Ya comenzaba el día en el trabajo, estaba ansiosa
por saber lo excitante que sería. Ya habían instalado la computadora, estaba en
YouTube oyendo algo de música cuando apareció el Sr. Pueyrredón. Un seco buenos
días salió de sus labios. Solo oírlo hizo que mi corazón palpitara a un ritmo
acelerado y poco a poco mi entrepierna se humedecía. "Viviana, comunícate
con Gómez" –me dijo. Oírlo decir mi nombre fue el detonante a los
recuerdos de la noche anterior, tuve que cruzar las piernas debajo del
escritorio porque sentí como escurrían mus fluidos por los muslos. A los
pocos minutos Gómez llegó caminando como cordero que es llevado al matadero,
por la expresión que traía en sus ojos mostraba miedo, sabía lo que ocurriría
si es que al Sr. Pueyrredón no le gustaba su respuesta. En cierta forma la
situación me excitaba, ya que mi jefe no es de los hombres que habla bajo y que
no pasa desapercibido por su estampa imponente.
“¡Te dije que quería ese problema resuelto a la brevedad!” –gritó. Esa voz sonó como el poderoso rugido de un león macho, creo que se escuchó en toda la oficina. Yo tenía mis bragas empapadas y apretaba mis piernas bajo el escritorio para que mis fluidos se detuvieran, quería que me cogiera de una vez y viera lo puta que soy pero mi cordura me detenía de hacer una locura de la que tal vez me arrepentiría. La voz de Gómez casi no se oía porque era opacada por esa potente voz. Al fin salió Gómez después de cinco minutos de ardua reprimenda; minutos más tarde sonó mi teléfono: “Viviana, necesito que vengas aquí enseguida” –me dijo y colgó. Entendí que no había tiempo para acomodar nada, dejé mis cosas y fui a su oficina. “Sr. Pueyrredón, ¿qué requiere de mí?” –dije con la voz temblorosa. “Necesito un café cargado con tres de azúcar” –respondió. Corrí a prepararlo mientras mi mente tejía escenas perversas y lujuriosas que me hacían palpitar la vagina de excitación. Al cabo de unos minutos ya estaba con el café sobre el escritorio. “¡Como puedo estar rodeado de gente tan inepta!” –exclama. No sabía si hablar o quedarme callada pero le dije: “La gente no es perfecta Sr. Pueyrredón, tiende a equivocarse o tal vez nosotros podemos en muy en alto las expectativas en una persona específica” –dije. “Tal vez tengas razón Martínez y puede ser decepcionante cuando vez a alguien con potencial caer por estupideces que se podrían solucionar fácil” –dijo mientras daba un sorbo al café. “Puedes retirarte” –me dijo con esa voz autoritaria que me hace alucinar. Fui a mi escritorio y decidí por ese día dejar de pensar tanto en lo que hasta ahora no ha ocurrido, pero la sensación de mis bragas húmedas era difícil de disimular.
En mi hora de almuerzo fui a un lugar que otras secretarias frecuentan ya que debía sociabilizar con las chicas de la oficina y así entender el por qué este hombre despertaba esas sensaciones en mi vagina. Me encontré con Nancy, la secretaria de Contabilidad; me invitó a sentarme con ella y así platicar. “¿Sabes que tu puesto tiene fecha de vencimiento?” –me dijo. “Supongo, ya que como en todo lugar es así” –le respondí. Se rió y me dijo: “No tontita, me refiero que las que han sido antes de ti duran poco en su puesto porque no soportan a don Ricardo. Es un tipo que se ha ganado la reputación de despiadado e incluso es de esas personas que se enfadan muy rápido si no tiene una solución pronta a lo que él requirió”. “Sí, algo he escuchado pero es recién mi segundo día por lo que no me puedo hacer una opinión en tan poco tiempo. Lo que si he visto es eso que dices, se molesta muy rápido si no tiene una solución a sus requerimientos pero también supongo porque es el jefe y como tal requiere soluciones y no problemas” –le dije.
Nancy era una hermosa chica, casi de mi porte y con su cabello largo hasta la cintura, soltera pero tenía un hijo de dos años. Esa conversación me contó algunas cosas de ellas y también cosas relacionadas con el trabajo para realizar de manera más eficiente mi labor. La hora de almuerzo terminó y volvimos a nuestras labores con la promesa de seguir chismeando cosas de la oficina, y porque no también desquitar mis ganas con una deliciosa vagina en la boca (perdón, fue un pensamiento). Cuando volví me di cuenta que el Señor Pueyrredón no estaba en la oficina, a los pocos minutos llama diciendo que no estará por una semana y que debía tener ordenada su agenda para cuando volviera; porque hay una reunión importante que no se puede posponer. Le dije: “Pierda cuidado, estaré aquí para lo que requiera. Además, si lo desea puede llamarme a mi celular si necesita algo urgente”. “Te agradezco Viviana, sé que estoy en buenas manos” –me dijo. Escucharlo decir fue como que una corriente eléctrica recorrió por completo mi entrepierna e inevitablemente me mojé una vez más. Lo trágico de esto, es que don Ricardo no estaría y debía frenar mi perversión por unos instantes, cosa que veía un tanto difícil, ya que siempre había algo que me haría recordar su imponente presencia.
