una forma u otra al fin y al cabo me hallaba ahí, indefenso y perturbado. Frente a mí estaba ella. Impertérrita. Su mirada impasible no dejaba entrever nada. Su voz era enérgica pero se transformaba en una dulce melodía en mis oídos. "Pueden pasar" –dijo. Poco a poco el salón de fue llenando de gente, estaban con túnicas y antifaces. No había expresión alguna que diese, por remota que fuese, una pista de lo que estaba sucediendo. Hacían un círculo en nuestro rededor, pasé la mirada por cada uno de los rostros que conformaban el círculo que nos encerraba.

Todos eran rostros femeninos, los antifaces apenas dejaban ver los intrigantes ojos que se escondían detrás. No sonreían. Ellas también permanecían inmóviles, inexpresivas. Me sentía totalmente indefenso. Más de una vez sentí como mi ego y mi condición de hombre se tambaleaba. Es cierto que me gustaría sentirme totalmente dominado por una mujer; incluso podría afirmar que a día de hoy me gusta serlo, pero aquello rozaba la humillación y yo no me caracterizo por tener un ego pequeño, como cualquier hombre, supongo. No voy a decir que ella me mintiese cuando hablamos de estar juntos. Sí es cierto que mencionó que habría unas amigas con ella. Como buen caballero sonreí para dentro, no quería dar a entender que ella sola no me bastase. Pero unas amigas, imaginé dos, tres, a lo sumo cuatro; pero quince sin contarla a ella supera con creces mis expectativas y sobre todo mis, como decirlo de forma fina, mis energías.

Lo que peor llevo sin duda, no es el silencio desconcertante dentro del salón, si no que ellas estaban mirándome completamente desnudo, expuesto, con sus miradas llenas de algo que no puedo describir pero se veían inexpresivas, como si no importara que estaba desnudo frente a ellas y que era "concedido en sacrificio" para su deleite. Una de ellas se acercó a una mesa en dónde tomó una vara, se paseó alrededor y me dijo: "Veamos, has sido un sucio perro que merece ser castigado". "¿Será capaz? ¿Aguantaré yo?" –pensaba en eso cuando sentí como la vara golpeó mi espalda. "¡Ay!" –exclamé. Ella no estaba conforme y me dio otro golpe esta vez en las nalgas. Sentí como una sensación extraña, esa misma sensación que te invade cuando estás a punto de eyacular. Recibí cuatro azotes más con fuerza, cuando ella terminó me dio un suave beso en la mejilla y me dijo: "Eres un buen perro". Casi al instante pasó otra que puso unas pinzas de ropa en mis pezones. Dios, ¡qué placentera sensación! Ella se sació abofeteándome. ¡Qué placer! Sentir esas delicadas manos marcando mis mejillas, mientras me decía: "Eres un vil pedazo de mierda que merece cada golpe". En mis adentros pensaba en que sí lo era y que era justo que ella descargara sus bríos en mí, total estaba ahí para complacer a quien quisiera servirse de mi cuerpo. 

