La
mañana llegó y sonó la notificación de mensajes, al abrirlo era Alejandra
completamente desnuda arrodillada sobre la cama. "Muy bien, eres una chica
muy obediente" –respondí. Al cabo de unas horas decidí llamarla.
"¿Cómo estás? Espero que hayas descansado" –le dije. "Sí Señor,
descansé demasiado bien" –respondió. "Me da gusto. Y cuéntame, ¿hubo
alguna represalia por lo de anoche?" –pregunté. "Pues, la verdad no
sabría responder porque estaba tan perdida en lo que estaba haciendo que no
supe si escucharon o vieron" –respondió. Entonces la curiosidad me llevó a
seguir preguntando: "¿Tú que pensaste?". "Para ser honesta, me
calentaba pensar que pudieran estar escuchando, pero me calentaba más la idea
de ser descubierta por ellos" –dijo. "Vaya, vaya. Tienes una perversa
imaginación" –le dije. "No sé porque dije eso, pero si fue muy
ofensivo le pido sinceras disculpas" –me dijo. "No tienes que
hacerlo, a estas alturas solo me dices lo que hay en tu interior y que en
alguna vez has fantaseado con esa escena" –le dije. "Aún recuerdo lo
que me dijo ayer, que podía esconderme de cualquiera menos de Usted y tiene
razón" –me respondió. "Muy bien, planearemos algo perverso entonces.
Ahora tengo que cortar, ya que debo atender unos pendientes. Está atenta a mi
llamado" –dije y corté la comunicación.
Imaginar el mundo de posibilidades que tenía para planificar algo me puso muy caliente. Puse una película y me empecé a masturbar pensando en todas las cosas sucias que haría para moldear a Alejandra a lo que quería como un proyecto terminado. Recordar sus gemidos y recordarla sobre la cama jugando con sus dedos era demasiado excitante, al cabo de unos minutos tenía la mano llena de semen y la imagina como una buena perra lamiendo hasta la última gota. Me metí a la ducha, me vestí y salí a atender los pendientes. Eran cerca de las cinco de la tarde cuando regresé y la llamé. "Buenas tardes Señor" –me dijo. "Muy buenas tardes chica sucia" –respondí. "¡Ay no me diga así porque me pone caliente!" –me dijo entre un suspiro. "¿Es malo acaso?" –pregunté. "No, claro que no. Me gusta estar caliente con solo oírle" –respondió. "Entonces, ¿Por qué no quieres que te diga que eres una chica sucia?" –arremetí. Me dijo: "Porque siento que me pongo húmeda y me dan ganas de tocarme para mostrarle lo sucia que soy ya que Usted me pone así, pero mis padres están en casa". Fue un golpe rápido de excitación que me recorrió por completo al escuchar esa respuesta y mi verga se puso dura al instante. "Entonces ve a tu cuarto y me haces una video llamada" –le ordené. "Está bien Señor" –me dijo.
Pasaron cinco minutos y me llama. "Ya estoy aquí para saciar sus deseos" –me dijo. "Muy bien, abre la puerta de la habitación y desnúdate" –le dije. "¿Qué?" –preguntó con asombro. "Lo que oíste" –respondí. "Es Usted un pervertido Señor" –me dice. "Claro y tú una sucia chica" –dije. Obedeció mi orden y ya desnuda le ordené que se masturbara como la noche anterior. Estaba recostado viéndola y escuchándola gemir, así que también lo empecé a hacer yo con calma y disfrutar ese bello espectáculo. Alejandra estaba jadeante y mientras metía sus dedos en su concha húmeda, y con su otra mano masajeaba sus pezones. Estaba tan perdida en darse placer que no notó que había alguien más mirándola, un silencioso espectador no perdía detalle de lo que estaba sucediendo. Me quedé en silencio viendo lo que sucedería ya que no se dio cuenta que el teléfono enfocaba la cama y la puerta. Pensé que hasta ahí llegaría la video llamada, ya que era su papá quién observaba. No miento que mi morbo se encendió mucho más y me dispuse a tomar el sitial de honor para no perderme detalle.
