Soy Damaris y esta es mi historia, soy una estudiante de psicología de 20 años siempre me ha gustado y se me ha dado muy bien y eso relegaban mis notas la alumna modelo menos en una asignatura. La asignatura más complicada no por el contenido si no por la profesora Paulina Dopperman, una mujer implacable de unos treinta y tantos que se notaba que le gustaba haciendo sufrir a sus alumnos más brillantes, ya que ella no aceptaba los nuevos métodos de enseñanza, le molestaba todo lo que decía y hacía en clase así que ya hacía meses que solo iba a las clases justas para tener derecho a hacer sus exámenes. Me ponía enferma solo de verla, tenía una mentalidad muy anticuada y siempre nos criticaba a las chicas con nuestra forma de vestir, siendo que ella va con sus faldas cortas y grandes escotes era una hipócrita y eso me enfadaba aún más.
Hacía poco que habíamos hecho los exámenes del curso fuimos recibiendo las notas y las mías como siempre fueron bastante buenas no bajando de un 6.5 a 4.8, menos en su asignatura me puso un 3.0, revisé y revisé el examen y no estaba para nada de acuerdo, ya que me parecía injusto mis respuestas eran correctas, pero por ser la alumna rebelde a ella no le valían así que me decidí quejar sin esperanzas, ya que nunca había rectificado era una mujer muy orgullosa.
Me planté en su despacho, nerviosa, pero decidida a ejercer mi derecho de luchar por una injusticia, llamé a la puerta y con su voz seca respondió: "Adelante". Yo entré decidida, ya que esa profesora olía el miedo de sus alumnos yo creo que hasta le ponía cachonda ver a sus alumnas con miedo de hacer cualquier cosa. “¡Ah! Si eres tú, pasa, siéntate”–dijo en tono displicente. “Yo también tenía ganas de verte, vengo a hablar de mi examen” –le dije. “Déjame ver” –dijo mientras tomaba mi examen y se colocaba sus gafas. Estuvo un minuto mirándolo y lo tiró en la mesa. Me miro con arrogancia y dijo: “¿Qué pasa? ¿Qué quieres? La nota está bien”. “¡Que está bien! Me has puesto un 3.0 y no es justo; lo he revisado sin parar y no creo que lo hayas mirado siquiera. Me miró con enojo y dijo: “¿Estás dudando de mi profesionalismo! ¿Quién te crees para hacerlo? Solo eres una niñita que siente su orgullo dolido y déjame decirte que la vida no es justa y tienes que aprender a vivir con eso, de lo contrario te equivocaste de carrera, ya que no sabes lidiar con la frustración”. ¡Mierda! Su argumento era lógico y no podía refutarlo. Tomé aire y le dije: “No dudo de tu capacidad pero no me parece justo porque hay otros alumnos que han sacado mejor nota y no tenían respuestas correctas”. Unos segundos de silencio, me miró de pies a cabeza, puso sus manos en el escritorio y dijo con tono enérgico: “¿Estás insinuando que tengo favoritismos? Mira Damaris, has reprobado porque no mereces aprobar, ya que si lo merecieras hubieras aprobado, es así de sencillo”. Entones yo también alcé la voz y le dije: “Me he esforzado mucho y se refleja en mis notas que no soy una mala estudiante, por no decir que soy la mejor en todo menos en tu asignatura”.
Me dio una sonrisa irónica y dijo: “Mira, este examen es lo mínimo, cualquiera lo aprueba; si tú eres tan inútil de no conseguir ni eso es porque no te mereces aprobar un examen y menos mi asignatura”. “¿Yo una inútil? Voy a relajarme. Mira yo te dejo el examen aquí y espero que lo revises y hagas lo que es correcto”. “No lo haré, no lo mereces pendeja estúpida, menos con esa actitud de mierda” –me dijo. Tiró mi examen al suelo. “Recógelo y cierra la puerta” –me dijo con ese puto tono de mierda. La situación estaba tomando un rumbo que casi llegamos a los gritos. No lo hice y me enojé muchísimo; sentir ese desprecio así en mi cara, tratarme como una basura, por suerte tenía bastante autocontrol y solo salí dando un portazo dejando el examen allí en el suelo.
