Estaba sentado frente al computador escribiendo un relato cuando me llegó un mensaje de una chica que se identifica como lectora de mis relatos. Como parte de educación me felicita por ellos y me comenta que en un par de semanas vendrá ella y su marido a Santiago a pasar unos días en casa de unos familiares, y me querían invitar a cenar con ellos para conocerme y poder charlar un poco sobre mis relatos. La verdad que la propuesta me sorprende, pero en principio acepto la invitación, no antes de preguntarle si su marido también conoce de mis escritos a lo que ella me comenta que sabe que escribo relatos eróticos y de Dominación, en concreto sabe lo que ella le ha contado, nada más.
En los siguientes días intenté averiguar las intenciones reales de la pareja, remitiendo siempre a una simple cena para conocernos y al final así lo acepté. Siempre solía hablar con ella, se llama Mabel y por lo poco que pude averiguar nunca se había sentido sumisa y aunque era algo que le excitaba muchísimo al leerlo no se veía así, y tampoco se había planteado nunca ella ni su marido o al menos nunca lo habían hablado de hacer un trío así en vista a todo ello, estaba convencido que solo sería una cena y poco más.
Llegado el día de la cena ellos se encargaron de buscar el lugar y allí nos vimos. Mabel debía tener unos treinta pocos años, morena con media melena y una bonita sonrisa que adornaba su rostro, no creo que llegara al 1,60 de altura, llevaba puesto un vestido rojo, medias negras y botas negras hasta la rodilla. El más o menos seria de su edad, supongo que media sobre 1,80 y tenía el pelo castaño, a él lo vi un poco nervioso o más bien como el no saber qué hacía allí, pero aparte de eso fue muy amable también.
Después del saludo de rigor al vernos, entramos al restaurante, al entrar me estuve fijando en Mabel, tenía unas buenas tetas y un culito que pedía cómeme. Como todo un caballero le acerqué la silla a Mabel y nos sentamos, nos trajeron las cartas, ellos estaban sentados enfrente mío, de manera que ella estaba justo enfrente, y podía mirarla a los ojos directamente, además de admirar sus pechos, una buena vista. Empezó a preguntarme ella, era lo lógico, era su idea desde el minuto cero.
"¿Tú eres así siempre o solo cuando estas con una chica?" –preguntó sin tapujos."Realmente soy así, otra cosa es que en mi vida social no pueda serlo, y mantenga las compostura, además soy así solo con quien desea ver esa parte de mi, con el resto soy normal" –respondió. Mabel sonrió de manera perversa. Su marido escuchaba, pero se notaba que no sabía a qué nos referíamos, pues su cara reflejaba extrañeza. "Con Susana. ¿No crees que fuiste un poco cabrón y machista? Por lo del centro comercial, por acabar dentro de ella y por no dejar que tomara la pastilla del día después. "Cabrón quizás sí lo fui, machista para nada, ella sabía a qué jugábamos y era libre de hacerlo o no, pero no le disgustó para nada, pues ella podía abandonar el juego en el momento que deseara y no lo hizo. Además, que lo disfrutó al máximo, la prueba la tienes en que después tuvo con su marido hasta quedar rendida y sudada como una buena meretriz. El marido preguntó que le hice a Susana, a lo que ella le mandó callar de inmediato.
"¿Y con Laura? ¿Lo de salir de caza para cumplir tus deseos lo ves lógico? Pobre niña todo lo que le hiciste hacer" –me dijo. Se notaba que había leído cada una de mis publicaciones. "A ver Mabel, yo no obligo a nada ni a nadie, Susana tenía unas carencias que yo le ayudé a superar, Laura tenía otras y creo que el resultado final me hace sentir orgulloso de lo que conseguimos juntos, así que no, no me pasé, vino a mi una chica súper tímida y necesitada de ayuda y se fue una mujer muy segura de sí misma" –le respondí con algo enfado. No estaba ahí para rendir cuentas a nadie de mis acciones y con mi respuesta se lo estaba dejando claro.
