78. Me convertí en la puta de mi hijo y sus amigos

 


Comenzaré diciéndoles que ni nombre es Ana, actualmente tengo 43 años, y desde hace 2 años han pasado algunas cosas que dejaron huella en mí, haciéndome cambiar por completo. Para ir avanzando rápido en lo que muchos de ustedes quieren leer, les resumiré: Soy la putita de mi hijo y sus amigos. Jamás imaginé que todo esto sucediera, pero debido al abandono total en que mi esposo me ha tenido por años y años, me dejé envolver por la situación que vivía a diario con los chicos. Llevándome a experimentar muchas cosas que nunca esperé vivir, como el incesto, la zoofilia, sexo en grupo, masturbación grupal, intercambio de parejas y demás.

 Soy médico veterinario; poseo mi propio negocio, una pequeña clínica veterinaria en la que trabajo junto a mi hermana y una chica que nos ayuda. Adrián es el nombre de mi hijo. Fabián y Alejandro (conocido como Alex), son como mis hijos adoptivos y los mejores amigos de Adrián. Pasan mucho tiempo en la clínica ayudándome o en casa con mi hijo.

 La relación entre mi esposo y yo, es bastante aburrida e insostenible en ocasiones, constantes peleas, mal sexo, infidelidades de él y demás actos me habían llevado a sentirme con un autoestima muy baja, descuidándome a mí misma, vestía con atuendos de una mujer olvidada, hasta que me armé de valor y decidí divorciarme, el proceso no fue nada fácil, para nadie, por lo que mi hijo y sus amigos me levantaban el ánimo con comentarios inocentes como: "¡Qué guapa se ve hoy doc!, ¡Ese vestido le queda muy bien! ¡Con ese peinado se ve más joven!". Etc. Todos esos comentarios me hacían sentir muy bien ya que, durante años para mi esposo, solo era la molestia que vivía con él, quejándose de todo y por todo.

Unos meses después de haber superado apenas el proceso de mi divorcio, comencé a arreglarme de nuevo, mostrándome que aún era una mujer guapa y podía seducir al hombre que yo quisiera, dejé los atuendos de vieja aburrida, para volver a los jeans juveniles, ajustados que mostraban que aun tenia las cosas en su lugar, las blusas, camisetas de tirantes, etc. Por si no lo había dicho, soy una mujer promedio, no una súper modelo de revista, mucho menos una estrella porno. Mido 1.75 de estatura, soy morena clara, cara ovalada, bonita, al menos eso creo, ojos cafés, nariz respingada, boca pequeña, con labios delgados, cabellos castaño obscuro ondulado y largo hasta los hombros, complexión delgada, senos pequeños, cintura pequeña, cadera mediana, trasero pequeño, pero parado y piernas delgadas. Con todo ese cambio, muchos clientes comenzaron a rondarme, pero había un problema, eran casados y no quería más problemas en mi vida, con lo que comencé a poner el ojo en los jovencitos que frecuentaban la clínica, pero ninguno me llenaba el ojo para los fines que yo tenía en mente. Hasta que una tarde mientras los amigos de mi hijo estaban en la clínica, los escuché hablando sin que ellos se percataran de que lo hacía.

 Alex: “¡Oye! ¿No has visto cómo ha cambiado La Doc. desde que se divorció del bolsa de babas?”.

 Fabian: ¡Sí! La verdad se ve cada día mejor, incluso creo que se apuesto hacer ejercicio.

 Alex: ¡No te creo! Es la mamá de Adrián, pero hay que reconocer que sí está re buena la Doc.

 Fabian: ¡pues será la mamá del Papa, pero de que está buena, está buena!

Si había buscado un chico que me diera lo que me faltaba, aquí tenia no solo uno, sino tres. La pregunta era ¿cómo lograrlo? Los chicos me veían como la madre de su mejor amigo, así que debía poner en práctica todas las artimañas aprendías en mis años de juventud. La seducción comenzó como cualquier otra, mostrándoles mi trasero de forma sugerente, o mis bubis al inclinarme frente a ellos, notaba que me miraban con los ojos bien abiertos y después disimulaban que lo hacían. Poco a poco las poses sugerentes, pasaron a los roces de manos, un toque en la mejilla, un beso de despedida cerca de los labios y demás.

Con 19 años, aquellos chicos eran pura adrenalina, morbo, virilidad y juventud. Las miradas que le daban a mi cuerpo, pensando que yo no me daba cuenta, los nervios que mostraban cuando me les acercaba, todo aquel jueguito me encantaba.

Una noche viernes mientras me encontraba cerrando la clínica, recibí un mensaje de Adrián pidiéndome permiso para que él y sus amigos se reunieran en la casa después del entrenamiento de futbol americano, así jugar un poco de PlayStation y tal vez pasaran la noche ahí. Mi respuesta fue sí. Pasados unos 45 minutos, los cuatro chicos llegaron a casa, la cual está ubicada justo arriba de la clínica, el sonido de sus zapatos me lo anunció. “¡Hola chicos! ¿Cómo fue todo bien? –pregunte mientras servía un vaso con agua. “Bien gracias Doc. –respondieron al unisono. No pude dejar pasar la oportunidad de míralos con el torso cubierto por pequeñas camisetas de lycra, las cuales se ajustaban muy bien a sus atléticos cuerpos, notando que Alex, era quien tenía menos masa muscular, pero no por eso un cuerpo hecho a mano. No sé si debido a los protectores que usan debajo de las denominadas fundas, sus paquetes se veían enormes y lo apretado de las mismas marcaba perfectamente sus delineados traseros. Fue este juego quien los convirtió en amigos desde los 8 años. El remordimiento de ver a mi hijo con ojos de morbo, hizo que me sacudiera un poco los pensamientos pervertidos y retomara el papel de madre.