Una a una pasaron y usaron diversos objetos que me llevaron a perderme en ese placer que deseaba experimentar y que ahora estaba viviendo. Al fin otra vez Yaritza estaba frente a mí. Ahora que estaba dentro del juego no podía permitir distraerme de mi cometido. Su cara al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, fue una mezcla de sorpresa, miedo y sobre todo vergüenza para mí. ¿Cómo iba a lograrlo? ¿De verdad era posible estar a su altura y ser considerado algo valioso para ella? No dejaba de mirarme y sonreír de manera burlona, mientras una de las chicas jugaba con mi miembro en su boca. Estaba casi al borde del placer cuando ella le dijo que se detuviera. "No sucio animal, acabarás cuando yo así lo quiera" –me dijo. Mi orgasmo estaba sujeto a su voluntad, mis deseos estaban sometidos a su mente perversa y a cuánto ella quisiera hacer conmigo. Sin darme cuenta se había convertido en mi diosa y yo era su más ferviente adorador. Cualquier expresión que saliera de sus labios era una recompensa para mí, inmerecida pero recompensa. Una de las chicas que estaba en el círculo me quitó las cadenas y caí a los pies de Yaritza, estaba de rodillas con la frente en el piso esperando un gesto benevolente de su parte, cuando sentí que con la punta de su calzado levantó mi barbilla y escupió mi rostro. Jamás pensé que disfrutaría algo así pero por Dios estaba al borde del éxtasis. Me ordenó que tumbara en el piso boca arriba, lo hice de forma rápida y me quedé expectante, una de las chicas se quitó la túnica, tenía un cuerpo exquisito y sin decir nada se subió encima de mí y comenzó a moverse lentamente, no me fue permitido tocarla ni tampoco esbozar un gesto de placer, solo prestar mi miembro para el deleite de ella mientras me humillaba y decía lo chica que la tenía, y que ni cosquillas le provocaba. Si bien es cierto, esas palabras a cualquier hombre podrían ofenderle y menoscabar su hombría pero a mí me excitaba demasiado.

No acababa de ver la necesidad ni el motivo de tal hecho. Estar delante de un montón de desconocidas, desnudo, y conseguir acabar aunque fuera por una vez no era algo que tenía en mi mente pero sin duda era algo que deseaba en los fueron más íntimos de mi ser. Saber que estaba a la disposición de una mujer para ser usado y humillado, que ella hiciera conmigo todo lo que su mente deseara era algo que jamás pensé, mucho menos que ella orquestara lo que esas desconocidas hicieran conmigo. Hace un tiempo tuve una novia con la que hacíamos algunas “locuras”. Ya sea incluir a alguna amiga o ver como se la cogían otros y yo masturbarme viendo, pero esto sin duda es algo totalmente distinto, no podía entender como disfrutaba de Yaritza sin tocarla, solo viendo el poder que a lo lejos demostraba tener de mis emociones. Nunca pensé tener ese tipo de conexión.

Hay que decir que la chica estaba de muy buen ver, es más si el contexto fuese otro, cualquiera, también se me pasaría por la cabeza seducirla para acabar en mi casa disfrutando del sexo en cada rincón. Pero ahora no era ese el caso. Aunque tenía encima de mí a otra mujer, mi mente y deseo estaba en Yaritza. El fugaz tiempo que me llevó recrear la imagen de los dos completamente sudados en la cama me sirvió para excitarme. En los pocos momentos que consigo aislarme de las miradas furtivas y concentrarme en el esbelto cuerpo de enfrente unas ganas locas de poseerla me invaden. Sorprendentemente puedo notar cómo me excito rápidamente. Cuando pienso en esa excitación, vuelve a desvanecerse, la realidad me asola y el círculo de miradas impasibles que me rodea vuelve a ser mi centro de atención y preocupación. Las miradas no son un problema para mí, ya que he compartido algunos encuentros sexuales con más personas, pero eso ya se los conté y no quiero caer en repeticiones burdas, sino que avancemos lo más rápido posible. Por tanto, que todas esas chicas me mirasen no era un problema, al contrario, tenía un toque muy morboso. Seamos prácticos. La idea es salir cuanto antes de esta espiral de locura, y, por supuesto, hacerlo de una forma indemne.

