Me fui a mi habitación, pensaba en lo descuidada que fui, nos vimos desnudos, eso no estaba bien. Además, yo era culpable de que pasara por el descuido de entrar sin golpear. Me sentia pésimo, ya que sentía que le habían faltado el respeto a mi pequeño al invadir su privacidad. De pronto, mis pensamientos cambiaron, empecé a recordar su miembro y como se veía erecto, no podía creer que pensara esas cosas, menos en el miembro de mi hijo. No digo que sea una mojigata ni que me haga la tonta pero si ya verlo desnudo me había sentir mal, recordar su pene me hacía sentir peor. Soy una mujer que va a La Iglesia y que desde que me separé no he estado con nadie, aunque si tengo algunos artilugios que uso cuando "la lujuria" se mete en mi cama. Pero fantasear con la verga de mi hijo era algo imperdonable para mí.
"¡Ya mamá, el baño está desocupado! –gritó Rafael al salir. Ahora tomé las precauciones necesarias, salí con la toalla rodeando mi cuerpo y el camisón que usaría para dormir en la mano. Estaba con mi cuerpo mojado y pasando la esponja con jabón cuando sentí que mis pezones se pusieron duros y mi vagina se puso caliente. ¡Dios mío! ¿Qué me pasa? –me decía y preguntaba. ¿Hasta donde me ponía tan caliente pensar en el pene de mi hijo. Cerré los ojos y empecé a fantasear que entraba al baño y me veía desnuda, que se masturbaba viéndome hasta acabar y que lo veía disfrutando de su mirada lujuriosa. Sin darme cuenta me estaba tocando y disfrutando de mi fantasía, aunque sabía que era pecado, por ese momento no me importó, ya que la lascivia pudo más y me entregué a mi pervertida imaginación. Me frotaba el clítoris con mis dedos, experimentando ese prohibido placer, sumida en la más atroz de las fantasías; que era la lengua de mi hijo la que me hacía estremecer. Mis gemidos eran reprimidos porque no quería que mi hijo escuchara lo que estaba haciendo, si bien deseaba con locura aquella verga, no sabía si sería capaz de llevar a cabo tal acto. Al fin el orgasmo llegó y liberó mis pensamientos. Terminé de ducharme y me fui a acostar, ya que mañana tendré una reunión y debía estar temprano en la oficina.
Ya es martes, camino a la oficina con un montón de pensamientos, más dudas que se certezas en mi mente y un remordimiento terrible. La noche de ayer fue un calvario, el imaginar el pene de mi hijo duro y caliente me ponía demasiado ansiosa, me estaba mojando sin control, deseaba ser suya, deseaba volver a la pubertad para que disfrutara de mis pechos duros, de mi piel suave y mi deseo incontrolable. Aún así a mi edad lo deseaba. ¡Quería su verga ya! Por mi mente pasó ir a su cuarto y meterme en su cama para despertarlo con una mamada, pero estaba tan mal sentir eso. Me contuve, pero ya no me importaba, fui hasta mi ropero y saqué ese consolador blanco que me habia regalado mi hermana cuando me separé, tantos años lo use con gusto, pero hoy lo usaba con rabia, yo queria una verga de verdad, palpitante, que me hiciera estremecer, tendría que conformarme con ese pedazo de plástico.
Me quité el camisón, me tiré en la cama desnuda, el roce de mis pezones con la sabana me hacia estremecer, desde los 14 que no sentia esa electricidad a la hora de masturbarme, era una perra en celo y como tal pare mi culo y me clavé el consolador en mi humeda vagina. Murmuraba el nombre de mi hijo mientras bombeaba aquel instrumento. Quería que me sorprendiera, que viera que yo tambien deseo y sin pedirme permiso me cogiera. Dios, era demasiado intenso, mis muslos chorreaban, la saliva escurría de mi boca y escuchaba el chapotear del consolador entre mis piernas, no pude mas y cai desplomada. Aún con el consolador adentro me volteo boca arriba y empezé a meterlo y sacarlo con furia, pellizcaba mis pezones con rabia hasta que explote, el orgasmo llego acalambrándome toda, fue tan intenso y placentero que creo aulle al sentirlo. Después, solo me dormi. Hoy cuando despierto veo que la puerta de mi cuarto estaba entre abierta, no me recuerdo si la dejé así o él estubo parado viéndome, quería pensar que sí y que se había masturbado a su madre follarse con ese consolador.
