92. Usadas como crédito prendario

 

Son las diez de la mañana, es lunes y estaba en mi oficina parado en la ventana viendo cómo la ciudad toma vida y poco a poco se transforma en caos. Soy abogado, tengo unos años ya de profesión y mis clientes son variados que por cosas del privilegio entre abogado y cliente no puedo decirles quienes son y a qué se dedican sus empresas. Suena el teléfono de la oficina. "Don Alonso, hay una persona que quiere verlo" –dice Mercedes, mi secretaria. "No tengo a nadie agendado para este horario, dile que consiga una cita formal y que recién así vuelva" –le contesto. Escucho como se le transmite mi mensaje y logró escuchar la voz de un hombre que dice: "Es algo urgente". No quería perder mi tiempo con una tontería, así que le dije a mi secretaria que le informara sobre mis honorarios con el fin de asustarlo un poco, pero el hombre insistió. Ya me había ganado la curiosidad, así que le di unos minutos.

Entró a la oficina y le estreché la mano. "Perdone que haya venido sin cita previa y gracias por tomarse el tiempo para recibirme. "Tome asiento. ¿Gusta algo para beber?" –le pregunté. "Un café estaría bien" –respondió. Tomé el teléfono y dije: "Mercedes, traenos dos cafés por favor". "Estimado, tiene hasta que me beba mi taza de café para conversar y convencerme. De lo contrario tendrá que pagar mis honorarios por una hora" –le advertí. Mercedes no tardó mucho en traer los cafés y empezamos la charla.

"Seré honesto con usted. Necesito dinero y quiero tomar un préstamo" –me dijo. Lo miré un tanto extrañado y le dije: "Creo que se ha equivocado, soy abogado no un banco ni mucho menos una beneficencia". Arremetió: "Me enteré que usted está relacionado con personas que tienen dinero y podrían estar dispuestos a una operación". Sonreí de manera burlona y le dije: "Sí es posible. ¿Qué garantía puede presentar para avalar en préstamos?". Le di el primer sorbo a mi taza de café en señal de que el tiempo estaba en su contra. "Tengo dos esclavas, de 22 y 23 años respectivamente. Podría ponerlas como garantía" –me dijo. Di otro sorbo a la taza y le dije: "Estimado, las garantías son sobre bienes". Él de manera sería me dice: "Justamente, estoy pensando en una prenda agraria tal como se hace sobre ganado en algunas granjas". "Entiendo, pero quién pide el préstamo es el dueño del ganado" –le dije. "Yo soy el dueño de las dos esclavas" –me dijo sin mover un músculo. "¿Sus esclavas producen leche o huevos? Además, la esclavitud se abolió en este país hace ya muchos años, por lo que me parece irresponsable de su parte venir con una propuesta que no tiene validez legal y más encima me hace perder el tiempo con ese tipo de tonterías" –le dije. "Con todo respeto Señor abogado, pues se equivoca. Actualmente se pueden comprar esclavas sexuales. Justamente aquí traje los documentos que indican que soy propietario de las dos. Me entregó los papeles y leí:

Por la presente yo (nombre el vendedor) Transfiero en este acto la propiedad de la esclava Annabelle, nacida el 25 de marzo de 1999. De igual forma transfiero la propiedad de la esclava Scarlett, nacida el 6 de octubre del 2000, al señor Cristián Oviedo Hernández. Manteniéndose vigente los términos por lo cuales las esclavas se han sometido a mi voluntad.

Como propietario de las esclavas puedo vender, alquilar, ceder y disponer de ellas de la manera que crea conveniente sustentado en los contratos suscristos por las esclavas, y protocolizado ante el Notario Público Juan Machado Recabarren, según consta en el registro N°1980 en Santiago de Chile.

No podía creer lo que estaba leyendo. Era la primera vez que veía un contrato de compraventa de este tipo. Además, que un Notario Público se prestara para estos fines. Lo miré con seriedad y le dije: "No creo que los prestamistas tomen como garantía dos esclavas. ¿Cuánto cree que vale cada una?". "Creo que entre ochenta y noventa mil. Yo necesito solamente cien mil y estoy avalando con, por lo menos, con ciento sesenta mil" –me respondió. "Veré si consigo algún interesado" –le dije. Comencé a consultar entre los prestamistas que habitualmente disponían de dinero para esos fines pero uno a uno rechazaba la oferta. Finalmente, apareció un interesado en el negocio. "Yo presto dinero a interés pero no sé cómo valorar esclavas, pero seguro se puede consultar a algún especialista. Por mi parte, primero que nada quiero saber que todos los papeles estén en orden" –me diji. He revisado todo y no hay inconveniente en que si no paga al vencimiento del préstamo, las dos esclavas pasan a su propiedad de manera total y absoluta" –le respondí. "No hay problema, una vez qué un especialista las revise y dé el visto bueno tendrá los cien mil dólares en su cuenta. Solo que el interés es del 45% del total de la cuota mensual" –me dijo. Le dí la información y aceptó. 

