Mi nombre es María José, tengo 45 años, mido 1.78, tengo buen culo y tetas bien paradas, estoy casada con Alejandro, quien tiene 42 años, es mas bajito que yo; bien guapo y muy caliente en la cama, es machista y me ultraja a menudo conviertiéndome en una esclava completa. Siempre he tenido mis fantasias sucias y me ha gustado vestir muy sexy, vestidos escotados, tacones altos de punta muy fina, ropa interior de encajes, ligueros, medias, ropa interior muy fina, camisones transparentes siempre todo muy sexy porque mi esposo me lo exije y le gusta mostrar su trofeo de guerra en la calle.
Mis fantasias siempre me han llevado a leer muchos relatos eroticos los cuales suben mi libido al maximo, una tarde termine leyendo un relato de feminizacion forzada y despertó mi curiosidad en sentir o hacer algo igual. Mi esposo es muy macho y sabía que no se prestaría para esto, eso aun me calentaba más. Lo imaginaba con mi ropa interior puesta y tacones, verlo así en mi mente me provocaba mucho y casi sin pensarlo ya estaba empapada mi entrepierna. Decidí darme un baño acompañada de uno de mis juguetes favoritos, un dildo que tenía guardado para ciertas ocasiones y que siempre me dejaba exhausta, ese día no fue la excepción. Estaba tan caliente que al momento de meterlo en mi vagina el orgasmo fue automático, disfruté como una puta el jueguito en la ducha. Lego sali y me vesti muy sexy, me puse medias y ligueros sin tanga ni brasier, encima me puse un vestido transparente y me puse unos tacos de plataforma bien altos, esperé a Alejandro y este al llegar se lanzó encima mío; lo desnudé y le dije que me follara duro, cosa que fue de inmediato, tenia su verga tan adentro que parecia que me ahogaba con su lengua mientras me daba lo más duro que podía, le hablaba sucio y se excitó tanto que no duró más de cinco minutos, al sentir que estaba a punto de acabar lo abracé con mis piernas y le dije que me rompiera toda, llevé mis manos a su culo y lo apreté, él no pudo hacer nada y cuando sentí su primer lance de semen le toqué su culo rico y traté de meter mi dedo en él, mientras le decía que se siguiera moviendo; mi sorpresa fue que él no dijo nada sino que actuó más caliente, acabó como loco y me dejó todo su semen dentro, terminamos y me puse unos cacheteros sin bañarme, simplemente deje que todo quedara dentro y se escurriera el semen en mi cachetero. Después de tomarnos unos tragos quedamos borrachos y en mi calentura comencé a bailar frente a él y poco a poco me bajé los cacheteros ya llenos del semen de él, los tomé con mis manos y empece a lamerlos y restregarlos en mi cara, estaba enferma de caliente y solo quería que el me viera haciéndolo, me acerqué a él y lo besé con lujuria, parecía que nos ahogaban nuestras lenguas; sus besos se tragaban toda su leche, nos acostamos y lo puse boca arriba, puse mis tacos al lado de su cabeza y me agaché colocando mi vulva en su boca, con mis manos lo tome del cabello y le decía chupame la concha, perro, el hábilmente usaba su lengua y me lamía tan rico que acabé encima de él, chorreando mis fluidos en su boca, nos acostamos y dormimos muy rico esa noche.
Al amanecer nos besamos, me levanté de la cama y salí a ducharme y me fuí al trabajo. Cómo siempre monótono, pero también pensando en aquello que se me había metido en la cabeza, era demasiado difícil no demostrar mi excitación pero a la vez esas cosas perversas encendían aún más mi entrepierna. Estaba oscureciendo cuando llegué a mi casa y lo primero que hice fuen encender mi PC y leer relatos de fetiches y dominación de hombres, me traía loca la idea del semen en la boca de mi esposo, asi es que leí un relato de una madre follando a su hijo y otro más de una esposa que travestía a su marido y lo prostituía con hombres que tenían esos gustos. La calentura que había en mí era tal, que terminé desnuda, con las piernas en los apoya brazos de la silla y tocándome cómo endemoniada, gimiendo y temblando debido al placer. Luego fuí y me dí un baño, decidí ponerme un portaligas negro y unas medias con rejillas, recordé que los cacheteros estaban sucios y los busqué en la ropa sucia para ponermelos y sorprender a mi esposo pero no los encontré, me quedó la duda del porque no los encontraba asi que tomé unos cacheteros limpios de color rosa y me enfunde una minifalda color rosa, una blusa negra preciosa, sin brasier y tacos de plataforma, me veía al espejo y estaba preciosa, me maquillé y dejé mi cabello negro suelto, me puse un labial rosado y salí de mi cuarto hacía la sala y allí encontré a mi hijo con un amigo suyo, estos quedaron boquiabiertos y perplejos al ver mi porte de puta refinada, los saludé y les di un beso en la mejilla y me senté frente a ellos mostrando mis tacones y piernas, ellos no dejaban de mirar, al ver su mirada de morbo decidí jugar un poquito con sus hormonas. Me senté con las piernas cruzadas dejándoles ver mi muslo que estaba descubierto hasta casi las nalgas, ellos miraban sin ningún pudor. Podía ver en sus ojos la lujuria juvenil aflorando, esos instintos perversos de no saber si avanzar o esperar a más; eran como dos jóvenes lobos acechando en la oscuridad de la noche para atacar a su descuidada presa, lo que ellos no sabían era que tenía el absoluto control de la situación y si se comportaban cómo dóciles perritos falderos podría tal vez acceder a mostrarles algo más.
