76. Mi mayor deseo al fin se cumplió



Me llamo Emily. Soy ejecutiva de un banco. Reviso las peticiones de préstamos para empresas nuevas, muchas veces llegan con ideas algo descabelladas y que con el solo hecho de leer las propuestas que traen me hacen decir NO. Era lunes y a eso de las 10 AM tenía una cita con alguien en verdad muy particular.
"Buen día Sr. Dario. Bienvenido. ¿Que se le ofrece?" –le saludé de manera cordial. "Buenos dias srta. Emily. Venía a solicitar un préstamo para una empresa que estoy armando" –me dijo con una sonrisa mientras estrechó mi mano. Se veía como un hombre seguro de sí mismo, sin duda algo que llamó mi atención. No parecía intimidado como muchos que llegan hasta a mí casi suplicantes. "¿Cuál sería la cantidad que solicita?" –le pregunto. "La verdad, serían alrededor de 10 millones de pesos" –dijo con una seguridad única. "Suena interesante, pero esa es una cantidad muy alta. ¿Está usted seguro?" –le pregunté. "Sí, es lo minimo que me hace falta y aún así mi presupuesto estaría ajustado" –me respondió. "¿Para qué seria el prestamo?" –le pregunté, no aguantaba la curiosidad. Me miró a los ojos y dijo: "Básicamente casi todo se gastará en la compra de un bus, se adaptaría ya que sería un negocio itinerante. Traje una carpeta con un informe donde está todo detallado por si la quisiera leer". "Eso está muy bien. Normalmente los clientes no vienen tan preparados como usted. ¿De qué es el negocio exactamente?" –le pregunté. Sin quitar su mirada de mis ojos me dijo: "Se trata de una mazmorra móvil, donde se realizarían sesiones de BDSM previo pago. Esto sería solo para mujeres que no tienen ocasión de practicarlo en unas condiciones óptimas y obviamente quieran ir más allá de la fantasía o la ficción de películas cursis. Tendria cepos, cadenas, latigos, argollas, cuerdas, etcétera

No puedo negar que mi rostro cayó en el asombro, nunca hubiese esperado una respuesta así. No sabía que responder, no era miedo ni nada parecido, sino me causaba curiosidad con la naturalidad que don Darío me contaba los por menores de su negocio. Debe ser una broma de mis compañeros, los observé para ver quien se estaba riendo, pero nadie parecía fijarse en mí. Sería demasiada casualidad que me pidieran el crédito, ya que soy sumisa. Obviamente en el trabajo nadie sabe esa parte de mi vida, ya que es algo que solo guardo para mí y que de saberse podrían chantajearme. Además, por lo general he tenido sesiones en otras ciudades cuando estaba de vacaciones. Sesiones, la verdad es que llamarlas así era ser muy generosa.

Tengo treinta años y desde los veinte descubrí lo que era el BDSM, y la sensacion de ser usada, humillada, atada y azotada me atrajo. Buscaba videos, veía paginas sobre el tema, me imaginaba siendo sometida a un Amo. Para los ojos de los demás no pasó inadvertida, mido 1.75, delgada, tetas grandes y duras; un trasero trabajado; como diría alguno: "Un culo de ensueño". Les decía que llamar sesiones los encuentros que he tenido es por ser generosa por lo que el BDSM representa para mí pero la verdad que los que han dicho ser "amos" resultaron una completa decepción; tal vez la falta de experiencia me ha hecho caer en manos de pseudos que no tienen claro las precauciones que se deben tomar antes de sesionar. Hace tiempo me quedó dando vueltas una frase que alguien en un chat de BDSM dijo: "Muchos son pajeros bien leídos pero sin experiencia real". Ahora, con el correr del tiempo entiendo lo que quiso decir y por esa razón me he mantenido un tanto alejada de esto que me apasiona, no quiero cometer los errores del pasado.

Ese día llegué a casa tan excitada, no podía esconder el deseo que corría por mis venas ese momento. Me dí un placentero baño de tina y me tiré en la cama desnuda, mi primera reacción fue encender la TV y en buscador colocar "Porno BDSM". En ese momento puse la primera página que el amigo buscador con la letra G me indicó, entonces apareció un vídeo de una chica que siempre me ha encantado Abella Danger. Miro la pantalla de la televisión y el video de como Abella era torturada salvajemente por un verdugo que la encendía cada vez. Los efectos de sonido eran buenísimos, tanto que se sentía como el látigo cortaba el aire para golpear esa espalda. Cada vez era castigada con más vehemencia, al punto de hacer que sus fluidos escurrieran por sus temblorosas piernas. Envuelta en un deseo feroz suplicaba ser azotada más aún, por solo regalarle a su Amo gloriosos gemidos emanados de lo más profundo de su ser. Pensaba a momentos que me estaban grabando y que distintos hombres estaban viendo como me tocaba, como disfrutaba, ya no podía más. Me sentía tan llena de deseo imaginando que detrás de la cámara estaba alguien observando que empecé a torturar mi clítoris, a apretarlo con dos dedos, tirando de él, retorciéndolo, haciendo todo lo que deseaba que me hiciesen y nunca lo he podido conseguir. Gemí como lo hacía la protagonista del vídeo y no me di cuenta el momento en que placer me tenía en sus brazos, me retorcía en la cama y mi cuerpo temblaba de éxtasis, tanto que quedé rendida y mis ojos se cerraron. 

