74. Invasión nocturna


 Raquel, una mujer de más de 45 años con una impecable trayectoria como Juez. Se había graduado con honores en la Universidad y a pulso se había hecho carrera en un mundo controlado en su totalidad por hombres. Poco a poco logró posicionarse entre las más respetadas abogadas en Derecho Penal, no había juicio que no ganara. Era apodada como "La mujer de hierro".

Conoció a su marido en la universidad, él es un trabajador en el área de seguridad del campus, para su padre un simple guardia de seguridad aprovechado de chicas incautas, pero para Raquel el hombre de sus sueños desde que lo vio. Es el único hombre de su vida, a quien le entregó todo y aprendió mucho de él. Cuando lo presentó como su novio, el padre de ella puso el grito en el cielo; un simple empleaducho no sería novio de su hija. Para que decir cuando acudieron a él ara contarle que se casarían. Ya había consentido el capricho de estar con un pobretón, no dejaría jamás que entrara a la familia. Después de muchos tira y afloja, al fin accedió a dar su permiso para que la boda se llevara a cabo. No habían tenido hijos ya que ella priorizó su carrera y él la apoyó hasta las últimas consecuencias. Trabajó tan duro para hacerse un nombre entre los abogados, que cuando su nombre fue sondeado por la Corte Suprema para ocupar la vacante de Juez Principal en el 8vo. Tribunal de Julio Oral en lo Penal fue escogida por unanimidad, siendo la juez más joven en ser nombrada para tomar decisiones en esos casos tan difíciles.

Su marido, su hermana y su sobrino eran la única familia que tenía. Era una mujer de estatura más bien baja, rubia y con un abundante pecho. Ella adoraba a su único sobrino, Cristián, a quien quería como a un hijo.

El día, había sido complicado, ya que un accidente automovilístico, cuyas causas no conocían, había dejado a su marido en el hospital por un atropello pero que afortunadamente, no había traído mayores consecuencias, y que por precaución, permanecía allí en observación. Por ello, esa noche, el joven Cristián, a petición de su madre, se había quedado a acompañar a su tía Raquel. Ambos estaban viendo la televisión, intentando superar la tensión del día, a sabiendas, que Alberto, el marido de Raquel, estaba ya fuera de peligro.

Raquel se puso su pijama, dos prendas de color rojo, una camiseta y pantalón largo, pues ya empezaba la primavera. Debajo, sólo una braga que usaba para dormir. Tenía la televisión encendida sin mirarla, ya que a la vez leía una revista del corazón para distraerse. Cristián dormitaba, limitándose a hacer compañía a su tía. Por todo ello, por la abstracción en la lectura, por el cansancio y por la relajación de estar tumbada en su sofá, no vio como cuatro hombres se abalanzaban sobre ellos y le ponían una pistola en la sien, haciendo lo mismo con su sobrino.

"Perra te dijimos que no te metieras con nosotros y ya ves las consecuencias. Tu marido en el hospital y ahora tu sobrino y tú con nosotros para ajustar las cuentas" –le dijo uno de los hombres. Se acordó que había recibido varias amenazas a las que no había dado importancia. Pero supo entonces que el accidente de su marido formaba parte de aquella trama. También se dio cuenta que conocía a los cuatro hombres que habían entrado. Uno de ellos, quien parecía el jefe era Ismael, a quien ya había interrogado y si no había podido enviarlo a prisión, era porque sus fuertes convicciones y confianza en la justicia, que ella misma colaboraba a poner en práctica, no le habían aportado pruebas reales de sus negocios, aunque se sobreentendieran.

Isma, como le gustaba que le llamasen, era un hombre fuerte, que no llegaba a los 35 años. Había otro, de aspecto más elegante, aproximadamente de la misma edad, Freddy. Les acompañaba un chico jóven de unos veinte años, Alan. Todos ellos habían pasado por sus juzgado y habían sido interrogados por ella, pero a diferencia de otros compañeros suyos, que ya estaban en prisión, contra ellos no había pruebas concluyentes. "¡Salgan de mi casa. Soy una Juez de la República! ¿Qué se han creído malditos? –gritó. Recibió una cachetada en respuesta y le dijo el líder de la operación: "Soy Isma y nadie por muy Juez que sea se mete en mis negocios sucia perra". Le agarraba la cara con fuerza mientras le decía: "A Freddy, Alan y Sandro también los conoces, así como tus invitados nos vamos a quedar largo rato". Isma tocó el pelo de la mujer y retiró las horquillas que lo mantenían recogido, quedando suelta su melena. Estaba atemorizadap or el abuso del que estaba siendo victima. Después la levantó con cierta brusquedad y la empujó contra una de las paredes del salón. Sandro y Alan se abalanzaron sobre ella, pasando sus manos, desde los tobillos hasta su espalda, centrándose principalmente en su trasero.

