Espero hayan descansado de mí y de las cosas sucias que por un momento llegaron a pensar mientras leían mi segundo relato. Bueno, aquí estoy tal vez para deleitarles con lo que viene o tal vez para alimentar su curiosidad en torno a lo que leerán. Para bien o para mal están en mi espacio y es decisión de ustedes quedarse o irse; solo les diré que algo les ha movido a leer la tercera parte de mis secretos.1Les decía que al otro día de llegar del "trabajo" (por cierto el más placentero que he tenido) me dormí en el piso del departamento hasta la noche cuando sonó mi teléfono y se me dijo que había un cliente que quería algo especial fuera del burdel, lo primero que pensé: Una aburrida cena dónde un viejo de pene flácido me luciría entre sus amigos como una medalla colgada en su pecho y de cómo cada vez que estamos juntos me revienta la concha a vergazos, y yo tener que reír de sus estupideces para que quede complacido y como un semental ante sus amigos. Claro, era una cena. Debía vestir formal para la ocasión. Me fui a la ducha aun chorreando semen entre mis piernas, sentir la tibieza del agua corriendo por mi cuerpo era placentero, tanto que mi corazón se comenzó a acelerar y mi respiración se agitó al punto de casi ya no poder oxigenar por completo. ¿Qué mierda? Empecé a gemir como descontrolada y espasmos involuntarios me invadieron. ¿Otro maldito orgasmo? ¡Por Dios! ¡Soy una sucia y caliente puta! Ni siquiera un miserable baño me puedo dar en paz que mi cuerpo reacciona de inmediato.
Ese infinito placer que me invade y que es incontrolable hace que mis piernas tiemblen, al punto de hacer que me sujete para no caer. Mis dedos buscan mi clítoris hambriento, me masturbo de manera frenética mientras el agua me recorre por completo. Yo quería ser puta pero esto era demasiado, aunque lo disfrutaba por montones. Al fin, otro delicioso orgasmo; ya estaba lista para afrontar la aburrida cena. Me puse un vestido de fiesta y me maquillé no tan puta, ya estaba lista cuando sonó mi teléfono, me indicaron del burdel que un vehículo pasaría por mí en dos minutos. Bajé a esperar cuando veo un Jaguar negro que se estaciona, salgo y era alguien del burdel. "Buenas noches" –me dice mientras abre la puerta trasera. Me subí y el conductor cierra la puerta para empezar la marcha.
El viaje fue un tanto aburrido, ya que quien conducía no
dijo ninguna palabra, lo que no me puedo quejar era de la música que traía, ya
que soy fans del blues. Para mí una música excitante y llena de sensualidad.
¡Diablos! Mis bragas se estaban mojando solo con los acordes de la música, por
primera vez no sabía qué hacer, ya que ponerme a "jugar" en el
asiento trasero podría traerme problemas. De manera disimulada me tocaba los
senos sin que el conductor se diera cuenta, de todas formas él parecía solo
concentrarse en las condiciones del camino para tener un trayecto seguro.
Levantarme el vestido hubiera resultado demasiado evidente por lo que apretaba
mi vagina para intentar calmar las ansias. "Caballero, necesito que me
obsequie unos minutos" –le dije. Él miró por el retrovisor y no dijo nada,
solo movió su cabeza afirmativamente. Me levanté el vestido y metí mis dedos
entre la ropa interior, mis entrenados dedos encontraron el lugar y comencé a
gemir de la manera más descarada. Él observaba en silencio. De pronto, se hizo
a un lado y detuvo la marcha. "Las putas como tú son especiales, tomate el
tiempo que sea necesario" –dijo. Encendió un cigarrillo mientras observaba
como la puta del asiento trasero se quitaba las ganas de sexo. Se bajó del
auto, encendió un cigarrillo y me observaba con ojos de lujuria, entre mis
gemidos notaba como él disfrutaba del espectáculo mientras fumaba su cigarrillo
lentamente. En mis ojos también deseo y quería que se metiera al auto e hiciera
todo lo que quisiera conmigo. Imaginaba todo lo que podría hacerme y me
calentaba aún más; mordía mus labios, pasaba mi lengua por ellos para invitarlo
a hacerse presente y que me tomara pero solo era una sucia puta que él
observaba y nada más.