Estuve todo el día enfadada ni entendí en clase, pasaron las horas y llegó la noche; como siempre cené, leí un poco y me tumbé en la cama para masturbarme como hacía todas las noches antes de dormir; era la mejor forma de relajarme. No solía ver nada en concreto, entraba en una página y lo primero que me salía, nunca había tenido un fetiche o una fijación por alguna práctica sexual en concreto, pero esa noche quería algo más de acción para liberar la tensión que tenía en mi cuerpo. Entré en la categoría de dominación por casualidades enlazando vídeos llegué a uno en particular era una especie de Gangbang con una mujer atada con unas cadenas y unos diez tipos haciéndole todas las cosas sucias que querían y ella parecía querer más y más, me sorprendía que el audio fueran en Español, ya que los hombres no paraban de insultar a la chica, no solía ver este tipo de videos, pero me comencé a masturbar lento, en un momento la cámara apuntó directamente a la cara de la chica aunque estuviera cubierta de semen aquella sonrisa me recordó a la de mi profesora, pensé que era una tontería, ya que mi cabeza estaba asociando mi frustración con el deseo sexual, pero me quedé con ese pensamiento, acabé como nunca con aquel video, miré el reloj y ya que era pronto decidí buscar otro de este estilo y encontré un Glory Hole donde había una chica y varios agujeros en las paredes, yo cliqué en aquel video y mi cabeza explotó, era mi profesora aquella dama imparable y con un carácter de hierro estaba allí de rodillas chupando vergas que salían las paredes y eso no fue lo único me di cuenta de que físicamente las dos chicas eran muy parecidas, pero cuando ella sonrió lo vi muy claro la chica de estos dos videos era nada más y nada menos que Paulina Dopperman, mi profesora. La primera reacción fue el odio, guardé e hice miles de copias de esos videos dispuesta a hundir a mi profesora, incluso estuve a punto de enviárselo a unas amigas, pero mi cabeza tuvo esa reacción la excitación; puse el segundo video y ver a aquella profesora la que más odiaba en el mundo chupando y chupando vergas sin parar no sabía que video me ponía más cachonda, pero no aguanté más y me volví a acabar sin parar, guardé los videos en el portátil y los envíe en mi móvil decidida a ir otra vez a “hablar” con mi profesora que desde ese momento se convirtió en mi profesora favorita.
Aquella noche conseguí dormir como una “niña buena” con unas fantasías relacionadas con mi profesora. Desayuné y me duché me preparé la ropa, esta vez iba a enfadar al máximo a la puta, me puse un top de tirantes blanco ella nos tenía prohibido los tirantes en sus clases y también que se viera el ombligo, y debajo una falda roja bastante corta y ceñida para que se me marcase bien el culo, de ropa interior decidí no llevar brasier solo para que se me marcaran los pezones en la parte de abajo tuve más dudas, pero decidí algo clásico, una tanga negro que me encantaba, tomé una chaqueta y mi mochila, dispuesta a ir a clase.
No podía concentrarme en clases ya que tenía unas ansias locas de estar frente a ella y una mezcla de excitación que hacía palpitar y humedecer mi vagina. Pasaron algunas horas y me dispuse a ir al despacho de Paulina, ya que sabía que tenía unas horas libres, estaba nerviosa pero también excitada, no había pensado ninguna estrategia ni siquiera había confirmado que fuera ella, pero aquella sonrisa era inconfundible respiré profundo y llamé a la puerta. “Adelante” –ese maldito tono displicente pero ahora se me hacía un tanto excitante. Abrí la puerta con una sonrisa y allí estaba, su cara era de un enfado desde lo más profundo al verme así. “¿Tu otra vez? Esta vez será mucho más breve. ¡Fuera de mi oficina! ¡Sabes que no puedes venir así!” –me dijo con un tono rojo en su rostro que denotaba furia. Un escalofrío recorría mi cuerpo cuando la escuche fuera de sí, pero no me quitó la sonrisa. “Relájate Paulina, sé que no estás acostumbrada ir con ropa, pero por taparte un poco no pasa nada” –le dije. “¿Qué insinúas niñita engreída?” –me preguntó. Respiré profundo y le dije: “Pues, que voy a insinuar. Te gusta que te aten a cuatro patas y con varios hombres que te llenen la cara de semen mientras te graban y te insultan, y te humillen; obvio, también con la vagina bien abierta para recibir vergas por montón”. En enfado en sus ojos era evidente así como mi calentura, me dijo: “¡Mira niñita vete de aquí, tienes suerte que no te denuncie y te haga expulsar”. La miré y me acerqué lento, saqué mi móvil y le dije: “¿Denunciarme por qué? Por describir uno de los videos porno que has grabado”. Puse el teléfono sobre su escritorio y le di play al video.