"Mamá, te ves hermosa" –dijo mi pequeño. "Gracias hijo, me alegra que te guste como me veo" –le respondí. "Sí, señora. Con todo respeto, se ve usted preciosa" –dijo su más que excitado amigo. "¿Cuántos años son amigos y ahora recién te fijas en que me veo hermosa?" –le respondí entre risas. Ambos quedaron perplejos con mi respuesta. Sabía que tenía ya más que ganada más que su atención y estaba dispuesta a sacar partido de la situación. Hice un movimiento y mi falda se subió más y dejaba ver mi calzón, podía percibir que intentaban no babear, en pocas oportunidades chicos jóvenes son seducidos por una mujer madura y adicta al sexo. "¿Les gusta lo que ven muchachos?" –les pregunté. Al unisono pero casi de manera imperceptible respondieron: "Sí, nos gusta". "No me gusta esa respuesta de niños pequeños que me dan. Preguntaré otra vez. ¿Les gusta lo que ven?" –les dije. Entonces con voces firmes y viriles respondieron: "Nos gusta demasiado". "Esa es una respuesta que daría un hombre. ¿Les gustaría ver más?" –les dije. Ellos solo movieron la cabeza de manera afirmativa; me daba risa ver cómo estaban de calientes pero no podía negar que yo también lo estaba y mi cachetero tenía la innegable prueba que delataba mi humedad. Entonces desabroché algunos botones de mi blusa, dejándoles ver el borde mis senos. "Tenemos un tiempo para hacer travesuras, pero si quieren ver más deben ser obedientes a lo que les diga, de lo contrario todo lo que hasta aquí han conseguido lo perderán. ¿Está claro?" –les dije. Otro certero SÍ salió de sus labios. Ya estaban en mis manos y quería ver qué tan obedientes eran.
"Quiero que me muestren sus diminutas vergas" –les ordené. Se miraron con extrañeza y les pregunté: "¿Acaso no fuí clara?". "Pero mamá" –responde mi hijo. "Pero ¿qué? No dijeron que serían obedientes. Más encima ahora me dices mamá pero te excita lo que estoy haciendo, no me vengas con esas cosas" –le dije. Al terminar de hablar, sacaron sus vergas erectas y llenas de deseo por mí. ¡Ay que calentura la mía! Estaba empapada y deseaba tenerlas en mi boca pero aún no habían ganado ese derecho. "¡Masturbarse!" –les ordené. Se quedaron quietos sin hacer nada. Me puse de pie y caminé hacía ellos sin bajar mi falda y les dije: "Parece que las nenitas están asustadas. Masturbense ahora o no tendrán premio par de maricas". Empezaron lento hasta poco a poco ir aumentando el ritmo, jadeaban cómo dos perritos. La situación aumentaba mi morbo y la humedad en mi calzón que se hacía cada vez más notoria. Entonces, les ordené que se desnudaran y se pusieran como perritos; esta vez obedecieron sin hacer ningún comentario. Ya desnudos y en cuatro patas me fuí a sentar en el sofá, les dije: "vengan como los perritos obedientes que son y laman mis zapatos, si se portan bien les daré permiso de hacer otras cosas". Gatearon hacía mí y sin dudarlo empezaron a deslizar su lengua por mis zapatos, estaba caliente viendo lo obediente que me habían resultado los muchachos que no pude contener mis ganas de tocarme y probar mis fluidos, y estimular mi clítoris para desahogar mis ganas. Les di permiso para que subieran con sus lenguas por mis piernas y muslos, si que eran obedientes, sabían ser unas buenas mascotas, en premio tenían el placer de probar mis fluidos lamiendo la punta de mis dedos.
Ya la hora avanzaba y estaba por llegar mi esposo, por lo que les ordené que se masturbaran lo más rápido que pusieran y que acabaran en mi ropa interior para que se impregnara su semen junto a mis fluidos. Fue perversamente excitante ver cómo mi hijo y su amigo se masturbaban a mis órdenes y más que eso, que dejaran su semen en mí. No pasó mucho y ya estaba llena de los tibios chorros de semen de esos jóvenes. Las últimas gotas las limpié con la lengua directamente de sus vergas y les dije que se fueran a la habitación, que se les llamaría cuando la cena estuviera lista.
Cuando subieron, me dediqué a jugar un poco más con mi vulva y a sentir la viscosidad de su semen en mi ropa interior, me sentía tan caliente al tener el semen de mi hijo y su amigo en mi cachetero que casi pierdo la noción del tiempo. Rápidamente me puse a preparar la cena y que todo estuviera impecable, menos mi conciencia ni mi ropa interior. Me senté en la sala para esperar a que llegara mi esposo y darle celos para que me follara durísimo, y me la metiera por el culo como lo hace cuando está celoso. No tardó en llegar y verme vestida así, automáticamente se puso como loco, sabia que le enloquecia verme en esa minifalda y al ponerme esas plataformas mi culo se veia grande. "Chicos, bajen, ya pronto serviré la cena" –les dije. Cómo nunca, bajaron las escaleras casi al instante; fuí a la cocina y les traje la cena, la cual serví en el comedor y cada vez que me movía hacía movimientos para que los tres disfrutaran el espectáculo y aumentar su deseo, ya servida la cena les ordené pasar a sentarse cuando ya estaban en sus lugares fuí a la cocina y regresé a me agache mostrandoles mi culo solo con la excusa de recoger un tenedor, los ojos de los tres se clavaron en mi culo, la mirada asechante de tres machos me mojaba más.
