Solo se sabía que caminar por ciertos lugares era peligroso debido a que un ser maligno que vivía entre las sombras se encargaba de mantener aterrados a los moradores de una pequeña aldea internada alrededor de un frondoso bosque. Las historias que se contaban eran perturbadoras, se hablaba de desapariciones, traumas, incluso muerte. Cuerpos que yacían sin vida, siendo devorados por las aves u otro animal salvaje del bosque; sin duda era algo aterrerador. Muchos también pensaban que eran las típicas historias que los padres cuentasñn para que sus hijos no salgan de noche a deambular o simplemente a raíz del miedo se acuesten temprano, porque como comprenderán, las labores de una casa rural empiezan de madrugada, sobre todo cuando no hay electricidad y la única fuerte de agua es un viejo pozo cavado en el centro de la propiedad.
Han pasado algunos años y se respira calma dentro del pueblo. No se ha sabido nada en cuanto al ser que merodea entre las sombras. Tanta era la algarabía que las autoridades de la localidad decidieron realizar una fiesta en dónde celebrarían que eran libres de aquellos ataques del maligno ser. Lo que nunca me quedó claro, fue si ellos lo consideraban una entidad paranormal o un hombre con transtornos mentales; pero había algo claro y era celebrar. Los preparativos empezaron un lunes por la tarde. Las mujeres estaban encargadas de ataviar las casas y los varones, algunos encargados de construir un escenario gigante en medio de la plaza central, otros estaban encargados de pintar los edificios cercanos a la plaza y otros estaban encargados de faenar los animales que iban a degustar en esa celebración. El viejo alcalde sacaba cuentas alegres, ya que ese viernes por la noche estaría presente todo el pueblo y era el momento de lanzar su campaña para la reelección. En fin, cada cosa tenía su afán y había que trabajar a toda marcha para que está fiesta saliera a la perfección.
Por fin el viernes llegó, y al ritmo de violines, flautas y tambores se dió comienzo con algarabía a esta celebración. Todo el pueblo danzaba, bebía y comía con la excusa de celebrar pero, ¿qué celebraban? En realidad tampoco entiendo. Ya el alcohol comenzaba a hacer efecto y muchos con los vientres llenos de carne y vino se iban a sus hogares, al menos los mayores. Los jóvenes llenos de energía permanecían en medio de la plaza central, alumbrados por el fuego de una fogata que se alimentaba por madera del bosque charlaban y se reían de lo que pasaba alrededor, para todos era su primer baile, ya que vivieron casi toda su vida aterrados por las historias de terror que se contaban en su niñez. Era la oportunidad también para algunos de probar otro tipo de diversión, ya que los bríos de la juventud comenzaron a aflorar por el vino y el baile.
Aquí es donde parte la historia de James y Madeline, dos jovencitos que no bordeaban más allá de los 18 años, que atraídos por las sensaciones que tenían estando cerca decidieron irse a la soledad del espeso bosque y hacer algunas cosas reservadas para aquellos que estaban casados. Caminaron entre la soledad de la noche hasta que no sintieron la música ni vieron la luz. Se contaba que James era un experto en cuanto a orientación pero esa noche sus sentidos fallaron ya que ahora el instinto afloraba en él como en Madeline. "Tú me gustas desde siempre" –dijo James casi tartamudeando. A lo que Madeline respondió: "¡Oh, es bueno saberlo! Porque yo también siento lo mismo por usted apuesto caballero". "Por favor Madeline, deja las formalidades de lado, estamos solos y puedes tutearme" –dijo James. "Lo siento Señor, así me educaron y es lo que debo hacer. Además, como una buena dama debo tratarlo de la mejor manera posible" –respondió ella con cortesía. "Está bien, porque eres tú no diré nada; pero es posible que está noche nuestro trato cambie" –dijo él con una sonrisa en los labios. Madeline suspiró cuando el joven tomó su mano y la besó. "Sin duda soy un hombre afortunado, no quiero hacer nada más que mirarte y disfrutar de ello" –dijo el chico. La joven respondió: "Es usted tan dulce, me halaga con sus palabras. Estoy feliz de que se haya fijado en mí, ya que usted es el foco de mi atención y de otras cosas que hago en privado".