El marido de nuevo preguntó sobre la conversación, su mujer lo hizo callar nuevamente, y entonces intervine. "Soy dominante, me gusta jugar y controlar a la chica que esté conmigo y dispuesta a ello. ¿Ves algo malo en lo que te digo?" –le pregunté directamente a él. "Si los dos están de acuerdo para nada, pero ¿Qué les haces para que Mabel te vea con esa opinión?" –preguntó. Le respondí: "A ver, les mando que hagan y les hago de todo, pero tienen la libertad para hacerlo o no, y en principio todo es con límites, aunque la idea sea mía, ellas lo hacen porque quieren, porque les gusta y lo disfrutan, en caso contrario no lo realizarían". "¿Supongo que hablas de temas sexuales verdad? –preguntó. "No siempre, pero si relacionas con el sexo, y con el morbo" –le respondí. "Todo es sexo entonces" –dijo. A lo que le indiqué: ” No todo, pero si relacionado con él". "Pon un ejemplo" –dijo desafiante. "¿Quieres probar y jugar?" –pregunté. "No" –respondió Mabel. "Déjalo que él escoja. ¿Necesitas en todo la aprobación de tu esposa?" –le pregunté. "No, no la necesito" –dijo. "¿Entonces vas a participar?" –pregunté. "Sí" –dijo él. "Voy a pedirte una cosa, puedes hacerlo o no, eres libre de hacerlo. ¿Estás de acuerdo?" –le dije mirándolo a los ojos. "Muy bien" –respondió. "No sabe en lo que se mete" –dijo Mabel riendo. "Deja que Carlos decida por él, total todo lo que haga quedará bajo su criterio. Por lo que veo eres una mandona" –dije a Mabel. "En mi casa un poco, la verdad" –respondió ella. "Carlos, vas a quitarle las bragas a tu mujer, aquí y ahora, luego quiero que las huelas, y me digas cómo describes el aroma de esas bragas" –le dije mirándolo serio. "¡Mierda! ¿Qué dices? Qué se las quite aquí. ¿Si nos ven? Eso es una locura, paso" –dijo. Le dije: "Carlos, ella puede bajárselas disimuladamente y tú solo debes recogerlas, pero acepto el no por respuesta, es aceptable en el juego y no pasa nada" –le dije. Mabel le dijo a su esposo: "Ves como no sabías donde te metías". "Mabel, quiero olerlas, dámelas cariño" –dijo Carlos. "Al final caíste, eres un tonto" –le respondió.
Mabel y Carlos empezaron una pequeña discusión entre ellos, él quería que se quitara las bragas y se las diera y ella no quería, durante este pequeño conato nos trajeron los primeros aperitivos. Entre dientes me estaba riendo, hasta que al final intervine: "Por favor, paren, ahora si nos miran y nos oyen". "A ver Carlos, ¿por qué insistes en que te de mis bragas? Tal vez te has excitado con la idea?"–le preguntó ella. "Mabel, ¿tienes miedo de dárselas porque las encontrará mojadas? Si seguro que él por lo que insiste también está excitado ahora mismo, y son pareja, que más da, tócalo, si es maravilloso que se pueda excitar tu pareja por un simple juego" –le dije. A todo esto Carlos se puso rojo y a Mabel le faltó tiempo a comprobar el estado de su marido. "Carlos, solo es mi braguita, luego te la doy en el hotel, será toda tuya y ni solo mi braga" –le dijo. "Luego ya da igual, quería hacerlo ahora" –le respondió mo un niño que hace berrinche.
La mesa se quedó en silencio por unos minutos, comíamos, bebíamos, pero en silencio, en un momento dado Mabel retiró las manos de la mesa y mirando alrededor se bajó el tanga y por debajo de la mesa se lo dio a su pareja, a él se le abrieron los ojos como platos, cerró la mano y se llevó esta a la nariz, empezando a oler la tanga de su esposa. Ahora ella estaba colorada. Carlos empezó a describir el olor que percibía, al finalizar le tendí mi mano para ver si me la daba, me miró y después de pensarlo unos segundos me la pasó. Lo primero que hice fue comprobar su humedad, levantando la vista hacia Mabel y le dije que ahora entendía el motivo: "Estás cachonda Lorena, como Carlos, tócalo un poco por encima del pantalón. Se sonrojó al oír lo que le acababa de decir, deslizó su mano a la entrepierna de Carlos y se quedó mirándolo; este le dijo que el juego le había motivado y le gustaba.
