Me llamo Isabel. A mis 43 años, llevaba ya casi 20 ejerciendo como profesora de biología. Trabajo en un colegio privado y desde que se hizo cargo Lucas, un joven empresario de veintipocos años, había aumentado considerablemente el prestigio del centro educativo. Había pasado de ser una simple profesora a tener una tarea adicional como jefa de UTP. Por ello, mi labor requería a veces, para que también ayudase en tareas de dirección y marketing para ir captando nuevos alumnos. Así, mi labor se complementaba para entrevistar a padres del centro de alumnos o potenciales nuevos alumnos para cursos sucesivos. A veces, las entrevistas se realizaban entre los dos, ya que yo era profesional de la docencia y él un joven que ascendia en administración de empresas.
Dentro de mis clases como profesora, habían dos alumnos con los cuales siempre habían problemas por su falta de disciplina, no hacían las tareas que se les encomendaban, tampoco tenían buen trato hacia mi y parte de sus compañeros. Había perdido las esperanzas y todo apuntaba a que quedarían repitiendo de año. A mí no me tiembla la mano en ese aspecto, soy imparcial e implacable a la hora de colocar calificaciones. Me sorprendí cuando Lucas me llamó a su oficina para tener una charla con respecto a estos dos añumnos, me dijo que se le deberían subir las notas para que al menos pudieran aprobar con el minino, que tampoco hiciera mucho caso a la forma de comportarse de los jóvenes, que entendiera que son procesos que se viven dentro de la adolescencia y que ya pronto encontrarían su centro y se volverían personas más dedicadas, y consecuentes de acuerdo a su edad. Kevin y Roberto que físicamente. eran totalmente distintos, El primero tenía una tez dura, moreno, mientras que Roberto era todo lo contrario, de pelo entre rubio y castaño y piel nórdica. Me constaba creer que otros profesores habían hecho lo mismo que yo. No estaban las cosas como para enfadar al dueño del colegio. Todos sospechábamos que los negocios de las familias no eran lícitos, pero nuestro director siempre respondía que no era problema nuestro, mientras pagasen por qué sus hijos sean educados allí.
Estábamos a día 1 de mayo y aunque era fiesta, Lucas me pidió que hiciera una visita. Habría dos días sin clase y dentro de mi trabajo, formaba parte el convencer tanto a los que estaban estudiando para que siguieran con nosotros en el colegio como a los que pretendíamos captar, para que lo hicieran en el próximo año. Por ello, Lucas me dio una gratificación por trabajar ese día, sin que esa cantidad se reflejase en ningún sitio, tan sólo en un papel que le firmé como que recibía el dinero, pero sin poner concepto alguno. No le di mayor importancia al asunto, a pesar ser una cantidad que excedía en varias cifras mi sueldo. El día anterior se habían marchado mi marido y mi hijo a la playa, no era algo que me quitara el sueño, era un paseo monótono, lamentablemente las cosas no cambiaban en el litoral e ir siempre que había un feriado largo no era algo que prendiera mi entusiasmo. Me quedé contenta en casa, que en principio, sólo me llevaría unas horas y me dejaría tiempo para mi, estar sola en casa y gastarme esa gratificación en ir de compras. Había quedado al mediodía con Alicia. Según me comentó Lucas, era una madre con un hijo de catorce años y debería convencerla para que el año que viene fuera alumno nuestro. A la hora prevista me presenté en su lujosa casa en las afueras de la ciudad. Iba bien vestida, como correspondía a la situación de entrevistarme con el tutor de uno de los alumnos, y que intentábamos reclutar en nuestras filas. Me recibió una mujer más o menos de mi edad. La vi tensa, pero a la vez educada, y se esforzaba por ser amable. Me ofreció tomar café o té, y elegí un té. Al momento vino con las bebidas y unas galletas para acompañarlo. Comencé a explicarle las virtudes de nuestro colegio mientras intentaba recabar información sobre el chico, aunque las ideas que me daba sobre él eran vagas y poco concisas. Algo que no parecía lógico en una madre interesada en la mejor educación para su hijo.
Pasarían pocos minutos hasta que sentí un hormigueo en las manos que me costaba sostener los papeles que le iba mostrando. Poco después ya no podía mantener la cabeza erguida y caí recostada sobre el sofá. Miré a Alicia pidiendo ayuda, esperando que llamase a alguien, pero no se inmutó, y cuando ya comprobó que sólo movía los ojos y respiraba, se dignó a hablarme. "Lo siento mucho Isabel. Me han obligado a hacer esto. No he tenido elección. En unas horas estarás bien físicamente. Yo ya pasé por esto hace unos años. Te he dado una droga que te inmoviliza, pero no tendrá efectos secundrios. Sentirás, oirás y verás todo lo que va a pasarte, pero sólo por unas horas. Luego te recuperarás y saldrás de aquí por tu propio pie. En cualquier caso estaré contigo para cuando te despiertes. Lo siento" –decía dándome explicaciones y con lágrimas en los ojos. Se marchó a un ala de la casa y vino acompañada de Lucas, el director de finanzas del colegio y de los dos alumnos, Kevin y Roberto. "Me marcho. Lucas, eres un hijo de puta. La peor persona que he conocido en mi vida. Llámame cuando tenga que volver" –le dijo Alicia con odio y repulsión. "¿Qué te pasa, Alicia? ¿Estás celosa? Ya tuviste tu momento de gloria, pero ahora le toca a ella. Pásalo bien, ve de compras o haz lo que quieras, luego te llamo" –dijo Lucas casi riendo. Tan sólo reinaba el silencio que fue roto cuando se cerraba la puerta. Supe que era Alicia que se había marchado. Pude ver como los tres se acercaban a mi, aunque aún no conocía sus pretensiones, pronto iba a salir de dudas.