Madeline comenzó a contarle de algunas sensaciones que ha tenido en las noches en su cuarto, pero que no ha sabido interpretar, porque incluso al sentirlas ha sentido como su entrepierna se ha humedecido; todo eso era cuando pensaba en él por las noches. Le dijo también que una de esas noches había tenido esas sensaciones y pasó sus manos por su cuerpo, se fijó que sus pezones tenían una firmeza que le causa un cosquilleo en su sexo cuando los tocaba. "Hice esto con el máximo sigilo ya que usted sabe somos tres hermanos y compartimos la misma cama, y no quiero que se despierte ni mi hermana mayor ni mi hermano" –le dijo. Le contó como una de sus manos bajó hasta su zona íntima y que eso le arrancó un gemido que la inquietó, ya que nunca había sentido algo así. James, la miraba con una cara que no sabría describir pero algo si era seguro, le gustaba lo que estaba oyendo, por el tono de voz que usaba la chica y por la forma en que cada detalle era narrado. Le dijo que tuvo que lenvantar su camisón para tantear esa humedad que salía de su sexo y como descubrió que eso para ella era placentero. "Cada vez que mi mano estimulaba mi sexo sentía que el aire se me iba, incluso sentía como sudaba. Tenía que hacerlo casi en silencio porque mis hermanos podían asustarse de que me vieran así y decirle a mis padres o al reverendo del pueblo" –le dijo. Le recalcó si que esas sensaciones eran solo cuando él aparecía en sus pensamientos nocturnos.
James la hizo callar por unos momentos y se acercó lentamente. La besó en los labios de la forma más sutil que existe, ambos son inexpertos en esas lides pero hay veces que el instinto puede más que la expertiz. Se fundieron en un beso tan apasionado que ambos terminaron jadeantes y ardiendo de pasión. "Siento la misma humedad en mi sexo" –le dice Madeline. Levanta su vestido e invita a James para que sienta por él mismo la tibieza de sus fluidos emanando desde su interior. Él estaba atónito, por primera vez podía sentir la vagina de una mujer, la humedad que desbordaba y se impregnaba en ese abundante vello púbico era para él un deleite. "Se siente bien" –dice James. "Es muy placentero lo que usted me hace sentir caballero" –le dice la chica. "Yo también he sentido cosas por tí Maddy cuando la lámpara se ha apagado en mi cuarto pero tengo la fortuna de tener el cuarto para mí solo" –le dice James. "Dígame más, quiero saber lo que pasa por su cabeza cuando invado sus noches" –dice ella. "Todo comenzó una noche, la luna estaba en lo más alto del cielo. Me desperté algo agitado porque sentí ruidos; en la penumbra me levanté y deambulé por la casa hasta que llegué al cuarto de mis padres. Mi sorpresa fue tal, oía gemidos indecibles, era como el agonico sonido de las almas de los condenados. La luz de la luna se coló por la ventana y alumbró con fuerza la habitación, pude ver a mi madre en actitudes que jamás pensé podría tener. Se meneaba de manera furibunda y su cuerpo brillaba por la capa de sudor que le envolvía. Por alguna razón que desconozco mi miembro se puso duro y mi respiración se agitó, me quedé en el umbral agazapado mirando hasta que sentí como mis manos investigaron la dureza de mi sexo con vehemencia, hasta sentir que explotó. Desde esa noche la que imagino con esos movimientos sobre mí eres tú pequeña Maddy y quisiera que lo hicieras como lo hacía mi madre aquella noche.
