Tal vez después de tanto tiempo se preguntarán ¿Qué pasó con Ricardo? Bueno, la relación que tenemos es intensa. Todos los días en su escritorio soy follada con intensidad, al punto de terminar desvanecida y casi sin fuerzas para sostenerme. La forma en que me acaricia y la forma en que su verga se abre el paso ya sea en mi vagina o en mi culo me hace desearlo cada día. Se ha vuelto una necesidad casi enfermiza tenerlo dentro mío para que satisfaga sus demonios. Él sabe que puede tenerme cuando lo requiera y me agrada ser la puta que usa para su placer. Solo que debemos guardar las apariencias, ya que como ustedes saben es mi jefe. Nancy se convirtió en mucho más que una amante ocasional, tenemos una hermosa relación; lo malo que el baboso del padre de su hijo no le gustó que tuviera una relación con otra mujer y la demandó por la custodia. Fue un proceso extenuante y doloroso, ya que perdió la custodia de su pequeño pero me tenía a mí para ayudarla en ese duro momento; solo les diré que estamos viviendo juntas y ha resultado ser una amante fenomenal, con quién hemos hecho muchas locuras en cuanto ha sexo se refiere. Al decirles esto, mi vagina empieza a hervir y ya estoy mojada.
Era Lunes 3 de diciembre de 2018, cerca de 10 de la mañana y don Ricardo había llegado a la oficina. Cómo siempre con sus pasos seguros, su traje impecable y el olor de su perfume embriagando mis sentidos. "Buenos días Viviana" –me saluda con su tono imponente. "En diez minutos quiero un café" –me dijo. "Cómo usted diga sr. Pueyrredón" –respondí. Iban a ser 9 minutos y estaba llamando a su puerta. "Adelante" –dice. Él estaba parado frente al ventanal de la oficina mirando el paisaje. Dejé el café sobre la mesa de centro y me arrodillé. "¿Desea algo más mi Señor?" –le pregunté. Volteó y me dijo: "Me encanta verte así putita, dispuesta a satisfacerme". "¡Soy su puta mi Señor!" –exclamé. "Eso lo sé y por eso quiero que me la chupes" –me dijo. Obediente y en silencio me acerqué, desabroché su cinturón y abrí su pantalón; ya estaba mojada y el tenía su miembro erecto. Lo engullí por completo, él enredó sus dedos en mi cabello y marcó el ritmo despiadado que desea para satisfacerse. Mi boca estaba siendo follada por su exquisita verga de forma frenética, me ahogaba, me quedaba sin aire pero a él no parecía importarle demasiado; solo era un objeto para su placer y su deleite. "¡Así me gusta! Ahora ya sabes cómo hacerlo, no pares hasta que acabe" –me dijo. Estaba perdida en el éxtasis de sentir como se ponía más dura y palpitante, sabía que en cualquier momento dejaría salir la descarga de su espeso semen, el cual estaba dispuesta a beber hasta la última gota. "¡No te detengas!" –exclamó, dejando salir su tibio semen que escurría por la comisura de mis labios. Lo miré a los ojos y le agradecí por el placer de usarme y regalarme sus fluidos. "Eres una buena puta" –me dijo y acarició mi rostro. Salí de su oficina en silencio y esperé a ser requerida otra vez.
Pasaron alrededor de dos horas cuando mi teléfono sonó. "Zorra se me había olvidado decirte que el 31 de diciembre estoy invitado a una cena de gala y quiero que vengas conmigo. Ah, y trae a tu amiguita, emmmmm. No recuerdo cómo se llama pero es esa qué trabaja en contabilidad y vive contigo" –me dijo. "Nancy, mi Señor" –respondí. "Sí, esa, que tiene cara de santa pero ha de ser bien puta" –dijo intentando no reír. Me quedé en silencio; cómo supo que Nancy vive conmigo. Por primera vez desde que soy la perra de ese hombre sentí miedo porque yo no había dicho nada y pensaba en la forma en que sería castigada. "Dime algo Viviana, ¿pensabas que yo no sabría?" –preguntó. "No es eso Amo, solo que olvidé preguntarle si estaba bien o no" –respondí. "No debes pedir permiso, es tu casa; pero, ¿qué hubiese sucedido si llegó reclamando a mi puta y veo a otra mujer en su apartamento, y que además es de la oficina en donde soy el puto jefe?" –preguntó en un tono exasperado y golpeando su escritorio. "Amo, ¡por favor no se moleste! Tiene usted razón, no sería bien visto; asumo mi falta y el castigo por aquella acción" –le dije. "Muy bien, no esperaba menos de mi puta" –dijo.
