Los días en casa de mi hermano han sido maravillosos. Esos jugueteos perversos con mis sobrinos cada vez se volvieron más intensos. No había momento que no que no estuviéramos cogiendo, me encantaba ese ímpetu salvaje que tenían a la hora de tomarme para saciar su sed de lujuria. Debía andar sin bragas, porque si no eran los dos era uno que quisiera usar a su "tía puta", apodo que ellos me pusieron, me gustaba que me lo dijeran, me hacía mojar de manera morbosa y perversa escucharlos.
Es viernes por la tarde, estoy lista para ir a dar una vuelta a la playa y tomar sol, relajarme. Andrés había salido con Maribel de compras y Mauricio salió con sus amigos, estábamos solo Antonio y yo. En eso Antonio me dice: "¿Dónde vas tía puta?". "A la playa un rato cariño" –le respondo. "Oh genial, ponte algo que haga lucir puta" –me dice. "¿En serio cariño? ¿Quieres que otros hombres me miren?" –le pregunto. "Claro, que sí, las putitas están para mirarse y disfrutarlas" –me contesta. "Bueno, cariño" –le dije. Me puse un diminuto bikini que apenas me cubría las nalgas y en la parte superior con suerte tapaba en algo mis tetas. Salí a la playa como mi sobrino quería que fuera. Puse la toalla en la arena y me tiré a disfrutar del sol un par de horas. Cómo dijo mi sobrino, apenas algunos notaron que estaba se me quedaron viendo con cara de babosos, lobos hambrientos que me devoraban con la mirada. Me sentí caliente de inmediato, mi conchita se acostumbró a estar mojada siempre y a ser cogida. Tomé el bloqueador solar y empecé a echarme en los brazos, las piernas, el vientre, en los senos; mis pezones reaccionaron al instante, se habían puesto sensibles por tanto estímulo a diario. Un hombre de unos treinta y cinco años me observaba con detenimiento, acomodaba su verga bajo el bañador sin ningún disimulo. En sus ojos se notaban las ganas de cogerme y mi vagina reaccionaba ante esas miradas libidinosas empapándose y palpitando. Se acercó y con tono amable me dijo: "¿Te ayudo con el bloqueador?". "Claro, muchas gracias. Eres muy amable" –le dije. En realidad no necesitaba ayuda, solo quería sentir como sus manos se deslizan por mi piel. Untó crema en sus manos y la esparció por mi espalda. Sus manos se sienten grandes y poderosas ante mi diminuta espalda, intento contener un gemido pero mi sucia entrepierna no se contiene a la hora de humedecerse.
Cuando sus manos bajan hasta mi cintura un pequeño gemido se arrancó de mis labios. ¡Mierda, había quedado en evidencia! Espero que no lo haya notado pero estaba equivocada si sé dió cuenta entonces sus manos pasaron de mi cintura a mi vientre y las comenzó a subir pasando por mis senos sintiendo la dureza de mis pezones. "¿Qué haces?" –le pregunté. No dijo nada, solo siguió estimulando mis tetas y atrapó mis pezones con sus dedos. "¡Oh, por favor! ¡Detente! ¡No sigas!" –le decía. Pero él no escuchaba. Sentí su tibia respiración cerca de mi nuca, me estremecí por completo, cerraba los ojos y disfrutaba de sus insolentes caricias en mis tetas que se habían rendido a esas fuertes manos. "Luisa, ¡qué puta resultaste ser! O ¿tus sobrinos te hicieron descubrirlo?" –pensaba en mis adentros. En eso sus labios se poseron en mi cuello y me besaba despacio, respiraba agitada, la situación se volvía candente, mis ojos estaban cerrados disfrutando. Aunque me daba algo de vergüenza que alguien viera el espectáculo, no niego que me parecía excitante pero es una playa en dónde hay niños pequeños que pueden ver. "¡Detente, no sigas!" –le decía. Entonces me dijo: "Me pides que pare pero tú cuerpo da las señales equivocadas". Apretó mis pezones con fuerza, me hizo estremecer y ya mi cordura o la poca que tenía se fue al carajo. Volteo mi cabeza y buscaba su boca hasta que al fin la encontré y nos dimos un beso apasionado.