Al cabo de unos días ya no podía controlar mis
ansias de sexo, cada vez se me hacía insostenible; llegar a casa y saciar mis
deseos era una rutina diaria que si bien disfrutaba, no era lo mismo sin él en
la oficina. Me hice amiga de Nancy, salíamos a diario a almorzar juntas,
pasábamos el tiempo hablando de cosas sin sentido, incluso caminábamos juntas a
tomar el metro. Llegó el viernes y le dije: “¿Te parece si vamos a beber
algo?”. “Claro, seria genial que compartiéramos mas tiempo” –me dijo. “Nos
vemos a la salida del edificio, conozco un lugar cerca de mi casa y si se nos
hace tarde te quedas conmigo” –le dije a modo de sugerencia. Me dijo: “Me
parece perfecto. A las 6 PM nos encontramos en la salida”. La tarde pasaba
lento, como si el reloj se detuviera en instantes. Al fin, llegó la hora de
salida y como habíamos acordado nos juntamos en la salida del edificio; nos
dirigimos camino al bar cercano a casa, íbamos en el metro conversando, no
podía quitar la vista de sus labios mientras mi mente imaginaba las mil y una
formas en que podría disfrutar de su sensual boca, solo pensar hacia que mi
vagina se mojara y sintiera un cosquilleo intenso en el interior. “¡Ay Dios
mío! ¿Qué puedo hacer con esta calentura que me consume?” –me preguntaba en mis
adentros.
Salimos del metro y nos dirigimos al bar, no estaba tan concurrido así que nos sentamos en la barra, pedí un whisky y Nancy pidió una Corona. La conversación fluía de lo más tranquila, pero mis ojos se perdían contemplando cada detalle del cuerpo de Nancy, sentía unas ganas locas de hacerle las proposiciones más indecentes que me pasaban por la mente; mi deseo era cada vez más evidente. Mi vaso se vació y pedí otro whisky, pausadamente bebía para aprovechar mejor el tiempo y mantenerme cuerda para no cometer una locura por adicta al sexo. “Vengo enseguida” –le dije a Nancy. “Espérame, te acompaño” –dijo con una sonrisa. ¿Sabía lo que planeaba? ¡Dios! ¿Por qué me hiciste tan caliente? Quería ir al baño y apagar el horno de lujuria que sentía en mi entrepierna. “Bueno, vamos, así no me siento tan sola” –le dije riendo. Al entrar, rápidamente me metí en uno de los cubículos, levanté mi falda y me quité las bragas empapadas por mis fluidos, no aguante las ganas y mis dedos me empezaron a recorrer de forma automática; pensaba en aquel macho que me tenía extasiada con su presencia y su voz de mando, alucinaba que entrara dando un golpe en la puerta y me encontrara gimiendo como una puta en el baño y me cogiera como un loco e hiciera conmigo cuanto se le antojara. Me di cuenta que estaba al borde del orgasmo y que mis gemidos se hacían más intensos, no me quedó más remedio que usar mis bragas de mordaza para acallarlos. ¡Diablos, estaban demasiado mojadas! El placer se apoderaba por completo de mí, mi cuerpo temblaba, mi corazón se quería escapar de mi pecho, caí en el intenso frenesí de un delicioso orgasmo que hacia palpitar hasta mi ano. Tienen razón en lo que ustedes piensan y me gusta ser puta y ustedes que me leen son unos malditos voyeristas, porque imaginan cada detalle que les escribo y se excitan incluso imaginando el tono de mi voz y el sonido de mis gemidos.