Luego comimos y tomamos un café; no dejaba de insitarlos, quería que mostraran sus oscuros deseos pero los chicos se sintieron algo intimidados por la presencia de mi esposo. Nos despedimos de nuestro hijo y su amigo, y nos encerramos en nuestra habitación esperaba que me cogiera duro, que su verga perforara mi culo y me llevara al climax, nos besamos como locos y nos metíamos nuestras lenguas, intenté sacar su verga para mamarsela pero no me lo permitió, esto me recordaba lo ocurrido la noche anterior, me dijo que me acomodara y le esperara mientras se daba una ducha, así que esperé mientras él se encerraba en el baño, mientras tanto saqué un dildo y lubricante, me quité el cachetero, llené mi culo con el frío lubricante y lo metí, me empecé a masturbar con el dildo y a mojarme como loca, cuando salió en su bata me vió el culo ensartado con el dildo y me decía que siguiera haciéndolo. Le dije que se acostara un momento y comenzara a masturbarse mientras me pintaba los labios, entré al baño y me encerré a maquillarme, comencé a sacar el dildo que estaba en mi culo y luego me limpié muy bien, al dejarlo en la ropa sucia encontré mi cachetero sucio allí, yo sabía que no estaba porque antes me lo iba a poner; eso me llevo a la conclusión de que mi esposo lo tenía, lo olí y tenía el olor de su verga.
Mi esposo siempre ha sido un machista, posesivo y muy caliente, no le gustaban os gays teniendo a veces un pensamiento muy radical sobre eso. Ahora ver mis cacheteros me ponía a pensar, asi que decidi explorar a ver que descubría. Salí y en lugar de esperar a que me cogiera como lo hacía, decidí tomar el control y me le monté encima, me ensarte su verga en mi vagina, la saqué diciéndole: "Está seca, mojala con tu lengua". Se la puse en la boca y el empezó a lamer; ví como le gustaba, estaba más que caliente, no aguanté las ganas y le dije: "Rompeme el culo papasito". Él sin pensarlo me puso de pie y me llevó hacia la pared pero lo alto de las plataformas no lograba penetrarme, ya que quedaba más bajito. Me dijo que me quitara las plataformas; yo lo miré y le dije si vas a cogerte a esta puta por el culo tendras que ponerte unos tacones para que puedas quedar mejor y me rellenes el culo". Saqué otros y se los puse. Esperaba que me abofeteara por pedirle eso, pero él lo permitio; me agaché ofreciendo mi culo y tomó la tela de la mini, la subió y me dió un beso negro que me puso mas caliente y luego de una embestida me empacó su verga en el culo. Me dolía pero lo miraba y le decía que abusara de mí como una sucia puta, que la metiera más duro que dominara mi culo a su antojo y asi fue. Me dejó adolorida pero trató mi culo como me gustaba, me cogio durisimo. Cuando la sacó su semen salía de mi agujero; fuí y busqué los cacheteros negros y le limpie su verga, mirándolo a los ojos se los entregué y le dije: "Limpiame el culo". Me abri de piernas y él me limpió con cariño al ver lo maltratado que lo dejó. Me di vuelta y lo miré, le dije: "Te ves guapísimo en tacones, ponte esos cacheteros para darte una mamada y su machismo desapareció, se los puso y yo sorprendida me di cuenta que lo que dicen los relatos es verdad, una gran parte de los hombres se mueren de ganas de ser feminizados y ser follados, así que me agaché y comence a lamerle su verga por encima de mi cachetero, los hilos de semen los recogía mientras el miraba, yo caliente me los tragaba todos. Me paré y nos besamos, era tanta la pasión que duramos casi diez minutos besándonos, tomé nuestra camara y la monte en el tripode, la programé en video y volví a chuparsela, el ya estaba abandonado a su pasión, dejó atrás su machismo, el montado en tacones y cacheteros, yo mamandósela mientras una cámara nos filmaba, lo manoseaba y poco a poco le bajé los cacheteros y se los puse en la nariz, le dije: "Disfruta su olor, seguí chupándole la verga y le metía mis manos en su culo, estaba excitadísimo asi que le dije agáchate y empecé a meterle la lengua en su culo, luego sin que él se diera cuenta con mis dedos le metía lubricante, abrí el clóset y saqué otro dildo, uno pequeño, luego volví a él y se lo segui chupando hasta que empecé a penetrarlo con el dildo y ya al tenerlo dentro acabó; escupía una tras o otro porciones calientes de semen. Cayó todo al piso y lo lamí para recogerlo, entonces lo tomé de las mejillas y lo besaba violentamente, él recibía su semen sin decir nada. Ya pasada la lujuria del momento me dijo que lo disculpara, que no sabía porque había hecho eso; simplemente lo besé y le dije que este Alejandro era el que buscaba y que había gozado más que cuando él se las daba de machista egocéntrico. Tomé un baby doll, me lo puse y él se acostó desnudo; dormimos abrazados toda la noche.
Al otro día me levanté temprano, mi hijo con su amigo se habían ido porque irían a pasar el fin de semana en casa de otros amigos, así que no me pude despedir de ellos y sus jóvenes vergas. Ya estaba con ganas de experimentar más los deseos ocultos de mi marido, me fui a la ducha, al sentir como la espuma y el agua me recorrían mi deseo se encendió al igual que un bosque que arde por una simple chispa, el incendio en mi sexo era tal que el chorro directo del agua en mi clítoris no lo apagaba, era como si intentars apagarlo con gasolina. Soy una mujer que vive su sexualidad en pleno pero desconocía porque estaba tan caliente, así qué me dejé llevar y solo cerré mis ojos disfrutando del placer, no pasó mucho tiempo hasta que el orgasmo me alcanzó y quedé con mis piernas temblorosas debido a la intensidad. Me depilé, llamé a mi trabajo porque "me sentía enferma", poniendo así una excusa para quedarme en casa. Bendito viernes estaba empezando de la mejor manera.
