70. La historia que jamás será contada



S
oy una verdadera adicta al sexo, me llamo Leticia y tengo cuarenta años, a los 17 años quedé embarazada ,así que con 18 años estaba casada y con un bebé. Siempre fui una mujer alta y fuerte con un poderoso trasero y potentes muslos, me decían que estaba muy buena yo me reía. Siempre he causado algún tipo de efecto en los hombres y eso me agrada; ver como tratan de disimular que me miran cuando paso o algún piropo subido algo sumiso de tono. Me gusta sentirme deseada, me provoca y me calienta lo vulgares que pueden ser los hombres al intentar conquistarte con palabras; muchas veces incluso teniendo sexo con mi esposo me gusta recordar esas sucias palabras y sentir que se masturban viéndome hasta llenar mi cara o mis tetas con semen; incluso hago que mi esposo me hable sucio cuando estamos cogiendo, así mi morbo se activa y se despierta la puta qué está en mi interior. En ese año que estuvimos de novios con Luis nos gustaba espiar a mis padres cuando cogían, eso nos calentaba y terminábamos teniendo sexo entre las sombras, viendo como disfrutaban en la cama.

Les cuento que nací en un pueblo de una provincia del Sur de Chile, provengo de una familia un tanto bien acomodada dedicada a la labranza y a la ganadería, vivíamos mis padres y mis dos hermanos (Rosa y Carlos). No había cumplido los 17 años empecé a salir con Luis, es dos años mayor que yo, así que como dije al principio, a los 18 años estaba casada y con un bebé. El parto fue muy complicado, me operaron y el doctor nos dijo que no podía tener más hijos, lo sentimos mucho pero así es la vida.

Luis trabaja con su padre, tienen una empresa de maquinaría agrícola en varias provincias, lo cual viaja mucho para atender clientes en los diferentes lugares. Los dos somos muy calientes, raro es el día que no tenemos sexo, y cuando vuelve de visitar algún cliente después de estar dos o tres días fuera, nos comportamos como verdaderas fieras salvajes, aunque tenemos ciertas reservas cuando está Pablo (mi hijo) en casa. De recién casados a mi marido le encanta que me acueste solo con camisones trasparentes que dejan casi nada a la imaginación, cosa que cuando él quiera tomarme pueda hacerlo sin problemas. Como les dije antes, me gusta provocar sensaciones morbosas en los hombres y siempre visto con jeans ajustados o faldas cortas que se pegan a mi figura.

Una noche quise sorprenderlo después de uno de sus viajes. Nuestro hijo había salido y era la oportunidad de coger salvajemente sin tener que reprimirnos para que no nos escuche. Era jueves, el reloj marcaba cerca de las nueve de la noche. Él entró, al no ver a nadie en casa fue al cuarto, se desnudó y se metió en la ducha. Entré al baño desnuda y en completo silencio. Abrí la cortina de la ducha, ahí estaba mi hombre, aquel que me arranca gemidos cada vez que me posee y que en mi mente me hace fantasear con otros hombres. Al verme desnuda y dispuesta a hacer todo lo que quisiera su perversión su pene despertó poniéndose duro. Me arrodillé en silencio y se lo chupé como una verdadera puta hambrienta de verga. "¡No sabes cómo te extrañé me dice!" –mientras jala mi pelo marcando un ritmo frenético. No decía nada, solo disfrutaba pasando mi lengua por todo su miembro y degustando sus testículos con mi boca. Me sentía tan caliente que casi por instinto abrí mis piernas y me tocaba para darle el placer que se merece. Después de estar un rato sintiendo su verga perderse en mi garganta Luis dice: "Es hora de que gimas como me gusta que lo hagas". Me lleva a la sala y en la alfombra me coloca de en cuatro, de una sola embestida me la metió completa. "¡Oh, deseaba tenerte dentro!" –le digo. Se tomó firmemente de mis caderas y comenzó con un suave vaivén poco a poco hace que los gemidos de puta salgan de mi interior. "¡Eso, así, dame duro!" –le decía. Él aumentaba el ritmo y jadeaba como un animal en celo. Me encanta sentir su ímpetu de macho alfa tomando el control de la situación. Me hizo subirme a horcajadas sobre él y comencé a moverme con todo el frenesí que sentía. Además, estábamos solos, así que podíamos coger tranquilos y ser los verdaderos animales que somos. Luis apretaba mis tetas, mientras me movía para demostrarle que su puta lo extrañaba.