Me desperté al otro día y fui a mi trabajo, pero esta vez sería diferente. Me vestí de la misma forma que siempre pero sin ropa interior, porque aún rondaban en mi cabeza las imágenes del vídeo que había visto y no quería que mi braga se pegara a mi vagina por la excitación, así también tendría libertad de jugar conmigo misma en mi escritorio en algún rato libre. En ese momento llegó don Darío, parecía que por un instante me quedé sin respirar al verlo. "Buenos días srta. Emily" –dijo con su tono serio. "Don Darío, buenos días. No teníamos cita para hoy o ¿sí?" –le dije. "La verdad no, pero quería pasar para saber si había leído el detalle del negocio y de paso saber cómo está" –dijo él. "Siendo honesta, no tuve tiempo de hacerlo pero le prometo que en algún momento del día lo haré. Lo que sí, no puedo asegurarle que el banco financie un proyecto semejante, ya que es algo riesgoso que se pueda invertir en algo así" –le respondí. "Claro, entiendo que no es algo que sea fiable pero solo son unos minutos de su tiempo que invertirá en la lectura" –dijo él. ¡Por Dios! Sabía muy bien como responder. Me fijé en él y para nada era mi tipo. Era imponente pero nunca se hubiera fijado en él al verlo en la calle y menos podria imaginarse que fuera un Dominante, parecia poca cosa comparado con ella. Llegué la conclusión de que no era una broma, sino una rara coincidencia. "Muy bien, deme unos minutos, lo leeré ahora" –le dije. Detalladamente examiné el documento. No había fallos pero simplemente no podía hacer que evaluaran un crédito para tal cosa. "Lo siento pero no somos el banco adecuado para usted y su negocio" –le dije. "Está bien. Lo comprendo, pero debía intentarlo. No obstante,nle dejo la copia del informe con mi direccion y mis contactos, tal vez estudiandolo en profundidad pueda ver que es un negocio rentable, ya que sería una ampliacion del negocio que ya tengo, que es una mazmorra fija" –respondió don Darío. "No creo que el banco cambie de idea" –le dije. "Adiós señorita Emilia" –dijo él. "Es Emily" –le dije corrigiéndolo. "Emilia o Emily da igual, depende de la situacion en que nos encontremos" –me respondió. "¿Que quiere decir?" –le pregunté. No obtuve respuesta, se levantó, se giró dándome a espalda y como si nada se fue la sucursal. En mis adentros pensé: "¿Cómo se atreve a hacer eso? Es un grosero, no merece ni siquiera que archive su puta propuesta. Eso solo un payaso". Me disponia a pasar el informe por la trituradora de papel pero decidí volver a leerlo, así que lo guardé mi portafolios.

El dia transcurrió con normalidad, tramitando prestamos más adecuados que el de la mazmorra itinerante. Cuando llegó la tarde, fui al gimnasio pero me fue imposible concentrarme en la rutina de ejercicios, la idea me parecía un tanto descabellada pero excitante. Ahora, díganme ustedes que me leen; ¿existe cordura en el mundo? La verdad, es que no lo sé, pero mi curiosidad era más fuerte. Me fui a mi casa. Me di una ducha, me puse solo una bata y fui a buscar algo para beber, una copa de vino blanco frío y puse el informe sobre su cama, ya lo leeria más tarde porque había algo que me tenía intrigada. Después de pasar la primera página me di cuenta del por qué staba tan intrigada. No solo habían cifras contables de gastos y ganancias, también contaba con muchos bocetos e imágenes de los aparatos de tortura que alli se usarían. Ya estaba mojada otra vez, no podía dejar de pensar ese sin fin de posibilidades de entregar mi sumisión aunque fuera por un instante a alguien real y no de esos que transitan por las redes sociales diciendo ser alguien que no son. Sin darme cuenta mis dedos ya estaban deslizándose a mi entrepierna y buscando mi clítoris, mientras que mi otra mano jugaba con uno de mis pezones, apretando y pellizcando lo más fuerte que pudiera. Me imaginaba con los brazos extendidos e inmóvil por un par de frías y gruesas cadenas, mientras que un hombre sin escrúpulos me azotaba con una fusta y me decía: "Te has portado mal, por eso mereces ser castigada". Mientras jugaba con mi cuerpo sentía los golpes que quemaban mi piel, sentía ese delicioso ardor que dejaba y que me hacía decir: "Si, mi Señor. Soy una puta mal portada. ¡Por favor castigueme y sacie su sed de justicia en mí!". Poco a poco los espasmos en mi sexo eran más continuos y mi respiración se agitaba, me estaba acercando a ese espléndido momento del orgasmo; sentía como mi corazón latía con fuerza queriendo salirse del pecho. Hasta que al fin un sin número de gemidos salieron de mi boca y mi cuerpo temblaba de placer, la sensación era tan exquisita al sentir como mis fluidos salían como un torrente empapando todo a su paso, no importaba lo que sucediera, era el placer y yo unidos en una frenética armonía que me dejó sin fuerzas. Al fin reconciliada con mis demonios internos pude conciliar el sueño.