"La puta tiene puesta bragas debajo" –comentó uno de los jóvenes a su jefe. Raquel, a pesar de saberse en inferioridad, humillada por los comentarios en su propia casa, y delante de su sobrino, encaró a Isma: "Váyanse de aquí. Esta es mi casa. Dejannos en paz o atente a las consecuencias. Haré que se vayan todos a prisión y no saldrán nunca pedazo de basura". La amenaza enojó a Isma que se acercó a ella y de dio dos sonoras bofetadas. A la Juez, no le dolieron físicamente, pero si se sintió muy humillada y se dio cuenta que había perdido el trato de pleitesía que recibía en el juzgado. "Te diré algo que puede resultarte interesante perra. A estos chicos y a mi nos gustan las mujeres. Tú, a pesar de tener 45 años estás muy bien. Pero también te contaré que Freddy tiene otros gustos, le gusta más la verga o tal vez debería decir los culitos masculinos, o las dos cosas, sobre todo si son jóvenes, como tu sobrinito". Al mirar, se dio cuenta como acariciaba el pelo y la cara terror de su sobrino, lo que le estremeció. El joven estaba aterrado, acurrucado en el sofá, contemplando lo que allí sucedía. Estaban en manos de unos desalmados, que además, sabían todo sobre ella y su familia. "¡Por favor Hagan conmigo lo que quieran! Pero dejen a Cristián en paz. Él no tiene nada que ver con esto" –suplicó entre sollozos. "Me alegra oír esto de ti. Freddy, si eso es así, te vas a quedar sin probar al muchacho" –dijo Isma con una sonrisa dibujada en los labios. Los dos jóvenes levantaron sus brazos sin oposición. Isma se dirigió a ella y empezó a tocar sus pechos, que por la situación pusieron tensos sus pezones. Eso le pareció gracioso al pervertido, que siguió acariciándolos y pellizcándoles.

Raquel se sentía humillada por la situación, pero también sentía algo que jamás habría reconocido y era un cierto halago dentro de la tensión existente porque tres hombres, más jóvenes que ella harían lo que les placiera hacer. La situación era perturbadora porque dos podrían tener la edad de un hijo suyo si lo hubiera tenido y tan sólo un par de años más que su sobrino. Su cabeza estaba ladeada y apoyada en la pared, y sus ojos cerrados sin querer mirar lo que sucedía. Se quedó inmóvil mientras las sucias manos de su captor seguían ese pervertido juego con sus senos, suspiraba para no romper en llanto ya que sabía que cualquier muestra de desapruebo iba a ser su sobrino la víctima de aquellos hombres. Volvieron a darle la vuelta, situándola de cara a la pared. Cómo si se estuviera divirtiendo Isma le tocó los muslos, su trasero, cerciorándose que lo que había dicho uno de sus secuases era cierto. Llevaba sólo tres prendas, pantalón, camiseta y bragas. De un fuerte golpe, le bajó el pantalón hasta los tobillos.