Por eso mis pensamientos hoy, no sabía cómo afrontaría la situación; ya era un hombre, pero yo lo había parido e inculcado valores, esos que ahora me hacían cuestionar mi proceder. Ya es la hora de la reunión y no me puedo sacar de la mente mi reacción poco racional de anoche, me dirigía a los clientes pero de forma autómata, hablando un discurso aprendido ya que mi mente maquinaba más perversas fantasías que me hacían humedecer, por suerte no se dieron cuenta de cómo estaba en el interior porque al estar rodeada de puros hombres pensaba en las mil y una formas perversas que podían tomarme y cogerme sobre la mesa, para terminar llena de semen y cogida por todos lados. Era excitante imaginarlos desgarrando mi ropa, meterme dos vergas en la boca y cogida por mis dos agujeros a la vez. Ultrajada sin piedad por aquellos hombres que me escuchaban hablar impávidos esperando que la hora pase para que la reunión termine. Al fin terminé mi presentación, me despedí de la forma más cortés posible y corrí al baño para apagar mis fuegos internos, me masturbé hasta acabar, tuve dos intensos orgasmos intensos que dejaron exhausta.
Cómo pude volví a mi oficina, las piernas me temblaban, por primera vez sentí que todos me miraban como si supieran lo que estaba pensando y lo que había hecho en el baño. Me sentía sucia, puta. Malditos remordimientos. No sabía a quién recurrir para hablar lo que me pasaba, tenía miedo a ser juzgada e incluso que ser excomulgada de la Iglesia por mis pensamientos y acciones. Llamé a la Pastora Cinthia, le pregunté si tenía tiempo para que pudiéramos hablar. "Claro, voy a tu casa está tarde y charlamos" –me dijo. "Me parece perfecto, la estaré esperando" –le contesté. Ya más calmada por tener a alguien con quién charlar, aún a riesgo de ser reprendida ya me sentía un tanto liberada. El día transcurrió más tranquilo, estaba sintiendo paz. La jornada terminó y me fui a casa a vivir la odisea de todos los días. Al llegar no pasaron ni quince minutos cuando tocan la puerta. "Hola Abigaíl, te noté preocupada al teléfono" –me dice. La saludé con un beso en la mejilla, la hice pasar a la sala y nos sentamos a conversar. "Si Pastora, desde ayer en la tarde estoy en una lucha interna que me tiene mal porque siento que soy débil". "Bueno Abi, si te hace sentir mejor, no me veas como la Pastora, sino como una amiga. Siéntete en libertad de llamarme Cinthia y cuéntame con confianza" –me dice tomando mi mano. "Espero no tomes a mal Cinthia lo que te diré porque en verdad siento que he fallado demasiado" –le dije. Me dijo mirando a los ojos y sin soltar mi mano: "Te entiendo, todos pasamos por momentos difíciles que nos hacen claudicar, pero no estoy aquí para juzgarte sino para buscar la manera de ayudarte a alcanzar paz y tranquilidad".
" La verdad, no sé cómo empezar pero sé que puedo contar contigo" –le dije mientras relataba todo lo que había vivido desde que llegué a casa y me largué a llorar. Me abrazó con fuerza, podía sentir su respiración y los latidos en su pecho, me transmitió calma. Acarició mi cabello y mi rostro, por una extraña razón mi cabeza se movió y rozó mis labios con sus dedos. Suspiré al sentir ese suave contacto. Me dijo: "Todos pasamos por esas cosas, unos más, otros menos pero de una u otra forma luchamos con nuestros impulsos. Abi, no soy juez, ni jurado ni verdugo". "Cinthia, entiendo pero no es normal que sienta estas cosas por mi hijo". "Eres mujer y hace años que estás separada y la tensión sexual busca salir de alguna forma. Te voy a preguntar abiertamente. ¿Ves porno? ¿Te masturbas?" –dijo. Me sorprendieron sus preguntas y le respondí honestamente que sí, le estaba contando algo mucho más grave que eso. Siguió preguntando: "¿Con cuánta frecuencia te masturbas? Y ¿Qué tan intensos son los orgasmos que tienes?". "No me masturbo a diario pero si algunas veces a la.semana y son muy intensos" ·le contesté. "Ya veo. ¿Te mojas demasiado cuando ocupas el consolador?" –arremetió. Volví a suspirar y le dije: "Sí, tanto que mojo la cama cuando acabo". Pude notar que se pasó la lengua por los labios, aunque fue sutil, para mí fue algo evidente. Volvió a acariciar mi rostro pero esta vez sus dedos fueron a mis labios, instintivamente seguí el recorrido de ellos con mi lengua. En un intento de mantener la compostura Cinthia me dice: "¿Me podrías regalar un vaso de agua?". "Claro, espérame, ya vengo" –le dije. Mi cabeza da vueltas, mis pensamientos morbosos otra vez están de vuelta y mi vagina demasiado húmeda. Cinthia no supera los cuarenta años, es una mujer atractiva. ¿Por qué estábamos llegando a esto?