“¿Quieren algo de cenar? ¿Pido una pizza?” –pregunté. “¡Sí, gracias mama!” –respondió Adrián y los otros dos dijeron: “¡Gracias Doc.!”. Se me hacia gracioso que después de tantos años de concernos me dijeran Doc. y no me llamaran por mi nombre o me dijeran tía. “Oigan, ni crean que los voy a dejar sentarse a así en mi sala. ¡van a bañarse todos! –exclamé.

Como unos niños pequeños, los tres tomaron sus cosas de nuevo, tomando rumbo a la habitación de Adrián. Tomé el teléfono para ordenar la pizza, mientras que ellos se preparaban para ducharse, nunca tuve el deseo de mirar o espiar a mi hijo cuando se cambiaba de ropa o se duchaba en la casa, pero esa noche no se trataba de él, más bien de sus amigos, pero haría un descubrimiento que tornaría las cosas aún más complicadas y morbosas. La casa cuanta con un balcón que rodea la misma, por lo que Salí por el ventanal de mi habitación, dando la vuelta hasta llegar al ventanal de la habitación de Adrián, agazapada en medio de la oscuridad de la noche justo en la esquina del ventanal me dispuse a mirar dentro de la habitación.

En un principio los chicos, estaban sentados en la cama, hablando y riendo, uno a uno comenzaron a levantarse de la cama, comenzando a quitarse las camisetas de lycra. Admirar sus cuerpos, me hacía sentirme perversa y caliente, incluso viendo a Adrián, mi hijo. Justamente fue el primero en entrar a la ducha dejando a sus amigos en la habitación, los minutos pasaban y los chicos seguían charlando con los torsos desnudos hasta que Alex fue el primero en quitarse la fundas, dejándome un panorama más claro de su paquete solo cubierto por un suspensorio deportivo, unos segundos bastaron para que lo que había dentro se mostrara ante mis ojos.

Alex es un chico de 1.80 aproximadamente de estatura, piel morena clara, cara redonda con facciones bonitas, ojos cafés, cuerpo delgado extremadamente atlético, siendo le menos musculoso de todos, pero no por ello el menos atractivo, trasero paradito y un paquete bastante bueno, cubierto de vello del color de su cabello. El segundo en quedar desnudo fue Fabián, siendo el más alto de todos, con 1.90 de estatura, piel morena, los muchachos le decían “negro”, cara redonda, ojos cafés, sus músculos son grandes, más bien todo en él es grande, sus nalgas parecen melones partidos a la mitad y por dios, un enorme pene con el glande casi morada, junto a dos enormes testículos colgantes llenos de vellos púbico. La mayor sorpresa, fue cuando mi hijo Adrián, salió completamente desnudo del cuarto de baño de su habitación, Adrián, es el más pequeño en estatura con solo 1.78, su piel es blanca, herencia de su padre, su cuerpo marcado por el ejercicio, sus rasgos faciales muy parecidos a los míos, pero lo mejor de todo, un impresionante verga grande y ancha, junto a unos testículos grandes y llenos de vello. Me recordó a un Gran Danés que tuve que atender en el trabajo, el animal tenia una grande y venosa verga. Vaya que si me mojaba cuando tenia que examinarlo y el muy desgraciado se calentaba al sentir como lo tocaba y quedaba con su trozo de carne afuera. Perdón, mi mente se fue por unos instantes.

Había dejado de ver a mi hijo desnudo desde los 12 años, jamás esperé que lo tuviera así de enorme, aún más grande que Fabián. La excitación podía as que mi razón, sin darme cuenta ya tenia mi mano metida entre las bragas acariciando mi clítoris, mientras que con la otra tapaba mi boca para esconder mis gemidos. El timbre de la casa me obligó a dejar los pensamientos impíos a cerca del cuerpo de mi hijo y sus amigos; la cena había llegado. Durante el tiempo en que los muchachos se tomaron para bañarse, en mi mente solo existía un pensamiento, los pedazos de verga que los tres tienen entre las piernas. Ya estaba decidido, porque seguir buscando en otro lado, teniéndolo tan cerca de mí. Esa noche me dediqué a pasearme frente a ellos, dejando ver mi colita en un apretado jeans. Fabián y Alex me miraban esperando que Adrián no lo notara. Todos usaban bóxer y camiseta. La noche estaba calurosa pero mas calor hacia en mi entrepierna. Después de cenar los tres se instalaron en el sofá de la sala para jugar sus videojuegos. Me despedí de ellos unos minutos más tarde, y me fui a mi habitación, me senté sobre la cama, respiré hondo, me sentía caliente y deseosa, pero había algo que no me dejaba en paz, la idea de que me excitaba con mi propio hijo, eso sí era inesperado. Me dispuse a dormir intentando no pensar más en los chicos, me coloqué un pijama (un short y camiseta con tirantes), satinado color blanco. Ya en la cama con los ojos cerrados pensaba en la infinidad de posiblidades de coger como puta con los chicos; mis dedos tomaron por asalto mi vulva, abriéndose paso entre mis labios buscando mi clítoris. Sentía una corriente eléctrica cada vez que los gemidos brotaban de mi interior. Pensaba en los tres chicos y en la manera salvaje que follaría+ las risas y ruidos en la sala, siguieron por unos minutos más. Después todo quedo en silencio, el calor de la noche, no hacia fácil conciliar el sueño, por lo que me levante de la cama, con algo de sed.´

Salí de mi habitación, solo con el pijama, entrando a la cocina sin hacer mucho ruido, tomé un vaso con agua, cuando de pronto, el susto, excitación y deseo llegaron de golpe. “¡Doc! Hace calor, ¿verdad?” –dijo un susurro detrás de mío. Giré despacio para ver quién era el que hablaba, se trataba de Fabian, quien se había despertado ya que dormía en la sala de la casa, de inmediato sus ojos y los míos se tomaron su tiempo en analizarnos. “¡tenía sed! Lo siento si te desperté” –le dije en voz baja. “¡No hay problema! También tengo sed” –dijo caminando hacia a mí. Su gran silueta, cada vez se hacía más grande, mientras se acercaba. Mi corazón se aceleraba con cada paso que daba. Tomó un vaso con agua, recargándose justo a mi lado.

