Mi nombre
es Geraldine, tengo cuarenta y cinco años. Dos hijos, uno es varón, el mayor y la
niña. En verdad son mayores y no están nunca en casa. Un esposo, que viaja
bastante por su trabajo y estoy muy tiempo sola en casa. Una casa confortable,
además de tener a Flor, mi perra labradora de pelaje hermoso y muy cariñosa,
color arena.
Una vez por semana nos reunimos con amigas, en distintas casas. A veces vamos a algunos bares. Hasta nos vamos a ciudades vecinas para cambiar de aires. He dejado de trabajar hace poco, así que tengo mucho tiempo libre. Como dije, mi familia generalmente no está en casa. Estamos mi perra y yo. Cuestión que hace unos días noté que mi perrita sangraba. Bueno, lo pensé, un día dos, y me dije porque no hacerla aparear. Justo un día de esos nos íbamos a reunir con las chicas en casa de Romina.
"¡Hola chicas!" –dije cuando llegué a casa de Romy. Ya estaban las otras. "¡Como siempre a horario"! –se burló Rocío de mi impuntualidad. Nos saludamos con un beso sonoro en la mejilla. Ya estaban bebiendo algunos tragos. Transcurría la reunión apacible y tranquila, y por allí lo vi al perrazo color negro de mi amiga y se encendió mi lámpara. En un momento en que estuvimos a solas acarreando cosas a la cocina le dije a Romy: "¿Tu perrito ya ha apareado?". "Si claro. ¡Es un macho fenomenal!" –me contestó ella sin mirarme. "¿Me lo podrías prestar? Flor anda creo que con ganas y tu perro es perfecto para ella" –le dije. "¡Cuando quieras!” –me respondió.
Seguimos
bebiendo y comiendo lo que Romy había preparado. Por alguna razón estaba más
distraída que de costumbre, casi respondía con monosílabos o reía porque las
otras se reían, mi cabeza estaba en otra parte. Varias veces observé a aquel
bello animal, que paseaba tranquilo por el patio. Pensé que sería un buen
compañero para mi perrita. Cuando nos fuimos quedando solas, Romy, volvió con
el tema de su can. "Creo que disfrutará mucho" –dijo.
"¿Quién?" –pregunté. "Tú perrita" –me respondió.
"Goliat hará un buen trabajo y le quitará las ganas a tu perra. ¿Lo
llevarás tú o te lo llevo mañana?" –me dijo. Noté algo en su mirada y en
su tono de voz pero no le di mayor importancia. "Si, yo lo llevo. ¿Vendrá
ahora?" –pregunté. "Si, le gusta pasear en auto" –respondió.
"Bueno, si quieres lo llevo ahora" –le dije algo ansiosa. "Cómo
quieras" – dijo. Fue a buscar el collar y la correa, así que salí de
la casa de mi amiga con el enorme perro labrador negro en mi auto. Pensaba
mientras manejaba, escuchando su respirar tranquilo, pero un poco agitado a la
vez, si a mi perra le gustaría aquel formidable macho. Miraba a través del
espejo retrovisor. La gran lengua rosada colgando. Mirando a un lado y a
otro. Goliat me miraba de vez en cuando, su rostro es afable y parece
estar cómodo en el viaje.
Llegamos
a la casa y lo bajo, llevándolo de la correa. Olfatea. Mete su nariz en todos
los rincones. Tal vez ya sabe de la perra en celo, por eso mueve su cola
contento y excitado. Entramos y Flor se acerca también curiosa y moviendo su
cola. Se huelen, Goliat ya quiere montarla, los llamo y los dejo salir al patio
de atrás que es amplio, ilumino con las luces porque está cayendo la noche de
primavera fresca pero estrellada y con Luna brillante y grande que ilumina todo
el patio. Debo ir al baño ya que he tomado tanto que la vejiga me quiere
reventar. "Follen rico, la noche está especial para ustedes" –le
digo. Dejo solo a los novios recientes y desaparezco adentro.
