Por cosas de la Pandemia y el confinamiento no
había tenido la oportunidad de visitar a mis familiares, cosa que la tecnología
ayudaba a palear un poco la situación, las videollamadas eran recurrentes pero
no suplían el afecto de un abrazo o solo el hecho de tener una conversación
frente a frente. Tampoco podía salir a darle rienda a mis deseos, incluso la
relación con mi novio se terminó por culpa de encierro forzado que nos
encontrábamos, con toque de queda que empezaba a ser vigente desde las ocho de
la noche hasta las cinco de la mañana del día siguiente. Se otorgaban permisos
para salir de compras, citas médicas, etc.
Al fin las autoridades de Chile se habían apiadado
y se nos permitió volver a lo que llamaron "La nueva normalidad".
¿Qué quería decir esto? Qué podríamos viajar con un pase de movilidad a otras
regiones del país quienes estuvieran con el esquema de vacunación al día.
Reservé un pasaje un bus para Santiago, casi 12 horas de viaje que los haría en
la noche, ya que los viajes de día son con paradas para almorzar y se alarga la
jornada, lo que es más cansador. En cambio de noche es casi directo, solo hay
una parada a dos horas para recoger gente en un terminal.
Venía sentada sola, así que me puse a ver algunos
vídeos en el teléfono, con audífonos puestos y los asientos a mis anchas me
acomodé. Confieso que en mis meses de encierro me hice muy amiga del porno y
siempre al abrir el internet tenía alguna página de estas abiertas.
Aprovechando la soledad del asiento de al lado, la oscuridad del bus me
desabroché el jeans y empecé a jugar conmigo, lo malo es que debía contener mis
gemidos para no sobresaltar a los demás pasajeros. Llevaba un rato ya
masajeando mi clítoris y mi vagina estaba tan húmeda que mis dedos se
deslizaban solos a la entrada, buscando penetrarme me bajé un poco los
pantalones quedando con ellos en los muslos junto con mis bragas. ¡Oh, que
rico! Gemía en silencio, me penetraba lentamente con mis dedos. Decidí hacerlo
más rápido para apurar el orgasmo y dormir plácidamente. No me había percatado
que al frente mío había alguien sentado que me estaba observando, estaba tan
concentrada en lo mío que el resto no parecía importar. De pronto, me sentí
observaba y giré mi cabeza, vi a un hombre entre la tenue luz que estaba
masturbándose sin perder detalle de lo que yo estaba haciendo, lejos de
cohibirme, me excitó más, tampoco dejaba de mirarlo ya que mi calentura era más
como para detenerme. Seguí y me retorcía en el asiento, pasaba mi lengua por
labios y parece que él entendió el mensaje. Se sentó a mi lado y como una puta
embravecida me abalancé a su verga, sin pedirle permiso se la empecé a chupar,
sentirla erecta, llena de venas y casi llegando a mi garganta era un perverso
placer con el que me reencontraba después del encierro. Levantó mi blusa y bajó
mi brasier para dejar mis tetas expuestas a sus manos que me asaltaron,
comenzando a recorrerlas y a jugar con mis pezones que estaban duros como su
exquisita verga.
Comencé a pasar mi lengua por el glande,
envolviéndolo. Él gemía despacio disfrutando de cómo estaba chupándosela. “¿Te
gusta maldito pervertido?” –le pregunté despacio, él me respondió que sí.
Entonces me detuve y decidí subirme encima para que me cogiera. ¡Mierda, era
una lástima no poder gemir! Empecé con movimientos suaves hasta ir aumentando
la intensidad. “¡Oh, así! ¡Cogeme pervertido!” –le decía ahogando mis gemidos.