Luego de unos días se acordó que un ginecólogo iría a la casa de Cristián para valorizar a las esclavas. Una vez en el domicilio, las dos mujeres se presentaron ante el médico y ante mí que estaba para atestiguar que el procedimiento se hiciera minuciosamente. "Comenzaremos con la rubia" –dijo. Esta es Scarlett, la de 22 años" –dijo el dueño. Cristián le ordenó: "Desnúdate completamente". La joven rápidamente se quitó la ropa presentando su cuerpo desnudo. El ginecólogo comenzó a revisarla. Primero le palpó las tetas y los pezones. Los apretó y retorció observando que, a pesar del dolor que seguramente sentía la esclava, permanecía callada, soportando la inspección. "Veo una marca en la teta derecha. ¿Fue hecha con un látigo?" –preguntó. "Ayer, ante una desobediencia, me quité el cinturón y le apliqué un fuerte lonjazo en la teta" –dijo Cristián.

Luego comenzó a revisar la espalda, que presentaba algunas marcas de látigo, algo muy normal en el cuerpo de una esclava. Luego fue el turno del culo. Allí era donde se presentaban notables marcas, producto de azotes con una vara. También se hacía evidente que hacían ejercicios físicos con frecuencia. Los glúteos estaban muy firmes y bien formados. A continuación la hizo ponerse en cuatro para exponer el ano. Para su sorpresa no parecía haber sufrido dilataciones importante, tampoco presentaba marcas de castigos, excepto una quemaduras seguramente hechas con picana eléctrica y otras con colillas de cigarrillos. Sin anuncio previo le introdujo un dedo por el ano para observar la reacción de la joven. Si bien se retorcíó un poco, fue más por la sorpresa que por negarse a ser examinada de esa manera.

Era el tiempo de revisar la concha, lugar al cual dedicó más tiempo. Primero la hizo acostar en el suelo, levantar y separar las piernas para dejar la vulva bien expuesta. Aquí también la revisó con minuciosidad. Presentaba algunas perforaciones en los labios externos, producidos por agujas o anillos. Ante una pregunta Damián respondió que en una oportunidad había cosido los labios dejándolos así por tres días. La orina se filtraba a través de la costura, por lo cual consideraba que no habría problema en dejarla cosida un mes si era necesario. A continuación introdujo el dedo medio dentro de la vagina, palpando las paredes en búsqueda de alguna cicatriz interna que no encontró. Luego apretando con el pulgar tiró y retorció de las partes carnosas así agarradas, observando la reacción de la esclava.

Posteriormente pidió suspenderla de los tobillos con las piernas bien separadas para continuar con la inspección. Cristián de inmediato trajo los elementos necesarios y poco después la esclava se balanceaba con los brazos casi rozando el piso. Otra vez le introdujo simultáneamente un dedo en la vagina y otro por el culo, siempre observando el comportamiento de la muchacha. Revisó las piernas y plantas de los pies, dando por finalizada la inspección del cuerpo de Scarlett. Repitió a continuación el mismo procedimiento con Alondra la otra esclava, tiene el pelo castaño, facciones latinas y un cuerpo de ensueño. Finalizada la tarea, se retiró e informó que las esclavas podían ser vendidas a buen precio, rondando los cien mil dólares si eran dejadas en el mercado local o alrededor de ciento cincuenta mil  si lo hacía en el exterior.

Con ese informe se concretó el préstamo de cien mil con vencimiento a los seis meses. Le dije a Cristián que haríamos los papeles para otorgar el crédito y que mi cliente quería agregar una cláusula más. "Ambas van a quedar a su cuidado y protección pero no podrán ser usadas, cedidas o alquiladas para obtener ganancias de ellas, mucho menos ser castigadas, azotadas, fustigadas o torturadas mientras se mantuvieran las prendas bajo su cuidado. Además, la cuota es de $16.700 dólares + el 45%. Dejando un total mensual de $24.215 dólares y el total del crédito es de $145.290 dólares, los cuales podrían ser pagados en su totalidad en los seis meses siguientes o de manera mensual". Aceptados los términos, procedí a realizar el contrato de prenda. Era primera vez que hacía algo así, sabía que estaba poniendo en riesgo mi carrera y mi reputación pero este cliente valía el riesgo, ya que era uno de los que mejor pagaba.