“¡Fabián! ¿tienes novia?” –susurré, comenzando el juego de la seducción. “¡Ay Doc, no! Las chicas me ven como un niño tonto” –dijo en voz baja. “¿Qué? ¿Niño tonto? por favor. Deberían verte como un chico guapo y buen partido, eres inteligente, alto, con buen cuerpo, ya sabes, justo lo que toda chica quisiera –le susurré acercándome a él. “¿Usted cree?” –preguntó con timidez. Fabián, me miraba fijamente, miraba mis tetas sin poder despegar los ojos, hasta que la voz de Alex, desvió nuestras miradas “¿Qué hacen?” –preguntó. “¡Nada! Tomando agua y charlando con la Doc. ¿Quieres? –preguntó. “Sí. ¡Hace mucho calor! –dijo Alex clavándome la mirada y recorriéndome con los ojos. Creo que debió estar aun un tanto dormido porque a Alex en ese momento se le escapo decir. “¡Doc está usted muy guapa!”. No dejó a Fabián y a mí con la boca abierta pero no podía esconder mi satisfacción de saber que algo les provocaba. “¿Qué pasa contigo? ¿Cómo dices eso?” –le preguntó Fabián. “¡Perdón! ¡Perdón Doc!” –dijo Alex algo avergonzado. Me reí y le dije. “No te preocupes, y gracias por el cumplido. A una le hacen falta de vez en cuando”. Me giré dándoles la espalda a ambos para que tengan una vista privilegiada de mi culo. “Usted, ¿por qué no tiene novio Doc? –preguntó Fabián. Su pregunta ya era en tono cachondo, por lo que tome unos segundos para elevar el suspenso. “Pues porque no quiero uno. ¿Por qué uno? Si puedo tener varios” –dije vuelta una puta. Ya no podía disimular más, quería que me cogieran y que me hiceran gritar coo una sucia perra. “¡Vaya! ¡Por eso me cae bien! –dijo Alex desnudándome con la mirada.

La conversación cada vez subía de tono y el calor en mi entrepierna aumentaba con cada segundo que pasaba en la cocina con los dos amigos de mi hijo. En un segundo me convertí en la mujer más desinhibida del mundo y dije: “¿A poco ustedes no quisieran ser mis novios? Sé lo que dicen de mí, los he escuchado; incluso sé que ahora la tienen dura pensando en la forma que me desnudarían para cogerme en el piso de la cocina como animales salvajes”. Ambos se miraron con asombro, regresando sus miradas a mí, respondieron. “Claro que sí” –sus voces se escucharon al unísono. Ya habíamos perdido el pudor, mi vagina estaba mojada, mis pezones duros y estaba hirviendo por dentro, solo pensaba en coger con los amigos de mi hijo. Dejé mi lugar, para acercarme un poco a ellos. “¿Habla en serio Doc?” – preguntó Fabián tartamudeando. Por Dios como no se dan cuenta que me les estoy entregando en bandeja y ninguno de los dos reacciona. “¡Sí! Pero tienen que prometer que serán discretos y no andarán contando nada a nadie. Les prometo que haré lo que ustedes quieran” –les dije casi entre gemidos. Ambos se quedaron sin habla, noté que estaban asustados en demasía, no sé si por la forma directa de decirles lo que imaginaba, por lo que yo también entre en pánico, queriendo dar marcha atrás. ¡Saben, creo que me equivoque, lo lamento! Hagamos de cuenta que nada de esto paso, será mejor que me vaya a dormir porque estoy diciendo tonterías”– dije dando vuelta para salir de la cocina. No alcance a dar ni dos pasos, cuando los enormes brazos de Alex me rodearon por la cintura, mi cuerpo pequeño era una pluma para tan enorme chico. “¿Por qué huye? ¿Piensa que no podemos darle lo que quiere?” –dijo Alex en mi oído. Su enorme verga se pegó en mi espalda, mientras sus brazos me sostenían con fuerza, mis ojos se cerraron disfrutando de aquella verga en mi espalda. Mis ojos se abrieron con asombro cuando sentí unas manos en mis tetas. “Hemos fantaseado por mucho tiempo con esto” –dijo Fabián mientras sus manos se apoderaban de mis senos.

 “Chicos no hagan ruido” –les dije gimiendo y disfrutando del momento. Mis tetas eran apretados con fuerza por Fabián, mientras que Alex metía su mano enorme dentro de mis pantaloncillos del pijama. “¡Qué ricas nalgas! Las tiene apretadas”  –dijo Alex en mi oído, mientras las apretaba y deslizaba sus manos. Mi sangre hervía, mi vagina palpitaba y gemidos cortos salían de mis labios. “¡Ay Doc estas tetas me tienen loco! ¡Quiero chuparlas! –dijo Fabian, mientras de forma titubeante se acercaba a ellas. La forma en que las apretaba y las lamia era exquisita y las manos de Alex en mis nalgas me llevaban a la locura. Hacía años que no sentía tanta energía sexual. Mis manos no aguantaron más, se fueron directo a tomar ambas vergas por encima de sus bóxer. Los chicos disfrutaban de mi cuerpo, mientras yo me volvía loca sintiendo sus enormes miembros en mis manos.