Fueron
alrededor de tres minutos que él estuvo mirando hasta que se retiró en
silencio. Alejandra no notó a su invitado sorpresa, sino que seguía
masturbándose de la manera más vertiginosa que podía gimiendo con fuerza, se
retorcía en la cama y decía: "¿Así le gusta que sea? ¿Una sucia puta para
Usted?". Yo solo la observaba y seguía tocándome. Tan sucia y tan caliente
se veía hasta que me dijo: "Señor, quiero acabar" "Por favor,
permítame regalarle mi orgasmo". "Aún no, puedes aguantar más"
–le decía. "¡Uy, es un maldito! Me tiene al borde del colapso".
"Tú eres la puta y yo el maldito, por eso sigue tocándote hasta que a mí
me plazca verte acabar". Su vagina chorreaba y el sonido que emitía era
delicioso. Se retorcía en la cama sin sacar los dedos de su interior.
"¡Quiero que me coja, que me haga gritar al tener su verga dentro!"
–me decía. "¡Por favor Señor permítame regalarle mi orgasmo!" –suplicaba.
Cuando ya vi que no podía más, le permití tener ese orgasmo que suplicaba de
forma tan delirante. Cayó en ese hipnótico trance del placer mientras sus
gemidos se hacían más intensos y su vagina dejaba escapar sus tibios fluidos
que caían sobre las sábanas.
Alejandra estaba jadeante con sus ojos cerrados, tratando de calmar su agitada respiración. En eso otra vez el padre aparece en la escena, estaba vez no solo observó sino que hacía lo mismo que yo, pienso que sentir los gemidos de su hija lo pusieron caliente por eso la necesidad de ir a pajearse viéndola. No sé qué habrá pasado por su mente en ese momento pero no retrocedió al ver que Alejandra ya no estaba de la misma forma en que la vio la primera vez, porque no fue impedimento para seguir masturbándose. Cuando al fin la chica sucia recobró las fuerzas y abre los ojos ve a su padre con la verga en la mano; su primera reacción fue cubrirse y después mira hacía el teléfono, le hago una seña para que no corte la llamada, quería ver más de aquel espectáculo gratuito del que estaba siendo testigo.
"Papá, ¿qué haces?" –le preguntó. Él entre no saber qué decir, solo respondió: "Viéndote". "Pero mamá está abajo y esto está mal" –dijo ella. "Lo sé, pero también está mal que te masturbes con la puerta abierta y grites como puta que quieres que te cojan" –dice él. Además, no puedes jugar con fuego sin riesgo a quemarte" –arremete. De pronto, los ojos de Alejandra se clavan en la verga de su padre que no había perdido la erección; por unos segundos mordió sus labios, quitó las manos de su cuerpo aceptando ser observada y deseada por él. Su padre siguió masturbándose mientras ella abría las piernas y le mostraba lo hinchada y húmeda que estaba su vagina. "¿Te gusta lo que ves papito?" –le dice. El tipo embobado le contesta: "Sí, tienes la conchita deliciosa". "¿Así la tiene mami?" –preguntó otra vez deslizando su índice por los labios vaginales. "La tiene igual de rica que tú" –responde. "¿Esa verga apetitosa se come cuando te la coges?" –preguntaba la muy puta. Él responde: "Si, es igual de puta que tú y se la ha comido hasta por el culo". "¡Uy, qué rico! Los he escuchado follar y gime como una puta, varias veces me he tocado cuando lo hacen e imagino que me la metes cuando ella grita" –le dijo. Mis oídos estaban complacidos al oír tamaño confesión de parte de Alejandra, aunque no me sorprende. Sabía que la chica era caliente y que haría cualquier cosa por conseguir una verga entre sus piernas o cumplir alguna fantasía.
Se empieza a mover sobre la cama hasta encontrarse de frente con la verga se padre, la tomó y empezó a masturbarlo despacio, pasó su lengua por el glande probando los fluidos pre seminales, hasta que en un acto de lujuria envolvió la verga con sus labios. No daba más de la calentura, no quería dejar de mirar ni tampoco podía dejar de masturbarme. Alejandra se la chupaba a su papá como una experta, el viejo disfrutaba de como la puta de su hija le daba placer con la boca, inclinaba la cabeza hacia atrás y acariciaba sus mejillas. "¡Oh, eso! ¡Chúpala como lo hace la puta de tu madre!" –le decía mientras Alejandra obedecía la orden de su papá. La lujuria se encienda aún más y yo estaba embobado mirando cómo se la chupaba con ganas.
