Era el cumpleaños de unos de mis amigos más cercanos, lo conocía desde el colegio, éramos compañeros de aventuras; siempre nos pasábamos en la oficina del Director por algo que habíamos hecho, incluso los profesores nos apodaban "El Dúo Dinámico". Lamentablemente, había entrado hace poco a la empresa después de un largo tiempo desempleado, algo de dinero tenía pero debía hacerlo durar al menos hasta el día de pago. Decidí llamarlo en día de su cumpleaños, primero para desearle lo mejor y segundo para decirle que no podría asistir por mi falta de liquidez.
"¿Qué pasó Pablo?" –fue la respuesta al otro lado de la línea. "Ernesto, mi hermano. Feliz cumpleaños. Espero que la estés pasando muy bien" –le dije. "Gracias socio, si la estoy pasando bien y mejor lo pasaremos hoy en la noche. ¿Supongo que irás a la fiesta?" –me dijo. Era el momento para decirle que el Dúo Dinámico no podría juntarse para hacer de las suyas. "Sobre eso Ernesto, no podré ir a la fiesta" –le dije. Un tono de decepción se oyó: "¿Por que muchacho? Tú eres uno de mis mejores amigos, no me puedes fallar" – Sí compadre, lo siento; es que estoy un poco corto de efectivo" –le dije. "Hubieras comenzado por eso, quédate tranquilo. ¿Para qué somos amigos? Te tomas un taxi y se le paga cuando llegues. Además, eres mi invitado y todo corre por mi cuenta" –me dijo con tono fiestero. "¿Estás seguro?" –pregunté. "Me decepciona tu falta de confianza Pablo. Cuando no he tenido me has apañado y cubierto en lo que sea. ¿Acaso te olvidaste que somos amigos? Tú solo para el puto taxi y que te lleve a la disco, del resto me encargo yo" –dijo enérgicamente. No tenía por dónde refutar así que le dije: "¡Está bien! Ernesto voy. 'El Dúo Dinámico' renace otra vez" –le dije.
Al salir del trabajo, fui a casa a darme una ducha, cambiar de ropa y salir en camino de la disco para celebrar. El fin de semana se veía prometedor. Cuando estaba por llegar lo llamé para que me esperara en la puerta. Pagó el taxi y me dijo: "Compadre esta noche solo vinimos a pasarla bien. Así que sin miedo al éxito ni a las mujeres". Reí porque siempre usábamos esa frase antes de un exámen o en alguna conquista. "Vamos con todo entonces cumpa" –le dije. Entre la poca luz del lugar, mientras avanzabamos a una mesa que se nos había puesto cerca del escenario, ya que la disco antes había sido una sala de cine rotativo, de estás que te daban tres películas en ciertos horarios. Había un grupo al menos de veinte personas, a algunos no los conocía; supuse eran sus amigos de universidad. Entre ellos estaba una morena de cuerpo perfecto, con su cabello negro recogido en una cola alta, ojos color caramelo, unas piernas bien marcadas en ese pantalón blanco ceñido y unas tetas enormes cubiertas con un escote que a cualquiera hacia que volteara a verla.
Ernesto, como me conoce de siempre, intuyó que estaba babeando por la chica y enseguida hizo su jugada: "Pablo, ella es Susana, te la presento. Es una compañera de la universidad y una gran amiga". "Un gusto Susana, conozco a Ernesto del colegio, fuimos un dúo de temer". Le di su respectivo besito en la mejilla. Ernesto dijo: "Pablo, Susana es amiga de Rebeca". Perplejo le pregunté: "¿La invitaste?". Rebeca era una hermosa chica de cabello negro, siempre lo usaba suelto. Tenía en esos años una mirada alegre, una sonrisa que cautivaba a cualquiera y un cuerpo para saborear, sus pechos no eran tan grandes, pero tenía lo justo. Además, un culito bien formado que me hacía alusinar ya fuera en clases o en la soledad de mi habitación. Fue una de las pocas que se me escapó. Me respondió: "Claro compadre. Por aquí está". No la veía desde el colegio. Tenía un vestido ceñido negro, zapatos de tacón negros. Su pelo era largo, maquillada para la ocasión. Estaba fumando un cigarrillo con algunos invitados, al verme corrió, me abrazó y dijo: "Pablito, tantos años sin verte". "Un gusto para mí volver a verte Rebequita" –le dije mientras la apretaba con fuerza entre mis brazos y le daba un beso en la mejilla.
