65. Enjaulado placer

 


Era de noche, la habitación estaba sólo ilumidada por una lámpara en el techo. No había casi muebles, sólo una jaula, grande donde estaba una mujer desnuda, dormida, con un collar de perro en el cuello. Había una puerta de metal en un extremo de la habitación, la cual se abrió lentamente, un hombre entró, vestido con zapatos brillantes, un pantalón negro, camisa blanca y corbata a tono de su pantalón, en su rostro llevaba una máscara del Doctor de la peste. Su mirada se dirigió a su esclava en la jaula; sonrió y dijo: "Es toda una perra". "¡Despierta puta!" –gritó al mismo tiempo que daba una patada a la puerta de metal para cerrarla. Ella despertó sobresaltada, de inmediato se puso a cuatro patas, sintiendo una gran excitación, su Amo había llegado. Ella esperaba ansiosa estos momentos, su placer era el placer de su Amo, su propia humillación era al mismo tiempo su máximo deleite.

Él se acercó y abrió la jaula, tomó una cadena de paseo y la unió al collar: "¡Camina perra!" –le ordenó. Ella salió de inmediato a cuatro patas, se detuvo ante su Amo, inclinó la cabeza y empezó a lamer sus zapatos con adoración. A él le complacía aquella muestra de adoración, le excitaba verla así, con su culo al aire al inclinarse a sus pies. La aceptó como esclava sobre todo por su trasero, el cual encontraba firme y deseable, bonito y sobre todo sin marcas, quería ser él quien pusiera las marcas del látigo en sus nalgas y llegar a marcarla como una pieza de ganado con un fierro al rojo vivo. Su esclava era de unos 30 años, bonitas facciones, pelo negro, piel clara y un cuerpo firme, delgada, con unos pechos no grandes ni pequeños, pero lo que le agradaba más era su trasero. Tenía planeado para ella una buena sesión de latigazos para calentarla. Ella sabía que había cedido su voluntad y deseos a ese hombre que cada vez que la visita usa esa perversa máscara, ella sabe quién es, lo conoce y le agrada la nueva vida que han decidido vivir. Al principio le costó mucho asumir este estilo de vida por los muchos prejuicios pero ya no importa lo que la gente pueda decir ya que ambos disfrutan la pasión y lujuria a su manera.

"¡Detente, esclava!" –le ordenó. Se detuvo de inmediato, permaneció de rodillas, la cabeza baja y las manos unidas a su espalda. "¡Camina puta!" –ordenó el Amo y tiró de la cadena para que ella avanzara, lo hizo como una perra, en cuatro patas al lado de él. La hizo pasar a otra habitación donde había una cama, una mesa, y algunos muebles, así como unas argollas unidas a la pared casi pegadas al techo. El Amo se sentó en la cama y tiró de la cadena de la mujer. "Quiero que me chupes la verga, lentamente, utiliza sólo tu boca, no las manos. Ten cuidado, no quiero acabar en tu boca todavía" –le ordenó con voz firme, al momento en que bajaba el cierre de su pantalón y sacaba su verga. La esclava se arrastró sobre sus rodillas hasta quedar ante aquella recompensa que el Amo le ofrecía. Ya sentía crecer su excitación, tenía húmeda su vagina sólo de pensar en probar el miembro de su Amo. Desde que era su esclava iba de orgasmo en orgasmo, como nunca en su vida, su Amo era el hombre más excitante que hubiera conocido, haría cualquier cosa por complacerle. Le encantaba su verga pero su cuerpo en sí era para ella algo hermoso, espalda y pecho formidos, y unas manos fuertes, sus ojos cafés le transmitían un deseo y una voluntad únicas, lo amaba, lo adoraba.

Comenzó a lamerla toda, de arriba a bajo, saboreando cada rincón y demorándose en los sitios más sensibles. Luego se la tragó toda, enterrándola en su garganta y chupándola con cuidado para que le agradara a su Amo. Después de un rato él le ordenó detenerse, ella obedeció de inmediato. Él se abrochó el pantalón y se puso de pie tirando de la cadena y llevando a su esclava hasta unas argollas, ahí la sujetó con esposas, colocándole las manos, por encima de la cabeza. "Separa las piernas, puta" –dijo de manera pausada pero tajante. Era tan excitante verla así pensó el hombre, su cuerpo tenso por el miedo y la excitación, su piel sin marcas aún. Tomó un pequeño látigo de piel no muy grueso, ya que no quería que la marcara demasiado. Le pasó el látigo por el cuerpo, acariciándola, lentamente, como para que saboreara primero el temor de lo que seguía. Ella no dijo ni una palabra, ni una súplica, sabía que si lo hacía él la castigaría aún más. No la hizo esperar mucho, le dio el primer azote en las nalgas, luego las piernas, lo hizo varias veces y cada vez más fuerte, ella no pudo evitar gemir cuando los azotes eran ya más fuertesvy unas lágrimas escurrieron por su rostro. "¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!" –gemía la esclava. Su bonito trasero se enrojeció y sus piernas temblaban, pero no recibió piedad de su Amo, cuando él considero suficiente se detuvo y colocó su mano entre las piernas de ella buscando su vagina. "Está excitada la muy perra" –pensó. 