Volví con dos vasos de agua fría, a ver si así aplacabamos el infierno que ardía en nuestra entrepierna. Me senté y seguimos la charla. "¿Es grande? ¿Gruesa?" –preguntó sin tapujos. "¿De verdad quieres saberlo?" –le pregunté yo sin responder a su pregunta. Me miró y un brillo diferente se notó en sus ojos: "¡Claro que me gustaría saberlo!" –dijo acercándose más hacia mí. "Creo que sí, incluso un poco más grande que mi consolador" –le respondí. Ya no podía más con la humedad en mi vagina, sabía que ella también estaba mojada pero ninguna de las dos se atrevía a dar el siguiente paso. De repente, me preguntó algo que me sorprendió aún más: "¿Estás mojada ahora?". "¡Ay Cinthia no me preguntes esas cosas!" –le dije casi con gemido en los labios. "¿Por qué no? Somos adultas" –insistió. Son pudor le respondí: "Sí, muy mojada". "¿Así?" –preguntó levantando su falda y tomando mi mano para llevarla a su vagina. Si tanga estaba tan húmeda que se pegaba a su sexo. Mi sangre comenzó a arder y por encima de la tanga la acaricié con lujuria. "¡Oh, Abigail! ¡Qué rico se sienten tus dedos!" –me decía entre gemidos. Separó las piernas lo más que pudo e hizo a un lado su tanga, permitiéndole a mis dedos explorar con libertad esa candente concha. Metía los dedos en su interior y la penetraba cómo loca, haciéndola gemir y pedir que lo hiciera más rápido. Nos desnudamos en la sala y fui por el consolador a mi ropero, al volver se estaba masturbando y gimiendo como una endemoniada. Se lo metí en la boca y lo chupaba como si estuviera mamando una verga. De manera pervertida me dice que se imagina que es el miembro de mi hijo y que quería cogerselo, eso me calentó en demasía haciendo que mi vagina palpité. Éramos unas zorras calientes y hambrientas de verga. Le dije: "¡Entonces imagina que es él quien te la está metiendo!". Metí el consolador en su concha que no protestó al sentirse invadida, al contrario, se retorció de placer y apretó sus tetas. El mete y saca ers intenso, quería que acabara para hiciera lo propio con su lengua en mi húmeda vagina. Nos habíamos olvidado del motivo de la visita y nos dejamos envolver por esos demonios lujuriosos que sutilmente nos hicieron caer en la tentación. Se veía hermosa sudando y gimiendo, estábamos arropadas por un sacrilego manto de placer. Al fin, cayó en el orgasmo más intenso que jamás haya visto. Su cuerpo se retorcía por completo, sus ojos se pusieron blancos y su gemidos ensordecían cualquier ruido alrededor.
Casi al instante me tumbé en el sillón y abrí mis piernas, le dije: "¡Ven y cómetela!". Se acercó a mi vagina y con su lengua empezó a recorrer cada espacio de mi vulva. "¡Oh, es tan delicioso Cinthia!" –le digo con placer en mi tono de voz. Solo podía gemir ante aquella manera despiadada que Cinthia se apoderaba de mi sexo con la punta de su lengua. Ya estaba tan absorta en el placer que no me di cuenta cuando me arrebató el dildo de la mano y sin decir nada lo metió en mi culo. No niego que me asustó e incluso dolió por lo inesperado de la situación pero después ese maldito dolor se transformó en placer. La pasión que en ese momento se apoderaba de mí era una verdadera jauría de lobos salvajes que se saciaban de mi cuerpo, de mis gemidos y mis fluidos, era presa fácil de las embestidas del dildo guiado por las hábiles manos de Cinthia y hacían aflorar a una mujer demasiado distina a lo que he sido siempre. Mi orgasmo era casi inminente, la situación era insostenible y me sentí invadida en mis entrañas de un fuego intenso que se extendió por todos lados. "¡Quiero que acabes y que hables como si tú hijo fue quien te llevó al orgasmo! –me dijo Cinthia. !Wow! Era algo pervertido lo que me pedía pero en la intimidad solo te dejas llevar sin pensar en las consecuencias de lo que haces o lo que dices.