Es una pena que no hayan visto su cara, pero era un poema, ella veía que su mayor secreto había sido descubierto por la alumna que seguramente odiaba, su mayor pesadilla quizá se volvió realidad, ella ni me miró solo miraba el video, su cara me excitó bastante, no voy mentir, sentir que aquella mujer de armas tomar estaba por debajo de mí en aquel momento y así se lo hice saber. “Bueno Paulina, puedes sentarte porque creo que tenemos que hablar de mi nota” –le dije. No dijo nada, estaba descompuesta; se sentó mirando al suelo sin atreverse a mirarme. “¿Dónde tienes el examen? Creo que necesita una revisión a fondo” –le dije mientras sonreía. Estaba tan caliente que intentaba apretar mis piernas ya que sentía como mi vagina se mojaba aún más. Su posición e mujer poderosa había cambiado y al fin abrió su boca: “Damaris, siento todo lo que he dicho, te cambiaré la nota, pero por favor borra ese video, olvida todo lo que has visto” –dijo con serenidad. Me reí en su puta cara y le dije: “Sabes que no lo voy a hacer; por mucho que me encanta verte así de arrastrada. A partir de ahora me aprobarás todo y no tendré que venir a tus clases”. “Dalo por hecho” –me dijo. “Ah, se me olvidaba, harás que me aprueben todas las asignaturas de la carrera” –le dije en tono burlesco. Me miró y dijo: “Pero yo no puedo hacer eso, sabes que eso es competencia de cada colega”. “¿Crees que me importa? Te las arreglarás tú solita, se nota que tienes muchas habilidades así que no te costará nada” –le dije. Ella me miró desafiante, pero asintió: “Lo haré, pero que nadie más conozca ese video que quede entre nosotras te lo suplico Damaris, mi carrera y mi reputación quedarían arruinadas sí alguien más se enterara”. “Si eres buena, claro que nadie se enterará, es un arma poderosa para mí tener una profesora tan decente y con una carrera intachable a mis pies” –le dije. Me encantaba esa situación, tener a una mujer como ella dispuesta a todo me ponía muy caliente, no podía olvidar el video verla allí recibiendo vergas de todas las maneras posibles y haciendo miles de cosas perversas despertaron un sentimiento que ni yo sabía que existía.
“Tengo curiosidad ¿Por qué hiciste esos videos?” –le pregunté. Su respuesta fue: “Era joven, tenía un novio en aquella época, él era actor porno y me invitó a ver un rodaje. Siempre me había gustado el sexo duro, pero cuando vi lo que le hacían a esa chica no pude resistirme y grabar un video. Obviamente la vida toma giros y me arrepentí a los años, pensaba que lo había borrado de mi vida hasta que has aparecido tú. Ahora todo lo que he conseguido depende de lo que desees hacer con lo que tienes en tus manos”. “Voy a ser honesta contigo Paulina. Me encantaste en los videos, ver a una mujer que siempre manda en clase así atada y siendo usada como un juguete para satisfacer, recibiendo semen, orina y hasta escupitajos para mí fue de lo más excitante y sucio que he visto. Hasta tengo que reconocer que viéndote así tuve un intenso orgasmo” –le dije.