En eso que estábamos en plena charla pude recordar porque se me había escapado. En esos tiempos de colegio Rebeca era la novia del "Flaco" Díaz, un amigo de andadas. También teníamos un código: "La novia de los amigos se respeta". Aunque eso no era impedimento para darme placer pensando en ella y a la mierda el "Flaco" Díaz, jajajaja. Bueno, esos eran los pensamientos que tenía, que más se puede esperar de un adolescente que está al borde de la ebullición con sus hormonas. La devoraba con la mirada, nunca pensé que la volvería a encontrar, mucho menos que seguía en contacto con Ernesto por esta amiga en común y tampoco esperé saber de algunas cosas que con el paso de la lectura se enterarán. Llegaron varias botellas whisky, la fiesta estaba comenzando y nosotros apenas calentabamos motores. Todos estábamos tomando en honor al cumpleañero y Ernesto no se quedaba atrás, siempre fue "hígado mortal" para beber, lo hacía como si fuera agua. No tardamos en acabar las primeras botellas, y a medida que se acababan eras reemplazadas por otras casi al instante.
El ritmo de la Salsa empezó a llenar el ambiente, los pies se me movían solos, los amigos de Ernesto se empezaron a emparejar y partían a la pista a sonar en la discoteca y cada uno se emparejaban. "Siempre fuiste muy bueno para bailar salsa" –dijo Rebeca. "Sí, es mi especialidad" –le dije mientras le sonreía. Pude ver en su rostro otra vez esa sonrisa cautivante. "¿Bailamos?" –pregunté. "¡Vamos!" –respondió. Saqué a relucir mis mejores pasos de baile, ella no lo hacía nada mal al contrario se movía muy sensual en la pista de baile, me excitaban sus movimientos, era un sensual tornado de lujuria que se movía al son de la música. Mi verga se paró inmediatamente al tenerla pegada a mí moviendo deliciosamente ese culito. Unos pocos pasos más allá vi como Ernesto había sacado a bailar a Susana, verlos bailar fue todo un espectáculo, ya que un poco más y cogían en la pista; la morena ya estaba un poco borracha y le estaba poniendo todo el culo a disposición, la comenzó a manosear mientras que ella lo estaba disfrutando, era todo un show. Los cuatro regresamos a la mesa, nos servimos unas cuantas rondas de whisky. Hasta que comenzó a sonar buenas canciones de reggaeton. Esta vez Ernesto saco a bailar a Rebeca y yo a su amiga Susana; movía muy bien ese rico culito, colocándolo en mi verga, lo restregaba en mi verga, esos movimientos descarados sacaban mis deseos lujuriosos, aunque en mi mente imaginaba que era Rebeca quien los hacía. Ella estaba bailando con Ernesto, se movía de manera sensual, suave, caliente. Después de un par de canciones fuimos a la mesa. Los otros invitados estaban ya prendidos con las chicas que está an ahí. Me serví whisky, bebí lentamente, en eso llegó Rebeca con su vaso vacío; caballerosamente me ofrecí a servirle. "Gracias Pablito" –me decía mientras se iba con su amiga a charlar. Ernesto se me acercó, estaba algo envalentonado con todo el trago que estábamos tomando. "¿Ya vez huevón lo que te ibas a perder si no venias?" –me dijo. "Si, tienes razón" –le contesté. "¿Cómo esta Rebeca?¿se ha puesto mejor que antes?" –preguntó. Nos reímos y le contesté: "Bien buena, como me gustan las hembras". "Pero, espera un poco hermano" –dijo. "¿Qué? ¿por qué?" –pregunté con asombro. "Ya tiene un hijo" –respondió. "Ay Ernesto. No la quiero como mi novia, solo me quiero coger" –le dije con una sonrisa. "Pues Pablito, eso te va a costar" –me dijo. "¿Cómo así compadre?" –pregunté. "Porque las dos son putas" –me respondió. La puta madre, no podía creer volteé a verlas, me sorprendía, pensaba que cualquiera podía llegar a ser puta menos Rebeca, ya qué siempre fue fiel al "Flaco Díaz". Mire a Ernesto y le dije: "Bueno, esta noche no se va poder, no tengo dinero". Se rió y dijo: "¿Para qué están los “hermanos”? A la que le tengo ganas es a Susana. Mírala, ¿dime qué no te la tirarías?". "Sí, Susana está para comérsela" –le dije. "Entonces, no me vengas con mariconadas y está noche te tiras a Rebeca a mi salud".
