Hace poco me separé y debía encontrar un lugar donde irme, me fui unos días en la casa de mi madre y mi padrastro, obviamente no quería ser una molestia. Soy un hombre de casi cuarenta años, con un buen trabajo que no está dispuesto a abusar de la buena voluntad de mi madre, por lo que la estadía duraría poco. Buscando en internet dí con un lugar que llamó mi atención, era céntrico, cercano a mi trabajo, por lo que la ubicación era fenomenal. Llamé al número de contacto y me contestó una mujer con un tono de voz alucinante. "Buenos días, llamo por el aviso de arriendo" –dije. "Buenos días, soy Ruth Zamorano, la corredora de propiedades. ¿Le interesa?" –respondió. "Claro que sí Ruth. Perdona me llamo Felipe Araya. Obvio, si me interesa porque me acomoda la ubicación" –le dije. "Felipe, ¿tienes tiempo a eso de las tres de la tarde? En ese horario tengo una ventana de tiempo libre y podemos juntarnos para mostrarte el lugar" –me dijo ella. "No tengo problemas, la dirección está en el aviso y nos juntamos allá" –contesté. "Perfecto, entonces nos vemos a las tres de la tarde" –dijo. "No hay problema" –dije y terminé la conversación.
Son las 14:40 y llegué al lugar designado, le dije al conserje del edificio a lo que venía, me registró en el libro de visitas y me invitó a sentarme en el hall de espera, ya que Ruth no había llegado aún. Estaba sentado esperando que llegara cuando escuché el sonido inconfundible de unos tacones que venían corriendo, faltaban cinco minutos para las tres de la tarde. "Sra. Ruth, el caballero la espera" –dice el conserje. Se paró frente a mí y me puse de pie. Era una mujer de no más de cuarenta años, con una sonrisa que contagia y su cabello negro hasta los hombros, que contrasta perfectamente con el tono blanquecino de su piel. No estaba maquillada exageradamente pero el rojo en sus labios era incitante. Sin dejar de lado la exquisita fragancia de su perfume. Vestía un pantalón de tela negro, sus zapatos eran del mismo color y una blusa blanca, su generoso escote, aunque sin ser provocativo llamaba la atención pero sus nalgas se veían preciosas, se notaba que era una mujer que cuidaba su físico. Por un momento mi cabeza dió vueltas. "Mucho gusto Felipe, perdona por llegar casi justo en la hora pero había un taco enorme de Vicuña Mackenna y tuve que buscar alternativas para llegar" –dijo excusándose. "Mucho gusto Ruth, no tienes de que preocuparte" –le dije mientras estrechabamos nuestras manos. "¿Me acompañas?" –me dice. "Hasta la luna si quieres" –le dije riendo. "No es tan lejos, pero lo tendré en cuenta" –dijo con un tono divertido. Me gustaba su forma de hablar, porque a pesar una mujer de mediana edad sonaba como una adolescente. Entramos al ascensor y marcó el piso 3, abrió la puerta del departamento 303, entramos y me dice: "Te puedes dar cuenta que es espacioso, de concepto abierto. La cocina es encimera y funciona a gas natural. Tiene muebles flotantes. Si me sigues por acá te encontrarás con el cuarto de baño, con sus lavamanos de loza y cubierta de mármol, grifería de bronce, una amplia tina. Por aquí están los dormitorios, uno grande como principal y uno más pequeño en el que caben dos camas de una plaza. El principal tiene walking clóset. La vista desde aquí es perfecta, ya que el balcón no colinda con ningún edificio y puedes observar la ciudad de noche, poner una pequeña mesa y sillas para esas noches en que quieras relajarte y descansar lo puedas hacer tranquilamente". Vaya si sabe hacer su trabajo, tenía todo muy claro y eso me gustaba.