Al dia siguiente tras despertar me di cuenta que seguía mojada, seguramente durante la noche habia tenido sueños eroticos, pero no me acordaba. Vi un pequeño charco con mi humedad en la cama y pasé mi dedo sobre él para después llevarlo a mi boca y empezar a chuparlo. Estaba tan caliente como en la noche pero ya se estaba haciendo tarde, por lo que tuve que contener mis ganas de masturbarme antes de salir. Me vestí y antes de ir a trabajar vio el numero del don Darío, dudé, pero al final lo subí al celular bajo el nombre de "AMO". ¡Que ironia! pensé, si alguien me lo ve pensaran que son las iniciales de una persona. De camino al trabajo mi mente no me dejaba en paz, imágenes candentes; ls humedad de mi sexo me tenían al borde de la desesperación. Antes de entrar, tiré el informe en un contenedor de basura para olvidarme de lo que sería casi un posible. Los siguientes dias me la pasé masturbándome, con el telefono al lado a punto de marcar el número de don Darío. Cada dia que pasaba estaba mas convencida de llamarlo, pero pagar por tener sexo "¿Mírate en el espejo, tendrian que pagarte ellos por tener sexo contigo? Además, te has fijado bien en él, no es para nada tu tipo, debes tener la misma edad y un Amo debe ser una persona madura con experiencia" –me decía en mis adentros. "Si que eso es cierto, pero ¿una sumisa no elige a su Amo o el Amo elige a las sumisas? Tienes que decidirte ya, sabes que has hecho cosas peores y mas arriesgadas, pero vive en mi misma ciudad y sabe donde trabajo, podria complicarme la vida" –pensaba. Dios, ya lo estoy haciendo otra vez, ¿por qué mierda mis manos se van a mi sexo? ¿Qué tiene este hombre? No puedo dejar de pensar en él sin masturbarme. ¡Piensa Emilia! Abella Danger no dudaria tanto, seguro que ella llamaba. No podía compararme con la musa de mis pajas pero en algo debería imitarla. Mi dedo se acercaba al celular peligrosamente, iba a llamar pero solo me quedaba en eso y disfrutando cada vez más el hecho de masturbarme pensando en él.

Transcurrieron dos meses sucediendo casi la misma escena narrada antes, yo a punto de llamar, pero en el ultimo instante me arrepentia y no lo hacia. Desde hace una semana decidí que debía acabar con esa tortura, borraría el numero y hasta que no lo hiciera no volveria a tocarse, ni a ver porno, ni mucho menos tener citas con pseudos Dominantes.. Fue una semana muy dura, no puedo aguantar más y tres meses despues marque por fin el número. "Hola. ¿Don Darío?" –pregunté. "Amo Darío para ti" –respondió con voz sería. "Perdón. ¿El Amo Darío?" –corregí. "Soy yo. ¿Qué quieres?" –preguntó. "Bueno, encontré su tarjeta de visita y queria concertar una cita para una sesion" –le dije con algo de vergüenza. Él respondió: "Las sesiones son de una hora de duración. Tengo libre el sábado a las cinco de la tarde". "Esta bien Amo Darío" –le respondí. "Debes estar segura de que quieres hacer una sesion. Te haré una entrevista antes para saber si eres apropiada para el BDSM. El precio de la sesion es de 200 dólares en efectivo. Si estás de acuerdo te digo la direccion a la que tienes que ir" –me dijo. "Sí, me parece bien" –le respondí con ansias. "Muy bien. Esta es la dirección. Por cierto tienes que venir con falda, si traes pantalón no te aceptaré" –me dijo con voz un tanto severa. "De acuerdo. Nos vemos el sabado" –le dije. Solo cortó la llamada.