Sus manos no dejaban de acariciarme, ya era demasiado para mí. "No quiero saber tu nombre, ni de dónde eres, tampoco quiero que nos veamos después. Ahora solo quiero que me cojas" –le dije. Ante tal invitación nadie podía negarse. Me dijo: "Está bien, vamos". Fuimos a su auto, no pude esperar. Apenas empezó la marcha me empecé a masturbar en el asiento. "¡Ah, sí. Mierda, que rico!" –decia ya presa de mis instintos. Él solo observaba de reojo, nos fuimos a un motel que está cerca de la ciudad y al entrar a la habitación no hice más que abalanzarme sobre él y bajar su bañador, su verga estaba erecta y lista para darme ese placer que mi vagina solicitaba. Me arrodillé, lo masturbé suave y con mi lengua envolví su glande, después la metí en mi boca de a poco, quería saborear su verga pero él no estaba para preámbulos. Tomó mi cabeza y la hundió entre su ingle haciendo que su miembro llegara a mi garganta, sin compasión empezó a follarme la boca, me hacía babear de tan profundo que la metía, estaba encantada. Me gustaba esa manera violenta de poseerme. Cuando al fin me liberó de sus salvajes movimientos, me llevó a la cama y me quitó el bikini, quedé desnuda y expuesta para que me tomara. Separé mis piernas y entendió el mensaje, sin decirle nada se posó con su boca en mi sexo que ardia de pasión y destilaba lujuria.
El recorrido de su lengua perversa me hace gemir sin control, masajeo mis tetas y aprieto mis pezones, un escalofrío me recorrió por completo, me hace temblar por el placer; cierro mis ojos y gimo con la boca abierta, mi respiración cada vez se agita más. "¡Eso, que rico! ¡No te detengas, sigue!" –le decía entre gemidos. El desconocido me llevaba a pasos agigantados para alcanzar el orgasmo, mis ojos se cerraban mientras caminaba al placer. "¡Así, hermoso, sigue!" –le decís hasta que al fin mi vagina explotó en ese perfecto orgasmo. Dejándome exhausta y jadeante. "Veamos que tienes para ofrecer" –dice mientras me voltea y me coloca en cuatro. Desliza su miembro por mi vagina, estaba jadeante y excitado pero se tomaba el tiempo de jugar con mis demonios y llevarme al éxtasis, casi haciéndome perder la cabeza, pedirle efusivamente que me penetre hasta hacerme caer rendida. Él reía, parecía disfrutar de mis súplicas, sin duda es un perverso verdugo que castiga mis emociones y mis deseos. Por un momento se detiene y cuando menos lo espero. Mete su miembro en mi chorreante vagina, haciendo que me estremezca de placer, sus movimientos fuertes y bruscos son tan excitantes que me hacen jadear incesantemente, la fuerza con la que tomaba mis caderas para embestirme me llevaban al borde de uno de los círculos del infierno. Él bufaba y yo pedía que me lo hiciera con más fuerza. El desconocido cada vez aumentaba sus movimientos, provocando que su pelvis chocara con fuerzas en mi cuerpo y que éste reaccionara con temblores involuntarios. Entre más intensos eras sus movimientos, más intensos eran mis gemidos.
De pronto, sin previo aviso me dió unas nalgada que me hizo estremecer, fue como si un corriente de dopamina me invadiera y me generara un inmenso placer. "¡Hazlo otra vez!" –le dije. Lo hizo sin parar sus movimientos, la sensación fue tan única que acabé de tiraba con el torso en la cama y mis caderas en alto. Mi respiración era tan inconstante que sentía que me estaba muriendo bajo las manos de aquel hombre. Otra vez acabé en un extenso orgasmo, cuando siento que su miembro explota en mi interior y descarga su semen en las entrañas. Me incorporo con mis pocas fuerzas y le engullo su sexo para no dejar ni un solo residuo de su semen. Lo quería saborear todo y dejar que me escurriera por las piernas.