Me vestí de manera provocativa, cosa de despertar sus demonios y pasar un fin de semana de ensueño. Salí a hacer unas compras en la tarde y llegué a casa con la idea de hacer a Alejandro mi marica personal, me quité la ropa y me puse un camisón transparente. Luchaba con mis demonios internos, no quería tocarme, quería estar caliente para él y dejarme llevar por mi lujuria en el momento de tenerlo conmigo. Estaba en esa lucha, cuando sonó el timbre, bajé a abrir la puerta y cuando estaba frente a ella recordé que estaba con el camisón que no dejaba nada a la imaginación; bueno ya estaba ahí, así que miré por la mirilla de la puerta y me di cuenta que era Juanito, uno de los amigos de mi hijo. Sin pensarlo abrí la puerta, al verme quedó boquiabierto. "Pasa Juanito, pero te advierto que mi hijo no está porque se fue de fin de semana a la casa de Roberto. ¿Pensé que estarías ahí?" –le dije. "Disculpe sra. María José, no quiero molestarla; si gusta vuelvo en otro momento" –me dijo. "¡Ay, no te preocupes! Así me acompañas un rato" –le dije. Tímidamente entró, no perdía detalles de mi cuerpo, sentía sus ojos recorriéndome por completo. "Toma asiento. ¿Quieres algo de beber?" –le pregunté. "¿Podría ser una gaseosa?" –me dijo. "¿Es una pregunta o una afirmación?" –le dije. "Es que no quiero ser confianzudo" –me dijo. "Entonces será gaseosa" –le dije.
Le entregué el vaso y acaricié su rostro. "¿Por qué no te fuiste con los muchachos?" –le pregunté. Me dijo que sus padres no estarían la cuidad y la casa no podía quedar sola, y no había perdido la esperanza de que mi hijo no fuera a casa de Roberto. Me senté y charlamos, sus ojos no se despegaban de mis tetas. "Chiquito, mis ojos están más arriba" –le dije con una sonrisa burlona. "Perdone, pero es imposible no mirarla" –me dijo. "Ah sí, ¿por qué?" –le pregunté. Dió un sorbo grande de gaseosa y me dijo: "Señora María José, usted es una mujer guapísima y no esperaba verla así como está ahora". "¿Así cómo?" –pregunté. Después de un largo silencio me responde: "Tan sensual vestida. Perdone mi atrevimiento". "No tienes que pedir perdón, eres hombre y yo mujer, es normal que me veas de ese modo" –le dije. "Lo sé, pero no es correcto porque es la mamá de uno de mis amigos" –me dijo algo avergonzado. Entonces quise ahondar más y pregunté: "¿No te gusta lo que ves?". Su silencio hizo que mis demonios se despertaran. "Responde mi pregunta Juanito, demuéstrame lo hombre que eres" –le dije mientras abría mis piernas para que notara lo húmeda que estaba. Hasta que se animó a responder: "Sería un tonto al decirle que no. Me gusta lo que veo". "A ver muchacho, muéstrame que tanto te gusta" –le dije. Entendió al instante mis palabras y bajó el cierre de su pantalón mostrándome su verga erecta. Mi vagina palpitó y sentí correr la humedad de mi sexo por las piernas, tomé mi celular y llamé a Alejandro: "Hola mi amor, ¿volverás luego a casa?" –le pregunté. "No sé sabes que hoy tenemos partido y no tengo idea a qué hora estaré por allá. ¿Por qué me preguntas?" –me dijo en tono grosero. "Solo te preguntaba porque iba a salir con unas amigas. Tampoco es para que me contestes de esa manera" –le dije y corté la llamada.
Ahora, ya que sabría qué no sería molestada le dije a Juanito que se masturbara para mí, muy obediente comenzó a hacerlo lento, en sus ojos había lujuria, deseo. "Apuesto que te pajeas pensando en las mamás de tus amigos" –le dije. Él dió una sonrisa, entendí que sí y que tal vez ahora cumpliría una de sus fantasías. Por mi parte también empecé a jugar con mi vagina y le dije: "Cuéntame lo que imaginas cuando te estás masturbando". Siguió aumentando los movimientos de su mano gemía con la boca abierta, era un deleite a mis ojos ver ese deseo que fácilmente podía contener. "Siempre he querido coger con una mujer madura y la imagen más recurrente que viene a mi cabeza es metérsela hasta mis testículos. Hacer que giman cada vez que les doy verga bien fuerte" –me decía. Juanito me tenía extasiada con sus palabras, yo seguía masajeando mi clítoris frenéticamente. Los dos empezamos a gemir casi al unisono, no pude contenerme más y me levanté del sofá, fuí hasta él y metí su verga en mi boca, era una delicia, sentirla dura, llena de venas. Así que, casi con el mismo frenesí comencé a chupársela; quería que su fantasía fuera una realidad y que me cogiera cómo una puta sedienta de sexo. Tomaba mi cabeza y hacia que me la tragara completa, me dejaba casi sin respiración y con lágrimas en los ojos, el chico era un despiadado en el sexo y me tenía más que chorreando la vagina. Me detuvo y me dijo: "Es primera vez. Así que quiero que me enseñes cómo se coge a puta madura como tú". Esas sucias palabras encendieron un volcán interno y despertó mi lujuria al máximo. "Descuida chiquito, hoy aprenderás los placeres del sexo" –le dije. Vaya que premio me tenía deparado el destino, desvirgar a un macho de venite años y lo disfrutaría al máximo.