Hablamos del precio, la forma en que se debe pagar el arriendo y la fecha. Me dijo que eran $350.000 más el mes de garantía, las fechas de pago eran los fines de mes pero que tenía cinco días más para pagar porque el dueño igual entendía que no a todas las personas les depositan antes y que hay fechas variadas de pago en los trabajos. El pago es vía tranferencia a la cuenta de la empresa y ellos se hacen responsables de entregar el dinero al dueño, que por correo me llegaría dentro del mismo día del depósito el comprobante de pago. También le podía hacer llegar mis antecedentes al correo y que si estaba dispuesto podíamos ir a la notaría para hacer el contrato de arriendo mañana mismo. "Me interesa y el precio me acomoda. Así que sí, mañana firmamos. Hoy mismo te hago llegar la documentación y puedes traerme el comprobante impreso del pago mañana porque apenas firmemos hago la transferencia" –le dije. "Muy bien Felipe. ¿Mañana a qué hora tienes tiempo?" –preguntó. "Al mediodía estaría perfecto. Así pido el día libre y de paso almorzamos juntos" –dije. "Me parece fantástico. Entonces mañana nos vemos y te hago entrega de las llaves, el contrato y el reglamento del edificio. Algo importante nos juntamos acá ya que hay una notaría cerca para que podamos legalizar el contrato". Salimos del departamento y nos despedimos de un beso, no sé si fue osadía de mi parte o tal vez un error de cálculo pero el beso fue cerca de la comisura de sus labios.
Me fui a casa para guardar mi ropa y obviamente llamé a mi ex para informarle que el fin de semana pasaría un camión de mudanzas a buscar algunas cosas para el nuevo departamento. Dijo que no había inconveniente pero que le avisara a que hora. Le dije que no se preocupara, que lo coordinaría y le avisaba en el transcurso del día. Llamé a la empresa de mudanza y quedamos que irían el sábado a las tres de la tarde, ya que en la mañana no tenían camiones disponibles. Llamé a mi ex y le dije, aceptó sin mayor inconveniente.
Por alguna razón no podía sacarme de la cabeza a Ruth, será ese tono de niña en un cuerpo de una mujer ya hecha y derecha o serán sus atributos los que la hacen resaltar, pero esa mujer me dejó embobado. Me di una ducha y decidí salir a dar una vuelta, ir al mall a hacer compras para el departamento e intentar sacarme de la cabeza a Ruth. Me paré frente a la vitrina de una tienda de lencería y miraba los modelos exhibidos, imaginaba cuál de esos usaba y lo sensual que se vería luciéndolos. Con mi imaginación trabajando al 100% y ya realizadas las compras decidí ir a tomar algo para distraerme un rato. El lugar un bar en un Barrio Bohemio, The Jazz Corner. Me senté en la barra y pedí un Buchanan's de 18 años. Lentamente bebía mi trago y disfrutaba de la música en vivo, los acordes me parecían sublimes. Imaginaba estar cogiendo con Ruth al sonido tranquilo del Jazz, solo imaginar sus gemidos resonando en mi oído hacia que mi sangre hirviera. En ese momento pensé que un último whisky más, ya que mañana debía ser puntual. Llegó el vaso, lentamente lo bebi sin dejar de alucinar con tener a Ruth en mi cama para hacer todas esas cosas que estaba pensando. Son cerca de las diez de la noche y pido un Uber que me lleva hasta mi casa. Entré en silencio, ya que mi madre y su pareja dormían, bueno eso creía yo. Me fui a mi cuarto y me quité la ropa, tengo la costumbre de dormir desnudo, en ese momento siento movimientos en la habitación de al lado por primera vez desde que tengo uso de razón escuché a mi madre gemir. Tal vez no se dieron cuenta que había llegado pero me daba igual ya que quien soy para juzgar la sexualidad de personas mayores, mamá ronda los sesenta y cinco, su pareja creo que un par de años más. Me sorprende la efusividad de mi madre, incluso me divierte. Después de un rato los gemidos se hicieron más intensos. No podía conciliar el sueño ya que mi miembro por extrañas razones se puso duro por los gemidos de mi madre, reí, no podía ser posible que me estuviera calentando escucharla pero ahí estaba con la verga en mi mano y deleitándome en la forma en que gemía. Madito whisky y maldita Ruth que me ha traído caliente todo el día.
Entre más prestaba oído, más intenso se escuchaba, me masturbaba imaginando la forma en que mi padrastro la tenía puesta y ella disfrutando con cara de placer. "Estas cosas pasan cuando eres adolescente y no cuando ya eres adulto" –pensaba, pero se oía tan caliente la escena que no podia dejar de pensar en como se la estaban metiendo a mi madre. Movido por la curiosidad y por el morbo me levanté en silencio, no podía creerlo, la luz estaba encendida y la puerta abierta. Quizá de manera intencional o por algún descuido pero estar ahí ponía mi excitación al máximo, agazapado igual que un niño curioso miraba al interior de la habitación, ya que de cierta forma se me estaba invitando a ver. No podía dejar de masturbarme, estaba tan caliente viendo cómo mi padrastro se la cogía en cuatro en la cama. Sus tetas se mecían sobre las sábanas y su boca abierta jadeando sin duda me calentaba más de lo que debía.