Al terminar, me coloco un shorts y una polera, salimos en dirección a la misma playa donde nos encontramos y cada quien siguió su camino tal como se había acordado antes. Sin arrepentimientos de mis acciones me dirigí a casa, habían pasado algunas horas, estaba exhausta y quería darme una ducha antes de comer algo. Subí al baño, no había ruidos en la casa. Quizá habrán salido, es viernes por la tarde. Me di la ducha tranquilamente, no estaba Andrés ni Antonio para inquietar mis hormonas, sentía que mis nalgas ardían al contacto del agua después de estar con ese desconocido. Era una sensación rara, me excitó tanto que me nalguera, que solo recordarlo ya pone a arder mi vagina. No sabía dónde estaban mis "amantes traviesos", así que decidí darme placer un rato en la ducha. Sentir el chorro tibio del agua cayendo en mi cuerpo y el deslizar mis manos era una sensación que me estremecía, creo que mis hormonas están tan exacerbadas que cualquier estímulo es un detonante para calentarme, ya que desde que estoy aquí mis sobrinos no han parado de cogerme, salvo ahora que me encuentro en la ducha jugando conmigo misma. Después de terminar de "darme amor" me fui a mi cuarto, me vestí y me dirigí a la cocina. Iba pasando por fuera del dormitorio principal, y sentí como la cama sonaba y unos gemidos un tanto mordidos. No le di mucha importancia, pero después de un rato me ganó la curiosidad, quería ver qué tipo de acción había en la habitación de mi hermano. Abrí la puerta despacio, lo que vieron mis ojos era sin duda un espectáculo digno de cualquier película triple x que nunca llegué a pensar que podría presenciar. Maribel estaba tendida en la cama desnuda con las piernas separadas y Andrés invadiendo su sexo con la lengua, y Antonio hacia lo propio haciendo que su madre se la chupara; había resultado cierto lo que respondieron cuando les pregunté si lo que hacían conmigo lo hacían también a su madre.
Podría hacerme ido y dejar que las cosas entre los tres siguieran su curso pero mi curiosidad y excitación eran más grandes, seguí agazapada en la puerta mirando lo que pasaba sin perder detalle. A medida que los observaba el calor en mi entrepierna aumentaba, sentía ese cosquilleo intenso que me llevaba a humedecer por completo. "Luisa si qué eres puta" –me decía en mis adentros tratando de refrenar inútilmente mis ideas. La calentura hacia estragos en mi cuerpo, sin darme cuenta me estaba masturbando viendo esa perversa escena. Tocó el cambio de posición y ahora era Andrés que disfrutaba de una mamada de su progenitora, mientras Antonio se aferraba a las caderas de Maribel para embestirla con fuerza. Luchaba para no gemir mientras los dedos de perdían en el interior de mi sexo. Mordía mis labios para no ser escuchaba y no causar un revuelo innecesario entre aquella madre afectuosa y sus hijos perversos. En mis adentros pienso: "¿Cómo llegaron a eso?". Por un momento se detiene Antonio en su frenética penetración, Maribel se coloca en cuatro y le cede el puesto a Andrés para que disfrute de su madre, él se coloca frente a ella y mete su exquisita verga en la boca de ella, quien se pone a chuparla como una poseída. Andrés apunta certeramente entre las nalgas de Maribel y hunde su miembro en ese pomposo culo. Mi cuñada gemía entre cada mamada que le daba a Antonio, mientras las manos de Andrés se apoderan de sus sensuales caderas. Con embestidas violentas le daba hasta hacer chocar sus testículos en su entrepierna. Ya tenía tres dedos dentro de mi vagina, no sabía si concentrarme en lo que estaba viendo o en masturbarme para acabar pronto, solo sé qué en cada momento caminaba más aprisa hacia el orgasmo.