"No te preocupes, Isabel. En unas horas estarás perfectamente. Quiero que sepas que esta es mi casa, vivo aquí, y evidentemente Alicia no tiene intención de traer a ningún chico a nuestro colegio. Es más, sólo tiene un hijo, y es de mi edad. Fuimos compañeros de colegio hace algunos años. Sabes que soy generoso con quien me ayuda, y por eso he traído a dos de tus alumnos preferidos" –explicó Lucas. No daba crédito a lo que me estaba sucediendo. No me gustaban nada esos dos alumnos, como decía el maldito de Lucas, ya que si no fuera por la diferencia de edad entre nosotros, pensaría que les gustaba y que hablaban de mi a mis espaldas. Les observaba cuando me miraban y hacían comentarios que aunque no los oía, parecían obscenos. Tampoco sabía muy bien lo que querían de mi en esos momentos. Los dos chicos eran descarados y maleducados, mientras Lucas, tenia algo en la mirada que me hizo pensar en que ya estaba acostumbrado a hacer este tipo de cosas, por lo que le dijo a Alicia que "ya había vivido su momento de gloria". 'Dónde nos ponemos?" –Preguntó Roberto. "Donde quieran. Podemos comenzar aquí. Luego nos vamos moviendo de sitio. Están en su casa. Vamos a traer las cámaras que están en la habitación, también usen sus móviles y las cámaras pequeñas. Mañana pasaremos una noche estupenda viendo las fotos y el vídeo. "¿Cámaras? ¿Para qué mierda querían cámaras? ¿Qué pretendían?" –Pensé. Quería gritar, de hecho no podía abrir la boca ni emitir sonidos. También abría los ojos. En realidad era prácticamente un mueble ante aquellos chicos. Pude observar las cámaras, que traían, que parecían casi de una película. Los dos alumnos me agarraron y me tiraron al suelo. Después me levantaron y Kevin me apoyó contra su pecho y Roberto comenzó a quitarme la chaqueta. Todo era bastante divertido para ellos, sobre todo los dos jóvenes que no paraban de decir que era hoy su mejor día.
"¡Dios mío! ¡Me van a desnudar!" –Pensé. Al quitármela se dieron cuenta que llevaba, aparte de la camisa, una camiseta de tirantes debajo. Me iba dando cuenta que aquello no era ninguna broma, y no sólo me iban a desnudar, si no que iban a filmar todo aquello. Pero no podía entender para qué querían fotos y un vídeo sobre mi. "Lucas, nunca voy a olvidar esto que haces por nosotros" –dijo Kevin agradecido. "Ni yo" –añadió Roberto. "¿Y quién se acordaba de mi?" – Pensé. Me acordaba de mi marido, ajeno a todo lo que pasaba, que me veía feliz con mi faceta de Jefa de UTP, y que sabía que estaba trabajando, pero no se podía imaginar nada de esto. También mi hijo, que iba a un curso inferior que aquellos chicos, y a quien yo también daba clase. "Vamos a llevarla a una de las habitaciones. Quiero que las fotos sean en varios sitios de la casa. ¿Trajeron más ropa como les dije?" –dijo Lucas. Ambos asintieron y me agarraron entre los tres y me llevaron como un vulgar saco a la habitación que había dicho Lucas. Parecía de invitados, estaba bien decorada. Cuando me dejaron en la cama ordenó a Kevin que me quitase el pantalón, pero no sin antes esperar a que volviera su compañero con sus cámaras. No podía casi respirar. Temía que diera un infarto mientras estaba paralizada. No sabía si estaba bien controlada la droga, lo que no sólo me angustiaba la agresión que sufría, si no que era para mí igual de grave el sobrevivir a aquello. Intentaba llorar, pero no me salían lágrimas. Me habían tumbado en la cama. Lo primero que hizo fue dirigirse al botón de mis jeans y desabrocharlo. Miraba a sus compinches de manera divertida, sintiéndose superior en aquellos momentos. Después me levantó ligeramente para colocar su rodilla por debajo de mi culo, sus manos levantaron mis piernas para sacarlos lentamente y dejarme con las bragas. Comenzó a tocarlas y pensé que me las quitaría. "Kevin. Todo a su tiempo. No le metas mano"–le dijo el pervertido de mi jefe.
"Me gustan sus bragas. No es un tanga, pero son modernas. Está bien rica la profe" –dijo Roberto. "¡Mierda!. Tiene buenas piernas la puta. No sé por qué no te pones faldas cortas. Deberías lucir esas piernas" –dijo Kevin mirándome ante mi vergüenza. Ahora está muy sexy con la camisa y sin pantalón. Vamos a darnos una vuelta con ella. Luego le cambiaremos de ropa ya que en la maleta hay mucho para escoger" –dijo Lucas. La camisa apenas me llegaba al inicio de las caderas y no llegaba a cubrir mis bragas, pero los deseos de Lucas fueron órdenes para los chicos, quien ordenó a Roberto que fuese él quien lo grabase, y tomase las fotos. "Esto de llevar a la profe de esta forma, en bragas y totalmente dependiente de nosotros, me pone muy caliente. Mira que hemos imaginado veces llegar a su casa, llamar al timbre y que nos recibiese en bragas. Pues mira, hoy es así" –le decía Kevin a Lucas. Sentía frío en las piernas y pies, pero calor en el cuerpo. Estaba sofocada. Pensaba que era una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento. No podía dar crédito a lo que me estaba sucediendo. Era inaudito. Eran dos alumnos míos y mi jefe. Nunca lo hubiera imaginado, pero mientras me llevaban caminando, veía mis piernas desnudas y los comentarios obscenos de los jóvenes, sentí algo que hacía mucho que no me pasaba. Aunque sus palabras eran sucias, notaba cierto erotismo. A pesar de mi sofoco era consciente que me sentía atractiva para aquellos jóvenes.
Entre risas de los tres, me levantaron. Esta vez era distinto, no me llevaron tumbada, sino que me sujetaban sólo por los brazos y arrastraba los pies. Cuanto me hubiera gustado pedirles que parasen. Qué les podría haber hecho yo para que me estuvieran tratando así. Creo que era una buena profesora, y como Jefa de UTP, obedecía y cumplía las órdenes que me daba Lucas. "¡Dios! ¡Cómo me están calentado esas piernas y ese culito! Se vislumbraba algo cuando llevaba esos pantalones ajustados, pero la realidad supera todas las expectativas. Ver como cuando la estaban arrastrando, se le sube a veces la camisa y se le ven las bragas" –dice Roberto. "Chicos, comportense, porque la puta podría ser su madre" –comentó Lucas entre risas. "Es la madre del pendejo de Domínguez y está que te cagas de buena" –dijo Kevin con un tono un tanto malicioso. Jamás podría haber pensado que esos chicos me miraban con aspecto libidinoso. Podría haber pensado que les caía mal, aunque a petición de el director, había aprobado su asignatura sin merecérselo. Hice todo aquello y ahora me estaban maltratando de esa manera.
El recorrido hasta otra de las habitaciones fue humillante. Me iban pegando en el culo, y lo tocaban sin pudor, principalmente mi propio jefe. A veces, cuando me agarraban mal y me iba cayendo, me agarraban desde abajo, ante sus cánticos. También intentaban acechar mis pechos, aunque no se centraban en ellos.Tenía unos sentimientos contrapuestos, ya que hacía ya años que no me lanzaban piropos, y estos, a pesar de ser soeces y groseros, eran de tres jóvenes que podían tener la edad de mi hijo, aunque Lucas era mayor. Por fin llegué al otro habitáculo, que parecía más bien un desván, aunque tenía una cama donde me tiraron sin ninguna consideración. "Vamos a quitarle la puta camisa. Lleva una camiseta debajo, y sino, no acabaremos nunca. Es una zorra, pero va muy recatada. Cuando se ha levantado esta mañana, no podría haber imaginado lo bien que nos lo iba a hacer pasar" –dijo Kevin, quien había tomado el control de la escena. "Déjame quitársela a mi. Por favor" –imploró Roberto. "¡Qué hijos de puta!" –pensé. No podía hacer nada. Estaba en bragas. ¡Por Dios! No quería saber hasta donde iban a llegar, aunque sabía que no habría límite. Roberto tuvo el “privilegio” de quitarme la camisa. No tuvo prisa. La agarró por arriba y uno a uno fue sacando los botones. Quedé tirada en la cama, pero Roberto con la ayuda de Kevin desgarraban mi ropa, mientras mi jefe filmaba fue horrible. Hablaban entre ellos e hicieron poses para que pareciera que estaba consciente. Me levantaron y me llevaron a otro lugar. "La vas a besar, como si tuvieras una relación con ella y poco a poco la irás tocando para que se vea lo mucho que se desean" –dijo Lucas ante mi incredulidad. "No quiero que me besen. ¡Dejenme ya maricones! Quiero irme de aquí. ¡No voy a volver a trabajar para ti desgraciado!" –pensaba en mis adentros, ya que no podía articular palabra. Me sentía inerte. Kevin me levantó y luego me sentó sobre la cama, agarrando mi pierna izquierda entre las suyas, me tomaba como si fuera yo quien quería besarlo, me agarraba de la mano y me desplazaba hacia él. Empezó a besarme, en los labios y mejillas. "Mira como le gusta. Así en braguitas se ve sensual la putita. A ver si le quitas algo más y nos enseña su vagina. ¡Es toda una puta!" –decía Roberto acariciando su miembro por sobre el pantalón.
El joven seguía besándome, como si de mi pareja se tratase. Parecía un juguete en sus manos, hablaban con palabras sucias refiriéndose a mí pero entre ellos reían diciendo lo mucho que se divertían y que lo pasarían igual de bien el miércoles con pizzas y gaseosas viendo los videos y fotos que tan sólo sabían decir lo que se divertían, y lo bien que se lo pasarían el miércoles por la noche, con unas pizzas y refrescos viendo lo que tenían grabado y fotografíado. Cuando pude ver las imágenes, vi que eran hábiles en el uso de las fotografías, en que pareciera lo que no era. Todo un montaje para que pareciese que estaba consciente. Me agarraba de una mano y me atraía hacia él, después me soltaba, otras agarraba mis pechos o mi pelo, para sostenerme, y que por la inercia no me cayera, ni me fuera para delante y detrás. Sentía sus labios junto a los míos, y su lengua que tropezaba con mis dientes, pero podía sentir el sabor a su boca. "Ya estoy desnudo de cintura para arriba, y ella aún está con la camiseta. No es justo" –dijo Kevin entre risas a Lucas. "Tienes razón, no es justo para ninguno vamos a apurar las cosas" –añadió Kevin. Sacó mi camiseta por encima de mi cuerpo. Me iba diciendo frases que harían sonrojar a la más sucias de las putas. Después me subió un poco el sujetador para dejarme con los senos al aire. Los besó y después me dio la vuelta para desabrochar el sostén y dejarme desnuda de cintura para arriba. Me habían convertido en juguete sexual, en protagonista de una película, hasta ahora subida de tono, pero que pronto se convertiría en pornográfica, era consciente que no tenía otra opción que la de esperar a que se cansaran de mí.
"Dios, qué buena que está. Qué tetas tiene" –decía Roberto, quien son pudor se masturbaba a vista y paciencia de los otros. "¿Se han dado cuenta qué hija de puta es? Va bien vestida a la escuela, jamás nos ha dejado verle si quiera media pierna, ni un poco de escote, y hoy, mira, todos nuestros sueños se han hecho realidad. De momento estamos contemplándote" –dijo ahora Kevin mirándome, sin esconder sus intenciones. "¿Cuánto tiempo hace que no la toca otro hombre que no sea su maridito? ¿Cuánto hace que no le follan bien? En breve vamos a resolver el problema y a rellenar cada uno de esos agujeritos que tiene reservados para sus alumnos más queridos y para su jefe" –dijo Lucas visiblemente caliente. Vamos a llevarla a la otra habitación. Kevin Tienes el privilegio de quitarle las bragas. Eres un poco más joven que Roberto, y eso te va a dar el privilegio de dejarla completamente desnuda. Aunque eres el que más ha jugado con la zorrita" –dijo Lucas. "¡Mis bragas no!" –pensé. Era lo último que separaba mi intimidad de aquellos desalmados. ¿Como podían pensar en quitarme las bragas? Estaban locos, pero también, después de todo aquello, cómo podía ser tan inocente de hacerme esa pregunta. De nuevo, entre dos, pero agarrada por los pies y por los brazos, me llevaron a la habitación donde Kevin me había quitado los pantalones y donde ahora, ya pretendían dejarme totalmente desnuda. El joven se colocó juntos a mis pies. Empezó a acariciar mi estómago. Temblaba de manera descontrolada. Miraba a sus compañeros y tocó mis bragas. Levantó mis pies y los colocó sobre sus hombros, tirando de la parte trasera de las bragas me las sacó por encima. Mis ojos estaban llorosos pero era incapaz que mis labios pronunciasen palabra alguna. No quería que me desnudaran. Los miraba, Kevin me acariciaba y los otros dos no paraban de filmar y fotografiar. Me habían dejado totalmente desnuda. "¿Bueno. Qué les parece la puta profesora de biología? –preguntó Lucas entre risas. ”¡Dios. Qué buena está! Totalmente depilada, como me gusta. ¡Y su culito! ¡Mierda ! ¡Qué culo y que concha tiene esta zorra! No podía imaginar que no tuviera pelo debajo. Me parecía demasiado mosca muerta – Respondió Kevin.
"Ponla de tal forma que la podamos ver bien. Tú tócale la vagina Roberto" –le dice Lucas a los muchachos. "¡Dejenme en paz, hijos de puta! ¿Qué van a hacer? – Gritaba en mis adentros porque mi boca no emitía sonido. Estaba desesperada pero caliente por la situación, no quería sentir excitación pero mi cuerpo reaccionaba a esos estímulos. "Saben que está consciente aunque inmóvil. Daría lo que fuera lo que está pensando ahora" –les decía Lucas. Kevin colocó mi pierna derecha sobre su hombro, eso dejó mi sexo totalmente abierto y a la vista de todos. Comenzó a tocar mis piernas aunque enseguida se centró en mi sexo. Podía sentir el aliento de los tres, ya que los otros jóvenes se habían acercado para obtener un primer plano. Mi cuerpo reaccionaba de manera perversa, yendo en contra de lo que mi cordura planteaba, no deseaba ser tocada, pero que al estar mis músculos totalmente relajados, empezaba a disfrutarlo ya que no podía tensionarlo ni experimentar una sensación negativa. "¡Dios. Qué vagina más suave tiene Maestra! Isabel. Quiero que sepas que voy a recorrer todo tu cuerpo de la manera más sucia y perversa que lo hayan hecho, pero sólo será el preámbulo para meterte mi verga y abusar de tus agujeros" –dijo Kevin.
No podía soportarlo. Era humillante y notaba mi respiración acelerada, y también la de mi alumno, hasta que escuché algo que ya sabía, pero terminó de hundirme. Tiene una vagina que se ve delicada. Es la más bonita que he visto nunca y sobre todo es de nuestra profesora y la madre del estúpido de Domínguez. ¿Te acuerdas cuando se enojó conmigo porque le dije que algún día se lo metería a la puta de su madre y que sería mi hijastro?" -comentó Kevin riendo. "Claro que me acuerdo. Cómo protegía a su madre el idiota. Se está mojando la profesora. Lo está disfrutando. ¡Jajajaja! Si es toda una puta" –decía Roberto entre carcajadas. Mi hijo sabía que esos mocosos decían lo que me harían y no me dijo nada. ¡Pobrecito! Lo que tiene que haber sufrido" –pensé. No lo estaba disfrutando o tal vez sí. Mi mente, cuando se relajaba de la situación, sentía lo que me hacía. Era agradable, no resultaba violento y lo hacía con sumo cuidado, disfrutando de cada segundo. Comenzó a pasar su dedo por mi vagina, recorriendo mi clítoris de arriba a abajo. Estaba totalmente expuesta y abierta, mi humedad lo invitaba a meter su dedo. Podía sentir su respiración, casi tan agitada como la mía, aunque por distintos motivos. No niego que si había excitación de mi parte pero también tenía miedo, ya qué jamás pensé encontrarme en una situación así. Cambió la posición, situando la pierna izquierda ahora por encima de su hombro. Llegaba perfectamente a tocarme con las dos manos y sus dedos pasaban de mis labios a mi vagina, mientras que me introducía otro dedo en el ano. Quería gritar, sólo deseaba ser oída, pero lejos de mostrar disconformidad, mi cuerpo parecía agradecido de cómo me tocaba. Kevin me giró y siguió con sus caricias indecentes por detrás.
"Creo que va a quedar la película estupendamente" –dijo Lucas. "Kevin. Ha llegado el momento que la estrenes, pero ya sabes, no quiero que acabes dentro" –arremetió con una sonrisa lujuriosa. "¡No quiero que me metan nada! ¡Hijos de puta!" –grité hacia mí misma. Kevin me besaba. Estaba entregada a lo que él quisiera hacer pero me dejó en posición fetal en la cama, se desnudó por completo y sin llegar a abrirme las piernas. Sin mediar reacción metió su miembro en mi vagina. Empezó a penetrarme sin consideración. Después decidió abrir más mis piernas para seguir con su sesión de sexo. Me manejaba a su antojo, sin poder hacer nada para impedírselo. Mi vagina, abierta y mojada, junto a la brutalidad con la que lo hacía, conseguían muy a mi pesar que me excitase. Me colocó en varias posiciones, siempre para que sus amigo y el Lucas pudieran verme ,y sacar las mejores fotos, según iban comentado entre ellos. A veces estaban muy pegados, más las cámaras que ellos. Entre los dos me colocaron encima de Kevin a horcajadas y volvió a penetrarme. Estuvo como dos o tres minutos. Al final, decidió que deseaba terminar en el sofá, donde podrían sacar mejores fotos. Le notaba muy caliente y reconozco que yo también lo estaba, aunque deseaba que parasen. Continuó en el sofá. Seguía erecto a pesar de haber parado unos minutos. No sabía que más me esperaba, pero sólo siguió, más activo y más brutal que al principio. Deseaba que terminase, pero también que no terminase nunca, que me siguiera cogiendo como lo hacía, por un lado me gustaba la manera salvaje en que me estaba penetrando y por otro sentía repulsión por la cobardía de ellos al drogarme, violarme y grabar su acto. Kevin entraba y salía con ímpetu pero sus gemidos, sus gestos y sobre todo su miembro, me hacían saber que acabaría pronto. Sólo deseaba en ese momento que se acordase de la orden de Lucas y no eyaculase dentro de mío, ya que no tomaba ningún anticonceptivo.
Al fin pudo acabar sacando su verga de mi interior y llenó mi vientre de semen. Una cantidad enorme que agradecí que no hubiera llegado a mi útero. Kevin se levantó, trajo agua y una toalla, limpió mi cuerpo dejándome tumbada en el sofá, mientras Roberto y Lucas, traían una bolsa llena de ropa y entre risas comentaban lo que mejor me sentaría. La sacaron sin cuidado. Parecía ropa de segunda mano, ropa barata que yo no sé usaba. Vestidos, camisetas, tops, faldas, bragas y sujetadores, y otra bolsa con baratijas de bisutería. No entendía nada, quería entender que pasaba por sus retorcidas mentes. Lucas dijo que ahora era su turno y sería él quien elegiría cómo vestirme. Eligió un vestido gris y unas bragas y sujetador que me quedaba grande, Entre los tres me vistieron y me llevaron a un sofá. Ahora era Kevin quien tomó la cámara de vídeo, mientras Roberto continuó con la de fotos. Quedé en posición fetal, con mi cabeza apoyada en el regazo del pantalón de mi jefe. Subió un poco mi falda para que quedase por encima de la rodilla, recogió mi pelo y de inmediato procedió a desabrochar los botones superiores del vestido. Bajó el sujetador sin dificultad, como me quedaba grande no presentó mayor dificultad. Todo se centraba en que quedase bien el vídeo y la sesión fotográfica. Abrió el vestido hasta mi cintura y sacó mis pechos al aire. Subió la parte baja hasta los muslos. Siguió subiendo hasta dejarlo por la cintura, separó mis piernas y comenzó a tocar el tanga por delante. Todo muy suave, comentando lo que iba sintiendo, lo suave de mi piel, lo bien que me sentaba la ropa que había comprado y lo guapa que era. Me quitó las bragas y pidió a los alumnos que no perdieran detalle. Siguió con los tocamientos por encima de mi sexo, igual que lo había hecho Kevin anteriormente. De nuevo mi cuerpo empezó a reaccionar positivamente, algo que me indignaba. "¡Qué imagen tan explícita! ¡Me gusta! No deja lugar a la imaginación" –dijo Lucas refiriéndose a mi vagina totalmente abierta y expuesta. "No sé que me gusta más, si sus tetas, su cara, su vagina, sus piernas" –les dijo a los chicos con total excitación. Suplicaba en mi mente que parase, pero lejos de ello, cada vez lo hacía con mayor intensidad. Dejó mi vagina para centrarse en mis pechos y que los alumnos pudieran fotografiarlo una vez más.
Me puso en cuatro y empezó a darme su verga por mi vagina, aunque no me podía sostener él tenía tomada con tal fuerza mi cadera que quedaba levantada y a su merced. Aunque de principio fue suave, después se volvió un animal salvaje que embestía de manera violenta. Me gustó, no podía entenderme a mi misma, quería gemir y que vieran como estaba disfrutando pero a la vez también pensaba en gritar pidiendo ayuda y salir corriendo. "Miren como se le queda la vagina a la puta" –dijo refiriéndose a lo dilatada que la tenía. Continuó con la penetración pero paró y entre los tres me colocaron encima de él, continuando con su sesión. Mi cuerpo caía de lleno sobre su miembro, lo que hacía que llegase hasta mis entrañas. Agarraba mis nalgas y me subía y bajaba a su antojo. No pude aguantar más y llegué al orgasmo. Aunque no pude gemir mis fluidos salieron como un torrente, dejándolo empapado y satisfecho. "¡Mierda! ¡Está mojada la puta! De las tres veces que he hecho esto es la primera vez que la zorra se me pone cachonda" –comentó Lucas. Era humillante, pero también era cierto. Estaba excitada y no podía evitarlo. ¿Cómo podía sentir placer al ser violada? Era la primera que se calentaba así? Esto si me parecía terrible. No podía dar crédito a aquello. Intenté calmarme, intenté pensar en los momentos maravillosos que he vivido en familia y eso me relajó, pude escuchar los click de la cámara, y la conversación obscena de los tres infelices.
"¡Ay Dios esta profesora está demasiado caliente!" -dijo Lucas entre risas. "Me encanta su culo" –añadió Roberto. A lo que Kevin dijo: "Sí, es una zorra impresionante, tal vez se hubiera entregado sin drogarla, porque se ve que le encanta la verga". Todos se habían dado cuenta que había tenido el orgasmo. Supongo que por mi respiración o por algún movimiento reflejo. Lucas siguió dándome duro, haciendo que subiera cada vez más rápido, aún no había eyaculado pero su miembro estaba tan hinchado y palpitante que sería cosa de cualquier momento. Me puso en posición fetal. El maltrecho vestido estaba arrugado en mi cintura, dejando mis tetas y mi sexo expuesto. Lucas se esforzaba en moverme, para que la penetración fuese más visible a las cámaras. "Ahora voy a probar su culo. Llevo pensando en él desde que compré el colegio y la conocí. Sabía que me la cogería en algún momento y que tendría el placer de darle por el culo" –dijo mi jefe en tono maquiavélico. "¿Mi culo? ¡Mi culo no infeliz!" –todo dicho en mi mente. No me movió, tan sólo separó mis nalgas dejando mi ano listo para sus juegos. Hizo que su verga penetrara de una embestida, mi cuerpo se retorció por el dolor pero no pude gritar. No podía soportarlo. No me gustaba el sexo anal, apenas lo había practicado tres o cuatro veces en mi vida. Intenté gritar pero no podía, tan sólo creo que se entrecorta mi respiración unos segundos por el dolor, pero enseguida paró. Separó mis piernas, dejando de nuevo al descubierto mi sexo y mi ano. Sentía dolor pero no tanto como debería, mi ano se había acostumbrado al diámetro de su verga y ya solo había placer que intentaba salir a través de gemidos. No sabía cuánto duraría el puto efecto de lo que me habían puesto en mi bebida pero mi cuerpo si entendía el placer que estaba experimentando. Supuse que la sodomización sería el final, pero tras tres o cuatro minutos paró y volvió a colocarme en su regazo y a la altura de su pene. Separó mi barbilla y llevó su miembro dentro a mi boca. "Vamos Isabel. Demuestra lo buena que eres haciendo esto. Pensaba acabar en tu culo, pero lo voy a hacer en tu boca" –dijo mi jefe. "Me gustan sus tetas en esa posición. Mira qué duros tiene lo pezones" –dijo Roberto.
Mi boca estaba llena por la verga de Lucas, me manejaba a su antojo para que la felación fuera como él deseaba. Para ese momento ya le notaba extremadamente caliente, por lo que sabía que era cuestión de segundos que acabase. Si hubiera tenido fuerzas creo que le habría capado de un mordisco, pero sabía bien lo que hacía y cómo estaba yo. Estaba a punto de llegar, sólo quería que no lo hiciera en mi boca, pero de nuevo, mis deseos salieron perdiendo con los suyos. Lucas llenó de semen mi boca, cayendo éste entre mis labios ante el regocijo, las risas y comentarios de los tres. "Cómo la chupa, sin duda es una puta espectacular.Sobre todo es guapísima. Su cuerpo perfecto, ni siquiera aparenta la edad que tiene. Es pequeñita pero toda una zorra. Por cierto, por qué no comemos algo rápido y seguimos?" –comentó Lucas. Me dejaron sobre una mesa, con la mano tapando mi sexo, como si estuviera masturbándome, mientras los dos alumnos fueron a la cocina, traían unos sandwiches que ya tenían preparados y unos refrescos. El anfitrión dio la opción a los muchachos que eligieran la ropa que me iban a poner y también que se cambiaran ellos para que no pareciese que era el mismo día. Eligieron una camiseta de tirantes con rayas azules y una falda muy corta, color beige. No me pusieron sujetador pery si una pequeña tanga color blanco. Entre los tres me vistieron y me sentaron en una silla. Me dejaron un refresco como si estuviéramos en una amena charla, todo para hacer más real el vídeo..
Llevaba ya bastante tiempo allí, aunque no sabría cuantificarlo. Estaba en una silla, junto a mis dos alumnos, Kevin y Roberto. Lucas les dio vía libre. Se notaba que eran jóvenes, porque de inmediato me levantaron la camiseta por encima de mis pechos y Roberto hizo que abriese la boca y metiese sin miramientos su pene dentro. Kevin también sacó su miembro y comenzó a masturbarse. Empezaron a turnarse para follarse mi boca con perversión. "Kevin. ¿Te acuerdas cuando nos dio la clase de la reproducción y decíamos que nos encantaría reproducirnos con ella? No sé si nos escuchó, pero nos expulsó de clase" –dijo Roberto. "¡Jajajaja! Es verdad. Y que nos gustaría ser bebés para chuparle las tetas y mira. Ahora estamos cumpliendo todos nuestros deseos" –decía Kevin entre risas. Recordé esas clases. Los eché por las risas, porque alteraban la clase, aunque hasta hoy no sabía a qué se referían. Pensé en que eran malos chicos. Ninguna buena persona haría lo que hoy estaban haciendo tanto ellos, como el director administrativo del colegio. "Vamos a ponerla en piso, así se la podemos meter por detrás" –sugirió Roberto. De nuevo temí que me fueran a sodomizar, pero no fue así. Roberto me metió su verga de la forma más violenta posible, incluso más bestial que Lucas y Kevin, me penetraba con tal fuerza que sentía mi cuerpo como si fuera un trapo, mientras que Kevin tenía su miembro metido en mi boca, cogiéndola hasta que sentía ahogarme. No duró mucho, ya que Lucas dijo que me alejaran un poco para quedar frente a la cámara. Eso quedaría mucho más excitante para la función que harían la siguiente por la noche. Siguieron haciendo lo mismo sólo que ahora mi cuerpo quedaba más expuesto a las imágenes. Kevin no paraba de acariciar mis pechos y ahora Roberto tocaba también mi clítoris lo que hacía que me excitase más. Me cambiaron de posición, sólo para observarme mejor. Notaba que estaba empapada y oía el chapoteo que producía la penetración de Roberto. Sabía que íbamos a llegar de nuevo al orgasmo, los tres y me incluía. Kevin sacó su pene de mi boca, para mi suerte y comenzó a masturbarse mientras tocaba mis pechos, a sabiendas que terminaría pronto. Lo peor, fue que Roberto sacó su miembro y comenzó a refregar su pene por mi vagina, lo que provocó que me estremeciera y de nuevo, muy a mi pesar, tuviera un orgasmo, casi a la vez que él llenaba la entrada de mi vagina con su semen y Kevin casi a la misma vez mis tetas.
Pensé que ya había terminado, pero no era así. Roberto les dijo que iban a hacer el montaje para que no hablase. No sabía a qué se refería, pero pronto lo supe. Me levantaron, y me dejaron sobre una pequeña mesa, con las piernas abiertas, y decidieron hacer algunas fotos. Después empezaron a traer conjuntos de ropa, con complementos para hacer unas sesiones fotográficas. Supe lo que se proponían. Me vistieron con un vestido amarillo, mientras que Roberto me besaba, me lo subía y me lo quitaba, hasta dejarme con unas bragas semitransparentes. Lo siguiente fue ponerme un vestido rojo bastante corto con una tanga roja. El objetivo era a veces, con trucos, parecer que estaba consciente. Kevin me besaba, subía el vestido hasta dejarme con la tanga al descubierto. Conseguían que mi cabeza y mis manos parecieran vivas, apoyadas de forma intencionada en algún lugar, donde relajada besaba o me encontraba en situaciones eróticas con alguno de lso chicos. Volvió Kevin de nuevo, que me sentó sobre él con una camiseta blanca, besándome hasta que me sacó los pechos. Roberto siguió. Ahora llevaba un camisón rosa y lo mismo. En la cama, besándonos o eso parecía hasta que dejaba mis pechos al aire y los tocaba. Lo siguiente fue una falda corta y un traje sobre el sofá, Lo último fue una falda vaquera, en otro sofá, con una camiseta de rayas.