Hicieron mención a sus piernas, y volvieron a colocarla de frente a ellos, siempre con las manos levantadas. Los jóvenes acariciaban sus muslos, incluso se agachaban y situaban sus ojos a escasos centímetros de ella, mientras Isma volvía a centrarse en sus pezones, que seguían cada vez más duros, a la vez que comenzaba a besar su cuello. Ella se mostraba sumisa, apelando a la voluntad de los hombres para que la dejasen en paz. De pronto, Isma sacó de su bolsillo una navaja, agarró la camiseta, ahuecando el montículo de sus pechos y haciendo un pequeño corte en el medio, lo suficiente para sacar el pezón. Repitió la maniobra con el otro seno. Las tocasiones y la falta de intimidad al estar su sobrino allí la hacían sentirse sucia. El pervertido Ismael volvió palpar sus senos, ahora al descubierto y amplió los cortes en la camiseta que tomaría todo el volumen de sus senos. El jefe ahora, los envolvió entre sus manos y la besó en la mejilla, sin que la mujer se atreviese a negarse. "Ya que te hemos visto las tetas, no creo que tengas problema en quitarte la camiseta. Quitatela" –le ordenó Ismael. Ella obedediente de la quitó dejando sus senos al descubierto. Instintivamente trató de taparlos, pero recibió una bofetada y Alan n Freddy le levantaron los brazos. "A pesar de su edad mantiene las tetas firmes. Está guapísima en braguitas. En realidad es un topless en casa" –dijo uno de los delincuentes.

Ahora los jóvenes eran quienes tocaban sus tetas, pero eran más osados ya que pasaban sus lenguas en la punta de sus pezones. "¡Qué duros tiene los pezones la puta!" –se decían entre sí. "¡Qué duritos están. Me gustan!" –decía Freddy. "A mi me gusta toda entera. ¿Han visto sus piernas?" –comentó Alan. "¿No les gustaría tomarse una foto con ella? Una mujer madura, guapa, en bragas y con las tetas al aire. pónganse a su lado, que yo se las saco" –dijo Ismael. Sacó su móvil e inmortalizó el momento. Los chicos se fueron colocando de distintas formas, tocando su cuerpo con descaro, en diversas posiciones. Los jóvenes se apartaron e Ismael dejó su teléfono sobre la mesa y pasó a realizar una labor más romántica, besando las mejillas y deslizando sus labios por su cuello y hombros, mientras le susurraba al oído en tono amenazante: "Vamos a hacer muchas cosas contigo, y si no estás de acuerdo, lo hará Freddy con tu querido sobrino". "Por favor, déjenlo en paz. Yo soy la responsable del enojo que tienen. Lo que tengan que hacer, háganlo conmigo" –le dijo ella con miedo. "Me gusta que estemos de acuerdo y que Freddy se quede con las ganas de probar al muchachito. De todas formas, te permito que le dejes en calzoncillos.

 De nada sirvieron sus protestas. El pervertido homosexual, dejó al joven en ropa interior para amedrentar a la mujer. Ismael tomó una de las sillas que había junto a la mesa del comedor y colocó a Raquel de espaldas a la televisión, y también, frente al sofá donde estaba sentado a su sobrino, y a quien Freddy, que no paraba de manosesr al chico. Ismael la agarró de un brazo, y la sentó en la silla. Ella ahora se fijó en Cristián, quien la miraba con ojos aterrorizados. Sabía que tendría que hacer lo imposible, para que el joven a quien quería como un hijo, no tuviera problema. Raquel. Vas a abrirte de piernas y te vas a correr un poco la braguita. Si, la vas a desplazar lentamente para que todos podamos ver tu vagina. La juez comenzó a hiperventilar. Su situación, sin escape posible, con tres hombres que habían entrado en su casa sin permiso, y con su sobrino y ella misma, en auténtico peligro. Durante unos segundos, que le parecieron eternos, tuvo tiempo de mirar a todos los que allí se encontraban, y sabiendo que no tenía elección separó las piernas y movió su prenda más íntima para regocijo de sus captores. "Mira Isma, tiene una vagina deliciosa" –le dijo Alan. "Todas las putas la tienen deliciosa muchacho y ésta no es la excepción" –dijo Ismael. Freddy estaba entretenido jugando con la verga del muchacho que se estaba poniendo dura, tal vez por ver a su tía por suave masaje que le daba el pervertido. Ella estaba con la piel de gallina a pesar de no hacer frío en la casa, era esa maldita sensación del miedo que se apoderaba de ella. "Raquel, quédate como estás, no te tapes. Muchachos, pónganse detrás de ella que les saco otra foto. De nuevo se retrataron con la magistrada, entre carcajadas de los jóvenes. Por último, antes de dar por concluida la escena. Ismael ordenó que fuera Cristián quien se acomodara al lado de su tía, sentándose junto a ella y apoyando la cabeza en su hombro y la mano derecha, sobre el muslo desnudo de la mujer.