Mi frenética lucha seguía, contenía mis gemidos pero mi vagina se resistía a seguir luchando y se quería entregar por completo a sentir una de esas jóvenes e impetuosas vergas que ya había tenido y compartir ese placer del que era objeto Maribel. Acariciaba con una mano mis tetas y con la otra hundía mis dedos en mi vagina palpitante, ya no cabía en mi de tanto placer; así que tomé la decisión más pensada en lo que va de mi vida. Entré silenciosamente para no crear un sobresalto y romper de golpe la escena, acaricié la espalda de Andrés con suavidad pero él pareció no inmutarse, era como si supiera que había estado observando, tampoco Antonio se sorprendió de verme, solo esbozó una sonrisa traviesa. Besé tiernamente a Andrés en los labios mientras seguía taladrando el culo de su madre. Maribel notó la sonrisa de Antonio y quitó la verga de su boca para ver porque su retoño sonreía, entonces al verme de un golpe se liberó de la verga de Andrés. "Tranquila cuñada, tu secreto está a salvo conmigo" –le dije. Oir mis palabras le trajo algo de alivio, trataba de explicar lo que no tenía explicación pero Andrés la volvió a penetrar esta vez separando sus piernas con fuerza mientras le decía: "No vengas a hacerte la santa ahora, si te gusta que te cojamos con mi hermano. Además, la tía Luisa es nuestra tía puta". Colocó las piernas de Maribel en sus hombros y empezó a darle tan fuerte que se escuchaba el golpeteo de sus cuerpos. "¡Oh, Dios mío! No respetaron ni a su tía" –dijo ella. Antonio me besó y me acercó a la boca de su madre, entendimos lo que quería, quería que nos besaramos. Entonces metí mi lengua en la boca de mi cuñada, ella no se resistió y yo mucho menos lo haría, mi excitación era tan fuerte como la de ella, así que muestras lenguas danzaban en un frenético movimiento de lujuria y lascivia que nos hacía cómplices de tan riquísimo pecado.
Me desnudé para ser parte de la escena y dejar que mis sobrinos me usaran a su antojo. Me tumbé al lado de Maribel y Antonio se acercó para darme lo que mi cuerpo pedía. Al sentir esa verga exquisita entrar solo abrí mi boca y dije: "¡Oh, que rico!". Las embestidas de mi sobrino eran brutales, me encantaba esa fuerza desmedida que usaba para hacerme sentir tan puta como su madre. Ambas disfrutábamos de aquellas jóvenes vergas, con una mano acariciaba las tetas de mi cuñada y mi mano libre se apoyaba en el respaldo de la cama. Sentía que me estaba ahogando con la verga de Antonio pero alucinaba al sentirme usada por él. Andrés seguía taladrando la vagina de Maribel quien gemía descontrolada por esa dulce agresividad del muchacho.
Antonio hizo que me subiera sobre Maribel con las piernas abiertas, dejando así mi culo a su perversa disposición, mientras Andrés alternaba dándonos verga en la boca a las dos. Sentí como mis nalgas eran separadas y metió su glande haciéndome gritar de placer, la hundió completa en mi culo y mi cuerpo tembló, el dolor y el placer fue acallado por la verga de Andrés quien me la dió para que se la chupara. "¿Dónde habrán aprendido a follar tan perversamente estos muchachos?" –pensaba mientras mi culo era taladrado sin ninguna piedad. Era tan delicioso ser usada para calmar el ímpetu sexual e incestuoso de mis sobrinos que no podía negarme a nada, solo me dejaba disfrutar de este momento mientras duraran mis vacaciones y vaya que lo estaba pasando bien. Luego fue el turno de Andrés para jugar con mi culo y también sin ninguna compasión me ensartó si verga en el culo ya estaba presa de la lujuria y no me resistí cuando el orgasmo llegó que caí exhausta en el pecho de Maribel, quien me besó con candente deseo para hacerme revivir las fuerzas. Porque al igual que yo sabía que esto no tendría un pronto final.
Después que nos dejaron a ambas sin fuerzas Andrés dijo: "Ahora es el turno de ustedes de darse placer". Malditos muchachos, querían ver cómo cogíamos su madre y yo. Con Maribel nos miramos con perversión y ninguna puso resistencia ante esa petición. "Sí que les has enseñado bien" –le dije con una sonrisa. Ella me dijo: "Solo aprendieron un poco conmigo, el resto creo que ya lo sabían de antes". Sin decir más nos besamos y nos acariciamos de la manera más indecente, recorríamos nuestros cuerpos hasta que cruzamos nuestras piernas y frotamos nuestras vaginas con locura, nuestros gemidos perturban la paz de quien pudiera oírlos, sumado al chapoteo de nuestra humedad, le daba un toque más perverso al ambiente. Antonio y Andrés se masturban de pie en la cama viéndonos. Después con mi cuñada hicimos para su deleite un 69 que los dejó con la boca abierta, ver la habilidad de ambas con nuestras lenguas deslizándose por nuestros ardientes sexos. Maribel hurga en mi interior con su lengua, mientras yo estímulo su clítoris hinchado. Ya sin contenernos caímos en un exquisito y simultáneo orgasmo que nos dejó una perversa sensación de placer. Nos quedamos viendo a nuestros jóvenes amantes como se masturban, queríamos recibir su semen y saciar esa sed por aquellos espesos fluidos. Nos pusimos de rodillas esperando a que acabaran y nos premiaran por ser buenas putas.