 “Ana, desnúdate, déjanos verte sin ropa” –dijo Alex bajando mi short. Sus palabras me llevaron al éxtasis total, un chico de 19 años quería verme desnuda, las grandes manos dejaron de apretarme las tetas justo después de escuchar a su amigo. Los dos se apartaron de mí un poco dándome un poco de espacio. El diminuto short del pijama ya estaba en mis muslos, por lo que mi sexo estaba expuesto a sus miradas, me lo quité por completo para que se deleitaran sus morbosos ojos. Mis manos tomaron mi camiseta, sacándola por encima de mi cabeza, con lo que mis senos se mostraban duros por la excitación del momento. Mis manos después de haberme dejado a la vista de los chicos, se posaron encima de mi abdomen, cubriendo la gran cicatriz de mi cesárea y su adiposidad inherente. Lo único que odio de mi cuerpo. Permanecí, de pie frente a ellos sin hacer ruido, solo nuestras respiraciones se escuchaban agitadas y en aumento. Los dos muchachos caminaban a mi alrededor, admirándome desnuda. Parecian dos animales hambrientos que rodeaban a la presa listos para atacar y destrozarla para saciar su hambre, pero esta vez eran dos machos jóvenes llenos de lujuria que estaban por hacer realidad una de sus fantasías, cogerse a la mamá de su mejor amigo. “¡Estás bien buena Ana! ¿Quién iba a decir que resultarías tan puta?” –dijo Fabián pegándome una nalgada. “¡Oh, que rico! Nunca me habían nalgueado” –exclamé con un gemido suave. Claramente esa fue la voz de ataque para ellos, comenzado a turnarse para nalguearme. Mis leves gemidos apenas se escuchaban en la casa, mientras ellos se ocupaban de mi trasero, empecé a caminar hasta la sala, cuando llegamos los tres me senté en el sillón y dije: “¡Quiero ver sus vergas; ustedes me tienen desnuda y ustedes no se han quitado los bóxer. ¡Déjenme verlos!”. La suave luz de la calle iluminaba la sala de la casa, sin más vergüenza de por medio, los chicos se bajaron los boxer, dos gordas y apetitosas vergas se dejaron ver. “¡Wow! ¡Qué ricas!” –dije entre un suspiro, mientras las tomaba con ambas manos.

 Las caras de aquellos muchachos se notaban llenas de morbo y deseo al sentir mis manos sobre sus miembros, frotándolos lentamente. Poco a poco se iban poniendo mas duros, mis manos se aceleraban y sus testículos se balanceaban al ritmo del movimiento de mis manos. “Ahora verán lo puta que es esta Doc” –les dije. ¡”Oh, que rico! Así Doc, no pare” –gemían a la vez y disfrutaban de la manera en que los masturbaba. “¿Así se pajean pensando en nmí cundo están en sus casas?” –les pregunté. “Sí, puta pero tú lo haces más rico” –me decían como un perfecto coro con sus voces calientes. Pasaron algunos minutos antes de que mis labios fueran directo al enorme pene de Fabián, dejándole una suave chupada en su glande, haciendo lo mismo con el de Alex. Los dos chicos se estremecían por la descarga de placer; sobre todo cuando sintieron cuando mis dientes se clavaron con delicadeza en la punta y mi lengua jugaba recorriéndolo. Poco a poco mis labios dejaron que sus penes se introdujeran en mi boca, comenzando a darles una mamada a ambos. En el silencio se escuchaba como me encargaba de sus vergas tiesas. Las manos de los dos se turnaban para jalarme del cabello y marcar el ritmo de mi mamada cada que su pene entraba en mi boca. Mientras con su otra mano apretaban mis tetas y jalaban mis pezones.

 “Doc ¡Qué bien la chupa! ¡Siga no se detenga!” –decía Fabián mientras trataba de tragar más de su monstruosa verga. “Te imaginas, si así la chupa ¿Cómo se ha de menear esta puta?” –dijo Alex. Seguía chupándoselas pero las dos a la vez, querían que vieran que no necesitaban una puta joven para saciarlos, si conmigo podían tener todo lo que su perversión quisiera.  Había decidido hacer que estos encuentros furtivos duraran aunque estuviera mi hijo en casa y se diera cuenta de lo rico que me la pasaba con sus amigos. Era una puta de vocación y que mejor que tener dos amantes jóvenes para darme en el gusto cuando mi concha tuviera hambre de verga.

Alex buscaba obtener algo más que una mamada o masaje de tetas. Colocándose de rodillas, tomo mis piernas abriéndolas, jalándome hacia el frente un poco. La verga de Fabián salió de mi boca, debido al jalón de Alex, obligándome a recargar mi espalda sobre el sillón. Fabián subió una de sus rodillas en el apoya brazos del mismo, dándome su verga otra vez. En ese momento comprendí que los chicos no eran tan inexpertos como yo creía y lo confirmé cuando Alex se metió entre mis piernas pasando su lengua por mi sexo. El muchacho me hacia gemir de forma descarada, me retorcía al sentir como su lengua causaba estragos en mi vagina. “¡Oh Alex! ¡Qué rico me la comes! ¡Así nene, no pares!” –le decía. “¿Le gusta así Doc?” –me preguntaba. Ya no podía responder por tener mi boca llena con la verga de su amigo. La lengua de Alex, lamia mi vagina, con gran maestría, pasando por el largo de mis labios vaginales, coronándolo con ligeros lengüetazos en mi clítoris, incluso la metía en mi vagina, haciéndome sentir ligeros espasmos de placer. Mientras que mi boca se deleitaba con la deliciosa verga de Fabián. Le masajeaba ligeramente los testículos y me los metía en la boca como cualquier comida exótica.