Me apoyé del asiento y seguía con mis movimientos, quería que acabara y sentir
la tibieza del semen en mi interior. Él no paraba de pasar su sucia lengua por
mis pezones, estaba loca de placer, la falta de sexo era un maldito detonante
para avanzar a pasos agigantados al orgasmo. Hubo un momento en que su verga se
salió y al intentar acomodarla se clavó directo entre mis nalgas, hacia tanto
tiempo que nada entraba por ahí que mi ano estaba apretado, tuve que poner mi
mano en la boca para no gritar y ser delatada. Solo dejé que se amoldara, no
iba a sacarlo. Ya cuando lo sentí completo dentro empecé con movimientos
circulares más el vaivén del bus, la tarea era más fácil. No fueron muchos
minutos los que pasaron cuando él llenó mi culo con su semen, la sensación de
sentir como se descargaba era alusinante, con los ojos cerrados continué
moviéndome hasta que al fin cai en los brazos del orgasmo, mi cuerpo comenzó a
temblar como nunca antes, él me tomó la cara y me dio un beso apasionado con el
fin de contener mis gemidos. Cuando su verga se deshinchó se levantó y se fue a
su asiento sin siquiera decir gracias; fue una de las cogidas más morbosas que
me han dado. Rápidamente acomodé mi ropa y me dispuse a dormir como una niña
buena con el culo lleno de semen.
Llegué por la mañana, mi hermana ya casi se iba a
ir a dejar a mis sobrinos a la escuela y me dijo que demoraría después debía ir
a trabajar, ya que el teletrabajo había terminado y si es que podía atenderme
yo. Por mi parte no había problemas, ya que es entendible. Le dije: “No te
preocupes Cristina, entiendo. Hay cosas que no podemos evitar y una de esas es
el trabajo”. Nos despedimos, me preparé un café y unas tostadas, ya que traía
un hambre atroz. Como estaba sola me desnudé y me fui a dar un baño, estuvo
exquisito ya que mis dedos fueron traviesos.
Después del baño me puse un short cortito y una
camiseta blanca sin brasier. Me fui al cuarto de ella y me tiré en la cama. Mis
ojos se cerraban por el cansancio del viaje y la cogida que me habían dado en
el bus. El sueño me venció y me dormí. No sé cuánto tiempo pasó pero mi subconsciente
me empezó a llevar a un lugar desconocido, veía en mi sueño que estaba en una
habitación de hotel y que era cogida por un hombre con una ferocidad abismante,
yo solo gemía por la fuerza de sus embestidas y disfrutaba cada centímetro de
su verga. Maldito sueño, se hacía tan real. Me tomó, me puso en cuatro y me la metió
de una estocada en el culo. Era un sueño tan deliciosamente perverso pero que
me despertó húmeda y con ganas de más.
Me quedé en la cama con los ojos cerrados
intentando volver a esa habitación de hotel pero ya no podía. Sentí algo de
frustración cuando noté que alguien se acostó al lado mío y comenzó a acariciar
mis piernas, me quedé en estado de shock y solo escuché que me decían al oído:
“Aún no es mi cumpleaños y estoy teniendo un regalo en mi cama”. Abrí los ojos
con algo de espanto, ya que se suponía que no había nadie en casa, al mirar me
di cuenta que era Marcos, mi cuñado. “¿Qué estás haciendo?” –le pregunté. “¿Qué
crees tú cuñadita?” –me respondió con otra pregunta. “Lo sé, pero no está bien,
no es correcto” –le dije. “¿Y quién dicta lo que es y no es correcto?” –me
preguntó. “El hecho que soy la hermana de tu mujer, estúpido” –le contesté. “Estúpido
seria si desperdiciara la oportunidad de cogerte” –me dijo en tono decidido,
separando mis piernas para acariciar mi vagina. “¡Marcos, detente por favor!”
–le dije. “Varias veces te escapaste, pero hoy no cuñadita” –me dijo. No niego
que me estaba calentando, mis pezones me delataban debajo de la blusa pero no
se lo haría tan fácil, después de todo no había caído en sus redes por respeto
a mi hermana, ya que el desgraciado me insinuaba cosas sabiendo que ella estaba
presente en las reuniones que teníamos como familia antes de la Pandemia.
“Sabes que eres parte recurrente en mis fantasías,
incluso las veces que he cogido con tu hermana he pensado que lo estoy haciendo
contigo” -me dijo de manera descarada.