Sus bramidos de machos en celo eran un deleite para nuestros oídos, jadeantes y llenos de vigor acabaron a la vez dejando nuestros rostros llenos de su esperma tibio y viscoso. Nos volvimos a besar para así tener el placer de degustar los fluidos de ambos. Después chupamos sus vergas para dejarlas limpias, sin una gota de semen. Cuando ya todo se calmó me fui a dar una ducha y pensaba en lo bien que se lo pasaba Maribel con sus hijos cuando mi hermano no estaba y me puso caliente imaginar cómo llegaron al incesto.
Me vestí con un short que apenas me tapaba las nalgas y una blusa que amarré para que se viera mi ombligo, sin bragas ni sujetador. Fui a la cocina y me serví un vaso de jugo, necesitaba aplacar el calor que me había dejado la cogida con los dos machos. A los poco minutos llegó mi cuñada y me dijo que no le contara a mi hermano. Le dije: "Querida, si le dijera algo también tendría que decirle que cogieron conmigo y sé que nos traería problema a ambas". No perdí oportunidad y le pregunté: "¿Cómo llegaron a esto?". Me respondió: "Culpa de la Pandemia Luisa". "¿Cómo así?" –volví a preguntar. "Pasa que cuando el confinamiento empezó, Mauricio estaba en otra región por temas de trabajo, no podía retornar a casa debido a las restricciones que habían y como entenderás, una tiene sus necesidades" –me dijo. "Claro, entiendo, a todos en cierta forma nos cambió la vida con este asunto" –le dije. Los chicos y yo estábamos en el departamento en Santiago. Casi sin poder salir, tú sabes. Intentamos con Mauricio tener encendida la llama por videollamadas pero me hacía falta su calor, su olor, su hombría" –me cuenta. La miraba con detenimiento y no me perdía detalles, aunque era un tanto difícil no querer besarla porque si que sabe hacerlo bien. Siguió: "Una noche estaba en la habitación intentando calmar mis ansias, me estaba masturbando, incluso a punto de llegar al orgasmo cuando veo a los chicos parados en la puerta. Mi sorpresa fue grande y les pregunté cuánto tiempo llevaban parados ahí y Antonio dijo que el suficiente. Entonces entendí que habían estado por largo rato mirándome, eso me puso más caliente de lo que ya estaba y les dije que se acercaran para que pudieran ver mejor". "¡Mierda! ¿No me digas que se acercaron?" –pregunté. "Si, estaban fascinados viendo cómo me masturbaba ahora para ellos. Me sentía, a ver, no sé cómo describirlo de una manera no vulgar pero me sentía puta por lo que estaba haciendo y encima involucrando a mis hijos" –me dijo. Intentaba no calentarme escuchándola pero se me hacía tan excitante saber cómo empezó el sexo entre ellos. Continuó: "No sé qué me pasó en ese momento pero les dije que me tocaran mientras yo seguía con mi clítoris, ellos lo hicieron al instante como si estuvieran esperando a que los invitara. Masajeaban mis tetas, les dije que las apretaran y que retorcieran mis pezones, sentí que el infierno ardía en mi vagina Luisa, era como si un torrente de placer me invadiera y me hiciera querer más. Entonces dejé de tocarme y llevé la mano de Antonio a mi vagina, le dije como debía tocarme y aprendió enseguida. A Andrés le dije que siguiera con mis tetas y ya con mis manos libres pude palpar las erecciones que tenían, fue tan excitante que mis manos no se despegaron de sus miembros". "¿Tuvo que ser exquisito la primera vez que los sentiste?" –le pregunté. "No te miento que sí, tanto que no pude resistirme a bajar sus bóxers y masturbarlos a la vez. La lujuria seguía siendo un juego peligroso, ya que Andrés dejó de apretar mis tetas para chuparlas y Antonio por la curiosidad metió sus dedos en mi vagina, fue cuando ya no pude más y empecé a chupar sus vergas, que crecían en mi boca. Bueno, ya sabes el resto de la historia" –me respondió.