Los tres días siguientes se me hicieron muy largos, ya sabía cual era la calle a la que debía ir. Era una calle bastante céntrica lo que me pareció muy raro pero estaba decidida a ir, un mes sin acabar era demasiado y mi vagina necesitaba ese desahogo. El dia señalado estaba Emilia en la puerta del edificio tocando al timbre. "Hola venía por la cita" –le dije. "¿Que cita?" –me preguntó. "La de sesión de BDSM" –respondí esa frase con miedo por si me habia equivocado de dirección. "Separate del timbre para que vea si has cumplido lo ordenado" –me dijo con voz servera. Obedecí y me separé lo suficiente para que pudiera verme. Me habia puesto una falda larga, por telefono no se habia especificado la longitud. "Muy bien sumisa, acércate" –me ordenó. ¡Dios esas palabras se oyeron en la calle! Pero lejos de asustarme, me excitaron demasiado. "La mazmorra está en Moneda 1160, verás una gran D dibujada en la puerta" –me indicó. Esa nueva dirección no me la esperaba. Busqué la dirección en su móvil la ubicacion, por suerte no estaba muy lejos a cuatro calles de distancia. Cuando llegué a la calle indicada era más céntrica que la primera, no encontraba la puerta, pero fijándome un poco más la vi y al final la puerta con la D. Bajé las escaleras con miedo y llamé a la puerta. La voz en el intercomunicador del timbre resonó: "Abre y entra. Recorre todo el pasillo hasta el final".

Abrí la puerta y al fondo de un pasillo estrecho y oscuro se veía otra puerta, cerré la puerta del exterior sin darme cuenta de que ahora estaba a oscuras, quise volver a abrir la puerta que daba a la calle, pero ya estaba bloqueada. Un miedo intenso se apoderó de mí, ya no podía salir; en verdad me sentía tan asustada pero a la vez con esa sensación palpitante en mi sexo que me hacía humedecer. A ciegas y tanteando con las manos llegué a la otra puerta se veía al fondo vla abrí. La repentina entrada de luz me cegó momentaneamente, mis ojos tuvieron que acostumbrarse a la nueva iluminacion, viendo poco a poco una mazmorra de BDSM, como las que aparecían en los videos con los que me masturbaba. Al fondo, sentado en una especie de trono estaba el Amo Darío. "¿Como te llamas?" –preguntó. Me quedé sin palabras por un momento, se veía imponente, había algo que transmitía en ese momento y casi sin poder hablar le respondí: "Usted sabe quién soy, ya nos conocimos antes en el banco". "¡No es lo que te pregunté!" –dijo con énfasis. "Perdone mi falta de cortesía, solo pensé que no era necesario decirle quien soy, ya que como nos habíamos visto antes" –respondí. ¡Malditos nervios! "Emily" –respondí. ¿Qué tipo de sesion quieres?" –preguntó. En ese momento mi corazón pareció detenerse, no sabía a qué se refería con "tipo de sesión" y la curiosidad me mataba. "No entiendo a qué se refiere" –le dije. "Hay dos tipos. En la primera yo no tengo relaciones sexuales contigo, es decir no me desnudaria, solo usaría objetos. En la segunda si tendria sexo contigo, te usaria para mi disfrute. ¿Cuál quieres?" –volvió a preguntar. "La segunda" –respondí. Me miró, sentí como sus ojos se clavaron en los míos y dijo: "¿Cuales son tus límites?". "Nada de sexo anal" –le dije sin titubeos. "¿Ninguna otra cosa?" –insistió. "No Señor" –le dije muy segura de mis palabras. Entonces me dijo: "Bien. Te explicaré las normas básicas, si algo no te gusta dices amarillo y lo modificaré, si no quieres hacer una cosa dices rojo y la sesión se acabará, en caso de estar amordazada y no poder hablar cruzarás el dedo medio con el índice, si lo haces con una mano es amarillo si lo haces con las dos es rojo. ¿Lo has entendido?". "Sí" –respondí. "Sí. ¿Qué?" –preguntó. "Sí Mi Amo" –respondí de inmediato. "No soy tu Amo, así que dirás Sí Mi Señor" –dijo. Me explicó que la primera sesión sería gratis como un gesto de cortesía por el tiempo que había invertido con él en el banco y que si quería seguir más adelante la sesión tendría el costo previamente acordado. Le respondí afirmativamente y hubo un momento de silencio. 

