Hola mi nombre es Andrea tengo 28 años y vivo en pareja desde hace 2 con Miguel. La historia que les contaré me ocurrió hace unos días y producto de mi educación sexual. Nunca he sido una mujer atrevida en el sexo, he tenido pocas relaciones y han sido, la verdad, insatisfactorias y esporádicas. Con Miguel ha seguido la misma tónica lo único que la frecuencia al vivir juntos ha sido más continua. Mido 1,60 y estoy bien de peso, no tengo mucho gusto y visto un poco anticuada, me gustan las aficiones aburridas como leer o ver la tele. El caso es que Miguel ha aguantado mucho mis continuos “Ahora no estoy cansada". "Esto no me gusta“. O “Qué pervertido eres“. Fruto de una educación religiosa veía el sexo de una manera prohibitiva, con muchos tabúes y limitaciones. En cambio Miguel siempre me ha buscado para tener sexo en diferentes ocasiones. Cuando venía de trabajar, en la ducha o incluso en la cocina; pero normalmente se llevaba un NO como respuesta. Hasta que un día se cansó.
"Andrea esto no puede seguir así, llevamos dos años juntos y cuento con los dedos de las manos las veces que hemos tenido un polvo de calidad, y sí hacerlo con la luz apagada y en silencio lo llamas tú en calidad" –dijo. "Miguel , a veces estoy cansada y esas cosas que me pides a mí no me gustan ya lo sabes" –le respondí. "Andrea, ¿qué no te gusta que lama tu vagina?" –me preguntó. "¡Qué no Miguel! Ya sabes que me da vergüenza, igual que cuando quieres que te chupe el pene " –le dije con un poco de molestia. "A casi todas las mujeres les gusta hacerlo y que se lo hagan, yo solo digo que no puedes decir que no te gusta el chocolate si nunca lo has probado". –me dijo con más enfado que al principio. "Miguel. ¡No me gusta y punto!" –le dije con enfasis en el NO. "Pues habla con tus amigas a ver que tal la pasan en la cama y que tan putas son" –me dijo golpeando la mesa.
Miguel estaba enfadado no se sentía ni satisfecho ni realizado conmigo en la cama pero estaba enamorado de mi, me quería e iba a hacer todo lo posible por cambiar la situación. Una mañana de sábado después de almorzar Miguel me tomó del brazo y me dijo: "Mira Andrea, he conseguido la dirección de un lugar donde nos pueden ayudar; me pasó el contacto Marcos mi compañero de trabajo, él ha ido y dice que tienes unos resultados impresionantes". "¿Pero que es una especie de psicólogo? –pregunté. "Bueno más o menos, yo creo que podríamos intentar de ir a ver que es lo que nos recomiendan" –me dijo pausadamente.
Él quería sacarme de esta situación y yo lo sabía, pero lo más importante es que en el fondo de mi ser también quería ver cómo resolver la situación por él y por mí. Así que no me hice más de rogar y el martes a la tarde nos dirigimos al despacho de una tal Leslie. Estaba en el centro en unos edificios antiguos de la ciudad. Iba vestida como casi siempre con camisa y pantalón de tela, y botas. Mientras que Miguel vestía unos jeans y una polera, la verdad es que se veía atractivo.
Llegamos a la puerta después de habernos tomado un café en un Starbucks abajo del edificio, yo estaba un poco nerviosa, bueno bastante. No sabía que me iba a encontrar era una situación nueva para mí, bueno supongo que un despacho, con títulaciones colgadas en la pared y sillas para sentarnos. Miguel tocó al timbre, yo estaba hecha una gelatina y de repente se abrió la puerta. "Hola buenas tardes. ¿Son Miguel y Andrea verdad?" –preguntó la mujer que abrió. Nos hizo pasar y estábamos en una sala de espera espaciosa, la mujer nos preguntó: "¿Quieren algo de beber?". "Si tuviera una gaseosa, se lo agradecería" –respondí. Miguel dijo que no pero agradeció el gesto como un caballero. A los minutos la mujer llegó con la gaseosa y se sentó en un escritorio. Tomó el auricular de un teléfono y dijo: "Sí, ya están aquí. No se preocupe, les digo". "Ya pronto vendrán por ustedes, les pido un poco de paciencia" –dijo con una cálida sonrisa.