"Freddy. Ocúpate del chico, pero no le toques. Él no es nuestro objetivo, porque la señora jueza se va a portar muy bien con nosotros" –dijo Ismael con una sonrisa. Isma la agarró del brazo y se la llevó a la habitación matrimonial, tirándola en la cama. Alan se colocó detrás de su cabeza y comenzó a pellizcarle los pezones. La mujer intentó apartar sus manos, pero éste hizo que fueran las de ellas las apartadas continuando con sus perversos pellizcos. "Raquel, ahora que estamos en confianza, los tres; quiero que te quites las bragas y me las des" –dijo Ismael. La mujer contrajo los músculos, apretó su cabeza en la cama, sabiéndose sin posibilidad de negarse a lo que estaban pidiendo. "Alan, tú que tienes labia para tratar a las mujeres. Dile cosas bonitas que le ayuden a desnudarse para nosotros" –dijo el hombre al mando. "Raque tienes unas tetas deliciosas con unos pezones duros, unas piernas de ensueño y la vagina depilada cuidadosamente que invita a que te violen como una sucia puta, pero tal vez prefieras que Freddy use a tu sobrinito. Creo que está muy encariñado con él y sin riesgo a equivocarme se lo va a follar, así que tú eliges puta" –dijo el joven. La juez temblaba. Estaba aterrada por su sobrino. Además, nadie la había hablado así jamás, con un lenguaje tan soez y tan seguro de sí mismo. Normalmente era ella quien atacaba sin contemplaciones a quien consideraba culpable de algún delito. "Raquel. No voy a repetírtelo.Lo haces o ya sabes lo que pasará con tu sobrino" –recalcó Ismael. Sin darse cuenta, estiró todo el cuerpo, haciendo que los hombres que la miraban desde arriba se excitasen al ver como se contorneaba. Dobló sus rodillas, levantó sus caderas y comenzó a deslizar su prenda más íntima, sacándola por los tobillos y entregándolas al jefe de aquel clan mafioso. "Muy bien Raquel. Ahora nos haremos unas fotos a tu lado, así, desnuda, aunque quizá deberías tocarte un poco. Tocarte, no taparte" –dijo él. Entre carcajadas se tomaban las fotos con ella, haciendo las cosas más perversas que pueden pasar por la mente de alguien. Cuando terminaron, Isma decidió mostrárselas. La mujer, dentro de su vergüenza, observó que objetivamente estaba guapa, pero su temor era el destino que le pudieran tener aquellas imágenes. "¿Qué tal una ducha antes de entrar en acción? – Preguntó Ismael más en tono de orden que de pregunta. Alan la tomó del cabello y se la llevó al baño, que se encontraba en la misma habitación que la juez compartía con su marido.

Le dijeron a la mujer que abriese el paso el agua. Intentaba no pensar en lo que estaba sucediendo y reguló el agua hasta que salió a la temperatura correcta. Se metió en la ducha, temblando, mientras que Ismael tomó el mango de la ducha y comenzó a rociar su cuerpo. Alan refregaba su cuerpo con sus manos desnudas, centrándose en sus pechos, su vagina. "¡Qué buena está la jueza! Mojadita me calienta aún más. Vamos a dejarte relimpios todos los agujeritos que tienes. Gírate" –ordenó Alan. Ahora las manos se centraron en la espalda, que fueron bajando poco a poco hasta llegar al trasero, donde apartó sus nalgas e Isma introdujo su dedo en el ano, dejando paso después a que lo hiciera el pervertido joven. Ismael cerró paso del agua y tomó una toalla que se encontraba colgada y empezóva secarla durante breves segundos ya que fue Raquel quien tomó su toalla, de forma orgullosa, se secó y se envolvió en ella. "¡Qué guapa está con la toalla! Está muy sexy. Vamos a tomarnos algunas fotos más con ella. Volvieron a repetir lo mismo, se fueron intercambiando y haciendo poses con la mujer, primero enrollada con la toalla y después completamente desnuda.

