101. Pasando el verano en la casa de mi hermano 1

 


Hola, soy Luisa, tengo 40 años, estoy manejado ya que voy viajando a una localidad del sector Costero Central, Cachagua, en la Región de Valparaíso, Provincia de Petorca, Chile. A unos ciento ochenta kilómetros al Norte de Santiago. Mi hermano posee una casa en un condominio allí. Eran años que él me invitaba a pasar el periodo veraniego con ellos, pero por compromisos laborales o familiares, nunca había tenido la oportunidad de aceptar. Hasta hoy, que me encuentro divorciada de mi marido y estoy viajando sola para reunirme con ellos, mi hijo, Joaquín, viajará una vez termine la universidad.

Son siete años que no veo a mi hermano, Mauricio y su esposa Maribel, ellos están casado desde hace trece años y tienen dos hijos, Antonio el mayor, cumplió diecisiete años y Andrés el menor, bordea  quince.

Estamos a fines de noviembre y el calor se hace insoportable, pero afortunadamente estoy a escasos minutos de la casa de mi hermano. Lo llamo por celular para que me abra el portón del condominio. Manejo según sus instrucciones y llego finalmente a su casa. Lo veo venir junto a su esposa y dos niños adolescentes. Inmediatamente me percato de que los chicos me abrazan muy efusivamente. Bueno cuando les dejé de ver eran dos mocosos, ahora les encuentro bastante creciditos para su edad y no digo nada, calor de familia, pienso. Me recordaba de mi última visita y el lugar era francamente precioso, tan cerca de la playa, que se podía perfectamente ir y venir con traje de baño desde la casa. Mi hermano tan solícito y cariñoso como siempre, me acompaña a mi habitación y me dice que la cena estaría pronta en unos quince de minutos, y que baje apenas esté lista.

Cómo el tiempo a disposición no era mucho le pido a Andrés, el menor de mis sobrinos, que me ayude a desempacar: “Andrés, qué tal si me das una mano a sacar mis cosas de las maletas para ponerlas en el armario”. “Claro, tía, al tiro, con mucho gusto” –me dice con una sonrisa. Después de abrir mis dos maletas, le pido que comience a sacar mi ropa mientras yo voy al baño a darme una ducha rápida. Mientras estoy desnuda bajo la ducha, veo una sombra y es Andrés que se esconde a la orilla de la puerta a mirar mi figura reflejada en el gran espejo del baño. En casa siempre estoy sola, mi hijo normalmente está en la facultad, por eso nunca cierro la puerta del baño. Andrés se da cuenta de que lo he visto e inmediatamente regresa a desempacar mis maletas. Salgo del baño con mi cortísima bata que me cubre la parte superior de mis muslos y me dirijo a la habitación sin hacer ningún comentario sobre lo sucedido, cosas de adolescentes curiosos.

Mientras arreglo mi ropa en el armario, noto que nunca despega su vista de mis piernas generosamente descubiertas, también cuando me agacho, sus ojos se van por unos instantes a mis senos, mirando de reojo su entrepierna, me doy cuenta de que es un pequeño hombrecito, con algo quizás no tan pequeño ahí debajo de sus shorts. “¿Cómo puedes imaginar eso Luisa?

¡Es tu sobrino, mujer reacciona!” –pensé. Incluso llegué a justificarme: “Pero ya que no nos veíamos casi nunca, podíamos considerarnos prácticamente extraños”. Entonces entendí que quizás él no asumía que éramos familia y podía mirarme con ojos diferentes. Además, a su edad las hormonas se despiertan y acarrean comportamientos anómalos y cachondos, mucha masturbación, pensé. De hecho, me sentí halagada y complacida de ser admirada por sus joviales y ávidos ojos de muchacho. Aunque el cosquilleo en mi vagina no era menor, ni tampoco lo eran los fluidos que empezaban a humedecerme.

Obviamente no estoy como para tirar a la basura. Mantengo una figura delgada, soy una de las más altas de mi familia con un metro y ochenta, peso sesenta y cinco kilos, gracias al yoga y a la gimnasia mi trasero se mantiene firme y redondeado, quizás mis senos un poco caídos por amamantar a mi hijo por casi dos años y mis voluminosas masas carnosas, uso talla cuarenta copa “C”. No soy tan joven, pero me encuentro bien y al ver como un joven chico trata de adivinar mis medidas, me rio para mis adentros. También disfruto del sexo en todas sus formas, no soy de las mujeres mojigatas que se niegan al placer; cuando de pasarla bien se trata, aprovecho cada momento al máximo y sin arrepentimientos.

Andrés comienza a pasarme la ropa y yo la acomodo en los cajones. Sin embargo, eso requiere que yo me agache para alcanzar los cajones más bajos y esto significa que mi bata se levanté y dejé ver tal vez más de lo necesario, ciertamente mis muslos ya están a la vista, pero al inclinarme un poco hacia adelante, quizás pueda ver algo más. ¡Qué demonios! ¡Paciencia! ¡No puedo hacer nada más! Esto sucede por la costumbre de vivir casi sola y sin nadie en casa. Creo que mi entrepierna se lució completa a los ojos de mi sobrino, tal vez se dio cuenta del brillo que se reflejaba por la humedad que me invadía. ¡Rayos, mi mente se estaba volviendo algo retorcida! Terminamos, agradezco a Andrés por su ayuda y le digo que puede irse, con el recado de decirle a su madre que bajaré en unos minutos para cenar. Me puse un vestido un poco más largo que la bata que usé en la ducha y con un escote no tan pronunciado, sin bragas.

Nos sentamos los cinco a la mesa. Maribel y yo a un lado, Mauricio de cabecera de mesa y los dos chicos frente a nosotras. La cena fue excelente, conversamos un poco de esto y aquello, los chicos hablaron de sus estudios y los escándalos protagonizados por algunos chicos organizando fiestas durante la pandemia. Maribel se lamenta de su soledad cuando los chicos están al colegio. Hablamos un poco a turno, prescindiendo de que la charla resultaba bastante amena, me doy cuenta de qué Andrés está particularmente afásico y continúa mirándome casi desnudándome con sus ojos, claro que por un lado me siento halagada, pero por otro me da un poco de vergüenza, pero por otro no dejo de pensar en cosas morbosas, como si se masturbara en la noche pensando en su tía; imaginando que estoy entre sus piernas chupando su miembro. “¡Luisa, contrólate!” –me dijo a mí misma. Noto que se le cae un cubierto y se agacha bajo la mesa a recogerlo, pero se demora un poco mucho, al cabo de unos minutos repite la acción y ahora es el turno de la servilleta, creo que lo hace para mirar mis piernas, quizás debí haberme puesto bragas. Inesperadamente esto me provoca un poco de intriga, ternura y también una cierta excitación. Entonces la próxima vez que deja caer otro utensilio, subo un poco mi falda y abro bien mis piernas para que pueda ver todo, quiero ver su reacción. Al levantarse repentinamente, se da un cabezazo en el borde de la mesa y se levanta completamente ruborizado, luego me da una intensa mirada antes de agachar su cabeza y continuar a comer apresuradamente. Ahora estaba completamente segura, después de haberme espiado en mi habitación y en el baño, lo había seguido haciendo debajo de la mesa. Mi sobrino apreciaba mis dones físicos y tal vez haya tenido alguna fantasía traviesa conmigo. Quizás hasta se haya masturbado pensando a mi longilínea figura después de ayudarme a desempacar. Mis demonios sexuales estaban liberados y yo les daba cabida en mis pensamientos. Como dije antes disfruto del sexo sin arrepentimientos pero esto iba más allá de lo cabal y políticamente correcto, no podía permitirme fantasear con mi sobrino de esa forma pero había algo que me ponía caliente, quizá su poco disimulo al mirarme o simplemente calentura pasajera.