El día pasaba lento, mi Amo no llamaba solicitando mi presencia en su oficina; estaba intrigada, ansiosa. Además, veía que entraban otras secretarias de áreas distintas con café, documentos e informes, cosa que era mi trabajo. Me sentía celosa y a la vez entendí que era la forma en que me estaba castigando. Sonó mi celular y era Nancy invitándome a almorzar, le dije que si por inercia pero en verdad no tenía ganas de nada. "¡Te extrañaba cariño!" –me dijo tiernamente al juntarnos en el ascensor. "Yo también cielo, aunque llegamos a trabajar juntas" –le respondí con una pequeña sonrisa fingida. "¿Vamos donde siempre o hacemos algo especial?" –me preguntó. No tenía ganas de ser perversa ni de comer y le dije: "Amor, decide tú; la verdad no tengo ánimos". "¿Qué tienes hermosa?" –me preguntó mientras acariciaba mi rostro. "Espera que salgamos del edificio y te cuento" –respondí. "Bueno tesoro" –dijo ella pasando su mano por el culo. Ella sabe que me gusta y al instante fue un cambio de swtich para hacerme humedecer. El ascensor abrió sus puertas y caminamos hasta la salida. Necesitaba despejarme y desahogarme. Nancy me tomó de la mano y caminamos por un parque, nos besamos apasionadamente y nos sentamos frente a una Araucaria gigante. La abracé y le dije: "Me encanta estar contigo y has hecho de mis días algo maravilloso y tengo que contarte algo". Me miró con esa ternura exquisita y me dijo: "Puedes contarme, estoy contigo y quiero apoyarte". "Lo sé chiquitita y sé que puedo contar contigo. Bueno, pasa que don Ricardo se enteró que estamos viviendo juntas". ”Dentro de la empresa no hay una regla que diga que no podemos tener una relación ya que es parte de nuestra vida privada" –me dijo frunciendo el ceño. "Mi amor lo sé, pero también tengo una relación un tanto particular con él. Soy su sumisa y el es mi Amo, al parecer se puso celoso al enterarse de lo que tú y yo tenemos, y eso me pone mal; porque tú eres especial para mí pero él, uf, solo con verlo me caliento demasiado y esto pasa desde el primer día en el trabajo" –le dije. Me miró y rió acarició mi rostro, y dijo: "Lo sé, te conozco y sé lo que él te provoca. Estoy feliz porque te hace feliz y además, él es alguien que provoca esa sensación en muchas pero tú eres la privilegiada y la encargada de satisfacerlo. Te apoyo y no reprocho lo que me cuentas". Sonreí y la abracé y la besé con lujuria. Ella correspondió a mi beso y acariciaba sutilmente mis senos. "Ves, eres una zorrita, tanto como lo soy yo y sé que ya estás mojada" –me dijo. "Uf, sí, ya estoy mojada y tú también lo estás" –le dije mientras tocaba su vagina por sobre el pantalón. Estábamos calientes y listas para hacer travesuras. Nos fuimos a un lugar más apartado para no montar un espectáculo gratuito a vista y paciencia de todos.
En la clandestinidad que nos brindaba una calle sin salida, entre edificios decidimos saciar nuestra lujuria. Besos candentes y caricias llenas de deseo se apoderaban de nuestros cuerpos; la manera frenética en Nancy me besaba me calentaba al punto que desabroché mi pantalón y ella entre mis pantaletas húmedas buscaba mi sexo para invadirlo con sus dedos. Sabía en la forma que me gusta que me toqué, así que sin decir nada se dedicó a masajear mi clítoris con una velocidad abismal que arrancaban gemidos imposibles de contener, llevándome al orgasmo casi de inmediato. "¿Así te gusta que te toque putita?" –me preguntó. No podía responder a su pregunta, era imposible, ya que la expresión que salían de mis labios eran gemidos de placer. No conforme con eso, metió sus dedos en mi vagina haciéndome estremecer, ya casi al borde del colapso me dejé llevar y me entregué por completo al placer, cayendo en el brazos de un orgasmo que me hizo mojar mi calzón y dejando húmedo mi pantalón.