Fabián gemía mientras le comía los testículos. Minutos después los chicos, decidieron cambiar lugares, ahora quien me lamía la vagina era Fabián, mientras que Alex, me daba como cena su verga. “¡oh! Doc ¡Ufff! ¡Qué bien la chupa! ¡Mierda! ¡Quiero metérsela hasta el fondo!” –decía mientras gemía y apretaba mis tetas.

La boca de Fabián se desplazaba con destreza a lo largo de mi palpitante sexo, mientras su lengua me hacía sentir el cielo. Siempre me ha gustado el sexo oral, pero a mi ex esposo no, por lo que dejé de practicarlo por años y ahora mi vagina estaba a merced de dos chicos que conozco de pequeños. “Sí Doc. Queremos metérsela, queremos que gima deliciosamente. ¿Podemos?” –susurró Fabián dejando mi vagina por unos segundos. Deje de chupar la verga de Alex, mas no de masturbarlo despacio, levanté un poco la cabeza para ver a Fabián, quien me miraba con ojos de “por favor”. “¡Ay chicos! Es que soy algo escandalosa, me gusta gemir mientras me la meten y en eso se me va la vida y ya saben Adrián, podría vernos” – dije en despacio.

 Fabián, tomo su verga, poniéndola justo encima de mi vagina empapada por mis fluidos y su saliva, suavemente comenzó a golpear su miembro contra mi monte sexo, la decisión era fácil, como no querer sentir esas dos penes apetitosas y duras dentro de mí. “¡Está bien, métemela! pero sin hacer ruido” –le dije. Aunque eso será difícil, por el tamaño que tienen. “La verdad, la tienen muy grandes” –dije. “¿Usted cree? ¿Su ex la tenía así?” –preguntó Alex mientras me pegaba ligeros golpecitos en la cara con su verga. No sabía si responder su pregunta pero era algo que debía ser contestado. “¡la verdad no, para nada!” –respondí abriendo mi boca deseosa de seguir chupándosela. Fabián ya no aguantaba las ganas de meter su verga hasta el fondo, se masturbaba un poco mientras sus dedos palpaban mi sexo tratando de encontrar la ansiada entrada. Después de eso, coloco su glande justo entre mis labios vaginales, empujó un poco, dejándome sentir su enorme miembro dentro deslizándose hasta la base. “¡Oh, me partes! ¡Oh, déjala dentro y no te muevas! Quiero sentirla así, dura y gruesa dentro!” –le decía. Él permaneció quieto unos minutos hasta que empezó con sus endiabladas embestidas. “¡Dame asi chiquito! ¡Hazlo como el macho que eres! ¡Dale verga a esta puta, esa deliciosa verga gruesa y jugosa que tienes Fabián!” –le decía dirigiendo como debía hacerlo, de manera que a mí me calentaba más de lo que ya estaba. Si bien es cierto, quería complacerlos pero también sacaría partido para complacerme, eso estaba claro. “¡Uffffff, ahora despacito nene!” –le decía mientras seguía deslizándose lento para clavármela otra vez por completo.

 Su cara reflejaba placer en grado máximo, sus ojos se cerraron, su boca se abría con cada centímetro que recorría su pene dentro de mí. Sus manos me sujetaban con fuerza de las caderas, mientras que Alex tocaba mis tetas y mi boca seguía disfrutando de su deliciosa verga. Los ojos de Alex, buscaban la forma de mirar como su amigo me penetraba despacio. Pasados unos segundos el miembro de Fabián, estaba totalmente incrustado en mi cavidad vaginal otra vez, tan duro como al principio. “¡Déjalo ahí, no lo saques ni te muevas! –le decía disfrutando la forma en que me cogía y la verga de Alex en mi boca. Fabián no decía nada, pero su cara me decía lo que su boca no. Sus ojos cerrados, su boca abierta, la respiración agitada, sus manos asegurando a la presa, para que no escapara, todo eso me daba a entender que lo disfrutaba tanto como yo. Mis paredes vaginales se adaptaron al grosor de la verga de Fabián, cada vez era más placentero cuando empezaba con esos movimientos perversos que más de un gemido arrancaban de mis labios. Me dediqué a darle una buena mamada a Alex, quería que estuviera satisfecho, quería meterme en su mente para que siempre que se calentara corriera a buscarme así como su amigo; quería ser la hembra que saciara a esos dos jóvenes machos y ser la dueña de su semen llenando mis cavidades.