Al cabo de unos minutos acabé entre espasmos y gemidos, con mi vagina desbordada por el deseo. Fue entonces que se subió para seguir conduciendo. Sin decir nada siguió la marcha y llegamos a una mansión a las afueras de la cuidad, escondida en un espeso bosque. Mi corazón se aceleró ya que miraba a mi alrededor y solo veía vehículos de alta gama estacionados; en mis adentros pensaba: "¿Qué tipo de fiesta será?". No era miedo lo que sentía, sino estaba impaciente por bajar del auto para ver de qué se trataba todo. Se estacionó el conductor y me abrió la puerta, me entregó un antifaz de color negro y me dijo: "¡Úsalo! Es una regla del anfitrión". Me dirigió a la entrada, había una especie de control de seguridad; se acercó a uno de los guardias para susurrar algo en su oído, el hombre movió la cabeza asintiendo; me observó y me recorrió con un detector de metales. ¡Mierda, qué estrictos! Entonces me dijo: "Señorita, pasé al salón, vendrá alguien a buscarla". "Muchas gracias" –respondí. Entré, el lugar era precioso, el salón donde esperaría era más grande que mi departamento; se notaba que era una casa antigua por tipo de muebles con los que estaba decorado. No pasó mucho tiempo, cuando una chica vestida con uniforme de doméstica que dejaba nada a la imaginación viene por mí y me dice: "Tenga la amabilidad de acompañarme". "Claro" –le dije. Caminamos por un largo pasillo; ella se veía sensual caminando delante de mí, no podía dejar de mirar sus nalgas y deleitarme con el movimiento de sus caderas al caminar. Por enésima vez estaba caliente.
Llegamos a una habitación en donde habían dos chicas vestidas de igual forma, amablemente me saludaron y una me dijo: "La prepararemos para que se pueda encontrar con su acompañante. Recuerde que no puede quitarse el antifaz que lleva puesto; tampoco podrá tener algún tipo de interacción con alguien más a menos que se le sea permitido por su acompañante y la persona con la quiera interactuar acepte. También es importante y no olvide que todo aquí es confidencial, no podrá hablarlo con nadie fuera de este lugar, si tiene su móvil por favor déjelo acá, le será devuelto al momento de retirarse. Todas las personas aquí deben ser tratadas de manera formal, Señor o Señora según sea el caso y entre sus iguales debe usar el prefijo de señorita o señorito. ¿Ha comprendido lo que se le explicó?". "Entiendo" –le dije. "Muy bien entonces la prepararemos" –dijo. Lentamente comenzaron a quitarme el vestido, podía notar que lo hacían con detenimiento; eso me agitaba mucho. Una de ellas siguió hasta dejarme solo con el brasier y mi pequeña tanga, otra desabrochó mi brasier y comenzó a poner aceites aromáticos en mi torso, sentir sus suaves manos me ponía a respirar agitado, además, el aceite estimulaba mi olfato. Mis pezones al roce de sus manos se pusieron duros, ella lo notó y me dio una sonrisa un tanto traviesa para mi gusto. Siguió masajeando mi cuerpo, mientras la otra chica quitaba mis bragas empapadas. ¿Qué podía hacer? Soy una puta y por más que ustedes puedan decir algo, la verdad no busco opiniones, simplemente busco que se deleiten con lo que les cuento.
Ambas al ver mi excitación se miraron con lo que describiría con una mirada cómplice, mientras sentía como mis muslos eran recorridos con calma, así como mi pecho. Comencé a jadear, esa maldita sensación de calentura me tenía hace un rato ya poseída. Entonces, la chica que recorría mis pechos apretó mis pezones, una corriente eléctrica me invadió y tuvo un epicentro delicioso en mi vulva, haciéndola destilar esos tibios fluidos que sin permiso recorrían mis muslos; tomó mi barbilla y me dio un tierno beso en los labios, la otra chica, hizo lo propio en mi vagina con su lengua, probando lo que ésta le ofrecía y de la misma manera que la otra chica al terminar besó mis labios. "Para nosotros usted está prohibida pero gracias por dejarnos ser parte de su excitación". Se me cambió mi ropa interior por un conjunto rojo y unas medias que llegaban a mis muslos. Entonces dejaron un antifaz también rojo sobre la mesa y me dijeron que lo pusiera mientras me daban la espalda para no ver mi rostro.