Ya sé, pensarán ustedes que eso no está bien, qué debía respetar su intimidad y todas esas cosas moralistas, pero pongamos en contexto algo, ustedes están leyendo y si han seguido la lectura es porque quieren saber que pasa.
Seguí deleitándome con el espectáculo, sentía que mi verga exploraría en cualquier momento, acabando perversamente pero me detuve y esperé hasta que esa sensación se detuvo. Cuando mi verga se calmó pude continuar viendo semejante escena sexual. "¿Vas a quejarte ahí parado?" –dijo mi madre. Me quedé helado, sabían que los estaba observando y se quedaron callados. ¿Qué clase de personas eran? Mi mamá era de lo más pudorosa y ahora tan liberal en la parte sexual. No niego que si me calentó un montón que supieran que estaba ahí y que me estaba pajeando viendo cómo mi padrastro se cogía a mi madre pero también me dió un poco de vergüenza porque como les dije antes soy una persona que bordea los cuarenta y no un niño curioso. "¡Te hice una pregunta!" –exclama. Ya no daba más con la calentura, me acerqué y ella jugaba con mi miembro en su boca. No sabía que iba a ser tan rico, esa experiencia ganada con los años era sin duda alucinante. Estaba tan impactado cómo excitado. Mi padrastro seguía dándole tan duro que sentía como mi verga entraba más profundo con cada embestida qué él le daba. No sé si era el plan maquiavélico de una mente retorcida o solo algo que se dió en el momento, lo único que sabía que mi madre estaba en cuatro sobre la cama reciendo la verga de su hombre y con su boca comiéndose la verga de su hijo. Cada vez la forma en que me la chupaba se hacía más intensa, desantando espasmos que me recorrían por completo, intentaba engañar a mi mente haciéndole creer que era Ruth la que se comía mi verga pero era imposible, por más que trataba, era mi madre quien estaba haciendo tan delicioso trabajo.
Ya sin contenerme; acabé de manera profunda, ella solo se dedicó a dejar limpia mi verga sin ni una gota de semen. No pasó mucho rato cuando mi padrastro y mi madre acabaron también. Tenía miles de preguntas pero no quise decir nada, ya que en ese momento las palabras estaban de más. Me quedé un momento tendido en la cama para recuperar fuerzas y salí de la habitación, no con culpa ni vergüenza, si no porque si me quedaba me la iba a terminar cogiendo y ya con lo que habíamos hecho era demasiada la perversión para mí. Me recosté y me quedé dormido, literalmente como un bebé.
A la mañana siguiente me desperté temprano, me gusta ser puntual en las citas, así que a las nueve de la mañana ya estaba listo y desayunando. Bajó mi madre y mi padrastro, ella como si nada me dió un beso lleno de lujuria, quedé de una pieza. No me esperaba ese tipo de reacción, mucho menos temprano en la mañana. “¿Cómo estás querido?” –me preguntó. “No sé cómo responder a eso” –le respondí. “Hijo, quiero contarte algo. Desde hace tiempo con Darío teníamos la fantasía de incluir a alguien más en nuestros jueguitos y tú nos caíste del cielo” –me dijo. Yo abrí los ojos y quedé estupefacto con esa declaración. “¿Qué tengo que ver con sus jueguitos?” –le pregunto. En ese momento don Darío (mi padrastro) dice: “Decidimos que debías ser tú". No sé si sentirme halagado o no, pero si sé que fue una noche distinta, en que disfrute de un placer exquisito de dónde jamás pensé obtenerlo. Les dije: “Si bien es cierto que me gustó lo que pasó, también es cierto que yo estaba bebido y no tal vez al 100% de mis facultades, por lo que me dejé llevar por el morbo y la excitación pero. Bueno, les cuento que me voy, ya que conseguí un departamento y obviamente de este tema no volveremos a hablar”. Mi madre tenía otra cosa en mente y como regalo de despedida, desabrochó mi pantalón y se arrodilló frente a mi. Se metió mi miembro en la boca, mientras Darío observaba cómo si fuera muy común lo que estaba pasando, yo sé que ahora no estaba de excusa el alcohol o la calentura por Ruth. Ahora la causante era mi madre la que con sus labios había puesto tiesa mi verga. Se la comía como la noche anterior.