Se paró frente a mí y me dijo: "Cómo habrás notado, hay cámaras por toda la mazmorra ya que la sesión se graba para evitar problemas legales. Encima de la mesa verás un contrato con mi nombre, que determina que NO das permiso para que esas imágenes se publiquen. Los dos quedaremos con una copia de la grabacion, a no ser que tú no quieras la tuya. Si estás de acuerdo leelo y firmalo". En todos los años en los que había buscado un Amo nunca me había encontrado en una situación como esta, no solo estaba excitadisima si no que por fin creia que habia encontrado un Amo de verdad, el primero. Lo de no tener sexo anal es porque se había jurado que solo un AMO auténtico sería el primero que le desvirgara el culo. No dudé, leí el contrato y lo firmé, entregándoselo al Señor Darío. "A partir de ahora y durante una hora eres mi esclava. Fíjate bien en el cronómetro y disfruta de tu experiencia" –dijo. Miré donde señalaba el Señor Darío, un reloj digital marcaba el tiempo que faltaba para que la hora acabase. Entonces todo comenzó.

"Desnudate" –ordenó. Me desnudé completamente ante el Señor Darío. Nunca había estado nerviosa desnuda ante un hombre pero esta vez era distinto, la humedad empezaba a bajar por mis muslos. "Date la vuelta con las manos detrás de la cabeza" –dijo. Seguí obedeciendo, estuve en esa posicion unos minutos que le parecieron interminables, notaba como mi humedad bajaba y empecé a tener miedo de que me hubiera equivocado otra vez y todo hubiera sido un engaño y no se tratara de un Amo de verdad. "Arrodillate" –dijo con ese tono severo y marcado en su voz. ¡Por fin otra orden! Pensé. Lo hice, pero él gritó: "No, las manos detras de la cabeza, repitelo". Me volví a levantar y me arrodillé de nuevo, pero esta vez, sin usar las manos; se hizo daño con el cemento del suelo, raspando un poco mis rodillas. "No estás muy en forma por lo que veo. ¿Y piensas aguantar una sesión conmigo?" –me dijo. Guardé silencio. "De rodillas baja tu cabeza hasta el suelo" –ordenó. Caí al suelo incapaz de cumplir una orden tan sencilla y empecé a creer que no valía como sumisa. "Estás en un nivel muy bajo de sumision pero podemos trabajarlo" –dijo en tono serio. "Lo siento mi Señor" –le respondí. Detuvo el reloj y me preguntó: "¿Tienes experiencia como sumisa?". "Sí, mi Señor" –respondí. Se me acercó y tomó del pelo con fuerza, poniéndome de pie y viéndome a los ojos, dijo: "Repito. ¿Tienes experiencia como sumisa?". "Con Amos auténticos no mi Señor" –respondí casi temblando. Sin soltarme el Amo Darío me dirigió a una zona de la mazmora donde ató de las manos y sujetó al techo, obligándome a estar de puntillas.

La mano del Amo empezó a acariciar mi culo y su dedo medio entró entre mis nalgas, acariciando mi orificio. Le había dicho que nada de sexo anal. ¿Acaso iba a incumplirlo?. Podía decir la palabra rojo y detener la sesión pero no lo hice. Su dedo abandonó mi culo. "¿Por qué no has dicho rojo?" –preguntó. "Confío en usted mi Señor" –respondí. Entonces tomó una fusta y comenzó blandirla en el aire. Ese sonido era nuevo para mí, al sentir como cortaba el aire me excitaba demasiado, ya no aguantaba más mi calentura deseaba que me azotara pero no lo pedía porque le había cedido en control de mi cuerpo y de mis deseos, estaba dispuesta a que él quisiera hacerlo para disfrutar ese momento. "¿Te han azotado alguna vez?" –preguntó. "Sí mi Señor. Mi culo, pero solo con la palma de la mano" –respondí. "¿Cuándo fue la última vez que tuviste un orgasmo?" –dijo. "Hace un mes mi Señor" –le respondí. Miraba el reloj que seguía detenido, no había avanzado ni un segundo desde que él lo detuvo. "¿Por qué tanto tiempo?" –me dijo. "He estado tres meses intentando llamarlo pero no me atrevía" –respondí titubeante. Se dió cuenta que había mentido, bajó la fusta y me dijo: "Cuéntame la verdad entonces".

"No sé si usted recordará. Nos conocimos cuando fue a pedir un préstamo en el banco que trabajo". "Amarillo" –dijo. Fue él quien dijo esa palabra, cosa que no había comprendido. "Si que me acuerdo, pero si sigues por ahí, partiendo de la base de que nos conocemos de antes, la sesión cambiará, podemos seguir de forma anónima o conociéndonos" –dijo. Conociéndonos mi Señor" –le dije ya angustiada, pensé que todo en ese momento terminaría. "Cuándo te vi supe que eras sumisa y qué te tendría aquí como te tengo ahora, lamentarás no haberme dado el préstamo" –dijo mientras reía de manera perversa. Empecé a temblar de miedo, me asustaban los azotes, pero también estaba excitaba, por fin si parecía que habia encontrado a un auténtico Amo. El reloj empezó a avanzar y el primer azote cayó sobre mis tetas dejando una marca. "¡Ay, qué rico!" –dije desde mis entrañas.