Temblorosa salí del cubículo y Nancy estaba ahí esperando
a que saliera, sonreí y me quedé en silencio, mojé mi cara y mi cabello, no sé
si ella se habrá dado cuenta de lo que pasó, yo creo que sí pero en fin, total
soy una mujer adulta que necesita apagar sus fuegos interiores y desatar a sus
demonios. Esos perversos demonios estaban sueltos y me incitaban a la lujuria;
me acerqué y tomé su rostro, sin pensarlo le di un beso en sus labios al que
ella correspondió. “Creo que es hora de que nos vayamos” –le dije. Salimos del
bar y caminamos a mi departamento; al cruzar la puerta la lujuria se apoderó de
nosotras, casi sin decir nada nos estábamos besando con pasión, sus manos se
deslizaban por mi espalda y se posaron en mis nalgas; las mías hicieron el
mismo recorrido pero osadamente levantaron su falda, tenía puesta una tanga que
apenas cubría su culo. Nos besábamos, a tal grado que ya no existía razón ni
cordura; nos comenzamos a desnudar casi de inmediato, era un frenesí de locura
y pasión. La deseaba, quería tenerla en mi cama sin reservas ni condiciones,
aunque a esas alturas la cama es solo cliché; desnudas, envueltas en llamas
empecé a lamer sus deliciosos senos, sus pezones estaban erectos y la humedad
de su sexo encendía más aun la llama de la lujuria. Mi deseo estaba en probar
sus exquisitos fluidos, así de manera perversa mis dedos se posaron en su deliciosa
concha y los unté con la calidez de su sexo. Los metí en boca y le dije después
de saborearlo: “Eres exquisita”. Sonrió perversamente y volvió a besarme con
lujuria, era como si sabía lo que quería que hiciera. ¿Tan evidentes eran mis
ganas de estar con ella? ¿Cómo podía leerme tan bien?
Me llevó al piso y separó mis piernas hasta no poder más, su lengua se deslizó con suavidad por mi vulva haciendo que mis labios se separan y tuviera acceso a mi más que lubricada vagina. Sentir como su rígida lengua estimula mi clítoris hace que mi cuerpo se retuerza de placer, mis manos de forma instintiva se dirigen a mis pechos, los aprieto con fuerza a causa del placer, jalo mis pezones con la misma fuerza; tiemblo cuando la muy puta mete su lengua en mi sexo y su sed de deseo se calma al probar mis tibios fluidos. ¡Vaya que sabe hacerlo! Cerré mis ojos y solo me dejé llevar por la placentera lujuria. De pronto, mi vagina es invadida por un par de dedos candentes que me penetran; sin dejar que su lengua se moviera furtivamente en mi clítoris era follada de una manera sublime. “¡Eso, sigue; por favor no te detengas!” –le decía entre mis gemidos. Ella no decía nada, solo se dedicaba a hacer su excelente trabajo. “Me tienes tan caliente Nancy” –le decía casi sin poder hablar, el placer era tan grande que mi cuerpo temblaba. “Me tienes casi al borde de la histeria puta” –le decía. Quería que supiera que me estaba haciendo tocar el cielo. Mi alma pendía de un delgado hilo que estaba a punto de cortarse. Al fin el orgasmo llegó y me desbordé en su boca, ella bebió hasta la última gota de mi placer, deleitándose en aquella tibieza que escurría por su boca.
Al fin se despega de mi vagina aun palpitante y me besa con lujuria. Ahora era mi turno, sin decirle nada se tumba en el piso boca arriba y levanta sus caderas. “Haz lo que quieras conmigo” –me dice. “¡Oh, sí que lo haré putita!” –le digo. Ella sonríe y me dice: “Soy igual de puta que tú”. Le doy una nalgada en su culo, escuchar ese “¡Ay!” enciende a un mayor nivel mi calentura. Separo sus nalgas y al ver ese agujero que sin ser tocado palpitaba suplicante, mi lengua se fue de lleno para recorrerlo. “¡Oh, que rico!” –Exclama. Mi lengua empieza un viaje vertiginoso en su ano, gemía como una sucia puta, sola coloca sus manos hacia atrás y me regala sus nalgas para ser exploradas con mayor detalle; mi lengua se pasea por su culo que poco a poco se abre para que la punta de mi lengua entre con libertad. “¡Hazme gemir! ¡Soy tu puta!” –me dice. Poco a poco me deslizo por su culo hasta llegar a su vagina, mi lengua hacía el recorrido completo. El placer era tal que su cuerpo se estaba cubriendo de una delgada capa de sudor, jadeante, restregaba su culo en mi cara cada vez que mi lengua la penetraba. “Quiero que acabes sucia Nancy” –le digo. “¡Ay, sí, muy sucia, muy puta para ti!” –me dice. Solo algunos minutos pasaron cuando Nancy comenzó a gemir descontrolada y a sacudirse como poseída al momento de su orgasmo; era una escena tan perversa y deliciosa que sin notarlo también acabé viendo a la ella. Tiradas en el piso de la sala, jadeantes y más calientes que nunca nos besamos con pasión. “Vamos al cuarto putita” –le digo.
Entramos a la habitación, la
tiré en la cama y le dije: “Bienvenida a mi mundo”. Fui a mi closet de donde
saqué un dildo doble que he ocupado en alguna oportunidad con mi amiga Ximena.