Cerca del vencimiento del plazo Cristián se comunicó conmigo para comentarme que no podría cancelar la deuda y si el prestamista no estaba dispuesto a refinanciarla, entregaría las dos esclavas como estaba pactado. Luego de las consultas se acordó que entregaría las esclavas en garantía en mi oficina y se firmarían los papeles de ejecución de las prendas correspondientes. Así que el lunes 21 de septiembre de 2015 se presentó Cristián con las dos esclavas en mi oficina. Ambas esclavas estaban vestidas con una sencilla túnica, sin ropa interior. Estaban esposadas con sus brazos en la espalda y con grilletes en los tobillos. "Lamentablemente me debo desprender de estas magníficas dos esclavas. Le puedo asegurar que se lleva un tesoro que vale muchísimo más que el dinero que me prestó" –dijo con profunda tristeza. El ginecólogo las revisó rápidamente y dió su informe, no presentaban ningún daño significativo en su interior y las magulladuras exteriores que habían antes ya estaban sanadas. "Es posible pero normalmente presto dinero a interés. No hago negocio con esclavas" –dijo mi cliente. "Verá que le resultan muy rentables, sobre todo si las exporta. Tanto la castaña como la rubia se cotizarán muy bien en el exterior" –dijo Cristián. "Vamos a firmar los papeles que no tengo todo el día" –comentó mi cliente en tono de molestia. Luego de leer las actas en las cuales ambas esclavas pasaban a propiedad absoluta del prestamista, pudiendo darles el destino que creyera conveniente, con especial aceptación de ambas, se firmaron los documentos y el prestamista se retiró llevándose a ambas. Hasta aquí mi participación en el negocio y lo que yo puedo relatar. Lo que ustedes leerán a continuación forma parte de un minucioso secreto que he guardado por años.

Para evitar que durante el trayecto pudieran hablar entre ellas, amordazó fuertemente a la rubia mientras que a la castaña pensaba interrogarla. Una vez ubicadas ambas en el auto, comenzando la marcha el prestamista preguntó: "¿Cuál es el nombre de ustedes?". "Nosotras no tenemos nombre propio. Es el nombre que nuestro Amo quiera ponernos. Ahora somos su propiedad mi Amo, puede llamarnos cómo le plazca" –dijo la chica. ¿Cuál fue el primer nombre que has tenido como esclava? –preguntó él. "¡Puta!" –respondió la esclava.  "¿Puta era tu nombre? ¿Así te llamaba tu dueño anterior?" –preguntó extrañado. "Sí mi Amo. Cuando debía nombrarme, lo hacía con el nombre de Puta" –contestó ella con una calma un tanto desconcertante. "¿Y a la rubia cómo la llamaba?" –preguntó con curiosidad. "¡Tetas!" –dijo ella. "Así es que tenía a Puta y a Tetas, pero yo tenía entendido que eran Alondra y Scarlett" –dijo él. "Efectivamente mi Amo, esos eran los nombres que nuestro primer propietario nos dió" –dijo Puta. "¿Ustedes se ofrecieron voluntariamente como esclava o fueron forzadas a esclavizarse?" –siguió preguntando. Ella contestó: "Tanto la rubia como yo fuimos forzadas a esclavizarnos. Ambas trabajábamos de meseras en un bar y una noche a la salida nos atacaron cuatro hombres y nos metieron en una camioneta. Rápidamente nos amordazaron, vendaron nuestros ojos y nos ataron. Pocos minutos después estábamos inmovilizadas y muertas de miedo. Ella tenía 20 años y yo 19. Nos llevaron a un lugar desconocido y nos entregaron a otros hombres y a ellos les pagaron por nuestro secuestro". El interés del prestamista creció y continuó con el interrogatorio: "¿Conocían a los que las secuestraron o a los que las compraron?". "No, no conocíamos a ninguno de ellos. Apenas llegamos, nos desataron, nos desnudaron e inmediatamente nos violaron. Pensamos que allí terminaría todo, pero en lugar de terminar recién comenzaba. Durante una semana fuimos duramente castigadas, violadas, humilladas, vejadas y torturadas. Al cabo de ese tiempo nos preguntaron si queríamos seguir siendo torturadas o renunciabamos todos nuestros derechos y aceptábamos convertirnos en esclavas. No teníamos alternativa y por supuesto aceptamos, firmamos nuestra propia esclavitud sin condicionamientos. Podían hacer con nosotras absolutamente lo que quisieran" –respondió Puta.

La forma en que respondía las preguntas era tan natural, cómo si estuviera en un café hablando con amigas. Eso causaba más curiosidad en el prestamista y siguió con las preguntas: "¿Los castigos que recibieron en esa oportunidad fueron más fuertes que los posteriormente recibieron como esclavas?". No. Aquellos nos parecieron muy fuertes porque no estábamos acostumbradas, pero si los comparamos con algunos que luego nuestros captores nos aplicaron, aquellos no fueron tan duros" –dijo ella. "¿Qué ocurrió después?" –Arremetió el prestamista. "Mi Amo, nos vendieron como esclavas sexuales y de trabajo. Seis horas de trabajo en el campo, cortando leña y seis horas en un burdel de mala muerte cogiendo con los hombres del pueblo. Terminábamos exhaustas para comenzar nuevamente al día siguiente, sin descanso alguno. Eso duró seis meses y nos volvieron a vender a otro dueño". –dijo ella con una impactante serenidad.