Ahora era mi turno y no desaprovecharía la oportunidad para exorcizar mis demonios con su cuerpo. Entonces, desabroché su pantalón y bajé su calzón; la di vuelta contra la pared y acariciaba su culo. "¡Oh, Dios, me vuelve loca tu culo!" –le dije. Lo movió de manera sensual, lo que encendió a un más mi calentura. Me puse en cuclillas y ahí en plena calle, en medio de esos viejos edificios pasé mi lengua por sus nalgas, ella gimió y se estremeció pero lo hizo más cuando mi lengua se metió entre sus nalgas. "¡Cómete mi culo!" –me decía. Separé sus nalgas y con descaro empecé a jugar en su apretado culito; gemía y pegaba su rostro a la sucia pared, movía el culo para seguir mi lengua que se movía aparatosamente. "¡Así, dale! ¡Cogeme el culo! –me decía. Obviamente estaba en mis planes pero no cuando ella quisiera, tendría que suplicar en medio de su calentura. "No seas mala con esta zorra, cogeme el culo" –decía decía entre sus gemidos. Lo estaba haciendo bien, pero sus súplicas no me convencían. En su desesperación por sentir mis dedos dentro, dijo: "¡Por favor, no seas mala con tu putita y mete tus dedos!". Fue entonces que la compasión se apoderó de mí y le metí dos dedos. Eso fue un estallido de placer, que la hacía retorcerse. En ese angustiante frenesí de pasión su culo palpitaba de manera excitante y se dilataba cada vez más. "Quiero que acabes de una vez" –le ordené. Sabía que la zorra se estaba conteniendo pero yo quería deleitarme en su orgasmo. No pasó mucho y al fin dejó de contenerse y se entregó a mi perversión, regalándome ese orgasmo delicioso acompañado de un sensual temblor en sus piernas. Miramos la hora y teníamos un par de minutos de retraso, así que corrimos por la calle como dos niñas y retomar nuestras funciones.
Ahora estaba con el ánimo más que alto y estaba en mi labor de enviar algunos correos a clientes cuand mi Señor me requirió en su oficina. "Pasa, quieroo hablar contigo" –me dijo serio. El tono de su voz y la seriedad en su mirada me hacían temblar, era como si leyera mis emociones a la perfección porque sabía lo que provocaba. "Quiero que me confirmes si irás a la fiesta con tu noviecita y quiero que ambas se queden hasta más tarde en la oficina, ya que tengo que atender unas cosas con algunos clientes y necesito personal" –dijo. "Está bien Mi Señor. ¿Hay algo más que pueda esta puta hacer por usted?" –le dije. Me miró de pies a cabeza, sentí un escalofrío qué me recorrió por completo y me hizo estremecer hasta mi sexo. "Sí, hay algo" –dijo con su tono perverso. "Acércate al escritorio y apoya tus manos" –dijo. En silencio me acerqué, él se colocó de pie y caminó alrededor del escritorio. Me sentí pequeña ante su presencia y apoyé mis manos sobre el escritorio; se puso detrás y desde ahí desabrochó mi pantalón y lo bajó hasta los tobillos. Respiré profundo cuando sus manos recorrieron mis nalgas, esas caricias suaves pero firmes me hacían estremecer y mi vagina se mojaba en abundancia. El solo sentir como sus manos me recorren el culo me hace gemir y él sabe lo que provoca, abusa de ese poder que ejerce en mí y lo disfruta.