Mi short estaba empapado imaginando cada detalle y mis pezones erectos. Se notaba que Maribel también estaba excitada tanto como yo y no la culpo ya que dicen que recordar es vivir. Ya con la "confianza" que teníamos no hice más que deslizar mi mano a mi vagina e impregnar los dedos de mis jugos y le dije: "Así me tienes" –mostrándole. Ella sonrió y los lamió, chupó mis dedos y acaricié su rostro con mi otra mano. "¡Te ves tan sensual!" –le dije. Ella solo siguió chupando mis dedos, cuando estuvieron solo con su saliva volví a meter mi mano para dale más, los que ella probó gustosa. "Los chicos salieron, tenemos tiempo para nosotras" –me dijo.
Nos fuimos a su cuarto como dos niñas traviesas, nos besamos y nos desnudamos lentamente disfrutando de nuestros cuerpos hambrientos por reencontrarse, recorrí lentamente cada espacio de piel, mi lujuria crecía al ver cómo se retorcía cada vez que mis dedos pasaban por sus muslos, gemía y me decía: "Jamás pensé que pasaría algo así entre nosotras". "Yo tampoco lo pensé nunca pero me encanta saber que te provoco y que ahora podemos disfrutarnos" –le dije. "¡Oh, Luisa eres exquisita!" –decía al pasar sus manos por mis tetas. Me sorprende la facilidad que tenemos para tocarnos, esa conexión morbosa que siempre se da, pero entre nosotras era algo perfecto. Nos besamos con tanta lujuria que ambas nos derretimos de placer. Se subió encima de mí y empezó a besar mi cuello y a bajar por mi pecho. Su lengua dió un largo paseo por mis tetas, haciendo que mis pezones casi revienten de la excitación. "¡Oh, Maribel, que rico se siente!". Lentamente bajó por mi abdomen abusando con su lengua de mi ombligo, solo cierro mis ojos y me refuerzo, es tan placentero sentirla hasta que se decidió llegar a mi concha que la esperaba, ya tenía mis piernas separadas, se acomodó en ese espacio y comenzó a recorrer mi vulva, mis labios hinchados se separaban abriéndole el camino a su candente lengua. Estaba hirviendo de placer. Presa de la locura de estar entregada a esa sensación de ser la amante de la esposa de mi hermano y la puta de sus hijos. Me entregué por completo al placer de sentir esa maravillosa lengua recorriendo mi sexo, arqueaba la espalda, abría la boca y gemía como una poseida.
Ya estaba al borde del orgasmo cuando se detuvo. Quedé temblando y con agonía al no saber que había pasado. "Tranquila Luisa, te dije que estábamos solas. Espérame aquí pero no te masturbes" –me dijo. ¡Mierda! Quiero hacerlo pero cualquier roce me hará caer en el precipicio del orgasmo. ¿Qué tiene en mente? La curiosidad no era una buena aliada. No tardó mucho tiempo en volver, volvió con las manos en la espalda como ocultando algo. "Cierra los ojos" –me dijo. Cómo una niña cerré y apreté los ojos. Sentí que algo grueso invadía mi vagina, tan grueso que me dolía un poco hasta que ese dolor se fue transformando en placer. Lo metió despacio, para que mi concha se amoldara. Cuando me dijo que abriera los ojos tenía metida la mitad de pepino gigante. "¡Oh, eres una pervertida Maribel!" –le dije. "Los chicos no están y no tenemos una verga con que entretenernos, así que hay que buscar alternativas cuñada" –me dijo. Sin duda no solo es pervertida sino tan puta como yo y eso me fascina. Empezó a meterlo y sacarlo suave, me tenía delirando de placer; estaba tan caliente que le dije que lo hiciera rápido. Muy obediente empezó con un meneo frenético que ya casi entraba por completo, sentía que me llegaba al útero, mi conchita se expandía dando más cabida a semejante bestia que me estaba invadiendo. Fueron unos minutos tan intensos de placer que acabé deliciosamente.