Yaritza observaba en silencio, ya no me decía nada ni tampoco le decía a la chica que estaba encima de mí que hacer. En mis adentros las preguntas resonaban: “¿Qué estará pensando? ¿Estará enfadada?” No parece que vaya a conseguir excitarse. Lo peor es que no sé cuál será el castigo de no conseguirlo. Cierro los ojos. Los abro y de repente, únicamente está ella. De nuevo frente a mí, esta vez completamente desnuda. Su pequeño cuerpo sigue siendo igual de excitante. Deseo tocarla con premura, pero soy consciente de que no puedo. Aprovecho esta especie de ejercicio mental para imaginar todo lo que le haré en cuanto tengamos unas horas para estar juntos los dos. Envuelve mis manos y las ata. “Puedes disfrutar de mi cuerpo, pero no tienes permiso de tocarme. ¡Escuchaste perro!” –me dice. La chica que estaba sobre mí será la única testigo de lo que sucederá.  Toma un candelabro de aspecto antiguo y comienza a verter la cera que se acumula sobre mi pecho. El calor se hace insoportable, mi pecho se quema cuando la cera se impregna. Yaritza sonríe, nota el dolor en mis ojos y eso le satisface. Le pide a la chica que traiga un cuchillo para quitarme la cera. No tardó más de un minuto en volver. Yaritza tomó su pelo y le dio un candente beso en los labios. Mi verga estaba dura y al notarlo me pregunta: “¿Te calienta sucio perro que nos besemos?”. No sabía que responder, solo asentí con la cabeza. La chica pasó el afilado cuchillo por mi pecho, quitando hasta el último vestigio de la cera. En ambas se notaba el placer cuando veían que hilos de sangre brotaban de mi pecho, ya que el cuchillo tenía un muy bien filo; no sé pero era como si lo esperaban y ambas lamían mi pecho llevándose hasta el último rastro del vital elemento.

Me sentía como en una montaña rusa, mis pulsaciones estaban a mil. Yaritza estimula mi sexo con su mano mientras la otra chica seguía abriendo pequeños surcos en mi pecho para que fluyera sangre. Esas delicadas y húmedas lenguas me tienen al borde del abismo, me están llevando al placer extremo. ¿Cómo es que pueden tortúrame de esa manera tan placentera? Quisiera que se detuvieran pero a la vez quiero que me usen por completo. Estaba en mis pensamientos cuando las veo besándose como si la vida se les fuera a acabar, la chica mientras besaba los labios de Yaritza acariciaba suavemente sus senos, ella solo se retorcía de placer al sentir como esos dedos ejercían presión en sus pezones. Yaritza aumentaba el ritmo de su mano en mi miembro mientras jadeaba al sentir más fuerte la presión en los pezones que la chica ejercía solo con sus dedos. Mis ojos suplicantes la miraban embobados. Solo con mis ojos suplicaba que de una vez me la mamara por completo pero ella disfrutaba al ver mi sufrimiento. Al fin pareció apiadarse de mi descontrol y posó sus labios en mi glande y con la punta de su lengua se deslizaba despacio hasta la base, yo bufaba de excitación al punto de botar saliva por mi boca, la otra chica posó su sexo en cara y obediente entendí lo que debía hacer, mi lengua se perdió en el interior de su sexo y así beber de la tibieza de sus fluidos. Sentía como los labios de Yaritza envolvían por completo mi sexo y lo deslizaba hasta su garganta. ¡Qué ganas de tocarla! ¡Qué ganas de dejar prisionera mi verga en su boca hasta que se ahogara! ¡Mierda, qué condena! Mi verga se hinchaba y palpitaba con fuerza, ya casi no podía respirar y sin aviso explotó en la boca de Yaritza, llenándola por completo de semen. Esbozó una sonrisa maliciosa y tomo a la otra chica, con quien se besó y compartió lo que mi miembro le había dado. “Creo que ya está listo Sra. Yaritza” –dijo la otra chica. “Sí, tiene usted razón Sra. Fire. Este puto ya está listo”. No sabía en ese instante lo que querían decir esas palabras pero al ver sus acciones comprendí lo que se venía y a que se referían con que ya estaba listo.