A las diez de la noche, me disculpo con todos y digo que me voy a dormir porque el viaje me había dejado cansada. Sola en mi habitación, me desvisto, estaba demasiado húmeda, en verdad muy húmeda. Abro uno de los cajones y saco la parte inferior de un bikini que usé el verano pasado cuando fui a recorrer las playas del Norte Chileno y quiero saber cómo me queda, me miro al espejo y encuentro que aún se ve bien, como me dispongo a dormir, no me coloco la parte superior, me encanta tener mis pechos libres al aire fresco de la noche, normalmente mis pezones se endurecen así. Voy al baño a orinar y me lavo también mis dientes, miro mi bikini y veo que se asoman algunos de mis vellos púbicos, voy a buscar mis implementos para depilarme. Solo me toma unos diez minutos y mi concha queda suave y lampiña ¿Qué diría Andrés si me viera ahora? Ese chiquillo me causa una cierta inquietud, esa inquietud se concentra en mi vagina y en mis pensamientos. “¡No puedes ser tan puta, Luisa!” –me digo. Al fin en la cama, apago la luz. Hace demasiado calor, me cubro parcialmente con la sábana y cierro los ojos esperando dormirme. La habitación no está totalmente a oscuras, desde el exterior se filtra a través de los ventanales la clara luz de la luna que, dicho sea de paso, no me causaba ninguna incomodidad, siempre he sido romántica y la luz lunar me excita y me trae recuerdos agradables. Me quedé traspuesta entre sueño y vigilia. El roce de la sabana con mis senos me despierta, están erectos. Los acaricio con suavidad lo que me hace sentir un hormigueo en el vientre que me recorre hasta llegar a mi concha, mis dedos se deslizan entre el bikini y buscan mi clítoris. Empiezo a gemir despacio, la sensación era exquisita, ese rico placer de la autosatisfacción me hace enloquecer, sin darme cuenta entre mis gemidos se escapa el nombre de mi sobrino. “¡Oh, Andrés, mi amor. Has que tu caliente tia Luisa gima!”. “¡Eso mi vida dale tu verga a la putita de tu tía!”. Me penetraba con mis dedos imaginando la verga de mi sobrino y fantaseando en ser cogida por aquel jovencito curioso que había despertado mis demonios. Cuando ya el orgasmo se apoderó de mí, gemí apretando los dientes pero el palpitar de mi vagina era intenso y placentero que contenerme de no gritar fue un martirio. Al terminar, lamí mis dedos imaginando que era el miembro de Andrés y degusté mis fluidos imaginando que era su semen. “¡Luisa definitivamente eres una puta!” –me decía no recriminándome sino disfrutando lo que había hecho. Al fin el sueño me venció y me dormí plácidamente.

Al cabo de una media hora siento ruidos, alguien está abriendo la puerta de mi cuarto. Cómo estoy de espalda a la puerta, abro los ojos y veo en el reflejo del espejo del armario la figura de Andrés, el cual sigilosamente se acerca a mi cama. Permanezco inmóvil y finjo dormir, pero mientras tanto me recuerdo que estoy prácticamente  desnuda con solo un bikini de traje de baño, la sábana me cubre parcialmente el torso, mi nalga y mi pierna derecha están a la vista del chico. Un poco vacilante lo escucho acercarse a mi cama tratando de no hacer ruido, la imagen del espejo me muestra que se ha ubicado a mis espaldas, tengo curiosidad de que intentará hacerme. Es menor de edad, claro, pero yo no le llamé, yo no le hice entrar y yo no le invité. Tengo la coartada de que estoy durmiendo, pienso para mis adentros. Siento que la sabana se desliza sobre mi cuerpo exponiendo mi torso desnudo a los ojos de Andrés, se detiene a observar mi cuerpo ahora completamente descubierto. Su mano se posa sobre mi pantorrilla y luego poco a poco la mueve por mi pierna hacia mi muslo. La sensación me sobrecoge y le dejo explorar mi piel desnuda sin moverme, su mano se desplaza lentamente sobre mi nalga y me acaricia, sus dedos se meten bajo la tela de mi bikini y siento cómo recorren mi estrecha fisura anal, se sienten agradables sus dedos moviéndose a través del profundo surco de mí culo. Se me pone la piel como de gallina y siento unos escalofríos recorrer mi espalda, también un agradable cosquilleo se comienza a sentir en mi bajo vientre. Su aliento está sobre mi piel y estampa delicadamente un beso sobre mi nalga derecha. Comienzo a preocuparme y me siento un tanto intimidada por las sensaciones que se despiertan en mi cuerpo, después de dos años divorciada y con algunas parejas esporádicas que no resultaron en nada serio creí que mi vida sexual estaba en una pausa, ya que ninguno había conseguido despertar lo que estaba sintiendo, pero la humedad que por mi entrepierna se escurre dice lo contrario.

Con la intención de asustarlo y hacerlo escapar, simulo un movimiento en sueños y me giro hacia la derecha, quedando recostada sobre mi espalda. Sinceramente espero que esto le haga reaccionar y sospechar que puedo despertarme en cualquier momento, haciéndolo desistir de sus efusiones lascivas sobre mi cuerpo, por la estrecha grieta de mis ojos lo veo que me observa, mis dos inmensas tetas están todavía bamboleándose después de mi último movimiento, sus ojos están fijos en mis pechos. Mis enormes tetas lo subyugan, ahora la única parte cubierta de mi cuerpo son las pequeñas bragas de mi bikini amarrado a mis caderas por los tirantes. Por un largo rato no sucede nada, solo me observa de pies a cabeza, le atrae mi físico, lo noté cuando me ayudo a desempacar y cuando intento ver entre mis piernas durante la cena. Me parece muy emprendedor el chico.

Esta vez, Andrés se inclina sobre mi pecho derecho y su lengua roza mi pezón ¡Guau. Qué calorcillo me hace sentir! Luego un “muack”, un sonoro beso sobre mi teta. ¡El juego se está poniendo serio! ¡Soy yo la que le dejo jugar con mi cuerpo! Entonces no me queda otra que fingir que sigo dormida y esperar que se aburra y se vaya lo antes posible, pero no es eso lo que sucede. Mi sobrino sigue besando y acariciando mis senos delicadamente en el intento de no despertarme, sus besos y caricias desbordan un mar de sensaciones en mí, tenso mis muslos y hundo mi vientre, el hormigueo sobre mi estómago, viaja a mis muslos y tengo que decirlo, mi vagina se moja más. Todavía logró contener mis gemidos y puedo enmascarar mis escalofríos, pero me asusta que él se dé cuenta de lo que provocan sus mimos a mi cuerpo, él entendería de inmediato que estoy despierta y que me está haciendo gozar eróticamente con sus caricias. Por el rabillo del ojo lo observo que se ha detenido en mi vientre, mira mi pelvis, vuelve a inclinarse y besa mi estómago, luego la tela de mi bikini, su imberbe barbilla se mete entre mis muslos y huele mi sexo. Inconscientemente mi cuello se estira hacia la izquierda y se me escapa un leve suspiro, que lo hace detenerse, el intenso escalofrío de placer es exquisito. Estoy en la disyuntiva si simular que me despierto o seguir fingiendo que duermo, pero él no me da paz, sus dedos están deshaciendo los nudos en los lazos laterales de mi bikini, lo que me provoca un jadeo de estremecimiento placentero y vibrante que no puedo esconder, mi vagina continúa empapándose. Temo que este juego erótico me esté arrastrando a la transgresión con un menor, con mi sobrino. La excitación en mi crece como una marea que se apodera de mi cuerpo y obnubila mi razón. Mi dulce y pequeño amante baja con delicadeza la parte frontal de mi traje de baño y comienza a observar mi vagina, siento el aire fresco en mi piel y su aliento que quema los bordes de mis labios mayores, la sangre me llega a oleadas de placer a mi cabeza, empiezo a disfrutar y en un impulso inesperado abro mis piernas, siento la mucosidad de mi concha humedecida y mis muslos vuelven a tensarse y mi pelvis se levanta en espera de algo más y mi vagina está a su merced.

