Me llamo Alfredo, soy de Santiago y quiero contarles algo que sucedió hace ya algún tiempo. A media que vayas leyendo te darás cuenta que todos somos muy similares y que a veces, solo basta un momento de aburrimiento para empezar un juego divertido y lleno de lujuria.
Una tarde de verano estaba un tanto aburrido y sin mucho que hacer. Corría el año 2009, para ese entonces tenía 25 años. Era fin de semana, raro que no hubiera algún panorama en el horizonte pero para mí desgracia el primer fin de semana de febrero resultaba desastroso. En esas cosas de hacer y no hacer, me decidí a buscar alguna aventura que pudiera darme alguna provechosa. Encendí mi computador y entre a Badoo, una antigua página para conocer gente de otro lado del mundo o incluso de la cuidad donde vives. Fue cuando encontré la foto de Nora, una madura de a mi parecer unos cuarenta y algo. Miré su perfil y presentación era simple: "Nora, 42 años, empleada y divorciada". En su perfil de Badoo Nora aseguraba no querer nada sexual. "Nunca digas nunca" –pensé. Pero me atreví a hablarle. Cómo dije, es una mujer madura, de complexión robusta, más no gorda y un rostro no muy agraciado, pero entonces ¿Por qué hacer el intento?, porque contaba con algo que me gustó, unos senos no grandes, pero sí de buen tamaño, con esa caída natural que dejan los años después de haber tenido 2 hijas. En resumen: "Un cuerpo maduro, una nueva experiencia".
Platicando con ella descubrí a una madre soltera, con más de diez años sin pareja, con intenciones de formalizar una relación y tener un compañero de vida. Fuí sincero con ella, le dije que yo buscaba solo amigas para divertirme y pasarla bien. "Jamás engaño en las redes o busco jugar con los sentimientos de alguien". Así que acordamos solo chatear y ser amigos. Chateamos aproximadamente un mes, nada del otro mundo, pero entre conversaciones le hacía notar mi interés por tener un encuentro con ella, insistía en su búsqueda por algo serio y se escudaba tras su edad, pero lanzaba algún comentario interesante: "Podrías ser mi hijo, pero si tuviera diez años menos te haría mi novio" –me decía. Yo tengo 25 años, al correr de ese mes estaba en la ocupación más antigua del ser humano: "Estar sin trabajo". Mi estatura es de 1.87 y según dicen algunas chicas, soy bastante bueno en las "artes amatorias".
Un día por la mañana, en nuestra típica conversación le mencioné que yo sabía hacer masajes y era muy bueno haciéndolo, le ofrecí un masaje el día que lo deseara, pero ella no quería venir a mi casa sin conocerme. Propuso vernos en el cine y ver una película. "Aamm, ¡no!" –pensaba. No quería perder el tiempo viendo una peliculita cursi en un cine. Solo le di largas y cambié de tema. Días después le ofrecí de nuevo el masaje, le expliqué como se lo haría: Con aceite aromático, le expliqué el recorrido por su cuerpo, le dije que pondría música, y que sería un simple masaje (le aclaré que entendía su posición y que no haríamos nada más allá de lo que ella me había dicho muchas veces). Logré convencerla de que aceptara. Me preguntó cuánto le cobraría, solo por dar una respuesta le respondí: "Lo que dicte tu corazón pagar". Después de un momento de cero movimiento en el chat ¡aceptó!
Fue un lunes, era su día de descanso del trabajo y yo sin empleo aún, tenía mucho tiempo libre. Ella llegaría a la parada de buses más cercana a mi casa y yo iría a buscar. No sé, igual me daba un poco de nervios la situación, no digo que nunca haya tenido citas a ciegas. Siempre había estado con chicas acorde a mi edad o incluso un poco menores, pero la situación con Nora era distinta, al menos teníamos diecisiete años de diferencia. La verdad, no era algo incómodo para mí, había alucinado con todo lo que podríamos hacer en la tarde y las ganas me superaban; incluso, me masturbaba pensando en ese encuentro. Así fue, llegó a las 3:25 PM. A veces las fotos muestran cosas diferentes a la realidad, pero esta vez coincidió todo lo que había visto en Badoo, una mujer robusta y muy bajita, pero lo que me sorprendió era lo delicada y joven que se escuchaba su voz. Eso fue extraño pero agradable, incluso sonaba sensual. Mientras caminábamos hacia mi hogar platicábamos sobre cosas sin importancia, en algún momento le pregunte: "¿Por qué aceptaste el masaje? Al principio no querías". "No lo sé" –respondió mientras se veía un poco nerviosa. Al llegar a la casa abrí la puerta, le ofrecí agua o lo que quisiera tomar. Aceptó agua y mientras bebía le indique la habitación donde le daría su masaje. Las sábanas estaban limpias y perfumadas, el cuarto lo acababa de limpiar, se notaba la dedicación para que se llevara una buena impresión. Habían velas aromáticas y música suave. "Esta es la habitación, pasa. Puedes dejar tus cosas y tu ropa en esa mesa. Podrías quedarte en ropa interior y cubrirás tu cuerpo con esta toalla" –le dije. "Bueno, eres muy amable, gracias" –respondió. "Cuando estés lista avísame, estaré aquí afuera" –le dije y cerré la puerta.