Me monté sobre él y me deslicé despacio, sus ojos se pusieron blancos de placer al sentir como su verga se abría paso en mi interior. Me empecé a mover suave, no quería que por la emoción acabara pronto. Lo besaba con lujuria y él correspondía con la misma intensidad, poco a poco aumenté el ritmo, mis gemidos se hacían más fuertes y mis tetas se deslizaban por el rostro de Juanito, quien hábilmente se las ingenió para capturar una de ellas y jugar con su lengua en mis pezones duros. "Eso Juanito, lame, así chiquito. ¡Uffff! Muerdelos con fuerza" –le decía mientras mi vagina tenía aprisionada su verga. "¡Oh, por Dios! Para ser tu primera vez, lo haces rico cariño" –le decía entre esos momentos en que mi respiración agitada me daba un poco de tregua. Me detuve y me salí de encima, Vi su verga cubierta con un hilo sangre que iba desde el frenilllo hasta la base, el muy puto no mentía, de verdad era virgen y ese regalo fue exquisito. Se la chupé sin importar el hilo de sangre que brotaba de su verga, hacía más perversa la escena; disfrutaba ese exquisito sabor que se mezclaba entre mis fluidos, los de él y la sangre.
Me tiré al piso y me puse en cuatro, le dije que me la metiera con fuerza. Estaba deseosa de sentir su juvenil ímpetu taladrando mi vagina; se acomodó de tal forma que solo con poner su glande en la entrada me la metió con fuerza. Se tomó de mis caderas y empezó con embestidas infernales, sentía que me partiría pero me estaba cogiendo de una forma tan deliciosa que ese dolor se transformaba al instante en placer. Ya no podía contenerme, cada embestida era una invitación a un orgasmo, era la invitación a sentirme presa de ese joven macho que apresaba mis caderas y me cogía como un demente. Trataba de pedir un respiro pero de mis labios solo salían gemidos agonicos y solo balbuceaba tratando de hilar una palabra coherente. Mi mente pensaba una cosa pero mi boca solo decía: "Dame, cogeme duro, quiero ser la única puta en tus fantasías". Al fin mi perverso verdugo se detuvo solo para demostrar que era una puta. Ya que apuntó su verga directo en mi culo, grité con fuerza: "¡Hijo de puta, me duele!". Pero no le importó, me follaba como si el mundo se fuera a acabar, ya estaba envuelta en sudor y casi al borde del colapso. Su verga se hinchó y sentí como se descargó en mi interior, me regaló todo el semen de su primera cogida y caí al piso quedando inmóvil y temblorosa por algunos minutos, se tendió a mi lado y me dijo: "Valió la pena la espera". Con una sonrisa en sus jóvenes labios y la satisfacción en sus ojos me besó. Se vistió y terminó su vaso de gaseosa. Le dije que se fuera, necesitaba tiempo para recuperarme hasta que llegue Alejandro. Antes de salir le di un beso con lujuria y que mi hijo ni nadie podía enterarse de lo que había pasado. "Tú descuida, nadie sabrá lo que aquí paso" –me dijo.
Me fuí a mi cuarto, me puse calzones para que el exquisito semen de Juanito no huyera de mi culo, me puse unos jeans ajustados y solo una blusa. Retoqué mi maquillaje y revolví un poco más mi cabello, me dispuse a esperar a mi marido. Al rato llegó medio borracho después de su puto partido de fútbol. Al verme me dijo: "¿Qué haces vestida así? ¿Estabas de puta o estás esperando a que te coja el culo?". Me reí en su cara y le dije: "Si supieras lo que he estado haciendo no preguntarías estúpido". Me miró y no fue capaz de decir nada. Subió a darse una ducha y me dijo que lo esperaba en el cuarto. Fuí, me quité la ropa, menos el calzón y lo espere en la cama, él salió con su pose de macho alfa y se tumbó como un saco de papas, me ordenó que le chupara la verga; tomé su flácido miembro y lo metí en mi boca, me dió demasiado trabajo para que se pusiera duro, hasta que al fin lo logré. Aunque mis planes estaban por concretarse, me encanta tener una verga en la boca. No quería que el alcohol arruinara la fiesta, así que me subí sobre él, hice mi calzón a un lado y la metí en mi culo, no bastaron más que unos tres minutos y el borracho acabó sin quiera notar que ya tenía el culo lleno de semen. "Ah, no, no me vas a dejar a medias" –pensaba. Me dijo que le gustó cuando puse mi vagina en su cara y que lo hiciera otra vez. Lo miré y le dije: "Esta vez me comerás el culo". Pareció no molestarle la idea, me acomodé de tal forma que mi ano quedó justo en su boca y empezó a lamerlo, sintiendo el sabor de su semen y el de Juanito, me parecía tan idiota que no se daba cuenta que el "macho" estaba comiéndose su semen y el de un muchachito. Después de un rato le dije que parará, me quité el calzón y limpié mi culo, empecé a lamer las manchas del semen de Juanito y le dije: Mira lo puta que es tu esposa, marica y aprende. Le puse mi calzón en la cara y le dije que lo lamiera hasta dejarlo limpio. Muy obediente lo lamió mientras lo masturbaba con vehemencia, quería que acabará pronto y que probara su semen directo de mi mano, para que lo lamiera como un buen perrito. No tardó mucho y mi mano quedó con sus fluidos y le dije cómelo perro, no quiero que quede nada en mi mano. Así lo hizo, de manera obediente.