A lo que él le metió mano por debajo del vestido y sacó el dedo empapado y enseñándoselo y luego a mi, diciéndole: "¿Viste lo húmeda que estás?". En ese momento le dije a Carlos que aprovechara a saborear a su mujer lamiéndose el dedo, cosa que hizo al momento, y nos dije que estaba para mojar pan. Si una cosa me ha caracterizado es ser morboso y pervertido, de la panera unos bastoncitos de pan que había y se lo ofrecí, diciéndole que mojara el pan, que me gustaría probarlo a mi también. Carlos sin pensarlo se había soltado por completo, pasó ese bastoncito de pan por la vagina de su mujer, es más, diría que se lo metió un poco. Cuando lo saco me lo ofreció para que lo probara. Mabel estaba como alucinando con lo que estaba ocurriendo, su marido dándole que un desconocido pruebe el sabor de sus fluidos. Lo saboree lentamente y mirando fijamente a los ojos a Mabel mientras les decía la delicia que estaba probando y que suerte era poder meter tu nariz en la fuente de ese néctar, al decir eso ella se levantó y se fue dirección al baño, a lo que rápidamente le dije a Carlos que yo si fuera él me iría detrás de ella para un rapidito, a lo que de golpe se fue tras ella.
A la vuelta de Carlos me dio las gracias por la idea de ir tras ella, pues fue un polvo rápido pero muy intenso, que nunca había pensado hacer cosas así como aquella noche, pero que le había gustado hacer eso, a lo que le respondí que me alegraba, pero que allí estábamos muy limitados, que en un sitio con intimidad aún podría ser mucho mejor. Al acabar de cenar comentamos de ir a tomar unas copas, pero antes de levantarnos le devolví la tanga a Mabel y le pedí que fuera al baño y se lo metiera dentro del coño, pero dejando un par de centímetros fuera de manera que le pudiera tocar el clítoris, y le pedí que se quitará el brasier, a lo que ella contestó airadamente diciendo que ni si quiera pensará que haría eso; a lo que su marido le ordenó que hiciera lo que se le había pedido, pues hasta el momento a los dos les estaba gustando eso. Que fuera y lo hiciera rápido; ella lo miro con ojos de rabia y le dijo: "No te aproveches". Él le respondió: "Solo haz lo que se te pidió y ya". Fue al baño, nosotros salimos a la puerta a esperarla fumando un cigarro.
Cuando volvió comprobé que el brasier había desaparecido y se le marcaban los pezones a través de la tela, motivo por lo que le di las gracias, a lo que me respondió: "¿También quería comprobar si tengo las bragas dentro de mi vagina?". Esto último lo dijo como en tono sarcástico, pero al oírlo y estar justo enfrente de ella no le di tiempo a decir nada más, mi mano se deslizó bajo su falda buscando su tanga y su clítoris, jugué con él unos segundos y saque la mano diciéndole que así estaba bien, mientras llevaba uno de mis dedos a la boca de Carlos que lo recibió con sorpresa, pero se lo metió en la boca y luego otro dedo lo lamí yo directamente saboreando a esa mujer deseosa de más.
Estuvimos andando un buen rato. Mabel estaba cada paso más excitada, se le notaba en la cara y cada momento se apoyaba a la pared a tomar aire, una de las veces le dije a Carlos que se pusiera enfrente de ella y que le tomara la mano y se la metiera dentro del pantalón para que su mujer lo tocara, dicho y hecho, Mabel estaba apoyada en la pared masturbando a su marido, vaya cara de puta que tenía, estaba caliente y en sus ojos se notaba que quería más. Pararon porque alguien se acercaba y seguimos caminando, la puerta de un pasaje cerrado se abrió y sujeté la puerta para entrar, nos fuimos al fondo del pasaje y le dije a Mabel que le sacara la verga a su marido y lo masturbara, ahora era Carlos el apoyado en la pared, Mabel frente a él, y yo me situé detrás de ella y le saqué las tetas empezando a jugar con ellas, se giró, me miró y se dejó seguir tocándola y retorcer sus pezones. Ella gemía a pesar del dolor, era primera vez que se encontraba a en esa situación, era primera vez que experimentaba dolor para llegar al placer. Casa vez le apretaba con más fuerza los pezones. "Eres un cabrón. Me has tenido caliente desde que llegamos y ahora me tienes como una puta pajeando a mi marido en la calle" –me dijo. "Ahora arrodíllate y chúpala" –le dije. Se agachó y yo con ella, ahora dejé sus tetas fuera y la empecé a masturbar. Mabel no duró ni dos minutos en acabar y luego acabó Carlos encima de sus tetas y manchando el vestido, la tomé y la levanté, le dije a Carlos que estaría bien que lamiera el semen de las tetas de su mujer, me miró extrañado y le dije: "Vamos, ¿qué esperas? Es tu mujer y además, es tu semen. Mabel se giró hacia mí como alucinando y aproveché para meterle mi lengua en su boca, mientras su marido le limpiaba las tetas y yo con una mano le tocaba nuevamente su clítoris, al notar que le estaba llegando el orgasmo de un fuerte tirón saqué la braga de su vagina, haciendo que estallara en una brutal orgasmo, hasta las piernas le fallaron y tuve que tomarla con fuerza para que no se cayera al suelo.