Unos instantes después escuché que me llamaba por mi nombre: "¡Estoy lista!" –me dijo. "Ok, voy a pasar" –respondí. Ya estaba acostada boca arriba en mi cama. Ese día dejé solo las sábanas, y ella estaba sobre ellas cubriéndose con la toalla que le había dado. Puse música relajante que encontré en YouTube y comencé a frotar mis manos con aceite aromático. Me coloqué por detrás de su cabeza y comencé con su rostro, recorriendo sus mejillas hasta su mentón, masajeé sus sienes, luego sus hombros, sus brazos y llegué a su pecho masajeando solamente la parte alta de este. "¿Quiéres que te haga el masaje sobre los tirantes del bra o prefieres quitártelos?" –pregunté osadamente. Lo pensó unos 4 segundos y se senté para quitarse el brasier. "Mejor me lo quito para estar más cómoda" –dijo. Mientras lo hace, ella tiene cuidado de que no vea sus pezones, pero desde el ángulo en que estaba yo pude ver claramente lo erecto que estaban. Se acomoda de nuevo sobre la cama. El masaje continuó por su pecho alto y al bajar un poco más me atreví y pregunté: "¿Quieres que el masaje del pecho lo deje hasta ahí? o ¿Te gustaría que te masajee todo el seno?". Pensó mucho, tal vez cinco segundos de silencio incómodo, pero rompí ese silencio: "Está bien, puedo continuar con tus piernas". "Pues ya estoy aquí, de una vez que sea completo" –dijo con un tono algo desinteresado.
Para ese momento ya estaba muy caliente, y al escuchar esas palabras bajé las manos poco a poco mientras masajeaba esos senos. ¡Wow a pesar de su edad sus tetas estaban firmes, no había flacidez o una caída muy pronunciada! Pero en ningún momento toqué sus pezones ni los vi directamente, dejé la toalla por encima. Para mí fue una delicia tener a Nora frente a mí, yo sabía que solo le quedaba una prenda para quedar completamente desnuda, esa idea me provocaba una ansiedad casi insoportable. Mientras la tocaba, ella se retorcía muy sutilmente (tal vez esperando que yo no lo notara) pero era fácil de ver como lo hacía cuando apenas rozaba con las yemas de mis dedos la piel de sus senos. Incluso daba pequeños gemidos al sentir como mis dedos se deslizaban con sutileza. Al terminar con su pecho pasé por sus piernas hasta la planta del pie, buscando que estuviera completamente relajada le pregunté si la música estaba bien o si quería que pusiera más aceite en su cuerpo, para terminar la primera parte del masaje. La tensión bajó solo un poco; ya que en ambos se notaba que la excitación se estaba apoderando de nuestros deseos.
"Ahora ponte boca abajo por favor" –le dije. Se giró y yo alcanzo a ver una vez más esos pezones en el movimiento que hizo. Me concentré en su espalda unos diez minutos, bajé a sus nalgas y subí la toalla para poder verlas, le hice masajes muy cortos y casi imperceptibles ahí. Podía saboreármelas y comencé a frotar entre sus pompis y los muslos, dejando a propósito mis pulgares por dentro para rozar sus labios vaginales como por “accidente” sobre su ropa interior. Yo ya estaba casi en estado de ebullición y ella seguía con leves contracciones en todo su cuerpo, resintiendo el placer, la aventura y su propio deseo. "¿Quieres que siga?" –le pregunté sin pensarlo; ella sabía a que me refería. "No sabes todo lo que estoy sintiendo" –me advirtió. "¿Eso es un si o un no?" –lancé la pregunta buscando una respuesta contundente. Rogaba que dijera que sí. "¡Ay está bien! ¡Sí quiero!" –me dijo. Había luz verde, lo motores estaban calientes y listos para la frenética carrera.