¡Mierda! Mi mente jugaba en el borde de lo que es correcto y lo que no. Claro, tenía
ganas de coger y que Marcos hiciera cuanto quisiera conmigo pero la maldita
moral me estaba jugando en contra. Nunca había desperdiciado la oportunidad de
coger, pero esto era diferente. Sentía como acariciaba mi vagina por encima del
short y me dice al oído: “¡Vaya, veo que tú también tienes ganas! No pones
resistencia”. Me empezó a bajar mi shorsito y dejarme solo en tanga. No alcancé
a decir nada y me abrió las piernas y empezó a lamer mi vagina sobre la tanga,
la sentía húmeda por su saliva y mis fluidos, después subió pasando su lengua
por todo mi cuerpo hasta llegar a mis senos, los que chupó con desesperación.
“¡Sigue Marcos, no te detengas!” –le decía. Estaba completamente entregada a
sus deseos y a mi calentura.
Me tenía al borde de la locura, mi vagina no dejaba
de chorrear y yo gemía al sentir como su lengua envolvían mis pezones y como mi
sexo palpitaba deseoso por ser embestido por la verga de mi cuñado. El muy
pervertido metió su mano entre mi tanga y me comenzó a masturbar con tal
habilidad que ya no podía resistirme más, estaba al borde del orgasmo y él lo sabía,
pero disfrutaba mi sufrimiento y frustración. “¡Ya cógeme de una vez!” –le
decía pero el cerdo me ignoraba, estaba al borde de la locura. “¿A caso ya no
quieres metérmela?” –le decía. Hasta que al fin hizo mi tanga a un lado, sentí
su glande en la entrada de mi vagina y de un golpe me la metió has el fondo,
solo di un grito de dolor y a la vez de placer, él miraba mi cara de placer con
cada embestida que me daba. Me decía entre sus jadeos: “¿Cómo no voy a querer
cogerte, si siempre he querido tenerte así como ahora? Solo quería jugar
contigo antes de cogerte como la puta que eres”. Le contesté: “¡Aprovéchame
cuñado por qué no sé cuándo me vuelvas a coger”.
Mis palabras lo excitaron más, me empezó a coger
con más fuerza. “¡Eso, dame fuerte! ¡Cógeme como puta! ¡A la mierda mi hermana,
hoy soy tu puta!” –le decía entre gemidos. Le dije que me quitara la tanga y se
tumbara de espaldas. Al tener más libertad de movimiento me monté a horcajadas
sobre él y su verga entró sin problemas en mi vagina deseosa. Me movía de
adelante a atrás suavemente, quería sentirla completa en mi interior e imaginar
lo rico que se lo pasaba mi hermana cogiendo con este hombre. Él se aferró con
fuerza a mis muslos y los apretaba, sentía como sus dedos quemaban mis piernas,
me encantaba que fuera bruto y que demostrara que era quien controlaba la
situación, sus manos se posicionaron en mis tetas haciendo lo mismo. ¡Oh, esa
sensación era un deleite! Dolia pero me gustaba. Me estaba acercando al orgasmo
pero aun no quería acabar, quería seguir disfrutando de esa exquisita verga.
Me puso en cuatro y apuntó hasta mi culo que no opuso
resistencia, por alguna razón estaba dilatado y listo, de igual manera me
embistió con fuerza, el dolor era intenso pero más lo era el exquisito placer
que recibía, eso me hizo tener un gran orgasmo. Estábamos exhaustos, sudados
con el corazón latiendo a mil por hora pero no se detuvo, siguió con el mismo
ímpetu haciendo gemir hasta el ahogo, la brutalidad con la que taladraba mi
agujero me hacía babear de placer. “¡Qué rico me coges cuñado!” –le decía. “Sabía
que eras una puta cuñada y que te gustaría que te cogiera pero tu siempre
dándotelas de santa, cuando de lejos se te nota que eres bien puta” –me dijo.
El maldito sabia ahora perfectamente lo puta que soy, total verga es verga y no
importa de quien venga, solo me dejaba llevar por el momento y por el placer.