Empecé a gemir y a apretar mis tetas. "¡Mi hombre, eso rómpele el culo a tu mamita! ¡Eso, que tú verga se pierda en mi interior!" –decía dejándome envolver por la perversión. "¡Sigue, quiero que grites!" –me dijo. Entonces de lo más profundo de mi ser salió un alarido de placer: "¡Eso hijo, ya me tienes al borde del orgasmo!". Cinthia me miraba con los ojos llenos de lujuria y siguió taladrando mi culo y pasando la lengua por mi clítoris. Ya no pude resistir y me dejé llevar por el orgasmo que hizo temblar mi cuerpo como si tuviera convulsiones. Me dejó el dildo dentro del culo y me besó con esa exquisita pasión que se siente cuando disfrutas lo que haces. Bastaron unos minutos para recuperarnos, así que decidimos seguir pero esta vez en mi habitación, íbamos caminando por el pasillo desnudas cuando la puerta se abrió. ¡Mierda, era mi hijo! Cómo le explicaba lo que había hecho y encima de todo con quién. Era un manojo de nervios pero a él pareció no inoortale, pasó entre las dos y siguió hasta su cuarto. No sabía si decirle a Cinthia que se fuera o seguir disfrutando del placer, maldita encrucijada de lujuria y cordura. "Cinthia me dijo: "Tú eres quien decide. ¿Me quedo o me voy?". "No quiero que te vayas pero ahora tengo algo de vergüenza" –le respondí. "¿Vergüenza? ¿Por qué? ¿Por ser mujer y querer tener placer? ¿Vergüenza por experimentar?" –me dijo. Mi mente buscaba las respuestas pero mi cuerpo las tenía y eran claras, ya que mi excitación no ha disminuido, al contrario, ver pasar a mi hijo por medio nuestro estando desnudas me puso más caliente que al principio.
Me tomó del rostro y me dió otro beso, metió su mano en mi entrepierna, arrancándome un exquisito gemido. Seguimos por algunos minutos besando y tocándonos en el pasillo, la calentura era tal que no importaba nada. Esta mujer me tenía como loca entre gemidos y sus manos morbosas. "¿Si entramos y sorprendemos a tu hijo?" –me preguntó. Mi cabeza estaba dando vueltas por el placer, no sabía que responder, era un juego peligroso pero lleno de morbo. Entrar y darle un espectáculo de sexo lésbico, provocarlo para que hiciera con nosotros todo lo que hemos fantaseado desde que estábamos en la sala. No sabría cuál sería su reacción, tampoco quería arriesgarme a cruzar un límite tan importante. Por unos momentos mi mente decía que si pero los pensamientos me traicionaban, entonces decidí hacer lo que mi excitación estaba demandando. Entramos y mi sorpresa fue tal, estaba sobre la cama desnudo, con una mano en su verga. Se estaba masturbando tal vez oirnos gemir en el pasillo había despertado sus demonios o quizá fue la noche anterior cuando la puerta de mi habitación estaba abierta y estaba fantaseando con haberme visto masturbándome cómo poseída, no sé en realidad pero hay estaba con su imponente erección invitándonos a pecar de la mejor forma posible.
Quedé pasmada pero la sensación de lanzarme sobre él era refrenada por mis pensamientos cuerdos. Aunque a Cinthia poco le importó mis pensamientos cuerdos ya que solo era un complemento en la ecuación y no debía cordura a sus sensaciones. Fue ella quien se lanzó a la cama y se acomodó entre sus piernas. ¡Maldita sea! La muy zorra estaba chupándole la verga. Entonces me decidí y me lancé también para probar aquella verga prohibida y degustar su sabor con mi boca. ¡Oh, Dios mío! ¡Es exquisita! La envuelvo con mi lengua y me deslizo suave para no poder ni un solo centímetro. Nos pusimos una a cada lado y entre los dos le chupabamos la verga y los testículos, alternando perversamente. "¡Cógeme hijo!" –le pedí sin pudor. Entonces me subí sobre él y metí su verga en mi concha que destilaba con el solo hecho de deslizarme hasta tenerla toda dentro. Cinthia se encargaba de besarlo y poner sus tetas para que él las chupara, esa algo tan perverso y la vez excitante que casi acabo casi sin moverme. Al fin la tenía dentro mío, erecta, palpitante. Me empecé a mover con suavidad hasta que él apretó mis muslos, una señal para que me moviera con fuerza, le dice a Cinthia que no pare de besarlo y ella obediente lo complace, no despega su boca de la suya mientras yo estaba ida disfrutando del placer de entregarme a mi hijo. Sus manos apretaban mis tetas, su lengua recorría la boca de Cinthia y mi vagina aprisionaba su verga, sin duda un placer completo para ese joven macho que disfrutaba del sexo con dos mujeres maduras. Entre más rápido lo cabalgaba, más fuerte apretaba mis tetas, cada gemido que salía de mi boca era una ofrenda de placer que rendía en el altar de la lujuria y se transformaba en un deleite para los oídos de mi hijo.