Una vez lista, se me llevó a otro salón donde la persona que había contratado mis servicios me iría a buscar. Estaba de pie esperando, nadie se me acercaba ya que los protocolos eran estrictos; era un ambiente desconocido, los varones vestían de frac, las mujeres vestían atuendos ostentosos y estábamos las putas que vestimos ropa interior roja. Algo interesante que pude notar es que todos usábamos máscaras o antifaces, una anticuada costumbre pero diferente al ser parte de "esto", lo llamó así porque no entendía la situación pero si entendí que estaba para "darle a alguien el mejor servicio".
Al cabo de unos minutos se acercó un hombre alto, de unos cuarenta y tantos, vestido de manera elegante; bajé la mirada como se me había instruido previamente. Podía sentir su mirada haciendo un recorrido por mi cuerpo, esa sensación innegable de que mi sexo se estaba mojando me invadía y hacia que mi vagina empezara a palpitar, respiraba agitado y mi cuerpo temblaba. "Eres tú a quien espero. Cómo puedo ver se te dieron la instrucciones y sabes acatarlas, eso está bien; puedes levantar la mirada y hablarme" –me dijo. No sabía que decir, había una sensación que me tenía en silencio, no era miedo, era esa estampa que reflejaba este hombre. "Vamos, di algo, tienes mi permiso" –indicó. "Estoy agradecida que me haya escogido entre tantas opciones que tenía disponibles, estoy aquí para lo que usted requiera de mí, Señor" –le dije. "Muy bien" –dijo él. Entonces continuo diciendo: "Vamos a dar un recorrido mientras esto comienza". "Cómo usted disponga Señor" –respondí. "Te pondré un collar y una correa, caminarás a mi lado gateando no como una bebé sino como una buena perra que pases con su dueño. ¿Tienes objeción con eso?" –dijo. "No, ninguna. Cómo le indiqué, estoy aquí para complacerlo de la mejor manera posible". Mientras colocaba el collar en mi cuello y sentir como lo ajustaba en mis adentros pensaba que nunca había tenido una experiencia de este tipo pero algo en mí decía que lo disfrutaría al máximo. Una vez ajustado el collar obedecí su orden, caminaba a su lado como me indicó. Paseamos por el inmenso jardín y mis ojos se deleitaban con algunas cosas que había de mobiliario. Artefactos medievales usados por antiguos verdugos e inquisidores, cuerdas, cadenas, jaulas; incluso otras chicas que eran usadas como sirvientas, mesas o muebles. Todo era nuevo para mí pero excitante, muy excitante.
Nos detuvimos un momento para "conversar" con otro asistente a la reunión. Me indicó que me sentara y obediente adopté una posición que pareció complacerle. Mi culo recostado en los talones, cabeza abajo y con las palmas en mis muslos. Acarició mi cabeza y me dijo: "Eres una buena perra". La otra chica que acompañaba al otro hombre se tiró al piso y abrazó una pierna de éste. Charlaron sobre algunos negocios y cosas aburridas que yo conocía de mi vida pasada. Parecían divertirse en su conversación, para ellos éramos invisibles, casi imperceptibles; como un pequeño accesorio. Cuando terminaron de charlar seguimos con la caminata para familiarizarme con el entorno. Entonces fuimos a un pequeño bar que era atendido por una hermosa chica de pechos grandes que estaba en topless. Pidió un Cognac Richard Hennessy para él. "¿Quieres algo de beber?" –me preguntó. Solo moví mi cabeza afirmando, entonces pidió otro Cognac para mí pero dio instrucciones que debía ser servido en un plato bebedero para su perra. La chica sabía qué hacer, así que lo sirvió y dejó en el piso. "Bebe bella perrita" –me dijo él. Entendí que debía beberlo del plato como hacen las perras, así que lamí para probarlo. Tenía un sabor intenso, delicioso para ser yo alguien no entendida en licores pero se veía que era algo refinado. "Lo que bebes es un Cognac Francés que los antiguos datan del Siglo XIX. Uno de los más caros y elegantes del mundo servido en un plato para perro. Así que disfrútalo" –me dijo. "Gracias Señor por el privilegio" –le respondí. Una vez que bebimos ese trago me indicó echarme en el piso, cosa que hice casi por instinto; me estaba gustando ese juego porque me sentía como una perra en celo, estaba tan húmeda que en mi interior pedía a gritos que me cogiera sin compasión. Qué usara a la perra que obediente lo seguía cuando caminábamos, total para eso pagó y yo estaba ahí.