Con una mano la tomó de los cabellos y jaló su cabeza para besarla en la boca, ella correspondió con pasión y deleite. Luego la desató y la llevó a la cama. "¡Voy a cogerte como la perra que eres! Ponte a cuatro patas en la cama" –ordenó. Le enterró la verga en su vagina de una sola embestida y le tomó los pechos con las manos, mientras que la sacaba y metía, acariciaba sus pechos apretándolos con los dedos. Ella sentía que iba a acabar de un momento a otro, pero no quería desagradar a su Amo. No había otorgado su permiso y si se daba cuenta que acabaría sin su autorización, la castigaría. Así que trató de detener el orgasmo lo más que pudo. De pronto, él se detuvo y le hizo darse la vuelta. "¡No eres más que una puta!- le gritó al tiempo que la abofeteaba, ella cayó en la cama. Ella respondió: "Sí, mi Señor, lo soy. Prometo no defraudarlo, por favor Amo, seré obediente y no pertubarlo con la imprudencia de acabar, quiero que se sirva de mi cuerpo y mis orgasmos cuando lo desee" –le dijo. "¡Arrástrate ahora mismo puta desgraciada!" –ordenó. Ella de inmediato se tiró al piso y empezó a besar los pies de su Amo pidiendo perdón entre lagrimas. "¡Chupamela!" –le dijo con voz sería. Esta vez cuando ella se la chupaba él acabó en su boca, trató de tragar todo pero derramó un poco que luego tuvo que lamer del suelo. La llevó de vuelta a la jaula como la perra que es y la hizo entrar de nuevo.

"La próxima vez que me hagas enfadar te arrancaré la piel de la espalda con azotes. Ahora, quiero que tragues esto" –le dijo furioso. Estaba arrodillada dentro de la jaula, así que se acercó caminando sobre las rodillas para acercarse a él. A través de la reja sacó su verga y comenzó a mearla, dirigiendo el chorro de orina a su cara; abrió la boca intentando tragar lo más posible. Cuando terminó de orinar, el hombre se sonrió. Era toda una perra, no había duda. La próxima vez la cogería por el culo, no lo había hecho todavía; aún no lo había disfrutaba pero en su mente ya había tejido la estrategia para darle por su apretado agujero.

Se fue de la habitación dejándola ahí, sola. Cuando vio que él no estaba comenzó a masturbarse, recordando todo lo que él había hecho con ella esta vez. Estaba tan excitada, su amo era lo máximo, y saborear su verga fue lo mejor. Esperaba que la próxima vez la castigara aún más, disfrutaba de ser castigada por él, se lo merecía, al fin y al cabo era una perra. El anhelado orgasmo llegó y ella suspiró extasiada, se durmió enseguida con una sonrisa en los labios pensando: "Mi dulce Amo, mi adorado Amo".


Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Mmm que maravillosa escena mi Amo me encanta adoro cuando escribes así tan sucio y tan explicito.
    Excelente relato mi Demonio perverso 💋

    ResponderBorrar
  2. Un relato exquisito de adoración a su Amo ya que es tratada como la perra que es solo de imaginarme se moja las bragas

    ResponderBorrar
  3. Excelente y excitante relato caballero, no cabe duda que usted sabe cómo incitar la imaginación de sus lectores

    ResponderBorrar
  4. Un gran relato que sin duda demuestra la devoción y el amor de un sumiso hacia su Amo. Ha sido un escrito lleno de lujuria y erotismos como siempre, gracias por compartir

    ResponderBorrar
  5. Excelente escrito caballero. Tan intenso y perverso que transporta. Como siempre es un placer leerlo.

    ResponderBorrar
  6. Siempre divino leerte Mr.P tienes la habilidad de calentar hasta lo más frío besos

    ResponderBorrar
  7. Muy excitante relato, tienes una forma de describir que haces que mi mente viaje y las sensaciones lleguen, gracias Mr.P

    ResponderBorrar

Publicar un comentario