Se quitó la bata que la cubría estaba completamente desnuda, sin decir nada se montó en horcajadas sobre mí y metió mi verga en su tibia vagina, la que se deslizó por completo. Empezó con movimientos suaves, pausados, buscando que mi sexo de amolde al suyo. Hasta que empezó con un movimiento frenético, perverso y exquisito, sus gemidos eran algo sublime; me tomé de sus caderas y ella daba esos endiablados sentones que me tenían tan excitado que se me olvidó quien era. Disfrutaba de esos movimientos en mi miembro tanto como del movimiento de sus senos que subían y bajaban de forma tan excitante. Mis demonios habían despertado, así que la tomé y la llevé a la sala, hay sobre el sofá la puse en cuatro y se la metí con todo, quería escucharla gemir como anoche; me tomé con fuerzas de sus caderas y la embestía con fuerza, ella gemía, me dice: “¡No pares, quiero que seas mi macho este día!”. Era tan perverso saber lo que estaba haciendo y que estaba disfrutando de la misma forma en que disfruta el pecado. Ya con los demonios a flor de piel, le digo que voy a acabar pero no sé lo voy a sacar, quiero que sienta mi semen en sus entrañas. “¡Sí, tesoro dámelo!”. Las más bellas y pervertidas palabras que jamás le haya oído decir a mi madre. Seguí hasta que rogaba que acabars dentro, ya no podía aguantarse más, al borde del orgasmo me dice: “¡Dame tu semen, deja mi concha llena de ti!”. Solo unos minutos más y por fin me vacié en su interior, al sentir como mi verga se descargaba también tuvo un exquisito orgasmo.
“Ese fue mi regalo de despedida. Si no quieres hablar más del tema, lo entendemos pero no quería que te fueras sin que pudiéramos coger, ya que se volvió nuestra fantasía con Darío“ –me dijo. “Se me hace tarde, hablamos después” –le dije y salí. Intentando recomponer mis ideas, conduje, pensaba en lo ocurrido y en lo rico que la había pasado, pero no sabía si sería capaz de repetir la experiencia o ser “el amante autorizado” de mi madre. Ya con la cabeza enfocada en la cita con Ruth para firmar el contrato, llegué al edificio.
11:50 AM y la espero, no quise entrar, la esperé afuera, total tendríamos que salir igual a la notaría. Llegó como siempre corriendo, nos saludamos con un beso en la mejilla. Se veía tan bella, vestía un vestido claro, un par de dedos sobre las rodillas, medias color piel y su cabello suelto. Sus labios delicadamente pintados y con esa voz de niña me dice: “Ya está todo listo. ¿Nos vamos?”. “¡Claro que sí!“ –le respondí. Caminamos un par de calles y llegamos a la Notaría, no había tanta gente pero igual cada persona que estaba haciendo trámites se tomaba su tiempo. Mientras esperamos charlamos amenamente, me contó que estaba separada, tenía un hijo que se había ido a vivir con su padre. También me contó que junto a una amiga habían creado la empresa y que les iba bien por la seriedad en que se tomaban cada proyecto. Estaba embobado oyéndola, esa voz de niña por alguna razón me calentaba demasiado, imaginarla gemir con esa voz era un detalle perverso.
Al fin nuestro número en el tablero, pasamos al mesón y legalizamos el contrato. Hecho esto, realicé la tranferencia para el pago del mes de arriendo y del mes de garantía. Me entregó las llaves y salimos de la notaría. Le recordé que íbamos a almorzar juntos, me dijo que no lo había olvidado. Le dije que fuéramos en mi auto, ya que era mi invitada y la llevaría a un lugar que me a mí me gustaba mucho. "Sorprendeme, Felipe” –me dijo. Emprendimos el rumbo al Fora Bar Bistró, en Providencia. Comimos exquisito, una buena botella de vino nos acompañó, yo no veía la hora de quitarle ese vestido y hacer con ella de todo para quitarme esas ganas enfermizas. “He notado que no dejas de mirar mis labios Felipe" –dijo con una sonrisa dibujada. “Es difícil no mirarte Ruth. De todas formas, si te hace sentir incómoda dime y no lo hago más” –le dije. “¡Ay tontito! No lo digo por nada malo, es que no estoy acostumbrada a que me vean y mucho menos que me digan que es difícil no mirarme” –me dijo. “Pues, a mí me parece raro que hayan hombres que no noten tu belleza” –le dije en tono serio. “¡Me sonrojas!” –dijo. “No deberías, solo digo la verdad” –le contesté. Le dimos el último sorbo a la copa de vino y nos fuimos al estacionamiento. La dejé que caminara adelante, mientras iba mirando como esas exquisitas caderas se menean en cada paso. Le abrí la puerta como un caballero pero no subió, me miró y dijo: “¡Gracias por ser tan lindo conmigo!”. “Mereces mucho más que eso Ruth” –le dije.