Los cuerpos de aquellos inexpertos jóvenes despertaron a la lujuria, se encendieron con esa pólvora llamada pasión y desataron un intenso incendio de lascivia en ellos, al punto de ofrecer a los dioses de la carnalidad su vírgenes cuerpos. James, tocaba la húmeda y palpitante vagina de Maddy haciendo que ésta jadeara de forma constante, mientras que ella lo tocaba de la misma forma lujuria que él lo hacía cuando estaba solo en su habitación. Ella se recuesta y sube su falda hasta la cintura, él la mira en éxtasis, por primera vez tenían ante sus ojos el sexo de una mujer, una deliciosa y húmeda vagina cubierta por una suave capa de vellos oscuros; no existía en ese momento mejor visión alrededor, era el paisaje más suculento que el mortal puede acceder para acercarse a los dioses. De pronto, como si una voz susurrurara en su oído y James queda mirando como perdido el rostro de Maddy, en un momento reacciona y se sube sobre ella intentando acertar su verga en la vagina de su joven acompañante. Se notaba en él que solo había instinto más que expertiz; al fin sus intentos se ven recompensados. Con fuerza empuja para tener acceso total hasta que siente como se desgarra de imen de Maddy quien da un alarido de dolor al tenerlo dentro. Poco a poco el dolor se transforma en placer y comienza a gemir al recibir las embestidas del joven. La luna y las estrellas eran mudos testigos de la lujuria, sus cuerpos se empezaban a cubrir de una delgada capa de sudor mientras que ellos gemían casi al unisono. Sentían que estaban en el paraíso y sí lo estaban, ese paraíso que se conoce como pasión, ese paraíso que está reservado para quienes se dejan llevar por esos sentimientos que se esconden en la privacidad del coito.
De pronto, un ruido en la oscuridad los hace detenerse, la chica como puede cubre su intimidad y James hace lo mismo. Una misteriosa figura emerge en medio de las sombras, al parecer es un hombre que viste completamente de negro, su rostro está cubierto por una máscara con forma de ave y un sombrero de copa no tan alta. En silencio los observa, mientras que los jóvenes impávidos por el miedo no pueden articular palabra. "¿Qué tenemos aquí?" –dice el hombre. "Señor, somos del pueblo cercano" –dice James. "¿Qué hacen aquí? –pregunta. Habían sido descubiertos prácticamente en el sexo, no tenían una respuesta, solo silencio y miedo. "Señor, no tenemos nada con nosotros, solo le pido que no nos haga daño y deje que nos marchamos" –dice el joven. El hombre ríe y dice: "¿Quien dijo que quiero dinero? ¿Quien habló de hacerles daño? Ustedes tienen la peste y voy a curarlos". En ese momento el terror se apoderó de los jóvenes porque los ojos de ese hombre parecieron iluminarse como una llama de fuego y se abalanzó sobre ellos. James luchó con todas sus fuerzas para proteger a su amada pero el hombre era más fuerte. Ya sin fuerzas se entregó por completo a su suerte, se escuchaba en sus labios entre sollozos: "Maddy, lo siento". La chica también lloraba porque no sabía lo que sucedería con ellos. De un bolso el hombre saca unas cuerdas y pone sobre sus cabezas un costal, les dice: "Ustedes son un plaga y hay que exterminarla". Los conduce por el bosque atados de manos hasta que llegaron a un lugar más apartado que este hombre tenía preparado.
Quita los costales pero no desata sus manos. El terror los consume, no podían creer lo que sus ojos estaban viendo. Había en medio del bosque artefactos que parecían sacados de la inquisición. ¿Por qué estaban ahí? Solo él lo sabía. Gritos de auxilio se escuchaban de parte de los jóvenes pero nadie vendría en su ayuda, estaban a merced de un desquiciado. "Se ven tristes niños, alegrense porque hoy serán curados de ese mal que tienen dentro" –les dice. "Por favor caballero, apidese de nosotros. No le hemos hecho nada, deje que nos vayamos" –le dice Maddy. "Señorita, en este mundo el remedio puede ser doloroso pero la enfermedad lo es más, yo solo quiero que sus cuerpos y almas sean redimidas de ese mal, por eso los traje aquí. Tú hombrecito serás el primero, eres el que se ve más enfermo de los dos" –dice el hombre. James intenta luchar pero sus fuerzas son niñas, el hombre tomó un cuchillo con el cual rompió la ropa de James y me dice: "No tengas miedo muchacho, voy a sacar ese mal que hay en ti". El corazón de James se aceleró, su respiración se agito y su vejiga se soltó haciendo que tibia orina cayera al piso. Los sollozos de James no eran suficientes para calmar la determinación de ese hombre, estaba dispuesto a "curarlo" de esta peste que lo atormentaba.