Me puse una bata, me serví un vaso de whisky y me senté en la sala. Me relajo y cierro los ojos por un momento, pienso en mi esposo y en la última vez que cogimos antes de su viaje, sin darme cuenta me humedezco recordando y añorando tenerlo dentro para quitarme las ganas locas que me tienen encendida. No quería masturbarme esa noche, quería dormir caliente y despertar deseosa, así que me levanté a espiar por el ventanal y veo a los animales uno por cada lado. Goliat olfatea y quiere montarla, pero la perra, mi perra, lo rechaza. ¿Qué sucede? pienso. Será como en los humanos, que si no te gusta, no te gusta. Dejé de mirar, pensando que hacer. Me tiré en el sofá y me quedé dormida. Desperté, no sé a la hora que sería. Era de madrugada. Recordé a los perros que estaban afuera.
Abrí el ventanal. Goliat vino enseguida. Flor detrás. Los miré. La perra entró y fue a su cuartito totalmente calmada y desinteresada en aquel macho que le había traído. Goliat se sentó frente a mí y le acaricié la cabeza, él se restregó contra mi pierna. Empezó a frotarse. Yo lo seguí acariciando, las orejas, el hocico, el seguía apoyándose en mis piernas, casi desnudas. Él estiraba el hocico. Fui a servirme otro whisky, sentía mi cuerpo que estaba empezando a calentarse. Goliat me seguía y empujó su hocico contra mi cola, no sé si olfateó o quiso hundir su lengua allí. Sentí, de todas maneras su empuje. Me estaba emocionando. Volví al sofá y lo miré sentarse otra vez sobre sus patas traseras. Asomaba su punta roja inflamada, parecía que goteaba.
"¿Pero qué tenemos aquí? ¿Estás caliente? ¿Mi perrita no dejó que te la follaras?" –le preguntaba. Él me miraba y tal vez pensaría: "¿Qué le pasa a esta loca?". Movía su cabeza y parecía sonreír. "Eres un ejemplar hermoso, y de seguro ya has cogido con muchas perras y esta idiota te deja con las ganas" –le dije. Abrí sutilmente mi bata, dejando mi cachonda vagina depilada casi al aire, el pareció notarlo. Movió su trompa nervioso, me estaba retando porque no se movía de su lugar, me estaba calentando cada vez mas, imaginando su verga en mi conchita ardiente, ya en llamas. "¡Ven aquí con mami! ¿Quieres que sea tu mami?" –le decía. Goliat, el labrador negro, caminó despacio hacía mí. Olió mi vagina que chorreaba fluidos cada vez más poderosos. Lamió despacio, como probando y eso me llevó al paroxismo, sentí que estaba muriendo de placer, mi calentura se potenció y me volví animal.
Mi vagina se bañó de fluidos y la lengua de Goliat escarbó profundamente, ya la bata se abría completamente. El animal se metía entre mis piernas abiertas y dejaban en exposición mis labios y mi clítoris mojados por la saliva del bello labrador que me lamía incesante, era algo intenso y a la vez perverso. Mis gemidos se soltaban de mi garganta. Era aire caliente y espeso el que me rodeaba y sacudía mis sentidos, un perro me estaba dando un exquisito placer qué me tenía a mil, eso era maravilloso. "¡Anda has gozar a tu mami!" –le decía ya totalmente entregada a su lengua y a todo lo que pasara después; mis gemidos eran tan efusivos que tal vez se escuchaban por toda la casa, eso no importaba, total estaba sola y mi calentura era tal que me tiré en la cama, y acariciaba mis pechos. Gemía siendo su perra, haciendo lo que mi perrita no quiso hacer.