La noche siguió, los tragos cada vez eran más. Ya estaba algo mareado, pero aun así saqué a bailar nuevamente a Rebeca y mientras se movía de manera sensual la acerqué a mí y la besé en medio de la pista; era delicioso probar por primera vez esos labios, una cosa menos en la lista. Ya cerca a las cuatro de la mañana varios se comenzaron a ir, así que les propusimos a las chicas continuar la "fiesta" en un lugar más tranquilo. Obviamente no se negaron, ya que seríamos sus clientes esa noche. Ernesto pagó la cuenta y salimos de la discoteca. Tomamos un par de taxis, la excitación era tan intensa que no aguanté las ganas de meter mis manos debajo de su vestido, así que con descaro la manosié, noté que no tenía bragas puesta; lo que me dió inmejorable acceso a su vagina. Mis dedos la recorrían, percibía como estaba de mojada y se deslizaban hasta meterse sin control. Ella gemía y me besaba con lujuria; ya estaba casi al borde de la lujuria pero nos detuvimos ya que llegamos al lugar designado por Ernesto. Era un hotel pequeño, las chicas esperaron en la recepción mientras nosotros hacíamos el Check-in. Ernesto pagó las habitaciones y pidió las llaves del frigobar, me dio dinero para llevar a Rebeca a su casa y para regresar a la mía. Nos dieron nuestras llaves y subimos. Ernesto entró con su Susana a su habitación mientras me decía: "Buen provecho amigo, gózalo". "Claro que lo haré y con todo" –le respondí.
Ella caminó como pudo hacia la cama, estaba mareada por los tragos en la disco. Le ofrecí algo del frigobar pero no quiso tomar nada, era tiempo para ella de ser profesional. Me senté a su lado y le dije: "Nunca pensé que esto se daría entre los dos, fuiste mi fantasía en el colegio". Ella me miró y dijo: "Pero nunca me hablaste en esa época". "Rebeca, eras la novia de mi amigo" –le dije. "Ya no estoy con él. Ahora estoy contigo y es lo que debería importar, no los fantasmas del pasado" –dijo. Tenía razón en lo que decía y no tenía como refutar su argumento. La miré a los ojos y dije: "Es cierto". "Voy a ponerme cómoda" –dijo mientras se sacaba los zapatos; sin previo aviso la traje a mí y la besé, en ese momento nuestra ropa comenzó a volar por la habitación, a lo lejos pudimos escuchar algunos gemidos que se escuchaban fuerte. "¡Uy! Parece que se están comiendo a mi amiga" –dijo con un tono perverso. "Sí, gime deliciosamente. Ahora te voy a comer a ti" –le dije.