Al cabo de unos minutos apareció un hombre vestido completamente de negro, llevaba una máscara un tanto particular, tenía forma como de pájaro. Al instante el ruido ambiental desapareció y mi acompañante tiró de la correa, lo que entendí como una orden de colocarme en la posición que antes había adoptado, acarició mi cabello con suavidad cómo recompensa a mi oportuna obediencia. El hombre habló dando la bienvenida a los asistentes; dijo que la noche estaba reservada para el placer y que cada uno debida disfrutar a su antojo todo lo que de sus mentes salieran. También habló sobre ciertas palabras de seguridad que se debían usar y que todo lo vivido sería una deliciosa experiencia digna de atesorar. Al oírlo me excitaba demasiado, al parecer todos sabían que hacer pero en cambio yo era debutante en estas lides, por eso dejé que mi acompañante me guiara para satisfacerlo y yo quedar satisfecha. El hombre desapareció entre las sombras y mi acompañante jaló mi correa para ponerme de pie, me dijo: "Desde este momento, hasta que nos vayamos serás mi esclava y harás todo lo que te diga. Mis órdenes serán tu deseo y mi voluntad será tu devoción. No estás obligada, pero de aceptar no hay vuelta atrás. Me llamarás Amo y tú serás mi perra fiel. ¿Aceptas?". Después de un momento de silencio, le dije: "Sí, acepto. Quiero todo. Quiero que me use y abuse de mí de todas las formas posibles. Quiero ser quien descargue sus íntimos deseos esta noche".
Me llevó en un recorrido que para mí pareció alucinante, aunque para él era solo un paseo por el parque. Lo que mis ojos veían eran dignos de aquellas historias que se leen en libros antiguos, en dónde verdugos torturaban a los prisioneros con azotes y otras indumentarias destinadas para ese fin. Había cepos, potros, látigos, esposas, cuerdas; pinzas que eran puestas en los pezones y partes íntimas de aquellas personas que estaban en la misma posición que yo. La única diferencia entre aquellas historias y lo que veía era que el dolor se transformaba en placer; no sabía si estaría dispuesta a llegar tan lejos pero la idea era demasiado excitante. Se detuvo en uno de los cuartos de la vieja casona, pidió permiso educadamente para ingresar y ser observadores en lo que estaba sucediendo. La mujer que lo atendió estaba vestida con un traje de látex y unas botas con tacones altos, llevaba un antifaz igual de látex y un látigo en la mano. Ella accedió sin problemas al requerimiento de mi Señor y entramos. Lo que vi me erizó la piel, dos hermosas mujeres completamente desnudas y atadas frente a frente, unidas por cuerdas como si formaran un solo cuerpo. Me parecía excitante la escena y no podía negar que estaba ansiosa por ver lo que sucedería. Mi Amo me indicó sentarme en el piso como una perrita y observar en silencio, no tenía permiso de decir nada solo ver lo que esa mujer haría con esas dos chicas que tenía a su merced.