De pronto, mi culo sintió la explosión de su verga, su semen tibió se vertió en
mis entrañas haciéndome delirar de lujuria ya que produjo un intenso orgasmo que
me hizo gemir y temblar con fuerzas. Caí rendida sin poder sostener mi cuerpo.
Ni el pervertido del bus me hizo acabar de tan deliciosa forma. Se tumbó a mi
lado y me dijo: “Ahora sí puedo morir en paz, solo por el hecho de haber
cumplido mi más anhelada fantasía”. Sonreí de manera perversa y le dije: “No
será la última vez te lo aseguro”.
Nos quedamos unos minutos en la cama, mi culo
palpitaba y sentía como su semen escurría de mi agujero. Decidimos meternos a
la ducha y seguir con nuestro jueguito lujurioso ahí al sentir agua tibia
cayendo me arrodillé y metí su miembro en mi boca, no había tenido la
oportunidad de probarlo y no desaprovecharía la ocasión; sentir como se endurecía
envuelto en mis labios era excitante, por lo que o aguanté las ganas de tocarme
mientras se lo chupaba como una experta puta. Pasaba mi lengua desde la punta a
la base, lo engullía hasta sentir que llegaba a mi garganta. “¡Oh, cuñada no
pares!” –me decía. Seguí una y otra vez comiendo su verga, después fue el turbo
de sus testículos, él gemía con intensos alaridos mientras sus dedos se
enredaban en mi pelo para marcar el ritmo que debía seguir. Otra vez metí su
verga en mi boca, quería que acabara y me dejara probar el sabor de la tibieza
de su semen; me marcó un ritmo enfermizo, sentía como palpitaba su sexo, sabia
que pronto estaría degustando su tibio néctar. “¡Oh, cuñada, qué rico lo
chupas!” –me decia. Me calentaba oírlo y saber que lo disfrutaba tanto como yo.
Seguí más rápido hasta que acabó llenado mi boca con su esperma, estaba
fascinada; bebí hasta la última gota. Después nos besamos con ese malicioso
morbo para terminar la ducha e intentar disimular cuando llegara mi hermana a
casa.
Pasaron las horas y estábamos como si nada en la
sala viendo TV cuando Cristina regresó del trabajo, mi cuñado la saludó con un
beso apasionado y le dijo: “Deberías haberme avisado que Teresa iba a venir, así
hubiera tenido tiempo de ir a comprar algunas cosas para atenderla”. “Lo siento
mi amor, me olvidé” –respondió ella. “Voy a buscar a los niños al colegio y
pasaré al supermercado. ¿Teresa quieres algo?” –dijo Marcos. “Podría ser una
botella de Merlot, así podemos tener una excusa para que en la noche charlemos”
–le contesté. “Qué sean dos, porque una no será suficiente para los tres” –dijo
Cristina. “Entonces serán dos” –dijo Marcos y fue a buscar a los niños. Nos
saludamos con mi hermana y nos pusimos a conversar de los recuerdos antes de la
Pandemia y de lo bien que la pasábamos cuando nos juntábamos en familia solo
con la excusa de vernos. “¡Quieres algo para beber?” –le pregunté. “Me gustaría
un vaso de gaseosa gigante y fría. No sabes el calor que hace afuera” –me dijo.
En mis adentros pensaba: “No sabes el calor que había en tu cama hace unas
horas atrás”. Sí, piensen lo que quieran, pero es verdad, soy una pervertida. De
solo imaginar a Marcos cogiéndome ya hacia humedecer mis braguitas. Le serví la
soda y continuamos la charla.