"¡Quiero coger con la otra puta!" –dijo él. Me parecieron unas palabras hermosas a mi juicio, me veía como una puta, y claro que lo era, des mi sueño serlo desde que lo ví desnudo en el baño y me masturbé pensando en él y Cinthia también se había convertido en un instrumento para su placer y no lo dejaría sin que la usara para saciar su perversión. "¡Ponte en cuatro!" –le dijo. Acomodó su verga en la entrada de las que lubricada vagina de su otra puta y se ensartó de una haciendo que un grito de placer saliera de sus labios. "¡Ay, bendito Dios. Qué rico!". Se tomó de sus caderas y la embistió con fuerza. "¡Así papacito, dame fuerte! ¡Follate a esta puta!" –le decía. Nos besábamos de manera lujuriosa encendiendo más el fuego que nos estaba consumiendo. Entonces me dijo: "Dale tu concha para que la coma y te haga gemir como puta". Uuufff, le obedecí y me acomodé de tal forma que mi sexo quedó a disposición de la boca de Cinthia quien son dudarlo empezó a lamerme por completo. Me hacía gemir y retorcerme de placer, mi clítoris estaba tan sensible que cada estímulo era paso más al orgasmo pero me contenía porque quería que él fuera el dueño de mis orgasmos. "¡Ah, así, dame más fuerte!" –le decía Cinthia disfrutando de sus brutales embestidas, era un macho que usaba a su hembra para su satisfacción.
"Ahora, tú Abigail, ponte en cuarto" –me ordenó. Su estocada inicial fue entre mis nalgas, mi culo se abrió como si nada y también un grito lleno de dolor y placer salió de mi interior. ¡Me estaba follando el culo! Lo hacía de una manera tan bestial que me excitaba aún más. Estaba embobada, era prisionera de su verga, lo estaba disfrutando al máximo. ¡Mierda! Me sentía liberada de algo tan pesado sobre mi espalda y mi mente que cerré mis ojos para dejarme llevar por el placer. Era un hombre en todas sus palabras, hace rato que dejó de ser un niño y se había transformado en un macho que me tenía a su merced y a la que supuestamente era una guía espiritual para ayudarte a no ceder a la tentación pero era tan puta como yo, por la manera que gemía tocándose a mi lado era lo que demostraba y como se sentía. Nos estuvo sometiendo a su verga por mucho rato y nosotras le entregamos nuestros orgasmos, era un trato justo y que podíamos pagar muy bien. Hizo que nos tumbaramos las dos en la cama y se comenzó a masturbar, ese macho nos regalaría su semen para nuestro disfrute y gustosas lo recibimos, quedamos impregnadas de esa escencia de macho en nuestros cuerpos, con Cinthia buscamos cada chorro que recibimos para llevarlos a nuestra boca y no dejar que nada se pierda.
Cayó a nuestro lado sudado, exhausto pero satisfecho de haber tenido a dos maduras deseosas deseosas de él. No hubo tiempo de ducharnos porque el sueño nos invadió. La mañana del miércoles despertamos los tres en la cama, Cinthia se vistió y se fue deseosa de repetir la escena, yo me duché y antes de salir le dije a mi hijo: "La puerta de mi cuarto siempre estará abierta y te estaré esperando para que hagas conmigo lo que quieras". Así fue desde esa noche, lo esperaba desnuda sobre la cama para que se sirviera de mi cuerpo a su antojo y Cinthia cada martes estaba en casa para recibir ese perverso placer del que disfrutamos.
Pasiones Prohibidas ®

Uffff 🔥🔥🔥🔥 que caliente...
ResponderBorrarIntenso placer en letras
Seguir cada línea es dejarse llevar por la imaginación Lujuriosa exquisita sensaciones
Que invaden cada rincón de mi cuerpo aflorando excitación en mi entrepierna con mis jugos tibios de puta caliente
Delicioso relato Mí Perverso
🔥🔥🔥💦💦
ResponderBorrarCaliente y exquisito relato, gracias por despertar las sensaciones Mr. P
ResponderBorrarQue ricoo 🔥😈😍
ResponderBorrarUff intenso relato lleno de pasión,lujuria en donde sale los instintos de perra en celo gracias por este relato Caballero como siempre fantastico
ResponderBorrarSus relatos son muy exitantes, hacen que las fantasías y la lujuria aflore, las mujeres soñamos y a través de sus historias muchas cosas nuevas, Dan pie para ser explorada, gracias
ResponderBorrarWoooowww que excitante muy detallado y sobre todo el pecado... que rico!!
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