Deseo que la espera no haya sido tan larga ni mucho menos te hayas desanimado al ver que no había movimiento en cuanto a una segunda parte. Aquí estoy, algo ansiosa deseando que me digas si quieres que siga o pare de relatarte lo que se viene. Siempre será tu decisión quedarte y seguir la lectura. Por lo tanto, si te quedas es porque quieres saber lo sucia y puta que puedo ser.
Nos habíamos quedado en que mi quinto cliente me observaba mientras estaba sentada en el baño orinando, cuando su voz se escuchó: "¡No te muevas, deja de orinar, no sueltes ni una gota!" –me ordena. Automáticamente aprieto mi vejiga y espero a ver qué pasa. En mi interior pensaba: ¿Quien se cree este hijonde puta que se atreve a ordenarme cuando debo o no mear?. Es solo un pervertido más que se esconde tras las sombras para engañar a su esposa y realizar las fantasías más sucias y perversas que no se atreve a hacer con la "señora de la casa" . Al fin y al cabo, como todas, mi vulva se moja de orina. Se está desnudando, solo observo y veo desesperación en sus ojos. Se acerca con la verga en la mano, masturbándose, se queda muy cerca de mí, para que lo vea. Me resulta curioso este exhibicionismo de los hombres. Les debe venir de bebes cuando agarran su pene y lo estiran. "¡Abre la boca!" –me ordena. Le obedezco. Mete su verga y empiezo a chupar. "¡Ya puedes empezar a mear!" –me dice. Me resulta difícil concentrarme en chupar y mear, pero salen las primeras gotas y después les sigue el chorro. El sonido de las primeras gotas golpeando el agua le han puesto la verga tiesa, y el sonido del chorro la ha puesto a reventar. El cliente no aguantó las ganas y se orinó en mi boca, sentir la tibieza de sus desechos me hizo acabar frenéticamente. Me gusta la suciedad y la forma en que su orina escurría por mi boca. Mi imaginación se fue otra vez a la plaza. Me gustaría llegar allí con un vestido de una pieza, levantarlo hasta mi cintura y quitarme las bragas a la vista de todos. Ponerme en cuclillas, abrir las piernas y mostrar mi vulva meando. Entonces los hombres, uno tras otro metan su verga en mi boca, sin que yo pare de mear, chupársela uno a uno y que después todos me bañen en su tibia orina. ¡Oh, sería un deleite irme con ese olor a orina a casa y quedarme oliendo así por varios días!
Con las últimas gotas saca la verga y me levanta. Me pone contra el espejo. "Un momento, tengo mucho calor. Voy a pedir unos cubos de hielo" –le digo. La cubitera no tarda en llegar. Tomo un cubito de hielo y lo paso primero por un pezón y luego por el otro. Se ponen duros, de punta. Hago una espiral sobre mi pecho desde el pezón hasta la base, luego sobre el otro pecho y bajo poco a poco hasta la sagrada entrada de mi vagina. Le gusta, no deja de mirarme. Recorro varias veces mi vulva con el hielo. Se cierra como las flores con el rocío de la noche. "Estira las manos" –le digo. Coloco un cubito en cada una. Tomo uno para mí y me voy al cuarto de baño, me pongo frente al espejo, abro la bata por completo; levanto las manos y las apoyo al tiempo que abro las piernas. "¡Vamos, follame! ¿Para eso pagaste?" –le digo. "¿Y qué hago con los cubitos?" –me pregunta. Reí y le dije: "¡Haz que se derritan en mis tetas tontito!".
