81. La Babysitter

 


Me encanta el verano por distintas razones. ¿Por qué? Porque hay menos tráfico, dan más ganas de salir, y me puedo poner ropa más cómoda. No entiendo a la gente que le gusta el invierno. A mí no me desagrada, es rico esconderse en la cama y pasar el fin de semana viendo películas, pero ¿y la vida social? ¿Tener que abrigarse hasta apenas moverse para no pasar frío? Me quedo con el calor, la ropa ligera y los pisco sours.

Tengo un amigo que vive en uno de los barrios más acomodados de Santiago y siempre que tiene algún problema me llama para ayudarlo. Javier me llamó el lunes: "¡Hola Andrea, linda! ¿Cómo está la mujer más sexy del planeta?". "Ehmmm... Hola ¿Qué necesitas de la mujer más sexy del planeta? Debe ser algo urgente por eso me dices así" –le contesté. Él se rió dijo: "Bueno sí, algo necesito, pero te prometo que te compensaré. Mira, tengo que viajar este fin de semana. ¿Te acuerdas de mi bebé? Me pidió que fueras a darle de comer y regalonearlo esos dos días. Por favor dime que puedes". "¡Él te lo pidió! ¿Cierto? Bueno, déjame pensarlo" –le dije. Insistió: "Mira, siéntete como en tu casa, come y bebe lo que quieras, ocupa la ducha, mi cama, lo que quieras". Ante su insistencia respondí: "¡Está bien! Solo espero que se porte bien". "Él te adora, se portará bien, te lo prometo" –dijo.

A Hércules, el "bebé" lo conocí hace un par de semanas cuando fuí de visita a casa de Javier. Al principio impresiona de lo grande que és, pero nos hicimos amigos rápidamente. Es muy chistoso verlo pedir comida poniendo la cabeza sobre la mesa. Es un Gran Danés, pero es muy cariñoso, y a pesar de su tamaño se comporta como un niño. Ya era sábado, así que aproveché de ir al gimnasio y después conducir rumbo a La Dehesa, donde vive mi amigo. Es una casa hermosa, decorada con buen gusto y acogedora. Hércules estaba en el patio, mirando impaciente a ver quién había entrado. Al verme, sus 70 kilos (o más) corrieron a recibirme. Tuve que hacer un esfuerzo para contener su efusividad y no caerme.

Jugamos o más bien él jugó conmigo, porque yo parecía una pelota cada vez que trataba de quitarme un muñeco con el que jugaba siempre. A cada rato me olfateaba la entrepierna, quizás dónde ando en mis días fértiles o quizás solo porque es lo que hace normalmente. En cuanto le serví su almuerzo me eché en el sillón del patio a descansar. Era un sillón muy bajo, pero muy cómodo, a tono con el resto de los muebles que había en la terraza. Hércules parecía no haber comido en horas y después de tragarse la comida se echó un rato en el suelo. Mirándome pendiente por si acaso fuera a jugar más con él. Ahí me di cuenta de que Javier no lo había castrado. Hizo lo que hacen los perros que mantienen esa parte de su cuerpo, lamérselo. "¡Oye cochino!" –le gritaba bromeando. Pero él me miraba, se lamía y su miembro se dejaba ver varios centímetros fuera de esa funda que tiene. Lo miraba con curiosidad, porque nunca me había fijado con atención en el pene de los perros, y este o lo que podía apreciarse era bastante grueso, casi como el de un hombre. ¿Lo tendrá totalmente erecto? ¿Por qué se lo lamerá? ¿Se estará masturbando? ¿Qué pasa si se cruza con una chihuahua? Preguntas estúpidas que venían a mi mente.