 Me sentía como una muñeca chiquitita frente a esos dos toros en celo. Alex me sujetó del pelo, dándome más y más verga en la boca. Lo tragaba casi por completo, las arcadas que me producía su miembro comenzaban a ser más sonoras y la manera en que la metía Fabián eran lentas por lo que podía disfrutar cada centímetro que su miembro recorría dentro de mí. Escupía la verga de Alex  mientras mi mano quería arrancársela a jalones. “¡oh, mi Dios! jamás pensé estar haciéndolo con dos, y menos con ustedes dos. Me gustan sus vergas nenes” –decía agitada y volviéndome toda una puta. Ellos lo disfrutaban, se les notaba en la mirada pervertida que sus ojos mostraban; me sentía una puta pervertida, que solo deseaba la verga de sus jóvenes amantes para sentirse plena. Al unísono dijeron: “A nosotros esa boca y la concha de puta que tiene Doc. ¡Está bien rica Doc! –decían ambos mientras todos disfrutábamos del momento. Entre gemidos y espasmos estábamos en perfecta sincronía, dejando que la lujuria se hiciera parte de la escena, haciendo que mi corazón quisiera explotar de la excitación, no podía más que gemir y dejarme llevar. Los muy perversos cambiaron de posición, ahora me estaba comiendo la verga de Fabián mientras Alex taladraba mi vagina palpitante. “¡Quién lo diría Doc, usted resulto ser toda una putita! ¡Me encanta que lo sea!” –dijo Fabián dejando caer su verga en mi boca. Solo la recibí para engullirla completa y ahogarme con ella. Alex comenzaba a darme su verga en mi vagina con movimientos toscos que hacia doler mi interior pero que disfrutaba al grado de olvidar ese dolor y disfrutar de la cogida brusca de un macho saciando sus ganas. Fabián por su parte apretaba mis tetas con fuerza, tiraba de mis pezones y los retorcía, no podía gritar porque su miembro llenaba por completo mi boca. Él marcaba el ritmo despiadado con el que quería que se la chupara, los miraba a ambos con cara de satisfacción porque entre ambos me daban todo el placer que no había recibido en años y mi hinchada vulva era la muestra evidente de mi satisfacción. No sé cuantas veces he tenido orgasmos en esta noche, solo son abundantes, mis jugos están impregnados en el sofá, mi sudor hace brillar mi cuerpo con la tenue luz que entra desde la calle y mis gemidos pasaron de ser quietos y casi imperceptibles a delirios agónicos por tan intenso placer, es como si los tres fuéramos el complemento perfecto a la hora de coger y estos chicos si sabían hacerlo.

 “Ahora quiero que me cojan los dos a la vez, quiero sentir sus vergas en mi concha y en mi culo. Destrocen a esta puta” –les dije. En sus rostros se veían las ganas desenfrenadas por hacerlo y en mis ojos se veían las ganas de sentirlos a la vez. Fabián se tumbó en el piso y me monté sobre él, mi culo quedó en completa disposición de Alex quien sin misericordia me la ensartó de una vez haciéndome gritar del dolor que experimentó mi culo al ser abierto después de tanto tiempo. Se notaba en ambos que ya no podían resistir las ganas de soltar su semen, pero ambos ponían el mayor esfuerzo para no hacerlo y regalarme otro orgasmo. La velocidad y dureza de las embestidas de mis amantes se tornaban intensas y constantes, Alex jalaba mi pelo y Fabián mordía mis pezones. ¡Oh mierda! ¡Qué rico se sentía! En ese momento solo importaba una sola cosa, el placer que los amigos de mi hijo me daban, había que recuperar tiempo perdido, nunca antes había imaginado, estar en una situación como esta, pero me encantaba, empezando a actuar como una mujer necesitada de verga.

 “¿Le encanta como se la metemos Doc?” –me pregunta Alex, no podía articular palabra debido a los intensos gemidos, solo movía mi cabeza afirmativamente. ¡Qué ricura de mujer! No me equivoqué en hacerla parte recurrente de mis pajas” –decía mientras me daba por culo con fuerza. “Nos vamos a divertir montones con la nueva puta que tenemos” –dijo Fabián. “Sí, soy una sucia puta que solo desea sus verga mi nenitos lindos; siempre me tendrán cuando quieran sacarse las ganas” –les decía. Ya a esas alturas olvidamos por completo que Adrián dormía en su habitación, dedicándonos a darnos el mayor placer posible, las manos de Alex me abrían las nalgas imagino que sus ojos querían ver su verga hundiéndose dentro de mí. Fabián seguía embistiendo mi concha a placer, mientras que yo experimentaba el mayor placer de mi vida, una de mis manos sujetaba a Fabián de una de sus mejillas mientras que la otra la tenia hacia atrás para tocar mis abiertas nalgas. El placer experimentado era tal, que por momentos creía que me desmayaría, minutos después Alex me llenaba de semen el culo, vaciándose por completo, sentía como su semen quemaba mis intestinos dejándolo palpitante. Era el turno de mi otro amante, ya estaba próximo a descargarse dentro de mí y yo quería que lo hiciera. Sus rítmicas embestidas y sus gemidos me mostraban que ya estaba próximo a acabar. Lo detuve y con unos movimientos circulares de mi parte al fin puso llenar con su leche mi vagina; me sentía la mas puta de todas, sentía que había cumplido el papel de la hembra complaciente y que mis machos estaban complacidos.

 Al fin un gemido largo, profundo y algo sonoro, se escuchó en la casa, cuando yo acabé por última vez. Las piernas me temblaban, la cabeza me daba vueltas, mi respiración y corazón parecían detenerse por instantes, los chicos exhaustos y sudorosos, respiraban con dificultad, Alex, se tendió sobre la alfombra jadeando exhausto. Fabián, por el contrario, esperó un poco más hasta que su verga comenzó a perder dureza, fue hasta ahí que me levantó con sus fuertes brazos, poniéndome de pie; las piernas me fallaron por lo que una vez más me sujeto, dejándome sobre el sofá. Se sentó en el sillón agitado como todos. Los tres permanecimos así unos minutos para recuperar el aliento, hasta que mi voz se escuchó de nuevo. “¡Dios, qué locura! Aún no sé si estoy soñando o ha sido verdad pero me fascinó, me encantó como me cogieron, aún mmi culo y mi concha palpitan por la placentera experiencia que me han hecho vivir” –le dije jadeante. No recibí respuesta, fue entonces que logré percatarme de que ambos dormían como unos bebés. Creo que fue muy intenso lo que vivimos, así que me levanté aun con las piernas temblorosas por los efectos de la buena sesión de sexo recibida, caminé hasta donde había dejado mi ropa, tomándola me perdí dentro de mi habitación. No sé cómo pero caí en la cama rendida, mis ojos se cerraron de inmediato quedando desnuda sobre la cama.