Al décimo azote sobre mis tetas ya muy marcadas, mi vagina comenzó a palpitar, tuve el primer orgasmo solo siendo azotada. Habían pasado quince minutos de exhaustivos azotes por diversas partes de mi cuerpo, me encontraba sin fuerzas porque cada vez que la fusta me golpeaba un pequeño orgasmo me invadía. Paró de azotarme, cosa que agradecí, no por el dolor de los golpes sino porque era un respiro. Me bajó e la posición que estaba y los dedos de mis pies tuvieron alivio. Me tomó del pelo y me llevo al piso, bajó el cierre de su pantalón sacando su verga. Sabía lo que iba a pasar, queria que le chupara su suculenta verga, ya la tenía cerca de mis labios cuando dijo: "Chupala puta". Obedecí sin oponer resistencia, la recorría con mi boca desde el glande a la base. Estaba envuelta en éxtasis degustando aquel delicioso premio; me tomó del cabello y marcó el ritmo que él deseaba que siguiera. "Sigue así sucia sumisa" –me decía, cosa que aumentaba mi calentura. Cerraba mis ojos y engullía su verga hasta el fondo, mi propósito era complacerlo de la mejor manera posible y que sintiera orgullo o yo qué sé, quizá dejar una marca en su vida. En realidad había una mezcla de emociones que no entendía.

"Con una sola sesión no vas a aprender lo suficiente, tienes que soportar el dolor" –me dijo. Me separó de su verga y unas pinzas dentadas que colocó en mis pezones. Quería morirme del dolor que estaba sintiendo, pero me negaba a decir la palabra rojo, estaba soportando de la mejor manera ese exquisito dolor cuando un vibrador empezó a estimular mi clítoris. Había oído de ese aparato, incluso pensé en comprarlo y ahora lo estaban utilizando conmigo, iba a acabar pero no pude, el Amo me lo quitó y el dolor volvió. Quince minutos estuve así, alternando entre dolor y placer sin llegar nunca al orgasmo, hasta que al final fueron liberados mis pezones, al fin otra vez otro delicioso orgasmo llegó y quedé tumbada en el suelo.

"Levantate y colocate en el cepo" –me ordenó. Lo intentaba pero no era capaz, mis piernas estaban temblando, nunca antes había tenido tantos orgasmos, estaba viendo lo que mis ojos habían visto en esos vídeos y lo disfrutaba. Me dijo: "Ahora el tiempo no se detendrá, si no te colocas en el cepo no seguiremos". Quedaban treinta minutos y quería más, como pude me levanté y me puse en el cepo, el Amo lo cerró dejándome aprisionada. Se colocó detrás mío y con su verga empezó a acariciar mi clítoris, lo cual me proporcionaba un gran placer, pero sabía cuando detenerse antes de que tuviera un orgasmo. "Mira al frente zorra" –me dijo. Levanté la cabeza y ví una cámara enfocándome directamente. "Mirando a camara vas a decir tu nombre, tu edad, donde trabajas y cuanto te gusta ser una puta sumisa" –ordenó. Eso era muy humillante pensé, pero era lo que buscaba.

Obedecí y dije:" Me llamo Emily, tengo treinta años, trabajo en el Banco de Crédito e Inversiones; soy una esclava sumisa a la que le gusta que la usen, la humillen y la azoten". Mientras decía esto el AMO me follaba duramente, pero al acabar la frase se detuvo. "Lo has hecho mal" –dijo con enojo. "¿En que he fallado mi Señor?" –le pregunté. "Dime tu nombre" –dijo. "Emily mi Señor" –dije. Me dió una nalgada que me remecio por completo, dejando ardiendo mi culo. "¿Cuál es tu nombre?" –me preguntó. "Emily mi Señor" –respondí. Esta vez no fue una nalgada, sino que fueron dos, una a cada lado. Sentía la fuerza de su mano y como mi culo ardía mientras intentaba contener las mi humedad y las lágrimas. "¿Cuál es tu nombre?" –preguntó con rabia. "Emily mi Señor" –le dije al borde de la desesperación. Tres nalgadas más me fueron dadas más fuertes que las otras. "Eres una puta obstinada. ¿Cuál es tu nombre?" –dijo ya con un tono de una marcada molestia. "Emily mi Señor" –respondí ya entre sollozos. Está vez me nalgueó hasta que su mano se cansó y me dijo: "No, así no te llamas. Quiero tu nombre real" –me dijo. "Emilia mi Señor. Por favor no me castigue más, perdone mi Señor mi grave error" –le dije suplicando. Esta vez mi culo no fue azotado si no acaricadoo y el AMO empezó a follarme muy lentamente.