Se detiene por un momento a observarme, viendo que no hago similares movimientos, se agacha sobre mi vientre y sus labios se acercan peligrosamente a mi hendedura vaginal, me cuesta esconder los estremecimientos y tiritones de mi pelvis, como una autómata pliego mi pierna derecha y abro un amplio espacio para él. Siento la puntita de su lengua en la parte superior de mi vagina enardecida, muy cerca de mi clítoris, reprimo los deseos de tomar su cabeza y hundirla en mi concha ardiente.

Tengo algunas convulsiones que no me es posible contener. ¡Quizás si Andrés empieza a sospechar que estoy despierta, no lo sé! Lo que es cierto, es que, si sigue su lengua escarbando ahí tan cerca de mi clítoris, hará que gima y acabe como una puta. La punta de su lengua continúa explorando mis hinchados labios y se sumerge en la  de hendidura mi vagina afiebrada de placer, lo escucho tragar mis fluidos, su lengua adentrándose en mi vulva me hace arquear mi espalda y me hace plegar también mi pierna izquierda, ahora toda mi vagina está abierta para él. Ahora sus caricias se amplían a mis muslos, besa mi vientre y hoza con su boca en mi vagina haciendo estremecer mi vulva.

Comienza con su lengua abajo, casi a rozar mi ano y se desplaza como en círculos concéntricos hasta llegar al delicioso contacto con mi clítoris, siento que mi líquido vaginal escurre y escurre entre mis nalgas, me está volviendo loca, si continúa así me hará alcanzar un orgasmo explosivo. Unas voces en el pasillo lo hacen detenerse y lo asustan, inmediatamente vuelve a amarrar mi bikini a mis caderas, se escabulle de mi cama y escapa silenciosamente por la puerta, desaparece como un duende travieso. Es tal mi estado de excitación que me masturbo hasta corcovear exhausta en mi cama, luego rendida logro adormecerme sin pensar en nada más.

Me despierto y veo los nacientes rayos del sol que extienden su manto sobre la casa e iluminan mis ventanales. Miro la hora en mi celular, son las siete y media, decido levantarme, me pongo mi bata larga y bajo a la cocina, encuentro a mi hermano, su mujer y Antonio desayunando, Andrés no está por ninguna parte, dice Maribel que al parecer no se encuentra bien y por eso se había quedado en cama. Mauricio sale con mi sobrino mayor, deben ir a vacunarse. Maribel me dice que tiene que ausentarse por algunas horas y me pide que me quede cuidando a Andrés, me pasa un termómetro para tomarle la temperatura y me enseña el botiquín donde hay antipiréticos en caso de encontrarlo con fiebre. Apenas quedo sola en la casa tomo el termómetro y subo al cuarto de Andrés: “¡Hola chico! ¿Qué hay? ¿No te sientes bien?” –le pregunto. “No, tía,  no es nada” –responde.  “Tú mami dijo que tenías fiebre” –le digo. “A decir la verdad siento un poco de calor, pero no puede ser fiebre” –me dice. “Veamos, aquí tengo el termómetro. Tienes suerte de tener a tu tia Luisa como enfermera” –le digo con una sonrisa. Él sonríe y me dice: “Tía no es necesario, me levantaré dentro de un poco, tengo que estudiar”. “Entonces, ¿estás bien?” –le pregunto. “Sí, enfermera, no se preocupe” –me responde con una sonrisa.

Me voy de regreso a mi habitación con la intención de darme una ducha refrescante. Entro al baño y me meto bajo la ducha, el agua tibia recorre todo mi cuerpo desnudo y siento una sensación de relajación, cierro el grifo para enjabonarme, vierto abundante jabón espuma en mi mano y comienzo a frotar mi piel, estimulándola y haciéndome unos relajantes masajes, luego de haberme enjabonado hasta el cuello, vuelvo a abrir el grifo, pero para mi sorpresa no sale ni una sola gota de agua. Hago varios intentos, pero no sucede nada. En ese momento me doy cuenta que ni siquiera tengo una toalla, la que tenía la había sacado al patio para que se secara, si salgo así desparramaré agua y espuma por todos lados y francamente no haría eso, porque el hecho de secar el piso mi cuarto hasta la salida del patio no era algo divertido. Así que pienso en llamar a Andrés para que me traiga la toalla del patio: “¡Andrés! ¡Andrés! ¡Mi amor bello!” –lo llamo para que me ayude. Finalmente me escucha y como la puerta del baño estaba abierta, entra un poco alarmado: “¡Tía! ¡Tía! ¿Te pasó algo? –me pregunta. Me escondo lo mejor que puedo detrás del cristal trasparente de la ducha y le explico la situación, le pido que me traiga la toalla del patio para poder sacarme el jabón de encima. Inteligentemente él me explica que no es la mejor solución y me propone traerme mi bikini y luego él traerá agua tibia de la cocina para que me enjuague y me seque con la toalla que él irá a buscar. Me parece genial, me sorprende el muchacho. Inmediatamente me convence, le digo de traerme los calzoncitos celestes con rayitas verdes de mi bikini que están sobre la cama, desaparece por un buen rato y luego aparece con la toalla y mis bragas del traje de baño, tratando de no mirarme extiende su brazo y me da el calzón. Rápidamente me los pongo, pero quedan mis senos desnudos, claro que están cubiertos de espuma y encuentro que no hay nada que ver ahí, le pido de traerme el agua. Andrés desaparece por la puerta y luego regresa con una palangana llena de agua: “Tía, está tibiecita, hay agua como para otro enjuague más” –me dice. “Gracias, Andrés, eres muy gentil” –le digo mientras me pasa el recipiente con agua con su vista hacia el suelo. “Tía, enjuaga primero tu parte de frente, luego te traeré más agua para que te enjuagues la otra parte” –dice con seriedad. Me parece que es la solución ideal, así que hago escurrir el agua desde lo alto sobre mis senos y mi vagina cubierta con mi bikini, para terminar en mis muslos, luego le extiendo el recipiente vacío a Andrés. “Listo, cariño puedes ir a por más agua” –le dije con un poco más de confianza. “Bueno tía,  ahora regreso” –dijo y salió rápidamente.

Debo decir que la rapidez mental del chico me dejo asombrada, su solución resultaba exitosa. No había manchado ni ensuciado nada y estaba enjuagando mi cuerpo con agua tibia. Lo escucho cuando regresa con el otro tiesto de agua, estoy girada hacia el muro y el vierte un poco de agua sobre mi espalda, lo que elimina los residuos de jabón y espuma sobre mi piel, lo siento que se acerca a mi cuerpo desde atrás ¡Oh, Dios mío! ¡Está desnudo! Trato de fingir que no me he dado cuenta de su desnudez, pone sus manos en mis caderas, me acaricia y comienza a besar tiernamente mis hombros, mi cuello, mis lóbulos. Ya no puedo fingir y trato de imaginar una salida a esta incómoda situación y no me queda más que gritar: “¡Andrés! ¿Qué haces? ¡Basta! ¡Detente! ¡Soy tú tía! “Tía eres la mujer más hermosa que jamás haya visto, por favor déjate acariciar solo un poco, luego me iré. ¡Lo juro!” –me dice con voz suplicante y jadeante debido a su excitación.