Tan pronto como me la mete, aprisiona mis senos con los hielos en medio. Con su primera embestida comienzo a frotar el cubito en la parte superior de mi vagina, sentía ese delicioso roce del hielo cerca de mi clítoris, el hielo aprieta mis senos y besa mi intimidad. Puedo ver mi cuerpo de puta reflejado en el espejo. Puedo mirarme a los ojos. No quiero que nadie lo vea. Es sólo para mi placer. Cada vez que me ensarta amasa mis senos. Me encanta que lo haga y la lujuria que pone, me encanta sentirme deseada. Los hielos revolotean descontrolados, él me la mete con fuerza, le digo: "Eso dame, quiero que llenes mi concha con tu semen". Quiero que sus tibios fluidos contrasten con la fría sensación del hielo. Caliente y frío. Contraste de sensaciones. Fría mi vagina y caliente su espeso esperma llenando mi interior. Me pagó la tarifa por mi servicio y una generosa propina, sin decir nada empezó a vestirse.
Me siento mientras se viste. Cierro las piernas y retraigo la vagina, como si fuera a contener la orina. No quiero perder ni una gota de su semen, su pene ha ensuciado mi intimidad y eso es lo que importa. Tras salir me sitúo frente al espejo del cuarto. Abro las piernas y me deleito saboreando el recuerdo que dejó en mi entrepierna. Miro al infinito, sin fijarme en nada, y así puedo verlo todo. La puta que veo y siento es inmensa, ni siquiera la destrucción de mi intimidad genera una satisfacción tan grande, ya que he cogido tanto que arde demasiado pero la sensación es placentera.
Se siente mucho ruido en la sala de espera. Coloco mi bata y me acerco a curiosear. Es un equipo de futbol que ha venido a desfogarse tras ganar la liga de su barrio. Me acerco a ellos, mi mente estaba perdida pensando en las infinitas maneras en que esos hombres podrían alimentar mi vagina, mi culo y boca con sus vergas. Deseosa les digo: "Les hago un trato, si entran a mi habitación ocho, uno tras otro, a echarme un polvo y sólo eso. Entonces el próximo servicio especial, sea cuál sea, lo cobraré como servicio normal; pero con tres condiciones: Será sin preservativo, entrarán vendados y con la verga ya preparada".
Me quito la bata y me pongo mi vestido. No quiero estar atada al burdel, quiero que mi vida de puta sea mi vida normal. Entra el primero, lo tomo de la mano, sin decirle nada saco su verga por fuera del pantalón y la froto con ganas, quiero que entre en mí como un toro y no pare, verla erecta causaba espasmos en mi entrepierna. Me coloco en el borde de la cama, recostada sobre los codos y con las piernas en alto. Lo llamo. Cuando se acerca pongo mis piernas sobre sus hombros y dirijo su falo hasta mi vulva, entonces empujo y penetra hasta el fondo. Unos balanceos rítmicos cada vez más fuertes y largos, hasta que nota que está a punto de deshacerse, entonces se queda cerca del fondo y empieza a pegar con fuerza, tres, cuatro contracciones y se acabó. Quédate quieto, le digo. Meto mi lengua en su boca y le doy el beso más apaskonadl que jamás le han dado en su vida. Le digo: "Un regalo". Lo echo hacia atrás. Me incorporo, bajo mi vestido hasta las rodillas para cubrir mi vulva. Lo saco vendado. Allí están el resto de los amigos esperando. El segundo ya está preparado. "Espera momento" –le digo. Vuelvo a cerrar. Dejo caer el semen en la taza de café y llamo al segundo, así hasta el octavo.
Todo igual, sólo que veo entrar un falo y otro distinto, una y otra vez. Desde luego que he sentido que tenía concha de puta y que lo más íntimo de mi ser estaba sucio, goteando a borbotones entre mis fluidos y semen. El tercero me ha producido un orgasmo que ha continuado con los siguientes. ¿Sabes qué es que te penetren menos de un minuto después de que te hayan provocado un orgasmo? ¿Sabes lo qué es, cuando además ves que te lo produce una verga diferente cada vez? En mi postura no he podido ver como se precipitaban en mi sexo, sólo veía la parte alta de mi vagina totalmente abierta, a la que he echado mano con el cuarto para acariciar mi clítoris, pero no lo he encontrado. La sensación de ser puta ha sido inmensa. Me he sentido la reina de las putas, el centro del universo. Con cada verga he procurado recoger menos semen porque mi vagina parece un recipiente de mayonesa y en la taza ya no cabe más. Mi vagina está tan colmada que el semen se desparrama en el suelo cuando me preparo en el borde de la cama para recibir esas vergas. Mejor que hayan entrado vendados, quizá no habrían querido meter su verga en mi sucia vagina. Yo gozando de tener mi sexo colmado de tan apatecibles fluidos.