Me comencé a calentar, a creerme superior ella, la traté de zorra, de puta y todos los insultos que se me vinieron a la cabeza, pero ella no decía nada; estaba recibiendo todos los insultos sin rechistar, incluso en el fondo ella lo pensaba y quizás por eso actuaba como una mujer dominante ante el público, siendo una sumisa a niveles extremos. Quería usarla, me había calentado y mi tanga ya no estaba húmeda, estaba demasiado mojada de verla así. Nunca me había excitado ser Dómina de alguien, pero ahora tenía la oportunidad de lo que se había vuelto la mayor de mis fantasías: Dominar a la profesora Paulina Dopperman. “Te diré lo que vamos a hacer. Te pondrás debajo de la mesa nota” –le ordené. No me dijo nada, solo se metió debajo de la mesa y yo me senté aquella silla, bajé mi tanga obviamente empapada y subí mi falda dejando mi vagina al descubierto. “A partir de ahora seré tú Dómina, harás todo lo que yo diga o tu pequeño secretito saldrá a la luz. Me vas a demostrar si te gusta más comer vergas o de comer vagina” –le dije de forma agresiva mientras acercaba mi vagina a su boca. La muy puta no hizo más que colocar su lengua en mi vulva y empezar a lamer como una buena perra, bebía mis tibios fluidos e intentaba meter su lengua en mi vagina que palpitaba de deseo. Bajé los tirantes del top y saqué mis tetas, las masajeaba y apretaba mis pezones, me tenía loca pero no tendría el placer de hacerme acabar. “¡Detente puta! Aun no eres digna de que te tenga un orgasmo por tu sucia lengua” –le dije. Enseguida se detuvo. Ni yo sabía esa faceta que estaba teniendo, nunca me había imaginado tratar a alguien así aun a nivel sexual, pero me excitaba estaba sacando mi lado dominante solo por demostrarle que la tenía en mis manos. “Me voy a llevar un recuerdito de esta conversación. ¡Quítate la tanga!” –le ordené. Obediente se levantó y quitó su pantalón para entregarme su sensual tanga roja. “Pásatela por la vagina, quiero que tenga tus fluidos y el olor a puta que tienes” –volví a ordenarle. Con la misma sonrisa que en los videos obedeció y me entregó. La tomé del cabello y le di un beso tan intenso que la puta quedó babeando. Le dije: “Me voy ahora puta, espero que cumplas y que aguantes unas horas sin tocarte esa sucia vagina”. No dejé que contestara, cerré la puerta y me fui.
No aguanté más en clase, me metí al baño y allí mismo oliendo su tanga me comencé a masturbar, aunque no llegué a acabar, solo me masturbé por la gran excitación. Ya un poco más con la mente despejada entré a clases, pude prestar un poco mas de atención. Al fin el martirio de la universidad terminó y me dirigí al metro para irme a casa. De pronto, un bocinazo me hizo mirar al lado de la calle, era Paulina en su auto. “Ama, no es justo que se vaya en metro a su casa si tiene una puta que está para servirle” –me dijo. Entendí con eso que estaba a mis pies y que podía hacer cuanto se me antojara. Me subí al auto y emprendimos el rumbo a mi casa. “Me cuesta creer lo que ha conseguido en mí Ama, sé que soy puta pero que los videos llegaran a sus manos y me hiciera ver que solo soy una puta que le gusta ser usada despertó eso que se había dormido por años” –me dijo. “¿Lo dices en serio puta?” –le pregunté. “De verdad Ama, todo lo que pasó me hizo darme cuenta que solo soy una zorra que le gusta ser usada y complacer, y usted es a quien quiero darle todo para hacerla sentir plena” –me respondió. En cada semáforo aproveché para tocar sus tetas y ver que gemía casi sin control, eso me gustaba; lo disfrutaba, mi excitación es demasiada al punto de levantar mi falda para tocarme con descaro delante de Paulina y darle a probar de mis fluidos directo de mis dedos, como una buena perra los saboreaba hasta que no dejaba rastro.