"Ay papi, quiero sentir tu lengua en mi conchita" –se recostó sobre la cama y le separó las piernas para que su papá jugará con su clítoris. Él se acomodó empezando a jugar con lengua despacio, ella gemía y apretaba sus exquisitas tetas. "¡Ay papi, qué rico me la comes! ¿Soy tan putita como mamá?" –le decía. Alejandra sabía jugar muy bien sus cartas y sabía cómo calentar a su papá y obviamente yo estaba caliente con todo lo que estaba pasando. Él hábilmente lamía y penetraba su vagina con dos dedos, la muy zorra gritaba de manera agonizante disfrutando de ese prohibido placer. Tomaba su cabeza y la hundía en su concha para que no dejara de hacer aquello que Alejandra disfrutaba, él tampoco parecía querer despegarse ya que estaba disfrutando de los tibios fluidos que brotaban de manera abundante. Tuve que rendirme y dejar que mi verga explotara para terminar con la presión. Sentí alivio al ver cómo mi semen salía con fuerza, con grandes y abundantes gotas que se deslizaban por mi tronco y se impregnaban en mi mano. Como pude me limpié y seguí en silencio observando.
La escena se tornaba más intensa y perversa, ella le decía lo mucho que disfrutaba por las noches de como su madre era cogida y que en más de alguna ocasión pensó en entrar a la habitación de ellos para unirse, y para ser cogida de la misma forma. Alejandra sabía que la estaba observando, así que trataba de ser lo más puta posible para hacerme sentir orgulloso. No miento al decir que en cierta forma estaba orgulloso porque estaba creando un moustro en cuanto a perversión y que no había objeción de mi parte en lo que estaba pasando.
"¡Papi, méteme tu verga! Quiero ser tu mujercita" –le dijo. Él no lo dudó ni por un segundo, se puso sobre ella y su verga entró sin problemas. Empezó con movimientos bruscos de una, Alejandra gimió de placer y él se la metía con fuerza. "Así es como le gusta a tu mamá" –dijo él. Entre gemidos le contestó: "Ahora entiendo porque grita, porque eres un macho embravecido". Él no paraba de metérsela con ímpetu, se escuchaba como sus cuerpos chocaban en ese vaivén vertiginoso de sexo prohibido. De pronto la escena cambia, en mis adentros pensaba: "Vaya, esto se puso interesante". Sin duda, era un espectáculo digno de admirar con detenimiento. Era la madre de Alejandra que tomaba parte en la escena, debo admitir que para ser una mujer que estaba próxima a los cincuenta se conservaba muy bien, un poderoso culo y unas tetas abundantes mostraba. Se presentó desnuda, llegué a entender que había sido un plan que tejieron la noche anterior; ya que deben haber visto como la puta de su hija se masturbó siguiendo mis órdenes y eso les tiene que haber provocado al punto de llevar a cabo lo que mis ojos lujuriosos veían al otro lado de la pantalla.
Se acercó sin hacer ruido, acarició a su esposo por la espalda y observaba como taladraba la concha de su hija. Percibía la calentura que traía ya que debió haber estado jugando con su vagina al oír los gritos de Alejandra. Se acercó a la cama y le dijo: "Eres tan puta como yo soy". Alejandra al verla no tuvo ni un ápice de pudor; bueno, a esas alturas del partido solo había lujuria y perversión. La besó con ternura mientras empezó a acariciarle las tetas y le decía a su esposo: "¡Cogétela como la puta que es!". El esposo seguía en su afán perverso de hacer gritar a Alejandra y la esposa se masturbaba a un lado disfrutando del morbo. Ahora había dos putas gimiendo en la cama, mi calentura empezó a brotar otra vez y mi miembro reaccionó a tal estímulo. "Lame la concha de tu mamá" –le dijo él. Alejandra obedeció y se puso en cuatro, con su lengua recorrió cada espacio de la jugosa vagina de su mamá, mientras su padre aprovechaba la ocasión de seguir dándole verga con fuerza. Los gemidos de ambas eran alucinantes, ver cómo la familia estaba en la cama saciando la perversión de sus deseos era más que un estímulo placentero a mis ojos.