La conversación o mejor dicho la ronda de preguntas continuó: "¿Qué me puedes decir respecto de las violaciones?". "Por supuesto que no éramos vírgenes pero siempre habíamos cogido por la concha y nunca me había puesto una verga en la boca y mucho menos me la habían metido por el culo. No solamente tuvimos que chuparla y tragarnos el semen, sino que también debimos tragar la orina, pues a veces nos mearon en la boca. En cuanto al culo, las primeras veces fueron verdaderamente dolorosas. Fue una semana de entrenamiento acelerado" –dijo ella. "¿Ustedes continúan aceptando ser esclavas? Firmaron aceptando su pase a mi propiedad" –dijo el prestamista. "Sí Amo ¿Qué otra alternativa nos queda? Hace tres años que nos esclavizaron y ya nos acostumbramos a esta situación y no sabríamos que hacer si no somos esclavas. Ya es natural para nosotras obedecer, recibir castigos y ser humilladas" –dijo la esclava. "En el último tiempo, ¿has recibido castigos fuertes?" –preguntó clln seriedad el prestamista.

Ella le respondió: "Ayer el Sr. Cristián a modo de despedida, nos tuvo suspendidas de los tobillos algo más de una hora y nos aplicó azotes en la espalda, las tetas, el culo, el vientre y hasta en la vagina. Cuando nos desnude verá las marcas que tenemos, pero la concha podrá usarla sin dificultad". "¡Hijo de puta! Las especificaciones fueron claras. Ahora entenderá que debió cumplir el contrato" –dijo enojado. Tomó su teléfono e hizo una llamada: "Necesito que mañana pasen por mi en la madrugada, a eso de las 03:00 AM. Tengo que hacer una visita que no puede demorar. Con seis estará bien, no creo que demoremos mucho". Su atención se dirigió a Puta y le dijo: "Yo no pienso quedarme con ustedes. Las pondré en venta y cuanto antes pueda recuperar mi dinero, mejor. Posiblemente las venda al exterior, que parece que se consiguen mejores precios. Con los documentos que ustedes firmaron, puedo hacerlo sin dificultades". Ella le dijo: "Lo que usted ordene mi Amo. Me han dicho que las esclavas que son vendidas al exterior son muy mal tratadas, humilladas y castigadas, pero si esa es su decisión, agradecemos que se ocupe de nosotras". 

"¿Ahora que estás esposada y con grilletes en los tobillos, ¿qué sientes?" –preguntó. "Nada en especial. He pasado muchas horas encadenada, en jaulas, atada y hasta encerrada toneles. Ya me acostumbré a estar así. Siempre debo complacer al Amo y estar agradecida que se ocupe de mí" –contestó la chica. "¿Recuerdas el castigo más cruento que hayas tenido?" –inquirió. Amo, es difícil recordar cuál fue más cruento. ¡He tenido tantos! Cuando soy torturada creo que eso es lo más cruento, pero luego pasa y quizás me espere otro peor. Las esclavas no pensamos en eso. Solo pensamos en complacer al Amo y lo hemos aprendido a fuerza de castigos. Es preferible complacer al amo aunque sea humillante antes que ser castigada por algún motivo. No hay nada peor para una verdadera esclava ser castigada con motivo, por alguna falta cometida. Si nos castigan por puro placer del amo, entonces solamente debemos soportar el dolor físico, pero no moral de haber incumplido con el deber".

"Te azotaré cuando lleguemos al destino" –le dijo él.  "Si eso le causa placer, recibiré los azotes con alegría, sabiendo que mi Amo está gozando viéndome sufrir y marcando mi piel con el látigo" –dijo la esclava. "¿Dónde consideras que más te duelen los azotes?" –Insistió con sus preguntas. "Sin duda en la concha, pero a veces son tan fuertes que luego no pueden cogerme por dos o tres días, pero no siempre importa, una esclava debe estar lista y dispuesta a complacer a su Amo. Para eso está mi culo y mi boca para entregar el mismo placer que puede dar mi vagina. Aunque hay otros que  suelen azotar a las esclavas en las tetas, en especial en los pezones" –dijo ella. "¿Piensas que voy a cogerte cuando lleguemos?" –le preguntó el prestamista. "Si usted mi Amo quiere cogerme, será un honor poner mi cuerpo a su disposición y darle todo el placer que usted exija de mí" –le respondió.