Llegué a mi casa, me fui directo a mi cuarto, me quité la ropa y fantaseaba con lo ocurrido; como de un momento Paulina tuvo un cambio tan radical, pasando a ser una mujer a la vista de muchos poderosa pero en el fondo era una puta que le gustaba ser sometida. Estaba tan caliente, quería masturbarme hasta quedar sin aliento pero no lo hice, me di una ducha fría e hice unos trabajos que debo entregar en la universidad, ya que quería reprimir toda mi excitación hasta tenerla allí delante. Me llegó una foto de mi “juguetito”, me sorprendió, ya que no esperaba nada, abrí la foto y era su vagina abierta, en sus dos dedos con un hilito de sus fluidos que lo hacía brillar. pude reconocer que eran los baños de la universidad; también me dejó un texto: “Tuve que venir al baño solo de pensar en volver a arrodillarme y comerle su deliciosa vagina, aún no me he tocado como puede ver, ni si quiera ahora que estoy sola en mi cama, desnuda y guardando mi lujuria para cuando usted me lo permita. No le molesto más Ama; solo quería reafirmar que soy su juguetito”. Me puse súper cachonda al ver la foto y al leer su mensaje no pude aguantar y me comencé al instante de recibir la foto a masturbarme como poseída por el demonio, mis gemidos creo que pudieron escucharlos mis padres en la sala, pero eso para mí no era problema, ya que estaba en la intimidad de mi cuarto y ninguno se atrevería siquiera golpear la puerta. En verdad la profesora Dopperman me calentaba y no quería reconocerlo, en mi mente lo negaba pero mi cuerpo reaccionaba con más intensidad al mirar la foto en mi teléfono. No me podía creer lo que mi mente comenzó a imaginar, mil situaciones que haría con ella; cada vez estaba más caliente y a punto de abrazarme al orgasmo. Hasta que mi cuerpo no resistió más, comencé a temblar y gemir más descontrolada hasta que al fin ese delicioso placer me invadió por completo, al punto de chorrear mi cama.
Aun siendo una Dómina novata, entendía perfectamente lo que debía hacer para mantener el control y lograr que ella dependiera solo de mi voz para conducirse en el día a día. Estaba caliente y tenía ganas y una buena sumisa que haría cualquier cosa por mí y eso me dio mucha confianza así que tomé mi celular y le mandé un mensaje: “Tú sabes donde vivo, quiero ir a verte y que te arregles para mí. Mándame tu dirección porque quiero desahogar mis ganas ahora”. No pasó ni un minuto cuando recibí la respuesta. Me quedé en la cama tirada pensando, entonces me decidí y comencé a arreglarme. Me puse las bragas que la zorra me había regalado en la mañana, me calentaba llevarla puesta y que me viera, también me puse un jeans negro ceñido, un brasier negro y una blusa negra, botas que pasaban mis rodillas, me maquillé sutilmente. Le dije a mi papá que me prestara el auto, ya que no sabía a qué hora volvería porque debía hacer un trabajo en casa de una compañera de la universidad. Salí y estacioné en la puerta de si casa, estaba nerviosa pero segura de lo que haría. Estaba en un barrio de bastante dinero, era la primera vez que estaba allí, la casa era lujosa y me sentí intimidada, pero llamé a la puerta y no tardó nada en abrirme, allí estaba ella maquillada con un pintalabios rojo, un vestido negro ceñido, corto y escotado; parecía que sus grandes tetas iban a explotar en cualquier momento. Apenas tapaba su culo e incitaba a meter la mano sin contemplación, tan corto que con el mínimo movimiento se le vería todo y por último unos tacones negros, aunque ella era alta esos tacones la hacían mucho más imponente, en aquel momento me entró la misma sensación que cuando ella estaba de cuclillas. Seguro que cuando le dije que iría a su casa se vistió así para demostrar que estaba para complacer mis deseos. “Ama se ve usted preciosa” –dijo mientras se agachaba a besar mis pies, al hacer ese movimiento se le levantó todo el vestido dejando su culo al aire con una tanga negra. Nunca había tenido un fetiche especial por los pies, pero al tenerla así me puse muy cachonda y para