Cuando termina de hablar continua a besar mi cuello y a morder mis lóbulos, sus manos aferran mis caderas y me tira hacia su cuerpo, siento una cosa dura y larga entre mis glúteos, es su pene, muy desarrollado para su escasa edad. Mi cuerpo comienza a traicionarme y empujo mi trasero sobre su verga, luego reacciono y me alejo decididamente, me preparo a rechazarlo. Siento que mete su mano en mis bragas y separa mis labios excitados, empiezo a sentir las mismas sensaciones de la noche anterior, aprieto mis muslos gimiendo al contacto de sus dedos con mi clítoris, no puedo mantener el equilibrio debido a que mis piernas tiemblan por el placer; Andrés se sobresalta y yo aprovecho de reaccionar: “¡Déjame! ¿Qué te has creído? ¡Eres un sucio cobarde! ¡Detente ahora! ¡Te aprovechas porque estamos solos en casa!”.

Pero me sostiene firmemente en sus brazos y aprieta mis senos, con la otra mano acaricia mis pezones que se endurecieron, gimo y lucho por liberarme, pero mi vagina me delata con abundantes fluidos y siento como se contrae placenteramente ante las caricias a mis sensibles tetas. Trato de inclinar mi cabeza para morder el brazo que me atenaza contra su pecho, pero al agacharme su pene se enfila entre mis nalgas y se desliza en medio a mis muslos y roza los labios de mi concha. Instintivamente mis piernas se separan para dar espacio a ese miembro intruso. “¡Andrés, por favor, no! ¡Ah, mi amor! ¡Soy tú tía! ¡No puedes hacerlo! ¡Mmmmmm! ¡Vete! ¡Oh, Dios mio. Estoy muy caliente!”. Mis sollozos se mezclaban con gemidos de estremecimiento que en vez de disuadirlo, parecía infundir más calentura en él, lo que resultaba en que su pene crecía y vibraba más en medio a los mojados labios de mi conchita aún cubierta con mí bikini, pero eso no iba a durar, como con un gesto de prestidigitación, extraordinaria y sorprendente mis bragas dejaron de interponerse entre mi concha y su verga, habían desaparecido, entonces la punta de su pene empujó mis encharcados labios deliciosamente. “¡Tía hermosa! También estoy caliente” –él gime mientras mueve su pelvis restregando la punta de su dura verga entre mis muslos. Gimo presa a un ardiente deseo de ser follada por su  ya joven verga, no me importa que sea mi sobrino, le escucho susurrarme cosas mientras acaricia mis senos y pellizca suavemente mis pezones. “Tía, por favor salgamos del baño, quiero metértela, déjame hacerlo, te lo suplico”. Me voltea y me da un beso que me hace suspirar.

Estoy semi aturdida por una ardorosa pasión, más que respirar, sueno como una bestia en celo, con el poco de fuerza de voluntad intento regañarlo de nuevo, él me suelta, pero velozmente se arrodilla ante mí, toma mis caderas y su rostro se pierde bajo mi ingle. Su boca besa mis muslos y su lengua busca la humedad de mi sexo. No puedo resistir más, tomo sus cabellos y refriego su rostro en mi vagina incandescente. Me tambaleo, mis piernas tiemblan, una exquisita sensación de excitación impregna toda mi piel, él me sujeta y se pone de pie, su rostro esta mojado con mis fluidos y sus labios que alcanzan mi boca saben a mí. Respondo a su beso con pasión, él toma mi mano y la acompaña a su pene rígido, por primera vez me doy cuenta de que el muchacho está bien dotado para su edad, esa gruesa y larga verga se amolda perfecto a mi mano, lentamente lo masturbo, él jadea, arquea su espalda, empuja su pene hacia adelante y abre su boca sicalípticamente, en una expresión de infinito placer. Todo se había trasformado de pronto en un hermoso juego entre un hombre y una mujer.

Con sus dedos acaricia mis labios enrojecidos e invade mi vagina empapada. Ya no podía rechazarlo, ya no podía escapar y ya no quería escapar. Mientras nos besamos apasionadamente, atrapa mis nalgas en un signo de posesión extrema y me gusta. Retrocediendo paso a paso llegamos al borde de mi cama, tengo mis ojos cerrados y cuelgo de su cuello. Delicadamente me recuesta sobre mi cama y él se coloca casi sobre mí, siento su pene en mi cadera, pero su torso presiona mis tetas. Me hace acomodar en el medio del lecho, evidentemente quiere poseerme estando sobre mí, pienso para mis adentros. Tengo un instante de vacilación y reflexiono sobre los que nos aprontamos a consumar, pero la excitación de mi sexo y el deseo de mi cuerpo es tan fuerte que me impide pensar más allá del momento que estoy viviendo, entonces abro mis muslos ampliamente y le dejo ubicarse entre ellos, le ofrezco mi sexo listo para ser empalado por su verga caliente. Jadeaba expectante a lo que va a suceder, su mano se ahueca y cubre mi vagina, acaricia mí mojada intimidad y empuja mis muslos manteniéndolos bien separados. Contempla mis senos, mi vientre y mi sexo, bajo la vista y me parece de color bermellón intenso, brilla y está mojado, ligeramente abierto a la espera de su miembro, la acaricio y la tiro hacia mi hendedura. Lo miro a los ojos y le sonrío con ternura. Él conserva esas facciones de niño, pero está encendido y escudriña mi cuerpo desnudo cual si fuera el león que observa a su presa rendida y sumisa antes de devorarla. Se saborea mirando mis senos túrgidos, mi pelvis se mueve sinuosamente tratando de hacer contacto con su pene. Se inclina sobre mis pechos y comienza a lamerlos y succionar mis pezones, mientras sus manos se mueven por mis costados acariciando todo mi cuerpo, luego se desplaza con cierta rapidez hacía mi estómago y cuando alcanza mi vagina con su boca mi cuerpo se retuerce de placer. “¡Uh! ¡Ah! ¡Cariño! ¡Devórame, tesoro! ¡Eso, hazme gemir!” –decia con locura. Mis gemidos son audibles y no puedo negar ni fingir nada, su lengua me vuelve loca. Se estaba repitiendo la misma escena de anoche, pero esta vez me estaba entregando sin tapujos al placer que él me provocaba. Tampoco hay nadie que pueda interrumpirnos, estamos solos en casa. Siento y escucho como él succiona los copiosos fluidos de mi vagina. La punta de su lengua juega con mi clítoris causándome un maravilloso placer, ya no entiendo nada, mi pelvis se mueve tumultuosamente contra su lengua que se adentra profundamente en mí. No resisto más y en pocos minutos acabo demencialmente con convulsiones de mi vientre y gemidos de intenso placer.

Con los ojos semi cerrados lo veo que se sube encima de mí y me besa la cara y los labios con su rostro bañado en mis fluidos, está como desesperado y mi cuerpo entero lo desea, abro mis piernas con mis muslos bien separados, su reacción es inmediata, toma su verga y la apunta a mi vagina, empuja una y otra vez sin lograr penetrarme, entonces recojo mis muslos y levanto mis piernas mis piernas en alto, mis deseos y ansias crecen aún más sintiendo su duro miembro que resbala y no logra penetrarme, estoy a punto de acabar otra vez y en esta nueva posición él logra penetrarme finalmente, lo aprieto fuertemente a mí y lo envuelvo con mis piernas, su miembro causa maravillas en mi interior, me hace sentir frenética, gimo como nunca antes lo había hecho. Sus movimientos son perfectos, sabe hacerlo de una manera tan exquisita, es como si supiera como llevarme al borde del precipicio y hacerme saltar para aventurarme en el placer y caer en sus endemoniadas garras.

