84. Una noche con una pequeña madura

 



Era tarde, una noche de un miércoles de verano. Quería un último trago antes de encarar el regreso a casa para dormir unas horas y arrancar la jornada laboral. Las vueltas sin rumbo en el auto me llevaron a un bar en una esquina céntrica de mi ciudad. Me acerqué a la barra y pedí un vaso de whisky para beberlo y de ahí salir a casa. Soy un amante del whisky y me gusta beberlo lentamente si es un Buchanan's de 12 años mucho mejor. Al cabo de unos razonables minutos estaba ya por salir cuando en unas banquetas de la barra, tres o cuatro de distancia había una mujer que conversaba con el barman. Vestía toda de negro y ceñido al cuerpo: botas y medias, short de jeans recortado y una polera sin mangas. Parecía una pendeja, por la onda y por su diminuto cuerpo. Sus manos delataban que estaba sobre los cuarenta. Delgadita pero bien fibrosa, bien marcados sus brazos y muslos, pechos pequeños, todo en perfecta armonía.

Después de un rato el barman terminó la conversación con ella, copé la parada invitándole un trago a elección. Aceptó y dijo: "Lo mismo que tú bebes cariño". Ya me empezaba a caer bien la madurita. Entre charlas y risas bebimos algunas y whiskies me contó que era de Viña del Mar y que había llegado a Santiago siguiéndole el rastro a un amigo cubano que se suponía venía a trabajar a un conocido bar como especialista en tragos tropicales. Cómo había llegado esa noche a la ciudad y se había alojado en un hotel del centro, preguntó por su amigo en los bares de la zona y en todos recibió la misma respuesta: "Nadie conocía a su amigo caribeño". Eso la tenía preocupada ya que según sabía y conocía a su amigo, no era un mentiroso. Entonces pensé y recordé dónde estaba ese famoso bar. Gentilmente me ofrecí a llevarla hasta allá, ya que igual no era tan cerca de donde estabamos, aceptó, pagué la cuenta y emprendimos el rumbo. 

Ingresamos al lugar luego de pagar la entrada y recorrimos las barras de lugar. Eran varias, algunas dentro del bar y otras en los patios al aire libre. En ninguna estaba el cubano y tampoco nadie lo conocía. En el recorrido aprovechamos de pedir unas copas y bailamos un poco en la pista interior, bajo las luces y los efectos del alcohol. Su carisma, su pelo y su perfume me habían puesto muy caliente. Cómo ya era madrugada apuré la situación y le dije de llevarla hasta su hotel. Ella entendió las intenciones que tenía y dijo que sí, fuimos hasta el auto. Antes de subir la tomé por la cintura haciéndola girar y la acerqué firmemente hacia mi cuerpo. Como la diferencia de altura era notoria (yo 1,80 m y ella 1,55 m aproximados.) mi verga erecta quedó pegada a su abdomen plano; nos besamos con lujuria por varios minutos. De camino al hotel, ella iba masturbándose, brindándome un espectáculo digno de una puta deseosa. Cuando acabó se encargó de darme placer con su boca, sin pedir permiso bajó el cierre de mi pantalón y me lo chupaba deliciosamente, en esas condiciones no podía seguir conduciendo, así que estacioné al costado de la calle para que ella se diera el gusto, la sensualidad que ponía al hacerlo me calentaba mucho más. "¡Qué rica verga tienes cariño!" –me dijo. Yo solo disfrutaba de su boca hasta que me hizo acabar y tragó todo mi semen, los residuos que quedaron fueron habilmente retirados por la punta de su lengua. Ya satisfecha seguimos el camino hasta su hotel. 