Aunque no lo comprendía bien, el prestamista se había calentado y sentía una insipiente erección entre sus piernas. El trayecto había terminado. Llevó a ambas esclavas al desván. Allí habías vigas y sogas por lo que consideró que sería el lugar ideal para hacerle el interrogatorio ahora a la rubia. Les quitó las esposas a ambas y luego que se quitaran las túnicas y de atarle las muñecas las fijó a una de las vigas del techo. Le quitó la mordaza a la rubia. Ambos cuerpos, ahora desnudos, presentaban innumerables marcas recientes de látigo. El prestamista se admiró de los hermosos cuerpos jóvenes que tenía a su disposición. Le quitó los grilletes de los tobillos de Puta y luego de liberar su verga del pantalón se acercó a la joven. Ésta separó las piernas dejando libre acceso a su concha. De inmediato sintió como el glande del prestamista se abría paso en su vagina, estaba húmeda y lista. Era una de las pocas veces en que era violada sin un severo castigo previo. Las embestidas eran brutales y profundas, la chica gemía cada vez que la verga de su Amo la penetraba por completo. La tomó de las caderas y la alzó ella se aferró con las piernas para no tener que esforzarse tanto, sentía la brutalidad en ese hombre pero le gustaba la manera en que la estaba tomando. "¡Oh, mi Amo, sírvase de esta su Puta y disfrute de mi concha!" –le decía. Sentía que estaba al borde del orgasmo pero no quería decir nada hasta que su Amo le llenara las entrañas con su semen. Ya no podía soportarlo más el orgasmo era casi inminente. Pidió permiso: "Amo, ¿me permite acabar?". "Hazlo Puta, a mí me falta poco" –dijo él. No alcanzó a articular palabra cuando el orgasmo llegó e hizo convulsionar todo su cuerpo. Unos instantes más tarde, el prestamista dejaba su carga de semen en la vagina de la muchacha.

"Sus nombres serán cambiados a partir de ahora. Puta, tu nuevo nombre será Natascha y tu nombre nuevo Tetas será Inessa" –dijo. "Muchas Gracias Amo por estos nombres que usaremos con orgullo mientras usted considere que podemos servirle" –respondkerln al unisono. "Ustedes me llamarán Amo Nikolai" –ordenó. Amordazó a Natascha y comenzó el interrogatorio de Inessa. "Ya tu amiga me ha respondido varias preguntas, pero quiero saber más acerca de tu esclavitud. ¿Estás dispuesta a seguir siendo esclava o te arrepientes? ¿Seguro que tenías planes en tu vida que se vieron truncados?" –preguntó. mi Amo, yo tenía sueños que se han visto frustrados. Yo no decidí convertirme en esclava, simplemente fueron las circunstancias. Hoy me da lo mismo ser esclava, puta o ser usada como un mueble. Renuncié a mi voluntad" –respondió Inessa. "Es decir, para ti es lo mismo ser torturada como una esclava, ser cogida como una puta o ser usada cómo mobiliario. Parece extraño" –dijo Nikolai. "Mi Amo, renuncié a mi voluntad, ahora estoy a su servicio, no sé extrañe de mi respuesta, es lo que soy lo asumo obediente a sus mandatos" –le dijo ella. "¿Tú también prefieres ser castigada sin motivo alguno que con motivo de no haberte comportado como una esclava?" –le insistió. ¡Por supuesto Amo! No hay nada más degradante que ser castigada con motivo de una falta" –le contestó Inessa. 

"¿Te gustaría que me quite el cinturón y comience a azotar tu cuerpo?" –preguntó Nikolai. Insessa respondió al instante: "Si usted mi Amo disfruta del castigo, mi cuerpo está a su disposición y será un honor recibir los azotes que usted quiera darme". Nikolai estaba sorprendido. Nunca hubiera imaginado escuchar eso de parte de sus esclavas. Evidentemente ambas estaban absolutamente doblegadas y degradadas. Estaba tentado de quitarse el cinturón y azotar el culo de Inessa, pero estaba más tentado a cogersela. La desató y la tiró al piso, le ordenó ponerse en cuatro y abrir sus nalgas. Sin compasión le metió la verga en el culo, causando que ella gritara, hace tiempo que su culo no era sometido ante una verga. El dolor se transformó en placer, los alaridos ya no eran por el dolor causado sino por esas sensaciones que la hacían temblar en cada embestida. "¡Qué rico mi Amo, gracias por cogerme!" –decía ella. Nikolai se la metía con más fuerza, haciendo que Inessa pusiera la cabeza en el piso y pasara su lengua por él. "Veo que te gusta lamer" –dice Nikolai. La chica le responde: "No hay nada más exquisito que lamer el piso donde mi Amo camina". En ese momento la perversión de Nikolai se hizo palable se detuvo y desató a Natascha, le ordenó acomodarse dejando su vagina a disposición de Inessa y le dijo: "Aquí tienes algo más entretenido para lamer y no quiero que te detengas hasta que esta zorra acabé con tu lengua". "¡Sí mi Amo!" –respondió.