Ella caminaba alrededor de las chicas haciendo sonar sus
largos tacones llenando de incertidumbre el ambiente, las miraba y les ordenaba
que la miraran a ella como si quisiera meterse en sus mentes, ellas sin dudar
obedecían y lo hacían no solo por darle en el gusto, lo hacían porque querían
que ella se sintiera complacida. Mi vagina palpitaba y sentía la humedad
pegarse a mi ropa interior, veía sus senos pegados rozando aquellos pezones y
aunque los antifaces cubrían sus ojos no podían disimular el brillo de la
lujuria. "Observa" –dijo mi Amo. La mujer tomó distancia y con un
movimiento certero blandió el látigo el cual dio de lleno en las nalgas de una,
quien correspondió el azote con un delicioso gemido mezclado entre dolor y
placer. La otra chica mordió sus labios al oírlo, más al sentir el movimiento
de la que fue azotada que se deslizó por sus duros pezones. Otra vez la mujer
se paseó por la habitación y con otro movimiento azotó el culo de la otra
chica, quien reaccionó de la misma forma. No había en ellas protesta, yo no
sabía si era un castigo o una forma de placer que hasta ese día desconocía y me
parecía tan excitante que casi estaba jadeando por mi excitación. Les ordenó
que se besaran, ellas lo hicieron al instante, siguió moviéndose por la
habitación marcando sus pasos el piso de madera; las soltó de las cuerdas y las
llevó a la pared en dónde hizo que se apoyaran con sus brazos en alto y sus
piernas separadas, ellas hicieron caso y adoptaron la posición que se les había
señalado.
La mujer encendió unas velas que estaban sobre una mesa, cuando la cera se comenzó a derretir comenzó a verterla sobre los cuerpos de las chicas, quienes se retorcían al sentir el calor de ésta sobre ellas; era un juego erótico tan deliciosamente perverso que sentía la necesidad de tocarme pero no quería romper la magia del momento solicitando permiso para hacerlo. La mezcla de los colores de aquellas velas creaba un hermoso cuadro en esos perfectos lienzos que gemían con placer, se veía tan excitante que la humedad en mi vagina me jugaba en contra, incluso mi respiración se hacía más agitada. Entonces la dama vestida de látex tomó un cuchillo, el que deslizó por el cuerpo de las mujeres en la pared para quitar los rastros de la cera que ya se había secado. Mi sorpresa fue tal que sentía el filo de la hoja como si estuviera recorriendo mi cuerpo, incluso al notar que había sangre destilando por esos deliciosos cuerpos hechos por el filo de aquel cuchillo. ¡Dios mío, qué deliciosa experiencia! Entonces mi Amo, le dijo a la mujer que gracias por lo que nos había mostrado y salimos del cuarto.
Seguimos caminando por los estrechos pasillos hasta que llegamos al lugar que mi Amo tenía preparado para mí. Volvió a recalcar que no existía obligación a quedarme, que era libre de irme si así lo deseaba pero mi calentura era tan grande que solo atiné a responder: "No quiero irme, quiero estar a su servicio y hacer todas las cosas que usted tenga en mente con esta sucia perra". Me miró y esbozó una sonrisa. "Muy bien, siendo así debes tener en cuenta que los juegos se detendrán en un lapso de tiempo o cuando tú digas ROJO, para mí será señal de que has alcanzado el límite de tu resistencia, también en ese momento saldrás de la habitación y volverás a vestir la ropa que traías para ser llevada a dónde se te recogió. ¿Está claro?" –me dijo. "Entiendo mi Señor" –respondí. Entonces me quitó el brasier e hizo que me colocara en una X de madera la que tenía grilletes arriba y abajo. Con suavidad aprisionó mis muñecas y tobillos quedando de espaldas a él, empezó a recorrer mi espalda y mis glúteos con sus dedos; era como si una brasa encendida se deslizara haciéndome gemir solo con el roce de la punta de sus dedos, cada vez lo hacía más suave pero mis gemidos se hacían intensos, conocía a la perfección como tocarme, me preguntaba en mi mente ¿Cómo sabía dónde deslizar sus dedos? ¿En qué momento pudo leerme con tanta facilidad? Mi vagina palpitaba y mis fluidos empapaban mis bragas, solo con tocarme me llevaba al orgasmo a pasos agigantados. En un momento sentí como sus manos se posaron en mi culo y sin decir nada me dio una nalgada que me hizo estremecer de placer, luego vino otro y otro hasta hacer que mi deseo