Una vez en la habitación instantáneamente quedamos desnudos, no hubo juego previo solo lascivia y lujuria. Su diminuto cuerpo era casi perfecto. Se notaba la piel de mujer madura pero físicamente estaba impecable. De una nos tiramos en el piso, no hubo tiempo de ir a la cama y de una devoré su concha depilada, devolviendo el placer que recibí en el auto, ella gemía y masajeaba sus tetas. "¡Eso cariño, cómetela toda" –me decía. Era inevitable no despegar mi boca de tan deliciosa vagina, saborear su humedad y deleitarme viendo cómo se retorcía por el placer; quería que acabara solo con el roce de mi lengua ya que no era necesario meterle los dedos. "¡Sigue cariño, me tienes al borde de la locura!" –decía. Eso aumentaba más mi calentura, no me detendría hasta conseguir que acabara. Al fin ese deseado y aparatoso orgasmo llegó haciendo que gemiera hasta quedar agotada y dejando mi boca llena de sus fluidos. Después de recuperarse, me retribuyó con una exquisita chupada de verga y testículos intensa, escupiendo mi glande y usando su lengua para limpiar su propia saliva, era una experta y lo sabía, aprovechaba esa deliciosa experiencia para darme placer.

Decía cuanto le gustaba mi verga y se la tragaba entera hasta la base. Luego se puso en cuatro ofreciéndome su culito pequeño pero duro y terso. Hundí mi lengua en su orificio y le frotaba el clítoris, le encantaba sentir como mi lengua hurgaba su culo y lo movía para incitar más mi lujuria. Prácticamente no tenía tetas. Eran apenas dos bultitos con unos pezones rosados pequeños, puntiagudos y erectos. En esa posición acomodé la punta de mi verga en su concha húmeda y fui dando pequeños empellones hasta que mis piernas chocaron en sus nalgas. El sonido característico de esas “cachetadas” y mis testículos golpeando su concha, era un detonante de pasión en ella, "¡Así, cógeme duro!" –decía. Su cara caía al piso cubierto por la alfombra y quedaba casi sin aire; yo estaba tan caliente que cada vez más aumentaba mis embestidas llevándola casi a los gritos de lujuria, sentía como esa deliciosa concha palpitaba cada vez que llegaba al fondo; enredé mis dedos en su pelo y lo jalaba mientras se lo metía con más fuerza. Sin darse cuenta acabó otra vez de manera exquisita, sumergida en gemidos y palabras sucias, le encantaba decirlas y a mí me excitaba oírlas.

Luego se acostó de espaldas sobre la cama y me preguntó si me gustaba su cuerpo de pendejita. Afirmé que sí y me confesó que algunos hombres la buscaban para cogerla “porque tenían la fantasía de estar cogiendo una niñita”. Le dije que subiera encima mío en horcajadas, mis manos cubrían todo su pecho retorciéndole los pezones, cosa que le encantaba y la hacía gritar de placer. Se meneaba hacia adelante y atrás con un ritmo sensual que complementaba meneando su cadera. En esa posición pude estimular el agujero de su culo, con movimientos circulares de mis dedos empapados con su saliva, cuando metía los dedos en su boca para que los chupe. Poco a poco su culo se deliraba permitiendo que uno de mis dedos se metiera, hasta que en cosa de segundos otro dedo la invadió, eso la dejó en llamas y le dije sutilmente: “Te quiero partir el culo”. Sonrió y se metió mi verga en su apretado culo y en unos pocos movimientos mi miembro estaba siendo devorado por ese pequeño agujero. Su cara de niña traviesa al sentir como entraba y salía era un deleite, yo seguía apretando y retorciendo sus pezones lo que aumentaba en ella la calentura, me decía con una tierna voz: "¿Te gusta romperme el culo?". Se acomodó de tal forma que la tenía toda adentro. Al rato se puso en cuatro al borde de la cama y clavé mi verga en su culo en una embestida. La posición me favorecía para metérsela con fuerza y hacer que gritara por la brutalidad en qué la estaba follando. Sin piedad y sin un ápice de decoro, solo por el infinito placer que la lujuria nos proporcionaba. Cómo no podía ser de otra manera acabé dentro de su culo, llenado de semen sus entrañas.