Nuevamente se acomodó detrás de ese culo y comenzó a darle tan duro como podía, Inessa deslizaba su lengua por la vagina de Natascha haciendo que gimiera descontrolada. Ella entre gemidos solicitó a Nikolai permiso para jugar con sus tetas, lo que le fue concedido. Natascha madeja a sus senos y apretaba sus pezones, los retorcía, eso aumentaba su placer, ese regalo inesperado que le había otorgado su Amo. El ano Inessa era penetrado con vehemencia, los gemidos de ambos eran una melódica sinfonía al placer que Nikolai disfrutaba oir en ese momento. Su verga hinchada palpitaba e Inessa lo notaba y seguía los movimientos de su Amo con el solo propósito de mantenerlo dentro. Natascha acabó deliciosamente en la boca de Inessa, y ésta ya casi al borde del colapso suplica se le permita acabar, lo que le es concedido sin antes sentir la descarga de semen que Nikolai le tenía preparada. Con sus cuerpos temblorosos se pusieron de rodillas y agradecieron por ser usadas como las putas que eran. 

Nikolai hizo una llamada y a los minutos llegó una de las criadas, le ordenó llevarlas a uno de los cuartos de baño para ser aseadas y que por esa noche durmieran en una habitación para visitas. Más tarde serían dadas instrucciones específicas de dónde serían acomodadas. "Pueden retirarse" –les dijo. "Gracias mi Amo" –respondieron ambas.

Ya el sol se había puesto y Nikolai apresuró el "trámite" que tenía pendiente. En cosa de minutos su auto estaba listo y los hombres que había pedido le esperaban. Se fueron en vehículos separados y emprendieron el camino hasta la casa de Cristián, al llegar rápidamente se bajaron y tomaron posición; entraron furtivamente haciendo disparos eliminando a quien se pusiera en su camino. Ya dentro de la casa estaba Cristián escondido en una pequeña oficina. "¿Sabes por qué estoy aquí?" –preguntó Nikolai. "Supongo que viene a cobrar su dinero, pero le dije antes que no podía pagar el préstamo. Por eso le entregué a esas dos putas en pago" –respondió Cristián con las manos en alto. "¡Ese es el menor de tus problemas hijo de puta!" –gritó Nikolai. "Si no es eso, no entiendo. Aunque usted vea lujos soy un hombre que está en bancarrota". "No quiero tu puto dinero, para mí la palabra entre hombres es fundamental y tú incumpliste un acuerdo" –le dijo. Se paseó por la oficina y vio una botella de whisky, la tomó y comenzó a beber. "Había una cláusula que aceptaste que era muy clara. No podías, castigar ni torturas a las prendas mientras estuvieran en tu cuidado y tú de despedida hiciste lo contrario" –le dijo. Cristián no dijo nada al respecto, solo suplicó por su vida, pero Nikolai era conocido por no ser compasivo cuando de negocios se trataba. "Saquen a este pedazo de mierda de mi vista y traigan gasolina porque está noche el infierno arderá aquí. Ya que estamos aquí vamos a hacer algo. Siéntate y escribe en tu computadora que me cedes el terreno, la casa y todo lo que hay en tu hacienda ya que has perdido lo poco y nada que te quedaba, así que hazlo y firma pedazo de mierda" –ordenó. Redactó el documento, lo firmó y colocó su huella cediendo el poco patrimonio que le quedaba. Una vez terminado, los hombres de Nikolai sacaron a Cristian al patio de la hacienda y lo rociaron con gasolina. "Reza a quien te pueda escuchar, hijo de puta" –dijo Nikolai encendiendo un encendedor "Por favor Señor apiadese de mí" –suplica Cristián entre sollozos. "No es hora de pedir clemencia maldito maricón, es hora de encender el fuego" –dijo Nikola. Los gritos de dolor se escuchaban por todas partes. Él reía despiadadamente y bebía de la botella. Le dice a sus hombres: "No me gusta oír chillar a los puercos, silencienlo para disfrutar este momento en paz". Los seis hombres descargaron sus armas en el cuerpo en llamas de aquel infortunado hombre que pagó con su vida el no respetar los acuerdos que tomaba.

Una vez que el fuego se apagó, mando a sus hombres a llevarse el cuerpo carbonizado de Cristián para deshacerse de él. En la mañana temprano llegó mi cliente para legalizar el documento firmado y quedarse con lo que vilmente se había apoderado. Obviamente no quise preguntar qué había sucedido, conozco demasiado bien a mi cliente e indagar mucho podría resultar contraproducente para mí o para alguien cercano; así que legalicé el documento y di por terminada mi transacción.