Ella me sonrió mientras se metía mi verga a la boca, se había puesto de rodillas para chuparla tranquila, se notaba la experiencia, sabía hacerlo muy rico y se atragantaba con mi verga. Cuando la tenía todo adentro, tomé con fuerza su pelo para que no pudiera escaparse. ¡Qué rico era sentir su baba derramándose por miembro, sus ojos mostraban lujuria y pasión. Después de estar así unos segundos la solté, tomó una bocanada de aire mientras me mostraba una sonrisita traviesa, tomé su cabeza para follarme esa rica boca, su baba se derramaba por mi sexo y caía en el piso, ella me miraba con cara de lujuria. Después varios segundos así la soltaba, ella trataba de recuperar el aliento. "Como me gusta que me hagan chupaela así" –me dijo con ese tono sensual que tienen las putas. "Ahora, así te voy a follar" –le dije. Le quité el vestido, era todo lo que tenía puesto, la muy puta sabía que al menos después de la fiesta iba a ganar algo con su "trabajo".
Tomé su culo y la puse en cuatro sobre la cama, mostrándome todo su esplendor y sin pensar en que estaría con una puta, se lo metí de una por su vagina. Ella dio un alarido de placer mientras me decía: "¡Dame Papi! ¡Dame duro! Ella tomaba las sábanas mientras se la metía a toda velocidad. Ambos estábamos gimiendo de placer, estaba totalmente aferrado con fuerzas a sus caderas; me excitaba de forma grosera al sentir como mis bolas golpeaban cuando mi verga entraba por completo. "¿Así me la querías meter en el colegio?" –me pregunto. "Te quería como mi putita" –le respondí. "Ahora lo soy y la más puta que te hayas follado" –me decía mientras volteaba a verme con su cara de caliente. "Sigue amor, sigue. ¡Voy a acabar!" –decía mientras deslizaba una de sus manos en su vagina y masturbarse con desesperación. "¡Papi voy a acabar!" –gritaba y jadeaba. Sus gritos se escuchaban en todo el piso mientras sus fluidos se escurrían por mi sexo, sus espasmos aun continuaban, se liberó de mi sexo y se comenzó a masturbar mientras no paraba de gemir. "Gracias amor, coges delicioso. Acabé demasiado rico" –me decía mientras trataba de recuperar el aliento. Sin perder tiempo se la volví a meter y la tomé de los dos brazos y levantaba su torso en el aire mientras se la metía lo más fuerte que podía. Su cuerpo estaba totalmente entregado, ya que la muy perra volvió a acabar. Al rente de la cama había un espejo, la veía con la boca abierta gimiendo y botando la saliva a no más poder. "¡Voy a acabar papi otra vez!" –gritaba en medio de espasmos y gemidos. Rebeca quería soltarse pero esta vez no la dejé, pude disfrutar en pleno como esa vagina se contraía en el orgasmo, como también disfrutaba de esos impudicos gemidos.
"¡Papi destrozame la concha! ¡Dame duro!" –gritaba con fuerza mientras acababa una vez más. Solté sus brazos y cayó en la cama retorciéndose del placer. Me acosté a su lado y acariciaba su espalda. "Me tienes tan caliente. Hace tiempo que no me sentía así" –me dijo. Yo estaba tan caliente como ella, sentís que la verga me explotaría, me empecé a masturbar viéndola como aún se retorcía de placer. Cuando ya recobró fuerzas Rebeca agarró mi verga y me masturbaba con fuerza, gemía la puta mientras lo hacía; no aguantó y me la chupaba de manera exquisita, no tardó mucho en querer más así que hábilmente me montó y comenzó con suaves movimientos, de a poco subía la intensidad hasta volverse en una experta jinete sobre mi verga. Verla moverse así es algo alucinante, en verdad envuelve mirarla y deleitarse oyendo como gime y grita, sí es una puta pero de las mejores, esa madrugada estaba siendo mi puta y sacaría todo el provecho de eso. "Qué rico papi, si hubiera sabido qué la tenías así hace tiempo hubieras cogido de lo lindo" –me dijo. "Podemos recuperar el tiempo" –le respondí mientras apretaba sus tetas siguiendo su dulce movimiento.