Isma se acercó a ella y agarrándole del pelo de forma violenta le dio un fuerte beso, donde sintió que la lengua del jefe le llegaba hasta la garganta. El beso duró tiempo y la magistrada empezó a tener problemas para respirar, ya que por la tensión, no lo hacía por la nariz. El hombre se separó de ella y se bajó los pantalones y calzoncillos, quedando desnudo de cintura para abajo. Su miembro estaba erecto y llevó la boca de la mujer hacia él. Alan separó las piernas y llevó su boca al sexo de la mujer. Separó sus labios vaginales y comenzó a pasar la lengua de arriba a abajo. Raquel no protestaba en voz alta, pero agarraba con su mano la colcha de la cama. Se centraba en chupar la verga de Isma, mientras Alan pasaba de manera salvaje la lengua por su sexo, incluso penetrándola con los dedos. Isma se se calentaba cada vez más. Movía la cabeza de la mujer, a quien mantenía agarrada de su rubia melena, a su ritmo. La mujer sabía que iba a acabar, y justo cuando el hombre daba sus últimos espasmos consiguió zafarse de su mano y evitar que el semen se derramase en su boca y fuera su cara la que recibió el líquido viscoso. La última reacción de la mujer produjo un inmenso enfado en Isma, que pretendía haber llenado su boca, por lo que su respuesta fue contundente. "Dijiste que harías todo lo que quisiéramos y no has cumplido el trato" –le dijo a la mujer. "Freddy, ven aquí y trae al chico" –ordenó. "No" – respondió la mujer de manera enérgica. "No estás en posición de exigir puta, fuiste tú quien no cumplió la parte del trato" –dijo en tono enérgico. Mientras intentaba convencerlo se limpió y colocó la toalla alrededor de su cuerpo. De nada sirvieron sus súplicas. Isma estaba muy enfadado, o quizá simplemente deseaba asustarla aún más y vengarse de la magistrada haciendo su situación lo más humillante posible.

Freddy entró en la habitación con Cristián. La mujer y el sobrino temían lo peor para este. Con un carácter fuerte, aunque ahora fuese una mujer dominada y sumisa ante las amenazas que se estaban produciendo dentro de su casa, no podía permitir que su sobrino sufriese daño alguno. "¡Por favor! Ya les dije que haré lo que quieran, pero dejen en paz a mi sobrino" –suplicaba ella. "¿Ah sí? ¿Igual que hace un momento? ¿Cuando te sacaste mi verga de la boca? No me vengas con esos cuentos ahora. Fuiste advertida y aceptaste antes, ahora busca quien te crea sucia puta" –dijo Ismael. Enrojeció al ver la cara de terror de Cristián al saber lo que habían hecho a su tía. En realidad ambos lo hicieron a la vez que Freddy manoseaba al joven por encima de su bóxer. "Te voy a dar la última oportunidad. A la mínima que te resistas, o no hagas lo que te pidamos, no sólo permitiré a Freddy jugar con tu sobrino, también Alan lee ayudará a que no se le escape nada" –le advirtió. La mujer tembló, no podía permitirlo e intentó tomar el control de la situación dentro de las limitaciones a las que estaba sometida. "Cristián. Sal fuera por favor" –dijo ella. "¿Quién te dijo que podías dar órdenes puta? Tu sobrino se queda. Ya es un hombre" –contestó Isma de manera contundente.

Aunque el joven ya había cumplido los dieciocho años, para ella seguía siendo un niño, y en realidad lo parecía, pues su aspecto era más bien de un crío de dieciséis. "Raquel, Cristián. Quiero que se besen" –dijo Ismael. Alan añadió: "¡Qué escena más caliente! No me la pierdo por nada". "¿Qué? ¿Te has vuelto loco? –replicó asustada la mujer. "No te lo voy a repetir. Ya se han terminado los avisos. Lo besas tú o Freddy se lo coge" –sentenció el hombre. No dio lugar a una segunda advertencia y empezó a besar a su sobrino. Seguía las indicaciones de Isma y llevó la lengua a la boca del joven. Éste se dejaba llevar, muy cortado y cohibido, dejando que su tía fuera quien llevase toda la iniciativa. "Muchacho, quítale la toalla a tu tía" –ordenó. El joven no reaccionaba y fue la mujer quien llevó la mano del chico a un extremo de la toalla para que el joven tirase de ella y la dejara de nuevo completamente desnuda. "Ahora tú, déjalo desnudo" –fue otra orden. Ella bajó su boxer. Se tocaron, tal y como les indicaban. El joven acariciaba los pechos de su tía y pasaba la mano por encima de su vagina ligeramente húmeda, mientras, ella, empezó a masturbarlo suavemente, más que nada, una caricia a su miembro. Nunca pensó que haría algo semejante pero esa situación la excitaba un poco, ya que los bríos de juventud de su sobrino se hicieron notar, poniendo su verga tiesa. Ella intensificó sus movimientos y volvió a besarlo, esta vez con algo de lujuria. "¡Detente! Tampoco pretendemos que se cojan, aunque por lo que estoy viendo, creo que a tu sobrino le gustas" –dijo Ismael entre risas al ver la erección de Cristián.