Después de salir de la oficina Nikolai se dirigió a su casa y solicitó la presencia de sus esclavas. Fueron traídas con un collar y correa como si de dos perras se trataban. Las llevó a conocer la espaciosa hacienda y les dijo: "Vamos a jugar al aire libre". "Lo que usted quiera Amo, estamos para cumplir sus deseos" –le respondieron. Tomando firmente las correas caminaron hasta que se adentraron en un bosque colindante, las hizo que se arrodillaran para que entre ambas jugaran con su verga. Ellas sabían muy bien cuál era su papel y sabían desempeñarlo de la mejor manera, entre ambas deslizaban su lengua con suavidad desde la base hasta el glande. Natascha le pregunta: "¿Le gusta como lo hacemos?". Él solo guarda silencio y disfruta de la manera exquisita en que Insessa engulle su miembro por completo. Lo saca de su boca babeando y Natascha lo engulle, eso hace temblar las piernas de Nikolai y lo hace gemir de placer. Entre ambas alternaban el tener la verga de Nikolai en la boca sin siquiera bajar un ápice la intensidad de la felación. No pasó mucho tiempo cuando al fin su verga explotó y entre ambas compartían el espeso semen entre besos apasionados. El Amo se encontraba satisfecho y ellas también lo estaban al ser los "objetos" que fueron usados para el placer de aquel hombre que las había adquirido.

Su instinto carnal estaba saciado pero quería ver cuan desarrollado tenía el sadismo, ya que las circunstancias lo habían llevado a adquirir la posición de Amo sin quererlo. Claro, era un Amo en los negocios turbios y en extorsionar a la gente pero nunca en el ámbito sexual, por alguna razón quería saber por sí mismo si daba la talla en ese aspecto. Les ordenó colocarse apoyadas en un viejo roble que sería el mudo testigo de ese improvisado examen. Ellas automáticamente entendieron lo que su Amo tenía en mente y en silencio asumieron la posición que se les había indicado. Entonces muy lentamente se quitó el cinturón, lo tomó en sus manos e hizo un golpe de cuero con cuero, lo que hizo saltar a las esclavas y emitir un gemido de sus cálidos labios que aún saboreaban el semen que les fue ofrecido por su Amo. "Veo que les gustó" –les dijo. Ellas respondieron: "¡Sí Amo! Nuestro cuerpo es para su placer y nos gusta estar a su servicio". Las observó en silencio por unos segundos y les dice: "No es lo que pregunté. Respondan a mi pregunta de la forma correcta". Entonces las esclavas contestaron: "¡Sí Amo! Nos encanta ser azotadas y sentir el ardor que queda cuando nuestros cuerpos son flagelados". Entonces procedió a azotarlas con fuerza, ellas solo agradecían por hacer que sus cuerpos se marquen con el doloroso beso del cinturón en la piel que se marcaban a su paso. Él estaba extasiado al ver cómo ellas respondían a los azotes, lo que hacía que aumentara la fuerza y la intensidad de éstos. Las azotaba con tanta vehemencia que la piel se sus nalgas se rompía suavemente, dejando salir algunos hilos de sangre; verlas así le exicitaba demasiado, se detuvo por unos instantes solo para deslizar su lengua por aquellas apetitosas nalgas. En sus ojos se apreciaba la lujuria. Nikolai disfrutaba como un niño con juguete nuevo ese morboso momento, tanto que no resistió las ganas de cogerse esos culos que estaban a su disposición. Comenzó con Natascha, a quien de una sola embestida la hizo gritar al ser invadida por esa verga insolente y a Inessa la hizo observar en todo momento como se cogía a la chica. Insessa sentía como se empapaba su sexo al ver a su amiga gritando y gimiendo mientras Natascha era cogida por ese animal en celo. "¿Te quieres tocar puta?" –le preguntó. Ella guardó silencio. "Responde zorra sucia" –le ordenó. "Si usted me lo permite Amo" –contestó ella. "Puedes hacerlo, pero no tienes permitido acabar" –dijo él sin parar de taladrar el culo de Natascha.

Inessa comenzó a acariciar su entrepierna, su sexo húmedo era la señal inequívoca de su excitación. Lentamente su placer se fue encendiendo hasta que los gemidos salieron, cada caricia en su vagina daba paso a la humedad y al frenesí del placer. Su cuerpo comenzaba a temblar pero la orden de su Amo fue clara, no tenía permiso de llegar al orgasmo, no sabía cuánto tiempo podría resistir, así que fue bajando la intensidad. Por su parte Natascha suplicaba que se permitiera acabar, ya que la forma en que Nikolai se la cogía la acercaba más al orgasmo. Él estaba impávido, solo guardaba silencio, ya que si mera era torturarlas con placer. En tanto ellas intentaban conservar su compostura para no ceder al orgasmo, Nikolai las trataba con palabras impudicas; sabía que eso excitaba en sobremanera a sus esclavas, ya que a sus ojos eran unas putas que solo servían para ser usadas, y él sacaba provecho de aquella situación, degradándolas y hacerlas sentir muy putas. Dejó de cogerse a Natascha y siguió con el culo de Inessa. Sin compasión la embistió, estaba hecho una bestia, era como si estuviera poseído por el sadismo, no tenía ni un escrúpulo al cogersela con furiaz incluso no se detuvo cuando tuvo ganas de orinar y desafiando la cordura lo hizo en el interior de culo había poseído, la orina empezó a desbordarse y el ordenó a Natascha que se pusiera debajo para beberla. Ella gustosa se acomodó para recibir la tibiesa de la orina que escurría del ano de Insessa. Cada vez la escena se ponía más pervertida; los tres estaban bajo el éxtasis del morbo y el placer, aunque las esclavas sabían que solo estaban siendo víctimas del placer su Amo. 