Pasó una hora y llegó Marcos con los niños,
preparamos la cena y comimos delicioso. Los niños corrieron hasta que se
cansaron y mi cuñado los llevó a su cuarto para que pudieran dormir y así
quedarnos charlando sin la preocupación de los niños. A los quince minutos
estaba de vuelta, con Cristina estábamos en la cocina lavando los platos. Le
dio una nalgada a mi hermana cuando pasó por detrás de ella, Cristina lo miró y
le dijo: “Mi amor, respeta. ¡Tenemos visitas!”. “Por mí ni se preocupen,
ustedes hagan lo suyo” –le dije con un tono de picardía. Marcos entendió la
indirecta y al pasar nuevamente la nalgueó, mi hermana tuvo que apretar los
labios para intentar no gemir, lo peor de todo que aunque intentó disimular me
di cuenta que le gustó demasiado. Llevé las copas y la botella a la sala,
Marcos descorchó la botella y sirvió.
“¿Qué tal estuvo tu viaje?” –preguntó Cristina.
“Intenso, ya sabes que no me gusta viajar en avión, prefiero usar el camino
largo, aunque duerma toda la noche de camino” –le respondí. A medida que la
conversación avanzaba, el vino disminuía y la libido aumentaba. “¿Algo
interesante que contar del viaje?” –me preguntó Marcos, lanzando un dardo
directo a querer saber que había hecho el viaje tan intenso. “No querrán
saberlo” –respondí. “¡Claro que sí! No nos dejes con la duda” –dijo Cristina.
¡Mierda! Estaba contra la espada y la pared, improvisaba una linda historia o decía
la verdad. “Teresa, te conozco lo suficientemente bien como para saber que algo
ocultas” –arremetió mi hermana. “Si tonta, cogí con un desconocido y, después
cogí con tu marido en tu cuarto y se la chupé en el baño” –pensaba en mis
adentros. “Bueno, siendo honesta con ustedes si pasó algo interesante en el
viaje pero no sé cómo lo tomarán ustedes” –les dije. Entonces Marcos dijo:
“Somos personas adultas. ¿Por qué deberíamos tomarlo a mal?”. “Sí, Teresa.
Marcos tiene razón. Además, sorprendernos a estas alturas de la vida por algo
que hagamos o dejemos de hacer es absurdo” –arremetió Cristina. “¡Está bien!
Veo que la curiosidad es más grande, por no decir morbo. Pasé una noche
increíble en el bus con un desconocido. Cogimos como animales en mi asiento.
¿Están contentos par de morbosos?” –les dije. “¡Ay Teresa! No me sorprende, de
las dos siempre has sido la más puta” –dijo Cristina riendo. “Fue tan
placentero que ni imaginas, después se cambió a su asiento y yo dormí como puta
satisfecha” –dije.
Se descorchó la segunda botella, Marcos acariciaba
el muslo de mi hermana. Ella intentaba disimular su excitación pero pasaba
sutilmente su lengua por los labios. “Ahora les pregunto a ustedes. ¿Han hecho
algo interesante en este tiempo de confinamiento?” –les dije. Marcos tomó la
palabra: “Nos hemos vuelto adictos al sexo, cuñada”. “Eso está bien, tienen que
aprovechar cada momento para divertirse juntos” –les dije. “Sí, pero con los
niños en casa era algo casi imposible pero buscamos las formas de hacer que el
encierro fuera más entretenido” –dijo Cristina sin inhibiciones. “¡Wow! ¡Y me
dijiste puta a mí!” –dije entre risas. Ya la mano de Marcos subía mas, cosa que
Cristina no pudo disimular ya que mis ojos estaban pendientes de lo que hacían.
“No tengan vergüenza, hagan de cuenta que no estoy aquí y disfruten” –les dije.
No sabia si en verdad ek vino estaba haciendo efecto o ellos ya lo tenían planeado
pero Marcos de forma descarada pasó la mano por encima de la vagina de mi
hermana, quien esta vez no protestó sino que separó las piernas para darle más
espacio a su esposo. Lo que veía me calentaba pero debía mantener la compostura
y ver hasta donde estaban dispuestos a llegar en su borrachera o en su plan.