Se relajaron al escuchar las palabras de Isma, aunque la humedad en su sexo era difícil de esconder, pero tenían otros planes. Mandaron al joven que se colocase de rodillas en el cabecero de la cama. La mujer, totalmente desnuda, debía situarse, mirando hacía arriba, apoyada en el cuerpo de su sobrino y con las manos atrás, agarradas a él. Tía y sobrino se colocaron como les habían ordenado. Alan sabiendo lo que debía hacer, se colocó entre las piernas de la mujer y comenzó a sobar sus pechos. Después agarró su pene y refregó su glande entre los labios vaginales de la magistrada. Ella mantenía sus ojos cerrados, imaginando que no estaba pasando aquello, pero consciente de lo que iba a pasar. En sus adentros deseaba que se la cogieran de una vez y se fueran, para así quitarse la suciedad a la fue sometida. El joven llevó su verga a la entrada de su sexo y de una fuerte embestida la clavó completa. Empezó a follarsela como un animal, el dolor estaba presente en cada embestida, incluso lágrimas salían de sus ojos, tal vez de alivio porque su calvario acabaría pronto. Sus manos se aferraban a la seguridad que le aportaba su sobrino al estar ahí. Sentía como esa verga invadía cada espacio de su vagina. Escuchaba las groserías que le decían los compañeros de Alan, y escuchaba como sonoba la cámara del celular e Isma. Sentía también el pene erecto de su sobrino que se clavaba en su espalda. Nunca había tenido atracción por su sobrino, en realidad sólo por su marido, pero aquella reacción de todos los jóvenes que querían follarla, pero le extrañaba, a la vez que se sentía halagada por que su sobrino se sintiera excitado por estar junto a ella. De a poco los gritos de dolor se transofromaban en gemidos y la hacían sentirse puta, primera vez que le pasaba pero estaba disfrutando de como el animal de Alan se la cogía 

Mientras seguía penetrándola. Intentaba relajarse mientras poco a poco, el joven se calentaba más, sabía que pronto su interior estaría lleno de tibio semen; en parte se sentía aliviada y en parte contrariada porque estaba ella también llegando al punto de ebullición en dónde explotaría de placer pero no debía demostrar que lo estaba disfrutando. Al fin, la verga del joven hizo explosión y llenó por completo su vagina. Tuvo que contener sus gemidos. Al salir la verga de su interior no pudo contener los borbotones de semen en su interior, los que salieron de su sexo y recorrieron hasta su culo. Hace tiempo que no sentía esa exquisita sensación de una cogida tan placentera pero no podía gritarlo a los cuatro vientos, solo quería que pasara el siguiente y se la cogiera de la misma forma brutal que lo hizo el joven.