Estaba demasiado nerviosa, mordía mis labios, movía las piernas; estaba tan inquieta por la situación, incluso sentía ganas de salir corriendo de la consulta. Entonces apareció una mujer. Bueno, era como una ejecutiva vestía traje con una falda unos dedos más arriba de la rodilla, una blusa blanca, rubia, ojos verdes, de unos cuarenta años y sobretodo expresión mezcla no muy inocente y astuta. "Por favor pasen. ¿Vinieron en auto? Por aquí es difícil estacionar" –dijo con amabilidad. "No, vinimos en metro, vivimos relativamente cerca" –contestó Miguel. "Muy bien. Bueno, yo soy Leslie, terapeuta sexual" –presentándose con cordialidad. Nos indicó con un gesto que nos sentaramos en unas sillas bastante cómodas. Ella hizo lo propio en su sillón y comenzó la sesión.
Al principio nos preguntaba cosas de nuestra historia personal, de nuestra familia, de nuestros trabajos, estudios. Dejé responder a Miguel ya que yo seguía nerviosa. No podía apartar la vista de ella, veía a una mujer segura, con mucha confianza, locuaz pero ante todo sexy. Entonces llegamos al meollo del asunto. "Pues el mayor problema es que nuestras relaciones sexuales son insatisfactorias, tiene mucho pudor para algunas cosas" –comentaba Miguel. "Ya veo. Bueno, pues, soy un persona muy directa; así que vamos a ver con que problema nos encontramos" –dijo con ella con seriedad.
Nos hizo un gesto para que nos diéramos la vuelta y para mi sorpresa en el fondo de la sala había un sofá. "Siéntense por favor" –dijo ella. Hicimos caso , la verdad es que era muy cómodo pero aún no sabía para que estaba ahí colocado. "Andrea necesito que te quites un poco de ropa así que la camisa desabróchatela y te bajas el pantalón" –dijo Leslie. Me quedé helada, eran las seis de la tarde, un despacho que era la primera vez que pisaba, con una desconocida me quería dejar en ropa interior. Entonces dije: "Bueno, la verdad es que yo...". No alcancé a terminar la frase cuando la terapeuta dijo: "No hay peros que valgan, vinieron a arreglar una situación y debemos empezar , se que puedo dar un poco de vergüenza pero verás que es el camino a su satisfacción personal". Me sentí contrariada, con suerte Miguel me había visto desnuda y ahora una extraña me estaba pidiendo que me exhibiera ante ella. No sé como, pero le hice caso. Empecé a desabrochar mi blusa hasta dejar al aire mi brasier. Me levanté me, quité mis botas y luego me bajé los pantalones hasta quedarme en bragas. Llevaba un conjunto blanco que aunque siempre lo enmascaraba con mi ropa anticuada, se me veía buen cuerpo, por lo menos Miguel así lo expresaba. Miguel ahora tú quítate toda la ropa excepto los calzoncillos. Miguel no puso ninguna objección y le hizo caso a Leslie.
Se levantó, fue hasta su escritorio tomó el teléfono y llamó: "Katherine, cómo son los últimos pacientes que atenderé hoy necesito que vengas a la oficina ahora". No pasaron ni dos minutos y la chica que nos había recibido en la puerta estaba dentro. "Mira a Andrea y dime qué ves" –le dijo a la chica. "Una mujer sensual, capaz de seducir a quien ella se proponga" –respondió ella. "Andrea mírate al espejo y dime qué ves" –dijo Leslie. Me veo a mí, me siento avergonzada por lo que estoy haciendo pero a la vez siento como si algo me recorre por el interior y me gusta esa sensación" –le respondí con honestidad. Bajó un poco la luz, entonces se nos acercó y nos dijo: "Para estar en igual de condiciones también nos quitaremos algo de ropa". Así lo hicieron. Leslie se desprendió de su traje con lentitud y sensualidad; se quedó en una provocativa ropa interior de color negro. Katherine también lo hizo sin prisas, incluso Leslie la ayudó y mientras lo hacía deslizaba sus manos despacio por las nalgas de Katherine, quien estaba con un sensual conjunto rojo de ropa interior. Yo estaba alucinando, los cuatro en ropa interior en un despacho, ahora que vendría no tenía ni idea pero me empezaba a encontrar curiosa y excitada.