se encendiera al máximo, ya no podía controlarme, solo deseaba que él me nalgueara con fuerza dejando su mano marcada en mi culo; cada nalgada era una caricia, cada vez que sentía el golpe mi cuerpo temblaba. Sin duda él sabía despertar a la puta de mi interior y sacaba a relucir mis deseos más oscuros. Me dijo: "Aún no puedes acabar putita". Qué dulce sonaba esa palabrota en sus labios, lo veía como una recompensa por soportar con entereza sus nalgadas, me gustó la forma en que me lo dijo y le supliqué que la dijera otra vez. "Eres una putita deliciosa. Valió la pena pagar para que estuvieras aquí". ¡Oh, sí, soy una puta! Ustedes lo saben, ya se los dije antes y por eso siguen leyendo lo que les cuento, porque también les gusta que sea así de puta y fantasean con que sus mujeres fueran como yo y, solo se tienen que conformar con masturbarse leyendo lo que escribo, así que no me juzguen porque son igual de putos que yo".
Luego se acercó a la pared donde yo estaba a mi lado habían colgados algunas cosas que hasta ese momento desconocía pero él usaría en mi cuerpo, la expectación era tal qué cada respiración era un grito agónico para que saciara su lujuria en mi cuerpo. Tomó una fusta, la que blandió cortando el aire haciendo que mi cuerpo saltara no por miedo, sino por el placer de ser azotada como una sucia puta. Deslizó el cuero por mi espalda y al llegar a mis nalgas sentí el fuerte impacto que me hizo exclamar: "¡Oh, qué rico!". Ese golpe detonó las ganas de tener un orgasmo; rogué, suplique pero me lo negó, el muy maldito jugaba con mí placer a su antojo y yo obediente trataba de contener mis ganas de explotar en cada golpe. Mi culo, mi espalda y mis muslos eran el centro de sus certeros golpes. No les miento al decirles que ya mis fluidos escurrían por mis piernas, sentía que tenía mojado hasta mis zapatos por la calentura que me tenía prisionera. No podía entender por qué me gustaba ser usada de esa manera, solo sé que lo estaba disfrutando. "Se ve que te gusta putita" –me dijo. Entre mi respiración agitada solo pude responder: "¡Me fascina mi Señor!". Él sonrió de forma maquiavélica. "Si, me doy cuenta que así es" –dijo. Mi corazón parecía que se quería escapar del pecho al sentir que su verga erecta rozó mis nalgas, en mi interior deseaba que posea mi culo, me movía incitando su lujuria; me tomó del cabello y me dijo: "Aún no, sé que puedes dar que una simple cogida". Mi deseo estaba en complacerlo y hacer cuánto él dispusiera, era su puta, había pagado para tener ese derecho y además, yo lo acepté. Mi voluntad estaba rendida y mis demonios a su entera disposición.
Entonces tomó de una mesa en la sala, lo que parecían unas pinzas metálicas una pequeña cadena que las unían. Las que colocó en mis pezones, el dolor al principio se hizo insoportable pero me acostumbré rápido a sentirlo y ya solo era placer; mientras él seguía marcando mi cuerpo con los azotes de su fusta. Entre gemidos y alaridos disfrutaba de su perversión. "¡Por favor mi Señor, permítame acabar!" –le suplicaba, pero sus labios solo salía "No". ¿Era un ser despiadado? Sí, lo era pero me tenía embobada con su forma de ser, ya que luchaba con mis ganas y mi deseo solo para su placer. Quitó las pinzas de mis pezones, dándole un poco de alivio a la presión, después bajó mis bragas y me tocó con tal libertad, que mi cuerpo temblaba, probaba mis fluidos impregnados en sus dedos y me daba a probarlos a mí también, chupaba y lamía cómo perra sucia, mientras otra vez me dejó sentir su erección entre las nalgas. "Ahora sí putita, puedes acabar" –me dijo, mientras no se detenía de cogerme con sus dedos. Mi vagina palpitante reaccionó y al sacar sus dedos mis fluidos se desbordaron con fuerza cayendo al piso dejando una marca estampada de mi placer ahí. Me quitó los grilletes y tomó mi cabello, llevándome al piso dijo: "Ahora como la sucia perra que eres, lamer tus jugos del piso. Me puse en cuatro y lamí con unas ganas desenfrenadas obedeciendo su orden. Se sentó en una silla parecida a un trono y se cruzó de piernas para observar como bebía del piso la humedad de vagina. Su mirada era profunda y llena de lujuria, me calentaba demasiado sentirme observada por él y saber que me tenía al borde de un precipicio de perversión.