ser imponente le pegué con el pie en el hombro apartándola. “¡Levántate perra!” –le ordené. Se levantó enfrente de mi, bajó la vista y me dijo: “Estoy para complacerla mi Ama hermosa”. “Me has sorprendido te vestiste como una auténtica puta, pero veo que no solo te has vestido sino que lo eres” –le dije. “Si mi Ama me vestí como soy, una puta, su puta”. Intenté contenerme, pero es que no podía, cada vez que ella hablaba y se auto humillaba me ponía demasiado caliente; me di cuenta de que llevaba el mismo collar que en el video, también noté que le faltaba algo y era su correa, la tomé del cuello fuerte y la pegué a la pared aunque ella fuera más alta que yo saqué la fuerza de mi excitación y con mi dedo índice jugando en su escote le dije: “Llevas el collar, pero ¿Dónde está la correa perrita?”. “Veo que se dio cuenta que es el mismo collar del video que tanto le gusta. Allí esta Ama” –dijo mientras apuntaba a un pequeño armario que había en el recibidor. La solté, ella jadeaba, ya que le estaba apretando con fuerza, fui al armario y tomé la correa, cuando me giré para colocársela ya estaba de rodillas deseando la pusiera. “¿La quieres perra? –le pregunté. “Con todo lo que soy Ama” –me respondió. La hice suplicar casi a los gritos que pusiera la correa en el collar. “¡Por favor Ama, permítame ser su perra!” –decía. Así que ya no la hice sufrir más, se la coloqué. Se sentía contenta, incluso se tiró al piso y empezó a mover su culo de lado a lado. “Vaya, tengo una perrita bien adiestrada” –dije mientras acariciaba el pelo. “Llévame a tu cuarto perrita” –le dije.
Así hizo comenzó a caminar como una perra por aquella gran casa, salimos del recibidor y ya tenía el vestido por el estómago solo veía la espalda de mi perra y su pedazo de culo comiéndose el tanga y cada vez más, en cada movimiento me ponía más caliente. La casa era enorme, pero ella iba rápido, tenía ganas de ir a su cuarto para ser usada; llegamos, la muy zorra había puesto encima de la cama todos sus juguetes, tenía dos diodos enormes, una fusta, cadenas, pinzas para pezones y un plug controlado por una aplicación en el teléfono; me puso bastante cachonda que ella estuviera dispuesta a todo. “Aquí están todos mis juguetes Ama, a su disposición; si necesita alguno mañana iré a comprarlo; quiero que se sienta complacida con su putita” –me dijo. “Está muy bien perrita, te estás ganando puntos por esa actitud. Ahora desnúdate” –dije mientras tomaba la fusta. Se comenzó a desnudar, no la había imaginado desnuda, aunque los videos fueran antiguos se había conservado bastante bien, incluso tenía más culo y eso me calentaba más, sentía la tanga de la puta tan mojada y pegada a mi vagina que no podia disimular mi deseo. Le indiqué con mi mano que se colocase para recibir azotes en mis rodillas, se subió dejando su culo bien expuesto; dejé la fusta a un lado y acariciaba sus nalgas, era exquisito, me daban ganas de morderlo, apretarlo. Mientras acariciaba sus nalgas la puta jadeaba como perra, esperando a que hiciera todo lo que tenía planeado en mi mente. “Ahora vas a recibir un pequeño castigo por todo lo que me dijiste antes y hacerme sentir poca cosa” –le dije. Estoy clara que eso no se hace pero quería darme el gusto de hacerla pagar por toda la frustración que me hizo sentir. Paulina me respondió: “Claro Ama, déjame el culo rojo que me duela mañana al sentarme en clase”. “¡Para hablar levantas la mano!” –le dije mientras le daba una nalgada con fuerza que me hizo arder la mano. Al ver como el color blanco de culo cambió a rojo, me motivó a seguir nalgueándola. Ella gritaba: “¡Sí, perdone por mi insolencia! ¡Castigueme porque soy una puta mal portada!”. Esa frase la utilizaba ella cuando le interrumpíamos al hablar o hablábamos sin pedir permiso y me sentí placer al decirlo, no conté cuantas nalgadas fueron, solo se escuchaban los golpes secos y al instante los gemidos de mi perra. Por un momento paré y le vi el culo con mi mano marcada, eso le iba a dejar marca como ella quería.