"Miguel, ahora quiero que le quites el brasier a Andrea" –le dijo. "¿Qué? ¡Quiere qué muestre las tetas!" –pensé. Eso en verdad me sacó de mi zona de confort; ya me había atrevido mucho pero no sé si me exhibiría desnuda ante dos desconocidas. En un momento en que pude recobrar el habla dije: "¡No, ya basta! No sé que clase de juego retorcido es este pero no quiero seguir". "No es ningún juego Andrea, es necesario que lo hagas" –dijo Leslie. "Sí cariño es necesario, y para que veas que soy solidaria seré la primera" –dijo Katherine. Se quitó el brasier sin reparo y dejó relucir unas tetas preciosas, lo mismo hizo Leslie, yo no daba más de la curiosidad y de la excitación le dije a Miguel: "Ya hazlo de una vez". Me sacó el brazier y dejó al aire mis tetas, eran más pequeñas que las de Leslie y Katherine, estaba hipnotizada y no podía dejar de mirarlas.
"Andrea, ahora quiero que le bajes el calzoncillo a Miguel" –dijo Leslie. Miré a Katherine que pasaba su lengua en sus labios. Ya no me resistí empezaba a estar muy caliente y rápidamente bajé los bóxer que Miguel llevaba sacando a relucir su pene erecto. "Bien, con suavidad quiero que lo masturbes poco a poco" –añadió. Empecé a hacerlo no sabía a quien mirar, si a Miguel con cara de placer o a las dos mujeres que estaban en bragas en la oficina con cara de calientes viendo la escena. "Ahora chupa esa verga" –dijo Leslie. "No, eso no" –le dije; pero no dejaba de masturbar a mi caliente esposo. "Entonces lo haré yo" –dijo. Se acercó al miembro de Miguel y comenzó a chupar su erecto pene con una expertiz digna de una puta. Katherine metió su mano entre sus bragas y se tocaba viendo como el miembro de mi marido era engullido por Leslie. Los gemidos de la otra chica eran ensordecedores, me calentaba mucho escucharla. Leslie se detuvo y me preguntó: "¿Quieres que lo hagamos juntas?". Un "SÍ" rotundo salió de mi interior, me puse de rodillas y comenzamos a chuparle la verga a Miguel primero una y luego otra con mucho afán. Leslie no paraba de tener una sonrisa en la boca y entonces una de las veces que yo se la estaba chupando me tomó de la barbilla y metió su lengua dentro de mi boca, empezamos a besarnos y a tocarnos las tetas y comernos los pezones. Katherine miraba tan caliente y gimiendo más intensamente, entonces me dijo que me fuera al sofá y ante la atenta mirada de Miguel me quitó las bragas y dejó libre para que, acto seguido me empezara a lamer la vagina. Katherine también se quitó las bragas para tocarse mejor y deleitarse con sus dedos. Miguel nos miraba con su verga agarrada y masturbándose, en eso Leslie le dice que se folle a Katherine sobre el escritorio. Era perversamente exquisita la escena que estaba viviendo, me sentía parte de vídeo porno. A esas alturas yo solo quería seguir disfrutando de la lengua de Leslie mientras no perdía detalle de como Miguel se cogía a Katherine de manera intensa sobre el escritorio. Me mojaba mucho más con la exquisita vista de Leslie deslizando su lengua por mis labios vaginales y como mi marido se la metía a la otra zorra que tenía a su disposición. Empecé a gemir, mi corazón latía con fuerza; cerraba los ojos por largos momentos y al abrirlos ví que Miguel tenía ensartado el culo de Katherine. ¡Nunca imaginé que en el sexo podía existir tanto placer! Lo mejor era que nadie me lo contó, sino que lo vivía de manera intensa.
Mi cuerpo experimentaba algo extraño, era como si un calor intenso recorriera mi cuerpo, adueñándose de mis sentidos, de mi razón. "No pares puta" –le decía y ella solo seguía metiendo su lengua en el interior de mi vagina. Miraba a Miguel y le decía: "¡Mi amor rompe el culo de esa zorra". Nunca antes había usado ese tipo de palabras pero era casi automático, era presa de la calentura del momento y quería disfrutarlo al máximo. Ya no podía resistirme a sensación y me entregué por completo, gemidos tan intensos salieron de mi interior que creía que moría lentamente, ya que mis ojos involuntariamente se ponían blancos y hundía la cabeza de Leslie en mi vagina con las dos manos. Por otro lado Katherine disfrutaba de la verga de Miguel, ya no estaban sobre el escritorio, estaban en el piso cogiendo como dos animales. Me entra imposible dejar de verlos, sus cuerpos envueltos en sudor y la cara de puta que Katherine colocaba en cada embestida. Ella también lanzó un agonico gemido y se perdió por completo en un beso apasionado a mi marido.