“Cuentame más Cristina de esas formas en que el
encierro se volvió más entretenido” –le dije. Me miró con sus ojos saturados de
excitación y me dijo: “Sé que te diste cuenta de mi cara cuando Marcos me
nalgueó. Bueno, hemos incorporado algunos jueguitos que para algunos pueden se
raros pero que a mí me encantan”. “¿Cómo
cuáles?” –pregunté con curiosidad. Marcos seguía pasando la manos por los
muslos y entrepierna de Cristina, quien con la respiración agitada respondió:
Soy una puta sumisa, obediente a los deseos de mi Amo Marcos” “¿Qué?! A ver, no
entendí” –dije con asombro. “Lo que oyes hermanita, ya no eres la única puta en
la familia” –me dijo mientras Marcos desabrochaba su pantalón y metía con
descaro la mano en su entrepierna. La situación estaba al limite, le di el
ultimo sorbo a mi copa y Cristina me dijo: “Hoy he estado todo el día sin ropa
interior porque mi Señor me lo ordenó y he estado todo el día caliente con el
rose del pantalón en mi concha”. Al oír eso, mis piernas se separaron automáticamente
y ahora la que no podía disimular su calentura era yo. “¡No te creo!” –le dije.
Se puso de pie y se quitó la ropa, en verdad no traía ropa interior. Ya había visto
antes a mi hermana desnuda pero nunca en este tipo de situación, se veía perversamente
exquisita. Entonces sin descaro alguno me empecé a masajear las tetas y apretar
los pezones por encima de la blusita blanca. Horas antes estaba luchando con
mis demonios para no coger con mi cuñado y ahora estaba dejando que actuaran al
saber lo que había descubierto mi hermana.
No niego que la calentura que sentía me ponía a
temblar, ya que no podía ni quería controlarme. Cristina se puso entre las
piernas de Marcos y sacó la verga de su encierro para metérsela en la boca. Me desnudé
por completo y me comencé a masturbar viéndolos, mi cuñado al verme me lanzaba
besos pervertidos hasta donde yo estaba, en su cara se notaba el placer que le estaba
dando mi hermana. ¡Mierda, jamás pensé algo así! Maldito vino que saca lo
perverso de las personas. Mis dedos hurgaban de manera frenética mi vagina,
solo gemía de placer al contemplar la escena más caliente que había visto, mi
hermana le comía la verga a Marcos con locura y yo estaba en primera fila
viendo. Después de un rato Marcos se puso de pie e hizo que mi Cristina se
apoyara en el sofá, él le comía el culo con esa perversión exquisita que me
demostró hace unas horas atrás, no podía dejar de mirarlos ni tampoco podía
dejar de masturbarme. Los gemidos de mi hermana eran tremendos, sensuales y me
calentaba aún más; estaba al borde de ese exquisito éxtasis que provoca la
lujuria y que se mezcla con el deseo. La empezó a nalguear con fuerza, ¡oh
benditos recuerdos! Ver la forma en que se comportaba ella al recibir cada
nalgada era alucinante, se soltó el cabello que se deslizó por sus hombros
cubriendo la mitad de su espalda. Imaginaba lo húmeda que estaba su vagina y me
daban unas ganas perversas de probar esos fluidos tibios, mi mente perversa me
estaba jugando una mala pasada porque sentía el sabor en mis labios y no me
pude contener más, el placer me inundó por completo y mi cuerpo temblaba a
causa de él; el sonido de mis gemidos inundaba la sala, mientras mis fluidos
inundaban no solo mi sexo, también el tapiz del sillón en el que estaba.
Marcos hizo que mi hermana se diera vuelta para
observar, se acercó a mí y sin pedir permiso metió su verga en mi boca, la que
gustosa recibí y chupé hasta meterla toda en mi boca. “¿Puedo tocarme mi Señor?
–preguntó ella y él respondió: “Puedes hacerlo putita, pero no tienes permiso
de acabar aún”. “Sí mi Señor” –respondió mi hermana. Era verdad lo que me dijo,
se había vuelto una puta obediente a los deseos de su hombre. Sin dejar de
tocarme engullía la verga de Marcos y el apretaba el pezón de mi teta derecha,
me sentía en llamas por estar en el lugar indicado en el momento propicio.