Se paró en sus patas traseras llegando hasta mi boca, tomé su hocico con las manos y le dí un besito tierno en su nariz húmeda, pasé mi lengua por su lengua que colgaba a un costado, su colorada verga estaba más gorda y a punto de salir. Llegué a ella con una mano y la acaricié, el perro dio un pequeño salto, se movió más caliente. Se acercó a mi vagina y chocó la punta de su verga en mi concha húmeda. En ese instante pensé: "Este animalito sabe muy bien lo que hace". Tenía experiencia, no era la primera vez que montaba a una mujer. "¡Cómo disfrutará la puta de Romy de esta exquisita verga!" –me decía a mi misma e imaginaba la escena de Romy siendo montada como una puta perra por Goliat. Abrí más las piernas y empujó su verga con fuerza, se metió sin problemas. Exploté en un orgasmo suculento, chorreando mis fluidos, salpicando todo lo que estaba alrededor. Era tanta la calentura que solo sentir como entró me llenó de placer. Apreté su cabeza contra mis tetas y el muy inteligente can las comenzó a lamer de manera sublime. La bola gorda de la base de mi verga se agranda dentro de mí. "¡Oh, Dios es enorme!" –grito. Él se queda quieto y siento que expulsa su semen y yo no puedo detener mis orgasmos, que son salvajes y tremendos, hacía rato que no tenía semejantes choques eléctrico que recorrieran todo mi cuerpo con esa intensidad. "Mierda! ¡Es exquisito! –grito. Me convulsiono, babeo y a ratos sentía que perdía la cordura. Bueno, haciendo lo que estaba haciendo era señal de que no quedaba ni una pizca de cordura. Él se gira dejando su enorme bola dentro de mi conchita mojada e inundada de semen del perro. Mis gemidos aturden el ambiente, estamos solos y no puedo creer que esté gozando tanto de aquella cogida con mi amante perruno. Sabroso. Tomo su cola para que no se despegue de mí. Siento como chorrean su semen y mis fluidos entre mis piernas. Él insiste en tironear para zafarse y yo no quiero, lo retengo, lo pego contra mi cuerpo que no termina de gozar a pleno, su verga parece más hinchada cada vez, aunque la bola se siente ya más cómoda, es como si hubiera ido desinflando.
Acaricio su espalda y bajo hasta sus testículos, son enormes, apenas caben en mi mano; acarició mis pezones erectos, duros, sensibles. Los tiro, los retuerzo y grito de placer. Él sale con su tremenda verga roja e hinchaba destilando semen, me chorrean inmensas cantidades de semen que se mezclan con mis fluidos, se hace un charco en el piso, no pierdo tiempo y tirándome debajo de su cuerpo negro me prendo a su exquisita verga, sigue brotando el semen, su lengua y su agitación me provocan más calentura. Se la chupo, la acaricio, él se queda quieto como si supiera lo que iba a hacer, es disfrutara, le como la verga como una perra hambrienta; me desconozco por momentos, a pesar de mi nublada conciencia, pero a los segundos me olvido y gozo a más no poder de aquella verga que no se desinfla, que permanece dura. Mi boca la traga, acaricio otra vez los testículos de Goliat que no se mueve, mientras yo trago y trago su semen que sigue largando dentro de mi boca. Masturbo al can y paso mi lengua haciendo maravillas en su verga; sigo teniendo orgasmos que no puedo controlar, mi respiración se dificulta y me ahogo en su semen.
Cuando liberé su boca de su verga clavo los dedos en mi jugosa conchita, tengo el semen de Goliat aún dentro de mí, mi clítoris es tan feliz, no sé cuánto tiempo hacía que no tenía una cogida semejante. Su verga ya está en reposo y cedo al orgasmo que mis dedos me proporcionan . Él se mueve a un costado y se echa. Ahora lame su verga el muy puto. Parece satisfecho, se queda quieto luego de lamerse un buen rato, yo termino mi trago, observándolo y sonriendo. "¡Has hecho gozar a mami!¡Espero que tú también hayas sentido placer! –le digo. Su cara pareciera que entendiera y parecía ser feliz, se acurruca en actitud de relajación, sigo desnuda terminando el trago, siento que aún chorreo semen, me siento salvaje y puta a la vez. "¿Quieres venir a la cama con mami? –le pregunto poniéndome de pie, él levanta su cabeza alerta. Muevo mi culo aún apetecible, giro mi cuello y el se pone de pie. "¡Ven!¡Vamos a dormir un rato!" –le digo. Mueve sus patas despacio, se escucha su respiración agitada, me tiro en la cama, busco la almohada, la pongo entre las piernas. "¿Debería bañarme?" –me pregunto. Siento un poco de somnolencia, estaba agotada. Aún así hago esfuerzos y me meto en el baño. Goliat está acostado en la alfombra, duerme como un bebé. La ducha es reconfortante, salgo perfumada, sintiéndome limpia, aunque no calmada, no satisfecha, pero mi compañero está relajado; sabe que soy su perra. Me tiro otra vez en la cama. Lo llamo y él sube sin problemas. "¡Veo que estás muy acostumbrado a estar con mujeres! ¿Eres el noviecito de Romy? ¿Apuesto qué es tan puta como yo? –le digo como si fuera a contestarme. Lentamente voy entrando en ese merecido descanso hasta que me quedó dormida. No sé qué hora es, pero aún no amanece. Goliat se acurruca a los pies de la cama, se escucha su respirar. Parece estar profundamente dormido. Yo también seguí durmiendo.