Ví que levantó la mano, cosa que me hizo mucha gracia. “¡Habla puta!” –le ordené. “Perdón Ama por molestarla, pero gracias por estas nalgadas tengo la vagina babeando” –dijo. Lo comprobé pasando mi dedo por su vagina y si estaba ya empapado por sus fluidos, pensé en chuparlo, pero se me ocurrió algo incluso mejor, metí mi dedo empapado en su culo, entró sin problemas, ya que estaba bastante usado por cuanto hombre se haya servido de esta zorra antes de ser la psicóloga y catedrática Paulina Dopperman. “¡Oh, mi Ama! ¡Qué rico!” –dijo. Comencé a follar su culo sin parar, mi puta estaba encantada, le metí dos dedos y maliciosamente la follaba con fuerza, sin parar. Sus gemidos eran una melodía erótica que resonaba en toda la casa, hasta parecía que hubiera eco. Estuve cogiendo su culo por largo rato, ella solo pedía que no me detuviera, pero no estaba en mis planes obedecerle, ya que ella estaba para cumplir mis deseos. “No te has ganado el derecho de pedir sucia puta” –le dije. Ahora quería que me diera placer como en la mañana.
“Ven puta, ya has tenido un momento de placer, ahora es tiempo de que uses tu lengua en vagina” –le dije. “Sí mi Ama, para estoy, para darle placer” –me respondió. Me tumbé en la cama, la puta empezó a desnudarme lentamente entre caricias y suaves besos en los labios. Cuando me quitó los pantalones y vio que tenia su tanga puesta puso cara de asombro. “Ama, que lindo detalle” –me dijo. Creo que eso la encendió más, ya que con prisa me quitó las botas y sacó los jeans; probó mi humedad impregnada en su tanga, para ella un deleite y para mí era como una tortura sentir la succión en mi sexo y ver como se bebía mis fluidos. “Date prisa zorra, mi concha está deseosa de sentir tu sucia lengua” –le ordené. Me quitó la tanga y la experta lame concha empezó con su juego su lujurioso juego. Comenzó dándome besos y unos mordiscos en los muslos que me ponían caliente más de lo que ya estaba, poco a poco sus lametones eran directos a mi clítoris, sin esperar nada, cosa que al principio no me gustó, pero ella misma bajó la lengua para recorrer mi vagina al igual que esta mañana, pero de manera más pausada, dibujando formas con su lengua, poco a poco empezó a hurgar en la entrada de mi sexo, hasta penetrarme con su lengua. Yo estaba casi sin sentido por ese endemoniado placer que me brindaba; estiré los brazos dejándome llevar por el deseo, era una locura, se le notaba con mucha experiencia; hacía lo que quería conmigo, mis gemidos invadían la habitación, como si no fuera poco empezó a masturbarme, moviendo sus dedos en mi clítoris, completando una escena de vicio que no podía resistir. Iba a acabar en muy poco y así sin avisar le agarré del pelo y la pegué la cara a mi vagina restregándola en mis fluidos y acabé, sin que le diera tiempo a beberlos, solo la quería empaparla de ellos como en el video que quedó llena de semen.
“Paulina si que eres una eres una experta lame concha. Ahora ven que quiero verte esa carita de puta” –le dije. Vino con su cara empapada y el maquillaje corrido, con su sonrisa y le tomé una foto; la muy puta solo sonrió, ya no podía más, solo había acabado dos veces pero me había llevado al placer extremo. Ahora la iba a follar yo, pero no con mi lengua sino con un enorme dildo, lo tomé y le dije: “Ven puta, que voy a coger tu sucia vagina”. Su cara pareció alucinar y dijo: “Claro mi Ama” –dijo. Se tumbó de espaldas y se abrió su vagina con sus dedos, me calentaba su sucia cara de puta y al ver su vagina babeando ni la avisé, se lo metí de una, entrando sin problemas. “¡Oh, sí, Ama, deme más fuerte. Cójase a su puta!” –me dijo. Apreté una de sus tetas y le dije: “No tienes permiso de pedir sucia puta” –le dije y escupí su cara. Paulina pasó su lengua por el rostro buscando saborear mi saliva, la buscó con sus dedos y los lamió dejándolos limpios. La escena era asquerosamente erotica y perversa. La comencé a penetrar con fuerza, solo se escuchaban sus gemidos y el chapoteo de su vagina, ella bajó una de sus manos para masturbarse y hurgar su clítoris; no la dejé, ya que quería que sufriera por el placer, metérselo con fuerza y hacer que gimiera era un deleite y me calentaba. “Eso, gime y muéstrame lo mucho que te gusta” –le decía. ¡Qué ganas de gemir junto a mi zorra! Así qué bajé mi mano para masturbarme, nuestros gemidos se fundieron deliciosamente transformándose en uno solo; gemíamos y nos retorciamos de placer hasta que acabamos a la vez sin tenerlo previsto. ¡Ah, fue tan intenso! Nos aferramos en un mismo orgasmo y caí en la cama rendida pero la puta no tendría descanso, saqué el dildo de su vagina y se lo metí en la boca para que lo dejase bien limpio de sus fluidos, verla chuparlo con tantas ganas hizo que me lanzase sobre ella para besarla.