Lo estuve acariciando un buen rato, sentada en el sillón y él echado y con su cabeza entre mis piernas. Entrecerraba sus ojos dejándose querer, yo disfrutaba de su pelo suavecito, estaba recién bañado. Después de almorzar la ensalada que llevé estuvimos jugando un rato más y llegó la hora de hacer algunas cosas pendientes para la universidad y me despedí de él con un beso en su nariz. Él se despidió pegándome la última olisqueada en el trasero. Me dí una ducha, no sé si era parte del calor por ser verano pero sentía algo más que el típico calor veraniego, era más intenso y se concentraba en mi entrepierna. No le dí mucha importancia, así que me puse una polera que usaba para dormir que cubría con suerte mis glúteos y me senté en el comedor con mi computador para hacer el escrito. Ahí estaba "el bebé" mirándome, no podía concentrarme ya que también lo miraba fijamente, a la distancia le lanzaba besos y él movía su cabeza como si los recibiera. "A ver muchacho, ¿qué quieres?" –le decía como si él pudiera responderme. Se acercó despacio y puso su cabeza en mi muslo. "Eres un malcriado, estoy ocupada y tú quieres que te haga cariño" –le dije. Seguí redactando y lo dejé apoyado en mi muslo. Al fin terminé y le dije: "Estoy agotada cariño, así que te vas a ir a tu cama y yo me iré a descansar, porque entre el gimnasio y jugar contigo estoy muerta. Te vas a portar bien y no quiero encontrar un desastre" –le dije. Me metí a la cama temprano. Vería un par de capítulos de mi serie favorita mientras comí algo. Antes sí, llamé a Javier y le conté que su mal criado estaba en perfectas condiciones.

Al fin el sueño me alcanzó y me dormí. Desperté sobresaltada a media noche. Acababa de tener un sueño erótico con ¿Hércules? Estaba descolocada, no solo por haber soñado con él, sino porque además me había calentado muchísimo. En el sueño yo era una perra en celo, literalmente, con forma de perra. Me paseaba cerca de él para llamar su atención y él me lamía la vagina, mientras me quedaba quieta disfrutando. Notaba en el suelo como estaba de mojada y esperaba ansiosamente que me montara. Después de un momento, que me pareció una eternidad, decidió saltar encima mío y rápidamente me penetró con su verga. Entró rápido y con fuerza, podía sentir cómo estaba ardiendo mientras me tenía agarrada entre sus patas delanteras. Me sentía dominada y eso me calentaba más. En el sueño tenía un orgasmo constante, y sentía como me llenaba con su semen. Él era más grande que yo y notaba cómo me estaba golpeando por dentro, pero en vez de dolor sentía placer. Si me lo contasen así tal cual quizás lo encontraría simplemente un sueño bizarro, pero ¿No les ha pasado que tienen un sueño erótico con alguien con el que nunca pensaban tener sexo y despiertan sintiendo una atracción por él que no pueden explicar? Bueno, a mí me pasó eso pero muy intenso. Por una parte me sentía mal. ¿Cómo puedo haberme calentado con eso? ¿Cómo puedo sentirme atraída por un perro? Pero por otra parte (la sexual) me encantó. Después de dudarlo por unos instantes, culpándome a mí misma por lo que sentía, estuve un buen rato masturbándome recordando el sueño. Imitaba las posiciones que soñé, jugando a ser su perra en celo. Tardé como una hora en sacarme la calentura de encima y volví a dormir. Me sentía sucia, pero felizmente satisfecha.

Eran cerca de las diez de la mañana cuando desperté. Subí la persiana y corría una brisa muy agradable. Estaba contenta, me sentía satisfecha y aún mojada. Después de una ducha ordené las cosas que había ocupado el día anterior, me puse un vestido corto y empecé de nuevo mi labor de babysitter. Todavía me daba cosa cuando recordaba lo de anoche. ¿Con qué cara lo miraré ahora? Pensaba medio en serio, medio en broma. Salí a verlo y me recibió igual que ayer, aunque debía tener más cuidado para que no me estropease el vestido, bastante más delicado que la ropa que andaba trayendo ayer. Le di su desayuno y jugamos un buen rato antes del almuerzo. Hoy me tomé al pié de la letra lo de "siéntete como en tu casa". Así que destapé una botella de vino y corté unos quesos para scompañarlos. Al cabo e un rato empecé a preparar el almuerzo, una pechuga de pollo deshuesada a la plancha, acompañada con verduras salteadas en aceite de oliva, mientras ponía algo de música.  

Fui a servir la comida de Hércules. Tiene un plato enorme, pero se lo devora en un minuto. De repente noto algo húmedo entre mis piernas, era Hércules que acababa de beber agua y no se le ocurrió mejor cosa que pasarme la lengua, mojándome. Con esa tremenda lengua pareciera que me hubieran echado un vaso con agua. Le llamé la atención: "¡Mira cómo me dejaste! ¡Tengo los calzones todos mojados por tu culpa!". A él pareció no importarle en lo absoluto y lo que quería ahora era su comida. Tuve que sacarme los calzones, en verdad era incómodo y total, estaba sola ¿Qué importa? Los dejé al sol y seguí cocinando mientras me tomaba mi tercera copa de vino. Hércules miraba cómo cocinaba esperando a que algo de eso fuera a parar a su estómago. Después del almuerzo me senté a reposar en el sillón. Hércules parece tener la misma costumbre todos los días a esa misma hora, así que lamía su verga mientras me miraba. Yo me acordaba del sueño y lo miraba con otros ojos. Le miraba fijamente y observaba cómo se le agrandaba. Me estaba calentando "¡No Andrea, no! esto no es un sueño" –me decía en mis adentros, así que traté de pensar en cualquier otra cosa. 