Ató al joven de las muñecas y los tobillos en dos estacas separadas por metro de distancia, una sonrisa macabra se escuchó entre la máscara y fue a una mesa cercana, tomó un filoso cuchillo y le dijo: "Es tiempo de que seas curado". Gritos aterradores se escuchaban cuando el hombre pasaba el filo del cuchillo por el pecho de James, la sangre comenzó a escurrir primero como hilos hasta brotar de manera profunda. "¡Por favor Señor, detengase!" –decia el joven, mientras Madeleine era forzada a ver el siniestro espectáculo que el hombre montaba."Muy bien, esos gritos son señal de que te estás curando" –decía el hombre entre carcajadas. Si no fuera que estaba atado el joven hubiera caído al piso desmayado por el intenso dolor. El hombre solo reía a carcajadas; James y Maddy solo podían imaginar la cara de desquiciado que se escondía tras la máscara pero se veía que él disfrutaba lo que hacía.
"Muchachito, aún percibo que hay peste en ti. Creo que hay que intensificar el tratamiento" –dijo después de una lúgubre sonrisa. Tomó de la mesa un instrumento llamado la cigúeña, con el cual inmovilizó al joven del cuello, los brazos y las piernas. Lo que provocaba agonicos dolores por los calambres a su joven víctima. Yacía en el piso, ya no habían súplicas hacia el hombre, esta vez eran a Dios para que le permitiera morir. Despiadado torturador le dice: "¿Dios? Dios no está aquí para ayudarte. Él es el mayor sádico de todos, ha tomado lugar de honor para ver tu sufrimiento. Aquí el único dios que puede ayudarte soy yo". El proceso de "purga" continuaba cuando el repugnante ser se acercó a Maddy y rompió su vestido. El cuerpo de la chica era impresionante, llamaba a la lujuria. "Eres solo una puta sucia que se ha contaminado con la peste" –le dijo mientras retorcía sus pezones con fuerza. Los gritos de la joven eran desgarradores. Él no se detenía ni por un instante. "Escucha sucio bastardo como la puta grita al saber que será purificada. Sus manos cubiertas por ásperos guantes de cuero comenzaron a deslizarse por los senos de Maddy y bajaban por su abdomen, el hombre solo respiraba profundo y sereno mientras la respiración de la chica se agitaba por el intenso terror que sentía. "Tranquila pequeña, no entiendes lo que hago por ustedes pero sabrás pronto cuando ya estén limpios" –le dijo.
Con las pocas fuerzas que le quedaban James gritó: "¡Quita tus asquerosas manos de ella, maldito enfermo". "¿Me dices enfermo? Yo en tu lugar guardaría silencio perro sucio" –le dice mientras le da un puntapié en la espalda. "Te mostraré lo que es estar enfermo" –añadió. Coloco un fierro para atizar las brasas en el ardiente fuego y lo dejó ahí mientras seguía con sus manos explorando el recién desflorado de aquella aterrada jovencita. Sus manos se paseaban con tal libertad que hasta las nalgas de Maddy fueron asaltadas. Ya casi no habíanagrimas en los ojos de la joven, solo súplicas balbuceantes. De pronto el hombre, le da una bofetada que le da vuelta el rostro. "¡Calla sucia!" –le ordenó. Con dolor Maddy tuvo que tragarse sus súplicas y soportar en silencio el siniestro recorrido. "Creo que es tiempo de soltar al perro" –dijo. Fue donde James y lo liberó de su tortura, no por mucho, ya que aún estaba reservado más en su lunático repertorio. "Camina perro sucio" –le dice. James no podía mantenerse en pie, se arrastraba por el dolor en su cuerpo provocado por los calambres y por los cortes que le habían Sido propinados. ¿Cuál era la motivación de aquel hombre para hacer lo que hacía? ¿Por qué su retorcida mente le llevaba a cometer tales actos aberrantes? Solo sabían esos jóvenes que no había escapatoria.