De pronto, sentí su mano nalgueandome, no me sorprendió; era algo que esperaba y así me lo hizo saber: "Esto es por no decirme lo que estaba pasando con la secretaria de contabilidad. Para mí la honestidad es todo, no estoy reprochando esa relación, te estoy castigando por no decírmelo". Acepté su castigo y el dolor en mis nalgas, sabía que había sido una falta que debía ser corregida. No se detuvo hasta que quedó extenuado. Le dije lo mucho que sentía la situación y que mi relación con Nancy había surgido antes de estar con él como Amo. "Eres valiente al decir eso" –dijo con un dejo de indiferencia, al menos así lo sentí yo. No dijo nada más y me jaló del pelo para hacerme caer al piso, me ordenó abrir mi blusa y sacar mis tetas del sujetador para masturbarse. "vas a llevarte un recuerdo, voy a eyacular en tus senos pero no quiero que ni siquiera pruebes el sabor de mi semen, lo llevarás impregnado en las tetas hasta que llegues a tu casa" –me ordenó. Obedecí su orden y abrí mi blusa dejando mis tetas expuestas sobre el sujetador, se comenzó a masturbar como poseso frente a mí y yo luchando con mis ganas de chupar su exquisita verga. Son Ricardo resoplaba de placer y se divertía viendo como una vez más me tenía a sus pies anhelado ser usada como recipiente de sus fluidos. Hasta que al fin las gotas de su espeso semen cayeron en mis tetas, dejandolas llenas de su esperma, incluso cayó una de esas gotas expulsadas al principio en mi corbata roja, también en mi sujetador y el restó se desparramó por mis turgentes senos. "Puedes retirarte puta" –dijo mientras acomodaba su pantalón. Su orden había sido clara, no tenía permiso de probar su semen. Arreglé mi ropa y salí en silencio.
Pasados algunos minutos le mandé un texto a Nancy: "Don Ricardo quiere que nos quedemos hasta más tarde. Porque atenderá a algunos clientes". Su respuesta casi inmediata: "No hay problema mi cielo". No me atrevía a decirle lo de la invitación para fin de año, ya que no sabría si tendría planes de ver a su hijo por el régimen de visitas que tiene pero ya me daría el tiempo de hacerlo. Ahora solo me queda esperar a que termine el día y lleguen esas personas.
Faltaban cinco minutos antes de la salida cuando se presentaron los clientes. Le aviso a don Ricardo quien me indica hacerlos pasar a la sala de reuniones, a los cinco minutos llega Nancy para disponernos a atender a los clientes de la mejor forma posible. Don Ricardo entra a la reunión con su computadora y empieza a exponer su propuesta de negocios. Nosotras. Hablábamos despacio para no importunar y ganarnos un regaño. Al cabo de una hora de deliberación, los clientes se retiran dando un apretón de mano a mi Señor. Entramos a la sala de reuniones para recoger las tazas y vasos que habían ocupado. Cuando ya pensábamos que estaba todo listo para irnos, don Ricardo sale de su oficina y nos mira, hace un gesto a las dos para que lo sigamos a la sala de reuniones; me estremecí y creo que Nancy también pero de miedo. Ella lleva tiempo en la empresa y sabe cómo es mi Señor. Entró y se sentó. "Pasen. ¿Por qué la timinudez?" –dijo. Ahí estábamos como dos presas que esperaban que se dicte sentencia. "Sé qué ustedes tienen algo más que la relación laboral" –dijo con ese tono autoritario que me encanta. "Mi Señor yo..." –fue lo único que alcancé a decir antes que me hiciera guardar silencio. "Dime tú Nancy, ¿qué tan especial es esa relación?" –preguntó. Nancy no cabía en sí, no sabía que decir. Suspiró y le respondió: "Bueno, usted dijo que sabía pero si quiere saber los sucios detalles, si cogemos o no, creo que eso está demás. No estamos violando ninguna política de la empresa y si eso es molestia para usted; bueno, es su problema". "Mira que interesante respuesta me has dado" –dijo él sin darle mayor importancia. Yo no podía creer la reacción de Nancy, estaba en silencio mirando al piso. "Quiero recordarte algo qué quizá no tienes muy claro: Mi oficina, mis reglas" –dijo don Ricardo. "Eso lo tengo claro, pero usted tiene que juzgar mi trabajo, no lo que yo haga en mi vida privada" –dijo ella. Él se colocó de pie y me hizo una seña. Acudí obediente a su llamado. Señaló el piso y cai de rodillas a su lado.