"Vamos a jugar de manera diferente" –le dije. Él sin pensarlo dijo que sí, fuí al clóset y le dí un conjunto de mi ropa interior, colaless y brasier. "Póntelo" –le ordené. Sin dudarlo hizo caso. "Apóyate en la pared" –le dije. Tomé la cámara que usamos la noche anterior y la puse a grabar. De sus pantalones sucios saqué el cinturón, él estaba con sus brazos extendidos y las piernas separadas, me acerqué por detrás y toqué su verga que estaba tiesa. "¿Te calienta perro vestirte como puta?" –le pregunté. Al no tener una respuesta la apreté con fuerza y se lo volví a preguntar, esta vez respondió de manera afirmativa. No niego que me sentía poderosa ante la situación, había estado leyendo y en mi mente la lujuria no dejaba de maquinar las cosas que había leído. Le dí una nalgada, a lo que él reaccionó con un gemido, entonces le dí otra con más fuerza; dijo: "¡Uy qué rico!". Me calentaba la manera en que gemía al sentir mi mano golpeando mi nalga, porque le salía en un tono demasiado marica. Decidí llevarlo al otro nivel, lo empecé a azotar en el cinturón, no había resistencia de su parte, solo deseo y gemidos intensos, sus nalgas estaban rojas por los azotes; me sentí tan empoderada que continué con su espalda. "¿Lo disfrutas puto? –le preguntaba. "Si, me gusta, hazlo con más fuerza" –me decía. Sus deseos eran un detonador a todos mis demonios y estaba encantada al ver su disposición. Fuí al clóset y tomé una de sus corbatas, la puse en sus ojos y puse mi calzón en su boca. "Vamos a ver qué tienes para ofrecerme puto" –le dije. Lo tiré en la cama, quedando boca abajo y con su culo expuesto, le bajé el colaless y le metí uno de mis dedos en su culo; dió un pequeño salto pero después de quedó quieto para que lo penetrara, el muy marica seguía el movimiento de mi dedo con un exquisito vaivén. Otro dedo entró sin mayor problema, su culo estaba dilatado y él solo se movía como señal que lo estaba disfrutando. El tercer dedo dió un poco más de problema, pero al final se amoldó a los otros; Alejandro, levantó su cabeza en señal de placer y el muy puto acabó en mi calzoncito. "Eres muy putito" –le dije y sin sacar mis dedos lo empecé a nalguear hasta que se me cansó la mano.
Estaba satisfecha por lo que había sucedido, le ordené que durmiera en el piso con mi lencería puesta, ya que mañana tendría otros planes para mí marica personal. Al llegar el nuevo día, mi marica dormía plácidamente en el piso; le dejé una nota sobre la cama que decía: "Quédate tal como estás vestido". Me fuí a la sala a realizar mi rutina de ejercicios y me dí una ducha. Me vestí con los mismos jeans ajustados y la misma blusa de anoche pero sin ropa interior y zapatos con tacos altos. Alejandro bajó con la lencería puesta. "Te habías tardado putito" –le dije. No dijo nada, solo me miró a los ojos y sonrió. "¿Te gusta que te diga así?" –le pregunté. "Tú crees que si no me gustara dejaría que lo hicieras" –me respondió. "No es lo que te pregunté, responde bien puto" –insistí. "Sí, me gusta, me gusta ser tu puto y que me vistas con tu ropa; lo disfruto" –respondió. "Interesante respuesta, ahora veremos qué tan puto eres" –le dije. "Lo que tú quieras hacer me gustará" –respondió. Tomé mi celular e hice algo que jamás pensé, marqué el número de Juanito delante de él. "María José, ¿Cómo estás?" –preguntó. "Bien cariño, ¿y tú?" –le dije. "Muy bien, pero, ¿a qué debo tu llamada?" –preguntó. "Quiero que vengas ahora" –le dije y corté. "¿Para qué quieres a Juanito en casa?" –preguntó Alejandro. "Ya lo verás, no seas impaciente" –le dije.