Todos los hombres tienen la fantasía de penetrar a muchas mujeres, pero basta que acaben en una para no poder seguir. Sólo las putas podemos colmar esta fantasía de recibir a cuantos queramos, sin peligro del orgasmo, porque cada penetración trae un orgasmo más fuerte.
El octavo introduce su verga hasta el fondo y la deja allí, presionando el fondo de mi concha. "No dejas que me quite la venda" –me dice. "¡Estoy acostumbrada a tener un tampón durante días. Te vas a aburrir bastante antes" –le contesto. "¡Pero los tampones no saben hacer esto!" –me replica. Tensa repetidamente su verga en mi vagina, sin mover el cuerpo. Me salta un orgasmo en el acto. Se me contrae la vagina, se me contrae mi intimidad, me tiembla todo el cuerpo. Querría decirle que no se quite la venda para que repita. Querría que no se acabara, pero se quita la venda. Se retira y entra de golpe hasta las raíces, para seguir con tres golpes muy fuertes casi desde el fondo. No puedo aguantar, pienso que me voy a desmayar. Saca su falo casi fuera; entonces entra y sale muy rápidamente, casi sin meterse; luego sigue un topetazo contra el fondo y no deja de golpearlo. Es fuertísimo, me estoy desmayando."¡Para, para!" –le grito. Ya no sé si es placer o dolor, todo se mezcla; pero él también ha perdido, está eyaculando con fuerza en el fondo de mi vagina, una, dos, tres, cuatro, cinco contracciones, con cada contracción mi vagina responde con un espasmo. Por fin paran sus contracciones pero no las mías. El éxtasis en mi cuerpo era total, no podía controlar cada maldito espasmo en mi vagina. Lo empujé hacía atrás y le dije: "Me dejaste sin fuerzas, eres un maldito". El sonrió y dijo: Eres una excelente puta. Desde ya me haré tu cliente pero no quiero verte aquí donde el tiempo nos limita, sino salir de aquí y no esperar que el tiempo sea nuestro verdugo". Lo besé y puse la venda para sacarlo de la habitación.
Quería descansar y cerrar los ojos. Tomé el teléfono y llamé a la recepción del burdel, dije que por el resto del día no tendría más clientes. Por suerte, entendieron mi cansancio y cerré mi turno. Me metí en la ducha para enfriarme un poco. Sentía como mi concha aún palpitaba, me tiré en la cama y dormí algunas horas. Me vestí y disfruté sentada las eyaculaciones de los ocho hombres, sorbo a sorbo las bebí hasta dejar la taza limpia con mi lengua. Me fui a mi departamento y caí rendida en el piso. Desperté en la noche del otro día hasta que mi teléfono sonó y era del burdel, me pidieron que cubriera las necesidades de un cliente especial para ellos y que yo daba la talla para satisfacer sus requerimientos. Bueno, les contaré lo que sucedió pero ese es material para otra historia.
Pasiones Prohibidas ®

Una muy buena historia
ResponderBorrarFantasía para much@s placer para otr@s...🔥me gustó,
Excelente relato 💋
Es muy bien relato
BorrarUuuuf excelente relato, no cabe duda que es usted un excelente escritor, capaz de despertar fantasías perversas en mentes ya perversas.
ResponderBorrarExcelente relato me gustó demasiado todos llevamos una puta dentro de nosotros que rico es sentirse así
ResponderBorrarEl claro ejemplo de que cuando se encuentra la vocación se vuelve uno el mejor, excelente relato
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