No me gustaba que me llamaran Emilia, era lo mas humillante que nunca pensó que iba a hacer. Pero repetí todo desde el principio: "Me llamo Emilia, tengo treinta años, trabajo en el Banco de Créditos Inversiones; soy una esclava sumisa a la que le gusta que la usen, la humillen y la azoten. Noté con lágrimas en los ojos como el AMO cada vez me follaba mas duramente. Gemía con gran placer olvidándome por completo de mis emociones, cerraba los ojos y alucinaba con ese tortuoso placer. Haber sido doblegada de esa manera, tan salvaje, era lo último que se esperaba y sin darme cuenta estaba cayendo en un profundo abismo de orgasmo y espasmos que me dejaban sin fuerzas, disfrutando como nunca. Él seguía follándome sin bajar el ritmo. Me estaba volviendo loca. De repente, se detuvo y abrió el cepo. Él no había acabado aún y eso era una tortura para ella ya que su finalidad era que su Amo pudiera disfrutar de su cuerpo que había sido ofeendado para ese fin. "Los sesenta minutos han acabado y la sesión ha finalizado" –dijo en un tono serio. Levanté la cabeza y miré el reloj. Era cierto, la sesión había finalizado. "Fólleme el culo, por favor mi Amo, es suyo, será el primero que lo use" –le decía entre lágrimas, no quería que ese vínculo se rompiera. "Ya te lo dije, la sesión ha terminado" –me dijo. Me puse de rodillas frente él y me tendí en el piso, besaba mis zapatos y le suplicaba. "Quiero firmar un contrato de un año como su sumisa, sin derechos, renuncio incluso a los derechos sobre los videos grabados hoy, puede usarme como quiera, incluso prestarme a otros Dominantes, seguro que pagarian por follarme" –le decía. 

A don Darío nunca le había pasado esto antes. Muchas sumisas habian pasado por esa mazmorra, pero pocas habian repetido la experiencia, tal vez por el miedo a ser reconocidas y ser apuntadas con el dedo por aquellos moralistas, tal vez otras que con una vida ya formada quisieron experimentar algo nuevo y la vergüenza les consumía. No era mi caso, ya no me importaba nada, solo estar a disposición de ese hombre al que abrazaba desde sus piernas y le suplicaba no perderlo. Ahora tenía ante si a una mujer que queria ser su sumisa, sin condiciones. "No quiero prostituirte ni que tampoco otros hombres te usen, sé que me pagarían muy bien por tener una puta para saciar la lujuria de otros. Podría usarte en talleres como sumisa para enseñar a Amos y sumisas, serías usada como una modelo de pruebas, obviamente solo podrías realizar las prácticas conmigo y también estar a mi disposición para saciar mi lujuria en la mazmorra" –dijo. No podía expresar mi alegría, había una posibilidad abierta para convertirme en una sumisa real. Con mayor devoción me aferré a sus piernas con fuerzas y lamía los zapatos de don Darío. Su voz resonó como en mi interior como el sonido del trueno cuando dijo: "Está bien, te acepto como Mi sumisa durante un año con una condición". "¿Cuál mi Amo?" –pregunté. Entonces dijo: "Si después de ese año quieres aumentar el tiempo, el siguiente contrato será de por vida". Mi corazón comenzó a latir con fuerza, estaba tan emocionada de oír esas palabras; sin pensarlo dije: "Sí, mi Amo". Me dejó sola por unos minutos y llegó con el nuevo contrato y dijo: "Toma tu tiempo y léelo, si crees estar lista firmalo". Leí letra por letra y firmé el contrato contenta, incluso con lágrimas en los ojos. ¡Por fin había encontrado un Amo! Uno auténtico.

"Ahora arrodillate y separa las nalgas con tus manos, con la cabeza apoyada en el suelo" –ordenó. Por fin, por fin iba a entregar mi virginidad anal a un Amo de verdad, a mi Amo. Antes de follarme tomó un tubo de lubricante y puso gel en mi culo y con un dedo primero y dos despues empezo a dilatarlo. ¡Qué rico se sentía como mi agujero se moldeaba a sus dedos, ya estaba lista para que usara mi culo a su antojo. Sentí como bajó el cierre de su pantalón y lentamente su glande se abría paso, hundiéndose en mis entrañas. Él gemía por el placer que estaba sintiendo de inaugurar mi culo para su uso y yo gemía por sentir como empezaba sus movimientos. ¡Ah, así! Lento, con sus manos grandes posándose en mis caderas hasta sentir esas embestidas de toro embravecido. Mi culo se abría ante la impetuosa verga de mi Amo, no había dolor, solo sentía placer cada vez y mis gemidos se hacían ensordecedores. La verga de mi Amo se había apoderado de mi virgen agujero.