En medio de la perversión Alejandra acabó deliciosamente en un excitante orgasmo, el que hizo que al placer que ella estaba sintiendo se transmitirá con su lengua a su pervertida madre, que entre jadeos cayó presa del frenesí que le daba su hija. La madre la tomó con ternura y la subió encima de ella para darle un delicado beso en los labios, para luego meter su lengua en la boca de Alejandra y saborear sus propios fluidos. El pervertido padre las observaba masturbándose como un poseído hasta que anunció que estaba por acabar. Ellas se bajaron de la cama y abrieron sus bocas para esperar ese chorro de abundante semen, el cual no se hizo esperar. Ambas recibieron ese regalo esperado que el padre y esposo les daba, saborearon hasta la última gota de semen como una refrescante recompensa por su sucio comportamiento. Ya había era demasiado el voyerismo de mi parte y corté la video llamada, satisfecho por aquel espectáculo digno de ser aplaudido de pie, y la magistral puesta en escena de la deliciosa puta que había conseguido.
No pasaron más de 10 minutos cuando sonó mi teléfono, era Alejandra; quien aún agitada me dice: "Espero que me haya gustado mi Señor". "¿Gustarme? Me fascinó" –le dije. "Mi Señor, espero que lo disfrutara tanto como yo" –dijo. "No sabes cómo me gustó cada detalle de lo sucedido. Ahora quiero que te des una ducha y vengas a mi hotel, ya tengo otros juegos reservados para ti, así que ven preparada y vestida como una bella zorrita" –le dije. Ella respondió: "Muy bien, mi adorado Señor, estaré para usted y haré todo lo que usted tenga preparado para su placer".
Pasaron unas horas cuando llamaron de la recepción para anunciar la llegada de alguien que venía a verme. "Déjenla subir" –dije. Me paré frente al ascensor para esperarla. Cuando las puertas se abrieron ella salió con un diminuto vestido de color rojo que marcaba su silueta, su pelo bajaba por sus hombros y sus pasos parecían encender el piso por el que caminaba. "Aquí estoy mi Señor para lo que usted disponga de mí" –dijo con un tono de voz dulce. "Te ves preciosa. Acompáñame" –le dije. Como un buen caballero, tomé su mano y ella se tomó de mi antebrazo, caminamos rumbo a mi habitación, llamé a la recepción y pedí una botella de champagne para acompañarnos en la charla. A los poco minutos llegó y colgué el letrero de "no molestar" en la Manilla. No quería que nadie entorpeciera lo que iba a suceder esa casi ya noche. Descorché la botella y serví las copas. Sorbo a sorbo la observaba y en sus ojos se notaba la curiosidad, percibía también que estaba excitada y me gustaba saber que esa sensación ya estaba presente debido a todo lo vivido durante el día en su casa.
"He
planeado algo especial para esta noche" –le dije. Ella sonrió y aplaudió
como una niña pequeña, y me dijo: "Estoy emocionada mi Señor".
Entonces fui al clóset y saqué mi maleta con "los juguetes" que
usaría con ella. Puse algo de música suave para distender el ambiente y le
dije: "Quiero que bailes para mí y te quites el vestido lentamente
mientras lo haces". Con sensuales movimientos fue encendiendo mi lujuria,
ver cómo su cuerpo se movía al ritmo de música era algo excitante. Lentamente
bajó los tirantes de su vestido, mostrando que sus senos estaban descubiertos.
Siguió bajando suavemente y se dio la vuelta para mostrarme su exquisito
trasero que era cubierto por el diminuto hilo de un colaless rojo y lo dejó
caer al piso, se volteó para enseñarme sus exquisitas tetas y yo me disponía a
bajar el cierre de mi pantalón para darle libertad a mi verga y jugar un rato
con mi mano. Luego, me puse de pie, tomé una venda de seda y cubrí sus ojos; le
dije: "Las sensaciones aumentarán si no ves lo que pasa y disfrutarás el
placer de esperar lo inesperado". Ya con los ojos vendados hice que se
apoyara de cara a la pared para que sintiera el frío de ésta, al contacto de
sus pezones con la pared dio un suave gemido. Acto seguido, tomé una pluma de
pavo real de mi bolso y recorrí su cuerpo lentamente, se movía con suavidad
disfrutando y gemía de manera suave, casi imperceptible; solo se dejaba
por la sensación que la pluma le provocaba al deslizarse por su cuerpo.