Coloca a cada uno a un extremo de la mesa con los brazos extendidos, mirándose. Ata las muñecas de ambos y los tobillos; estaban unidos para continuar ese perverso ritual. Se dirigió al fuego dónde descansaba el fierro que había colocado, su extremo estaba al rojo vivo y como se marca al ganado lo coloca en las nalgas de James y después en las de Maddy. Los desgarradores gritos se dejaron sentir mientras él reía de manera desquiciada. "Te atreviste a llamarme enfermo. Ahora sabes cuán "enfermo" puedo ser" –le dice a James. "Son un par de reces enfermas nada más". Tomó de la mesa un látigo con el que castigó duramente a James hasta desgarrar la piel de su espalda y sus nalgas, lo mismo hizo con Maddy. No se detuvo hasta que se sintió satisfecho. En su desquicio, respiró profundo, los observó sangrantes con su torso sobre la mesa, se acerca a James y le dice: "Te mostraré lo que hace un enfermo". Sus ojos se pasan en Maddy, se acerca a ella en silencio y se coloca detrás. Posa las manos en las caderas de la chica. "Vaya, vaya. No me había dado cuenta del suculento manjar que está sobre la mesa" –dice con seriedad. Unos segundos de silencio y añade: "Esto no se puede desperdiciar". Aprieta su cuerpo al de ella y con el pico de su máscara se desliza por la espalda de Maddy, el que abría un surco haciendo que fluyera la sangre. La chica gritaba pero no había nadie que pudiera socorrerla. "¡Por favor señor! ¡Detengase de una vez!" –suplicaba. A él parecía no importarle en absoluto la petición de la chica. Se detiene cuando estaba ya por llegar a sus nalgas, se quita los guantes y separa las nalgas de la chica. Sigue su camino con la filosa punta de su pico y al estar frente a ese virgen orificio continúa bajando hasta meterlo en esa desvirgada vagina. El dolor era insorpable, ya que cada embestida desgarraba el interior de la chica. "¿Ahora no es tan placentero? Pero ví como disfrutabas cuando ese sucio perro se metió en tu interior" –le dijo. "¡Maldito cerdo, detente!" –gritaba James. El hombre se detiene y va al otro extremo de la mesa. "No te he dicho que hablaras sucio animal" –le dice. Toma otra vez el látigo y lo azota hasta dejarlo casi por completo tendido. "Tú dices que soy un enfermo y solo te muestro lo enfermo que soy. Yo quería ayudar para que fueran curados de la peste que les invade y veo que solo son un par de reces que están condenadas".
Coloca en sus manos unos fierros afilados que parecían garras de animal y las desliza por la espalda de James, su carne era rebanada en tiras, cada vez el dolor era más intenso y los agonicos gritos del joven para ese hombre eran un deleite. "Ahora gritas de dolor pero hace poco eras un perro envalentonado" –le dice. Mira a Maddy diciéndole: "Mira el miserable cachorro que llora y suplica por su vida. No es más que un odioso mocoso cobarde". Después de un momento decidió llevar otro repugnante acto. Se acerca a James y toma su miembro, lo aprieta con fuerza y le dice: "Veo que el dolor y el miedo ha causado una pervertida reacción que no voy a tolerar". De la mesa tomó el afilado cuchillo y cercenó desde la base el miembro erecto de James. Despojado de su virilidad el joven muchacho llora y se retuerce sobre la mesa, mientras que la sangre brota por sus piernas. "Te entregaste a este maldito cobarde por sentir esto entre tus piernas. Es hora de alimentarte sucia perra. Cómelo y sacia tu voraz hambre". Con el cuchillo lo rebanó y obligó a la chica a comer cada trozo de la virilidad de su amante. El asco y la repulsión en Maddy era evidente. Él mientras tanto reía de manera perversa y le decía: "No te atrevas a vomitarlo perra, sino tendrás que comerlo otra vez junto a tu vómito". Añadió: "Se ve que disfrutas cada bocado. No debes desperdiciar ni un trozo, porque es un festín digno de una perra como tú".