No pasó más de una hora cuando el timbre de la puerta sonó le dije a Alejandro: "Vé a abrir la puerta, no hagas esperar al invitado". "Pero, pero..." –alcanzó a decir. "Obedece de una vez" –le dije. La cara de Juanito al abrirse la puerta fue de asombro total, no entendía lo que estaba sucediendo. "Pasa mi cielo, no te quedes ahí parado, es solo el marica de mi marido. Te estaba esperando con ansias" –le dije a Juanito. Alejandro también me miró con cara de no entender lo que pasaba pero daba igual, él había aceptado. "Sirvele una gaseosa al niño" –le dije a Alejandro. "¿Para qué quería verme con tanta urgencia señora María José?" –me pregunta con algo de incomodidad. "Deja las formalidades de lado tesoro y dime solo María José o puta como me lo decías cuando me cogiste ayer" –le respondí. La cara de Alejandro era no sé, de enfado; pero que importaba, él se quiso subir al barco y asumir las reglas de mi juego. Juanito por su parte no sabía que decir, estaba absorto. "No te preocupes, chiquito, es un marica inofensivo" –le dije. Miré a Alejandro y con la mejor voz de puta le dije: "Cierto putito que eres inofensivo. Al contrario, se vé que te gusta, porque tú verga ya se puso dura y yo estoy húmeda. Me quité la blusa y bajé mi jeans delante de ellos; me comencé a tocar con descaro y sin pudor. Mis gemidos resonaban y Alejandro no podía contener su estación, era demasiado evidente, estaba tocando su verga por encima de la tanga y le dije: "Nadie te ha dado permiso de hacerlo putito, así que te calmas ya" –le ordené. Obediente se detuvo. "Y tú Juanito muéstrame lo dura que la tienes" –le dije. Se levantó y bajo el jeans que traía puesto y su bóxer, se veía exquisita, que pasaba mi lengua por mis labios imaginando ese rico sabor. "¿Sabías que esa verga es mía? Yo fuí la primera puta a quien se la metió" –le dije a Alejandro, él jadeaba al verme tan caliente y deseosa por la verga de otro hombre. "Seguro se te antoja mamarsela" –le dije. Movió su cabeza afirmando. "Yo sé que sí, ya tienes experiencia con mi dildo y lo hacías bastante bien" –le dije. La situación estaba al límite y mi deseo también. "¿Quieres comérsela?" –le preguntó. "Estás segura? –preguntó. "No me respondas con una pregunta. ¿Quieres comérsela si o no?" –le dije entre gemidos. "¡Me encantaría!". Arrodíllate frente a su verga y pregúntale si te da permiso". Juanito estaba pajeándose cuando Alejandro se arrodilló frente a él y le dijo: "Juan, ¿dejarías que este marica te mame esa rica verga?". Juanito me miró y yo moví mi cabeza asintiendo, entonces respondió que sí.
De un solo bocado mi esposo se tragó ese apetitoso pedazo de carne, empezó a chuparla como experto, la engulló completa y la sacaba; cada vez yo estaba más caliente, me quité el jeans y fuí hasta Juanito, quiera que empapara sus dedos con mis fluidos; él entendió muy bien lo que quería y sin decirle nada metió sus dedos en mi ardiente concha. Le dije a Juanito: "Viste que era un marica inofensivo. Además, sabe chuparlo". El muchacho no dejaba de invadir mi concha con sus deliciosos dedos y Alejandro hacía muy bien su "trabajo", haciendo que el jovencito gimiera de placer. "Se ve que te gusta lo que haces putito" –le decía a Alejandro; él solo seguía chupándole la verga a Juanito y a masturbarlo con lujuria. También se masturbaba de manera beligerante aumentando más su excitación. "Detente" –le ordené. Se detuvo y les dije ahora iremos a la habitación para que podamos estar más cómodos". Mientras subíamos la escalera Juanito aprovechaba de nalguearme con fuerza, haciéndome exclamar: "¡Ufff, qué rico!". Al llegar a la habitación, le dije a mi marido que se quedara en el piso, a lo que él obedeció. Era mi turno de comerme esa deliciosa verga y sentir lo dura que estaba. Miré a mi esposo y le dije: "No pierdas detalle de lo que tú esposa puede hacer". Me senté en la cama y atraje a Juanito hacía mí, cómo la puta insaciable que soy se la comencé a chupar, hábilmente la tragaba por completo y Juan solo masajeaba mis tetas, apretaba mis pezones, haciendo que me retorciera en la cama pero no me detenía de mi labor; al contrario, era un estimulante para hacerlo con más lujuria. Mi marido solo miraba y se masturbaba suave viendo lo rico que me comía ese joven trozo de carne.
La forma en que mi lengua envolvía la verga de Juanito lo hacía casi pararse en la punta de los dedos, entendía que ya estaba a punto de explotar pero no quería comerme su semen, así que le dije a mi esposo que se acercara y le dije que siguiera hasta que el muchacho le llenara la boca con su espeso semen. Él siguió lo que ya estaba a punto de culminar, me puse más atrás en la cama y recostarme con las piernas abiertas para masturbarme viendo la candente escena que tenía frente a mis ojos. De momento, estaba tan poseída por el placer que tenía mis ojos cerrados y solo me preocupaba en oír mis gemidos, solo me preocupaba el placer que estaba sintiendo y la manera más deliciosa de tener un morboso orgasmo. Juanito comenzó a jadear y las mamadas de Alejandro se hacían más rápidos. "Eso, chupasela puto. Hazlo acabar en tu sucia boca y traga hasta la última gota" –le decía. Al fin, Juanito dió un alarido de placer y descargó todo su ímpetu en la boca de mi marido, era como si hubiéramos estado conectados; ya que al momento de acabar él también lo hice yo, exploté cómo nunca, incluso mis fluidos salieron despedidos con fuerza empapando la cama y quedando con temblores en todo mi cuerpo. "Déjale la verga limpia sucio perro. Qué no quede nada de semen desparramado y tragate lo que recibiste" –le dije. Le pasaba la lengua de arriba a abajo, llevándose hasta el último rastro de semen que había quedado. Me quedé observando por un momento y veía la cara de placer de mi marido, era como si se hubiera liberado de algo que lo estaba reprimiendo.