Cuando abro los ojos, veo luz del nuevo día. No sé muy bien que hay en mis pies. Pienso que fue un sueño y no. Hay un perro negro lamiendo mis pies. Siento un leve cosquilleo que sube hasta mi entrepierna. Me muevo un poco y reacciono. "¡Oh buen día amante pervertido! ¿Qué quieres de mami? ¿No es muy temprano aún?" –digo jugando y el negro labrador se acerca a mi cara. Le doy unos besitos en su mojada nariz, pero él busca la boca, saco mi lengua y él me lame. Siento que mi sangre comienza a hervir. Me mojo. Siento que mi vagina empieza a palpitar, acaricio mi clítoris; me siento perra y sí que lo soy. Meto dos, tres dedos, acabo retorciéndome totalmente desenfrenada. No dejo de chupar la lengua de Goliat. Me siento caliente. Atrapo la verga del animal está endurecida, lo masturbo. ¡Mierda, quiero chupársela y quiero meterla dentro de mí! Me pongo en cuatro patas, acaricio mi vagina y él me monta a toda prisa, tomo su verga y la dirijo a mi culo deseoso. Empuja, embiste, pero no entra; sus fluidos empapan mi ano. Baja, da una vuelta sobre la cama, yo espero. Luego me muevo y voy en busca de lubricante, lo unto en mi culo que explota de deseo. Me monta otra vez, lo guio y entra en mi culo. Le detengo en la bola pero se infla su verga y me embiste velozmente llenándome el ano con sus fluidos. Se toma con furia en mis caderas, clava sus uñas en mi piel desnuda, siento que me desmayo de locura y placer, aúllo como una perra, él me disfruta; jadea, babea hasta reventar en culo. "¡Oh Goliat, mi amor! ¡Me vuelves loca, me enfermas de placer" –gimoteo mientras la verga de mi peludo amante entra y sale de su agujero en llamas. Luego se detiene. Corre su perno y una catarata de fluidos caen en las sabanas, dejo que se retir.er mientras acaricio mi botón y mil orgasmos encienden mi piel y mi cuerpo. Se acerca otra vez y limpia mi culo abierto y mojado por su semen. Pasa su lengua una y otra vez, de paso su lengua recorre conchita, yo gozo y no paro de gozar. Me tiendo un rato a lo largo de la cama, y el muy perverso no me da descanso, mete su hocico en mi entrepierna y la recorre completa hasta llegar a mi orto palpitante y dilatado. Vuelve a montarme, empuja y entra en mi agujero. Goliat es un amante excelso, maravilloso. y me vuelve a embestir con fuerza, como el buen macho que es; me hace gritar de placer, me tiene al borde de la locura . Con los dedos trabo la enorme bola para que no entre en mi culito porque si no me lo dejaría más abierto que la primera vez. Él se agita, su lengua cuelga y babea mi espalda, tiene a la perra a su disposición y me coge muy rico. Sale su verga otra vez de mi culo dura y escupiendo semen. “¡Qué rico te coges a mami!¿Tú te coges a mi amiga Romy! ¿Parece que no la extrañas demasiado? –le decía y él solo se lamía la verga.