Nancy lo miró y vio como me acercaba lentamente chupando uno de los extremos;
aun con él en la boca me subo sobre ella y gustosa recibe el otro extremo y
comienza a chuparlo de manera frenética. Era alucinante ver como esta puta se
manejaba con su boca; me escurría saliva por la comisura de los labios que caía
como una fuente sobre la cara de Nancy, estábamos tan calientes que sin decir
nada nos entrelazamos nuestras piernas y a la vez metimos el dildo en nuestras
palpitantes vaginas. Comenzamos con movimientos suaves que de a poco se fueron
intensificando, nuestros alaridos de placer creo que debieron escucharse por
los diferentes departamentos contiguos pero no importaba, yo lo disfrutaba y
ella igual, luego de un momento cambiamos la posición y nos pusimos en cuatro
quedando culo con culo así como los perros cuando quedan pegados a la perra que
se están cogiendo. “¡Oh por Dios, qué placer!” –gritaba ella moviéndose con más
fuerza. El golpe enfermizo de nuestras nalgas era el sonido más sublime que
había escuchado y esos sucios gemidos de Nancy me hacían perder la cordura. En
medio de la lujuria y el descontrol ambas nos abrazamos de la manera más
exquisita al placer del orgasmo, fue en verdad glorioso acabar junto con ella,
al unísono nuestros gemidos se unían y quedamos tendidas en la cama unidas de
ese pedazo de plástico.
Ya sus nalgas estaban por
completo enrojecidas por cada azote recibido, pero ella lo disfrutaba. “Por
favor no te detengas, necesito expiar mi culpa por negarte ver mis orgasmos”
–decía jadeante. Sus suplicas eran un erótico estimulante a mis oídos. Me
detuve por unos momentos, empapé mis dedos de saliva y los unté en su culo, lo
hice por tres veces hasta que sentí que estaba lo suficientemente lubricado
para lo que venía. Tomé la tabla y ensarté el mango en su culo, ella gritó de
dolor pero no me detuve, seguí metiéndolo hasta casi el tope y la empecé a
penetrar. Cada embestida hacia que mi compañera de juegos gritara de placer y
la hacía ponerse de puntas de manera involuntaria. “¡Destrózale el culo a esta
puta!” –me suplicaba. Me dolía la mano de tanto taladrar su culo hasta que se
rindió y acabó en un delicioso orgasmo. Cayó al piso y me decía: “Gracias por
castigarme. Prometo desde ahora cada vez que esté caliente pensando en ti
hacerte un video para que veas lo mucho que me prendes mi lujuria”.
La ayudé a ponerse de pie, no podía si quiera caminar por la intensidad del castigo recibido, hice que se recostara boca abajo y sobé sus nalgas para mitigar en parte su dolor. Fui al baño y tomé una de las cremas, las unte en sus nalgas hasta que dejó de temblar su cuerpo. Se relajó tanto que se durmió, verla dormir era como ver a un bebé descansar en la seguridad de su cuna. Me masturbé una vez mas a su lado y cerré los ojos, no me di cuenta cuando me dormí pero al despertar Nancy estaba en mi entrepierna despertándome de la mejor manera que se despierta a una mujer, pasando su lengua en mi clítoris, al vela fue casi instantáneo el orgasmo; satisfecha la tomo y beso sus labios para probar la tibieza de mis fluidos. Pasamos toda la mañana del sábado en la cama besándonos y darnos placer. Aun con sus nalgas rojas se mete a la ducha y se viste. “Lo he pasado fenomenal contigo Viviana, eres una mujer exquisita” –me dice. Sonreí y la besé en los labios, sabía que después de esa noche la tendría cuando quisiera en mi cama.
Pasiones Prohibidas ®
Uffffff!!!!!!
ResponderBorrarMe has dejado sin aliento con este relato me encantó bueno de por sí sabes que me fascinó la primera parte pero este literal me calentó
Que deliciosa manera de escribir tienes mi Perverso 🔥🔥🔥
Un exquisito relato Lujurioso
Excelente relato mi amor 💋😈
Wao que relato más interesante Caballero me a encantado todo el trama y como lo describe felicidades
ResponderBorrarUn regalo muy caliente, se encuentra en leer cada línea, imaginación a volar que te lleva a soñar, en encontrar en la oficina una querida compañera de trabajo, gracias.
ResponderBorrarComo siempre una historia llena de detalles que hacen volar la imaginación y despiertan mis sentidos, gracias por compartir Mr. P
ResponderBorrarUn excelente relato lleno de la lujuria que siempre hay en sus escritos. En cada línea hay desborde de pasión y entrega. Muchas gracias por compartir
ResponderBorrarUff me encantó hiciste que me mojará rico sin duda un relato exquisito para fantasear y tocarse rico gracias Mr.P
ResponderBorrarMe gustó... Viví cada letra
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