 Me tumbó en el sofá, me nalgueó con fuerza y decía: "¿De quién es ese culo?". "Tuyo mi amor" –le respondía, mientras sentía que sus manos se marcaban en mis nalgas. Me hundió los dedos en la vagina y saboreó mis tibios fluidos. "Eres una puta deliciosa" –me decía. No daba más con mi calentura y le suplicaba que me cogiera, deseaba que me regalara un delicioso orgasmo para perderme en esas morbosas fantasías que hacen volar mi mente. Ya no daba más, el orgasmo estaba a las puertas, cuando de pronto metió su verga en mi culo. El éxtasis fue sublime, hace tiempo mi culp extrañaba una cogida furtiva e inesperada. Gemía como loca a punto de acabar, cuando se abrió a puerta y entró mi hijo a la casa y vio ese espectáculo. Nos quedamos perplejos, no nos habíamos dado cuenta que el tiempo había pasado tan rápido. Bueno. ¿Quién está pendiente del reloj cuando está cogiendo? No dijo nada, solo se fue a su habitación, obviamente nosotros también pero no continuamos por la vergüenza de ser descubiertos. Ahora entiendo que hubieran sentido mis padres si nos hubieran descubierto a Luis y a mí viendo cómo cogían.

 Visito muy a menudo a mis padres, sobre todo los fines de semana, ya sea los tres o yo sola con mi hijo cuando Luis está fuera, allí tengo mi habitación, si no van mis hermanos mi hijo duerme en una de las habitaciones de ellos y viceversa. Recuerdo que en uno de los viajes de mi esposo le dije que pasaría el fin de semana en casa de mis padres, así que alistamos las maletas y emprendimos el viaje con Pablo. Al llegar a casa, estaba Rosa, mi cuñado y Maite, una chica preciosa de 18 años. Me alegré tanto de ver a mi hermana y su familia, ya que hace tiempo que no nos veíamos. Mamá estaba preparando la comida, al cabo de un rato mi hijo con mi padre y cuñado estaban en el granero intentando poner un portón, mamá, mi hermana y yo en la cocina charlando cuando sonó el teléfono de la casa, era mi hermano que vendría a pasar el fin de semana también con su familia. Nos alegramos de nuevo, nos reuniríamos todos; hace tiempo que no pasaba y lo pasaríamos de maravilla. Más tarde estando yo con mamá en la cocina me dice: "¿Cómo nos arreglaremos para dormir?". "No te preocupes mamá, Pablo dormirá en mi habitación" –le respondí. Me miró con asombro dijo: "Hija, ya tiene 20 años". "Ay, mamá, no pasa nada, estamos hablando de Pablo, mi hijo. ¿Cuál es el miedo?" –le digo. "Ninguno, pero bueno, tú sabrás" –dijo sin más. En la noche llegó mi hermano con su esposa e hijas. Cenamos, bebimos una botella de vino; mi hijo, mi papá y mi cuñado se fueron a dormir cansados por estar poniendo ese portón. Mi hermano se fue a la habitación con las niñas porque el viaje los dejó exhaustos. Nos quedamos mi madre, mi hermana, mi cuñada y yo bebiendo otra botella de vino, entre charlas y risas nos dimos cuenta que ya pasaba de la medianoche, lavamos los trastos y cada quien se fue a acostar tranquilamente.

 Entré lentamente y sin prender la luz, me desvestí como de costumbre; me puse el camisón y me acosté de espaldas a mi hijo, que dormía como un angelito, después de un rato me dormí. No sé qué hora sería pero me desperté, mi hijo estaba a mi espalda abrazado a mi, podía sentir su respiración en mi nuca, seguía dormido, tenía un brazo bajo mi cabeza y el otro abrazándome por mi cintura, estaba pegado a mí. Por alguna razón que desconozco me puse caliente, tal vez fue el vino o el recuerdo de que me haya visto cogiendo como puta pero me humedecí completa. Sentía su pene tieso entre las nalgas. ¡Mierda! ¿Por qué? Solo acariciaba mis tetas, fue el peor error porque me estaba calentando más. Intentaba no moverme para no provocar nada de lo que me pudiera arrepentir. Su verga seguía apuntando bajo el bóxer mi culo y yo con la concha chorreando por lo caliente que estaba.