"¿Quieres más?" –le pregunté a mi marido y sin dudarlo respondió que sí. "Está bien, has sido un perro obediente y mereces un premio" –le dije. "Juanito, mi amor, desnúdate" –dije al muchacho. Se quitó la ropa casi al instante. "Tú perro, quítate la lencería y chupasela para que se ponga dura otra vez" –ordené a Alejandro. Una vez que estuvo dura, le dije a mi marido que se subiera a la cama y se pusiera en cuatro. "Juanito, revientale el culo a este marica" –le dije. Alejandro se acomodó y abrió su culo, el muchacho no lo dudó y de una sola estocada se la metió completa, haciendo que el marica gritara. "¡Cogetelo sin piedad!" –le dije. El muchacho se lo metía con tanta fuerza que tenía que sujetarlo con fuerza para no perder ese agujero que estaba cogiendo. Me puse debajo de Alejandro y me metí su verga en la boca, se la empecé a chupar mientras el chico le da duro a su culo. No pasó mucho tiempo hasta que mi esposo acabó en boca, salí de debajo de él y le di su semen directo de mi boca, él se lo comió completo y yo solo observaba cómo aquel hombre que se decía ser macho era cogido por un muchacho que era más hombre que él. "¡No le tengas piedad al puto y dale duro, ya vez que le gusta!" –le decía. Mi marido jafeba acomo un perro cansado en cada embestida hasta que Juanito le llenó su culo. Tomé mi calzón y lo limpié. Le dije que ninguna gota debía ser desperdiciada y lo tiré al piso para que lo lamiera. Era excitante ver lo obediente y dócil que estaba en cuatro lamiendo mi calzón lleno de semen.
"Ahora sí, chiquito. ¡Cógeme cómo me gusta! –le dije a Juanito. Si verga a un no perdía fuerza, se me subió encima y con mis piernas envolví su cintura para que me la metiera con fuerza. "¡Oh qué rico mi amor! ¡Dame duro! ¡Soy tu putita!" –le decía. Le ordené a mi marido que se parara mirando la pared, no tenía el derecho de verme gozando con otro ya que era un marics que le gustaba comer verga. Él se paró frente a la pared igual que un niño regañado, con las manos atrás. Juanito seguía dándome su verga haciéndome gritar de placer, me sentía tan puta cogiendo frente a mi marido; aunque no podía ver, escuchaba mis alaridos y gemidos, sabía que estaba caliente y que le daban ganas de unirse ya sea para comerse la verga de Juanito o cogerme entre los dos. Juanito me la metía tan rico que me hacía estremecer por completo, estaba tan caliente que solo le pedía que la metiera con más fuerza. "Aprende putito, así se folla a una puta. Date vuelta y mira como me la meten rico" –le decía a Alejandro. El se volteó y me vio ensartada en la verga del muchacho. "Puedes pajearte si quieres, porque ya encontré un macho que me culea como me gusta" –le decía. Siguió dándome que sentía la vagina tan abierta y tan húmeda que me fascinaba cómo me la metía. Alejandro miraba con cara de caliente masturbándose; me sentía sensual y perversa que me gustaba demasiado.
Nos detuvimos un momento solo para que él se tumbara de espaldas y yo me montara sobre su verga. "¡Oh, que rica la tienes!" –le dije. Me empecé a mover con fuerza, apretaba mis tetas de manera perversa; mi mirada pecaminosa y llena de placer se posaba en Alejandro, le sonreía al verlo y saber que solo era un putito sumiso. El pajero acabó y lamió su semen de manera lujuriosa. Ahora quería que lo hiciera Juanito y llenara mi concha. "Vamos chiquito, dame tu semen caliente" –le decía, mientras hacía más intensos mis movimientos; entonces se tomó con fuerza de mis muslos y los apretó. Sentí como explotó en mi interior. "¡Oh, qué delicioso coges para ser tu tercera vez!" –le dije. Caí en su pecho, la vagina me palpitaba y ardía por la violencia de sus embestidas. Tomamos un merecido descanso, para continuar con nuestra rutina. Juanito se vistió y le di un beso apasionado para despedirlo. Me quedé con Alejandro y le dije: "Podrás mantener tu pose de macho alfa cuando esté nuestro hijo en casa, pero no volverás a cogerme nunca más. Solo serás el juguetito que quiera usar cuando quiera ver qué tú culo se coma mi dildo". "Estoy de acuerdo, incluso no protestaré, solo quiero ser ese puto que esté a tu disposición" –me dijo. "Juanito será quien me coja y si estoy de ánimo dejaré que te lo meta solo para mí placer" –sentencié.
De lunes a viernes Alejandro era el macho, pero los fines de semana sería el puto que me daría su culo y Juanito sería el encargado de hacerme sentir puta y sensual.
Pasiones Prohibidas ®

Muy interesante trama bien detallado sin duda un lujurioso relato de principio a fin, mi Señor.
ResponderBorrarExcitantes detalles.
La narrativa, la historia, los personajes
Muy bien elaborado mi perverso
Tienes un gran talento con las letras💋
Hola fiorella
BorrarIesta genial, m a encantado...
BorrarExcelente relato y muy detallado me agrado y muy interesante lo que terminó siendo el macho, saludos!!
ResponderBorrarUna lujuriosa experiencia Caballero que saca a flote deseos perversos q uno tiene guardado y a veces es necesario sacarlo a flote para hacerlos realidad
ResponderBorrarExquisito relato, me encantó 😏
ResponderBorrarLa verdad el relato es fantástico ase que afloren esos deseos que se tienen guardados muyyyy excitantes
ResponderBorrarJjje de espina a pétalo de flor deshojado, fuerte la hembra
ResponderBorrarExcitante, para cuando otro?
ResponderBorrarPor eso los chicos aman a las mujeres maduras son decididas.
ResponderBorrarY ud maria q edad tiene?? Saludos
BorrarMuy excitante se me pasaba por la cabeza todo lo q estaba contando esa mujer... Muy exitante
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