"Alan, vaya forma de metérsela pero la dejaste toda sucia; y a las perras sucias hay que impiarlas. Jueza, ve a la ducha, pero que te acompañe tu sobrino y sea él quien te lave bien esa lechosa concha" –dijo Isma. "Esto quiero verlo" –dijo Freddy con voz de excitación. Se levantaron y fueron a la ducha. La mujer, intentando proteger a su sobrino intentaba tranquilizarle y le hablo en voz baja: "Cristián, haz lo que te piden. No creo que falte mucho ya" –le susurró al oído de su sobrino. "No hablen" –interrumpió Ismael. Al momento guardaron silencio. La voz de Isma volvió a resonar: "A ver puta, por las manos las detrás del pelo y tú, mocoso, espero que prefieras lavarle la vagina a tu tía, a que Freddy te lave el culo y la verga. La mujer agarró el mango de la ducha, abrió el paso del agua y se lo entregó a su sobrino. Dirigió el chorro al sexo de la mujer, quien se estremeció ante la temperatura del agua. El joven no se atrevía a tocar a su tía, por eso fue ella quien llevó la mano para que su actitud no tuviera consecuencias negativas. El joven frotó con su mano el interior de su sexo, mientras Isma fotografiaba la escena. Ella intentaba esconder el retorcido placer que estaba sintiendo y jadeaba apretando sus labios. "Veo que te calienta la forma en que te lava el pendejo de tu sobrino" –dijo Isamel. Estarían como cinco minutos hasta que le ordenó que la secase y que volvieran pero esta vez al salón, algo tenía en su mente retorcida el criminal. Estaban desnudos otra vez y a la merced de sus captores. Cómo hienas hambrientas se lanzaron sobre Raquel para invadir su intimidad con caricias obscenas, recorriendo por completo su cuerpo; hasta el marica de Freddy participaba acariciándola y abriéndole el culo con sus dedos. "No hace falta que te resistas zorra, sé que lo disfrutas y que estás conteniendo las ganas de gemir como la puta que eres" –le dijo Ismael. Había quedado expuesta ante sus captores, se habían dado cuenta que estaba disfrutando aquella invasión y que se contenía para no alimentar el morbo en esos repugnantes seres. Ya sin más, se entregó or completo a su instinto y sin protestar se rindió a cada requerimiento de sus violadores. Se puso de rodillas y abrió su boca para empezar a mamar sus vergas a destajo. "Sabía que eras puta, pero querías hacerte la valiente" –dijo Ismael. Los tres captores la rodearon y ella una a una fue tragando esas vergas que estaban a su disposición, incluso Freddy participó poniendo su verga en la boca de la jueza. Les pasaba la lengua y engullía como una experta, había olvidado que estaba su sobrino presente y solo se daba el placer de complacer a esos hombres que la habían tomado prisionera por la dulce venganza. La escupían, la insltaban y abofeteaban, ya no importaba, solo quería hacerlos acabar de la manera más placentera. Uno a uno fueron llenando su boca y su cara con su semen, lo que ella está vez recibió gustosa y cada gota que cayó en su boca la saboreó con placer. Al contemplar el panorama Ismael dijo: "¿Qué les parece si limpiamos a esta puta?". Los otros respondieron: "¡Claro, no porque sea una puta va a estar sucia!". Así que los tres a la vez orinaron su cara, su boca y sus tetas. "¡Qué delicia!" –exclamó al sentir como la orina la recorría hasta caer al piso.

Mandaron al chico sentarse en el sofá, pero esta vez la mujer tuvo que situarse de rodillas, apoyada la cabeza en el regazo de su sobrino. Le indicaron que masajease sus pechos mientras que Ismael se colocó detrás de ella. "Consuela a tu tía, porque esto le dolerá demasiado" –dijo Ismael. El chico disfrutaba aprendo las tetas de su tía y tirando de sus pezones. Ella gemía de placer al ver cómo en tan poco tiempo Cristián había aprendido a torturar sus tetas.

"Honorable Juez de la República, no es nada personal, pero le dije que íbamos a ocupar todos los agujeritos follables de su cuerpo" –dijo Isma. "Ella respondió: "Solo hazlo y fóllame el culo como lo haces a las putas que tienes". La mujer se agarró fuertemente a las piernas de su sobrino. Era consciente de que era un camino sin retorno y lo que fuera a suceder estaba dispuesta a hacerlo. Miraba al muchacho con cara de placer y pasaba su lengua por los labios saboreando algunas gotas de orina que caían por su cara. Dio un grito cuando la penetró. Clavó las uñas en las piernas desnudas del muchacho e incluso llegó a morderlo. Cristián no era inerte a lo que sucedía y su pene se mostraba erecto. Ismael, por su parte, mostraba satisfacción, mientras que con orgullo, penetraba a la mujer con claros gestos de disfrute. Raquel apoyaba su mejilla sobre el pene de su sobrino y podía percibir perfectamente lo duro que estaba. Intentaba no pensar en nada, solo disfrutarlo pero no lo conseguía. Era consciente que no sólo excitaba a los violadores, sino también al hijo de su hermana.