Mientras se arreglaban un poco la ropa me di cuenta que había un pequeño charquito en el suelo, me agaché, unté mi dedo en él, lo olí y lo probé, era el orgasmo de Mabel, a lo que le pregunté si sacaba chorros cuando acababa y me dijo que eso no era suyo y le dije: "Pruébalo, está aún caliente y es tuyo". Al hacerlo dijo que nunca le había pasado, pero podía ser, pues notó algo muy raro al acabar, pero que sería la primera vez si era suyo. Al salir del pasaje, Mabel comentó que debía pasar por el hotel a cambiarse el vestido, pues estaba toda manchada, y me preguntó si me importaba acompañarlos, que el hotel estaba a dos cuadras de allí, a lo que le dije que no tenía problemas. Al llegar al hotel ella subió a la habitación a cambiarse y Carlos y yo nos sentamos en recepción a esperarla.
"La verdad que me ha encantado lo que ha pasado hoy, nunca imaginé que me pudiera gustar ver como masturbaban a mi mujer delante mío, pero ha sido una grata experiencia. Además, me la chupó como nunca antes lo había hecho, ha sido especial, nunca antes lo había hecho con esas ganas, y me gustaría seguir jugando. ¿Qué opinas?" –dijo entusiasmado como niño con juguete nuevo. Por mi parte no hay problema, me gusta la idea pero piensa que si estamos en privado me voy a coger a tu esposa. ¿Estás preparado para algo así?" –le respondí. Hubo un momento de silencio, hasta que dijo: "Hasta hoy creía que no, pero creo que si, quiero ver cómo te la coges".
Bien, las condiciones son las siguientes:
"Subes para hablar con tu mujer del tema, y le explicas las condiciones, si ambos lo aceptan y de verdad quieren, por mi sin problema".
"Tú no podrás negarte a nada, lo que quiera hacer con tu esposa estará permitido. Si en algún momento te sientes incómodo me lo harás saber y detendré el juego".
"Deberás obedecerme en todo, te diré una palabra clave para parar el juego cuando lo sientas necesario".
"Si en algún momento te niegas a algo lo espetaré, pero entonces seré yo el que pare el juego y me iré".
"Si estás de acuerdo sube hablar con tu mujer, dile las condiciones y si acepta vuelve a bajar a decírmelo, yo mientras iré a mi coche por mi mochila, si dentro de 25 minutos no sé nada de me retiraré y no esperaré más".
Carlos aceptó las condiciones, y ahora faltaba ella. ¿Las aceptará? Me quedé sentado al volante, encendí un cigarro y fumé lentamente. Miré el reloj, habían pasado 20 minutos cuando los veo venir. Mabel venía con un pantalón de tela ceñido al cuerpo y una blusa entallada, se veía exquisita. "Muy bien, tú ganas. Hemos aceptado tus condiciones, me excita saber lo que eres capaz de hacer conmigo ya que como he leído en tus escritos me humedezco solo por la curiosidad de estar contigo" –dijo. La miré y sonreí, mis ganas por poseerla eran evidentes pero si una cosa he aprendido en estos años es que no debes mostrar todas tus cartas a menos que sepas que tienes la mano ganadora y en este caso así era.
Subimos a la habitación, le dije a Carlos que se sentara y viera lo puta que era su esposa. Acomodó una silla y se quedó en silencio. Tomé mi celular y puse una canción, le dije a Mabel: "Baila y te desnudas al ritmo de la música". Ella comenzó a moverse de manera sensual, lentamente se quitó la blusa y dejó sus pechos al descubierto, los tocaba con suavidad y apretaba sus pezones. En sus ojos se veía el deseo, yo solo la observaba y Carlos estaba embobado. Con inusitada calma desabrochó su pantalón para despojarse de él, estaba completamente desnuda, su sexo brillaba a causa de la humedad, sus firmes muslos no podían esconder lo mucho que su vagina deseaba ser usada. "Bien zorra, ahora recuestate en la cama y tócate" –le ordené. Obediente camino hacia la cama y abrió sus piernas para jugar con sus dedos. "¿No es una linda puta?" –le pregunté a Carlos. Casi balbuceando respondió: "Sí, lo es". "Gime como nunca antes lo hiciste, muéstranos lo mucho que disfrutas siendo puta" –le dije. Ella se tocaba más rápido buscando esos intensos gemidos que le eran requeridos. Sus dedos se movían con un ritmo perverso. Mabel había encontrado el punto exacto en dónde conseguir esos deliciosos gemidos que brotaban de su ser. Carlos era un espectador silencioso que solo disfrutaba del espectáculo. "No te detengas hasta que yo así lo requiera" –le dije a Mabel. No pudo responder porque su descontrolada respiración no la dejaba articular palabras.