James, casi al borde del desmayo por la perdida de sangre ya no tenía fuerzas para soportar más, sus ojos se cerraban pero el llanto de Maddy lo hacía mantenerse despierto, aunque era poco el tiempo que le quedaba, intentó tocar las manos de Maddy cuando el frío filo del cuchillo recorrió su cuello, causando que sus ojos se cerrarán de manera definitiva. "¡No!" –gritó con fuerzas la chica. "¡Maldito hijo de puta! No te habíamos hecho nada. ¿Por qué tanta maldad?" –le gritaba. El hombre reía al ver el sufrimiento de la chica y le dice: "Les dije que estaban contaminados por la peste pero ese estúpido pedazo de mierda era una res enferma y debía liberarlo de su miseria. Pero en cambio tú aún puedes ser redimida de ese mal". Se acerca a ella y le da una nalgada con fuerza, el curtido cuero de sus guantes deja la marca de su mano impresa en las magulladas nalgas de la chica. De manera pervertida recorre su culo y dice: "Vaya, vaya. Esto tampoco se puede desperdiciar. Se desabrocha el cinturón y abre el abrigo negro que lo cubre; separa las nalgas de la chica y la embiste con una brutal fuerza. Desgarradores gritos de dolor se hacen resonar en la espesura del bosque, su culo fue profanado de la manera más brutal por ese desconocido ser sin alma, su torso y rostro estaba cubierto de la sangre del muchacho que había sido derramada en la mesa. El tipo bufaba como un animal en brama mientras destrozaba el agujero de la muchacha. Él se aferraba con fuerzas a las caderas de la chica tal como lo hace una hábil bestia cuando atrapa a su presa. Cada brutal embestida la hacía desear estar muerta, aunque su alma ya no estaba con ella, esperaba el trágico final y dejar de su sufrir los horrores a los que estaba siendo sometida.
Cada vez con más fuerza y más rápido el hombre la penetraba, jadeaba y reía disfrutando lo que estaba haciendo. Por fin eyaculó en el culo de Maddy dejando su espeso y repulsivo semen en su interior. "Te has comportado como toda una puta, ahora estás curada por completo de ese mal qué estaba en tu interior" –le dijo mientras acomodaba su ropa. Tomó el cuchillo y cortó las cuerdas que la ataban. "Eres libre de irte, ya no podrás contagiar a nadie con la peste. Podrás contar la historia de como tu cuerpo fue liberado". Tomó todas las cosas que habían en la mesa y las metió en un costal y se perdió entre el frondoso bosque. A lo lejos se escuchó relinchar un caballo seguido del galope de éste. Luego de un rato Maddy recobró fuerzas para caminar y gritar pidiendo ayuda, no sabía dónde estaba, caminó sin rumbo hasta que cayó al piso. Al sentir la fuerza de los rayos del s acariciar su magullado cuerpo abrió los ojos y casi arrastrándose pudo ponerse de pie. A lo lejos se escuchaban voces y comenzó a gritar con fuerzas. Al fin esos gritos en medio del bosque causaron efecto y fueron oídos. La gente al por los gritos corrió en su dirección, eran personas de su pueblo que la buscaban; al ver todas las marcas en su cuerpo solo la abrazaron y lloraron a su lado mientras curaban sus heridas. Les contó lo que había sucedido y lo que ese hombre les había hecho pero parecía que se lo hubiera tragado la tierra porque no pudieron encontrarlo.
La llevaron a su casa en dónde su familia la esperaba, entre llantos y sollozos se abrazó con fuerza a ellos. En algo en tipo tuvo razón, su vida cambió; perdió la sonrisa y no dejaba que nadie se acercara a ella. Por las noches no podía dormir porque al cerrar sus ojos veía la imagen de aquella aterradora máscara acercarse enntre las sombras. Soportó lo más que pudo, hasta que un día cansada de vivir con miedo, tomó un cuchillo y abrió sus venas en medio de la noche, cerrando los ojos y viendo a James que la esperaba con los brazos extendidos. No pudieron estar juntos pero sus almas se encontraron en ese lugar llamado eternidad.
Pasiones Prohibidas ®

Mi amor es excelente Me gustó mucho una obra magistral llena de ingredientes nuevos diferentes detalles macabros narrativa que lleva el suspenso de comienzo a fin
ResponderBorrarLos detalles son geniales de otro mundo
Y al final ese toque sutil y puro luego de tan caótico y trágico desenlace.
Maravilloso e interesante relato
Te felicito mi cielo 😘
Caballero increíble relato una historia de amor que fue frustrada por un psicópata y al no aguantar tanto dolor y seguir adelante tuvo ese trágico fin me encanto
ResponderBorrarEsta vez me ví muy sorprendida nunca espere un final así..excelente historia! ��
ResponderBorrarWow que increíble historia,terror pasión y misterio excelente
ResponderBorrarQue historia más intensa 👏👏👏
ResponderBorrarLastima que a los enamorados no los dejaran disfrutar de ellos y su amor, pero al final el encuentro de las almas fue bello, gracias por otro espléndido relato Mr.P
ResponderBorrar👏👏👏👏👏 Excelente caballero
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