 A la mañana siguiente, al levantarme, pensé en la noche que había pasado con los amigos de mi hijo, de inmediato me sentí húmeda y deseosa de nuevo. Al salir de mi habitación, miré a los tres chicos en la cocina, preparaban el desayuno. “¡Buenos días muchachos!” – exclamé al llegar hasta la cocina. Los tres me miraron, sonrieron, respondiendo de la misma forma. Pero los tres tenían algo diferente, algo extraño y que pronto estaría por averiguar. “Mamá, ¿cómo dormiste anoche?” –me preguntó Adrian. “Bien hijo. ¿Por qué lo preguntas?” –le dije, intentaba de poner cara de no culpable. “Porque los muchachos me dijeron que tuvieron una animada platica hasta tarde; tienes hasta cara de cansada” –respondió él. “Bueno, si estoy algo cansada, pero no es nada que un delicioso café nos solucione hijo” –le dije. “Mamita, tal vez un café no sea suficiente porque oí como lo pasaron y puedo deducir que lo pasaron bien los tres mientras yo dormía” –añadió. No podía defenderme, las evidencias eran incriminatorias y estaba perdida porque hasta los chicos guardaron silencio. Intentando escapar de la incómoda situación le pregunto: “¿A qué te refieres corazón?”. Creo que firmé mi sentencia. Porque en sus ojos se veía que el sabia la verdad absoluta de lo que hicimos. “No te hagas la santa conmigo mamá. Porque anoche gemías como una puta mientras estos maricones que tengo como amigos te cogían” –dijo. “No me hables así, soy tu madre” –le dije. “Eres una puta, la puta de mis amigos y a mí me dejaste de lado en la menuda orgia que tuvieron” –me dijo en tono firme. Alex y Fabián quedaron boquiabiertos al igual que yo. “¿Cómo dices semejante barbaridad, una cosa es que haya cogido con tus amigos y otra muy distinta es que lo haga contigo” –le dije con algo de enfado pero con mi entrepierna empapada. “Muy bien pero de esto se va a enterar papá, haber si te quedarán ganas de seguir cogiéndote a mis amigos puta sucia” –me dijo. “¿Cómo te atreves a decirme eso? Entiendo las consecuencias de lo que seria y también entiendo que puedas estar molesto. Pero, ¿qué quieres? Soy una mujer en la plenitud de su vida y que necesita sentirse plena y tus amigos son el doble de hombres que tu padre para satisfacer esa necesidad” –le dije.

Rió y me dijo: “¡Mírate! ¿Tan caliente estás que ni siquiera has notado que estás desnuda y vienes a decirme que eres una mujer con necesidades? Solo eres una puta y nada más”. No cabia en mi al escuchar a mi hijo de la forma en que hablaba; es verdad, estaba desnuda y deseosa pero no le daba el derecho de hablarme de esa forma. Entonces Alex abrió la boca y le dijo a Adrian: “¡A la Doc no le hablas de esa forma!”. “¿La vas a defender? Claro si te cogiste, no se espera menos del regente de putas” –contestó él. “¿Quieres saber si me la cogí” Si, ¿y qué? Me la chupó, le comí su vagina y se la metí por el culo. ¿Contento?’” –le dijo Alex. Entonces Fabián arremetió: “Sí y gimió como una puta mientras se la metíamos. ¿Qué vas a hacer prohibirnos que lo volvamos a hacer?”. Por alguna razón la inadecuada defensa de mis dos amantes me calentó más de lo que ya estaba al ser encarada por mi hijo.

Entonces los dos se pusieron a mi lado y comenzaron a masajear mis tetas delante de mi hijo. Les susurra: “Nenes, esto no está bien, paren por favor”. Alex me dijo: “Anoche fuiste clara, nos dijiste que nos complacerías cuando nosotros quisiéramos por que eres nuestra puta y ahora queremos que nos complazcas”. Adrian no podía creer lo que estaba escuchando y viendo, estaba húmeda y quería complacer a mis machos, entonces dejando la cordura de lado me dejé llevar por mis deseos. Para mi hijo era una sucia puta y vería lo que una puta puede hacer. Empecé a tocar sus deliciosos miembros por encima de sus pantalones y a sentir como crecían en mi mano. Adrian se sentó en una silla del comedor y miraba. “Eso, mírame. Fíjate en lo puta que es tu madre para que hables con razón mocoso malcriado” –le dije. Él solo en silencio miraba como saqué las vergas de sus amigos para masturbarlos mientras ellos seguían jugando con mis tetas. Alex separó mis muslos y se abrió paso para llegar a mi entrepierna y tocar mi clítoris, mira a mi hijo y le dice: “¡Dime si no es puta!”. “¡Qué rico se sienten tus dedos nene. Así sigue” –le decía. Fabián seguía retorciendo mis pezones y Adrian no perdía detalle. Gemía para el deleite de mis machos y también para que mi hijo viera que su mamita era una caliente puta.

 Me arrodillé y empecé a tragar una vez más sus deliciosos miembros a vista y paciencia de mi hijo, quien no aguantó y se tocaba mirando lo que estaba haciendo; estaba tan caliente como yo pero no se movía de la silla sino que veía como engullía las vergas de Alex y Fabián. “¿Te gusta lo que ves” –le pregunté. No me respondió nada. “Ah, no chiquito, dijiste lo que quisiste asi que ahora me respondes” –le dije mientras continuaba devorando esos exquisitos miembros. “¿Acaso no te das cuenta?” –me respondió. “Dime, ¿te gusta lo que ves?” –volví a preguntarle. Esta vez dijo: “Sí, me gusta; eres una puta exquisita. Varias veces te veía cuando te quitabas la ropa para dormir y me iba a cuarto pensando en el día que podría cogerte y lo que me da rabia es que te hayas cogido a mis amigos antes que a mí”. No me esperaba esa respuesta pero mi vagina respondió con un delicioso espasmo, sobre todo cuando sacó su verga para masturbarse a gusto. No podía parar de deleitarme viéndolo y sintiendo a sus amigos en mi boca, estaba siendo presa de la lujuria y ya no había marcha a atrás, no había margen para detenerme ni mucho menos existía la razón en este momento. Al fin se levantó de la silla y se acercó hacia donde estaba, le dice a sus amigos: “Ustedes ya la disfrutaron, creo que ahora es mi turno de hacerlo”. Fabián y Alex no opusieron resistencia se hicieron a un lado y tomaron lugar para ver lo que estaba a punto de suceder.