Leslie se levantó para quitarse las bragas y le dice a Miguel: "Mete tu verga en mi culo y dame lo más duro que puedas". Miguel solo obedeció y se la clavó de una hasta el fondo. "¡Oh, qué rica verga!" –dijo. Yo estaba en libertad de acción, alucinaba de manera impresionante; entonces me fui donde la puta de Katherine que seguía tumbada en el piso y empecé a lamerle su concha húmeda, había tenido una lección intensa, así con el nuevo conocimiento adquirido hice que la puta acabara una vez más. Entonces ella hizo algo que nunca pensé experimentar, se colocó de tal forma que quedamos con nuestras vaginas pegadas y comenzó a moverse. ¡Qué deliciosa sensación! En verdad el placer y la lujuria estaban presentes en esa consulta, y se habían apoderado de mi cuerpo. Intenté seguir el ritmo, de esa manera se hacía más intenso el placer en mi entrepierna y más rápido con Katherine nos encaminabamos a lo que entendí era otro orgasmo. El sudor bajaba por mi rostro y la humedad en nuestras vaginas dejaba rastros en el piso, yo apretaba mis tetas y apretaba mis pezones que estaban a punto de explotar. Ya no podía más, mi interior palpitaba con fuerza, la cara de Katherine era de ensueño, me daba una sonrisa y me lanzaba besos la muy zorra. Al fin el orgasmo llegó y quedé tendida en el piso con los brazos en alto. Katherine se acercó y me besó como una endemoniada, me encantó que lo hiciera, sobre todo cuando me dijo: "Eres una deliciosa puta".
Tomamos palco para ver cómo Miguel le destrozaba el culo a Leslie. Ella solo decía: "¡Eso tesoro, rompe el culo de esta puta". ¡Mierda, yo seguía muy caliente! Era como un fuego que no se podía extinguir pero no quería perderme detalles. La puta de Leslie gemía hasta que ya no pudo más y cayó sobre el sofá. "¡Qué rico coges!" –le dijo. Después que recobró el aliento nos llamó a Katherine y a mí, dijo: "Ahora nos vamos masturbar las tres, para que nuestros gemidos estimulen a Miguel y nos entregué todo el semen que ha tenido acumulado". Así lo hicimos, yo empecé a hacer lo que nunca había hecho: Masturbarme y menos con otras mujeres al lado. Miguel se siguió masturbando delante nuestro. Leslie me indicó que abriera la boca para insitarlo a acabar. Estaba hambrienta por primera vez de la verga de mi marido, lo agarré con fuerza y comencé a chupársela otra vez. Esta vez fui más rápido y aconsejada por Ias dos putas a mi lado usé mi lengua. Miguel empezó a retorcerse de placer y a avisar que pronto acabaría. Lo hizo en mi boca, chorros de semen cayeron en boca que no pude contener y caía en mis tetas. Katherine hábilmente pasaba su lengua por mis senos, mientras que Leslie probaba con su lengua lo que quedaba en mi boca. Las tres nos besábamos intercambiando los chorros de semen hasta tragarlos por completo.
Al fin ya pudimos descansar y recobrar las fuerzas necesarias para limpiarnos y vestirnos. Antes de salir, nos despedimos con candentes besos. Leslie y Katherine quedaron en la consulta haciendo no sé qué (pero ustedes se imaginarán). Camino al ascensor pensaba en lo ocurrido y solo puedo decir que a partir de aquel día mi vida sexual cambió y no fue la misma ni con Miguel ni con nadie. Sentí que me había quitado una pesada carga de encima y ahora estaba dispuesta a disfrutar de mi sexualidad de la manera más perversa que se les pueda ocurrir.
Pasiones Prohibidas ®
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Ummmmm exquisito relato mi perverso...
ResponderBorrarWoooowww que ricoooo muy excitante
ResponderBorrarUn relato delicioso de profesionales con excelente servicio, que manera de narrar lo rico que puede ser dejarse llevar, gracias por las sensaciones Mr.P
ResponderBorrarExcitante relato caballero
ResponderBorrarQue buen relato caballero
ResponderBorrarDelicioso relato algo alucinante para vivir lo y demostrar que el sexo es delicioso felicitaciones como siempre Caballero
ResponderBorrarExcelente, súper excitante
ResponderBorrarUffff exelente relato
ResponderBorrarUfff excelente
ResponderBorrarEspectacular relato muy hot
ResponderBorrarExcelente como siempre
ResponderBorrarQuisiera tener la misma experiencia.
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