Cuando estaba al borde del orgasmo le dije: "Detente, no tienes permiso para acabar aún". Ella me miró y me dijo: "Eres un maldito, estoy a punto". "Calla puta, no tienes permiso de hablar, mucho menos de disfrutar de algo que no te has ganado. Hablarás cuando así yo lo requiera, mientras solo serás una perra silenciosa que solo tiene permiso de gemir y ser obediente". Coloque la tira en su boca y me aseguré e que no pudiera hablar. La llevé hasta una de las paredes y la acomodé n sus brazos en alto y las piernas separadas. Carlos miraba espectante. "Carlos, ven acá" –le dije. "Ahora verás como se castiga a las putas impertinentes" –añadí. En silencio se puso de pie y se acercó a su esposa. "Carlos, quiero que cuentes en voz alta, si no lo haces bien empezaré de nuevo. ¿Está claro?" –le dije. Él solo asintió. Le dí una nalgada que la hizo estremecer. "Uno" –dijo. Así comenzó el camino en que las nalgas de Mabel comenzaron a ponerse rojas. Él pausadamente contaba hasta llegar a cincuenta. "Ahora distinguido es su turno" –le dije. "Deleitese en castigar a la puta contestadora de su esposa" –añadí. Mabel se retorcía en la pared mientras era nalgueada por su marido, yo miraba la escena con detenimiento y disfrutaba ese erótico momento.
De mi mochila tomé un flogger con tiras delgadas, me acerqué y le dije a Carlos: "Ya es suficiente. Ahora vuelve a tu silla" –como un perro faldero obediente me cedió el paso y se sentó. Comencé a pasar el flogger por su espalda y por sus calientes nalgas. Era tiempo de jugar más extremo. "Voy a usar esto para azotarla. Carlos, ¿Estás de acuerdo?" –le pregunté, él dijo que si y le digo Mabel: "Zorra, ¿estás de acuerdo?". Ella movió su cabeza dando su beneplácito. Comencé suave para que fuera sintiendo el cuero que golpeaba su espalda y se abrazaba de manera sensual a su cuerpo. Poco a poco fuí subiendo la intensidad de los azotes, hasta que su espalda se iba marcando por las tiras, bajé hasta sus nalgas y comencé con una tanda de azotes dignas de un verdugo medieval que castigaba a algún penitente. Las piernas de Mabel comenzaron a temblar, me detuve y saqué la mordaza de su boca, le pregunté: "¿Estás bien?". Ella respondió que sí pero que necesitaba un respiro, ya que era su primera vez. "¿Un descanso? Ya descansaste suficiente al detenerme" –le dije. Bajé el cierre de mi pantalón y saqué mi verga erecta, le dije: "Arrodíllate y chupa". Ella obediente se puso de rodillas y comenzó a chupar; la forma en que lo hacía demostraba lo buena que era al momento de tenerlo en la boca. Sin darle respiro le follé la boca. El pervertido del marido observaba masturbándose, no pudo contenerse de tocarse al ver como Mabel tragaba mi verga y se atragantaba cuando llegaba hasta la base. "Eres muy puta Mabel" –le dije. Esbozó una sonrisa por el cumplido, Carlos no resistió mucho tiempo y acabó llenando su mano de semen. "Limpia tu mano con la boca, total ya lo hiciste antes directamente de las tetas de esta zorra" –le dije. Sin dudarlo obedeció y comenzó a lamer el semen en su mano, se notaba que lo disfrutaba, mientras yo me dejaba llevar por la encantadora mamada de Mabel.