Ella rió de manera perversa al ver mi rostro lleno de placer y mi frente sudada. "Ahora no te salvas" –le dije. La tomé y la puse boca abajo, levanté sus caderas dejándola en cuatro, mi lengua invadió su lengua y su culo. Escucharla gemir era tan exquisito, seguí con el frenesí de invadir su vagina y ese apretado agujero que se mojaba con mi saliva. Le metí los dedos en sus dos agujeros, lo que hizo que se estremeciera por completo. Luego segui con un dedo, luego dos y después tres en su culo, fue lo que más se abrió. Maribel estaba catatonica al sentir su culo invadido, sus movimientos se volvieron bruscos pero sensuales, su respiración se agitó mucho más, me decía: "¡Me gusta, sigue!". Yo aumentaba el ritmo mientras seguía con mi otra mano masajeando su clítoris, sabía que estaba al borde del orgasmo y yo estaba igual de caliente que ella viendo como se retorcía de placer. "¡Cuñadita, te ves tan sexy gimiendo y retorciéndote! ¡Me provocas demasiado!" –le decía. Maribel intentaba decir algo pero las palabras no le salían, solo balbucea y gime de placer.
Dejé de usar mis dedos y tomé el pepino para meterlo en su vagina, se veía tan perverso entrando, ver cómo se abría paso en su cavidad era excitante, pero más lo era la forma en que ella daba alaridos de placer, verdaderos gritos ensordecedores de como le gustaba ser invadida por aquella fruta que estaba dispuesta para el placer de ambas. "¡Ay, Dios Santo! ¡Se siente tan rico!" –gritaba. Empecé a moverlo y a jugar otra vez con mis dedos en su culo. Se intentaba mover siguiendo el movimiento del pepino. La escena era digna de una película porno y nosotras éramos las protagonistas, entre sus alaridos y gemidos cayó desplomada sobre la cama, solo gemía y mordía las sábanas; la muy puta había acabado de manera precipitada y experimentando ese placer tan deleitable que la dejó sin fuerzas. Me acosté a su lado y acaricié su rostro, estaba tan sudada y agitada que me fue imposible no tomarla y abrazarla con fuerzas para que supiera que estaba ahí para contenerla. Nos besamos y nos metimos a la ducha, seguimos con esos lujuriosos juegos llenos de pasión mientras nos quitamos el sudor del cuerpo y nos vestimos para quedarnos en la sala como si nada.
Pocos minutos llegó Mauricio con los chicos que se los había encontrado en el camino. Aunque Antonio y Andrés no estaban, sabían que habíamos estado jugando en su ausencia, ya que en sus miradas se veía que estaban al tanto de lo que habíamos hecho. Nos sentamos a cenar, cuando sonó mi teléfono, era Joaquín, mi hijo para decirme que mañana a mediodía llegaba a casa de Mauricio. Un rico cosquilleo se sintió en mi entrepierna y mi mente voló a esa llamada telefónica anterior, y en ese mundo de posibilidades que existía para disfrutar de lo que quedaba de vacaciones.
Pasiones Prohibidas ®

Uff Mí Señor.... Bien sabes cómo hacer que arda el infierno en mi vagina... Y necesitarte en este instante luego de seguir cada una de tus letras
ResponderBorrarQue deliciosa lectura Mí Perverso
Que ricas travesuras
Me encantan estas dos entregas de esta historia
Dejarse llevar por el deseo es tan delicioso 🔥😈😈
👏👏👏🔥🔥🔥🔥🔥 Solo espero otra entrega de esta historia, excelente caballero
ResponderBorrarUfff que delicioso placer que se le.da al cuerpo cuando hay quien le de placer al cuerpo y hacerle gemir como perra en celo...
ResponderBorrarIncleible relato como siempre Caballero
Que rico... haces que las letras despierten sensaciones muy calientes.. ahora hay que ponerle remedio porque despertaste mi lujuria.. gracias por compartir Mr.P
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