Me indicó que me acercara a él, fui gateando con mis ojos clavados en los suyos. Me observó con orgullo y una sonrisa dibujada en sus labios. "Te has ganado el honor de lamer mis zapatos" –dijo. Obedecí deslizando mi lengua por el borde de sus zapatos. Él tenía un cigarro en su mano mientras mi lengua recorría por completo su calzado; me sentía como la sucia perra que él esperaba que fuera, ya que mi obediencia y devoción era tal que me olvidé de todo para solo concentrarme en su placer. Mi vagina suplicaba fervientemente ser poseída y no podía disimular mis ganas, mis gemidos mientras lamía sus zapatos eran notorios pero él parecía impávido, cómo si no los notara. "¡Por favor mi Señor! Déjeme sentir su miembro abriéndose paso en paso en mi interior" –le dije. El solo hecho de hablarle sin su permiso me hizo merecedora de una fuerte cachetada que más que dolor provocó más deseo de pertenecerle. "Te dije que solo podías hablarme si yo te lo permitía y no tienes permiso de hablar" –sentenció. Me tomó y me colocó sobre sus piernas y comenzó a nalguearme sin compasión; sabía que lo merecía y que debía pagar por mi impertinencia. ¿Lo disfrutaba? Claro que sí, me encantaba como me castigaba y lo que más disfrutaba era el dulce ardor que su mano dejaba en mis nalgas. Estaba inmersa en un éxtasis profundo que hace tiempo no experimentaba y déjenme decirles que en mi en corto tiempo en que llevo en este trabajo me han cogido de todas las formas posibles pero nunca había experimentado este tipo de placer y sobretodo sin ser penetrada, ya que es lo primero que hacen los estúpidos, solo esperan a que te quites la ropa para metértela de una pero él tomaba su tiempo para jugar con mis ganas.
Me dejó en el piso y se puso de pie. “¿Quieres verga puta? –me dijo. “Sí, mi Señor. ¡Lo deseo! Bajó el cierre de su pantalón y sacó su verga, estaba erecta y lista para ser chupada, entonces me acerqué y la metí en boca. Era deliciosa, sentirla en boca no solo era un deseo cumplido sino una necesidad en mi perversión, se la apretaba con fuerza mientras mordía su glande, él gemía suavemente y acariciaba mi cabello, se notaba que lo estaba disfrutando como yo. Cada vez la sentía más dura y más hinchada; mi lengua se envolvía a su miembro y se deslizaba lentamente desde el glande hasta la base. No podía dejar de chupársela, quería tragarme su semen y saborear hasta la última gota. Lo masturbaba con vehemencia y él ya había intuido mis intenciones, me detuvo y me lanzó al sillón en el que había estado sentado; había otros planes en su mente perversa, me acomodó quedando boca abajo y me ordenó que me tocara, mis dedos se fueron directo a mi vagina. “Quiero oírte gritar de placer puta” –me dijo. Mis dedos frenéticamente masajeaban mi clítoris y los metía en concha húmeda, jadeaba, gritaba demostrándole lo caliente que estaba por él. Otra vez el maldito me tenía a su merced y yo como buena puta obedeciendo cada uno de sus requerimientos, ya casi no podía seguir porque no tenía fuerzas. De pronto, sentí como su glande se abrió paso en mi culo, me la metió de una, di un alarido de dolor y placer; sin ninguna contemplación comenzó a moverse de manera despiadada, haciendo que mi culo se abriera al paso de su verga. Mientras me la metía apretaba mis nalgas sin delicadeza haciendo que la sensación fuera por demás intensa, al punto de hacerme acabar una vez más. Ya no podía mantenerme en la posición