 Hice unos sutiles movimientos para subir mi camisón y por arte de magia el bóxer de Pablo se bajó quedando su verga rozando mi vagina, él seguía dormido y yo chorreando deseosa porque me follara. Era la ocasión de hacer algo o resignarme a seguir caliente, no sé cuánto luché con la calentura, me resistía pero no aguanté más, estaba loca sintiendo como su verga buscaba el espacio preciso para meterse. Hice un poco de presión y entró como si nada, contuve el alarido con toda mi alma para que no despertara. Sentir su hinchado miembro en mi vagina fue una recompensa a mi lucha interna, pero quería saber si tenía el ímpetu de su padre, no pasó mucho rato, Pablo empezó a bombear, yo no movía ni las pestañas, solo dejé que hiciera lo suyo. A los pocos minutos tuve un orgasmo sin moverme lo mas mínimo; deseaba gemir y gritar pero no podía ya que o se despierta i familia o se despierta Pablo y cualquiera de las dos opciones no era buena para mí. Aceleró sus movimientos como endemoniados haciendo que sus testículos reboten con fuerza, el deseo en mi era tal que apretaba uno de mis pezones y tiraba de él con brusquedad. ¡Oh, qué placer! Otra vez estaba al borde del orgasmo, quería ser puta pero me estaba conteniendo demasiado. Al fin me aferré con fuerzas al placer y otro orgasmo me invadió, mi vagina palpitaba hambrienta de semen, quería que Pablo llenará mis entrañas con su esperma y sentirme tan puta como cuando estoy con su padre.

 Al mirar a Pablo, no podía quitarme de la cabeza lo ocurrido, los ratos que estuve con él, se comportó amable como siempre, después de todo es un chico bien educado. No quería si quiera preguntarle lo he había soñado, porque tal vez se sentiría incómodo. Antes de cenar salí a caminar por el campo y mirar la puesta de sol, relajarme y sacar los malos pensamientos de mi cabeza. Caminé en dirección al granero para ver el trabajo que hicieron. Recuerdo que ese era mi escondite favorito y que me entretenía jugando entre el heno, a veces también me entretenía conmigo misma en el silencio y fantaseaba con mis dedos perdiéndose en el interior de mi sexo. Quise recordar esos momentos pervertidos de mi juventud y entré, mi sorpresa fue tal al ver a Pablo y a mi sobrina en el granero, ella de rodillas dándole una mamada, él con los pantalones hasta los tobillos disfrutando de esa boca lujuriosa envolviendo su verga. Mi vagina palpitó y se humedecido al instante, estaba entre las sombras viendo los "jueguitos" de mi hijo con su prima. Ella se desnudó y se tumbó sobre una cama de paja y mi hijo invadió su vagina con la lengua, era un experto, ella gemía y yo disfrutaba viendo. Los recuerdos de la noche me invadieron, así que desabroché mi jeans y metí mi mano entre las bragas. La humedad era tremenda y yo saboreaba con lujuria mis fluidos. Vi como mi hijo hizo acabar a mi sobrina con su lengua mientras yo estaba al borde del colapso. Ella se subió encima de él y de un solo movimiento hizo entrar toda esa deliciosa verga en su concha, se movía con fuerza, jadeaban y gemían, se cogían de manera tan armónica como si antes ya entre los dos lo hubieran hecho. Sabía cómo moverse, sabía cómo complacerlo, mi lucha estaba en si unirme o dejarlos sin que mis dedos me hicieran disfrutar lo que veía. Razón o cordura. ¡Puta lucha! Pero más puta yo por estar ahí mirando. Eso me calentaba aún más, no pude contener mis gemidos y dejé que salieran de manera sutil casi imperceptibles, no podía arruinar su momento.