Decidí en ese momento ir un poco más allá. De la cubeta con hielos que nos trajeron para mantener fría la botella, tomé uno y lo pasé por sus labios; la sensación fría la hizo dar un pequeño brinco pero al segundo estaba siguiendo el camino del hielo con su lengua. Bajé despacio por su cuello y seguí por su espalda. Su respiración se agitaba más y me decía: “¡Qué rico se siente!”. Solo di una pequeña sonrisa, mientras el hielo se derretía en su piel. Tomé otro con la finalidad de invadir su entrepierna. Con este bajé lentamente por sus muslos y subí buscando su vagina, ella separó sus piernas dejando acceso directo a mi perversión; tenía su vulva hinchada y al sentir el hielo deslizando por sus labios gemía con mayor intensidad, dando alaridos de placer. Cuando el hielo se derritió por completo en su sexo, entonces mis dedos tomaron por asalto su clítoris, la comencé a masturbar de manera despiadada. “¡Quiero que acabes puta!” –le dije. Alejandra al sentirse casi al borde del orgasmo, suplicaba que me detuviera, no quería acabar todavía, pero estaba en mí concedérselo o negarlo rotundamente pero mis oídos deseaban escuchar sus gemidos, los había esperado todo ese día y no desaprovecharía la oportunidad de disfrutarlos.
“¡Por
Dios, mi Señor, me tiene chorreando!” –me decía entre sus gemidos. Se retorcía
mientras seguía hurgando su sexo de manera perversa. “Quiero que seas igual de
puta que lo fuiste en tu casa y me digas lo mucho que te gustó coger con tus
padres” –le dije. “¡Ay, Dios mío! Fue exquisito” –decia casi sin poder
contenerse. “Sabía que usted miraba y quería que se sintiera orgulloso de su
zorrita” –añadió. La tomé del cabello y la llevé a la cama, seguí con mis dedos
pero mi boca se fue directo a sus tetas. “¡Oh, qué rico!” –decía mientras no
paraba de retorcerse en la cama. Ya no podía contenerse y con grito desgarrador
acabó, seguido de gemidos que la dejaban sin aire y espasmos en sus piernas.
Satisfecho acaricié su rostro y besé suavemente sus labios. Le ordené que no se
moviera porque aun no habíamos terminado, ella obediente se quedó quieta y
tendida en la cama esperando lo que iba a venir pronto.
Fui hasta mi maleta y tomé un par de cuerdas para atar sus manos al respaldo de la cama, al sentir como las cuerdas aprisionaban sus muñecas exclamó: “¡Haga conmigo lo que usted quiera! Soy su zorrita y estoy para complacerlo”. La até no con mucha fuerza pero si lo suficiente para que no se liberara tan fácil; ahora solo dejaría que mis demonios internos se dieran un festín con el cuerpo de la putita atada en la cama. Ahora es tiempo de usar velas, encendí un par de velas; y me di el tiempo necesario de esperar. Alejandra jadeaba expectante, hasta que empecé a verter la cera en su cuerpo. La sorpresa fue tal que se asustó al sentir el calor en cuerpo, jadeante y con el deseo a flor de piel gemia al sentir como las gotas calientes caían en sus pechos. “¡Qué delicioso mi Señor!” –me decía y yo soreia de manera perversa al ver como su cuerpo era ofrecido para satisfacer mi perversión.
Sin ninguna
consideración invadí su sexo con mi lengua, su deliciosa humedad aumentaba más
aun mi lujuria, mi lengua jugaba perversamente en su clítoris y también se perdía
en su interior, sus tibios fluidos embriagaban mis demonios mientras me
deleitaba en escuchar como jadeaba. “¡Eso, así! ¡Por favor no se detenga!” –me decía.
No estaba tampoco en mis planes hacerlo, simplemente estaba dispuesto a dar
rienda suelta a cada pensamiento impuro que mi mente maquinara en ese momento. Cuando
estaba al borde del orgasmo me detuve y le dije: “Esta vez no, no tienes
permiso para acabar”. Seguí lamiendo su exquisita vagina, ella intentaba
contenerse pero no podía; la lucha fratricida entre la lujuria y la obediencia estaban
haciendo mella en su mente, apretaba sus piernas e intentaba luchar con las
contracciones de su sexo pero no podía, por más que luchaba no podía resistirse,
su anhelado premio estaba cerca y suplicaba por recibirlo. En mí no existía benevolencia
solo una mete despiadada que disfrutaba torturando a su víctima. “¡Por favor mi
Señor permítame acabar!” –suplicaba. “Aun no, ya has tenido varios orgasmos hoy
y quiero que aprendas a controlarlos” –le dije. “¡Dios mío, que malvado!” –dijo
casi de manera agonizante. Una risa endemoniada salió de mis labios y seguí con
mi faena por algunos minutos más, hasta que al fin la liberé de la prisión en
la que se encontraba y le dije: “Has sido una puta valiente y ahora puedes
acabar”. Al sentirse liberada dio un grito intenso seguido de un delicioso
squirt que mojó las sabanas.