Nos subimos al auto y fuimos al edificio donde está mi departamento recién rentado. Me acompañó para que hiciera algunas cosas, como medir los marcos de las puertas para saber si los muebles entrarían o era necesario quitar todo. Ella anotaba las medidas que le iba dando, mientras nos reíamos de lo chistoso que sería que los muebles no entrarán. Al fin terminé y me entregó el papelito con las notas. “¡Quiero venir a ver cuándo te mudes si es que los muebles entran!” –me dijo riendo. “Puedes venir cuando quieras” –le dije con un tono sugerente. Me miró, mordió su labio inferior y puso ojos de niña traviesa. “¡Ay Felipe, las cosas que dices!” –exclamó. “No dije nada malo o ¿sí?” –le pregunté. “No, nada. Al contrario, me gusta la idea de seguir viéndonos" –dice ella con esa voz de niña. “¿Ah sí?” –le pregunté acercándome a ella. “¡Sí, me encantaría! Además, me tomarás como una tonta pero desde ayer que no he podido dejar de pensar en tí” –respondió. “Bueno, entonces estamos en igual condición, ya que tampoco he podido sacarte de mi mente. Eres una mujer sensual y me gusta” –le dije apoyando mis manos en la pared. “¡Ay, Felipe!” –exclama. Ese era el momento preciso. La besé en los labios de manera suave, ella suspiró. Al sentir que mi lengua se paseó por sus labios abrió la boca y nos besamos con lujuria. Su respiración estaba agitada, tanto como la mía.
Mis manos comenzaron a bajar por su cuerpo, a sentir ese riquísimo cuerpo que se encendía con el roce de mis manos. Levanté su vestido y tenía las bragas mojadas. Pasé mi mano sintiendo la humedad en su ropa interior, ella separó las piernas para dejarme mejor acceso a su entrepierna. Hice a un lado su tanga y, sentí su vagina depilada y mojada; la invadí con los dedos. Estaba apretada, ya que hace tiempo no cogía, lo que no fue problema, despacio empecé a meter uno de mis dedos, hasta que su vagina se dilató por completo y comencé a penetrarla con locura. “¡Ay, así, oh, dame!” –decía. Me hablaba con esa voz de niña, oyéndose literalme como una. “¡Ay papito, me tienes tan caliente! ¡Soy una niña caliente papi!” –gemía. Estaba encantado y caliente, era como si estuviera con una pequeña niña. Besaba su cuello y con mi otra mano masajes a sus tetas. Tan caliente estaba que la hice girar, dejando sus pechos y su cara contra la pared, bajé el cierre de su vestido y quedó solo en ropa interior. Se veía tan exquisita que mi verga ya rompía mi pantalón. “¡Esta nenita perversa de arregló para ti papi!” –me decía. Pegaba mi erección a sus nalgas y ella se movía tan sensual y reía, le quité el brasier y las bragas, la tenía desnuda ante mis ojos que la miraban con lujuria. “¿A mí papito le gusta mirar a su nena?” –me decía, ya no podía más con mi calentura. “¡Si Ruth, me encanta mirarte!” –le respondí.