 Casi sin darme cuenta me estaba acercando como una loba que asecha a su presa; ella se bajó y se puso en cuatro, mi hijo la penetró y comenzó con embestidas brutales que la hacían gemir con tanto placer. Entre las sombras los observaba casi ya cerca de ellos; no importaba si era descubierta, solo importaba el hecho de desahogar mi calentura. Poco a poco me fui quitando la ropa deseosa, al estar completamente desnuda me acerqué con más sigilo y la vagina palpitando. Pablo tenía a mi sobrina tomada de las caderas y embestía con fuerza su vagina. Al verlo como un furioso animal dándole verga a su prima me acerqué más, el sudor en sus cuerpos se veía verdaderamente excitante, pasé delicadamente mi mano en la espalda de mi hijo, él se sobresaltó y se detuvo. "No te detengas, sigue cogiéndola" –le dije. Mi sobrina al oírme se asustó pero como mi hijo la tenía firmemente tomada no pudo hacer mucho y permaneció inmóvil, le dije mientras acariciaba su espalda: "Quédate tranquila, se ve que lo disfrutas y sigue gimiendo". Besé a mi hijo con pasión y me uní a su furtiva travesura, me acomode en la paja de tal forma que mi vagina húmeda quedó a la altura de la boca de mi sobrina y le dije: "Lame la conchita de tu tía corazón, sigue comportándote como una buena putita". Tímida obedeció y deslizó su lengua por encima de mi vulva, la sensación fue como si un fuego intenso quemara mis entrañas, mi hijo siguió taladrando esa vagina con esos bríos de macho; ambas gemíamos de placer. ¡Qué cuadro más perverso! ¡Qué cuadro más lleno de lujuria! Esa sensación de saber que estás haciendo algo que no es correcto pero lo disfrutas a tal grado de perderte en el deseo.

¡Oh! Recordar cómo esa lengua se abría paso en mis labios y estimulaba mi hinchado clítoris, hace que me ponga caliente. En ese momento de placer máximo mi sobrina acaba conectada a un delicioso orgasmo que la deja temblando, pero la muy puta seguía pegada a mi vagina. Pablo se acerca a mí y coloca su verga en mi boca. La recibí deseosa, con mi lengua afuera dándole espacio. Suavemente la envolví con mi lengua y la deslicé desde el glande a la base. ¡Qué delicia! Hambrienta por ese delicioso miembro lo engullí por completo. Sin contar el delicioso placer que Maite me estaba regalando con su exquisita lengua deslizándose impúdicamente por mi vagina; me encontraba perdida en la lujuria y la perversión, jamás creí vivir algo similar pero estaba ahí dando rienda suelta a lo prohibido pero que resulta ser placentero. Pablo follaba mi boca con el mismo ímpetu que lo hizo cuando taladraba la concha de Maite, casi no podía respirar, me ahogaba al ser invadida por el placer. Al fin el cabroncito se mi hijo se detuvo y tuve algo de alivio pero fue tan efímero ya que casi al instante ese anhelado orgasmo llegó haciendo que mis ojo se cierren, mi corazón quede acelerado y mi cuerpo tembloroso

 “Aún no hemos terminado” –les dije. Los tomé a ambos y los puse a lamer mis erectos pezones. ¡Ufff que exquisita sensación! Los dos pegados a mis tetas, lamiéndolas, chupándolas y mordiéndolas a la vez era perverso. Me sentía la más puta de todas. Tomé  a Maite y besé sus labios con lujuria, no puedo negar que sus besos eran exquisitos, su lengua entrelazada a la mía encendía aún más mi calentura. Hice que Maite se tumbara en la paja y me subí sobre ella, dejando mi concha y culo a la altura de su boca. Entre lados comenzamos a lamer nuestras vaginas, mientras Pablo sin que le dijera nada me dio una certera estocada de su verga en mi culo haciendo que diera un alarido de placer. Esa lengua recorriendo mis entrañas y la verga de Pablo abriendo mi culo me tenían en la cúspide de la pasión. Cada vez las embestidas se hacían más brutales, yo disimulaba el dolor y el placer comiéndome la concha de mi sobrina “Hijo rómpeme el culo” –le decía. Estaba extraviada en mi mundo perverso. “Llénalo de tu semen hijo precioso, mira que tu prima me tiene como puta en llamas dándome su lengua” –añadí. Él siguió como poseído por el demonio dándome tan duro que sentía que mi culo se dilataba mucho más. Al cabo de un rato la piuta de mi sobrina y yo nos dejamos seducir por otro delicioso orgasmo y Pablo llenó mi culo con su caliente esperma, hice que Maite limpiara mi culo con su lengua y que no desperdiciara ninguna gota para que lo comiera directo de mi agujero. Nos quedsamos tendidos en silencio, disfrutando ese perverso momento; ya se había hecho demasiado tarde y debíamos regresar, nos vestimos y nos dirigimos a la casa.