"Ponte en cuatro sobre la cama y separa las nalgas" –le dije a Mabel, ella fue y abrió sus nalgas regalandome el hermoso paisaje de su vagina y su culo. Se arqueó al sentir como mi lengua se deslizó por su culo hasta su vagina, un gemido agónico salió de sus labios y más gemía cuando mi lengua lasciva se metía en su vagina húmeda para probar ese delicioso néctar de sus fluidos. Después se la metí con fuerza por el culo, ella dió un grito desgarrador, seguidos por intensos gemidos. Me decía: "¡Eso, parte mi culo! ¡Soy una perra hambrienta de verga, dámela con fuerza!". Esas palabras sucias que salían de su boca me calentaban aún más, la embestía con más fuerza, su culo ya estaba amoldado completamente a la forma de mi verga y a mis deseos lujuriosos de placer. Carlos, el pobre Carlos solo observaba con perversión en los ojos. "Me encanta verte así, cogiendo como zorra" –le dice. "¡Ay mi amor! ¡La más zorra de todas!" –le responde entre gemidos. Aprovechaba la oportunidad de nalguearla mientras se la metía con más violencia. "¡Dame fuerte! Hazme tu puta" –me decía.
Ya no podía resistirme más, era el tiempo de llenar ese culo con mi esperma y disfrutar acabando en sus entrañas. La tomé el pelo y le empecé a dar rápido, ella gemía como loca y le decía a Carlos: "Aprende, así es como coge un macho de verdad". Sentía que mi verga explotaría en su interior, hasta que al fin acabé profusamente llenando su culo con mi leche, mientras mi verga se descargaba Mabel sucumbió ante el placer de sentirse llena y se entregó en los brazos de un intenso orgasmo.
Ahora Carlos entraría en acción. "Acércate" –le dije. "¿Qué deseas que haga?" –me preguntó. Una sonrisa se dibujó en mi rostro y le dije: "¡Limpiame la verga!". "¿Cómo?" –preguntó. "Con tu boca" –le respondí. "¿Me lo dices en serio?" –volvió a preguntar. "¿Tengo cara de que estoy bromeando?" –le pregunté yo. "No, pero es qué...". "Es qué ¿qué?" –le interrumpí. Mabel iba a decir algo pero no le permití que dijera nada. "Dijiste que harías lo que te pidiera hacer, es simple. ¡Hazlo!" –le dije mirándolo a los ojos. Se puso frente a mí y la metió en su boca, era un inexperto pero tenía la motivación de obedecer a cabalidad lo que se le había pedido. Una vez que la dejó limpia y saboreó los residuos de mis fluidos le ordené que lamiera el culo de su mujer para dejárselo limpio. "Ahora, besa a tu puta" –le dije. Se besaron con lujuria y pasión sintiendo ambos el sabor de mi semen. Me acomodé la ropa y Mabel estaba tendida en la cama envuelta en sudor. Carlos se me acerca y me da las gracias por la experiencia que los hice vivir. Mabel me dice: "Eres tal cual describes en tus relatos, un maldito pervertido que sabe lo que quiere. No solo sabes coger también sabes meterte en la mente de tus víctimas". Me reí a carcajadas, me serví un whisky, al terminar me despedí y me fuí a mi auto.
No supe de ellos por algunos meses, hasta que recibí un comentario en mi blog; era Mabel y me contaba que desde esa noche sus vidas había cambiado. Carlos se había vuelto un cornudo y Mabel en una puta, eran recurrentes en clubes swingers donde ella era cedida para saciar a varios hombres a la vez y Carlos el pito voyerista que se calentaba viendo como cogían a su mujer. Pensé: "Tal vez ya sabían lo que eran y que solo les faltaba el empujón para lograr descubrirse y disfrutar plenamente del sexo".
Pasiones Prohibidas ®

Muy buena historia mi Señor
ResponderBorrarComo siempre es un deleite leer tus letras mi adorado , un interesante relato con detalles finamente perversos
Maravilloso caballero como siempre un placer leerlo
ResponderBorrarExcelente relato 👌🏾
ResponderBorrarExcelente relato, esos detalles dan ganas de probar, gracias por compartirlo Mr.P
ResponderBorrarWao que exquisito relato así es como se coge a una buena puta para que se entregue a ese placer de lujuria y perversión me encanto Caballero
ResponderBorrarExcelente! Muy bueno!
ResponderBorrarExcelente me encantó
ResponderBorrarExcelente relato caballero es en verdad un placer leerlo. Me hacía falta sus relatos ya que por la otra plataforma no se puede.
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