 ¡Dios! ¡Qué calentura la mía! Se acercó y puso su verga en mis labios, gustosa abrí la boca y la engullí completa hasta la base, lentamente mi lengua se deslizó hasta su glande el que recorrí haciendo círculos y la metí completa otra vez. Adrian gemía de manera tan perversa, mis machos me veían y se la jalaban disfrutando del panorama. “¡Qué deliciosa verga tienes hijo!” –le decía, mientras lo tomaba con fuerza para apretarlo y sentirlo palpitar. El cachorrito que había parido se estaba convirtiendo en uno de mis amantes y yo era su puta.

 Lo desnudé despacio, sin prisa. Una vez ya desnudo lo tomé de su verga y lo llevé a mi habitación, mis otros dos amantes nos siguieron al igual como una jauría de perros en celo sigue a la hembra para obtener el premio de cogérsela. Lo tiré sobre mi cama y le dije: “Chiquito, esta vez sabrás como las putas cogen”. Me subí sobre él y acomode su miembro en la entrada de mi vagina, lentamente me deslicé para que entrara, sin objeción se abrió paso, una vez dentro comencé a moverme apoyando mis manos en su pecho y él se tomó de mis caderas, mis movimientos eran rítmicos, rebotantes y perversos; sentía como me llegaba al fondo. Me decía: “Tú si sabes hacerlo rico mamá”. Ponía más velocidad al oírlo, estaba muy caliente y quería acabar para él de la misma forma que lo había hecho para sus amigos. Fabián y Alex no paraban de masturbarse, esperaban su oportunidad pero yo estaba concentrada en darle placer a Adrian en ese momento. No me recuerdo en qué momento pero la verga de Alex se metió en mi boca y sin objeción se la chupé deliciosamente, entonces sentí como también la verga de Fabián se abrió paso en mi culo, si la noche anterior pensaba en que nunca se me hubiera ocurrido estar con dos hombres a la vez, estar con tres ni en el mejor de mis sueños húmedos lo había vivido.

 Estaba siendo usada por todos mis agujeros y el placer ya no lo podía resistir, casi de manera automática tuve un intenso orgasmo. Los tres no se detuvieron y siguieron en su faena como si la vida dependiera de ello. Querían sacar el mayor de los provechos a la situación y no pararían hasta que cayera rendida y suplicando “ya no más”. Fabián me nalgueaba y Adrian apretaba mis muslos, mientras que Alex jalaba con fuerza mi pelo. No pasó mucho tiempo cuando los tres anunciaron que querían acabar, esta vez quería que lo hicieran en mi boca, en mi cara, en mis tetas, donde ellos quisieran pero quería sentir el espesor de su semen recorriéndome. Así que nos bajamos de la cama y uno a uno explotaron como volcanes. Fabián lo hizo en mi cara; Alex lo hizo cerca de mi boca y Adrian lo hizo en mis tetas. Me sentía como una puta degustando el sabor del exquisito semen que me habían regalado, lo junté con mis dedos y lo metía en mi boca, no quería quedarme sin probarlo. Era delicioso, tibio, el desayuno perfecto para una puta como yo. Una vez limpio mi cuerpo del semen de mis amantes, les limpié con la boca la verga a los muchachos engullendo hasta la última gota de su placer.

 Nos quedamos los cuatro tendidos en el piso, pensando en cuantas cosas perversas y retorcidas podríamos hacer; había un mundo se posibilidades que se abría ante nosotros que si sabíamos aprovecharlo lo disfrutaríamos al máximo.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Me gustó siempre tan perverso una sucia pero muy Excitante escena, candente relato mi Perverso.
    Muy bien descrito con detalles que reviven la escena 🔥🔥
    Y sii !! me excite con la lectura 🔥🔥😈
    Asi como te gusta leer mis comentarios
    Siempre es un placer leerte mi amor💋

    ResponderBorrar
  2. Wao que exitante relato cumplió su fantasía como la puta que había sido mmm interesante muchas gracias por compartir Caballero su relato

    ResponderBorrar
  3. Fantástico. Inmenso placer de una lujuria. Le propuse a mi esposa q gozará igual pero no le gusta. Es una pena

    ResponderBorrar
  4. Ummmm muy buen desayuno, gracias por la historia

    ResponderBorrar
  5. Que caliente y candente. Tantos detalles que excitan a cualquiera 🔥🔥🔥

    ResponderBorrar
  6. Que envidia, ser cogida así por tres hombres que te llenan de lujuria y deseo; gracias por las sensaciones que despiertas con tus deliciosas letras Mr.P

    ResponderBorrar
  7. Cómo siempre es usted magnífico con las palabras y logra hacer que el calor suba en mi cuerpo con sus relatos, me encantan todos y cada uno de los que he tenido la oportunidad de leer y no dejaré de decir que son exquisitos

    ResponderBorrar
  8. Mmm excitante relato te vuela la cabeza

    ResponderBorrar

Publicar un comentario