Me acerco y se la agarro firme. Está dura, me encanta. Le doy unas mamadas, le doy unos besos y él se queda quieto panza arriba esperando que haga algo más. Me subo sobre él y enseguida entró la verga en mi conchita que chorrea mis fluidos. Subo y bajo, me entra profundo, esa verga recorre mi vagina con propiedad; cada vez más caliente y temblorosa a causa de los multiples orgasmos que he tenido gimo, grito, dejo que pase su lengua por mi cara y le digo: “¡Soy tú puta, tú perra! ¡Me has cogido tan rico que será difícil que mi marido pueda superarte!”. Mis orgasmos se chocan entre sí. Exploto una y otra vez; creo que voy a desmayarme de tanto placer. Cada poro de mi piel destila sudor y placer, mi cuello, mis tetas, mis brazos; casi sin fuerzas sigo hasta que siento como otra vez Goliat deja su semen impregnado en mi interior Siento que no puede ser que goce más, caigo a un costado de la bella criatura que me ha dado tanto placer, exhausta, satisfecha y pensando en lo bien que Romy lo debe pasar con este perro del demonio. Se queda quieto, lamiendo una vez su verga que desfallece. Lo dejo tranquilo. Tendida a lo largo en la cama, pienso que tendré que lavar las sabanas por el olor a sexo, mis fluidos y los de él impregnados y el pelo de Goliat.
El sol se ha levantado por completo, no sé cuántas horas pasaron de que empezamos la mañana cogiendo; estoy bañada en mis fluidos, sudor, semen de mi amante perruno. Me levanto para beber agua, necesito líquido, aunque mis agujeros rebosan de él. Goliat se queda tirado en la cama, es dueño absoluto de mi cuerpo y de mi placer. En eso suena el teléfono. Atiendo: “¡Hola!”. “¡Geraldine! ¿Cómo va todo con mi perrito? –Romy ríe del otro lado. “¡Muy Bien, es un amor!” –le respondo. “¿Tu perrita la está pasando bien?” –pregunta. ¡No te imaginas cuanto! –digo excitada. “¡Y no sabes lo que gozará! ¡Te lo prometo, belleza!” –me dijo con una sonrisa maliciosa. Sabía perfectamente bien a qué se refería pero me hice la tonta ante su comentario. “¿Quieres que te lo lleve?” –le pregunto. “¡No tenlo por unos días más, no te preocupes! He comprado un nuevo animal. Un Gran Danés precioso, pero aún debe aprender algunas cosas. "A cogerte perra" –pensé en mis adentros. "Entiendo, enséñale bien" –le dije. "¡Sí, ya verás las cosas que aprenderá! ¡Bueno disfruta, nos vemos!” –me dijo. El teléfono se colgó.me quedé pensando en el “disfruta” antes de colgar. La puta sabía que quien estaba recibiendo placer de Goliat no era mi perra sino yo; bueno, en todo caso me da igual ya que ella también debe hacer lo mismo, por eso él sabe muy bien que hacer.
Me metí en la ducha, me puse un vestido corto y no me puse calzones. Me fui a comer algo y a sacar a Flor a que caminara un rato por el parque. “No sabes lo que te estás perdiendo perra tonta” –le digo a Flor. Ella me mira y sigue caminando. “Estarías siendo cogida de la manera más alucinante pero como eres una estúpida la que se ha llevado el premio de comerse esa rica verga soy yo” –le digo enfurecida porque no entendía como no dejó que su instinto hiciera su parte. Nos dirigimos a la casa, entramos y apareció Goliat, se acercó a mí, se metió entre mis piernas y empezó a lamer mi conchita. Me tiré al piso y subí mi vestido hasta la cintura, separé aún más las piernas para que lamiera con mayor libertad, bajé los tirantes del vestido y masajeaba mis tetas con lujuria. Flor miraba sin entender mis gemidos, que luego se transformaron en gritos y gruñidos. “¡Ves lo que te digo perra tonta!” –le decía entre gemidos. Me acomodé en el sofá para darle acceso a su verga que se asomaba, entonces él sabiendo lo que buscaba se sube y empieza a buscar mi vagina que lo deseaba y ya