Al fin ambas tuvieron el permiso de su dueño para acabar, cómo si hubiesen estado sincronizadas emitieron esos ahogados gemidos, seguidos por espasmos involuntarios en sus cuerpos. Inessa al tener liberado el culo de esa verga invasora. Nikolai sonreía al verlas como se retorcían de placer en el suelo y se masturbaba con ese frenesí de estar a punto de eyacular, les dice que estaba casi en el punto de no retorno y les ordena arrodillarse para dejar caer su semen en ellas. Obedientes se pusieron de rodillas y abrieron sus bocas deseosas de degustar la biscosidad de ese tibio semen y disfrutarlo como buenas putas. Cuando acabó, el semen se derramó en sus bocas haciendo desaparecer hasta el último rastro de éste. Les puso las correas y las llevó como buenas perras devuelta a casa. Al verlo llegar su criada se acercó y le dijo que ya estaba lista la habitación para las chicas tal y como lo había solitado. Fue a ver qué tan exactas se habían cumplido sus órdenes. Las esclavas se quedaron afuera esperando y él con la criada entraron a la habitación, al ver se sintió satisfecho; había una cama grande, utensilios usados para flagelar y unas cadenas que colgaban del techo con grilletes. Miró a su criada y sonrió con un tanto de lujuria en sus ojos. Algo se había despertado en él que no sabía explicar con palabras, era como una montaña rusa de sensaciones que despertaban en él la perversión. Su criada lo sabía bien, ya que varias veces la había tomado por asalto cuando estaba haciendo los quehaceres. Esa ocasión no fue diferente, la tomó del cabello y la llevó al piso. Bajó el cierre de su pantalón e hizo que chupara su verga, la mujer no hizo más que posar sus labios en el glande cuando sin darse cuenta ya estaba completamente dentro de su boca. Aún se sentía el sabor de los culos de las esclavas en su verga pero a la criada no le importó, la engulló hasta la garganta y el marcó el ritmo desenfrenado que debía seguir hasta que acabó en su boca. Se puso de pie, arregló su cabello y salió en silencio de la habitación, a los minutos salió Nikolai e hizo entrar a las chicas. Les dijo: "Aquí pasarán sus días. Saldrán solo para ayudar a Sofía cuando necesite ayuda con los deberes de la casa y cuando yo lo requiera, la mayor parte del tiempo estarán desnudas y listas para ser usadas, no podrán hacer nada entre ustedes a menos que yo lo autorice y de no ser así serán severamente castigadas". Ellas contestaron: "Estamos agradecidas por su trato hacia nosotras, esperamos no defraudar la confianza que nos entrega y haremos todo cuánto usted pida de nosotras Amo". Añadió Nikolai: "Una cosa más, no serán puestas en venta. Se quedarán aquí como parte de mi propiedad y en estos días las marcaré cómo mías, para que cuando se vean entre ustedes sepan a quien le pertenecen". "Nosotras estaremos honradas de llevar su marca Amo, ya que siempre fuimos usadas como moneda de cambio y no éramos consideradas cómo propiedad de nuestros anteriores dueños" –contestó Inessa por ambas. Les ordenó que se dieran un baño y se acostaran para que pudieran estar al otro día listas para cumplir su función de ser objetos de placer.


Él ya sabía cómo jugar sus cartas con ellas e iba a aprovechar al máximo sus adquisiciones, todo sea para apagar la perversión que había descubierto y tenía todo a su favor para disfrutarlo sin problemas, ya que era un hombre que no daba explicaciones a nadie y que si se proponía algo lo conseguía a cualquier precio 



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Me encantó esta frase
    "Oh Mí Amo sírvase de esta puta y disfrute de mi Concha "😈💋
    Tan precisa...
    Excitante relato Mí Amo
    Me encanta su manera de describir cada detalle 🔥🔥🔥
    Exquisita Lectura Mí Perverso 💋😈

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  2. Exquisito relato como siempre Mr.P, con detalles que llevan a despertar la lujuria que vive en mi, gracias por compartir ese talento de escritor que tienes

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  3. Uffff Caballero se voló la barda con este relato que presicion de cada detalle de usar una esclava exquisito hace volar la imaginación de cualquiera y la tiene al borde del extasis felicitaciones Caballero

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  4. No hay mas que decir que no hayan ya dicho en los comentarios anteriores Caballero, exquisito 👏👏👏🔥

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