Me subyuga que mientras me folla, no deja de mirarme a los ojos, sus besos son muy tiernos y nuestras lenguas danzan una y otra vez en total armonía dentro de nuestras bocas. Su hermoso miembro se mueve en consonancia con las contracciones de mi sexo, hasta nuestros gemidos parecen estar rítmicamente coordinados. Con cada embestida de su verga, me acerco más y más al dulce precipicio del placer descontrolado de mi orgasmo quiero saltar y demostrarle que a pesar de su corta edad me hace sentir como una puta que no se puede negar a la satisfacción de una buena cogida como la que me estaba dando en ese instante. ¡Es delicioso! Siento mi presión sanguínea incrementarse hacia mis sienes, mi entrepierna, mis pezones: “¡Oh! ¡Más fuerte, tesoro! ¡Andrés, fóllame más fuerte! ¡Sí mi amor, así! ¡Más, tesoro, más! ¡Dámelo todo, tesoro! ¡Métemelo más fuerte! ¡Ah! ¡Soy una puta que volvió adicta a tu verga! Me borro, pierdo la cabeza y lo rasguño cuando me estremezco bajo sus embestidas frenéticas, mi sexo  succiona su miembro y lo aprieto con mis músculos vaginales que se contraen, contorsiono mi pelvis y tenso mis muslos alrededor de él. Me retuerzo de placer desbocado. No sé si es otro orgasmo o el primero que continua inagotable. Lo siento dar fuertes golpes de pelvis contra mi vagina, gime, me aprieta, aprieta mis tetas, y se estremece descargando todo su semen juvenil en mi sexo maduro. “¡Oh, Andrés, cariño!” –le digo entre suspiros. Me folla enérgicamente mientras descarga sus borbotones de esperma dentro de mí, escucho los jadeos y siento los temblores de placer de su cuerpo. Saboreo de tener su verga vaciándose dentro de mí hasta el final de su eyaculación. Arquea su espalda y embiste una vez más haciendo que mis gemidos se trasformen en sordos chillidos de goce, mis muslos se abren aún más para él y luego se desploma sobre mí. Nos quedamos en esa posición por largo rato acariciándonos y disfrutando plenamente de los últimos espasmos, sacudidas y temblores de nuestros cuerpos satisfechos, nos miramos a los ojos felices y sin reproches ni arrepentimientos, él vuelve a besarme y sus caricias no cesan: “Tía Luisa eres una mujer espectacular” –me dice. Lo tomo de su rostro de niño travieso, lo beso y le digo: “Tú eres maravilloso, me has hecho el amor en manera exquisita”. Lo empujo suavemente y me levanto de la cama, su esperma corre por mis muslos y estoy toda sudada, me coloco mi bata y me voy al baño a lavarme.

Cuando vuelvo a mi cuarto Andrés se ha ido, pienso a él y a su juventud, es un muchachito hecho hombre por mí, creo haber tomado su virginidad. Reflexiono y algo dentro de mí me hace preocupar, por más joven e inexperto que sea, espero que mantenga lo nuestro en secreto, nadie debe saber lo que ha sucedido en mi habitación hoy. Saco del armario sábanas limpias, hemos hecho un desastre en mi lecho, las sábanas están arrugadas, manchadas de semen, fluidos vaginales y sudor, debo cambiarlas. Mientras estoy rehaciendo la cama, escucho ruidos en el pasillo, debe ser Maribel que regresa, pienso. Me dejé llevar por mi maldita libido y mis instintos sexuales, pero ya está hecho y debo solo asumirlo, no hay vuelta atrás.

Me visto y salgo de mi habitación, me doy cuenta que no era Maribel la que había regresado, sino Antonio, el hermano mayor de Andrés, me miran y me sonríen en un cierto modo que entiendo inmediatamente que Antonio sabe de mí y Andrés. Siento una ansiedad enorme y quisiera darle una bofetada a Andrés, pero no puedo reaccionar así, respiro profundo y me calmo, paso junto a ellos y a sus miradas lascivas que recorren todo mi cuerpo, voy a la cocina a buscar algo de beber y regreso a mi cuarto, los chicos continúan hablando en secreto y a ríen, pienso ¿Qué cosa le estará contando de mí, Andrés a su hermano Antonio? Mientras me dirijo a mi habitación suena mi celular, es mi hijo Joaquín, le respondo entrando a mi dormitorio y me siento al borde de la cama mientras converso con él, iniciamos una animada charla, él me cuenta como le está yendo en la facultad y yo le cuento de encontrarme en Cachagua sin problemas. Simultáneamente siento que giran la manilla de la puerta de mi cuarto y veo a Andrés que entra seguido de Antonio, le hago señas de mantenerse en silencio mientras converso animadamente con mi hijo, pero intento terminar la conversación para ver que desean estos muchachos, solo que Joaquín seguía hablándome. En tanto veo que Antonio se coloca frente a mí y Andrés me viene por detrás y me abraza por la cintura, me besa en el cuello y comienza mordisquear mis lóbulos, le hago señas que se detenga, que estoy hablando con mi hijo, pero en vez de detenerse comienza a levantarme la falda y a acariciar mis muslos, sigo tratando de mantener una conversación lógica con mi retoño, pero me estoy sintiendo nerviosa y ya humeda una vez más.

Los chicos saben que no puedo dejar de hablar y lidiar con ellos al mismo tiempo, Andrés ya tiene sus manitos en mi tanga y Antonio se arrodilla entre mis muslos y comienza a besarlos, mi cuerpo reacciona y mi vagina se contrae, aprieto los labios para no gemir al teléfono y que me hijo se diera cuenta que algo estaba pasando al otro lado de la línea. Los dedos de Andrés habían alcanzado mi húmedo sexo y sentí los escalofríos de mi excitación, jamás había estado con dos hombres a la vez y esto me intrigaba y me atraía. No sé en qué momento perdí la razón y comencé a gemir suave al sentir los estímulos fervientes de Andrés en mi sexo. “Mamá, ¿te sientes bien?” –preguntó Joaquín. Si hijo, de maravilla” –le respondo. “Te noto extraña” –me dice. “¡Mmmmm! No mi amor, estoy bien” –le decía intentando en parte esconder mi calentura. Sentir la lengua de Antonio en mis muslos me ponía aún más caliente. Jadeaba pero no soltaba el teléfono, era algo superior a mí. “Mamá, ¿qué haces?” –escuchaba. “¡Ah, así!” –Joaquín podía escuchar al otro lado. “Mamá, nunca te había escuchado así. ¿Estás segura que estás bien?” –me vuelve a preguntar. “¡Ay, así que rico!” –decía a los pequeños mordiscos que Antonio me daba en los muslos. ¿Por qué estaba dejando que mi hijo me escuchara de esta manera? Francamente no lo sé, pero despertaba mucho morbo en mí. “Mamá, ¿te estás tocando? –preguntó abiertamente. No le iba a responder que me iban a coger sus primos, así que le dije que sí. “¿A caso una mujer no puede darse placer, hijo?”. Me respondió: “Sí, pero me estás calentado a mí”. Me tumbaron en la cama, entones Antonio de deshizo de mi tanga y quedó mi vagina expuesta a sus ojos, separé las piernas para que no se perdiera detalle, pero él posó su boca en mi húmeda concha para lamerla. “¡Oh, que rico!” –exclamo al sentirlo. Joaquín dice del otro lado del teléfono: “¿Te gusta que me esté calentando por ti?”. No sabía que responder, la cordura hace rato ya me había abandonado, me dejé llevar por estímulos lingüísticos de Antonio, solo gemía pero tenía mi teléfono pegado al oído. ¡Sí, que rico! ¡Así, eso!” –mis putos gemidos salían casi por inercia. Sentía al otro lado la fricción descontrolada de mi hijo sobre su verga, él también gemía y bufaba como toro en celo. Estaba tan caliente que le dije: “¡Ojala estuvieras aquí mi amor!”. “¡Oh, mamá que rico seria estar ahora contigo y que me la chuparas!” –me dijo. Yo no podía contenerme. Andrés metió su miembro en boca y me hizo chupársela. Mi hijo escuchaba los sonidos de mi boca degustando esa exquisita verga. “¿Así lo harías mami?” –me pregunta. “Sí mi vida, me comería hasta tus bolas” –le respondí. Después de estar un rato gimiendo ambos al teléfono, Joaquín me dice: “Mamita, voy a acabar. Me gustaría que te tragaras toda mi leche”. “Si mi vida, la tragaría toda, hasta la última gota” –le respondo. Sentí sus gemidos agónicos al descargarse, podía imaginar su semen saliendo a borbotones y estimulaba más mi calentura. Finalmente, Joaquín colgó del otro lado del teléfono. Mi preocupación era que mi hijo en alguna oportunidad quisiera hacer realidades todas las cosas sucias que le dije por teléfono, soy una mujer que asume sus palabras y si debía hacerlo, pues a ponerle el pecho a las balas.