 Entramos y yo dije: "Miren lo que trajo el viento" –cuando salí, me los encontré y los llevé a pasear conmigo". Así no levantaríamos ningún tipo de sospechas. "Sí tía, lo pasamos muy en la caminata. Vengo exhausta, así que me iré a dar una ducha" –dijo mi sobrina, dando las buenas noches. "Mamá. ¿Está bien si me puedo ir a dormir? Mira que la "caminata" me dejó sin fuerzas" –dijo Pablo. "Sí hijo, ve. Se nota el cansancio en tus ojos" –le respondí. Como niño bien portado dió las buenas noches y se fue a la habitación. Mis padres también se fueron a dormir y mi hermano también se llevó a las niñas a la habitación, solo quedamos mi hermana, mi cuñada y yo. Descorchamos una botella de vino y nos pusimos a charlar tranquilamente. Aún sentía mi choncha palpitando por lo que he vivido ese fin de semana. "¿Qué hicieron en la caminata?" –preguntó mi cuñada. Me sorprendió la pregunta. "Pues, emmmmm, caminar" –respondí. Mi hermana soltó una carcajada y mi cuñada también, no se esperan esa respuesta. "ay, tonta, si sé, pero, ¿fueron a algún lado en especial? No creo que hayan caminado en círculos" –dijo. Qué ganas de responderle que habíamos estado cogiendo en el granero pero inventé una travesía, poco menos que nos encontramos con Pie Grande en el campo y les dije que fuimos al granero a ver el magno trabajo de ingeniera casi espacial del portón y que nos habíamos tirado en la paja a conversar, por eso se nos pasó la hora.

 Otra botella de vino y ya las tres estábamos hablando de intimidades. Me enteré que mi hermano es un demonio del sexo y que mi hermana es tan puta como yo. Cosas que no se cuentan en familia por pudor. En fin, la charla estaba interesante y yo estaba caliente. Bueno par de zorras, está zorra se va a acostar y recuerden que esta parte de la conversación jamás existió. Nos reímos y cada quien se fue a su cuarto. Entré en silencio, Pablo dormía como un bebé; me fui directo al baño para darme una ducha. Al salir, Pablo estaba desnudo sobre la cama masturbándose. “Te estaba esperando” –me dice. Sonreí y le dije: “Lo sé hijo”. Lentamente me acerqué a su verga y esta vez sin pudor me la tragué entera, la chupé como la puta que soy, babeaba sobre ella mientras la engullía, mi pequeño jadeaba de placer y eso me hacía mojar por completo. “Me gusta como lo haces mamá” –me dijo. “Esta noche no soy tu mamá, soy puta, tu perra” –le dije. Me tomó del pelo y me marcó el ritmo de la felación; yo estaba feliz complaciéndolo, porque sabía que le gustaba la forma en que se la estaba chupando.

Sentir como esa deliciosa verga creía en mi boca era algo mágico, el morbo que me provocaba que mi hijo tomara el control de como quería que se la chupara me hacía humedecer y deseara tenerla adentro. Me detuve y me monté sobre él con delicadeza y suavemente comencé a moverme de atrás hacia adelante; se aferraba a mis muslos cada vez que apretaba su miembro en mi interior y él gemía perversamente. Yo acariciaba mis tetas y lo miraba con lujuria, mordía mis labios y me unía a sus gemidos. Cambié mi ritmo de arriba abajo, poco a poco más rápido, se metía completa. “¡Ay hijo, que rica verga tienes!” –le digo. Me respondió entre gemidos: “Siempre había querido follarte mamá, muchas noches me masturbé escuchándote gemir cuando cogías con mi papá y soñaba con este momento”. ¡Mi hijo se calentaba oyéndome coger! Me sentía más puta aun al escuchar eso, sabía que podía despertar algo en cualquier hombre pero no pensé que mi hijo se pajeara pensando en que me cogía y ahora se estaba dando ese perverso gusto.

 Me tumbé sobre la cama, abrí mis piernas y le ofrezco mi sexo para su deleite; él entendió lo que quería y se acomodó con su lengua recorriendo mi hinchado clítoris; me daba igual si alguien escuchaba entre las sombras pero él me hacía gemir como en años no lo había hecho. “Ay Pablo me tienes como una puta rendida a tus deseos” –le dije. Él no paraba de lamer mi concha, le gustaba la tibieza de mis fluidos y los bebía como demente; cerré mis ojos y me dejé llevar por las sensaciones que mi cuerpo experimentaba y me entregué por completo a un delicioso orgasmo, el perverso Pablo al verme gemir y retorcerme de placer me ensartó su verga. ¡Divina sensación! No podía más que gemir y dejar que mi macho se saciara hasta sentirse satisfecho. Embestía con brutalidad, mi hijo se había metido en lo mas profundo de mis entrañas, no se detendría hasta acabar, así sentenció y era lo que yo esperaba que hiciera; quería ser llena de su semen y dejarlo en mi interior para que escurriera mezclado con mis fluidos. “Mamita, voy a acabar” –me decía. “Sí hijo hazlo, llena a esta con tu leche, hazme sentir más puta de lo que soy ahora” –le dije. Sentía como su verga se hinchaba y de pronto explotó lanzando grandes chorros de su semen en mi interior. Mi cuerpo temblaba por el éxtasis vivido y por la indescriptible sensación de ser el objeto del deseo de mi hijo. Cayó rendido sobre mi pecho, me besó como un pervertido hasta que nos dormimos.