estaba lista para recibirlo. Ahora me había ensartado otra vez, metiendo la bola hasta el fondo en mi concha caliente que ya chorreaba líquidos por doquier. En eso Flor se sube al sofá y comienza a lamer mi cara, estaba tan caliente que le daba mi lengua y abria mi boca para que ésta se metiera, estaba en éxtasis disfrutando de la verga de Goliath y de los besos calientes que me daba Flor. Era imposible no disfrutar de la perversa escena, entonces Flor se posa en mis tetas para lamerlas. Mis orgasmos no tenían fin, la sensación es indescriptible entre ambos me tienen en las nubes; malditos animales, maldita Flor. Entonces en una acción irracional, más todavía; empecé a tocar la concha de mi perra, ella no hizo si quiera el intento de quitarse, dejó que mis manos la exploraran con libertad, la muy puta estaba húmeda. ¿Cómo era posible? No entendía, pero la sensación diferente me tenía más caliente; entonces metí un dedo, la perra de mierda se quedó quieta. “Saliste lesbiana maldita perra sucia” –le decía mientras ella no despegaba la lengua de mis tetas y yo probé sus fluidos, por su parte Goliat estaba fuertemente pegado a mi vagina, descargando esos litros deliciosos de su semen, no me soltaba, me había convertido en su perra, yo lo sabía y sabía que él lo sabía, y no podía negarlo; era su perra en todas las formas posibles. Se soltó y dejó caer chorros de semen al piso, como pude me levanté y me puse a lamerlo para que no se desperdiciara, estaba en cuatro saboreando ese delicioso néctar que brotaba de la verga de mi amante cuando una lengua juguetona hurga mi concha. La puta de Flor había aprovechado mi posición para invadirme. “¡Oh, que rico perra!” –decía entre gemidos. “¡Sigue, eso, comete la concha de tu dueña y traga ese semen delicioso que hay dentro!” –decía entre gemidos. Caí con el pecho y la cara al piso dejando mis caderas en alto, la puta lamió hasta que se cansó pero los bríos de Goliat eran incansables. Se tomó de mis caderas, ya no tenía fuerzas y de una me la metió en el culo, me clavaba, sin miramientos, esta vez no hice nada para detener su bola la que se quedó atorada en culo, pasó una de sus patas sobre mí y quedamos pegados culo con culo. “Así deberías estar tú puta perra; mira lo rico que se siente” –le decía a Flor. Me desvanecí y perdí la conciencia de tanto placer, no sé cuánto tiempo estuve tirada en el piso; sentía que mis piernas no respondían y mis agujeros tan abiertos que seguí tirada hasta que pude recuperar un poco de fuerzas. Los dos estaban echados al lado mío y les digo: “Son unos malditos y tú Flor eres una puta mentirosa”. Cuando pude ponerme de pie mis piernas temblaban y sentía mi culo tan abierto que llegaba a ser un poco incómodo; los saqué al patio y les di su comida.
Así estuvimos días enteros, cogiendo los tres en la
cama o en la sala, solo importaba el infinito placer que me entregaban, era
cogida sin césar por horas. No es una queja, sino para que se hagan a la idea
de cómo me la pasaba casi todo el día con la verga de Goliat dentro y con la
legua de Flor recorriendo cada espacio de mi cuerpo. "Bueno muchacho, todo
lo bueno termina; ahora debes volver a casa y seguir brindando placer a la
zorra de Romy" –le dije. Lo subí al
auto y me miraba, todavía no encendía el motor y ya comenzaba a extrañarlo.
Cuando lo llevé a su casa Goliat quedó mirándome. Romy abrió la puerta con su
cabello suelto, un vestido corto y claramente agitada. “¡Geraldine, amiga,
pasa!” –me dijo. “¿Cómo se portó mi muchacho?” –me preguntó mientras se agachó
para acariciar a Goliat. Este de inmediato reaccionó lamiendo su cara. “Es un
animal muy educado y bien portado” –le respondí. “¿Flor lo pasó bien?” –preguntó.