Estuvimos así un tiempo en la cama rozando nuestros cuerpos y jugando con nuestras lenguas, miré el reloj y era tarde así que decidí irme pero no sin antes ponerle deberes: “Bueno putita, creo que es suficiente por hoy, pero tienes deberes. Lo priero es que vestirás como una puta para mañana y sin nada de ropa interior, ves este plug, pues lo llevarás en tu culo hasta que yo quiera” –le dije. “Sí, mi Ama haré todo lo que desee, seré una buena puta, prometo no decepcionarla” -me dijo. La tomé de los pezones y se los retorcí, puse mi mirada en sus ojos y le dije: “No quiero que seas buena, quiero una puta y muy mala". Le solté los pezones y su cara estaba con un convencimiento pleno de ser una sucia puta. “Claro mi Señora, todo lo que espera de mí y más seré” -dijo con una bella sonrisa. Antes de vestirme, me paré sobre ella y la oriné desde su cara a sus tetas; Paulina estaba en éxtasis y me decía: "Eso mi Ama, marque su territorio, soy suya, le pertenezco". Disfrutaba de lo que estaba viviendo y claro que Paulina contribuía a qué así fuera. "Dejaré que te toques una vez esta noche, pero claro que quiero el video de como lo haces y me dedicarás ese sucio orgasmo". "Sí, mi Señora, en cuanto se vaya lo haré; no puedo aguantar más las ganas de mostrarle lo obediente que soy" –respondió.
Le di un beso y una palmada en el coño, me vestí y me fui de su casa, estaba aún caliente y cada semáforo en rojo era ocupado para meter mis dedos en la vagina. Llegué a casa después de unos quince minutos manejo y justo al entrar llegó el vídeo. Mis padres dormían, fuí a la cocina y bebí un vaso de agua fría, subí a mi habitación y lo vi antes de dormir. Paulina estaba completamente desnuda con el plug que le dije que usara mañana en su vagina a máxima potencia y follándose con uno de los dildos mientras gemía y hablaba sucio para mí. Me volví a masturbar como una loca completando un día de ensueño, sabiendo que era solo el principio de algo más intenso. Solo pensaba en que amaneciera para ver como iba vestida mi profesora puta favorita.
Pasiones Prohibidas ®

Wao increíble relato como una alumna logró domar a su profesora y hacerla su puta que exitante relato como siempre Caballero felicitaciones
ResponderBorrarMe encanto
ResponderBorrarSuper intereresante de principio a fin. Los detalles la trama el contexto muy bien elaborado.
Excitantes y sucios detalles que provocan sucios Pensamientos
Me gustó, además que está muy bien descrito
Muy excitante relato mI amado Perverso 🔥🔥💋💋
Wow hasta se me antojo ser Domina
ResponderBorrarExcelente relato como siempre caballero, un placer envolverse en tan lujuriosas líneas que ponen en marcha la imaginación...
ResponderBorrarUna vez más se agradece que comparta su talento...
Ame está historia, siempre he tenido fantasías con chicas y vaya que después de leer esto lo deseo aún más y como siempre Señor es maravilloso escribiendo, sabe cómo hacer que algunas cosas que se encuentran entre las que nunca haría me den curiosidad por probarlas.
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