La liberé de las cuerdas y quité la venda de sus ojos, quería observar su mirada perdida por el placer, entonces la besé con toda la perversión que me estaba consumiendo, ella se aferró a mi cuello respondiendo el beso con la misma intensidad. “Usted no sabe cuánto lo deseo” –me dijo. “No, no lo sé” –le respondí. “Desde la primera vez que nos vimos usted despertó un deseo que no puedo describir, solo sé que necesito oír su voz, necesito saber que está ahí para llevarme por esos oscuros pasajes de lujuria” –decía. Cada vez nos besábamos con más intensidad, ella se movía para sentir mi erección en su entrepierna y jadear como una perra en celo. “Por favor mi Señor, métamela. Destroce la concha de esta putita que se muere por usted” –me pidió. Me quité la polera y desabroché el cierre de mi jeans, pasaba mi glande por su clítoris haciendo que se estremezca hasta que lo acomodé en la entrada de su sexo, una sola embestida y ya estaba dentro. La puta puso sus piernas en mis hombros para sentirla completa. Sin ninguna contemplación se la metía con fuerza, se estremecía por completo y gemía deliciosamente. Cada vez eran más intensas las embestidas, brutales y hasta la base. “Deme su rica verga, soy su perra hambrienta mi Señor” –decía en cada embestida. La di vuelta e hice que se pusiera en cuatro, su culo estaba a mi disposición, lo empapé de saliva y le dije: “Tu culo será mío”. Alejandra respondió: “Si mi Señor, úselo a su antojo, es todo suyo para saciar su perversión”. Ante tan excitante invitación no hice más que meterle la verga de una en su culo apretado, si bien es cierto costó un poco pero cedió ante la presión. Ella gritó: “¡Por Hades, me duele! Pero me encanta sentirlo en mis entrañas”. Tomado firmemente de sus caderas le taladraba su culo y ella intentaba seguir mi endemoniado ritmo, no pasó mucho tiempo cuando otra vez era visitada por otro orgasmo que hacia palpitar su concha y su culo a la vez. Cayó rendida en la cama tomando aire para recomponerse un instante; otra vez segui con mis movimientos siniestros usando y abusando de su pequeño agujero.
Ambos
estábamos envueltos en sudor y mis ganas de acabar estaban haciéndose presente,
pero no sería su culo quien recibiera mi semen, quería que me la chupara solo
para que se tragara por completo mis fluidos. Saqué mi verga y tomé a Alejandra
del pelo, la llevé al piso y comencé a follarle la boca. La muy puta sabía de
manera perfecta como comérsela y ponía su mayor esfuerzo para complacerme;
recordar esa mirada llena de lujuria me sigue calentando como si fuera la
primera vez, es inevitable ya que en sus ojos hay una mezcla de inocencia y perversión
que embruja. Al fin mi verga se descargó en su boca; fue alucinante ver como bebía
mi semen hasta no dejar rastro de él. Me sonrió y acaricié su rostro con algo
de ternura, la miré a los ojos y le dije: “No me equivoqué contigo”. “Gracias
mi Señor” –respondió con algo de emoción. La llevé a la pared y la besé,
recorrí su cuerpo de punta a punta sabiendo que ya su cuerpo y su lujuria me pertenecían.
Les cuento que la relación ha ido bien, ya ha pasado bastante tiempo desde que estamos juntos y pronto realizaremos la Ceremonia de las Rosas, pero esa es otra historia que ustedes no están preparados para leer.
Pasiones
Prohibidas ®

Una insinuante y muy excitante lectura
ResponderBorrarQue invita a disfrutar del morbo y el placer en cada detalle
Con las sensaciones transmitidas
Un excelente relato Mi Señor
Waoo tremendo relato lleno de de lujuria y placer como siempre Caballero excelentes sus escritos
ResponderBorrarVaya relato muy intenso y con las sensaciones a flor de piel.
ResponderBorrarGracias por compartir sus letras