Ahora podía dedicarme por completo a los machos que estaban requiriendo mis servicios. Me calentaba la idea de tener sexo con ellos al mismo tiempo, son tan jóvenes, son tan lindos, son tan calientes. Mi libido ya se había despertado y mi mente se centraba solo en el obtener el máximo de goce. Ahora mi único pensamiento era tener en mis manos sus jóvenes vergas. Entre ambos comienzan a desudarme. Antonio termina de quitarme la blusa y hace deslizar por mis hombros los tirantes de mi sostén, Andrés colabora deshaciendo el gancho de mi sujetador por detrás y mis tetas caen como dos enormes bolas ante los ojos ávidos de los adolescentes, me divierten y excitan sus miradas, Antonio arroja el sostén sobre la cama y comienza a comerse mis rosados pezones mientras su hermano masajea mis blancas y gordas tetas. Cuatro manos en mis pechos se sienten deliciosas y candentes. Pero no se las puedo hacer tan fácil, Antonio está tironeando de mi tanga para dejarme completamente desnuda, excepto por mis medias negras auto adherentes que me cubren hasta mis muslos. En un fingido plañido de voz intento oponerme: “¡Ya, chicos! ¡Ya han visto todo! ¡Lamiste mi vagina Antonio y tú Andrés me hiciste que te la chupara. Además, ante mi hijo he quedado como puta por ustedes! ¡Déjenme por favor que puede venir alguien!” –les dije. Aunque en mis adentros solo quería que me hicieran gritar entre ambos. “No temas, tía Luisa, mamá y papá se fueron al Mall” –dijo Antonio. “Sí, pero no está bien lo que me están haciendo, les suplico, déjenme” –les repetí.

Andrés ya se había desnudado y me presionaba su pija por mi espalda y mis costados, fue entonces el turno de Antonio de quitarse su polera y bajar sus shorts, mi pelvis inconscientemente se echó hacia adelante cuando su verga se blandió al aire, provocando contracciones en mi conchita que comenzaba a generar fluidos generosos. No pude resistir y estiré mi mano. Envolví el aterciopelado capullo de su prepucio en mis dedos, con mi dedos pulgar y mi índice lo hice retroceder y su glande blanquizco comenzó a emerger, me hice hacia adelante y pase mi lengua a esas gotitas que salían de su meato, una mezcla de orina y semen estimuló mis papilas gustativas. Era grueso y caliente, como pude engullí algunos centímetros de su verga, Andrés no dejaba de masajear mis tetas y retorcer mis pezones con sus dedos, cuando comencé a chupar el miembro de Antonio.

Los dedos de Andrés masajeaban mi clítoris y yo ya estaba en éxtasis, no entendía nada, todas mis acciones eran comandadas por mi libido y mi chocho caliente, el placer era sensacional sintiendo esas dos pijas solo para mí. Antonio prende mi celular y lo deposita en el velador junto a la cama y luego empuja mis piernas sobre la cama, me coloco más o menos al centro de mi cama y ellos se acomodan cada uno a un costado de mi cuerpo. Andrés se abalanza a acariciar, sobajear, lamer, morder y chupar mis tetas, mientras Antonio folla mi coño con sus dedos y se apronta a devorar mi vagina encharcada otra vez. No puedo hacer otra cosa que mover sinuosamente mi pelvis y arquear mi espalda en delirio con estremecimientos de locura. Me percato que hay una mirada de complicidad entre ellos y se sonríen, yo también esbozo una sicalíptica sonrisa entregándome plenamente al placer que me están haciendo sentir. ¡Que traviesos mis sobrinos!

Reclamo por última vez: “¡Chicos! ¿Qué dirían sus padres si llegaran a saber lo que hacen conmigo?” –les digo. “No temas, tía, jamás nadie se lo dirá. A menos que tú nos acuses” –responde Andrés colocándose a horcajadas sobre mi pecho y ofreciéndome su verga erecta, abro mis labios y después de follar un poco mis tetas, la mete en mi boca. Vuelvo a sentir ese sabor salino y acerbo de sus juveniles fluidos, meto y escarbo con mi lengua su agujerito del glande, succiono para extraer ese manjar exquisito, él gime y folla mi boca. Antonio sin perder tiempo empuja su tremendo pene en los labios recalentados de mi vagina, mi vagina sufre su empuje y la entrada se ensancha por el grosor de su pene, casi muerdo el pene de Andrés sintiendo la deliciosa sensación de ser penetrada por dos vergas a la vez, gimo de placer respiro con mi boca llena. El miembro de Antonio es mucho más grande que el de Andrés, me hace chillar, casi me ahogo, me saco el pene de Andrés de la boca y grito: “¡Ah! ¡Me partes!”. Empujo mi bajo vientre para que su penetración sea más profunda: “¡Oh! ¡Sí, Tesoro ¡Dame esa verga! ¡Cógeme duro!” –le decía.

En cambio, él lo saca y comienza a azotarlo contra mi clítoris, luego lo restriega en la entrada de mi vagina, es delicioso lo que me hace sentir, me vuelve loca de deseos. Mis caderas se mueven autónomamente para coincidir con sus caricias e incitarlo a que me vuelva a penetrar, sin embargo, sádicamente él evita de metérmelo y me hace desesperar. Haciendo que mi cabeza explote por el deseo sexual que invade y colma mi cerebro, mis gemidos y espasmos aumentan notablemente. Al percibir mi desesperación, Antonio vuelve a penetrarme, pero solo con la punta, al darse cuenta de mi estado de excitación, comienza a empujar suave y lentamente su enorme verga dentro de mi chocho. Su verga gigante estira los rosados pliegues de mi vulva y él efectúa su penetración con golpes de sus caderas, causando incontrolables espasmos convulsivos en mi bajo vientre. Mi vagina parece ensancharse cada vez más para hacer espacio a su miembro que parece fuera a desgarrar mis estiradas paredes vaginales. Siento la marea de fluidos que bañan a ese persistente intruso que se ahonda en mi empapada conchita, abro mis muslos al máximo doblando mis rodillas para hacerlo entrar más profundo, siento como invade mi matriz y roza mi útero palpitante, se me escapa un gemido de dolor al sentir un potente empujón de parte de Antonio, ha tocado el fondo de mi concha con su pija gigante. Siento su pene que me atraviesa, sus testículos golpean una y otra vez mi culo y su vello púbico me causa un agradable cosquilleo.