Nancy observaba no tan indiferente a lo que veían sus ojos y le calentaba verme de rodillas al lado de mi Amo, esperando lo que vendría. "Nancy, hoy no juzgaré tu trabajo, voy a juzgar lo puta que eres" –le dijo mi Amo. Ella se sorprendió de esa respuesta, pero al ver que ya no había vuelta atrás no dijo nada y observó en silencio. Don Ricardo me puso sobre el escritorio, en silencio me despojó de la ropa y me dejó complemente desnuda; yo estaba húmeda por la situación y se qué Nancy también lo estaba. Mis ojos se cerraban al sentir las fuertes manos de mi Amo recorrer mi cuerpo, gemía suavente disfrutando de sus caricias. "¿Qué te provoca Nancy?" –le preguntó pero ella no decía nada, solo en silencio mordía sus labios. "¿Ahora te pones tímida? Sé qué te provoca algo?" –arremetió. Las ganas de Nancy por unirse eran evidentes pero don Ricardo le había dicho que sería juzgada su actitud de puta por lo que guardaba cierta distancia. Yo que la conozco lo suficiente puedo decir que ella estaba aguantado lo que más podía y también sé que en cualquier momento cedería a la tentación de unirse a la erótica escena. Don Ricardo empezó a besar mi cuello, no pude resistir gemir perversamente, total estábamos solos los tres y nadie podría escuchar lo que estaba pasando. Bajó con su lengua hasta mis senos, lo que reaccionaron al estímulo haciendo que mis pezones se erectaran más. "Gime, zorra" –me decía. Yo solo me dejaba llevar por la lujuria al sentir su lengua deslizarse por mis pezones. Nancy disfrutaba en silencio la escena pero las señales de su cuerpo la delataban, sus mejillas estaban rojas, su respiración agitada y se lamía los labios casi de manera automática. Tampoco les voy a negar que yo estaba demasiado caliente, en mi interior casi suplicando que se uniera.
La excitación llegó a su punto culmine cuando don Ricardo bajó con su boca hasta mi vagina, ya Nancy dejó de luchar y se entregó por fin la los brazos de la lascivia. Se acercó y sin si quiera pedir permiso se arrodilló ante mi Amo y bajó el cierre de su pantalón, obviamente él no presentó resistencia; al contrario, se acomodó para darle espacio. Ella sacó su verga y la metió en su boca. "Hasta el momento estás aprobando cómo putita. No te detengas y sigue que lo haces muy bien" –le dijo. Ella siguió mamando esa deliciosa verga, mientras mi Amo bebía mis fluidos que escurrían para deleitarlo. La escena era perversa, creo que los tres ya estábamos en el punto de no retorno así que nos dejamos llevar por todo ese deseo y comenzamos un juego perverso. Al cabo de unos minutos Nancy ya estaba desnuda y siguió en la faena de darle placer con su boca a don Ricardo. Se veía tan sensual yo observaba y me masturbaba a destajo viendo lo putita que era ante mi Señor. Don Ricardo le ordenó ponerse de pie, la llevó hasta la fría puerta de vidrio de la sala de reuniones e hizo que pusiera su cuerpo ahí, la hizo extender los brazos y separar las piernas. Yo sabía lo que vendría y me acomodé para ver el espectáculo. Él quitó su cinturón, Nancy se dió cuenta y le dijo: "¡Azoteme con todas fuerzas!". Esas palabras hicieron vibrar mi vagina y casi acabé pero me contuve. Ver cómo deslizaba su cinturón por el culo de Nancy me encendió de tal forma que no me había dado cuenta que tenía casi toda mi mano dentro de mi vagina; estaba volando al máximo en ese éxtasis brutal del placer. Solo quería sentir el sonido del cuero golpear el culo de la putita. Al fin, mi deseo se cumplió y don Ricardo azotó a Nancy en sus nalgas, ese delicioso sonido recorrió mis tímpanos como un bello acorde de música que me encendió aun más, escucharla gemir al ser flagelada y el sonido del cuero hacían el ambiente perfecto. "¡Por favor no se detenga!" –suplicaba ella mientras una y otra vez era golpeada.
Cuando terminó la sesión de azotes para Nancy la tomó de cabello y la llevo a la mesa en dónde yo estaba jadeante y húmeda, hundió su cabeza en mi vagina y le ordenó: "¡Lame perra! Me pareció tan excitante, separé mis piernas lo más que pude y me dispuse a dejar que la lengua de ella me recorriera por completo como otras veces ya lo había hecho, pero esta vez era diferente y eso lo hacía más placentero aún. "Se ve que te gusta la puta de tu novia tiene la vagina húmeda" –le decía don Ricardo. Mi cuerpo ya no resistía tanta excitación y me recosté solo para disfrutar de ese momento y dejar que mi cuerpo se sacudiera por los fuertes espasmos que me causaban los intensos orgasmos a los qcomoue estaba siendo sometida. Mis demonios estaban siendo llevados al máximo y el deseo consumía lo más íntimo de mi ser, cada minuto era un nuevo orgasmo, cada minuto sentía como si mi alma quisiera salir de mi cuerpo, no lo entendía pero si sabía lo mucho que disfrutaba lo que estaba viviendo. Tal vez en lo más recóndito de mis perversiones ya había vivido esto o al menos imaginado la situación; perdida en mis pensamientos y en el éxtasis gemía con desesperación. Sinceramente ya no podía soportar más la placentera forma en la que estaba siendo torturada.