Pasado un rato Hércules se levantó tranquilamente, de nuevo buscando que le acariciase su cabecita. La puso entre mis piernas como ayer. Con ese tremenda cabeza tenía que abrir bastante mis piernas. Hércules se levantó y metió su cabeza más adentro de mis piernas, curioseando. Fue ahí cuando recordé que no llevaba calzones, y él se dispuso a langüetearme. Le traté de hacer el quite apartando su cabeza. "¡Oye Travieso!" –le decía cariñosamente, pero él estaba decidido y mantenía su cabeza en la misma posición mientras me lamía. "¡Oye no! ¡Para!" –le decía pero no hacía caso porque mi vagina se había mojado. Los recuerdos del sueño volvieron, aunque traté de resistirme por unos segundos, me dejé llevar y abrí con una mano mis labios para que me lamiera el clítoris. "Te gusta ¿cierto?" –le preguntaba, sabía que no iba a responder pero aún así dialogaba con él. Su lengua era grande y áspera, y su roce con mi clítoris era exquisito. Me recosté acercándome más al borde del sillón y abrí más mis piernas, recogiéndolas mientras la otra mano seguía en su cabeza, ahora no para acariciarlo sino para que siguiera comiéndome. Sus lengüetazos eran rápidos y me estaban calentando mucho. Estaba cerca de llegar a un orgasmo cuando paró, yo lo miraba esperando a que siguiera, pero rápidamente puso sus patas en el sillón, quedando su cabeza casi a la altura de la mía. "¿Qué quieres?" –le pregunté. Lo rodeé con mis piernas y él, tensando y encogiendo su cuerpo empezó a tratar de penetrarme. En ese momento estaba tan caliente que no dude en buscar su verga con mi mano. No la podía ver, pero sentía que estaba muy caliente. Él trataba de penetrarme pero yo me encontraba por debajo, así que donde estaba abrazándolo con mis piernas las usé para tratar de acercarlo hacia mí. Sus movimientos y su tamaño hacían difícil tener el control, hasta que de repente encontró mi vagina, que en ese momento estaba más que lubricada. En cuanto él notó que me estaba rozando los labios sus movimientos empezaron a acelerarse, acercando más su cuerpo de manera que quedó prácticamente echado encima mío. Empezó a penetrarme con movimientos muy rápidos, sentía como se iba abriendo paso dentro de mi y notaba que su verga estaba agrandándose, dándome más placer con ese roce. Iba a llegar a un orgasmo en pocos segundos, hasta que noté que estaba llegando demasiado profundo. ¡Qué tamaño tenía esa verga! Mis gemidos se convirtieron en gritos. Él se empujaba con sus patas traseras con fuerza, como si quisiera destrozarme. Sus movimientos eran tan rápidos y fuertes que mis gemidos eran uno solo, no me daba tiempo a recuperarme de una embestida cuando ya llegaba la siguiente. No sé cuántos orgasmos tuve en ese par de minutos. Yo me agarraba de su cuello tratando de separarme un poco pero él no me dejaba, y sentía su miembro en mi estómago. Me dolía mucho, era como si me hubieran dado con un martillo hidráulico con un dildo gigante en su extramo, pero el placer era mayor. De repente sentí algo en la entrada de mi vagina, algo dentro se hinchó. Hércules empezó a disminuir sus movimientos, hasta que paró. Ahora jadeaba, sentía su respiración en mi cara, su saliva caía y yo la lamía perversamente, yo seguía abrazada a él. Trató de separarse y lo dejé, pero no podíamos despegarnos. Toqué mi vagina y noté que su verga se había hinchado tanto que no podía salir. Tuve que agarrarlo para que no se moviera porque me estaba haciendo daño. Yo lo acariciaba, me sentía agotada y adolorida. Después de unos cinco minutos él la sacó, saliendo de mí un chorro de semen. Entonces ví como su verga, a pesar de haber pasado este rato, medía unos 20 cm o más, y se parecía más a una verga humana, solo que al final de ella tenía una especie de bola, que era la que se hinchó. Él se la lamía y me lamía también. Yo no me pude mover por un buen rato.