Antonio se da cuenta de que sus embestidas profundas me causan un cierto malestar y dolor. Extrae su miembro casi por completo e inicia un rítmico movimiento de follarme solo con la mitad de su enorme pene, la sensación es abrumadora y restriego mis tetas en sus pectorales juveniles apretándolo estrechamente a mí. Repetidamente Antonio saca su pene y lo restriega contra mi ano virgen, ni siquiera a mi ex marido le permití tocar mi culo, pero el goce es tal que lo dejo hacer como quisiera, solo espero que no me penetre, destrozaría mi ano. Afortunadamente él siempre elige mi vagina y lo hace de una manera deliciosa, pareciera un consumado follador de vaginas a pesar de su corta edad. Por enésima vez me penetra y yo cierro los ojos siento que dentro de mi está comenzando a formarse un tsunami orgásmico, arqueo mi espalda y aferro las sábanas con mis dos manos y me dejo ir: “¡Oh, Antonio! ¡Ah! ¡Sí, continua, por favor! ¡No te detengas! ¡Métela fuerte, cariño! ¡Hazlo fuerte, parte mi vagina!”.

Repentinamente el saca su miembro, abro mis ojos y no puedo hablar, solo gimo y me estremezco en un dulce paroxismo, jadeo y mi lengua intenta humedecer mis labios, mi ojos están perdidos y él entiende de que puedo todavía gozar más, entonces con un certero golpe vuelve a penetrar mi vagina haciéndome corcovear con mis nalgas estrechamente tensas: “¡Ah! ¡Uy! ¡Dámelo todo! ¡Si lo vuelves a sacar te lo corto! Parece que mi amenaza da resultado y me folla hasta regalarme otro delicioso orgasmo que me deja inerte, mis labios vaginales tiritan sin control. Quedo como un estropajo sobre la cama disfrutando de esa sensación que sensibiliza cada poro de mi piel. Respiro con dificultad y mis parpados pesan una tonelada, no quiero abrir los ojos, pero escucho los gemidos de los chicos. Cuando abro mis ojos, Antonio se mantiene entre mis muslos abiertos y Andrés está a mi costado, ambos chicos se masturban desesperadamente mirando mis sudadas tetas y mi curvilíneo cuerpo. Antonio llena mi abdomen con su tibio esperma, es cuantioso, se forma una laguna de semen en mi vientre, luego el pequeño Andrés también exhala un gemido y baña mis tetas, me llenan de esperma y se quedan mirándome. Me enderezo en mis codos y observo mis pechos y estómago mojados en su esperma juvenil, me pliego y comienzo a chupar la verga de Andrés y lo siento estremecerse cuando chupo su sensible pene, Antonio se arrastra cerca y también procedo a chupar su gruesa verga. Después de haber limpiado sus penes, me doy cuenta de que las erecciones las mantienen. La gruesa pija de Antonio esta enrojecida, pero dura como palo, el pene de Andrés se alza orgulloso en el aire y luce muy consistente. Empujo a Antonio sobre su espalda y lo monto a horcajadas, con mi mano acompaño su durísima verga dentro de mi vagina mojada, Andrés me mira un poco preocupado y dice: “Tía, yo también quiero follarte”. Lo harás mi niño, lo harás, pero para ti tengo algo especial” –le dije con un tono perverso.

Me estiro y extraigo del velador mi crema humectante, me espalmo un poco en mis dedos y suavemente los introduzco en mi estrecho ano virginal, Andrés me mira curioso y Antonio se mueve suavemente dentro de mí y le dice a Andrés: “¡Ayúdale, para que la cojas por el culo!”. Andrés me mira intrigado y me dice: “Tía Luisa. ¿Quieres que te la meta por el culo?”. “Sí, tesoro. Nunca nadie me lo ha hecho por ahí, serás el primero” –le dije. Lo veo que sonríe complacido y toma la crema de mis manos, aprieta el tubo directamente en mi ano, luego me soba mi estrecho agujero e intenta meter sus dedos, pero es muy estrecho, entonces Antonio impaciente le dice: “Dame acá, no tenemos mucho tiempo”. Mete crema en sus dedos, agarra mi espalda y mi culo sube, sus dedos más grandes y duros fuerzan la resistencia de mi esfínter, primero dos dedos y luego un tercero se adentran en mi culo, Andrés está mirando y Antonio lo dirige: “Ahora, Andrés métesela despacio. Te va a gustar” –le dice como un experto. Veo que los dos mocosos se entienden a la perfección entre ellos, ninguno me interpeló, entonces digo: “Con cuidado, si me duele no lo hacemos”. Ninguno de los dos responde, Antonio empieza a chupar mis tetas y Andrés, detrás de mí, todavía prueba y juega con mi agujero estrecho, acaricia mis nalgas y me da besos en la espalda, ¡Es tan tierno este chico! Y me comienza a gustar.

Lo siento arrodillarse y acomodarse detrás de mí, su pene caliente, comenzó a empujar más y más adentrándose en mi culo con una cierta facilidad, lo siento extraño, pero no desagradable. Su tamaño y longitud se adaptan perfectamente a mi trasero. Andrés toma mis caderas y folla mi culo, hay dos vergas dentro de mí y se siente fabuloso, me están follando al unísono, por mis dos agujeros a la vez, una mueca de sonrisa en mi rostro es la única señal de mis concupiscentes pensamientos, me encanta. Disfruto intensamente las vergas de mis sobrinos, mi flujo vaginal es un caudal. Andrés me toma de los cabellos y los tira hacia atrás, me levanto arqueando mi espalda y mis tetas se estrellan con la barbilla de Antonio que me está follando largo y delicioso, una serie de mini orgasmos me hacen chillar y revolverme empalada en esas dos maravillosas vergas, estos dos muchachos recién salidos de la cuna me están transformando en una nueva mujer. Me abandono en éxtasis a los embates de mis dos sobrinitos, mi vagina y mi culo están siendo servidos simultáneamente, me abrazo a Antonio llena de lujuria con mi cuerpo estremeciéndose, he perdido todo el control de mi pelvis que hace movimientos ondulatorios para tomar más placer de sus jóvenes miembros. Me falta la respiración, ambos chicos jadean mientras continúan follándome en modo exquisito ¿Quién iba a pensar de lo que eran capaces estos cachondos chiquillos? Alguien les tiene que haber enseñado a complacer a una mujer de forma tan exquisita, son verdaderos expertos a la hora del sexo y me causa extrañeza, pero también me causan placer que nunca crei conseguir de esta forma.

Disfruto intensamente como una loca poseída, ya he mordido y arañado a Antonio varias veces, no sé cuántas me he corrido, pero una verga en mi culo es algo que tendré que probar más a menudo, la de Andrés se siente fabulosa, pero la de Antonio decididamente es algo que tendré que probar. Escucho los jadeos intensos de Antonio y mientras me tiene aferrada de mis caderas, hunde su gruesa verga en mi chocho encharcado y gruñe y resopla y gime, se está corriendo dentro de mí y puedo sentir su tibio orgasmo llenando mi coño. Por un momento un pensamiento tan morboso como lo que estoy haciendo invade mi mente: ¿Qué pasaría si Joaquín me viera así con sus primos? ¿Querrá unirse? ¿Detendría la situación? ¿Dejaría que terminen? Ideas perversas que daban vuelta en mi cabeza mientras me perdía en el placer. Andrés se agita detrás de mí, no sabe que su hermano está acabando, pero lo intuye y se emociona tirando más de mi cabellos, pero no tengo fuerzas para alzarme, estoy convulsionando en mi propio orgasmo con mis piernas que se mueven descontroladamente y chillo mordiendo a Antonio por la enésima vez, entonces siento a Andrés que mete sus manos por debajo de mí torso y cogiendo mis tetas con fuerza me aprieta y deja ir los borbotones de su esperma profundamente en mi culo.