Aún con ganas de más, al saberse llena de mi esperma, la traviesa madura, se dió el tiempo de darme una perversa mamada dejando limpia mi verga. Ninguno de los dos quería que la pasión se apagara, se había empecinado en qué quería comerse mi semen y se detendría hasta conseguirlo. Siguió hasta que ya la tenía dura otra vez, la muy zorra ya había saboreado mi leche en el auto pero quería más, me pajeaba y pasaba su lengua por mi glande. "¡Dame tu leche, quiero beber hasta la última gota" –me decía de manera sucia. Adoraba esa forma calentona de hablarle y lo sucia que era y hacerme estremecer con el solo paso de su lengua. Lamía, chupaba y mordía como si la vida se fuera, también me masturbaba frenéticamente mientras decía: "No seas malo con esta niña traviesa, dame tu semen y déjame embriagarme con él". Casi sin poder aguantar las ganas de acabar, simplemente le di lo que estaba pidiendo; exploté llenándole la boca con mi semen para que se lo tragara todo. Su cara era de una niña pervertida que estaba disfrutando de una travesura. No sé detuvo hasta limpiar mi verga por completo, se llevó hasta la última gota.

Quedamos tendidos en la cama echaustos y luego de unos minutos ella entró en un sueño profundo mientras yo dormité un rato. El alcohol, la trasnochada y la cogida la dejaron agotada. Tuve que insistir para que se despertara, así podía despedirme. Me podría haber retirado sin despertarla, pero al verla en la cama, desnuda, mi verga estaba lista para algo más en la mañana. Así que sin despertarla se la metí y me la cogí hasta que se despertó y juntos disfrutamos del placer que entrega el sexo mañanero. Follamos cómo poseídos, nuestros cuerpos envueltos en sudor eran la inequívoca muestra de la lujuria que nos rondaba. Cuando ella acabó y sentir su vagina palpitante y satisfecha fue un verdadero placer. Sonrió y me dijo: "Ven cariño, me voy a encargar de esa verga". Me la chupó con toda su perversión y entendió que ya estaba casi listo para darle mi semen y me pajeó hasta que le salpiqué el pecho, esparciendo el semen y limpiando sus dedos y mi verga con su lengua. Me fui a dar una ducha, lego de unos besos profundos y calientes nos despedimos.

Les cuento que ni supe de que si el cubano era real o un pretexto para coger con un desconocido, pero fue una perversa experiencia y siempre quedará en mi memoria la tremenda noche que pasé con aquella diminuta mujer.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Un bello y exquisito relato mi adorado Amo
    exquisitos detalles que despiertan deliciosas sensaciones.
    El disfrute de la lujuria y el morbo

    Te felicito, escribes maravillosamente mi amor, gracias por entregarnos tan rica y candente lectura 😈😘

    ResponderBorrar
  2. Un exquisito escrito de lujuria y de placer eso nota que cuando alguien quiere coger no importa la edad el tiempo oh en que lugar sea si se tiene ganas se hace y ya.

    Felicitaciones Caballero por su relato como siempre

    ResponderBorrar
  3. Cuando existe una conexión sexual en una pareja aunque no se conozcan es maravilloso porque el nivel de exitacion es inexplicable. Gracias por esos relatos tan exquisitos.

    ResponderBorrar
  4. Maravilloso relato la verdad lleno de sensualidad y lujuria, con detalles que hacen volar la imaginación, realmente cuando existe esa conexión entre 2 personas es algo especial y difícil de olvidar. Muchas gracias por compartir, siempre es un placer leer sus escritos.

    ResponderBorrar
  5. Donde encuentro una mujer asi de caliente q me haga el amor a cada rato q despertamos o nos veamos!!!

    ResponderBorrar
  6. Creo que arriba ya le han dicho todo caballero, cómo siempre un placer leer esas letras que invitan a la lujuria y que alborotan la imaginación.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario