109. Una intensa apuesta que debía pagar

 


Natalie Vestía como siempre; botas negras hasta la rodilla, jeans negros, una camiseta de algún grupo de metal y una chaqueta negra. Su cabello era rubio, pero su maquillaje siempre negro y nada tímido. Ella era delgada, medía 1,70, pechos medianos y un trasero no muy grande pero bien formado, la naturaleza la había bendecido. 

Una noche, cómo tantas estaba en su casa, cansada de aburrimiento. Había estado viendo unos vídeos con el fin de "entretenerse" y ya iba a acostarse para acudir a su trabajo en un Call Center de atención para una empresa de telefonía móvil. En eso escucha que su teléfono suena, era Peter, de unos 29 años, era unos centímetros más alto que ella, contextura delgada pero no era flaco. A diferencia de ella, él vestía como todo un “normalillo”, por eso habían iniciado una apuesta. "¿Vas a venir? Te estoy esperando" –le dice. "¿Para qué quieres que vaya a tu casa? Yo pensaba en dormir" –le responde. "¡Ay Natalie! Por la apuesta" –le dice él. Había olvidado por completo que esa noche debía ir a la casa de Peter y ahí se mostrarían "las cartas" y se cobraría el precio de la apuesta. "Tienes razón, lo había olvidado. Ahora la noche se pone interesante. Estaré ahí en media hora" –le responde. 

Se habían agregado por Facebook, no tardaron mucho en hablar, después de unos días de charla, toco el tema del sexo y Peter no dejaba de presumir su gusto por el BDSM y sus muchos encuentros sexuales. Nat ya estaba harta de escuchar como él presumía tríos, orgias, haber tenido esclavas sexuales y haber sido sumiso de una compañera de trabajo, cuando ella, a los 35 no había tenido más que sexo regular a pesar de lo “gótica” y oscura de su personalidad . 

Le avisa que ya estaba afuera para que me abriera la puerta. Era el típico barrio burgués y a pesar de ser cerca de las diez de la noche no había nadie en la calle. Toca el timbre de la casa y él la recibe con una sonrisa, la invita a pasar y antes de sentarse le dice: "Bueno Peter, muéstrame". "Oye, tranquilízate, vamos con calma para hacerlo más interesante" –le respondió. Él le pasó un vaso de whisky. "¿Recuerdas los términos?". "Claro, si de verdad tienes los juguetes y haces lo que presumes, podrás usarlos todos conmigo" –le respondió. El increíble tono de tedio y aburrimiento se notaba en su rostro mientras dió un sorbo. Ella estaba más que segura de que él no sabía nada de eso. Llevaba una camisa celeste, pantalones de color beige y zapatos a tono con los pantalones, lo único que le faltaba era un taco de polo y guantes para ser el típico chico ricachón y presumido. "¿Y si yo pierdo?" –preguntó Peter, recordándole que ella había quedado en decírselo en persona. Natalie tomó su mochila. Sacó un pepino, una cámara y un traje de mucama. "Cuando pierdas, querido. Te vestirás como mucama y serás mi sirvienta por 24 horas, cocinarás, me darás masajes, me prepararás la tina y todo lo que se me ocurra hacerte" –le contestó. "¿Entonces nada sexual?" –preguntó él mientras bebía un sorbo de su vaso, aunque no parecía sorprendido. "Claro, si en algún punto me desobedeces o te portas mal, te meteré ese pepino por el culo, y solo te lo sacarás cuando te masturbes y acabes, claro que te grabaré y sacaré fotos para asegurarme de tenerte para siempre" –le respondió ella con seguridad y bebiendo de su vaso. 

Peter aceptó los términos de la apuesta con una sutil sonrisa y le hizo una señal para que lo siguiera. Ella estaba confundida, pensaba que él se asustaría, evitaría la apuesta y se acabaría ese asunto. Ahora estaba preocupada, pero al mismo tempo algo emocionada. Si de verdad es un Amo en el BDSM, ella cumpliría su sueño y sería una esclava, o tal vez una Ama en el futuro. La llevó a la habitación principal, en la cama estaban acomodados todos los juguetes sexuales que él decía tener, Soga, vibradores, látigos, esposas, la típica bola roja que va en la boca, todos de distintos tamaños; al lado de la cama una gran X de madera y mucho más. 

Natalie estaba congelada, se sentía mareada, la idea le llegó de pronto y por primera vez en la noche imagino que podía ser cogida de una manera perversa y brutal. Su fantasía era una cosa, pero odiaba perder, era altamente orgullosa, no iba a aguantar ser una esclava, no de esta forma. "¿Estás bromeando? No voy a dejar que uses nada de eso conmigo" –dijo ella y dio media vuelta para escapar de ahí lo más rápido posible, pero Peter se abalanzó sobre ella. Tenía un par de esposas que usó para sujetar sus manos en cuanto ambos cayeron al piso. Mientras ella gritaba que la soltaran, él le tapó la boca con una mano. "Perdiste una apuesta y debes pagarla, mejor hazlo por las buenas" –le dijo él. Eso solo hizo que Natalie forcejeara con más fuerza. Era muy orgullosa y no dejaría que alguien la castigara, no aguantaría la vergüenza de tener que pagar esa apuesta. De pronto un sonido “bzzzzz”. "¡No por favor!” suplicó en voz baja pero fue tarde, Peter había encendido un vibrador. Le dijo: "Eso deberías haberlo pensado antes de hacer una apuesta que no estabas dispuesta a pagar. Además, eres una persona adulta que sabe dónde se mete y asume riesgos, no una niña que solo quiere jugar a ser algo". En cuanto le colocó el vibrador sobre la vagina, sabía que él iría por todo. Con las manos esposadas había poco que ella pudiera hacer. Peter usaba su peso para evitar que se moviera y ella cada vez sentía más placer, ni su ropa interior ni el jeans la protegían de las vibraciones.  

Dejó libre su boca con lo cual Nat empezó a insultarlo. "¡Suéltame hijo de puta, no voy a dejar que me hagas… ¡Ah, uffff!". Cuando ella soltó esos gemidos lo escuchó reír. Lo odiaba por reírse en su cara pero también disfrutaba del aparato con el que la estaba torturando. Su intento de insultarlo otra vez fue interrumpido por esa bola roja con correas que usó como mordaza, incluso ató sus tobillos. El vibrador seguía haciendo su trabajo, aunque ya no por encima de la ropa, sino lo puso hábilmente entre sus bragas y su vagina. 

Volteó la cabeza y vio que una pared completa estaba cubierta por un espejo enorme, podía verse con el estómago abajo, las manos en la espalda y sus pies atados de forma que chocaban con sus manos. ¡Era una posición tan humillante pero a la vez excitante! Peter le dio una nalgada como para terminar de demostrar su dominio sobre ella.  

"Ahora, voy a cambiarme y para cuando vuelva espero que tengas una mejor actitud" –le dijo. Natalie no podía responder, pero hizo todo para que sus ojos mostraran el odio y frustración que sentía. Se rehusaba a sentirse sometida. Antes de irse, Peter bajó su jeans y retiró su ropa interior parcialmente, aprovechando para manosearla, entonces introdujo un vibrador pequeño. Volvió a vestirla y en cuanto se cerró la puerta, ese pequeño empezó a vibrar con una intensidad que nunca antes había sentido. soltó un gemido de sorpresa y por la fuerza, sabía que terminaría acabando en muy poco tiempo. “Un vibrador a control remoto. El hijo de puta va a torturarme sin si quiera verme” –pensó mientras se agitaba su respiración. Volvió a verse al espejo, su cabello despeinado y la posición, por algún motivo, comenzaron a excitarla. “No, no es el castigo, deben ser solo los vibradores”, se repetía en negación. Tenía uno que torturaba su clítoris y otro que causaba estragos en su vagina.

Se controlaba para sentir el menor placer posible pero fue demasiado. El primer minuto fue bastante bien. El segundo empezó a sentir algo, para el tercero el placer comenzó a ser más de lo que podía controlar. Imaginaba cada cosa que le gustaba, cuando se excitaba viendo sangre en los videos musicales de metal que amaba; cuando se calentaba imaginando sacrificios rituales que implicaban quitar la virginidad a una inocente. El quinto minuto fue cuando comenzó a romperse, sentía placer por todo su cuerpo. Los vibradores le hacían sentirse tan caliente, sus pechos contra el suelo, la ropa interior que apretaba cada vez más, sentir lo mojada que se había puesto. Por el sexto minuto no podía controlar sus gemidos, si no fuera por la bola roja que le tapaba la boca sus gemidos resonarían en toda la casa. Al séptimo minuto decidió que no le importaba nada, los ojos cerrados le permitían sentir el placer, pero no podía acabar debido a esas mismas sensaciones. Sentía ganas de orinar, o al menos una presión similar.

La situación era la más excitante que había vivido y no podía acabar por esa estupidez. De todos modos, todos esos pensamientos se terminaron cuando escuchó la puerta abrirse tras ella. Peter estaba parado frente a ella, usaba un traje. Camisa blanca, un chaleco con pantalón y zapatos negros; una corbata roja para terminar. Seguía viéndose como un riquillo presumido, pero más elegante, incluso imponente. Natalie sintió un poco de miedo. 

Peter sacó un control remoto rosa, al presionar un botón, los vibradores se dispararon, ella no pudo aguantar y comenzó a gemir, su ceño fruncido por el rencor que le tenía, pero el placer era muy fuerte. "¿Ahora me obedecerás, perdedora? –preguntó mientras le quitaba la mordaza. "¡Vete a la mierda! ¡Ah, uffff, mmmmm!" –respondía gimiendo de forma delirante. "Me gusta la fuerza, pero no tu actitud" –le dijo mientras volvió a amordazarla con la bola que ya estaba cubierta de saliva. Los vibradores se detuvieron. La levantó del suelo y la llevó a la X. Primero ató una de sus manos para asegurarse de que no escapara y finalmente los pies. Estaba de espaldas y sus manos estaban aseguradas por unas esposas de cuero encadenadas a cada extremo. No podía ver lo que hacía Peter, pero era obvio, en un segundo le bajó la calza hasta las rodillas, y tenía una vista perfecta de su trasero y ropa interior. 

Lo siguiente que escuchó fue el sonido de tijeras cortando algo. ¡Su camiseta! Como no se la había quitado iba a cortarla, quería gritarle pero solo podía decir nada debido a la bola en su boca. Luego cortó su jeans, pero solo una parte, dejó las piernas como si tuviera medias altas, le cortó la ropa interior que estaba empapada, el vibrador que torturaba su clítoris cayó al piso, quedando solo el que tenía metido en la vagina. Luego, le quitó la mordaza. ¿Sabes cuánto me costó esa camiseta estúpido? Voy a patearte los testículos hasta dejarte estéril" –le dijo con rabia. "Entonces, ¿ya aceptarás que eres mi esclava?" –le preguntó. "No, idiota, y vas a soltarme" –le dijo. Él rió y volvió a colocarle la mordaza. Supongo que deberé cobrarme la apuesta y además castigarte por hacer que me cueste tanto" –le dijo con un tono perverso. Mientras ella seguía haciendo ruidos, no supo que hacía Peter hasta que de pronto sintió una nalgada. El dolor no fue muy fuerte, la dio con su mano, pero los vibradores volvieron a encenderse. "Voy a probar que eres una esclava sumisa y voy a darte nalgadas hasta que acabes" –le dijo con una sonrisa. Ella Abrió los ojos, y antes de poder hacer más ruido, otra nalgada cayó, esta vez más fuerte, pero ella casi no reaccionó. Después de varias nalgadas sin que ella reaccione, Peter decidió dar el siguiente paso. Le mostró una especie de paleta forrada en cuero negro, como una tabla para picar, pero más alargada negro, con tachas metálicas pequeñas doradas. El miedo la invadió, empezó a sacudirse con toda su fuerza para intentar escapar, pero fue inútil. Primero un sonido de silbido y luego un estallido de dolor en sus nalgas, cada golpe la hacía saltar, y después de un momento el vibrador llegó a su máxima potencia. Natalie se encontraba en un mar de sensaciones. El vibrador le daba placer, pero la situación era lo que más la excitaba, ser dominada, haber perdido la apuesta, saber que el recibe placer mientras ella recibe humillación, vergüenza y dolor. Esa degradación por ser una perdedora y ser castigada era demasiado para ella, estaba completamente mojada. Cada golpe la llenaba de dolor, sus intentos por gritar eran ahogados por la mordaza, pero inmediatamente la abrumaba el placer.  

"Parece que estas lista. ¿Vas a obedecer?" –preguntó. Ella asintió algo asustada, entre gemidos. "¿Si te suelto, serás mi esclava obediente?" –preguntó Peter otra vez. Natalie asintió, acto seguido, le quitó la mordaza. "Quiero escucharlo de ti" –susurró mientras pegó su cuerpo al de ella, con una mano apretaba una de sus tetas y con la otra acariciaba sus nalgas como si fueran un buffet libre y el pudiera tomar lo que quisiera, porque así era. "Soy tu esclava y te obedeceré" –respondió entre gemidos, ya que el vibrador seguía causando estragos en su vagina que cada vez más la enloquecían. "Dime algo que siempre has querido experimentar" –le dijo en tono de orden. "Siempre he soñado con que me echen cera de una vela" –le respondió. "¿Dónde?" –preguntó Peter. "En mis tetas, en mi abdomen, en mi culo, en mi vagina. Dónde sea, sé qué me gustará" –respondió con seguridad. Peter la soltó, la lanzó a la cama, le sorprendió que también allí habían esposas para sujetarla en X, pero bastante más sueltas. Esta vez se encontraba boca arriba y en lugar de su mordaza le tocó un antifaz para que no pudiera ver nada. También le habían quitado el vibrador remoto, pero continuaba con el resto de su jeans como si fueran medias altas.

No hubo ruido, solo se escuchó el sonido de un cerillo encendiéndose y el olor a madera quemada envolvió el ambiente. Natalie estaba con sus sentidos exacerbados, la sensación de humedad en su vagina era innegable. Sobre ella empezaron a caer gotas de cera caliente, esto la excitaba al máximo. Las primeras le causaban más dolor que otra cosa, pero después llegó el placer. Comenzó por la zona entre los pechos, y las iba vertiendo hacia los pezones. Cada gota de cera le dejaba escapar un pequeño grito de sorpresa y cada vez más seguido se lamía sus labios o daba gemidos largos. Él aprovechaba su mano libre para manosear cada centímetro de piel de Natalie, pero no tocaba su vagina. A veces paseaba su dedo cerca al clítoris para tentarla, pero no lo tocaba, incluso retiraba la cera que se había secado con las tijeras con las que destrozó su ropa para volver a llenarla de cera otra vez. Natalie no iba a admitirlo pero quería más placer, quería al vibrador de vuelta, pero eso será ahondar en su humillación, y sabía que nunca podría hacerse eso. El castigo que recibía era demasiado fuerte como para que admita su vergüenza con un orgasmo, pero sabía que tarde o temprano contenerse se inútil y terminaría cayendo en ese abismo de placer que dejaría su cuerpo rendido.

De pronto, Peter comenzó a meterle los dedos, eso le robó un gemido por el placer que llegó de sorpresa. "¡Ah, ufff, mmmmm! ¿Qué haces?" –preguntó entre gemidos. "Eres mi propiedad, perdedora, voy a usarte" –le respondió. "Oh, no, no puedo dejar que qué lo haga" –pensó ella. Dejó salir un grito desgarrador, esta vez no fue placer, sino dolor. Peter no había tenido piedad y la penetró sin previo aviso. Claro que no era nada nuevo para ella, tenía sexo desde los quince años, pero la vergüenza de que él pueda hacerle eso la llenaba de impotencia y el placer más intenso que había sentido. Gemía como actriz porno cada que estaba cerca el orgasmo e insultaba a Peter cada que estaba lejos. Sus gemidos y burlas, la llenaban de locura. El no poder hacer nada al estar completamente atada la excitaba mucho. 

Recibió una cogida impresionante, no sabía cuánto tiempo había pasado pero sabía una cosa, no podía acabar. Esa sensación le impedía hacerlo, por la vergüenza y el miedo de que orinarse encima cortaría su calentura en un momento, pero después de tanto tiempo de coger y con el impresionante morbo que sentía por primera vez, necesitaba hacerlo. "¿Por qué no acabas, perdedora?" –preguntó él. Natalie prefirió quedarse en silencio antes que decirlo. Pero entonces Peter le estrujó ambos pezones, como si la torturará por información. El dolor fue mucho, más que el placer "¡Está bien, te diré, te diré, pero detente, me duele!, lo que sucede es que cada que estoy cerca de acabar, siento que tengo ganas de orinar y no puedo hacerlo" –dijl con vergüenza en su tono de voz.

Él sonrió y se quitó de encima, desató solamente las piernas de Natalie y las levantó de forma que sus pies etaban a la altura de sus manos, era una posición muy incómoda. Estar en esa posición la cansaba, pero Peter ató sus tobillos a sus manos asi que la soga recibía toda la tensión. También le quitó la venda de sus ojos para que ella tuviera una perfecta vista de sus piernas abiertas, si vagina estaba roja por la cogida sin piedad que acababa de recibir. Se sonrojó por la vergüenza. "¿Qué haces?" –preguntó ella. "¿Alguna vez escuchaste sobre Squirt?" –respondió Peter con una pregunta. Claro que sabía de ello, era la eyaculación femenina, y Natalie había visto bastante porno al respecto. "No" –mintió, mientras se preguntaba si eso era lo que pasaría si se dejaba llevar.

"No importa, ya lo sabrás" –le dijo. Vió como Peter encendió un vibrador de “varita mágica”. Era bastante grande y como su nombre indicaba, era alargado y en la punta había una bola que vibraba. La intención de una varita, no es penetrar, sino estimular el clítoris. En cuanto la tocó, sintió el extremo placer, fue muy rápido, sabía que no aguantaría. "No, suéltame hijo de puta, no vas a lograr que acabe. Mmmmmmm, uffffff. ¡Se siente tan rico!" – decía Natalie entre gemidos. Mientras gemía Peter le puso su propia ropa interior a la boca para que dejara de hablar. Acto seguido, le metió dos dedos en la vagina para asegurarse que recibiera estímulos que la acercaran al orgasmo. El placer era exorbitante, su vista se nubló y sus músculos comenzaron a contraerse, sentía el orgasmo llegar y en todo su cuerpo resonaba. "Ahora, perdedora, acabarás en tu propia cara –le dijo Peter. Claro, la posición era perfecta para ello. Natalie no pudo resisitir la idea, la excitación de cometer esa autohumillación, era demasiado fuerte, la forma era perfecta y el morbo de esa idea le causó que temblaran sus piernas, al tiempo que recibía por primera vez un orgasmo. Si cuerpo se contrajo y sus piernas temblaban de manera incontrolable, no paraba de gemir mientras que su vagina se preparaba para expulsar los abundantes fluidos que había reprimido por la vergüenza.

Era una droga perfecta, ahora entendía el porque la gente era adicta a buscar orgasmos, sintió que su cuerpo se rindió, y ella se rindió ante las ganas de orinar que sentía siempre. Un chorro de sus fluidos salió disparado de su vagina y cayó todo sobre ella. Por el olor, supo que era squirt, su mayor miedo no se había cumplido, al menos no del todo. Después fue otro chorro más intenso que la dejó completamente mojada, ya era inevitable, fueron muchos más chorros los que fueron expulsados. Se sentía liberada, sentía que había valido la pena perder la puta apuesta y dejarse someter. Fueron al menos casi treinta segundos, para ella fue una eternidad. Disfrutó cada maldito segundo gimiendo y temblando ante la atenta mirada de Peter quien reía de satisfacción. Su orgasmo había terminado pero el vibrador seguía en su lugar. Con lo sensible de su clítoris, el vibrador se volvió un aparato de tortura, era demasiado estímulo y le causaba dolor. Deseaba pedir clemencia pero si ropa interior en la boca apenas la dejaban expresarse con gemidos. Intentó ver a Peter, pero solo vio un erecto pene acercándose a su rostro. La agarró del cabello y acabó en su cara. Todo su rostro quedó cubierto de semen y se mezclaba con sus propios fluidos, su rostro estaba cubierto, era la marca final de su humillación. Ambos habían terminado en la cara de ella, oficialmente, era su esclava, la había dominado completamente.  

Peter apagó el vibrador y soltó sus ataduras, pero Natalie estaba muy cansada. Se durmió casi al instante. Al despertar en la mañana dos pensamientos encontrados cruzaban su mente. Primero, ahora sabía que era una esclava, que era sumisa y la humillación le causaba los más intensos orgasmos. El segundo, resonaba en su mente: "Venganza". Fue pronto disipado al sentir a Peter que invadía su sexo con su boca y con la lengua estimulaba su sensible clítoris, regalándole un delicioso orgasmo que no solo empapó la cama, sino también la cara de Peter.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Un delicioso juego perverso
    Jugar con fuego es peligroso 😈🔥🔥pero disfrutar del placer que te brinda es adictivo
    Me gustó mucho
    Tiene una esencia interesante y sin duda muy bien descrita
    Delicioso relato Mí Amo 😘
    Tu mente es maravillosamente perversa

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  2. A veces no es bueno apostar si no se sabe en qué se mete eso le pasa por creerse que lo puede todo delicioso una cogida así como pues es exquisito que le den esa mezcla de dolor y placer rico y ser humillada así que intenso

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  3. Subestimo al amo y tuvo que aprender a jugar en su cancha, que delicia ser el juguete de placer de quien lo sabe llevar a cabo, gracias por el relato y por las sensaciones Mr. P

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