Escuchar gemir a mi hermana y verla caliente, deseosa no sé si podría describirlo
como una fantasía pero era algo que estaba disfrutando demasiado, más aun
cuando sus gemidos se hacían tan intensos como una súplica que no era oída por
su Señor. Marcos dijo mirándome a los ojos: “Eres igual de puta que tu hermana.
Ahora veamos lo que este par de putas puede hacer”. ¡Mierda, una cosa era coger
con él y otra distinta era coger con mi hermana! He estado con otras mujeres
antes pero esto era un desafío a ese amor filial y sin malicia entre hermanas,
pero la calentura era la que reinaba en la sala en ese momento. No estaba
obligada a obedecer pero había algo que me impulsaba, entonces fui gateando
hasta el sofá y metí mi lengua en la húmeda y caliente concha de mi hermana.
¡Oh, Teresa! ¡Qué rico!” –exclamó con el placer a flor de piel. Puso sus
piernas en mis hombros y comenzó a menearse siguiendo el recorrido de mi lengua
y apretando sus tetas. Marcos se sentó dónde estaba yo observando y masturbándose.
“¡Mi Señor, voy a acabar!” –decía Cristina. Marcos se acercó, la beso con
lujuria y le dijo: “Ya puedes hacerlo putita”. Entonces mi hermana acabó entre
espasmos vaginales y convulsiones empapando mi boca con sus fluidos. Cuando creí
que ya había terminado la manifestación de lujuria, sentí como la verga de
Marcos invadió mi culo. “¡Hijo de puta!” –grité pero a él no le importó. Estaba
casi sentado en mis nalgas dándome por mi agujero, dolía pero me gustaba esa sensación.
No paré de lamer la vagina de mi hermana, pero esta vez le metí tres dedos,
ella gimió con ese encanto que tiene y se apretaba las tetas con fuerza y las
azotaba para que quedaran marcadas, entendí que así le gustaba a mi cuñado que
las tuviera.
La verga de Marcos hacía estragos en mi culo y por
Dios que rico era sentirla llenándolo y abriéndolo de esa forma tan brusca.
Otra vez sentía mi cuerpo temblar no solo por las embestidas de él sino por el
placer que se estaba apoderando de mí. Definitivamente me rendí y tuve otro
orgasmo. Después de un rato en que mi culo era taladrado el pervertido de mi
cuñado acabó y lo llenó con su semen, cuando dejó de descargarse le ordenó a
Cristina limpiar mi culo con su lengua y tragar todo rastro de sus fluidos.
Ella obediente lo hizo y casi al instante sentí como otro orgasmo venía a
dominarme. Fue una sensación exquisita y morbosa que la disfruté al máximo. Pasados
los minutos nos tendimos en la alfombra de sala, una a cada lado de Marcos y
nos venció el sueño. La mañana siguiente me desperté pensando que era un sueño,
pero fue real, estaba abrazada de mi cuñado y mi hermana al otro lado también lo
tenía abrazado. Despertaron, nos saludamos con besos lujuriosos los tres, para
comenzar la rutina del día.
Fueron unos días de ensueño, aprendí cosas de ellos
que me llevo en secreto y con la promesa de venir más seguido a verlos y
disfrutar de sus perversiones así como ellos de las mías y ser un juguete más
para esos juegos perversos de Amo y sumisa.
Pasiones
Prohibidas ®
Delicioso...Dejarse llevar por la lujuria y saciar el deseo como una puta caliente
ResponderBorrarMe gustó, excelentes detalles
Situaciones Perversas muy placenteras🔥🔥😈
Excitante lectura letra a letra
Excelente relato Mí Señor siempre tan deliciosamente Perverso 💋😘
Waooo que exquisito placer y ser una puta incluso en los sueños más perversos y que la dominen y la follen como la puta q es muy delicioso el relato Caballero
ResponderBorrarQue rico ser usada para el placer de otros pero es mucho mejor cuando se quiere participar, gracias por los detalles y las sensaciones que despiertas Mr.P
ResponderBorrarExcelente relato.
ResponderBorrarTus relatos hace que la imaginacion vuele y se sientan deseos de experimentar, gracias
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