Ambas se colocaron un strapon con el cual iban a “jugar” de manera perversa conmigo. No iba a resistirme pero no esperaba que la perversión de ambas las llevara a abrir mi culo sin compasión. Yaritza lubricó el dildo de su arnés y lanzó un escupitajo en mi ano. “Ahora escucharé como gimes puto perro” –me dijo. Por una extraña razón respondí: “Sí Ama, hágame gritar para su placer”. Inmediatamente la Sra. Fire me hizo callar metiendo su grueso dildo en mi boca. Como dije, sin compasión Yaritza se acomodó en la entrada de mi culo y de una sola estocada lo metió por completo, no pude más que retorcerme y automáticamente eyaculé de manera profusa. Ambas reían perversamente al ver cómo me retorcía de placer. “Mire Señora Fire, este perro era virgen de su culo” –dijo Yaritza, mientras ambas reían. Me distraía del dolor mamando el dildo en mi boca y me concentraba en que ambas se sintieran satisfechas al tenerme a su servicio. Después de un momento Yaritza sacó el dildo de mi culo y lo metió en mi boca, me sentía como en una película porno, cuando la chica en la escena chupaba dos vergas a la vez, me sentía puto, sentía que era solo un objeto usado para el placer pero me encantaba la forma en que ellas me trataban. Después de un largo rato que pasé chupando y lamiendo esos dildos, se me permitió follar a la Señora Fuego por su culo; era impresionante lo apretado que estaba y lo delicioso que entró abriéndose paso por esa estrechez. Yaritza hizo lo mismo pero en mi culo otra vez. Sería una mentira decirles que la follé hasta el cansancio porque la calentura causó estragos en mi rendimiento y no fueron más de dos intensos minutos hasta que me derramé en su agujero.

Después de dejarme el culo abierto a punta de vergazos, me llevaron a una fría pared en donde fui azotado con una delgada varilla que dejó grandes marcas en mi espalda y ya adoloridas nalgas. Se me permitió vestirme pero me vendaron los ojos, la puerta se abrió y entro el resto de mujeres Dominantes que estaban presentes. Me ataron las manos y sentí como fui llevado al frente por dos de esas mujeres, me tiraron al piso, cayendo de rodillas; escuché la voz de Yaritza que agradecía la participación de ellas esa noche y que desde ese momento ella reclamaba propiedad sobre mí. Oí una voz que preguntaba si yo estaba de acuerdo, a lo que respondí que sí sin siquiera dudarlo. Se me colocó una pulsera que simbolizaba la unión que desde ese momento tendríamos y mi Ama Yaritza me indicó las condiciones de este acuerdo que entablábamos de palabra pero con testigos.

Me permitieron irme solo, el hombre que custodiaba la entrada me acompañó hasta la puerta; me dijo que debía guardar silencio de lo que había visto y vivido ahí, ya que no todos entenderían de la misma forma lo que ahora era. Entré con una vida y salí viviendo otra, les puedo contar que han sido años maravillosos estando al servicio de la Ama Yaritza y que disfruto de la forma en que me trata y usa cuando podemos estar juntos. Hoy, tendremos un grato encuentro con ella y la Sra. Fire, pero esa es otra historia que ustedes aun no están listos para leer.

 

 

 

 Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Excelente relato mi Señor muy interesante
    Me gustó el detalle del nombre 😁😁🔥🔥
    Excelente bien elaborado bien detallado sin duda deleite para todos los gustos
    Eres un gran escritor amor mío 💋

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  2. Exelente como siempre q talento tan majstuosa me transporta lo felicito caballero obascuro

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  3. Exquisito y perverso relato caballero, maravillosamente escrito.
    Le felicito por ese talento que tiene.

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  4. Me encantó Caballero ya que ser narrado por una sumisa tiene su propia versión de lo q siente pero siempre quise saber que sentía un sumiso cuando estaba a los pies de su Ama un excelente relato gracias como siempre Caballero

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  5. Me encantó que haya mostrado otro punto de vista, es decir esta vez de lado masculino en sumisión, gracias por los detalles Mr.P

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    1. Excelente escrito Señor Mr.P siempre desafianose a si mismo. Es grato leerle es este momento del otro lado, el lado masculino de la sumisión, lado en mi sentir poco explorado.

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  6. Excelente relato . Me encanto el lado masculino

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  7. La curiosidad, nos envuelve y nos lleva a lo mejor de nuestro ser

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  8. Que divino me provocas y llenas mi mente de deseo de llevar mis deseos a lo último gracias Mr.P rico como siempre

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