Sentía dolor cuando Ismael la penetraba, pero sentir el roce en la cara de la verga de su sobrino la calentaba. Presa de la lujuria se dejó llevar y buscando el glande de su sobrino, abrió la boca y comenzó a chuparla como una puta. Muchos delincuentes la habían tratado así en el juzgado pero esa noche si sentía como una puta. Cristián temblaba al sentir como los labios de su tía envolvian su verga pero no era miedo, era placer. La escena era tan caliente que los otros dos mirones no pidieron resistirse y Freddy comenzó a chupársela a Alan el cual no tuvo objeción. Freddy se tumbó en cuatro y le ofreció su culo a Alan, este al igual que Ismael no tuvo compasión con su compañero y se la metió con fuerzas. "Eso papito, parteme el culo" –le decía Freddy. Alan se movía con fuerzas, dándole lo que el marica le pedía. A la mierda el honor entre delincuentes, para el chico era una cogida más y la estaba disfrutando al darle duro al culo de su cómplice. No tardó mucho Freddy en acabar, chorreando semen por el piso, ya que la verga del otro delincuente estimuló tanto su próstata que lo hizo vaciarse por completo. Alan le dijo: "Voy a acabar puto". Éste no tardó en ponerse de rodillas y recibir el semen de su compañero y dejarle limpia la verga con una mamada.

"¿Ves lo que provocas puta?" –le dijo Ismael, pero ella no respondió nada, ya que u boca estaba ocupada con la verga de su sobrino. Ella conocía como mujer, por los movimientos, la excitación y los jadeos de Ismael, no iba tardar mucho en acabar, ya que cada vez la penetraba con más fuerza y también sabía que pronto también lo haría su sobrino, La mujer sintió como si una inyección caliente llenara su agujero, a la vez su sobrino acabó en su boca. Raquel estaba en un éxtasis tremendo, invadida de placer bebía hasta el último sorbo de semen emanado de la verga de su sobrino. Estaba rendida en el piso, exhausta; intentando tomar aire y recuperando la razón. No sabía porque se había comportado de esa manera pero sí sabía que la experiencia principio fue dolorosa y se transformó en placentera. Levantó la vista y vio a los ojos a su sobrino, en la cara del muchacho del muchacho se veía satisfacción y nueva mirada hacía la mujer que consideraba como su segunda madre.

Los atacantes se vistieron, estaban prestos a salir ya que los primeros rayos de sol se dejaban ver, no si antes ser advertida por Ismael: "Raquel, sabes que si denuncias esto o vemos policías que nos hostiguen, las fotos saldrán a la luz y también sabes que ese será el menor de tus problemas. Ya que tendrás que darle explicaciones a tu hermana de como te comportaste con su hijo y a tu marido cuando salga del hospital de lo puta que fuiste cuando llevaba solo horas internado. Eso sin sumar la caída de la perfecta e implacable Jueza. Creo que sabes que debes dejar libres a todos mis hombres y a cerrar el caso". No contestó, pero sabía que estaba en manos de aquella mafia. Los hombres se fueron, y ella quedó desnuda en el piso. Esperó nos momentos y se fue a la ducha con Cristián, en la soledad hicieron un pacto de silencio en el que ambos serían beneficiados con sexo perverso y placer; total a estas alturas ya no importaba nada más, solo intentar controlar los demonios que habían sido liberados.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Uffffff eres un perverso...
    Sabes mi amor...
    Me has dejado muy caliente con la lectura

    Que relato tan morboso
    Deliciosamente excitante cada sucio detalle tan intenso y candente
    Muy excitante relato mi perverso💋💋🔥🔥
    Obviamente necesito apagar mis ganas ...😈

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  2. waoo totalmente fantástico lujurioso lleno de perversión en todo el sentido mojaron mis bragas y mis pensamientos que rico ser cogida así felicitaciones Caballero

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  3. Como siembre delicioso y exitatente como cada uno de tus relatos

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  4. Excelente relato como siempre caballero

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  5. Los problemas urgentes llevan medidas drásticas, las consecuencias de las desiciones tomadas no siempre son tan malas; muy detallado el relato como siempre con exquisitas formas de estimular la imaginación.

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