En esos momentos de lujuria, don Ricardo se acomodó detrás de Nancy y le clavó la verga en su vagina. Ella solo abrió su boca y puso cara de puta al sentir como era invadida, y dijo: "¡Oh, qué rico! Ya se había tardado". Él le dió una nalgada y le ordenó: "¡Sigue con lo que estás haciendo!". Ella no dijo nada, solo siguió en su faena de matarme con placer. Ya mi cuerpo estaba inmóvil, solo sentía contracciones en mi sexo y mi respiración era más calmada, solo mis pensamientos se oían en mi mente y los gemidos estrepitosos de Nancy. Intentaba hacer que mi cuerpo reaccionara pero mis fuerzas eran escasas, los gemidos de Nancy se hacían más fuertes. ¡Vaya si sabe cómo demostrar que disfruta el sexo! Se dejó llevar por un exquito orgasmo que la hizo caer entre mis piernas, cómo pude acaricié su pelo mientras don Ricardo no paraba de moverse violentamente. La tomó de cabello y apartó de mi vagina. Él se comenzó a masturbar frente a mi vagina, bufaba como un endemoniado hasta que eyaculó sobre mi vulva, dejándola cubierta con su viscoso semen. "¡Limpialo, no quiero que dejes una sola gota!" –le ordenó. La lengua de ella se deslizó con suavidad recolectando ese exquisito cóctel de hombría. Después ella se fue directo a los labios y me besó con esa exquisita pasión que nos consume cuando estamos juntas.
Mi Amo ordenó que nos vistieramos y que esperamos en la sala, se nos concedió el permiso de sentarnos. Salió a su oficina y no tardó nada en volver. Traía una cinta para embalar y unos pañuelos, nos miró con esa dulce perversión y nos dijo: "Falta algo importante, deben aprender una lección. Sin decir más puso los pañuelos en nuestra boca como mordazas y con la cinta nos dejó atadas. "Piensen en que pueden mentir, pero siempre tendrán consecuencias". Se sentó al otro extremo de la sala con un vaso de su bourbon favorito: Pappy Van Winkle de 20 años. Cuando terminó su trago nos liberó y nos llevó a casa. Cómo pudimos nos dimos una ducha y caímos rendidas por el cansancio. En la mañana hablamos de lo que había sucedido y Nancy me dijo que ahora entendía el porqué de mi sumisión, ya que era alguien con una esencia que lo hacía único. También le dije de la invitación que nos había hecho para fin de año; ahora esperamos con ansias esa fecha con la expectativa de lo que sucederá.
Pasiones Prohibidas ®

Que delicioso relato Mi Amo
ResponderBorrarEsta saga siempre ha sido de mis favoritos
Y vaya que vale la pena la espera
Maravillosamente relatado
Descripciones alucinantes
Con resultados latentes y placenteros
Me encantó la humedad en mi vagina es evidente solo con seguir la lectura
Que delicia...Excelente Mi adorado una gran historia
Esperaré la siguiente parte
Y bueno sabes he quedado muy caliente Mi Perverso 💋💋🔥🔥😈
Eres un gran escritor mi amor 😘
Siempre te lo he dicho
Un relato lleno de lujuria y perversión, con exquisitas descripciones, además me encantó el.apoyo que se da la pareja.
ResponderBorrarExtremadamente intensa llena de lujuria y pasión me encanta. Esa historia y me hace mojar como nunca con. Esa perversión y deseo como siempre Caballero un excelente relato
ResponderBorrarExcelente relato caballero, no cabe duda que cada una de sus letras pueden despertar la perversa imaginación de sus lectores ...
ResponderBorrarFascinante y exquisito gracias por deleitarnos con este lujurioso relato.