Era ya la mañana del domingo, nos levantamos para ducharnos juntos y regalarle una mamada, la puta quería leche desde temprano, se la chupé hasta que acabó y me regaló su leche para alimentar mi morbo en el día. Pensaba que alguien en la casa había notado mi concierto de gemidos pero nadie dijo nada, pasó el día y arreglamos las maletas para volver. Pablo manejó de regreso a casa y yo iba a su lado masturbándome para su placer. Al llegar ya estaba Luis quien nos esperaba con la cena lista. “¿Cómo lo pasaron el fin de semana?” –preguntó. Pablo le respondió: “De maravilla, papá. Ahora si que me gusta ir a la casa de los abuelos”. Me sonrojé pensé que iba a comentar algo pero supo guardar perfectamente el secreto; ya con la vida en normalidad intenté digerir lo ocurrido y si me preguntan claro que lo seguimos haciendo cuando Luis salía en sus viajes, Pablo era quien me quitaba las ganas y yo cumplía cada una de sus fantasías gustosa. A propósito. Luis estará varias semanas fuera y mi pequeño se quedará en mi cama para seguir escribiendo esta historia que no puede ser contada.

 


Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. ⛓️Fiorella De Mr. P⛓️17 de mayo de 2022 a las 6:56 a.m.

    Un interesante relato mi Amo
    Tiene muchos matices perversos excitantes
    Una trama que aunque diferente contiene ingredientes y detalles que despiertan muchas sensaciones
    No importa la historia que sea. Tienes una forma tan estructurada de escribir y de detallar Con un rico morbo de comienzo a fin

    Mis dedos tuvieron que bajar un poco la calentura y la humedad que despertaste con tu relato mi amor 💋
    Pero como te lo dije .
    Quede mojada y con ganas de mas con ganas de ti
    de una u otra forma logras provocar mis demonios y excitarme mucho siempre
    Escribes maravillosamente mi perverso

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  2. Excelente historia deja mucho a la imaginación! Y que más perverso un deseo prohibido!

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  3. Excelente relato, siempre logras despertar sensaciones en mi cuerpo con tus descripciones lujuriosos y detalladas Mr.P

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  4. Como siempre caballero excitante y morboso hace volar nuestra imaginación y querer seguir leyendo

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  5. Fantástico relato están clara la sensación al leer que se siente asta mojado quede 👌🏻👍🏻👌🏻

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  6. Increíble relato hace volar la imaginación mil veces dejarse llevar por esa lujuria y dar rienda suelta a la pasion que abarca uff exquisito

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  7. Lujurioso y esquisto relato que sube la presión. Quizás puedas continuarlo con otro triángulo magistral igual

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  8. Muy bueno y excitante relato aunque demasiado extenso creo, me mantuvo erecto casi toda la lectura

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  9. Woooooo maravilloso relato ..me encantó muy excitante e interesante

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  10. Excelente relato señor Mr P muy detallado y descriptivo lo que abre a la imaginación y despierta los sentidos

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  11. Excelente relato caballero, usted tiene ese toque al relatar que hace que en el lector se encienda ese morbo, la perversión y la lujuria.
    Una vez más gracias por deleitarnos con su talento.

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  12. Que lindo es volar la imaginación!!
    Y sí...lo prohibido es mucho más excitante!
    Excelente escrito!!

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  13. Sería muy interesante llevar este relato a el siguiente nivel...me explico,la convivencia y las consecuencias del incesto entre Pablo y su mamá... un posible embarazo tal vez...un divorcio entre los padres me entiendes espero no sé son sugerencias estimado escritor

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  14. Exquisito relato...me pone tanta lujuria.

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  15. Excelente relato bien perverso me encanto tanto morbo

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  16. Un relato con mucho morbo, esquisto...

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