“No tienes idea amiga” –respondi. Estábamos en eso cuando Goliat busca un aroma
conocido en la entre pierna de Romy, esta se ruboriza e intenta quitarlo, pero
la insistencia de él al buscar su nariz la vagina de ella era demasiada. Ella intentando
disimular me dice: “Vamos al patio, estaba tomando solo; asi también aprovechamos
para beber algo y conversar”. No hace más que dar unos paso y Goliat se abalanza
sobre ella tomándose de su cintura, la fuerza del animal hace que caiga al piso
quedando en cuatro patas y él empieza con su movimiento copulatorio que yo conocía
bien, al intentar zafarse el vestido se le levanta y la verga del Goliat entró.
“También te extrañé hermoso” –le dice con la verga adentro. “¡Sabía que te cogía
puta!” –le digo pero no recriminando sino caliente. “¡Te la metió tan rico como
me la está dando a mí?” –me preguntó entre gemidos. “El maldito no me dio
descanso ni un día” –le dije toda caliente y sintiendo como mi vagina se humedecía.
Pasaba mis manos en mi sexo por encima de la ropa, mientras Romy era cogida por
el reencuentro con Goliat, en eso veo que viene del patio ese Gran Danés que me
había dicho, era hermoso, gris. “¡Tomando sol puta? Mejor dicho cogiendo al sol”
–le dije. Ya no podía mas con mi calentura, al verlo me incline para
acariciarlo y ver esa tremenda verga que su capuchón escondía. La toqué y lo
masturbé, al verla completa afuera, grande y gruesa mi instinto fue de chupársela
de inmediato. No hubo resistencia de su parte y la engullí deliciosamente. Podía
sentir los borbotones de sus fluidos llenando mi boca y eran tan deliciosos
como los de Goliat, aunque tenía una verga gigante. Me quité la ropa y quedé
desnuda ante él, se acercó y empezó a lamerme divinamente, sentía como su
lengua abarcaba toda mi vagina, con frenesí acaricicaba mis tetas y apretaba
los pezones. “¡Oh, bendito sea Dios!” –decía entre mis morbosos gemidos,
entonces decidí ponerme en cuatro quedando a la par con Romy, quien ya estaba
pegada con Goliat, el Gran Danés se monta encima de mí y me la metió de una, di
un grito de dolor que salió de lo profundo de mi alma. Me daba con fuerza,
jadeaba y gruñía. “Le enseñaste bien putita” –le dije a Romy. Aprendió rápido me
dijo con una cara de puta y una sonrisa en los labios. Sentí como la bola se
metió en mi concha abrochando asi el sublime acto de sentirme perra otra vez.
Romy se veía exquisita con su pelo cubriendo su cara. Goliat se soltó y se puso
frente a ella, tomó su verga y se la metió en la boca para mamársela exquisitamente.
Pasaron unos minutos y el Gran Danés se soltó también dejando llena mi concha
de su semen. Les puedo decir que pasamos un día de ensueño, intercambiando
amantes, jugando entre nosotras y disfrutando de la exquisita experiencia de
ser perras. Ya la hora avanzaba y debía regresar a casa, me vestí y al salir me
despedí de Romy con un lujurioso beso. “Espero verte pronto” –le digo. Me voy a
mi auto y Romy me detiene, me sonrió y me dice: “Romy me sonrió y me dice: En
dos lunes más viajo por una semana. ¿Tendrías problemas en cuidar a Goliat y a
Zeus?”. “Claro que no, encantada” –le respondí. Ya sabes de sus cuidados
especiales y ellos sabrán como retribuir a esas atenciones”. “¡Chao perra!” –me
despedí.
Pasiones Prohibidas ®

Ufff debo decirte mi adorado Perverso
ResponderBorrarQue tú lectura me dejó muy caliente...😈🔥
Un sensacional relato Mí Amo 💋💋
Cada detalle es realmente incitante
Muy excitante sentir cada escena relatada🔥
Pues tú forma de describir permite
Vivir a flor de piel cada detalle...
Cómo siempre un excelente relato Mi Perverso 😘
Buen relato, gracias por compartirlo
ResponderBorrarIncreíble relato se vive con tal eufusividad cada palabra,cada momento que vive felicitaciones Caballero
ResponderBorrarExcelente relato, muy excitante!!
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