Después de un rato me levanté del sillón, no sin antes soltar varios quejidos. Me dolía, pero de solo pensar en lo que había sentido y por Dios que valió la pena. Me di cuenta que mi vestido se manchó entero de semen. Tuve que quitármelo y ver si encontraba algo entre la ropa de Javier que pudiera ponerme. Mis movimientos eran torpes, no sé si debido al cansancio, al dolor, al alcohol o todo a la vez. En cuanto me quité el vestido Hércules se abalanzó, arañándome con sus patas delanteras mi cintura. Me hizo tropezar quedando arrodillada en el suelo con mi cuerpo sobre el sillón. Rápidamente se subió encima mío. Quise safarme, pero fue inútil, era muy pesado y yo estaba muy cansada. Empezó a moverse, buscando mi vagina. Yo esperaba que no pudiera penetrarme y se cansara. De repente él solo se pudo colocar y sentí de nuevo como su verga me empezaba a penetrar de nuevo. En menos de 5 segundos su verga me estaba destrozando de nuevo y yo gritaba de placer y dolor. Sentía que era la perra en celo que soñé, y a pesar del dolor y el cansancio sentía un placer indescriptible. Yo no me movía, estaba tirada en el sillón con mi cabeza hacia un lado gimiendo. Mientras Hércules me agarraba con sus patas por la cintura y se empujaba fuertemente tratando de atravesarme. Fue tanto placer y dolor que apenas recuerdo cuánto rato pasó hasta que quedamos enganchados de nuevo. Esta vez no lo acariciaba, solo gemía de dolor cuando se trataba de separar. Un gran charco de semen se formó después de que pudimos separarnos. Quedé en esa posición por un buen rato, mientras me lamía y se lamía él mismo. Tuvo que pasar un buen rato para poder descansar lo suficiente y poder buscar ropa, limpiar, y escapar de él antes de que me volviera a atrapar. Apenas podía caminar bien, sentía un dolor interno que llegaba bastante más arriba del ombligo.

Había pasado tiempo en que no tenía una sesión tan intensa de sexo. Lo que había vivido ese día fue más que intenso pero a la vez placentero, ya no tenía fuerzas pero me sentía satisfecha porque el sueño que tuve se transformó en una realidad tan latente que mi vagina palpitaba de tanto placer. Me dí una ducha y me relajé; dormí un rato y me fuí pero no sin antes llamar a Javier para decirle que su "bebé" se había comportado como un ángel. "Sabía que se comportaría así" –me dijo. "Bueno amigo, dejaré todo en orden antes de irme. Me avisas cuando podemos vernos para entregarte las llaves" –le dije con voz de alivio. 

Al día siguiente me llamó Javier: "¡Hola Andrea! Muchas gracias por cuidar de Hércules" –dijo. "De nada, fue un placer"– le respondí con voz todavía de cansada. "¿Te puedo preguntar algo?" –preguntó. "Claro, dime" –le dije. "Encontré a Hércules lamiendo unos calzones ¿Sabes de dónde salieron?" –fue su pregunta. "¡Mierda, mis calzones!" –fue en mudo pensamiento que surgió en mi cabeza. Obviamente no podía decirle lo que había pasado y que los calzones eran míos; así que mi mente planeó la respuesta: "No sé, seguramente sean de alguna vecina tuya que te está tirando alguna indirecta muy directa". "Mmmm, bueno, creo que se los dejaré a Hércules como trofeo. ¡Ah! Voy a tener que volver a viajar una vez al mes los fines de semana. ¿Podrías cuidar de él? Déjame pagarte algo esta vez, lleguemos a un acuerdo. Eres la única a quien podría confiarle mi bebé" –me dijo. "No sabría darte una respuesta ahora. Conversemos durante la semana y te doy una respuesta" –le dije. "Bueno, estamos al habla, bye" –dijo despidiéndose. La respuesta era obvia pero no sé si podría soportarlo de nuevo, aunque fue más que exquisito.




Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Buena historia ahora sí me transportó a algo que no había imaginado. GJB

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  2. Wow si Que fue súper excitante 👍🏻👌🏻

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  3. Algo fuera de lo común! Pero esa era la idea!

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  4. Uyy excelente relato le dio lo que estaba soñando y se convirtió en toda una perra en celo estuvo magnífico me encantó trasportar más allá y sobretodo hace volar la imaginación felitaciones

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  5. Vaya con Hércules....m encanta.

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