Siempre había pensado que el sexo anal era doloroso pero en ese instante solo podía pensar en lo placentero y exquisito que vivía. También había olvidado las cámaras que filmaban cada detalle de cómo estaba siendo usada. Ahora sí me sentía como la puta de Abella Danger en sus videos, incluso pensar en eso encendía más mi lujuria y me calentaba en extremo. Otro orgasmo se acercaba, y cada vez gemía con fuerza; le decía a mi Amo que lo hiciera con más fuerza, que no tuviera compasión de mí. ¡Oh, qué satisfacción! Al fin otro orgasmo me abrazó con intensidad y envuelta en sudor me dejé llevar hasta babear en el suelo.

"¡Chupala!" –ordenó. La verga de mi Amo acababa de dejar mi culo, y meterla en mi boca en mi boca era un regalo inmerecido pero lo hice con todo el placer que corría por mis venas. Él lo había acabado ni una sola vez y yo quería sentir su semen en mi boca. Se la chupe, la lamí como nunca antes lo había hecho, sentís como se hinchaba en mi boca hasta que al fin acabó, derramando todo ese tibio semen llenando mi boca, tragué hasta la última gota de su semen, sin despreciar nada. Aún quedaba algo más y estaba dispuesta a hacer todo lo que él deseara.

"Ahora masturbate hasta acabar pero esta vez delante de la cámara" –me ordenó. Casi sin fuerzas me fui hasta la cámara, ahí comencé a jugar con mis dedos en la vagina. "Muestra tu cara de zorra" –me decía. Esas palabras me calentaban demasiado, ese tono de voz severo e implacable me hacía recobrar fuerzas para complacerlo. Al cerrar mis ojos mientras el placer se intensificaba, lo hacía como en la soledad de mi cuarto, imaginando que alguien me veía hacerlo y disfrutaba tanto como yo. Ahora sí mi Amo quería podrían verme, ya que renuncié al derecho de no ser exhibida, la verdad eso me calentaba más, quería que él mostrara esos vídeos a quien quisiera, total era su puta y mi cuerpo le pertenecía.

Emilia se dirigio hacia la camara y se toco hasta correrse, como imaginaba cuando lo hacia en su dormitorio pensando que la veian, pero esta vez si queria Su AMO, la verian. Al fin acabé en un intenso squirt que mojó la lente de la cámara, él complacido sonrió y dijo: Eres una buena puta". "Gracias mi Amo" –le dije con alegría. "Ya es tiempo que te vayas, te vas a ir sin bragas y sin brasier, tampoco te bañarás. Irás oliendo a puta". "Cómo usted lo desee mi Señor" –respondí. Me vestí solo con la falda y la blusa que llevaba, la vagina húmeda y mi cuerpo envuelto en sudor me subí al Metro; sentía que la gente me observaba pero no sentí vergüenza. No pasaron diez minutos que llegué a casa y sonó mi teléfono, era mi Amo quien estaba llamando para saber cómo había llegado, le respondí que bien y le agradecí por ser Su sumisa.

Desde ese día mi percepción de mi misma cambió, me sentía la más puta de todas, sobretodo cuando me ordenaba ir al baño y tocarme para él hasta ceder al placer a través de un orgasmo. De esto ya ha pasado un año y le pedí la renovación del contrato. Ahora, estamos listos para realizar una ceremonia en la que me entregaré por completo a él y más adelante le pediré que coloque su marca en mi piel y así pertenecerle por completo.





Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. ⛓️Fiorella De Mr. P⛓️6 de julio de 2022 a las 6:52 a.m.

    Mmmmm Encantador relato🔥muy excitante , los detalles perfectos
    En toda la lectura lo senti a ud mi Amo, a ti mi apasionado perverso
    Tiene. Ese toque que me encanta
    Rico...
    rica lectura que me ha dejado mojada y con ganas de mas...🔥🔥
    Maravilloso relato mi Amor 😈
    Provoca deliciosas sensaciones💋

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  2. Un relato lleno de lujuria de inicio a fin, gracias por compartir

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  3. Waooooo tremendo relato de deseo pasión lujuria entrega y sumisión en donde todo se puede con el Amo correcto se rompen barreras y a la final creo q el.fisico como decía Emily no es todo es quien te guía y te hace llegar a a nunca antes pensaste un excelente relato como siempre Caballero

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  4. Maravilloso relato, como siempre gracias por las sensaciones despertadas Mr.P

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  5. Me encantó caballero muy excitante

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  6. Leerle siempre me pierde dentro del relato, lo digo en el buen sentido.

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  7. Me encantó su relató, gracias por compartir su perversidad.

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