Ella ahora, me desnudó y se puso en cuclillas para chupar mi miembro. La manera perversa en qué lo hacía era un verdadero deleite. Lo trataba completo, lo escupía y masturbaba cómo una experta zorra. Ruth se tocaba mientras me la chupaba y entre esos ahogados gemidos le daba pequeñas mordidas a mi glande que me hacían estremecer por completo. “¿Te gusta así papito?” –me preguntaba. “¡Sí, pequeña, me encanta!”–le respondí. Siguió chupando, babeando y masturbándose tan rico que mi calentura crecía aún más. Me importó una mierda que no hubieran muebles y creo que a ella también. La tumbé sobre la alfombra de sala y me metí entre sus piernas para deslizar mi lengua por su sexo. Sus gemidos eran música a mis oídos. Apretaba sus tetas y gemía, mientras mi lengua dibujaba en su clítoris el placer y el deseo. “¡Papito a tu nenita le gusta!” –me decía. Tan caliente estábamos que ella solo me pidió que se la metiera. Acomodé mi verga en la entrada de su vagina y se la metí despacio. “¡Ay papito, me duele!” –decía. Cuando ya estuvo completo dentro, tomé sus piernas y las puse en mis hombros y empecé a darle tan duro que sentía que mi verga llegaba en lo profundo de sus entrañas. Comenzó a gemir y a retorcerse, en verdad al parecer hace tiempo que no cogía. De sus ojos emanaba lujuria y de sus gemidos se desprendía deseo. Era tan delicioso tenerla en el piso y cogerla, ambos lo queríamos y estábamos tan comprenetrados que ni siquiera tuve que decirle que cambiara de posición, sola se acomodó y se puso en cuatro para que siguiera dándole duro. “¡Papito, quiero que tus testículos choquen en mi conchita!” –me dijo. Me tomé de sus caderas y empecé a darle con fuerza para que gimiera y gritara de placer. Ya estaba llegando al orgasmo, su vagina se contraía y sus gemidos eran más intensos, incluso intentaba seguir el ritmo de mis embestidas.
“¡Papito, me vas a hacer acabar!” –me dice entre gemidos y gimoteos. Seguí hasta que se dejó abrazar por el orgasmo. La voz de niña pasó a la voz de la mujer, aquella que disfruta del sexo y le hace jugar de la manera más perversa. "¡Felipe, no pares, no te detengas! ¡No pares de follarme duro!” –me decía hasta que su torso cayó sobre la alfombra. No le di respiro y la puse de rodillas para que me la chupara hasta acabar. Quiero llenar su boca de mi semen y que se beba hasta el último chorro. ¡Uffff! Es tan exquisita esa manera que tiene de chuparla que me excita demasiado, me enredo en su pelo y le marco el ritmo que debe seguir. Ella disfruta al tener mi verga en su boca y le pasa la lengua como si estuviera comiendo un helado, es perversa, sucia para hacerlo y me encanta que sea así. "¡Oh, sí, qué rico lo haces pequeña!" –le digo. Sonríe y con esos ojitos de niña perversa me mira. Sigue haciéndolo de manera tan exquisita que no pasa mucho tiempo en que mi verga estalla en su boca, dejando rastros de mi semen en la comisura de sus labios, el que rápidamente trae de vuelta con su lengua. Si cara de inocente hace el complemento perfecto de perversión. Después de un rato tirados en la alfombra, me dice: “Siempre que papi quiera a su pequeña perversa la tendrá, solo me tienes que llamar y vendré a jugar con mi papito bello!". Se vistió, fue al baño para retocar su maquillaje y arreglar su pelo. Salimos como si nada del departamento y la acompañé hasta su auto, nos despedimos con un beso lleno de lujuria y le digo: “Eres deliciosamente perversa". “No tanto como tú” –me responde.
Llegó el fin de semana, ella estaba ahí, cumplió su promesa de venir a ver si cabían los muebles por la puerta. Por suerte no tuvimos que hacer ninguna modificación. Está de más decir que una vez que ya se acomodaron las cosas estrenamos la cama y disfrutamos de ese momento juntos. Ahora, ella tiene algunas mudas de ropa en el clóset para cuando viene a quedarse y seguir jugando a qué es mi pequeña niña perversa.
Pasiones Prohibidas ®

Linda escena morboso Excitante y dulce lujuria 🔥🔥
ResponderBorrarDelicioso relato Mí adorado perverso 😈💋💋
Excelente relato caballero 👏🔥
ResponderBorrarmuy sensual y excitante
BorrarUffff que delicioso momento de placer de ser cogida así como una puta traviesas con ganas de que le rompan todo.
ResponderBorrarComo siempre exquisito Caballero
Que rico encontrar alguien que entienda el placer y lo haga sentir igual que recibe, delicioso relato Mr. P
ResponderBorrarWoo no dejo de tocarme leyendo tus relatos demaciado divino que rico ..
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