"Querida Isabel. Sé que lo que viene ahora a tu cabeza es denunciarnos pero te diré algo para que te olvides de la idea. Has firmado un papel recibiendo un dinero que diremos que era para mantener una orgía. Hemos hecho montajes en los que parece que estás feliz con estos chicos. Diremos que han sido en días distintos. Si nos denuncias sólo te echarás mierda a ti misma. Ahora llamaré a Alicia para que esté contigo cuando ya puedas moverte y te ayude a arreglarte" –dijo el infeliz de Lucas. Él se quedó esperando hasta que llegara Alicia, bebía un vaso de whisky y fumaba un cigarrillo. "No puedes negar que no te has divertido, sin querer descubrimos lo puta que eres" –decía mientras bebía lentamente. Al cabo de media hora llegó Alicia. "Adiós chicas. Isabel, ha sido un placer, mejor dicho siempre será un placer. Me llevo tu ropa de recuerdo. Ponte cualquiera de las que he dejado. En realidad llévate toda si quieres, son unas prendas baratas, así como tú y la puta de Alicia" –dijo mientras cerraba la puerta. Q.uedamos solas las dos sin responder a la despedida. Alicia comenzó a hablarme con mucha serenidad. Me habló con condescendencia mientras iba recuperando el movimiento.
"Isabel. Sé que ahora mismo estarás indignada y tienes motivos para estarlo. Te han humillado, usado y además tienen fotos que te comprometen, pero no puedes denunciarlo. Te habrá explicado Lucas las consecuencias. Ya sabes que si esto saliese a la luz tu vida sería un infierno. Serías una profesora madura que ha abusado de unos alumnos y ha cobrado por participar en una orgía. Además, te diré que yo ya sufrí lo mismo que tú. La primera vez fueron mi jefe, Lucas y su padre. Al parecer fue un regalo de cumpleaños. Después utilizaron las fotos para chantajearme y tener un encuentro con dos amigos de Lucas, que también lo eran de mi hijo Carlos" –me dijo. "¿Habrán más veces? – Pregunté temerosa. "No lo sé. Después de la segunda, me ascendieron y cambiaron de empresa, también de Lucas, ya que son una de las familias más poderosas del país y tienen influencias en la política, en la justicia, y dentro de las autoridades policiales. Una me chantajeó con dos subordinados míos. Al final intervino mi hijo. Fue horrible. Afortunadamente me hizo ponerme una máscara y no supo que era yo" –me dijo con lágrimas en los ojos. "¿Con tu hijo? ¡Dios mío! ¡Es un monstruo!" –le dije.
"Hubo una última vez con mi hijo y él. También llevé la máscara. Carlos nunca supo que era yo. En cualquier caso, creo que no tiene intención de volver a estar contigo. Lo bueno, si es que lo ves por ese lado, es que cuando hace esto, económicamente saldrás beneficiada. No te extrañe que seas a corto plazo la directora del colegio. Te voy a dar mi tarjeta y si quieres que hablemos algún día, llámame. Dúchate y vístete. Ahora te llevaré a casa en tu coche, después me devuelvo en un Uber a la mía" –me dijo. Me duché. Alicia me ayudó a retocarme. Nos dimos un fuerte abrazo y me dejó en casa.
No tuve fuerzas para cambiarme de ropa, quedé tendida en la cama; lloraba intentando quitar las imágenes de mi mente pero me era imposible. Aún resonaban las risas y las palabras sucias que decían, fue una noche horrible ya que las ideas de mi cabeza se contraponian ya que me había gustado la forma en que me usaron y también los odiaba por haber marcado lo vida de esa manera. Al otro día llamé a Alicia, nos juntamos en un céntrico café, en dónde me contó con lujo de detalles su historia. Ahora. Solo espero tener su consentimiento para contársela a ustedes.
Pasiones Prohibidas ®

Vaya ... Un gran relato Mí Amo
ResponderBorrarEs increíble la narración tan precisa
Lo fino de los detalles los efectos en la mente al visualizar hasta lo más mínimo
Impecable narración, el contexto es muy interesante
Si lo vemos por el lado Perverso
Deliciosa fantasía del Rape Play
Es entendible que la profe se sintiera en cierta parte libre al disfrutar del placer de ser usada y tomada como una puta
Sin duda es delicioso
Sin embargo el hacer las cosas sin un consentimiento nos da la escena de abuso
Así que la verdad me pareció un muy interesante relato
Eso sí a la profe ñr va a quedar como el bichito de la perversion
Porque aunque se niegue lo disfrutó
Excelente mi Señor
Cuando el placer es consensuado es más delicioso, y pensar que de verdad existen personas así que creen que por tener dinero puede usar a los demás a su antojo, ojalá todos aquellos que han sido víctimas encuentren un consuelo y la forma de denunciar
ResponderBorrarEl placer es delicioso y ser tratada como una puta igual cuando es de libre consentimiento pero como sea es un abuso que ninguna mujer debería vivir lo la verdad me encantó cada palabras descritas como narra Caballero felicitaciones
ResponderBorrarUn gran relato mi señor lo fino de sus escritos van al detalle que una va sintiendo la claridad de cada situación y la historia va subiendo de tono a tal situación que no ve como retornar más bien ansió el buen final.
ResponderBorrarGracias mi señor