Otra vez gritaba como loca que iba a acabar; eso me ponía más caliente. La puta chorreaba sus fluidos encima de mí y mojando la cama, la manera en que mordía sus labios y apretaba sus pechos eran el mejor paisaje que mis ojos podrían contemplar esa madrugada. Estaba tan exhausta que casi ya no podía respirar pero aún así como buena trabajadora sexual, aguantó hasta que ya no dió más su cuerpo. Cayó casi desmayada, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Ya no habría tregua, era mi turno, quería descargar mi miembro para tener alivio. La coloqué de espaldas y puse sus piernas en mis hombros, solo tuve que acomodarla para que entrara por completo. Mis embestidas eran profundas, ambos gemiamos como dos endemoniados. Rebeca había perdido el control, gemía con desesperación. Si antes me valió madres que todo el mundo se enterase que la estaba cogiendo, ahora mucho menos me importaba si había alguien oyendo, muchos menos si era la puta de su amiga con mi amigo, lo único que importaba era que la puta con quién me masturbé pensando en toda la secundaria era ahora la puta que me estaba follando. Al estar encaminado a la experiencia sublime de llenar esa concha con mi semen, mis ojos se cerraron y al igual como un animal en celo bramé cuando mi semen comenzó a salir sin control, llenando cada parte de su interior. Creo que sentir como palpitaba mi verga la hizo sentir algo más y también comenzó a retorcerse en la cama como una puta que disfrutaba del placer de una buena follada.
Cuando mi verga dejó de palpitar ambos soltamos un extenso suspiro, ella pasó sus dedos por la vagina y los lamió diciendo: "¡Qué rico me follaste!". Acompañada de una sonrisa perversa. Nos venimos un vaso de whisky mientras charlamos, no sé cuánto tiempo pasó de eso pero solo sé que nos abrazamos y dormimos. Me despertó el ruido de la ducha y el sol que entraba por la ventana, ya eran las tres de la tarde. "Hola Pablito" –me dijo Rebeca envuelta en toallas. No, no fue un sueño, era la realidad. "Hola preciosa, buenas tardes" –le respondí. Se sentó en la cama y comenzó a vestirse "¿Ya te tienes que ir? ¡Qué ganas de seguir pasando tiempo contigo!" –le dije con algonde frustración. "También me encantaría quedarme más tiempo y seguir follando rico, pero debo ir a buscar a mi hijo, pero si no ya estaría toda caliente encima tuyo" –me respondió. ”Te acompaño a tu casa" –le dije.
Me levanté y fui a la ducha, casi como un rayo me arreglé para salir. Cuando salimos del hotel podía ver el rostro de las personas que estaban en la recepción, no sé pero era como si pudiera percibir que detrás de la sonrisa cordial para despedirnos habían aplausos y gritos victoria por lo que había pasado en nuestra habitación. Tomamos un taxi y la dejé en la puerta de su casa, antes de que se bajara me dio su número. "Ya sabes dónde vivo, te estaré esperando" –dijo y después me besó con esa lujuria que te hace querer repetir la acción. Se bajó del taxi caminando sensual y moviendo esas deliciosas nalgas. Llamé a Ernesto y le di las gracias por tan exquisito regalo.
"Aló. ¿Rebeca? Soy Pablo. Sí, ya estoy llegando". Cómo pueden ver, hay algo urgente que debo hacer y creo que ustedes querrán saberlo en alguna ocasión.
Pasiones Prohibidas ®
Que rico relato amor siempre tan sucio y Perverso 🔥🔥
ResponderBorrarSabes que siempre es excitante leer tus líneas candentes
La humedad en mi vagina es una prueba de ello 🔥💋💋💋
Excelente relato mi amor Perverso
Gracias que bello escribe.
ResponderBorrarRelato lujurioso como siempre caballero, tiene ud un arte para la escritura, muchas gracias por compartir, esperamos poder leer una continuación del mismo
ResponderBorrarExcelente escrito Caballero como siempre
ResponderBorrarQue rica experiencia quiero una así je je gracias Mr.P siempre por calentarme
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