Tomé su braga con ambas manos, haciendo primero un roce en su piel antes de capturar la tela, y bajé lentamente esa prenda, quería que Nora sintiera el deslizamiento de su ropa, que estuviera consiente de lo que estaba por ocurrir. Ella apretó las nalgas cuando la tela estaba a medio camino, logré mi objetivo, tal vez Nora mantenía una lucha consigo misma a cada segundo y ahora estaba consciente de lo que pasaría. Al tocar su vagina húmeda, se soltó totalmente, su tensión de hace unos segundos se esfumó al instante y mientras acariciaba su vulva, mis dedos comenzaron a bañarse con sus fluidos que destilaban como cascada. "Ya no aguantaba más" –me dijo en voz sensual y con un tono de alivio en sus palabras.
Pongo a Nora boca arriba y le quitó la toalla por completo, verla desnuda era un deleite para mis ojos. Ahora voy directo a comerme los pezones que hasta ese momento había respetado. Estaban completamente duros y erectos, mientras me como sus senos puedo ver sus gestos, esta mujer no había tenido sexo en mucho tiempo pero estaba dispuesta coger y de sentir aquello que se negó por años. La posición en la que estaba favoreció a Nora para que hábilmente esbrichars mi pantalón y empezar a masturbarme. "Ya quiero metérsela" –pendaba en mis adentros. Dejé s pezones erectos y sensibles sin alejarme mucho, tomé un condón que dejé en la mesita de al lado dentro de un estuche. Apenas me preparaba para romper el empaque cuando ella (estando aún acostada) tomó mi pene y empezó a chupármelo. Dejé que lo hiciera por unos minutos mientras veía su cuerpo, fue una rica mamada la que me dio, usando la mano y la boca mientras gemía un poco y dándome pequeños rasguños en el vientre con su otra mano. Le quité mi verga de la boca, me pongo el condón y me colocó entre sus piernas. No pensé en nada más que cogermela en la posición del misionero. Su húmeda vagina no tuvo objeción y como un animal la penetraba; sus gemidos ya no eran suaves, se habían convertido en verdaderos gritos salidos del alma; algo parecidos a los que dan las almas condenadas en el infierno, salvó que estaba condenada a mi infierno personal de perversión. Le di hasta cansarme, al mismo tiempo le daba algunos besos en los labios, teníamos contacto visual en todo momento, ella solo cerraba los ojos por momentos cuando mi verga le llegaba hasta el fondo. Cuando bajé el ritmo me preguntó: "¿Ya acabaste?". "No aún" –le respondí. "Entonces dame a lo perrito" –me dijo.
Verla expuesta con su culo y vagina a mi disposición me hizo exclamar: "¡Qué nalgas!". Grandes y maduras. Ella sonrió perversamente. "En esta posición se te ven deliciosas" –le dije. No pude contenerme, en esa posición me aferré bien con las manos a sus caderas y se la metí de una, bombeaba con fuerza; ella seguía con sus alaridos de placer y me decía: "Dame como el animal que eres". Cada vez se la metía con más fuerza, tampoco pude contenerme de nalguearla, cosa que ella le gustaba y pedía ser azotada. "Castigarme por ser una niña mala" –me decía. Esas palabras me calentaban demasiado así que cada vez la azotaba con más fuerza, dejando mi mano marcada en esas grandes nalgas que estaban disponibles para mis sucios deseos. Solo escuchaba rebotar sus nalgas contra mí, mezclado con el sonido de todos sus fluidos vaginales y sus gemidos. La tomé del pelo y seguí dándole lo más duro que podía, quería sentir como ella acababa, ya que las pulsaciones de su vagina y la intensidad en su respiración eran el indicativo de que el orgasmo estaba a las puertas. Las contradicciones en su vagina eran exquisitas, sentir como gemía, como sus fluidos escurrían y cae sobre la cama con su torso señal que el placer estaba posicionado en su cuerpo exhausto y envuelto en sudor, casi pedía clemencia pero estaba dispuesta a seguir con todo lo que quisiera hacer. Le di unos segundos de descanso y continué moviéndome despacio, esta vez para jugar con mis dedos en su agujero estrecho. Estaba apretado pero no iba a perder el tiempo en buscar algo para lubricarlo, así que metía la punta de mi dedo índice y lo movía para que se dilatara. Poco a poco se amoldaba y dejaba entrar más que la punta, ya estaba lista, su culo estaba preparado para ser asaltado y reclamado por mi verga. La acomodé en la entrada de su culo y empujé despacio, cuando ya estaba el glande adentro empujé con fuerza clavándola de una. El grito de dolor que dió fue ensordecedor pero a la vez su reemplazado por un: "¡Qué rico!". Esta vez me la cogí con más fuerza que antes, quería hacerla gritar de placer. Para mí era un deleite oír como gritaba de dolor y placer a la vez, saber que disfrutaba tanto como yo. Me detuve por un momento y me preguntó de nuevo: "¿Ya acabate?". Entonces surgió una pregunta que se hizo inevitable: "¿A qué mierda estás acostumbrada? ¿A sólo cinco minutos y ya?".