 Estoy exhausta, siento solo la cálida presión de los cuerpos de mis sobrinos y, ¡Sus vergas siguen duras! Andrés se deja caer a un costado con su pene chorreando, es demasiado rico su semen como para dejarlos perder, lentamente dejo salir el miembro de Antonio y me arrodillo a succionar los restos de esperma de Andrés. Su semen es como un néctar. Antonio se ha levantado y acaricia mi espalda, luego sus manos se posan en mis nalgas, siento sus labios besando mis glúteos, “¡Oh, no, Dios Santo! Está abriendo mis nalgas y recorre el surco de mi culo con su poderosa verga, luego empuja y mi bien lubricado ano cede, siento mi esfínter ensancharse y me duele un poco, su glande está atorado en mi estrecho recto, pero no fuerza mi ano, yo empujo mi culo hacia atrás y su miembro se desliza suavemente dentro de mi culito, es demasiado grueso y separo mis rodillas para abrir más mis muslos y permitirle a su verga penetrar mi culo, la sensación de su gruesa verga es abrumadora, llena mi intestino y mi esfínter se contrae una y otra vez alrededor de su miembro. Chupo la verga de Andrés con mayor ahínco y otra vez los tengo a los dos dentro de mí, arqueo mi espalda y hago sobresalir mi culo hacia atrás ofreciéndoselo por completo a los embates de Antonio que penetra mi agujerito pequeño hasta el fondo ¡Oh, mi Dios! ¡Y yo que pensaba no tener jamás relaciones sexuales anales! ¡En un solo día me han follado dos veces por ahí! Pero yo sé que él puede más y yo lo quiero todo dentro de mí, sus embestidas son dulces y no tan profundas como quisiera, me da placer, pero quiero más y para facilitarlos, mientras mantengo la verga de Andrés en mi boca, echo mis brazos hacia atrás y aferro mis glúteos para abrirlos un poco más, luego empujo mis cachetes hacia atrás y siento que estira mi recto y finalmente sus testículos  golpean mis muslos, ahora tengo su verga profundamente en mi culo ¡Qué potencia la de estos muchachos!

 Andrés ha colocado una mano en mí cabeza y folla mi boca moviendo su pelvis rápidamente y Antonio me apresó de las caderas y folla mi culo con su atrevida verga juvenil. Una vez más los tiritones se apoderan de mis muslos y mis nalgas causándome un placer único. La verga de Andrés entra y sale de mi boca como una anguila resbaladiza y siento su semen que explota en mi frente, mejillas y parpados, rápidamente me posesiono de su verga con mis labios bien estrechos alrededor de su miembro que llena mi boca con su exquisito semen tibio, luego de empujar mi cabeza se escabulle hacia un lado: “¡Ay!, tía, que rico pero me arde demasiado” –me dice con ternura. Le dejo ir y me concentro a disfrutar el miembro de Antonio, me aferro a una almohada y apoyo mi mejilla derecha en ella, la abrazo y me abandono a la lujuria de la hermosa y enorme verga de Antonio, pero mi culo es demasiado estrecho para él, la fricción es tanta que no dura mucho y mezcla su semen con el su hermano, acaba violentamente follando mi culo con fiereza. Luego exhausto se deja caer sobre la cama, yo estoy demasiado cómoda en esta posición y caigo en un satisfactorio sopor quieta como una oveja.

 No sé cuánto tiempo permanecí en esa posición, pero abrí mis ojos sintiendo el movimiento de mis sobrinos a mi alrededor, me están mirando y se están masturbando, intercambian comentarios entre ellos: “¿Has visto que culazo que tiene tía Luisa?” –dice Antonio. “Sí, y sus muslos son muy hermosos” –responde Andrés. “Me encantan sus tetas, sus pezones son exquistos” –comenta Antonio. “A mi gusta su culo estrechito” –agrega Andrés. “Pues ya no lo es tanto, hermanito con la tremenda cogida que le dimos van a pasar unas horas para que se le cierre” –le informa Antonio. En la penumbra de la habitación, me giro y ellos continúan como si nada. “Su boca es muy caliente y lo chupa como una puta” –opina Andrés. “A mi me gusta más follar su vagina jugosa” –agrega Antonio. “Sí, es muy jugoso. Me gusta cuando acaba porque lo hace destilando chorros de su concha” –corrobora Andrés.

 Siento que aumentan sus movimientos y Antonio dispara una descarga de su semen sobre mis tetas y al segundo Andrés me obliga a cerrar los ojos bañando mi cara con su denso esperma, tomo sus vergas y las limpio con mi boca, luego me voy al baño a ducharme, estoy llena de semen por todos lados. Antes de salir del baño siguieron hablando pero un poco más bajo pero entendí lo que decían: “Fue como cuando nos cogimos a mamá la primera vez” –dice Andrés. “¡Cállate idiota! Mira que si la tía se entera de eso capaz que corra a contárselo a papá y ya no tendríamos diversión en casa” –dice Antonio con enfado. ¡Mierda, hoy perfectamente bien! ¡Son unos pervertidos! Ahora entiendo como aprendieron a coger tan rico, mi cuñada les enseñó bien. Los chicos me miran cuando regreso, estoy fresca, limpia y relajada, me acuesto en medio a ellos, conversamos un poco y acordamos que nadie debe saber de este encuentro fortuito, hermoso y cachondo. La mano de Antonio recorre mi vientre, Andrés es más osado y sus dedos cosquillean mi clítoris y yo no me canso nunca de ellos.

Cogimos toda la tarde, mi concha y mi culo estaban llenos de semen, me sentía la más puta de todas y por Dios era una sensación exquisita. Ahora en confianza con ellos les hice una pregunta que me sorprendió la respuesta: “Por lo pervertidos que son, ¿también se han cogido a su madre?”. Se miraron y rieron. Antonio respondió con otra pregunta: “¿Tú que crees tía?”. “No sé, dime tú” –le dije. “Sí tia, en varias ocasiones cuando papá va a trabajar”. “Son un peligro y muy calientes. Debe quedar igual de exhausta que yo con el ímpetu que tienen” –le dije. “A veces sí tía” –respondió Andrés. Antonio arremetió: “Pero ya está acostumbrada”. “Eso me gustaría verlo” –les dije. “Cuando quieras respondieron. Eso, ya es material para otra historia.

 

 

 

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Una rica historia perversa, el ingrediente principal del placer, el morbo.
    Una aventura muy excitante
    Excelente relato Mí Amo

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  2. Que rico y super excitamte relatoe volo la imaginacion

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  3. Que rico relato!! Estoy con las sensaciones es a flor de piel, tienes una maravillosa forma de describir que haces que todo se sienta, gracias

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  4. Wao que exitante relato donde se eriza a flor de piel todos esos deseos de ser tratada como una puta caliente que le encanta el sexo y que hace que uno sienta que es el protagonista de esas escenas morobosas .
    Como siempre felicitaciones Caballero

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  5. Este relato se ha convertido en el segundo favorito de sus historias caballero, sus letras hicieron un buen trabajo al hacernos sentir cada emoción es tan excitante

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  6. 🔥🔥🔥👏👏👏 Excelente relato caballero

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