y caí desplomada sobre el sillón, pero a él no le importó, solo siguió metiéndomela duro. Sentía que solo era un juguete para su diversión, ya que en ningún momento se detuvo, en su mente él había decidido dejarme inerte sobre el sillón, ya casi no salían gemidos de mi boca, solo afrontaba su dureza de la mejor forma posible. Al fin, después de un rato el maldito ser acabó dentro de mi culo; por primera vez desde que soy puta sentí alivio y pude recobrar el aliento, mientras sus fluidos salían de culo que palpitaba por la intensidad con la que me cogió. Me puso las bragas y el brasier, su mirada se clavó en sus ojos y me sentí intimidada por la profundidad de sus ojos. Esbozó una sonrisa y me dijo: “Te has comportado a la altura de las circunstancias”. Agradecí que lo notara pero el continuó diciendo: “Hasta aquí ha llegado el vínculo que nos unía esta noche, eres libre de irte y regresar a tu casa, se te escoltara hasta donde te recibieron y te podrás vestir como llegaste. Después se te llevará a tu casa o al lugar que estimes conveniente ir”. Por primera vez, la despedida con un cliente se me hizo difícil, no quería irme, quería estar con él y que siguiera usándome. Pedí permiso para hablar el cual me fue concedido: “A pesar de ser la primera vez para mí en este tipo de cosas, agradezco que me hiciera parte de este mundo por las horas que hemos estado juntos, pero no quiero dejar de ser parte de él y mucho menos quiero dejar de pertenecerle” –le dije. Me miró y dijo: “¿Qué esperas? ¿Qué te tome como mi sumisa? Una cosa es jugar a ser algo por algunas horas pero es muy distinto adoptar este estilo de vida”. “Mi Señor, lo sé pero también sé que de su mano aprenderé a complacerlo y seré todo lo que usted espere de mí, pero por favor no deje que esto termine” –le dije en tono de súplica.
No obtuve una respuesta de su parte, tomó su teléfono e hizo una llamada, a los pocos minutos llegó una de las sirvientas a buscarme y me llevó para vestirme; el auto me esperaba y emprendimos el rumbo a mi departamento. Iba en silencio, con la capucha puesta hasta que el conductor me indicó que debía quitármela. No volví a saber de él, tampoco supe cómo se llamaba pero si sabía que me había hecho sentir la mejor puta del mundo, mi corazón aun palpita de emoción cuando suena mi celular en la noche albergando la esperanza de que sea él quien requiere mis servicios.
Pasiones Prohibidas ®

Me Fascino mi Señor....
ResponderBorrarQue delicia de relato muy excitante
De principio a fin...
No pude evitar acariciar mi sexo un poco Mientras seguia la lectura...
Realmente incita.. deseandote y necesitandote mi adorado perverso.
Esperare ansiosa el siguiente relato mi amor💋💋
Maravilloso relato, con esas descripciones tan bien detallas que dan más vuelo a la imaginación y a las sensaciones, gracias por compartir tus lujuriosos letras Mr.P
ResponderBorrarMuy detallado y exitante.
ResponderBorrarExcitante....m encanta...
ResponderBorrarExquisito relato que pena que no se haya quedado con ella hubiera sido una buena esclava a su servicio además que puta ya era y cada línea la disfrute muchísimo gracias Caballero como siempre
ResponderBorrarSublimemente exquisito, que placer tan grato leer semejante descripción de sensaciones, de placer y lujuria, realmente se transmiten al lector, y la perversa imaginación fluye.
ResponderBorrarGracias por compartir y continuar con esta serie de relatos