Nora, quiero que me montes, quiero verte encima de mí. "¡Que aguante!" –dijo mientras sonreía. Tal vez eran apenas 20 minutos de penetración para ese momento, pero para esta dama mayor era demasiado. La notaba asombrada y contenta. Se montó sobre mí, disfruté de la vista; los dos estábamos bañados en sudor y ella se movía exquisito. Ya no podía resistir más, sentía como mi verga se hinchaba en su interior y ella gemía con más intensidad, tenía sus manos apoyadas en mi pecho, de pronto sus uñas dejaron un surco marcado en él; me encantó que lo hiciera. Tomé sus senos y apreté sus pezones con fuerza en retribución, ella solo gritó y agradeció el placer y yo estaba embobado con Nora encima de mí. Entre los gemidos de ella y los míos hacíamos el concierto perfecto de placer. Casi sin esperarlo acabé, llenando su interior de mi viscoso semen, la sensación era indescriptible, cada centímetro de su interior era inundado como mi semen; en verdad Nora para ser "inexperta" me entregó un delicioso momento de placer.
Ella se quedó con mi verga dentro sientendo las palpitaciones de esta al vaciarse en su interior. Suspiró profundamente y se recostó en mi pecho; acaricié su pelo y después lo jalé haciendo que levante la vista, me miró los ojos y le dije: "Eres el premio que me trajo la perseverancia, una mujer que tiene mucho para entregar pero que hay que saber encaminarla". "¿Serás tú quien encamine mi perversión?" –preguntó. Le respondí: "Iré contigo hasta donde quieras que llegue y haremos juntos todas las locuras que nuestra perversión nos indique hacer". Nos besamos con ternura y delicada pasión, nos acariamos hasta despertar nuevamente nuestras ganas de lujuria. Lentamente comenzó a moverse mientras mi verga se ponía más dura en su interior. "Quiero que te muevas como nunca antes lo hiciste y que gimas como una loca" –le dije. Se dejaba llevar por las cosas que le decía, aumentó sus movimientos y la intensidad de sus gemidos. Aferrado a sus caderas marcaba sus movimientos, ella tomaba sus senos, los apretaba y gemía con placer, disfrutaba al máximo tenerme dentro y yo disfrutaba de ser quien despertara sus demonios. No sé por cuanto tiempo estuvimos cogiendo pero si sé cuánto disfruté que estubiera en mi cama y ser dueño de sus orgasmos. Ya con nuestros cuerpos exhaustos de placer, decidió que era tiempo de marcharse. Se levantó fue a la ducha y se vistió. Volvimos a besarnos mientras pedía un Uber para regresar a casa. Al cabo de unos minutos el vehículo llegó por ella y se fue.
Les puedo decir que fue una de las sesiones de sexo más intensas que he tenido, ella no era una experta, pero su hambre de sentir provocó mucho en esa habitación, ella tenía un deseo intenso y creo que pude satisfacerla. Nora esperaba poco y lo que le ofrecí pareciera que fue mucho más de lo que ella imaginaba recibir. Verla sudada, cansada y sonriendo me aseguraba que la había pasado bien. Fue excitante la excusa del masaje, la forma en que se dieron las cosas y tal vez lo vean como la fantasía de un improvisado masajista que coge con una clienta, para mí fue mucho más que eso; es saber que aún con la diferencia de edad en contra eso no es importante cuando dos cuerpos hambrientos de sexo se encuentran para saciar su hambre.
Pasiones Prohibidas ®

Me encantó su relato, exitante como también imaginativo❤️
ResponderBorrarExcelente como siempre un candente relato mi Señor
ResponderBorrarExcitante relato mi perverso una excelente y perversa historia
ResponderBorrarExcelente historia me encantó GJb
ResponderBorrarMe gustó mucho la historia. Hasta me identifiqué con ella.
ResponderBorrarMaravilloso relato como siempre Mr. P, gracias por compartir estas candentes letras
ResponderBorrarCaballero excelente relato eso indica que la edad no tiene nada que ver con la experiencia que se tenga y con alguien indicado se puede volver una adicta al.sexo y entregar todo lo que pueda dar
ResponderBorrarEsquicito relato con mucha verdad en lo expresado, enseñanza viva. En el amor y el goce pleno de él, no hay edades
ResponderBorrarExcelente, exitante relato
ResponderBorrarExcelente relato, ¿Hay continuación? Gracias por su relato Mr P.
ResponderBorrarExcelente relato y muy excitante, gracias por compartir
ResponderBorrarExcitante...m gusta...no hay más?
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